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EBOOKLANDIA

EL LIBRO DE LAS INTRODUCCIONES A LA BIBLIA

Esta es la Voluntad Presente de Dios: "Unifiquense todas las iglesias en una sola y única"

Para deseo de edición externa dirigirse a Raúl Palma Gallardo. info@cristoraul.org

LA BIBLIA DEL SIGLO XXI.

HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

(RPI . Z-229-20 )

AMAZON PAPEL & EBOOK

ASTROMUSEO DE YAVE

LA ESTRELLA DE LA MAÑANA

TEMAS DEL SIGLO XXI

READING HALL

HISTORIA DE ESPAÑA

SALA DE LECTURA

LA REVOLUCION MUNDIAL DEL REINO DE DIOS

SERIE I: LA CREACION DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS

S. II: EL POLITIKOM

SIII: EDAD ATÓMICA

SERIE IV: VENGA A NOSOTROS TU REINO

SACRIFICIOS HUMANOS Y ANTROPOFAGIA DE LOS NATIVOS DE AMERICA - IN MEMORIAM DE CRISTOBAL COLON, Y EL CONQUISTADOR ESPAÑOL

MEMORIA HISTÓRICA ESPAÑOLA “IN MEMORIAM DE FRANCISCO FRANCO”

LA REDENCIÓN DE LA TIERRA. REVOLUCIÒN AGRO-NEOLÍTICA POS-ATÓMICA

MEMORIA HISTORICA - HISTORIA DE LA PERSECUCION RELIGIOSA EN ESPAÑA. 1936-193

 

LA CREACIÓN DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS.

UNA INTRODUCCIÓN A LA COSMOLOGIA DEL SIGO XXI

 

(EBOOK) (LIBRO papel)

 

Al Principio creó Dios los Cielos y la Tierra.

La Tierra estaba confusa y vacía, y las Tinieblas cubrían el haz del Abismo,

Pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.

Dijo Dios: “Haya Luz”, y hubo Luz.

 

PRIMERA PARTE

CREACION DE LA LUZ DEL GÉNESIS

 

CAPÍTULO 2.-AL PRINCIPIO CREÓ DIOS…

CAPÍTULO 3.-CREACIÓN DE LA TIERRA

CAPÍTULO 4.-CREACIÓN DE LA BIOSFERA

CAPÍTULO 5.-FUSIÓN DE LA CORTEZA

CAPÍTULO 6.-CREACIÓN DE LA ATMÓSFERA PRIMIGENIA

CAPÍTULO 7.-CREACIÓN DE LA LUZ

 

SEGUNDA PARTE

CREACIÓN DEL FIRMAMENTO DE LOS CIELOS

 

CAPÍTULO 8.-RECAPITULACIÓN GEOHISTÓRICA

CAPÍTULO 9.-PRIMERA LEY DEL COMPORTAMIENTO DEL UNIVERSO

CAPÍTULO 10.-Y EL VERBO ES DIOS

CAPÍTULO 11.-CREACIÓN DEL FIRMAMENTO

 

TERCERA PARTE

CREACIÓN DE LA ESCALERA DE LOS ELEMENTOS NATURALES

 

CAPÍTULO 12.-SOBRE LAS TINIEBLAS

CAPÍTULO 13.-CREACIÓN DE LA ESCALERA DE LOS ELEMENTOS NATURALES

CAPÍTULO 14.-SEGUNDA LEY DEL COMPORTAMIENTO DEL UNIVERSO

 

 

CUARTA PARTE

CREACION DE LA BIOSFERA

 

CAPÍTULO 15.-CREACIÓN DE LOS CONTINENTES Y OCÉANOS

 

QUINTA PARTE

CREACIÓN DE LA ECOSFERA

 

CAPÍTULO 16.-SUBLIMACIÓN DEL MANTO DE HIELO

CAPÍTULO 17.-CREACIÓN DEL PLANO DE INTERRELACIÓN BIOSFÉRICO

CAPÍTULO 18.-EL SUSTRATO ECOSFERICO AUTÓNOMO

CAPÍTULO 19.-TEORÍA DE LOS ANILLOS GEOFÍSICOS

CAPÍTULO 20.-TEORÍA DEL SISTEMA SISMOLÓGICO DE FLOTACIÓN

 

 

SEXTA PARTE

CREACION DEL SISTEMA SOLAR

 

CAPÍTULO 21.-SISTEMOLOGÍA FINÍSTICA APLICADA (ESTRUCTURA DINÁMICA DEL SISTEMA SOLAR

 

SEPTIMA PARTE

CREACIÓN DE LOS CIELOS

 

CAPÍTULO 22.-EL PRINCIPIO COSMOLÓGICO GENERAL

CAPÍTULO 23.-EL ESPACIO COSMOLÓGICO GENERAL

CAPÍTULO 24.-INGENIERÍA ASTROFÍSICA DE CREACIÓN

 

OCTAVA PARTE

LOS NUEVOS CIELOS Y LA NUEVA TIERRA.

DISTRIBUCIÓN DE MATERIA ASTROFÍSICA EN LA VÍA LÁCTEA

 

CAPÍTULO 25.-ORIGEN Y CONSTITUCIÓN DE LOS CIELOS.

 

NOVENA PARTE:

EL ÁRBOL DE LAVIDA. CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA DE LA CREACIÓN DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS

HERCULES

ANDROMEDA

OSAMENOR

OSAMAYOR

DRACO

LISTA DE CÚMULOS GLOBULARES LISTA DE CÚMULOS ESTELARES ABIERTOS

 

 

PRÓLOGO A LA INTRODUCCIÓN DE LA CREACIÓN DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS

 

He aquí el secreto mejor guardado del mundo. Durante los 3.500 años que han pasado desde Moisés a Cristo Raúl a ningún ser humano se le permitió abrir el Sello con el que YAVÉ Dios dispuso que la Historia de la Creación de los Cielos y de la Tierra permaneciese fuera del alcance de la inteligencia de los milenios; hasta el Día en su Presciencia fijado, se entiende

Abierto este Sello, expuesto el Jeroglífico escrito por Moisés a la lectura delante de todas las naciones, la Inteligencia de YAVÉ Dios Creador, su Forjador, queda magnificada hasta el infinito, tanto más cuanto que los sabios y genios de todos los siglos intentaron abrir este Sello, leer su Contenido, y no pudieron. La Inteligencia de YAVÉ Dios Creador queda tanto más alta e inaccesible cuando se ve que el hombre a quien se le ha dado la gloria de abrir este Sello y leer su Contenido a todas las naciones no es sino un varón sin más estudios que los elementales naturales a su época y pueblo.

Obviamente la fuerza a vencer por esta Introducción se multiplica por ese número de hombres que, frustrados por su incapacidad para abrir el Sello del Génesis, convinieron consigo mismos en proceder dicha imposibilidad del hecho de no ser otra cosa el Relato bíblico del Génesis más que “una metáfora sin ningún contenido científico”.

Creada la inteligencia humana para elevarse a la imagen de la inteligencia divina, según se lee, “hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, esa frustración no podía sino traer a luz una visión sobre el origen del Universo nacida para ahogar la ignorancia humana y mantener a flote “el todopoder de la Razón científica”. El fruto de esta dualidad emocional trajo al mundo una cosmología sin Dios, defensiva en primera instancia, y ofensiva, es decir, anti-creacionista, más tarde, con el objeto de salvar la grandeza humana sobre “la muerte de Dios”.

Ahora bien, Dios no miente; no en vano dijo de Sí mismo: “Yo soy la Verdad”. Así que habiendo Él escrito en forma de Jeroglífico la Memoria de la Creación de nuestro Universo, en la misma razón de Imposibilidad de penetrar en su Texto, sin contar con la Mano de su Autor, y porque la Imposibilidad se manifiesta en la Caída de la Ciencia del Siglo XX en los abismos del Nazismo y del Estalinismo, esta Imposibilidad vino a convertirse en Promesa de Apertura, a cumplirse, gracias a Cristo, en fecha conocida exclusivamente por Él.

En suma, que el Sello había de abrirse y el Misterio de su Contenido venir a luz.

Ahora bien, habiendo el Ateísmo Científico del Siglo XIX evolucionado hacia la Cosmología del Siglo XX, y habiéndole construido el Siglo XX una estructura artificial al edificio irreal de su imagen ficticia del Universo en el Tiempo y en el Espacio, por lógica el choque entre tal versión artificial y ficticia y la verdadera imagen del Universo, aquí abierta, ha de hacer saltar chispas.

Digamos que la necesidad de fundar sobre principios seudocientíficos una imagen cosmológica sin ningún apoyo en la estructura de la Realidad levantó, alrededor de ese castillo en el aire que fue la CSXX, toda una religión neopagana, las universidades por templos y la Academia de las Ciencias por Vaticano, con esto demostrando, aun en su ateísmo, que cualquier estructura humana que aspire a ser invencible debe seguir el modelo que Cristo puso en vida: La Iglesia Católica.

En sus aspiraciones a la inmortalidad tanto el Tercer Reich cuanto el Partido Marxista-Leninista-Estalinista no dudaron en adaptar la estructura católica a sus partidos. El ateísmo anti-creacionista de la CSXX no iba a ser menos, ni dejar de llevar a su perfección esa copia, tanto más cuanto que entre sus albañiles se contaron los genios que parieron la Edad Atómica.

La tarea de Dios en este siglo no es pequeña, ni poca.

Pero es en la imposibilidad donde la Omnisciencia y la Omnipotencia Divinas se manifiestan en su verdadera naturaleza infinita y eterna.

En cuanto al aspecto literario, a mí se debe achacar todos los defectos que tuviere este librito. Siendo una Introducción no implica infalibilidad ni dogma. Sin embargo habiendo sido sus fundamentos puestos por el propio Creador de los Cielos y de la Tierra cualquier ruptura con estos fundamentos es volver a abrir la puerta de las Guerras Mundiales.

Con el paso de los años mi pensamiento ha ido creciendo. El sustrato original permanece.

La lectura de estea Introducción no es fácil, ni tampoco compleja; ni yo pretendo acomodar mi estilo a las leyes del comercio. Tanto menos fácil lo tengo, cuanto patológica ha sido la estructura artificial en la que la Cosmología del Siglo XX blindó la Patología Intelectual del Ateísmo de la Clase Científica.

Fueron muchos los genios que usaron las espaldas de Newton como palanca hacia la Demencia Cosmológica de Einstein.

Pasando por alto las revoluciones tecnológicas y científicas vividas por los dos siglos pasados, los herederos de aquel Sistema Cosmológico, fundado en una Hipótesis cuya grandeza consistió en haber inventado un Universo existente únicamente en sus cabezas, los Astrónomos de nuestros días prefieren seguir trabajando con los ojos cerrados a la Data Tecnológica de la Radioastronomía Contemporánea a comprometer el futuro de aquel Maravilloso Edificio Cosmológico creado por el genio en su demencia. El resultado fue una decisión suicida : mejor vivir bajo los escombros que, bajo el peso de las evidencias, tener que firmar la Demolición de la Religión del Ateísmo del Siglo XX.

Sin embargo la Verdad Divina es Invencible. No a este nivel solamente, sino a todos los niveles, lección que los genios del XIX y del XX hubieran podido aprender con tan solo abrir las páginas de los libros de la Historia del Cristianismo. No obstante las evidencias sobre la Indestructibilidad de la Verdad Bíblica, en su patología del Intelecto las comunidades cientìficas del Siglo XX prefirieron la libertad que procede de la demencia a la Libertad que viene de la verdad Divina. Contra los fundamentos mismos de la Lógica del Pensamiento elevaron la Imposibilidad de demostración de una falsedad como la Evidencia Todopoderosa de su Veracidad. Y en esta Consagración de la estupidez cientìfica mundial al Altar de las universidades bendijeron las GGuerras Mundiales, se hicieron esclavos del Poder. Los sucesores de aquellos que se levantaron contra el yugo de una Iglesia, en su amor por la verdad Divina, demasiado protectora, no dudaron en entregar su cuello al collar de los Estados, a quienes como canes fieles sirvieron hasta conducirlos a los camps de guerra del Siglo XX, haciendo del Hombre creado por Dios a su Imagen y Semejanza la presa de sus amables y benditos Amoss. Aborrecida la carne y la sangre de Cristo como Banquete que alimenta el espíritu humano las clases cientìficas, en servicio de esclavizaje devoto a sus amos políticos, eligieron la carne y la sangre de los cientos de millones de seres huanos que fueron sacrificados a la verdad patológica del Siglo XX.

