LA BIBLIA DEL SIGLO XXI
CRISTO RAÚL Y&S
ESTA ES LA VOLUNTAD PRESENTE DE
DIOS
“Unifíquense todas las iglesias
en una sola y única”
INTRODUCCIÓN BIOHISTÓRICA
LIBRO
PRIMERO. EL CORAZÓN DE MARÍA. HISTORIA DE LA SAGRADA FAMILIA
CAPÍTULO PRIMERO. YO SOY EL PRIMERO Y EL
ÚLTIMO
CAPÍTULO SEGUNDO. YO SOY EL ALFA Y LA OMEGA
CAPÍTULO TERCERO. EDAD APOSTÓLICA
CONCLUSIÓN
LIBRO
SEGUNDO. EL EVANGELIKOM. APERTURA UNIVERSAL DEL TESTAMENTO DE CRISTO
CAPÍTULO PRIMERO. - “YO SOY EL PRINCIPIO Y
EL FIN”. HISTORIA DE DIOS, EL INFINITO Y LA ETERNIDAD. INCREACIÓN Y CREACIÓN
CAPÍTULO SEGUNDO. - CARTA MAGNA DEL REINO
DE DIOS
CAPÍTULO TERCERO. - LA ESPERANZA DE
SALVACIÓN UNIVERSAL DE LA PLENITUD DE LAS NACIONES DEL GÉNERO HUMANO.
CAPÍTULO CUARTO. - CONCILIO VATICANO SIGLO
XXL CONCILIO UNIVERSAL DE ADORACIÓN DEL HIJO DE DIOS
CAPÍTULO QUINTO. - EL ESPÍRITU DE YAVÉ
CAPÍTULO SEXTO. - EL PONTIFICADO UNIVERSAL
DE JESUCRISTO SEGÚN SAN PABLO
LIBRO TERCERO. LA CREACIÓN DEL
UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS. UNA INTRODUCCIÓN A LA COSMOLOGÍA DEL SIGLO XXI
PRIMERA PARTE. - CREACION DE LA LUZ DEL
GÉNESIS
SEGUNDA PARTE. - CREACIÓN DEL FIRMAMENTO DE
LOS CIELOS
TERCERA PARTE. - LA ESCALERA DE LOS
ELEMENTOS NATURALES
CUARTA PARTE. - CREACIÓN DE LA BIOSFERA
QUINTA PARTE. - CREACIÓN DE LAECOSFERA
SEXTA PARTE. - CREACION DEL SISTEMA SOLAR
SEPTIMA PARTE. - CREACION DELOS CIELOS
OCTAVA PARTE. -LOS NUEVOS CIELOS Y LA NUEVA
TIERRA. DISTRIBUCIÓN DE MATERIA ASTROFÍSICA EN LA VÍA LÁCTEA
LIBRO CUARTO.PREHISTORIA Y
FUNDACIÓN DEL CRISTIANISMO
CAPÍTULO PRIMERO. - PREHISTORIA Y FUNDACIÓN
DEL REINO DE DIOS
CAPÍTULO SEGUNDO. - CRÓNICAS GALILEAS
CAPÍTULO TERCERO. - EL MISTERIO DEL ROSTRO
DE LA MADRE DE JESUS
CAPÍTULO CUARTO. - EL ORIGEN ESENIO DE JUAN
EL BAUTISTA
LIBRO QUINTO. EL POLITIKOM.MANIFIESTO
JESUCRISTIANO. PRINCIPIOS
FILOSÓFICOS DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL DE LA PLENITUD DE LAS NACIONES DEL SIGLO
XXL. UNA INTRODUCCIÓN A LA POLÍTICA DEL FUTURO
CAPÍTULO PRIMERO- NATURALEZA DE LA
ACTIVIDAD POLÍTICA
CAPÍTULO SEGUNDO. - LA REDENCIÓN DE LA
“TIERRA”. LA SEGUNDA REVOLUCIÓN AGRO-NEOLÍTICA POS-ATÓMICA
CAPÍTULO TERCERO. -SOBRE LA VIDAY LA MUERTE
CAPÍTULO CUARTO. -REVOLUCIÓN EN LAS AULAS
CAPÍTULO QUINTO. - PODER POLÍTICO Y
ONTOLOGÍA DE LA SOCIEDAD. EL CONCEPTO DE PATRIA POTESTAD COMO ORIGEN DEL CRIMEN
DE GÉNERO
CAPÍTULO SEXTO. - ONTOLOGIA Y ORIGEN DEL
ABSOLUTISMO
CAPÍTULO SÉPTIMO. - ONTOLOGÍA DE LA FAMILIA
CAPÍTULO OCTAVO. - EL FUTURO DE LA LEY
INTERNACIONAL