Buenos Amos, engordaron a sus Canes y afilaron sus colmillos para prepararse a devorar cientos de millones de cabezas humanas en el Siglo XXI. De donde se ve que si la demencia no es detenida en sus orígenes, y es alimentada en su infancia, el Can se transforma en Dragón, y de la boca que se esperaba sabiduría sale fuego infernal.

Tratadas las naciones como ganados, la Bestia Política amenzaza de nuevo al Género Humano con el Can de la Comunidad Científica Mundial a su lado; hambriento y sediento de sangre y carne humana el Poder ha comenzado a extender su Sombra de Muerte sobre la Plenitud de las Naciones. Incapaz de ver el Futuro de la Vida sobre la Tierra sobre Fundamentos Nuevos, el Amo y su Perro Infernal han invocado a la Muerte como puerta al Siglo XXII. La Nube de la Extinción de cientos de millones de seres humanos como medida de reequilibrio de la masa poblacional ha comenzado.

Pero no es nada nuevo ni nada de lo que debamos asustarnos. Han sido mundos sin número los que cayeron en el Polvo cuando en su demencia creyeron poder contener a la Muerte aliándose con su Fuerza como instrumento de supervivencia en el cosmos. Este el Horizonte que en el escenario de los Milenios nos trajo la Caída del Mundo del Primer Hombre. Creado libre, aquella Primera Generación Humana quiso hacer de su libertad un hacha de guerra contra Dios en la creencia de ser la Libertad Divina unas tijeras de represión de su libertad. Odiando al que le dio la Vida, obtuvo para todos el Abandono del Mundo por su Creador, quien viendo el fin al que conduce semmejante demencia, le dio a conocer ese fin : "Polvo eres, y al polvo regresarás".

Tal ha sido la Hoja de Ruta que ha seguido el crecimiento de la Vida Humana en la Tierra desde aquel día hasta el nuestro. Las guerras han sido sin número, los genocidios han superado toda cuenta, las masacres superan nuestra imaginación. La demencia de la Guerra Civil Mundial Fratricida ha sido el pan nuestro de cada día desde que una Generación crteyó que la Libertad del Creador es un Poder Represor que coharta, cohíbe y anula la Libertad de su Creación. Según esta demencia, Dios Padre crea a sus hijos para devorarlos y alimentarse de su carne y de su sangre.

La Patología Maligna en el Ateísmo del Siglo XX no fue más que la transformación de las religiones demoníacas antiguas en su versión científica. Esclava la Ciencia del Siglo XX del Poder Político sus doctrinas e ideologías arrojaron a las naciones en los hornos de las Guerras Mundiales. Alienado el Hombre de su Origen Divino quedó un animal sujeto a la ley de una Selva Infernal que ni en el mundo de las bestias tiene lugar.

Esta fue la Gloria del Ateísmo Científico del Siglo XX: El Instrumento de Genocidio y Geocidio más poderoso que jamás fue puesto en pie contra las naciones. En este Siglo XXI el fin lógico y natura a que el Ateísmo Cienntìfico Mundial conduce es la Extinción de toda vida sobre la Tierra; es este Acto Final el Can y su Amo elevarán su naturaleza a la Divina, pues que no pueden en el Acto Creador sí en el Acto de Destrucciòn de su Obra.

La demencia en libertad genera el suicidio de la persona humana, que en el genio se traduce en la creación de un hombre a la imagen y semejanza de Satán.

En esta Introducción se verá el Origen Verdadero de nuestro Universo y la Naturaleza Astrofísica de su Edificio Policonstelacional. Nadie crea que habiendo Dios levantado la Redención Cristiana en su Hijo el fin hacia el que conduce la Religión del Ateísmo Científico vaya a ser alcanzado.

Esta Introducciòn es el Principio de la Extinción Todopoderosa del Ateísmo Científico del Siglo XX. La Generación de los hijos de Dios del Siglo XXI tenemos por Abominación y en consecuencia aborrecemos la herencia del SigloXX en todos sus aspectos y formas, tanto a nivel de Ciencias Cosmológicas cuanto al nivel de Ciencias Políticas e Históricas. En el terreno de las primeras, la Data almacenada en la Memoria Astronómica del Siglo XXI se levanta para darle un manotazo y echar abajo ese castillo en el aire que fue la CSXX.

La Verdad es esta: La Estructura Dinámica de nuestros Cielos, este Firmamento de los Cielos que todas las noches nos abre los ojos a las inmensidades de su Creación, por razones de Barbarismo Social Histórico los hombres alienados de la libre contemplación, esclavos como son de un Sistema Social Animal fundado precisamente sobre aquel Sistema Cosmológico  de cuyo seno nacieran todos los Males del Siglo XX; cuando estudiada esa Data Física que la Astronomía Natural nos sirve, se nos descubre un Edificio de Belleza infinita cuyos Fundamentos nos abren los ojos del Pensamiento a la Existencia de una Sabiduría Creadora establecida sobre la Inteligencia sin límites de un Ser Todopoderoso cuya Fuerza ha sido puesta al Servicio del Árbol de las Ciencias de la Creación de Universos, en cuya Actividad su Ser adquiere las Propiedades Naturales que le son propias al Creador del Cosmos: Omnisciencia y Omnipotencia.

Es lógico, pues, que delante del ser o no ser de la CSXX como Religión de la Ciencia, los astrónomos de nuestros días sigan con los ojos cerrados a la evidencia que la Data Astrofísica Universal pone sobre la mesa. En este contexto mi trabajo consiste en hacer sencillo lo difícil y hacer ver que la Luz que ciega los ojos es la Luz que abre la Inteligencia de la criatura humana a la Imagen de la Inteligencia Divina de su Creador.

La verdad es que, arrastrada la comunidad científica por la inercia de las ideologías de los siglos pasados al abismo de la deshumanización de la realidad humana, se sigue prefiriendo trabajar bajo condición animal en razón del miedo que provoca  vivir la Libertad a Imagen y Semejanza de la Divina; una Libertad que lo vence todo y se enfrenta a los problemas del Espacio y del Tiempo con la consciencia victoriosa del que ha aprendido que  Vivir es una Aventura, una Epopeya en avance constante y continua hacia un Horizonte que descubre su naturaleza según uno se acerca a la Meta. En palabras de nuestro Creador, Dios Hijo Unigénito, nuestro Rey y Señor, nuestra Padre y Maestro: “Cada día trae su afán”.

Comprendo que habiendo trabajado en este Terreno de la Creación de nuestro Universo con la constancia de quien le ha dedicado su vida a recrear la Verdadera Imagen de nuestros Cielos y su Relación en el Espacio y el Tiempo con el Cosmos en el que ha sido creado, formada mi inteligencia para trabajar con imágenes sencillas sustentadas por la Data Astronómica Natural, comprendo que sea necesario partir de un Principio Universal claro que no deje lugar a dudas y sirva de Puente entre la CSXX y esta Introducción a la CSXXI.

Para satisfacer esta necesidad diré desde ahora mismo que esta Introducción es lo que su título indica “Una Introducción”.

Quien abre la Puerta cumple su trabajo; le corresponde a quienes entran seguir trabajando e ir actualizando el Pensamiento Cosmológico y Astrofísico para que las Nuevas Generaciones se muevan en los próximos siglos por un terreno alimentado por un Árbol de Ciencias Creadoras cuyo Fruto viva bajo la Ley de la Vida y no bajo la Ley de la Muerte.

En lo tocante al Origen del Cosmos, estableciendo aquí el Principio de Nuestro Universo como una Obra posterior a la Creación del Cosmos, y un Cosmos que fue creado para ser el Campo de Materia Prima del que su Creador se sirve para la Creación de Nuevos Universos, este Origen Cosmológico tuvo lugar en una Transformación Masiva de materia astrofísica en energía cósmica; energía global que, siendo redirigida hacia campos de energía espacio-tiempo, comenzó su Viaje de regreso a la materia astrofísica.

Básicamente este Big-Bang Original sigue produciéndose en las Fronteras del Cosmos, donde la energía cósmica creada por las Galaxias es recogida por campos de energía espacio-tiempo transformadores de energía en materia. Así hasta el infinito y por la eternidad; de aquí la Expansión ad eternum et ad infinitum natural al Cosmos.

La Creación de Galaxias es un continuum sin fin que el Creador del Big-Bang Original alimenta extendiendo el Espacio de las Fronteras de su Creación a medida que el Tiempo recorre la Eternidad.

No es, pues, casualidad que la Revolución Radioastronómica que estamos viviendo sume y sume nuevas galaxias a las ya detectadas, y expanda las fronteras del Cosmos a medida que esta nueva suma nos abre los ojos a una Expansión ajena a toda Contracción Cosmológica Final.

Al igual que la Eternidad, el Infinito y Dios no tienen Principio ni Fin : así la Creación ha venido a Luz para permanecer para siempre.

Lo contrario, negar la Expansión hasta el Infinito del Cosmos en la afirmación de una Contracción a comenzar en algún punto de la línea de la Eternidad, es entregarse a la ciencia-ficción, es decir, es regresar a la Edad de la Falacia de la CSXX, cuando una Hipótesis fue Ley mientras no se demostrase su Falsedad. Habiendo la Falsedad de la CSXX regado los campos de la Tierra durante dos guerras mundiales la persistencia en semejante Falacia es declararse en Guerra Abierta contra el Género Humano, contra la Vida y contra Dios.

Y concluyendo este Prólogo, la observación en vivo de la evolución que las ciencias astronómicas, y físicas en general han experimentado en estos últimos 40 años, es una fuente de estudio de recursos intelectuales favorables a la edificación de un Pensamiento nítido y sin fisuras sobre la Imagen Natural que le corresponden a nuestros Cielos y a nuestra Tierra. No se puede dudar a estas alturas de nuestraa Historia que la imagen que las ciencias geológicas y astronómicas proyecten al Género Humano le afectan a su posición frente a su Civilización y su actitud ante el Universo.

Querer arrojar balones fuera y culpar de los males propios a una fuerza exterior al propio sistema es un recurso patológico que, según se desprende de la realidad histórica en que nos encontramos actualmente, no conduce a ningún sitio, o mejor dicho, sí que conduce a un sitio muy preciso: la Destrucción del Género Humano.

La parte que las ciencias naturales tuvieron en la eclosión de la 2ª Guerra Mundial es un mea culpa que pesa en el aire como losa sobre tumba.

La relación entre Conocimiento y Comportamiento una ley perfectamente asumida por las ciencias desde los días más preclaros de la Etología, por no extendernos demasiado en el tiempo, preguntarse ahora cuál fue la parte que el Ateísmo Científico tuvo en los Conflictos Mundiales del Siglo XX, no es un argumento clave que nos sirva para la construcción de ese nuevo modelo social que pide paso y diálogo.

La parte del Ateísmo científico en la estructura mental del Siglo XX, determinante de las grandes guerras mundiales, está fuera de toda duda. A no ser, claro está, que ahora además de ciegos nos quieran a todos descerebrados.

Personalmente no creo que la Maldad haya sido consciente. Mas una vez la Consciencia adquirida, las consecuencias de la Libertad no pueden ser adjudicadas a la Imposibilidad de abrir un Sello que Dios mantuvo cerrado con su Puño y Letra. No hay, pues, Condena; ni mi trabajo consiste en juzgar a los Pensadores de los últimos siglos.

La Verdad está más allá del juicio sobre los otros; en su Naturaleza está hacer libres a quienes se vieron encerrados en las tinieblas de un Silencio con Origen en una Necesidad Cosmológica hoy superada.

Así pues, abro la Puerta que durante 3.500 años ha permanecido cerrada para Gloria de nuestro Creador Divino y Liberación de la Plenitud de las Naciones del Género Humano de las fuerzas que la Ignorancia nacida de la Caída del Primer Hombre desató sobre todos los pueblos de la Tierra.

Pero antes importaré a este Prólogo algunas imágenes con las que sostener el argumento arriba expuesto sobre la Expansión constante del Cosmos; Expansión que a su vez pone de relieve el pensamiento de la Astronomía del Siglo XXI sobre un Cosmos ajeno a cualquier medida humana, y esclavo de ecuaciones matemáticas nacidas para matar el tiempo de sus autores.