CAPÍTULO NOVENO. - RESPUESTA AL PROBLEMA DE
LA LIBERTAD DEL SER
CAPÍTULO DÉCIMO. - LA GUERRA Y LA PENA DE
MUERTE. RESPUESTA AL PROBLEMA DE LA PAZ
CAPÍTULO UNDÉCIMO. - RESPUESTA AL PROBLEMA
DE LA NATURALEZA DEL PODER POLÍTICO
CAPÍTULO DUODÉCIMO: EL RETO DEL SIGLO XXI
CONCLUSIÓN
LIBRO SEXTO. EL LIBRO DE LAS
INTRODUCCIONES A LA BIBLIA
INTRODUCCIÓN GENERAL AL ANTIGUO TESTAMENTO
ÉXODO; CONCORDANCIA ENTRE LOS
ACONTECIMIENTOS DEL PRÓXIMO ORIENTE DURANTE LA SEGUNDA PARTE DEL SEGUNDO
MILENIO A.C., A FAVOR DEL EXODO EN EL SIGLO XVI A. C.
INTRODUCCIÓN A LOS LIBROS SAPIENCIALES. REY
SALOMÓN: SABIDURIA, ECLESIASTES CANTAR DE LOS CANTARES.
INTRODUCCION ESPECIAL AL NUEVO TESTAMENTO
SAN MATEO. EL ESPÍRITU DE LAS
BIENAVENTURANZAS
SAN MARCOS. ORIGEN DEL PODER DE LOS
APÓSTOLES
SAN JUAN. EL EVANGELIO DE LA SANTÍSIMA
TRINIDAD
SAN PABLO. EFESIOS: VIAJE AL CORAZÓN DE SAN
PABLO
APOCALIPSIS. LA CUESTIÓN DE LA GRAN RAMERA
Y LA DOCTRINA DEL MILENARISMO
CONCLUSIÓN
EPÍLOGO UNIVERSAL
CARTA A TODOS LOS CRISTIANOS. EL ESPÍRITU
DEL VERBO, ESPIRITU DE PARTICIPACIÓN
INTRODUCCIÓN BIOHISTÓRICA
Al que venciere le daré una
piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el
que lo recibe. Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no
saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios,
y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusalén, la que
desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
Ap. 3,12
Este Libro tuvo su Principio en un Librito,
“Luz, Verdad y Vida”, escrito en la prisión militar del Ferrol del Caudillo,
Galicia, España, a finales del 1978, durante los días del cambio de Obispo
en Roma entre Juan Pablo I y Juan Pablo II. Aquel que me abrió la Puerta
de su Omnisciencia sabía que, de la Ignorancia al Conocimiento de todas las
cosas, aquel Librito tendría que hacer un Camino, estrecho y largo, hasta
adquirir el cuerpo que Hoy tiene; camino que no otro sino su Autor tendría
que vivir. Su Autor, yo, Cristo Raúl, abandoné el Cuartel de la Marina con
aquél “librito”, escrito a mano, que me sería dado a comer, y que yo comí. Ese
“librito” que le supo a mi alma más dulce que todas las riquezas de este
mundo, andando el Tiempo habría de saberme más amargo que el veneno más
ácido. Mas la Criatura que vive del Amor de aquél que lo engendra no conoce su
sino más que cuando arrecian los vientos y las tormentas, cruje la tierra y
caen los muros, se levantan las aguas y llueve duro sobre un edificio que,
a pesar de su fragilidad externa, fue fundado sobre Roca.