El hecho que nos descubre la Revolución Radioastronómica de este primer cuarto de siglo es que la multiplicación de la Materia Cosmológica es una realidad constante que no presenta Fin, realidad que con cada década que pasa nos afirma en la Creación de Materia que tiene lugar en las fronteras del Nuevos Cosmos, un Nuevo Cosmos cuyo Origen es Dios, Padre de Jesucristo, la irrupción de cuyo Brazo Creador en el Movimiento Cosmológico determinó la actual estructura de Expansión por la Eternidad de los Cúmulos Galácticos, de esta manera sembrando con ellas el Espacio Infinito ocupado por el Viejo Cosmos contra el que, según se cuenta en la Historia Divina de Jesucristo, ese Dios Increado se alzó para darle Fin y reducir toda su Materia a Polvo.

 

Con objeto de basar las palabras en imágenes os dejo aquí el Link al Catálogo Abell de Cúmulos de Galaxias, del paseo visual por el cual se deduce que la estructuración del Cosmos en cajones geométricos planificados cerrados, aunque sujetos los cúmulos al Movimiento Browniano, es únicamente una conveniencia mental, necesaria para una cartografía de bolsillo, pero en ningún caso sujeta a leyes nacidas en el seno de la medida humana. El Hombre no es la Medida del Universo, la Medida de la Creación es Dios, su Creador, a cuya Naturaleza Increada se ajusta el Origen del Nuevo Cosmos. Pero ya volveremos sobre este Tema en un Capítulo más adelante.

 

A Catalog of Rich Clusters of Galaxies (Abell, George O.; Corwin, Harold G., Jr.; Olowin, Ronald P.) 5249 objects found in NED. / Simbad objects: 5256

Importo a este Prólogo (inmediatamente abajo) algunas imágenes de entre los miles de cúmulos de galaxias existentes más allá de la región Local.

En La Sección dedicada a la Astronomía Visual, teneis cientos de fotos clasificadas en Catálogos Astronómicos; y en el ASTROMUSEO DE YAVÉ , Galeria Y&S "Las Maravillas del Universo", según su Belleza.

El Hubble ha colocado en Internet imágenes que valen cada una mil palabras; inágene sque nos ofrecen una espectacular descripción de la Expansión hasta el Infinito que está viviendo la Creación. Cualquier argumentación sobre el Origen de esta Expansión que aliene a su Creador Divino como su Fuente conduce nuestro pensamiento al abismo de una locura que, tarde o temprano, como ya lo hizo antes, volverá a conducirnos a la Guerra Mundial.

Lo repetiré una vez más: El Hombre no es la medida del Cosmos. Tenemos que abrir los ojos a la Realidad de un Cosmos creado a la Medida de su Creador. Este fenómeno patológico según el cual el Hombre cree que puede reconfigurar el Universo para que responda a la medida de su naturaleza animal está en el origen de su interrelación negativa con la Naturaleza. Los Casquetes Polares pierden Masa desde el Principio de los Tiempos Geológicos; su actual estado se debe a su consumo por la Ecosfera.

La línea del Tiempo Geológico no miente ni quiere ocultar ninguna verdad. Ningún Mundo puede mantener Vida sobre su superficie indefinidamente. El Sistema Cosmológico está fundado sobre este Hecho Capital. La Relación de la Materia con el Espacio y el Tiempo está sujeta a un proceso de nacimiento, crecimiento y agotamiento.

Todo Planeta que es transformado por la creación del Árbol de las especies en un Mundo se abre a un espacio de tiempo durante el cual todo su sistema físico es puesto al servivio de la Vida. Pero este servivio consume sus fuerzas, sus recursos, y lenta pero gradualmente todo el edificio levantado para albergar la Vida comienza a agotarse, su edificio se debilita y finalmente se colapsa. Es durante este tiempo entre Principio y Fin que la Vida tiene que elevarse sobre su Origen, mirar a los Cielos y lanzarse a la Gran Aventura Final, buscar un Nuevo Hogar en el Universo.

Política e históricamente hablando esto significa que si la Vida es atrapada en las leyes de su propia autodestrucción mediante la División de sus Fuerzas bajo intereses de bestias salvajes que se niegan a formar una Unidad Universal Ontológica Única, ese Mundo verá reducida a polvo el Árbol de sus Naciones y caído al suelo el Fruto que debiera darle a los Cielos el Fin Metafísico buscado, un Mundo para la Eternidad, se pierde y se desvanece como fruta podrida. El Epitafio no puede ser otro que : Aquí yace lo que pudo ser pero no quiso serlo porque creyó que no podía hacerlo.

La Politica, en consecuencia, no puede alienarse de la Historia, ni de la Religión ni de la Ciencia. Por desgracia el Siglo XX trajo un modelo de Política alienadora y alienante en cuyo desarrollo la Historia no cuenta, la Religión debe ser eliminada y la Ciencia sometida al interés del Poder de la Bestia Política. Y fue sobre esta base de un Poder Político omnímodo, depredador y bestializante que el Siglo XX fue conducido al Matadero de las Guerras Mundiales.

Como lo dijo el padre de la Etología: del comportamiento en acción se deduce las raíces del pensamiento. Si alguien cree aún que las Guerras Mundiales fueron un ejercicio civilizador saludable entonces la puerta a la tercera guerra mundial está abierta. El Hecho es que el comportamiento Fratricida Suicido-extincionista del Siglo XX descubrió una raíz patológica intensamente activa en el Género Humano, que afectándole a su aparato intelectual lo condujo al Genocidio de las Guerras Mundiales. En términos etológicos se traduce esta afirmación en la negación de la naturaleza positiva de la Información que las ciencias le estaban suministrando al Género Humano. Falsa la información teleonómica suministrada a las naciones sobre la estructura del Universo el comportamiento de las naciones tenía por lógica que poner rumbo a la depredación fratricida masiva que le fue natural al Siglo XX.

Volviendo al ejemplo del conductor en ruta, si manipulamos el GPS que debe conducirle a un punto y desviamos su ruta hacia un precipicio, el conductor, basando su confianza en la veracidad de la información sumministrada, irá directo al abismo.

Desde el momento que la Ciencia alienó del Futuro del Siglo XIX la Información sobre la que la Civilización cristiana edificó el Mundo Moderno, impedir la Caída de las naciones en el abismo de las guerras mundiales era imposible. La Fuerza fratricida que la Reforma Protestante desencadenó fue alimentada por la Guerra de la Razón contra la Fe. Una vez que el Ateísmo Científico conquistó las Universidades, la Política de los reyes del Siglo XX metió el pie en el acelerador. La inercia hizo el resto. Y esas fuerzas siguen en activo. La Política Mundial de este Siglo XXI debe corregir este Mal mediante la Creación de un Consejo de la Plenitud de las Naciones cuya función Histórica Universal será la de impedir la Manipulación de la Información Teleonómica de la que depende el Comportamiento del Ser Humano. Pero esto no puede hacerse sin causar y poner en activo un Movimiento Revolucionario Intelectual que dé por cesado aquel Modelo de Política Alienante que condujo al Siglo XX al Abismo de las Guerras Mundiales y Hoy, bajo presupuestos distintos, está imponiendo la Dictadura del sálvese el que pueda como Factor de Supervivencia.

Señoras y señores, la Biosfera no ha sido creada para subsistir eternamente. Están ustedes viviendo en un mundo que existe únicamente en sus cabezas. El proceso de Agotamiento de las Fuerzas de la Naturaleza ha entrado en su línea recta final. Este es el fenómeno al que estamos asistiendo en la actualidad. Hemos perdido miles de años devorándonos. Que el Hombre ha intervenido durante la Edad Atómica en el proceso de Agotamiento de la Biosfera, por supuesto. Que este Proceso es Irreversible, igualmente se da por supuesto. El Hecho vital es que el Reloj Geológico está agotando su Tiempo. Ante el Ser Humano, fruto del Árbol de la vida en la Tierrra, se abren dos puertas:

El Género Humano Puede levantarse y recuperar el sentido de su existencia, dar el último Gran Salto en la Evolución de su Historia, y plantarse en la Eternidad como hijo de Dios, con acceso a Inteligencia sin límites a imagen y semejanza de la de su Creador...

... o puede preferir hundirse en la condición de las bestias y ser tragada por la Biosfera en su colapso.

La elección está delante de nosotros. Cada cual debe abrir su boca y pronunciarse. La Creación del Hombre no ha concluído. La Formación del Hombre a la imagen y semejanza de los hijos de Dios sigue su curso y el hombre-bestia será dejado atrás como cualquier otra bestia del Pasado.

Señoras y señores, dejen de llorar y pasen a la acción. La Cosmología del Siglo XIX fue la Raíz de la que surgieron todos los núcleos de información que enloquecieron a las naciones del siglo XX. Basta ya de Izquierdas y de Derechas, de Ateísmos y de Materialismos. El Género Humano es el Hombre, de quien la Cabeza Espiritual Intelectual es su Creador. Hemos sido creados para elevarnos a la Naturaleza de los hijos de Dios y abandonar nuestra Cuna, la Tierra, y participar por la eternidad en la Vida del Universo. El comportamiento que la Historia de nuestro Género ha desplegado nos descubre a las claras que nuestros padres padecieron una patología intelectual maligna que les impedía ser hombres y los mantuvo en condiciones de bestias depredadoras homicidas. Esa patología maligna sigue activa. La inercia de su actividad permanece. La etiologia psicopatológica determinante de las Guerras Mundiales pone a las claras que las Fuentes del Conocimiento Civilizador son : La Religión y la Ciencia, y que en el momento que estas dos Fuerzas teleonómicas, la Fe y la Razón, se lanzaron la una contra la otra la deriva del Comportamiento de las naciones hacia el Suicidio Masivo que la Reforma Protestante puso en activo se hizo inevitable. Romper esta deriva será el trabajo de este Siglo XXI. Desprenderse de la Bestia que lleva el Hombre dentro será la Victoria del Género Humano a legar al Siglo XXII. Más allá, Dios decidirá nuestros movimientos. Hemos perdido un tiempo de milenios durante los cuales a estas alturas de la Historia del Género Humano de haber estado en nuestros sentidos ya deberíamos estar viajando por los Cielos. Todos sabemos qué pasó y por qué no hemos podido recoger el hilo de nuestra Creación. Perder el tiempo en acusaciones contra reyes, emperadores y dioses que edificaron sus imperios sobre el cadáver de millones de seres humanos, no viene a cuento. Ahi están los libros de Historia para cerrar toda boca. Lo que más allá de toda cuestión y disputa es cierto es que el Hombre no puede recuperar el tiempo perdido sin darle la Mano a su Creador. En nuestro Creador tenemos Inteligencia sin límites para revolucionar todos nuestros conceptos sobre el Espacio, la Materia y la Energía. La Puerta está abierta, sólo hay que cruzarla, dejarse revolucionar por quien es por esencia Revolución Universal, yu sin Miedo al Futuro levantar la cabeza, desprenderse de las taras animales y los tics de bestia que nuestro mundo ha heredado y poner manos a la obra.

La Muerte es una fuerza ciega que cumple su destino, no podemos vencerla sin Dios. Pero con Dios, su Invencibilidad es nuestra.

En esta Introducción a la Cosmología del Siglo XXI siento las bases del Fin de la Cosmología del Siglo XX y pongo al servicio de los edificadores de la Nueva Cosmología los presupuestos que han de revolucionar la Relación del Hombre con los Cielos y la Tierra. En la lectura descubrireis la Verdadera Arquitectura de la Biosfera y de la Relación de la Ecosfera con el Sistema Astrofísico del que ha dependido la Vida sobre la Tierra. El impasse en el que nos encontramos tras la Edad Atómica, por la que hemos pasado en la ignorancia del 90% de la pooblación mundial, no se arregla con parches y posturas publicitarias ecologistas. La Necesidad del Género Humano de unirse en un Árbol de Naciones, entroncadas a una Geopolítica en la que Ciencia, Historia y Religión sostengan la Civilización durante los próximos siglos está más allá de intereses económicos y principios ideológicos.

La Muerte viene buscando su presa. Es su destino. Le abrimos la puerta a nuestro Mundo hace Milenios. Todo Mundo que surge del polvo debe regresar al polvo. Es la ley del Cosmos. Y es la Ley de Dios que todo Mundo que se acoge a su Espíritu supere el Destino de la Materia y permanezca en el Universo. Esta es la Alianza que fue firmada por Jesucristo con su sangre, y en este Siglo debe traducirse en la Creación del Árbol de la Plenitud de las Naciones, Vida con el espíritu puesto en los Cielos. Hemos sido creados para ser eternos.

Los Cielos nos aguardan, pero no con las Tecnologías antinaturales cuyo principio y fin es la destrucción natural a la Guerra, ni con la Moral de Guerra Fratricida que ha estado devorando al ser humano durante seis milenios y sigue devastando vidas en nombre de ideologías, intereses económicos y religiones incapaces de alzar sus ojos del suelo. Dios y el Hombre, Creador y Criatura se han unido para darle Futuro a este Fin creando un Nuevo Principio. Y asi será.