Este Libro, en efecto, contiene el
Conocimiento de todas las cosas, las del Cielo, las de los Cielos y las de la
Tierra. El Rey y Señor del Universo es quien da, y viendo buena su Obra, es
Él quien envía a su hijo, como Él fue enviado por su Padre. Pasado,
Presente y Futuro, he aquí las líneas sobre las que el espíritu de
Inteligencia, a Imagen y Semejanza de la Inteligencia Divina, se mueve el Autor
a través de los Libros que componen esta Obra. Los hechos tuvieron lugar
de este modo:
Un día de aquellos, durante la última
encrucijada entre milenios, yo, Raúl, un joven de 20 años, invoqué al Hijo de
Dios. Subí a un monte, dejé el mundo y todos sus valores atrás y me planté
delante de Dios con un mar de preguntas quemándome el ser. Aquel día di el
salto al otro lado de la Duda. Más allá de la Duda me planté delante de mi Creador.
Para mí, Raúl, el tiempo de la Duda había
pasado. Dios existe con la seguridad que existen el Sol y las estrellas. Así
que arrojando al suelo el lastre de la opinión de los expertos subí a
aquel monte y liberé mi pensamiento.
Y digo que fueron muchas las horas que
aquel joven alzó su voz al Cielo. El firmamento, el sol, la tierra, el
mar, fueron testigos de mis palabras. Sólo ellos saben con qué palabras
invoqué a mi Creador.
Y al cabo, caí al suelo sin fuerzas. En lo
alto de aquél monte permanecí como muerto durante un tiempo.
Cuando me levanté regresé a casa, y esperé
que se cumpliera lo que está escrito: “Al que llama, se le abre”. Y así fue. El
Hijo de Dios me oyó, y me abrió. Entonces se cumplió en mi ser lo que está
escrito: Al que crea de las entrañas le manará una fuente de aguas vivas.
Después de estas cosas yo, Raúl, seguí mi
camino, y andando conocí a una persona muy especial. Lo llamaban el Profe. De
joven el Profe se fue a hacer las Américas. Al cabo de décadas regresó a la
madre patria lleno de glorias, honoris causa, y todo eso, cosecha de su siembra
por las universidades latinoamericanas. Ya en su patria chica el Profe no
tardó en descubrir que para servir a Dios no hay que irse tan lejos; basta
doblar la esquina, mirar alrededor y ver ovejas perdidas por todos los
riscos. Conmovido por la suerte de aquella juventud -Dios sabe por quién
condenada a morir bajo los efectos del veneno de las cuatro letras malditas:
SIDA- el Profe abrió un caserón en el centro de su ciudad natal, Málaga, y
puso sus habitaciones al servicio de los jóvenes que como perros sin dueño
proliferaban por las calles. En aquella Casa se conocieron el Profe
y Raúl.
Al tiempo regresé a hacer mi propio camino.
Y se fueron el otoño y el invierno de aquel año, (1976). Durante la primavera
siguiente el Profe y yo, Raúl, volvimos a encontrarnos en Madrid. El hecho
de hallarse el Profe en Madrid se debía a que se le había descubierto una
enfermedad en el cerebro. Sus enemigos decían que aquello era castigo de Dios
por haber dilapidado su fortuna en aquellos leprosos sin salvación.
Ciertamente la operación costaba una fortuna, que el Profe no tenía,
porque se la había gastado en aquellas ovejas perdidas, y ahora andaba el
pobre mendigando ayuda. El hombre peregrinaba por Madrid de puerta en puerta.
Cuando volvió a encontrarse con Raúl el hombre ya había perdido la cuenta. ¡Los
amigos de los viejos días de gloria! La cosa era que aquel hombre tampoco
desesperaba. Lo que sí se sentía era solo.
“¿Y tú qué, Raúl? No me lo digas, no
acudiste a tu cita con el ejército. Y ahora vas por ahí a la aventura, un día
acá, y el siguiente allá”.
Era genial. Estaba en sus cincuenta. De
mediana estatura, rostro alegre, facciones latinas. Conversación entretenida.
Siempre se le veía risueño, “al mal tiempo: buena cara”, decía. No fumaba,
no bebía. No estaba casado. La gran pasión de su vida, la única que
tuvo jamás, fue Cristo, y lo confesaba como quien está orgullosísimo de
tener el tesoro más fabuloso del mundo.
Las siguientes semanas se diluyeron en el
río del tiempo. El Profe siguió su vía crucis de puerta en puerta. Mientras
tanto el mal seguía creciendo en su cerebro. Y él llevando su cruz a
cuestas sin más consuelo que el que podía hallar en la compañía de un muchacho.