 

(Si sigues las flechas pasarás de un capítulo al otro de esta Introducción a la Cosmología del Siglo XXI, Creación del Universo según el Génesis) .

 

 

APERTURA DEL TESTAMENTO UNIVERSAL DE CRISTO JESÚS DE YAVÉ Y SIÓN

Llegado el Dia de la Plenitud de las Naciones, a cuya Época fue lanzado el Cristianismo, Dios ha roto su Silencio a fin de llamar a todos los hijos de Dios a hacer su Voluntad Unificadora en el Espíritu de Inteligencia, y traer a todos los pueblos a la Ciudadanía del Reino de su Hijo, Cabeza de todos los Poderes de su Reino. Siendo cierto que Dios abandonó al Género Humano a su libre albedrío, no es menos cierto que al otro lado de su Tragedia, cual vimos en la Resurrección de Cristo Jesús, el Creador ha estado esperando el momento de Levantarse y Reclamar para sí la Corona de la Tierra. Asi pues, leed y levantaos igualmente, porque el Rey del Universo ha desplegado sus Fuerzas para la Salvación de todas las Naciones del Género Humano

 

CAPÍTULO PRIMERO

CARTA MAGNA DEL REINO DE DIOS

 

CAPÍTULO SEGUNDO

LA ESPERANZA DE SALVACIÓN UNIVERSAL DE LA PLENITUD DE LAS NACIONES DEL GÉNERO HUMANO

CAPÍTULO TERCERO  

CONCILIO UNIVERSAL SIGLO XXI DE ADORACIÓN DEL HIJO DE DIOS. CONSTITUCION SEMPITERNA DE LA IGLESIA

CAPÍTULO CUARTO

EL ESPÍRITU DE YAVÉ 

"Espíritu de Sabiduría e Inteligencia, de Entendimiento y Fortaleza,  de Consejo y Temor de Dios"

 

 

 

 

Aquello que nunca fue revelado, excepto a los Apóstoles de su Hijo y Ellos recibieron de viva voz de la Madre, he aquí que es descubierto a todas las iglesias y pueblos a fin de que la ignorancia se disipe y la Puerta de la Verdad se abra, para que la Voluntad de Dios se cumpla. Aquel Silencio que Dios alzó sobre la Vida de la Sagrada Familia y su propia Persona, y fue Ley para los Apóstoles, ha abierto su Sello, y el Tesoro que la Madre se llevó en su Corazón es descubierto para Alegría de todos los Cristianos y Conocimiento de todos los Pueblos. Vano fueron los intentos de todos los escritores, santos y sabios de todos los siglos a la hora de abrir el Sello que Dios cerró y encerró en el Corazón de la Virgen María, Sello que sería abierto solo y cuando El en su Sabiduría Salvadora decidiera. No os maravilleis de su autor, sino de la Sabiduría de quien elevando esta Historia al Cielo hizo imposible a todo hombre abrir el Sello de Silencio que los Apóstoles obedecieron aun a sabiendas de que un rio de tinta correría por los siglos hasta que naciese el hombre a quien la Madre le abriría su Corazón. Lo que vais a leer no os lo han contado jamás, y quien os lo cuenta lo hace quien pertenece a la Casa del Señor.

 

 

LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO

Análisis psicohistórico de Cristo Raúl a las 95 Tesis de Martín Lutero contra la Unidad de las iglesias

LA BIBLIA SOLA

Respuesta de un hijo de Dios a la Declaración de Guerra de Westminster contra la Unidad de la Plenitud de las Naciones Cristianas (Ensayo 205-5620)

EL BUFÓN DEL DIABLO Y SU PACTO CON LA NACIÓN ALEMANA

Análisis psicohistórico del Llamamiento de Martin Lutero a Guerra Santa contra la Iglesia y el Mundo Católico

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EL EVANGELIO DE CRISTO SEGÚN SAN PABLO

Análisis biohistórico de la Carta a los Romanos

AMAZON EBOOK, TOCA LA IMAGEN

 

CRISTO RAUL Y&S'

FOUNDATIONS OF THE ANGLICAN CHURCH

ANALYSIS OF THE 39 ARTICLES OF ANGLICAN RELIGION

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ASHES TO ASHES,

JESUCHRISTIAN DEMOLITION OF THE BELGIC CONFESSION

By

CRISTO RAÚL Y&S

 

 

PART II PART III PART IV PART V
PART VI PART VII PART VIII

 

 

PREFACE

 

Confession of Faith :

There is Only One King : Jesus Christ.

There is Only One Lord : Jesus Christ.

There is Only One God : Jesus Christ,

and in this One God we see the Father, the Son and the Holy Spirit

 

 

INTRODUCCIÓN BIOHISTÓRICA A LA HISTORIA DIVINA

 

EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO

 

Al que venciere le daré una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe. Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.

Ap. 3,12

 

Este Libro tuvo su Principio en un Librito, “Luz, Verdad y Vida”, escrito en la prisión militar del Ferrol del Caudillo, Galicia, España, a finales del 1978, durante los días del cambio de Obispo en Roma entre Juan Pablo I y Juan Pablo II. Aquel que me abrió la Puerta de su Omnisciencia sabía que, de la Ignorancia al Conocimiento de todas las cosas, aquel Librito tendría que hacer un Camino, estrecho y largo, hasta adquirir el cuerpo que Hoy tiene; camino que no otro sino su Autor tendría que vivir.

Su Autor, yo, Cristo Raúl, abandoné el Cuartel de la Marina con aquél “librito”, escrito a mano, que me sería dado a comer, y que yo comí. Ese “librito” que le supo a mi alma más dulce que todas las riquezas de este mundo, andando el Tiempo habría de saberme más amargo que el veneno más ácido.

Mas la Criatura que vive del Amor de aquél que lo engendra no conoce su sino más que cuando arrecian los vientos y las tormentas, cruje la tierra y caen los muros, se levantan las aguas y llueve duro sobre un edificio que, a pesar de su fragilidad externa, fue fundado sobre Roca.

Alegre pues, sabiendo que Dios no abandona a sus hijos, y habiéndoseme Prometido la Victoria, comencé mi travesía por el Tiempo, la Confianza puesta en la Palabra de quien me engendró para traer a las naciones el Conocimiento de todas las cosas, anunciarles el Fin de la Noche y el Nacimiento de un Nuevo Día. ¡Pero cómo podía saber aquella criatura que el Conocimiento de la Ciencia del Bien y del Mal habría de vivirlo en sus propias carnes! La Injusticia, la Pasión, el Odio, el Desprecio, la Pobreza … ¿no forman parte de la Ciencia del Bien y del Mal?

Siendo Dios quien ha estado dirigiendo, y dirige el curso de la Historia del Género Humano desde su Caída hasta el Reestablecimiento de su Creación, acorde a su Decreto: “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y Semejanza”, es decir, hijo de Dios, el hombre, expuesto a un Mundo esclavizado a la Ley del Bien y del Mal, y aunque engendrado a Imagen de su Creador, ha de vivir su crecimiento sujeto a la Ley del Mundo.

 

Este Libro contiene el Conocimiento de todas las cosas, las del Cielo, las de los Cielos y las de la Tierra. El Rey y Señor del Universo es quien da, y viendo buena su Obra, es Él quien envía a su hijo, como Él fue enviado por su Padre.

Pasado, Presente y Futuro, he aquí las líneas sobre las que el espíritu de Inteligencia, a Imagen y Semejanza de la Inteligencia Divina, se mueve el Autor a través de los Libros que componen esta Obra.

Los hechos tuvieron lugar de este modo:

 

Un día de aquellos, durante la última encrucijada entre milenios, yo, Raúl, un joven de 20 años, invoqué al Hijo de Dios. Subí a un monte, dejé el mundo y todos sus valores atrás y me planté delante de Dios con un mar de preguntas quemándome el ser. Aquél día el salto al otro lado de la Duda. Más allá de la Duda me planté delante de mi Creador.

Para mí, Raúl, el tiempo de la Duda había pasado. Dios existe con la seguridad que existen el Sol y las estrellas. Así que arrojando al suelo el lastre de la opinión de los expertos subí a aquel monte y liberé mi pensamiento.

Y digo que fueron muchas las horas que aquel joven alzó su voz al Cielo. El firmamento, el sol, la tierra, el mar, fueron testigos de mis palabras. Sólo ellos saben con qué palabras invoqué a mi Creador.

Y al cabo, caí al suelo sin fuerzas. En lo alto de aquél monte permanecí como muerto durante un tiempo.

Cuando me levanté regresé a casa, y esperé que se cumpliera lo que está escrito: “Al que llama, se le abre”. Y así fue. El Hijo de Dios me oyó, y me abrió. Entonces se cumplió en mi ser lo que está escrito: Al que crea de las entrañas le manará una fuente de aguas vivas.

Después de estas cosas yo, Raúl, seguí mi camino, y andando conocí a una persona muy especial. Lo llamaban el Profe.

De joven el Profe se fue a hacer las Américas. Al cabo de décadas regresó a la madre patria lleno de glorias, honoris causa, y todo eso, cosecha de su siembra por las universidades latinoamericanas. Ya en su patria chica el Profe no tardó en descubrir que para servir a Dios no hay que irse tan lejos; basta doblar la esquina, mirar alrededor y ver ovejas perdidas por todos los riscos.

Conmovido por la suerte de aquella juventud -Dios sabe por quién condenada a morir bajo los efectos del veneno de las cuatro letras malditas: SIDA- el Profe abrió un caserón en el centro de su ciudad natal, Málaga, y puso sus habitaciones al servicio de los jóvenes que como perros sin dueño proliferaban por las calles. En aquella Casa se conocieron el Profe y Raúl.

Al tiempo regresé a hacer mi propio camino. Y se fueron el otoño y el invierno de aquel año, (1976). Durante la primavera siguiente el Profe y yo, Raúl, volvimos a encontrarnos en Madrid.

El hecho de hallarse el Profe en Madrid se debía a que se le había descubierto una enfermedad en el cerebro. Sus enemigos decían que aquello era castigo de Dios por haber dilapidado su fortuna en aquellos leprosos sin salvación. Ciertamente la operación costaba una fortuna, que el Profe no tenía, porque se la había gastado en aquellas ovejas perdidas, y ahora andaba el pobre mendigando ayuda.

El Profe peregrinaba por Madrid de puerta en puerta. Cuando volvió a encontrarse con Raúl el hombre ya había perdido la cuenta. ¡Los amigos de los viejos días de gloria! La cosa era que aquél hombre tampoco desesperaba. Lo que sí se sentía era solo.

“¿Y tú qué, Raúl? No me lo digas, no acudiste a tu cita con el ejército. Y ahora vas por ahí a la aventura, un día acá, y el siguiente allá”.

Era genial. Estaba en sus cincuenta. De mediana estatura, rostro alegre, facciones latinas. Conversación entretenida. Siempre se le veía risueño, “al mal tiempo: buena cara”, decía. No fumaba, no bebía. No estaba casado. La gran pasión de su vida, la única que tuvo jamás, fue Cristo, y lo confesaba como quien está orgullosísimo de tener el tesoro más fabuloso del mundo.

Las siguientes semanas se diluyeron en el río del tiempo. El Profe siguió su vía crucis de puerta en puerta. Mientras tanto el mal seguía creciendo en su cerebro. Y él llevando su cruz a cuestas sin más consuelo que el que podía hallar en la compañía de un muchacho.

A mí la tragedia y la grandeza de aquel hombre me impresionaron. Muchas han sido las historias que me han impresionado a lo largo de mi existencia alrededor de mundo, pero ninguna tuvo un efecto tan decisivo en mi vida.

Y pasó lo que tenía que pasar. Una noche de aquel verano, de tanto patearme las avenidas madrileñas regresé retido a la habitación que compartía con el Profe. En el firmamento de los cielos la Luna Llena paseaba su gracia; el velo de su luz me cerró los ojos. Al poco me despertaron unos lamentos. Creyendo que venían de un Profe perdido en sus sueños, seguí durmiendo. Al fin abrí los ojos y al Profe, sentado en el borde de su cama con la mirada perdida en el infinito. Por su barbilla corría un hilo de sangre. El Profe estaba hablando solo.

Aquel muchacho que fuí, dejó al hombre hablar. Madre de Dios, la pena que estaba matando al Profe no era su enfermedad, ni descubrir que sus amistades se desentendían de su problema. La pena más grande que tenía su alma era no saber por qué Dios lo había abandonado.