A mí la tragedia y la grandeza de aquel hombre me impresionaron. Muchas han
sido las historias que me han impresionado a lo largo de mi existencia
alrededor de ninguna tuvo un
efecto tan decisivo en mi vida. Y pasó lo que tenía que pasar. Una noche de
aquel verano, de tanto patearme las avenidas madrileñas regresé a la habitación
que compartía con el Profe. En el firmamento de los cielos la Luna Llena
paseaba su gracia; el velo de su luz me cerró los ojos. Al poco me
despertaron unos lamentos. Creyendo que venían de un Profe perdido en
sus sueños, seguí durmiendo. Al fin abrí los ojos y vi al Profe, sentado
en el borde de su cama con la mirada perdida en el infinito. Por su
barbilla corría un hilo de sangre. El Profe estaba hablando solo. Yo dejé
al hombre hablar. Madre de Dios, la pena que estaba matando al Profe no era su
enfermedad, ni descubrir que sus amistades se desentendían de su problema.
La pena más grande que tenía su alma era no saber por qué Dios lo
había abandonado.
“¿Este es el precio a una vida de servicio,
Señor? ¿Esta es mi paga?”, se lamentaba en su ignorancia aquel doctor en más
teologías que los san Agustín y santo Tomás juntos.
Llegó el verano del 77, yo me moví a Ibiza.
No todo en este mundo tiene por qué ser trabajos, aventuras, errores, aciertos.
Cuando Dios creó los Cielos y la Tierra allanó montes, y trazó verdes
praderas a orillas de ríos hermosos, para que el ser humano se desnudara y
se dedicara a practicar el deporte de vivir la vida. Por aquellos días yo
solía plantarme en los acantilados al otro lado de las murallas del castillo,
mirando al mar. Fue entonces cuando en el campo de mis reflexiones
y meditaciones el Hijo de Dios sembró en mi corazón un deseo maravilloso:
Disfrutar de inteligencia sin medida para conocer todas las cosas. Y como
semilla en tierra buena que se hace árbol, aquél deseo dio en mi alma su
fruto. Así que uno de aquellos días yo, Raúl, me puse de pie, abrí sus
brazos y le pedí al Hijo de Dios lo que más deseaba tener en este mundo:
“El Espíritu de Yavé: Espíritu de
Inteligencia sin medida para conocer todas las cosas”.
Mi Fe, puesta en su Palabra, y mi Confianza
en su Gloria, no teniendo Duda de haber sido Él quien sembró para recoger en
mí, según está escrito, “¿quién es el que primero da para tener que
reclamarle a Dios?”, seguí mi camino en la Esperanza de recibir Respuesta. Y
así fue. Al poco el Hijo de Dios me dio a conocer su respuesta: “Tú lo
conocerás todo, tú sabrás todas las cosas” me dijo. Esto sucedió en el
corazón de Europa, en la nación que llaman Bélgica.
Había pegado y se me había abierto, había
pedido y se me había dado. Con la confianza puesta en la veracidad del Hijo de
Dios continué mi camino. Entonces se levantó un viento muy fuerte. Sirviendo a
su Creador la creación entera agarró a aquel joven por los pelos, lo levantó, y
cuando fue a abrir los ojos se encontró bajo tierra. Al día siguiente me
descubrí en la casa de mis padres con mi vieja biblia en las manos y una
pregunta en mi mente: ¿cómo creó Dios la Luz, el Firmamento, en una palabra:
el Universo.
Durante las próximas semanas intenté
descifrar el Jeroglífico de Moisés. Todo para nada. No importase las vueltas
que le diese al Texto, no encontraba la Llave que me permitiese abrir su
Sello, para entrar y ver lo que había al otro lado de la Puerta de la Luz del
Génesis. Pero un día, regresando de Málaga la Bella, mientras por los cristales
del bus admiraba aquel firmamento otoñal, vi la Luz. Tenía en mis manos la
Llave de la Luz.
Me bajé del bus volando, abrí la puerta de
casa. Mi madre me miró expectante.
“Voy a ser escritor, mamá”, le dije sin
pensármelo dos veces.
“Acuérdate de tus hermanos cuando seas
famoso”, me respondió ella.