“¿Este es el precio a una vida de servicio, Señor? ¿Esta es mi paga?”, se lamentaba en su ignorancia aquel doctor en más teologías que los san Agustín y santo Tomás juntos.

Llegó el verano del 77, yo me moví a Ibiza. No todo en este mundo tiene por qué ser trabajos, aventuras, errores, aciertos. Cuando Dios creó los Cielos y la Tierra allanó montes, y trazó verdes praderas a orillas de ríos hermosos, para que el ser humano se desnudara y se dedicara a practicar el deporte de vivir la vida.

Por aquellos días yo solía plantarme en los acantilados al otro lado de las murallas del castillo, mirando al mar. Fue entonces cuando en el campo de mis reflexiones y meditaciones el Hijo de Dios sembró en mi corazón un deseo maravilloso: Disfrutar de inteligencia sin medida para conocer todas las cosas

Y como semilla en tierra buena que se hace árbol, aquél deseo dio en mi alma su fruto. Así que uno de aquellos días yo, Raúl, me puse de pie, abrí sus brazos y le pedí al Hijo de Dios lo que más deseaba tener en este mundo:

“El Espíritu de Yavé:  Espíritu de Inteligencia sin medida para conocer todas las cosas”.

Mi Fe, puesta en su Palabra, y mi Confianza en su Gloria, no teniendo Duda de haber sido Él quien sembró para recoger en mí, según está escrito, “¿quién es el que primero da para tener que reclamarle a Dios?”, seguí mi camino en la Esperanza de recibir Respuesta.

Y así fue. Al poco el Hijo de Dios me dio a conocer su respuesta: “Tú lo conocerás todo, tú sabrás todas las cosas” me dijo.

Esto sucedió en el corazón de Europa, en la nación que llaman Bélgica.

Había pegado y se me había abierto, había pedido y se me había dado. Con la confianza puesta en la veracidad del Hijo de Dios continué mi camino.

Entonces se levantó un viento muy fuerte. Sirviendo a su Creador la creación entera agarró a aquel joven por los pelos, lo levantó, y cuando fue a abrir los ojos se encontró bajo tierra. Al día siguiente me descubrí en la casa de mis padres con mi vieja biblia en las manos y una pregunta en mi mente: ¿cómo creó Dios la Luz, el Firmamento, en una palabra: el Universo?

Durante las próximas semanas intenté descifrar el Jeroglífico de Moisés. Todo para nada. No importase las vueltas que le diese al Texto, no encontraba la Llave que me permitiese abrir su Sello, para entrar y ver lo que había al otro lado de la Puerta de la Luz del Génesis. Pero un día, regresando de Málaga la Bella, mientras por los cristales del bus admiraba aquel firmamento otoñal, la Luz. Tenía en mis manos la Llave de la Luz.

Me bajé del bus volando, abrí la puerta de casa. Mi madre me miró expectante.

“Voy a ser escritor, mamá”, le dije sin pensármelo dos veces.

“Acuérdate de tus hermanos cuando seas famoso”, me respondió ella.

Aquella mujer no sabía leer ni escribir ¡Qué mujer! ¡Qué grande es el misterio de la maternidad humana! Se parten los sesos los sabios buscando la fórmula de la producción industrial de Einsteines, Newtones y colegas, y viene la Naturaleza y se ríe de la Ciencia haciendo que una analfabeta para la piedra filosofal. Así pues, hiperexcitado por lo que me acababa de mostrar mi Dios, agarré papel y lápiz y comencé a balbucear las primeras palabras de Inteligencia sin medida que llenan este Libro (Creación del Universo según el Génesis. Una Introducción a la Cosmología del Siglo XXI).

Yo, personalmente, a mis 21 años, no cabía en mí de admiración por el Creador del Jeroglífico del Génesis, cuyo Sello se ha mantenido impenetrable delante de todos los genios de todos los tiempos. Su Omnisciencia y su Sabiduría Salvadora me tenían seducido, cautivado, maravillado. Y en fin, en aquel estado de excitación intelectual sin medida me hallaba cuando me llamaron para cumplir con mis obligaciones militares.

 

En noviembre de ese mismo año me incorporé a la Marina. Durante el siguiente invierno, primavera y verano, el Hijo de Dios me mostró todas las cosas concernientes al Derecho Divino, Justicia de la Salvación, fundamentos de la Redención. En fin, el alimento sobre el que Él dijera: “Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis”.

Pues bien, se fue el verano y vino el otoño. Un día de aquel otoño me metieron en la prisión militar a cumplir sentencia de dos meses y un día, en castigo por mi etapa de prófugo.

Estando en la celda el Hijo me presentó al Padre, y Este me mostró lo que tenía en su Corazón: la Esperanza de Salvación Universal que concibió al principio de los tiempos

En efecto, sólo un hombre pecó, y su pecado, sujeto al efecto dominó, se extendió por toda la superficie de la Tierra. Así que al elevar al Trono del Juicio Universal a su Hijo, Él lo volvió a glorificar otorgándole todos los poderes del Presidente de la Corte Suprema de su Reino, entre cuyos poderes está el dictar Absolución para el Acusado, en este caso Absolución Universal en base al Derecho de Redención por Él mismo conquistado para el Género Humano. Pues al ofrecernos la Justicia de la Fe quedaron privados de su Gracia todos los pueblos nacidos ante de Cristo; y, sin embargo, fuimos todas las naciones las que fuimos entregados a la Muerte por el pecado de un sólo hombre. Así que habiendo vivido bajo la misma ignorancia que nos hizo a todos merecedores de la Gracia, en razón de la Necesidad de la Muerte de Cristo nuestros padres quedaron privados de Salvación. Pero Dios, en su maravillosa Justicia, elevando a la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia de su Reino a su Hijo le concedió poderes infinitos y eternos para dictar Sentencia según espíritu y verdad. Él puede ajustar su Veredicto Final a la profecía en base a nuestra maldad, o a la Salud de su Paz en premio a nuestra Fe por creer que Él puede restaurar todas las almas a su condición natural de bondad. Nuestra bondad está en creer que el ser humano jamás se hubiera apartado de su Creador de no haberse interpuesto entre Dios y el Hombre la Traición de la Serpiente. Nuestra victoria: escribir en las páginas de la Historia Universal lo que creemos, con nuestros hechos dándole cuerpo al argumento de la Defensa.

 

Por esos días murió un Obispo de Roma. Le sucedió otro. Y a los 33 días su sucesor murió. Al muerto le sucedió Juan Pablo II.

Por aquéllos mismos días el Hijo de Dios me dio a conocer la Voluntad Presente de su Padre:

“Esta es la Voluntad presente de Dios -me dijo-: Unifíquense todas las iglesias en una sola y única”.

Enseguida el Hijo de Dios me adoctrinó en la naturaleza del espíritu participativo del Verbo, en la cual tienen todos los hijos de Dios su crecimiento. Pues al corresponderle a Dios la acción y abrirle espacio a sus hijos, Él dota a sus criaturas de todos los medios necesarios para su realización. De aquí que la Obediencia sea el principio del crecimiento sobrenatural de su Reino.

Terminada su Visita el Hijo de Dios me dijo : “YO SOY LA RESPUESTA”. Yo entend; quien quiere conocer si mi Palabra viene de Dios que se acerque a Él y le pregunte, Él responde de mis palabras, y nada viene de Dios sino es por Él, y el que quiera de Dios recibir Inteligencia y Sabiduría que se acerque a Él y pida, y nadie recibe de Dios sino es el Hijo quien da, El es la Puerta que da a Dios y nadie se acerca a Dios si no es por la Voluntad y Gracia del Hijo de Dios, Jesucristo, el Rey Universal y Señor Todpopoderoso que Dios le da dado por la Eternidad a su Reino y Creación.

 

Sucedió entonces que según se fue acercando la Navidad del 1978 una pregunta fue abriéndose espacio en mi espíritu; y según fue adquiriendo cada vez más espacio también fue apoderándose de mis noches, hasta el punto de no atreverme siquiera a cerrar los ojos.

La cuestión que se había instalado en mi ser tenía su raíz en la Esperanza de Salvación Universal que Dios y su Hijo me habían mostrado. ¿Qué estaba yo dispuesto a dar por esa Absolución Universal?

¡¡Mi alma!! Fue mi respuesta.

Pero una cosa es decir, y otra es hacer. ¿Un amor sin hechos, qué es? Que la Deserción sería la Prueba de este Amor, pues adelante. Que al otro lado me esperaba una obscuridad densísima, también. La decisión era mía.

Y decidido, crucé aquella puerta.

Me detuve en Madrid, con el Librito aquel, “Luz, Verdad y Vida”, escrito a mano durante aquellos dos meses y un día; entré en la Editorial Cristiana. Y por la puerta que entré, salí.

De Madrid salté a Zaragoza. Acogido por un amigo en su casa, ignorantes él mismo y su familia de mi estado militar pero encantados de tenerme con ellos esa Navidad, solía yo sentarme a meditar en la Plaza del Pilar. Los acontecimientos vividos durante el último año le habían dado a mi ser un nuevo sentido. ¿Qué iba a hacer ahora, adónde ir?

En aquellos días de meditación profunda existencial mi alegría se hizo infinita cuando Dios me dio una “piedrecita con un nombre escrito que solo el que lo recibe conoce”. Era para mí. Era mía. Yo leí: “Cristo Raúl”. 

 

CRISTO RAÚL Y LA REVOLUCIÓN MUNDIAL DE ANA

 

Así que, saltando de Zaragoza a Paris, y de Paris a Madrid, años 79 y 80, ya me disponía a regresar a Paris cuando “mi Padre que está en los cielos” me detuvo. Una hija de Dios, de nombre Ana, había sido atacada por la Muerte; ya se disponía la Muerte a llevársela, matando con ella la Nueva que traía ella consigo para el mundo, a saber, Dios ha dado su bendición a una Revolución Omnisciente Mundial, que tocando todas las ramas del árbol del conocimiento, ha de hacer saltar la Sociedad de la Plenitud de las Naciones de un modelo fundado en la Antigüedad, y recogido por la Modernidad, a una Sociedad fundada sobre los Principios Eternos e Inconmovibles sobre los que Dios ha levantado su Reino. 

Cristo Raúl le dio su mano a Ana, la liberó del abrazo de la Muerte, y como la paloma atravesada por la flecha de un enemigo, herida de muerte, pero no letal, una vez curada de su herida, abre sus alas y regresa al cielo en libertad, así Ana siguió su camino hasta la Hora en que la Voluntad de Dios llenase la Tierra, y llamando a sus hijos a Batalla Final, volviese a reunirlos. He aquí, entonces, algunas de las cosas que han de suceder en los años que vienen.

 

Unificación de todas las iglesias cristianas alrededor del Tronco Católico;

Disolución de la Federación Rusa, y Conversión de Moscú;

Caída de Bruselas y Berlín;

Extinción de las religiones: Islam e Hinduismo;

Independencia del Tíbet y Desmembración de China y de la India en muchos Estados con sus naciones; 

Extinción del Ateísmo Científico y Revolución de las ciencias médicas y ciencias de las energías;

Caída del Cuerpo de Seguridad de la ONU y Creación del Árbol de la Plenitud de las Naciones con Jurisdicción Universal contra la Guerra y las Dictaduras;

Abolición de todas las coronas, europeas, africanas y asiáticas;

Creación de la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Multiplicación de Brasil en distintos Estados con sus naciones;

Creación de un Cuerpo Judicial-Policial Mundial de Lucha contra el Crimen y las organizaciones Criminales Internacionales; 

Revolución Agrícola Mundial: Extinción de las plantas del Tabaco, Cocaína y Marihuana; control de las plantas del Café, de la Vid y de la Amapola; 

Reforestación del Planeta;

Fin del Comunismo, en todas sus formas, políticas e ideológicas;

Adhesión del Estado de Israel a la Alianza Militar de la Plenitud de las Naciones Cristianas;

Adhesión de los Estados Unidos de América al Tribunal Penal Internacional;

Abandono de las energías destructivas del planeta: Petróleo, Carbón y Gas;

Evolución de los Estados hacia Administraciones sujetas al Deber de Cumplimiento de los Derechos de la Familia;

Evolución del Dinero en Metálico y Papel al Dinero Digital y la sujeción de su Movimiento al Cuerpo de la Justicia;

Acceso libre de todos los hombres a la Educación Universitaria y a los medios de desarrollo de sus capacidades creativas;

Creación de Tres Comunidades Africanas Internacionales: África Blanca o del Sur; África Negra o Media, y África Mediterránea: libres de los Monopolios y oligarquías europeas, asiáticas y americanas.

 

Superado este periodo de dos años caminando en la oscuridad, y conociendo que mi Hora estaba lejos aún en el tiempo, mi Dios despidió a la mujer que me había ofrecido la mano para llegar a Paris.

Después de encerrarme entre libros durante los siguientes tres años, tomé mujer, que me dio un hijo. Yo, Cristo Raúl, tomé a la mujer y al niño y me trasladé a Creta, donde a la altura del 86, movido por el Espíritu arrojé mi vieja Biblia al fuego. Surgiendo de aquel fuego, el Hijo de Dios me mostró la Historia de la Increación, del Infinito, de la Eternidad, y del Dios que desde el Principio sin principio de la Increación fue la Causa Metafísica del Cosmos, y luego, siendo formado por la Sabiduría, según está escrito “Yo soy Dios, Yo solo fui formado, y después de mí no habrá otro”, vino a ser la Causa Física del Nuevo Cosmos: su Creación.

“Escribe todo lo que se te muestre”, me dijo el Señor Jesús. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.

Regresando a la casa de mis progenitores dejé con ellos a la mujer y a su hijo; salté a Paris, de París a Londres, de Londres a Jerusalén, y de Jerusalén a Madrid. Aquí me dijo el Rey del Cielo: “Envía a la mujer y a su hijo a la casa de sus padres, pues su casa de ella no tendrá parte en tu casa”. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.

Regresé a Londres, me instalé en Finsbury Park, donde fue visitado por la Madre de Cristo, abriéndole a mis ojos a lo que contenía su Corazón: “El Corazón de María”. 

Habiendo escrito todo lo que la Madre de Jesucristo guardaba en su Corazón desde el día de su Ascensión al Cielo, y apenas comencé a gozar de la victoria, la Muerte se cebó en la casa de mis progenitores. Desecho permanecí en Madrid; como no era bueno que estuviese solo Dios me dio una compañera, que concibió una hija, pero Dios me dijo: “Sal de su casa, pues tu casa no será contada por ella”. Yo así lo hice. 

El viento se alzó y crucé el océano; permanecí en Méjico un mes, y nueve meses en los Estados Unidos. A mi regreso, y tras la muerte del hombre que me trajo al mundo, regresé a Creta, donde permanecí un año. Pasado este año el viento volvió a levantarse, y me llevó desde Atenas a Viena, Praga, Budapest, Bratislava, Berlín, Copenhague, Estocolmo, Helsinki, Oslo y Roma, donde celebré el Bimilenario del Nacimiento de Cristo. Pero mi tiempo, aunque se acercaba, aún no había llegado.

Amaneciendo el Nuevo Día regresé a la casa donde nací, y puse manos a la obra. Estando en ello, una mujer entró en mi vida, y diciéndome Dios: “Por ella será contada tu casa”, la tomé conmigo a Berlín. Pero tentada la mujer por el Diablo, se dejó seducir. Buscando mi destrucción a fin de enterrar esta Historia Divina en el polvo de los tiempos, el Diablo usó a la mujer para inyectar en mi alma el veneno de un odio que pedía sangre. Pero Dios me dijo: “No derramarás sangre; pero si ella toca la tuya, serás libre de su sangre”. Yo obedecí. Despedí a la mujer y la envié con sus hijos a la casa de sus padres. 

Tendido en el suelo permanecí durante tres tiempos y medio. Cuando me recuperé vi al Rey del Cielo al frente de la Casa de los hijos de Dios, la Casa De Yavé y Sión, que venía a conquistar para el Reino de Dios la Plenitud de las Naciones del Género Humano, y dirigiéndose a mí, me dijo: “Levántate, hijo, y pues que no has derramado la sangre de tus enemigos, sin sangre liberaré yo al mundo, y tus hijos serán testigos ante las naciones de que Soy Yo quien lo ha hecho: ¡Habrá Revolución Mundial, no habrá Guerra Mundial! Cobra ánimo, hijo, y fortalécete, que tu Hora se acerca”.

Yo me levanté, y lleno del espíritu exclamé: “Que el mundo despierte a la Verdad”.

 

Corría el 2014 cuando en un juicio inicuo fui despojado de todo lo que amaba en este mundo; pedí justicia a Dios, mi Salvador, y liberándome de las tinieblas me condujo de regreso a la casa de mis progenitores, donde me fortalecí. A la puerta de la primavera del 2016 seguí a mi Rey hasta allí donde empezó todo, Galicia, el Ferrol. Y abriéndome los ojos, leí: “Ten celo y compra de mí oro acrisolado en el fuego, y cómprate vestiduras nuevas”. Maravillado por lo que leí, supe que antes de empezar el Camino, Él ya conocía el fin. Y no sólo desde ese día, sino desde el principio de los tiempos ya sabía Él la naturaleza del camino que el Vencedor, su hijo, habría de vivir. 

Tomando fuerzas, compré el oro de ley de su Palabra. Y oí la Voz de Dios Padre Todopoderoso, que decía: “Que no sea hallado en la Tierra lugar para el Diablo”. 

Alcanzada Zaragoza, donde se me prometiera la Victoria, ya me disponía a seguir mi camino cuando mi Rey y Padre me detuvo, diciéndome: “El Reino de Dios es semejante a dos reyes jugándose a una partida de ajedrez su reino. Desde el principio la Victoria está sellada; el rey Vencedor ha dispuesto darle el jaque mate a su enemigo mediante el más pequeño de sus siervos, un peón. El rey enemigo no ve la jugada hasta que el peón nacido para darle la victoria a su rey se acerca a su objetivo; en ese momento el rey enemigo lanza todas sus fuerzas contra ese peón vestido de la invencibilidad de su rey; debe destruirle antes de caer. Pero el peón es invencible. Su fuerza está en la confianza en la Invencibilidad de su rey”.

“El reino de Dios es también como un rey que deja a su hijo pequeño al cuidado de sus siervos y se va a hacer la guerra contra su enemigo. Pasando el tiempo el hijo del rey crece y sintiéndose fuerte, sin esperar la llamada de su padre, va y se une a su ejército. El enemigo reconoce en él al hijo del rey y lanzándose contra él lo hiere de muerte. El rey ordena sacar a su hijo del campo de batalla y dejarlo al cuidado de su madre hasta que sanen sus heridas”. 

“El reino de Dios es como un señor que, teniendo dos siervos, uno sabio y el otro necio, los llama, y queriendo levantar una casa les dice: “Id”. Los dos siervos fueron a la cantera, a extraer la piedra y tallarla, pero al llegar no encontraron herramientas con las que hacer su trabajo. El necio se dijo: Dios se ha burlado de nosotros, ¿qué quiere, que extraigamos los bloques con las uñas? Y se fue. Pero el sabio se dijo: Dios dará. Pues qué padre le dice a su hijo: “Ve y corta aquel árbol”, ¿y lo envía sin darle hacha con la que cortarlo? Tú, pues, hijo mío, espera en Dios, pues el que cree en Él, no es confundido”. 

Heme aquí en la Plaza del Pilar; pues en mí está el Espíritu de Inteligencia para llamar a todos los hijos de Dios a Batalla Final por la Libertad de la Plenitud de las Naciones del Género Humano, y así se cumpla, como en el Cielo en la Tierra, la Voluntad de Dios, que no hallando lugar en su Creación el Maligno sea arrojado al Infierno preparado para él y sus hermanos en el fondo del Abismo cubierto por las Tinieblas. 

En cuanto a aquéllos que sirviendo al Diablo intentaron destruir al Vencedor, he aquí que no me pondré delante entre ser alguno y la puerta del Paraíso, pero contra aquel, aquella y aquellos que se ponga entre hombre y Dios yo me alzaré con la libertad de la gloria del Vencedor, y allá que cada cual sea juzgado por su propio crimen. 

 

 

EPÍLOGO UNIVERSAL A LA BIBLIA DEL SIGLO XXI

 

A la altura de la Creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra la Batalla Final entre Dios y la Muerte estaba en el aire. Las medidas que Dios Padre tomara contra una Tercera Guerra Universal entre sus hijos, a saber: Apertura de la Creación de Mundos a sus hijos, y Participación de éstos en la Formación de los Pueblos llamados a la vida eterna, dejaba en el aire la Batalla Final cuya Victoria debería dejar asentada su Creación sobre Roca.

El Proceso de Formación a que había sido sometido Dios por la Sabiduría, efecto de Su Deseo de elevar la Vida Mortal a la condición de su propia Vida, ese Deseo, Reto de Dios a la Sabiduría Increadora, la implicaba, dicha Batalla Final. El Hecho de haber adoptado Dios dichas dos medidas revolucionarias: Apertura de la Creación y Participación en la Formación de los Pueblos, lo decía todo sobre la Necesidad que tenía la Sabiduría de abrirle a Dios los ojos a la visión del verdadero Enemigo de su Creación.

Mientras antes se produjera el descubrimiento por Dios de la Muerte como Fuerza activa desde el principio sin principio de la Increación, antes la Creación se vestiría de la Indestructibilidad de su Creador.

Que Dios había presentido la presencia de una Fuerza no sujeta a su Brazo detrás y en el origen de las Guerras de sus hijos, esto era un hecho que la Sabiduría había sentido. Era Necesario que Dios viese cara a cara a su Enemigo, la Muerte. Pero en cuanto a cuándo esta Visión se produciría, la Sabiduría no podía decirlo.

La Sabiduría, para quien Dios era su Señor, no podía acelerar esa Visión. La Muerte se dejaría ver por sí misma.

Cual bien dejara escrito Salomón sobre la Sabiduría, Ella estuvo desde el Principio de la Creación del Género Humano al servicio de su Señor, compartiendo con Dios Su Confianza en el éxito de la respuesta que Él le diera al Futuro de su Imperio.

Así pues, creados los Cielos y la Tierra, despejada la Duda sobre la Veracidad Divina del Rey de reyes y Señor de señores, Dios Hijo Unigénito y Primogénito, Jesús, no mediante teologías ni argumentos metafísicos, sino sobre la Roca de los Hechos, pues todos los hijos de Dios estuvieron presentes cuando abriendo Él su Boca dijera: “Haya Luz”, y la Luz se hizo; Dios Padre pasó a asentar su Imperio sobre la Ley, de manera que elevando su Ley a la Naturaleza Divina, haciendo de su Verbo la Roca sobre la que edificarle a la Justicia un Palacio Incorruptible, por el Temor a la Incorruptibilidad de su Espíritu creyó Dios alejar a sus hijos de la Tentación de comer del Árbol de la Ciencia del bien y del mal, es decir, de darse a la Guerra.

Si por la carencia del Amor a la Paz la Tentación incendió el Imperio de Dios, por el Temor al Verbo, expuestos a su Destrucción en caso de Transgresión, sus hijos se mantendrían en la Obediencia, andando cuyo Camino el Género Humano alcanzaría la Ciudadanía Eterna para la que el Hombre fuera creado.

 

LA BATALLA FINAL

Todos los hijos de Dios, “no de esta Creación”, en efecto, vieron la Gloria del Rey de reyes y Señor de señores del Paraíso de Dios, Gloria de Dios Hijo Unigénito, “Increado, no creado, de la misma Naturaleza que el Padre”, conforme al Dogma revelado al mundo por Dios Padre a través de, en y por la Iglesia Católica de Roma.

Así que, despejada la Duda sobre la veracidad Divina del Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Cielo, argumento con el que la Muerte, en y por la boca de Satán, uno de ésos hijos “no de esta creación”, incendió el Paraíso, llamó Dios a todos sus hijos a doblar sus rodillas ante su Ley.

La Confianza de Dios Padre puesta en que la Obediencia que viene del Amor, sería reforzada por la que procede del Temor, dejó el Proceso de Formación del Hombre en las manos de sus hijos, “los dioses de muy antiguo”, entre quienes se contaba, en cuanto hijo de Dios, el mismo Satán que “ya acorneara” la Paz en el Cielo durante los Días de la Creación, antes de la creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra.

Y sin embargo la Batalla Final entre Dios y la Muerte seguía en el aire.

Aun cuando la Muerte se escondiese a la espera de una mejor ocasión para asestar su golpe fatal, y el Género Humano alcanzase la Inmortalidad, más tarde o más temprano la Muerte volvería a extender su Fuerza sobre la Creación para conducirla a su Destrucción.