Aquella mujer no sabía leer ni escribir
¡Qué mujer! ¡Qué grande es el misterio de la maternidad humana! Se parten los
sesos los sabios buscando la fórmula de la producción industrial de Einsteines, Newtones y colegas, y
viene la Naturaleza y se ríe de la Ciencia haciendo que una analfabeta
para la piedra filosofal. Así pues, hiperexcitado por lo que me acababa de
mostrar mi Dios, agarré papel y lápiz y comencé a balbucear las
primeras palabras de Inteligencia sin medida que llenan este Libro
Creación
del Universo según el Génesis.
El Texto dice:
Al Principio creó Dios los Cielos y la
Tierra. La Tierra estaba confusa y vacía, y las Tinieblas cubrían la faz del
Abismo, pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las Aguas,
Dijo Dios; “Haya Luz”.
Lo que sucedió inmediatamente es lo
siguiente:
Uno: Multiplicación Controlada de la
densidad por unidad cúbica astrofísica del campo gravitatorio terrestre. El
origen de esta Multiplicación Controlada es la Naturaleza del Ser Divino.
Dos: Aceleración vertical de las
revoluciones de trabajo del transformador geonuclear de la Tierra. De la que se
derivó la aceleración rotatoria del Globo sobre su eje, y la implosión
astrofísica del Núcleo en el origen del calor del Planeta.
Tres: Elevación termodinámica global del
cuerpo geofísico, que desde el Manto se extendió hasta la superficie y produjo
la Fusión de la Corteza Primaria.
Cuatro: Licuación de la Corteza Primaria
bajo los efectos de la Fusión del Globo externo y producción de la Atmósfera
Primigenia. (La naturaleza química de la Atmósfera terrestre, sui géneris entre
las de su familia planetaria, nos plantea un problema alternativo que no tocaré
en este lugar, pero sobre el que volveré en su momento).
Cinco: Una vez concluida la transformación
en calor del combustible gravitatorio, la Tierra volvió a las manos de la
Naturaleza, ajustándose sus nuevos cambios a la ley de la Inercia:
1. Desaceleración de las revoluciones de
trabajo del transformador geonuclear.
2. Caída de la velocidad de rotación del
Planeta.
3. descenso de la temperatura del Globo.
Estos fueron los tres primeros efectos visibles. Estos tres efectos fueron
causa de una nueva secuencia de efectos. El primero de estos nuevos efectos fue
el enfriamiento de la superficie exterior del Globo, que ipso facto puso la
primera piedra de la creación del anillo geofísico externo, la Litosfera.
También podemos hablar de Solidificación de la Corteza Secundaria. En fin, esto
es ya según el gusto. Una vez que entremos más en profundidad tendremos tiempo
de diferenciarlas. Avanzando un poco el tema digamos que la Litosfera es al
Globo lo que la Corteza Secundaria es a la Litosfera. Resumiendo, la Corteza
Secundaria es la capa externa de la Litosfera. Fue, pues, la Corteza Secundaria
la primera capa litosférica que se solidificó.
Seis: El descenso continuo de la
temperatura geofísica a su antiguo estado de partida, que ya nunca alcanzaría,
provocó la solidificación de la Corteza Secundaria, como he dicho, y la
creación del anillo litosférico. La Arquitectura Geofísica siguió completando
su cuerpo con el nacimiento del segundo anillo, el Manto, cuyo enfriamiento
cerraría la fuente de calor de la que hasta entonces se había estado
suministrando la Atmósfera Primigenia para conservar su estado natural. El
enfriamiento de fuera hacia el interior del Globo por lógica tenía que
convertir el anillo litosférico en un muro de anulación de trasvase del calor
del Núcleo a la Atmósfera. Así que, térmicamente aislada del Núcleo la
temperatura de la Atmósfera cayó en picado a la velocidad vertiginosa que el
aislamiento impuso. Su volumen se congeló. El resultado fue la transformación
de la Atmósfera en el Manto de Hielo que cubrió la esfericidad del Planeta de
polo norte a polo sur durante la Tarde del Día Primero. Este Manto de Hielo es
la Luz en el Verbo del Primer Día.
Mi excitación original al descubrírseme
esta serie primera de acontecimientos me impedía hacer pausa de naturaleza
alguna. ¡Había pedido y se me había dado! El Futuro se desplegaba ante mis ojos
con esta Luz, bajo cuya alegría caminaría hasta el fin de mis días en la
Tierra. Pero si con este descubrimiento mi excitación intelectual se me
disparó, al plantar mis ojos en el Día Cuarto no pude contener mi admiración
por la Inteligencia del Autor de este Jeroglífico Divino. La sucesión de
Acontecimientos que tuvieron lugar en los Días Dos y Tres está escrita en el
libro de La Creación del Universo según el Génesis. El Día Cuarto es el Día de
la Maravilla de las maravillas. Dice el Texto: Creó Dios las estrellas para
separar la Luz de las Tinieblas. Y dice también que creada la Luz la separó de
las Tinieblas. Es decir, que Dios creó la Tierra al otro lado de las Estrellas,
y una vez que la vistió con su Manto de Hielos le dio en el Sistema Solar su
lugar. Se produce durante el Día Segundo la serie de acontecimientos descritos
en la Creación del Universo según el Génesis; a saber, reactivación del Núcleo
de la Tierra, Sublimación de la Capa externa del Manto de Hielos, su Ruptura en
Dos Bloques, y la creación del Océano Madre producto de la Descongelación a
raíz de la elevación de la Temperatura del Planeta. El fruto de este Día fue la
Creación de la Atmósfera Secundaria, que separa las aguas que están debajo del
Firmamento de las aguas que están encima del Firmamento. En el Día Tercero se
produce la elevación final de las plataformas continentales y la colonización
de sus tierras por el Reino Vegetal, cuyas raíces se hallaban en el lecho del
Océano Madre. La Evolución del árbol de la vida de las especies parecía ya
encaminada cuando de nuevo el Hijo de Dios se adelante delante de toda su Casa
y abriendo su Boca, dice: “Haya estrellas en el Firmamento de los Cielos para
separar la Luz de las Tinieblas”. Los Cielos, a su Verbo, se expanden y toman
la Configuración Constelacional que desde entonces
hasta Hoy han tenido. Ergo, si a alguien de entre los hijos de Dios le dolía
aún la Duda sobre la Veracidad Engendrada del Primogénito de Dios, “Dios
Verdadero de Dios Verdadero, engendrado, de la misma naturaleza increada del
Padre”, ante semejante despliegue de Todopoder esa
Duda quedaba para siempre totalmente despejada. Las consecuencias astrofísicas
derivadas de dicha Expansión Configuracional de nuestros Cielos se estudiarán
en el Libro correspondiente.
Yo, personalmente, a mis 21 años, no cabía
en mí de admiración por el Creador del Jeroglífico del Génesis, cuyo Sello se
ha mantenido impenetrable delante de todos los genios de todos los
tiempos. Su Omnisciencia y su Sabiduría Salvadora me tenían seducido, cautivado,
maravillado. Y, en fin, en aquel estado de excitación intelectual sin medida
me hallaba cuando me llamaron para cumplir con mis obligaciones militares.
En noviembre de ese mismo año me incorporé
a la Marina. Durante el siguiente invierno, primavera y verano, el Hijo de Dios
me mostró todas las cosas concernientes al Derecho Divino, Justicia de la
Salvación, fundamentos de la Redención. En fin, el alimento sobre el que
Él dijera: “Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis”.