Que los hijos de Dios, consciente de la Naturaleza de la Ley, elevada a la Naturaleza del Verbo, cayesen en la Tentación y amparándose en el Amor de Dios por sus hijos invocasen al Padre en Dios en contra del Juez en Dios, esto estaba por verse.

El hecho es que todos los hijos de Dios tenían que decir su última palabra sobre el Modelo de Creación que la Muerte y Dios, cada uno, habían puesto sobre la mesa del Infinito y la Eternidad: Verdad, Justicia y Paz, o Mentira, Corrupción y Guerra.

Dios, confiando en el Temor a su Verbo, dejó el Futuro del Género Humano en las manos de sus hijos, los dioses de muy antiguo. Pues desde el origen de los tiempos de la vida en la Tierra los hijos de Dios habían estado bajando del Cielo a la Tierra y regresando de la Tierra al Cielo con toda la libertad del mundo.

La Hora de dejar en el Pasado las Guerras del Cielo, había llegado. Dando a conocer su Ley, “y la Ley es el Verbo, y el Verbo es Dios”, Dios dejó a sus hijos en Libertad para que en la plenitud de sus facultades mentales e intelectuales se adhirieran a la Ley o se alzasen contra ella.

Y pasó lo que Dios jamás quiso que pasara, y la Sabiduría Increadora sabía que habría de pasar, pero que no estando los ojos de su Señor abiertos a la visión de su Enemigo, la Muerte, Ella no podría impedir que sucediese.

Aquéllos hijos de Dios que antes se conjuraran para abrirle al Infierno las puertas del Paraíso del Cielo, se conjuraron de nuevo para, usando al Hombre como Hacha de guerra, declararle la Guerra al Modelo de Creación que la Ley buscaba edificar por la Eternidad.

El Hombre, habiendo sido formado a la Imagen de Dios, teniendo su propia Palabra por Ley, “a imagen y semejanza de Dios”, ignorante de la Ciencia del Bien y del Mal, que conocía como se conoce una Historia por otros vivida, pero de cuyo Fruto, la Guerra, jamás había comido, sin conocimiento de causa comió del Fruto Prohibido: la Guerra Santa.

Históricamente hablando tenemos el efecto final de la formación de las familias del género humano a imagen y semejanza de los hijos de Dios en la creación del primer reino que conoció el mundo, el reino del primer Hombre, el Adán bíblico, aquel Alulim sumerio “sobre cuya cabeza descendió la corona que bajó del Cielo”.

Así pues, una vez consumada la Revolución Neolítica forjadora de las primeras ciudades mesopotámicas, la aproximación de los pueblos de la Tierra al reino de Dios un proyecto a asumir con el paso de los siglos bajo el imperio de la Ley, la Perversión de aquéllos hijos de Dios que en pleno uso de sus facultades intelectuales se decidieron por obligar a Dios a legitimar la Guerra como Privilegio de los reyes de su Imperio : los condujo a engañar al Primer Hombre usando su amor a la Palabra como lanza con la que atravesar el costado de Dios.

No conociendo la Mentira, el Hombre no podía ver en la Palabra de Satán, “la serpiente antigua”, sino Palabra de Dios. Y en consecuencia el primer Hombre se alzó en Guerra Santa contra todas las familias de la Tierra a fin de conducirlas a todas al reino de Dios.

La Astucia de la Serpiente no podía ser más odiosa en razón de la Ignorancia del Hombre sobre la Maldad y la Causa que arrastraba a “la serpiente antigua” a usarle como Hacha de Guerra.

No el Hombre, la Ley era el Enemigo de la Serpiente que Satanás llevaba dentro.

Pero si su triunfo le supo a mieles, su Transgresión dejaba ver su Locura: ¿Una simple criatura se atrevía a retar a Dios Increado, Creador del Campo de las galaxias y de los dioses del Cielo, a una Guerra Total? ¿No había podido derrotar el Dragón satánico a los dioses, criaturas como son, y se atrevía a declararle la Guerra al mismísimo Dios, Creador de los dioses? ¿¡Qué locura era ésa!?

La Batalla Final se acababa de declarar. La inmensidad de la locura de sus hijos rebeldes, la Sabiduría lo sabía, no podía sino abrirle los ojos a su Señor. Mientras la Muerte no fuera desconectada de la Vida, la Creación estaría siempre en Guerra. Fuerza ciega, la Muerte, desde el principio sin principio de la Eternidad actuando en complementariedad con la Vida, seguiría lloviendo Infierno sobre el Paraíso.

Lo había hecho ya por dos veces, lo volvía a hacer por tercera vez, y seguiría haciéndolo hasta encontrar en la Creación su lugar.

Únicamente Dios podía llevarla la Desconexión entre la Vida y la Muerte. De aquí que la Sabiduría, conociendo a su Señor, viese venir la Batalla Final.

Declarada la Guerra, la Caída del Hombre un hecho consumado, la locura de sus hijos rebeldes delante de sus ojos, Dios abrió los ojos a su verdadero Enemigo, el Enemigo de su Creación, y actuó en consecuencia.

Si por Amor a su hijo Adán, arrastrado en su Ignorancia a la Transgresión, Dios perdonaba su Delito: la Elevación de la Ley a la Naturaleza Divina se vendría abajo, y su Reino quedaría expuesto a las pasiones de sus hijos. El Hombre había comido y su reino, alzado en Guerra Santa, tenía que sufrir la Pena debida al Delito.

Mas existiendo Ignorancia por la parte del Hombre sobre la verdadera Causa de la Manipulación de la que fuera objeto, y considerando que de haber conocido la Maldad de “la serpiente” el Hombre jamás hubiera Transgredido: en su Justicia no podía Dios dejar de sujetar su Pena a Redención.

Pero aunque sujeta la Pena a Redención, dicha Pena había de cumplir su tiempo.

La Tragedia del Género Humano estaba servida.

Ahora bien, pues que la Historia de la Redención está escrita, debemos atenernos al efecto de la Visión de Dios de su Enemigo, la Muerte, y como esta Visión venía a afectarle a su Creación entera.

 

LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS

El Odio de Dios hacia la Ciencia del bien y del mal está enraizado en una experiencia eterna. Si bien su Casa ha conocido su Fruto: la Guerra, el hecho es que su Casa no había conocido los efectos de la Ciencia del bien y del mal hasta vivir ése odio, que Él había conocido en su Juventud, un odio enraizado en una repugnancia visceral ilimitada contra la Mentira, la Corrupción, el Poder por el poder…

Su Creación entera tenía que vivir ese Odio, vivir esa repugnancia, entrar en su Ser y sentir el Infierno que Él viviera y que, no deseando para nadie, ni volver a vivir Él, debía conocer su Creación.

Y si su Creación, cuanto más su Hijo Unigénito.

Pues el as que “la serpiente satánica” guardaba en la manga era tentar al mismísimo Unigénito y Primogénito de Dios con el Fruto de la Ciencia del bien y de mal, y, ganándoselo para su Causa, suscitando en Él la pasión por la Guerra, por Amor al Hijo obligar al Padre a bendecir la conversión de su Imperio en una Corte de dioses más allá del bien y del mal.

¿Si el Hijo de Dios se unía a los “dioses rebeldes”, qué haría entonces su Padre?

La diana de la Muerte era, en definitiva, el Hijo.

Pero si Dios había abierto sus ojos a su Enemigo, su Hijo tendría que abrirlos igualmente.

La Caída un Acontecimiento irreversible en razón de la Divinidad del Verbo, siendo la Redención el efecto natural de la Ignorancia del Hombre, la propia Necesidad de abrir su Mente a toda su Casa, conduciría al Hijo de Dios a ver a su Enemigo, y, siendo “Dios Verdadero de Dios Verdadero”, no albergando su Padre duda sobre la última Palabra de su Hijo sobre y contra la Muerte, de la redención de la Casa de Adán la Historia del Género Humano pasaría a la Historia de la Salvación de la Plenitud de las naciones de la Tierra.

Porque, en efecto, del Acontecimiento del Niño en el Templo vemos cómo al entrar en nuestra Historia, vestido de la sangre y la carne de Adán, su padre en José y María, el Hijo de Dios bajó del Cielo movido por el Celo del Verbo, y en su condición de Rey de reyes y Señor de señores vino a conquistar la Tierra con las armas de David, y arrojando de su reino al enemigo de su Corona, Satán y sus ángeles rebeldes, extender la Ciudadanía del Cielo a todos los pueblos del género humano. En este espíritu entró en el Templo de Jerusalén, porque en este espíritu bajó del Cielo.

Los Hechos sucedieron de esta manera.

El Acontecimiento de la Caída del Hombre implicó a Dios, dando Él por hecha su Victoria sobre la Muerte, en la toma de nuevas medidas revolucionarias sobre las que refundar su Reino. La primera de todas era la Necesidad de que su Hijo viese al Enemigo de su Corona, y la segunda que el Hijo descubriese al Dios de la Increación en el Padre. Pues el Futuro de la Creación dependía exclusivamente de la Respuesta del Hijo al Conocimiento del Espíritu Santo del Dios de la Increación.

Así pues, ateniéndonos al Libro de la Revelación, con el que Dios cerró su Libro, y cuya Puerta selló a fin de que nadie, sino el Heredero de Cristo abriese, el Padre tomó al Hijo y le santificó con su Palabra, que el Hijo, una vez hecho hombre, nos daría a conocer a todos en el Evangelio.

Inmediatamente nos lo envió a nosotros, y encarnándose en el seno de la Virgen, cuyo nombre todos conocemos, María de Nazaret, nos lo dio a todas las familias de la Tierra como el Campeón que, naciendo de la hija de Eva, habría de alzarse para aplastarle la cabeza a la Serpiente y redimir el Pecado de todos los hombres.

Esto hecho, la Encarnación, por obra y gracias del Espíritu Santo acontecida, pues “el Hijo es Dios, y Dios es el Espíritu Santo”, el Padre Eterno se sentó en su Trono, y llamando a todos sus hijos “no de esta creación” decretó que todos los príncipes de su Imperio depositasen sus coronas a sus pies.

Pero Satán y sus aliados en el Eje de la Serpiente se negaron.

No siendo hallado sitio para Satán en el Cielo, Dios ordenó su Expulsión y lo arrojó a la Tierra, donde, conociendo que el Día de Yavé, Día de Venganza, había nacido, Satán se dio a perseguir a la Virgen que había de concebir al Redentor, “Príncipe de la Paz, Consejero Maravilloso, Padre Sempiterno, Dios con nosotros”.

Ya conocemos lo que sucedió.

José de Belén, en quien Dios había dejado la Guarda y Custodia de su Hijo, tomó a la Madre y al Niño y cruzando las aguas escondió al Niño y a la Madre en el Barrio Judío de Alejandría del Nilo.

Ya sabemos lo que pasó al Regreso de la Sagrada Familia a Israel. Y porqué el Niño desobedeciendo “a sus padres” se internó en el Templo para darse a conocer como el Mesías.

Aquel Episodio cambió al Hijo de Dios para siempre. Jesús descubrió a Cristo, y en Cristo descubrió Jesús al Dios de la Increación.

Lo que Cristo Jesús vio es lo que Cristo Raúl ha escrito en la Historia Divina

 

FUNDACIÓN DEL REINO UNIVERSAL DE DIOS

El Hijo vio a su Enemigo, la Muerte. Y conoció las medidas revolucionarias que el Padre había adoptado para refundar su Creación sobre la Roca Incorruptible, Indestructible, del Espíritu Santo, que está en el Padre y en el Hijo.

Dios abolía el Imperio y fundaba un Reino Universal cuya Corona sempiterna le era dada a Él, Jesucristo, Dios Hijo Unigénito y Primogénito.

Al igual que sus hermanos “no de esta creación” habían puesto sus coronas a los pies de Dios, mismamente le tocaba al Rey de reyes y Señor de señores hacer lo mismo, y como Ciudadano del Reino de Dios doblar las rodillas ante la Sabiduría del Dios Señor del Infinito y la Eternidad.

Y el Hijo así lo hizo.

El Hijo entró en nuestro mundo como Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Cielo, murió como un Ciudadano más del Reino de su Padre, y subió al Cielo para sentarse en el trono del Rey Universal en cuyas manos ponía Dios su creación entera. De aquí Dios dijera: “Lo glorifiqué y lo volveré a glorificar”.

En efecto, Cabeza de todos los Pueblos, todos los Ciudadanos del reino de Dios le deben Obediencia única y exclusivamente al Rey, Jesucristo; cualquier decreto que atente contra esta Obediencia a la Ley del Rey – ley de Paz y Vida – es Traición a la Corona de Dios, su Castigo es la Expulsión del transgresor de los límites de la Creación.