Pues bien, se fue el verano y vino el
otoño. Un día de aquel otoño me metieron en la prisión militar a cumplir
sentencia de dos meses y un día, en castigo por mi etapa de prófugo. Estando
en la celda el Hijo me presentó al Padre, y Este me mostró lo que tenía en su
Corazón: la Esperanza de Salvación Universal que concibió al principio de los
tiempos. En efecto, un hombre pecó, y su pecado, sujeto al efecto dominó, se
extendió por toda la superficie de la Tierra. Así que, al elevar al Trono del
Juicio Universal a su Hijo, Él lo volvió a glorificar otorgándole todos
los poderes del Presidente de la Corte Suprema de
su Reino, entre cuyos poderes está el dictar Absolución para el Acusado,
en este caso Absolución Universal en base al Derecho de Redención por Él
mismo conquistado para el Género Humano. Pues al ofrecernos la Justicia de
la Fe quedaron privados de su Gracia todos los pueblos nacidos ante de
Cristo; y, sin embargo, fuimos todas las naciones las que fuimos
entregados a la Muerte por el pecado de un sólo hombre. Así que habiendo
vivido bajo la misma ignorancia que nos hizo a todos merecedores de la
Gracia, en razón de la Necesidad de la Muerte de
Cristo nuestros padres quedaron privados de Salvación. Pero Dios, en su
maravillosa Justicia, elevando a la Presidencia de la Corte Suprema de
Justicia de su Reino a su Hijo le concedió poderes infinitos y eternos
para dictar Sentencia según espíritu y verdad. Él puede ajustar su Veredicto Final a la profecía en base a nuestra maldad,
o a la Salud de su Paz en premio a nuestra Fe por creer que Él puede
restaurar todas las almas a su condición natural de bondad. Nuestra bondad
está en creer que el ser humano jamás se hubiera apartado de su Creador de
no haberse interpuesto entre Dios y el Hombre la Traición de la Serpiente.
Nuestra victoria: escribir en las páginas de la Historia Universal lo que
creemos, con nuestros hechos dándole cuerpo al argumento de la Defensa.
Por esos días murió un Obispo de Roma. Le
sucedió otro. Y a los 33 días su sucesor murió. Al muerto le sucedió Juan Pablo
II.
Por aquéllos mismos días el Hijo de Dios me
dio a conocer la Voluntad Presente de su Padre:
“Esta es la Voluntad presente de Dios -me
dijo-: Unifíquense todas las iglesias en una sola y única”.
Enseguida el Hijo de Dios me adoctrinó en
la naturaleza del espíritu participativo del Verbo, en la cual tienen todos los
hijos de Dios su crecimiento. Pues al corresponderle a Dios la acción y abrirles
espacio a sus hijos Él dota a sus criaturas de todos los medios necesarios
para su realización. De aquí que la Obediencia sea el principio del
crecimiento sobrenatural de su Reino.
CONSTITUCIÓN
SEMPITERNA DE LA IGLESIA
PRÓLOGO
La Santa Madre Iglesia Católica levantará la
Sentencia de Excomunión contra todas las iglesias que, engañadas por Satanás, el
Sembrador Maligno, el “dios oculto” de la Reforma, se separaron del Tronco del Árbol
de las iglesias, a fin de que regresen a la Casa del Señor y reciban el
Bautismo de la Vida Eterna. Aquellas que sigan el camino de las “vírgenes necias”,
llegado el tiempo el Señor cerrará la Puerta, serán entregadas a las tinieblas.
Artículo A
La Inocencia y la Libertad de Dios son
innegociables, incorruptibles e insobornables. En ellas tenemos todos sus
hijos, siervos y la Plenitud de las Naciones de la Creación nuestra Alegría,
nuestra Paz y nuestra Vida eterna.
Dios es Santo, Bendito sea su espíritu. Los
que amáis la verdad, la justicia y la paz bendecid su Santo Espíritu, que no
hace acepción de personas y ha hecho de la Igualdad en la Fraternidad entre
todas las Naciones de su Reino la estrella de la mañana.
La Voluntad Unificadora de DIOS PADRE es la
Voluntad de DIOS HIJO. Quienes rompieron la UNIDAD UNIVERSAL DEL ESPÍRITU SANTO
que vive en las iglesias encontrarán en la OBEDIENCIA A LA VOLUNTAD UNIFICADORA
DIVINA la Misericordia de la que se verían privados quienes permaneciendo en la
División se harían siervos de Satán y con su señor serían arrojados al Abismo
cubierto por las Tinieblas.
Artículo B
La meta de la Rebelión de los “ángeles
rebeldes” consistió en levantar entre YAVÉ DIOS y su HIJO JESÚS un muro de
separación, suscitando así el desprecio del Hijo hacia el Espíritu Santo de su
Padre, cosa que esperaba aquella generación malvada de hijos rebeldes
conseguir, Satán a la cabeza, a fin de convertirle a la religión del Infierno,
mediante el conocimiento de la Ciencia del bien y del mal, cuyo fruto es la
Guerra.
La reclamación del Diablo: inmunidad ante
la justicia para la Casa de los hijos de Dios, fue el origen de la Guerra que
hizo de la Tierra el campo de la Batalla Final entre Dios y la Muerte.