Con la Corona Universal Sempiterna heredó el Hijo todos los Atributos naturales a quien se sienta en el Trono de Dios: Todopoder y Sabiduría para alzarse como Juez Universal ante cuyo Cetro responden todas los Pueblos de la Creación, los que existen como los que existirán, incluyendo en esta Gloria el Poder de Absolución Universal del Género Humano en el origen de la Esperanza de Salvación Universal.

Pero si esta primera medida revolucionaria, ¡abolición del Imperio y su Transfiguración en Reino Universal Sempiterno!, condujo a Cristo Jesús a la Cruz, haciendo de la ley humana un espejo en la que se refleja su Obediencia a la Ley del Cielo, con su Resurrección Dios llevó a su Reino un Cuerpo Sacerdotal cuya Religión es la del Espíritu Santo hecho Hombre: Cristo. 

En Cristo el Espíritu Santo, que está en el Padre y en el Hijo, adquirió un Cuerpo Visible, a fin de que habiendo sido criado en los fuegos de la Ciencia del Bien y del Mal el Paraíso de Dios se halle inmunizado para siempre contra la Mentira y el Pecado.

Rey Universal; y Juez Todopoderoso; y Sumo Pontífice Universal, que viviendo en Dios, pues en Él está Dios, se acerca al Padre vestido del Espíritu Santo para santificar a todas las iglesias al hacerlas a todas su Cuerpo.

Pues en efecto, en el Señor Jesús todas las iglesias de todos los Pueblos de la Creación se unen en una Religión. Para que, así como los hijos de Dios han sido hecho participes de la Jurisdicción Universal sobre todo el Reino, – en lo referente a la Política y a la Defensa –, igualmente el Cuerpo de los Siervos del Señor Jesús adquieren Jurisdicción Universal en lo tocante a la Religión sobre todas las iglesias del Reino del Espíritu Santo, que está en el Padre y en el Hijo.

Medidas revolucionarias que implicaban, en efecto, la continuación de la tragedia del género humano; pero que dada la necesidad de Dios, una vez sus ojos abiertos a la Muerte, de Refundar su Creación: hacían inevitable. Era necesario, en verdad, que toda la Creación viese con sus ojos el fin hacia el que conduce la Ciencia del bien y del mal a todo mundo fundado sobre su ley: ley de guerra entre las naciones y odio entre los hermanos.

Pero no sólo los hijos de Cielo, también los hijos de Dios de la Tierra debíamos ver cara a cara a la Muerte, de manera que acogiéndonos a la Ley del Rey determinase Dios, por la Fe, la No-necesidad de la Consumación del Pecado.

 

PRIMER MILENIO DE LA ERA DE CRISTO

 

A fin de que la Muerte fuese vista por los hijos de Dios del Cielo, ordenó Dios, tras la Elevación de su Hijo al Trono del Rey Universal, que el Diablo, Satanás, la serpiente antigua, fuese encadenada y alejada de la Tierra durante el Primer Milenio de la Era de Cristo; y a fin de acelerar la Consumación del Pecado ordenó Dios que al principio del Segundo Milenio de nuestra Era el Diablo fuese liberado de su prisión y dejado en libertad en la Tierra.

Tenía también Dios necesidad de que sus hijos, tanto del Cielo como de la Tierra, viésemos con nuestros ojos que la disposición de Satanás contra el Espíritu Santo es eterna. Pues Misericordioso es Dios, en cuanto Padre Creador, para abrazar a quienes habiéndose perdido suplican el perdón por sus actos insensatos y malignos.

Apenas liberado de su prisión en al año Mil, el Diablo se entregó a la Destrucción de su Enemigo.

Romper la Unidad de las iglesias era de necesidad maligna para dividiendo a las naciones conducirlas a las guerras mundiales que habrían de abrirle la puerta a la destrucción de la Humanidad. Ya lo había profetizado Dios, el Maligno sembraría la Cizaña de la División de las iglesias.

Expulsado primero del Cielo y después de la Tierra durante Mil años, esta Siembra Maligna comenzaría tras el año Mil.

 

EL CISMA DE ORIENTE

 

El Odio encubado durante los Mil años de prisión encontró en un hombre perverso, Miguel Cerulario, su instrumento más fiel.

La Muerte había labrado el terreno en el que su Príncipe Maligno habría de sembrar su Cizaña maldita. Por un lado tenemos en el siglo X, la Pornocracia Vaticana, y del otro el error anticristiano en el que la Iglesia Ortodoxa había caído negando la existencia de Espíritu Santo en el Hijo. Negación que implica la Negación de la Divinidad del Hijo, negación que el propio Satán sostuviera antes de la Creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra, y desencadenase las guerras del Cielo. Pues siendo el Espíritu Santo: Dios, y el Hijo es Dios, negar que el Espíritu Santo se derrama en las iglesias en razón de quien es su Cabeza, el señor Jesús, esta Negación es una Rebelión abierta contra la Divinidad del Padre y del Hijo. Negación que determinara la Destrucción de la Iglesia Ortodoxa Bizantina, destrucción que alcanzó a su sucesora, la Iglesia Ortodoxa Rusa, y destrucción hacia a que se acerca la iglesia Ortodoxa Griega de mantenerse en la División. Negación en la que de persistir, Dios se alzará contra las iglesias ortodoxas de origen bizantino para desgajándolas del árbol de las iglesias echarlas al fuego preparado para el Diablo y sus ángeles rebeldes.

Sin embargo la destrucción de Bizancio ya estaba en el aire desde el día en que desobedeciendo el decreto de Dios, que ordenaba a todas las iglesias separarse del Imperio Romano, la iglesia ortodoxa bizantina se dio al Emperador de Constantinopla como sierva y garante de su imperio. Por amor a ella pretendió la iglesia bizantina obligar a Dios a anular su Decreto contra el Imperio Romano de Oriente.

En efecto, esta trampa fue la trampa en la que quiso el Diablo atrapar a Dios al arrastrar a Adán a su Caída. Trampa en la que no cayó Dios, y perseverando en la cual la iglesia ortodoxa bizantina condujo al pueblo griego medieval a su ruina.

 

LA LUCHA DE LAS INVESTIDURAS

 

Moviéndose hacia el Occidente, buscando siempre dirigir los siglos hacia la confrontación universal absoluta entre cuyos fuegos apocalípticos debía desaparecer toda vida sobre la Tierra, el Diablo encontró en el pueblo alemán un siervo fervorosísimo.

Pueblo bárbaro desde su cuna; enemigo de la civilización desde sus comienzos, el pueblo alemán cometió el terrible pecado de querer hacer de la Iglesia Católica, la Esposa del Señor Jesús, la prostituta imperial de su Emperador, escribiendo su fracaso el Acontecimiento llamado la Lucha de las Investiduras.

 

LA REFORMA

 

Apenas vencido por Gregorio VII, pueblo homicida desde su adolescencia, se alzó Alemania contra Italia para llevar el fuego del Infierno a las misma puertas de la Casa de Cristo en la Tierra. Fuego infernal que cultivó el Diablo entre los muros de los palacios de unos príncipes que no pudiendo tolerar más religión ni ley que la del hierro y el fuego de la guerra, se entregó a Satanás en cuerpo y alma, y engendrando ese aborto del Diablo llamado Martín Lutero, pues que Alemania no pudo hacer de la Esposa de Cristo su prostituta imperial, se alzó contra el Espíritu Santo para destruir su Obra y conducir a todas las naciones cristianas europeas a su primera guerra mundial, la llamada Guerra de los Treinta Años.

Pero si Alemania se entregó al Infierno, no menos lo hizo Suiza engendrando ese siervo del Diablo llamado Calvino, quien, vistiéndose de sabiduría, acusó a Dios Padre de haber determinado la Caída y haber elegido a un hijo suyo, Satanás, para escondiéndose detrás de sus vestiduras ocultar su Mano Todopoderosa y Eterna.

Siguiendo con su obra de destrucción de la Obra de Cristo, el Diablo engendró a su Anticristo, el tal Enrique VIII de Inglaterra, quien, alzándose como cabeza de la iglesia, se erigió en Dios de las Islas británicas.

La burla sonó con ecos infernales cuando el monstruo británico mostró sus dos cabezas, una de varón y otra de hembra.

Decapitando a la iglesia inglesa, cuya cabeza era Cristo Jesús, Cabeza de todas las iglesias, y siendo Dios por su Divinidad y en su Divinidad adquieren todas la Santidad debida a Dios, el Diablo le entregó a su monstruosa criatura el imperio, con el que la división entre las naciones cristianas se hizo absoluta.

 

NACIMIENTO DEL IMPERIO ESPAÑOL

 

La Muerte, que en su día patrocinara la Caída, y al siguiente la persecución contra los Cristianos, de un sitio, y la Destrucción del Cristianismo mediante los Bárbaros, del otro, tal cual labrara el terreno a fin de que a su salida de su Prisión su Príncipe encontrase tierra fértil donde su Cizaña diese fruto, movió todas sus fuerzas en la Tierra para aprovechando la división de las iglesias asaltar la Europa Cristiana, Baluarte del Reino de Dios en el mundo. Ya estaban los ejércitos de la Muerte para invadir la Cristiandad, cuando estando a las puertas de Viena, suscitó Dios su espíritu de Victoria en el pueblo más fiel que jamás tuvo la Iglesia, el Español.

Cual se avanza un peón inofensivo con el que nadie cuenta, pero que está llamado a llegar a la meta de su coronación tras la caída de su reina, vistió Dios al Español de su Fuerza, y nacido para vencer a la Muerte una vez tras otra, puso el Señor Dios a su servicio todas las riquezas de las Américas, con las que se enfrentó a los ejércitos de la Muerte a costa de perder sus mejores hombres y unas riquezas que de haber dejado en su Tesoro hubiera hecho de España la nación más poderosa de la Tierra por muchos siglos.

Vencida la Muerte en aquella contienda, los siervos del Diablo se lanzaron contra la nación elegida por el Señor Dios de Abraham, para devorarse en la guerra mundial europea de los Treinta Años. Tales fueron las gracias que recibiera el pueblo español de aquéllos pueblos a los que salvara de la ruina y de la desolación que de haberle dado España las espaldas a Europa los ejércitos de la Muerte hubieran sembrado en las tierras de Alemania, Austria y Francia.

 

GOG Y MAGOG

 

Disuelta la Unidad entre las naciones cristianas, el odio de las unas hacia las otras cultivado con el poder heredado por Satán de la Muerte, el camino hacia las guerras mundiales, hacia la Batalla entre Gog y Magog, quedaba despejado. Disuelto el Imperio Español, la pérdida de la Autoridad Doctrinal de la Iglesia Católica abandonada a su suerte, el Diablo volvió sus ojos hacia los dos pueblos en los que su Cizaña había encontrado tierra fértil, el pueblo Ruso y el pueblo Alemán. Incapacitados para ver el error en que cayeron al alzarse contra la Esposa de Cristo y enfrentados por la hegemonía mundial, Gog y Magog hicieron del siglo XX su campo de batalla.

 

EL SIGLO XXI, EL DIA DE LA GLORIA DE LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS

 

Y sin embargo, Dios había dispuesto el tiempo de la Liberación del Diablo en la Tierra por Mil años. Pasados los cuales, siguiendo la pauta de Abraham y Sara, el Rey engendraría Descendencia de su Esposa, y con esta Descendencia nacería el Día por el Espíritu Santo anunciado: El día de la gloria de la Libertad de los hijos de Dios: ¡Día de Revolución Mundial! Pues habiendo decretado Dios la Expulsión del Diablo de la Tierra, diciendo:

“Que no sea hallado lugar para Satanás en la Tierra”,

el decreto de Abolición de todas las Coronas que implicó al Cielo, había de ser oído.

Y en efecto, nacido el Nuevo Día, así dice Dios:

“Pongan todos los reyes de la Tierra sus coronas a los pies del Trono del Rey del Cielo; la nación que desobedezca será destruida como vasija golpeada por Vara de hierro”.

Y en mi salud yo, hijo de Dios, digo:

“Que el mundo despierte a la Verdad”.

 

En el Nombre de Jesucristo, Dios Hijo Unigénito, Rey Universal Sempiterno, Señor y Cabeza Sacerdotal de todas las iglesias de los pueblos que son y serán. Que su Ley gobierne la Tierra como lo hace en el Cielo.

 

FIN DE LA BIBLIA DEL SIGLO XXI, HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

Editada por Raúl Palma Gallardo

 

“EL VENCEDOR EDICIONES”