¡Guerreros, hijos de Dios, bendecid a
vuestro Rey! Vuestro Rey no sucumbió a la tentación, amó a Dios y le adoró por
ser “el que es”: el Espíritu Santo en cuya vida tenemos todas las criaturas
nuestro escudo, nuestra fortaleza, nuestro protector, la fuente de amor sin
cuyo río el Árbol de la Vida se seca y perece bajo el fuego de los rigores del
infierno de tales demonios!
JESUCRISTO es el Nombre de vuestro rey.
Bendecid su Nombre, naciones de la Tierra.
Artículo C
La Caída de Adán le abrió los ojos a YAVÉ
DIOS PADRE, quien vio cara a cara a su verdadero enemigo, la MUERTE.
La Eternidad y el Infinito habían estado
esperando esta Batalla Final.
Siendo un acto de locura absoluta la
declaración de guerra de la criatura contra su Creador, Dios no podía seguir
cegado por el Amor a sus hijos y, en la Traición, la lanza clavada hasta Su
corazón de Padre, vio YAVÉ DIOS la Fuerza que movía el brazo de la Serpiente.
Esta era su Guerra, el Infinito y la Eternidad se habían levantado contra el
Infierno que la Muerte les proponía por modelo de Creación, y llamaba a Dios y
Su Sabiduría a su lado.
YAVÉ DIOS PADRE, haciéndose una sola cosa
con el Infinito y la Eternidad, aceptó la declaración de Guerra Apocalíptica
contra las Fuerzas del Infierno. La MUERTE sería extirpada del Cuerpo de la
Creación y arrojada al Abismo cubierto por las Tinieblas.
Bendito sea YAVÉ, nuestro Padre. Guerreros,
hijos de Dios, levantad conmigo el grito, aclamad su Nombre desde un confín al
otro de la Tierra, gritad conmigo su Nombre: ¡YAVÉ DIOS PADRE!
Artículo D
Dios liberó a todas las Naciones de la
Obediencia debida a sus jefes y ha puesto la Obediencia de todos los Pueblos de
todas las Naciones a los pies del Rey que le ha dado a su Reino: su Hijo
Primogénito, JESUCRISTO DIOS HIJO UNIGÉNITO.
Toda persona que pone su Obediencia y Vida
a los pies de otra persona que no sea la del Rey y Señor JESUCRISTO comete
delito de rebelión contra YAVÉ DIOS PADRE. Toda la Gloria y todo el Honor del
Señor del Infinito y de la Eternidad, y Creador del Nuevo Cosmos, vive en SU
HIJO JESUCRISTO. Quienes rechacen vivir en esta Gloria del REY UNIVERSAL
SEMPITERNO y entreguen su Obediencia y vida a un hombre, Estado o Institución:
Laica o Seglar, comete delito contra su Alma y su Creador.
Todas la Creación de YAVÉ DIOS vive en el
REY JESUCRISTO; al REY y únicamente al REY DIVINO es la Obediencia del Alma de
todas las iglesias y de todos los Ciudadanos del Reino de DIOS.
Quien se declara cabeza de una iglesia se
declara por Satán, deviene su hijo, es un Anticristo.
El pueblo que vive a los pies de un
Anticristo, cabeza de la iglesia de su nación, vive bajo la Condena contra
Satán firmada por YAVÉ DIOS antes de entregar todo el Poder del Juicio Final a
su Hijo. Quienes permanezcan en esa iglesia se exponen a la Segunda Muerte. El
pueblo y los siervos de esa iglesia rebelde, si quieren vivir, abandonarán esa
iglesia rebelde y se harán una sola cosa con la Iglesia MADRE, ESPOSA DE
CRISTO, la IGLESIA CATÓLICA fundada por DIOS, PADRE E HIJO, y edificada por los
DOCE APÓSTOLES.
Artículo E
El Señor Jesús es la Única Cabeza, Visible
e Invisible, de la Iglesia. Cualquier persona, sacerdote u obispo que se
declare cabeza universal de la Iglesia, comete Delito de Rebelión contra YAVÉ
DIOS PADRE. Todo aquel que se declare cabeza de la Iglesia de Dios entre las
naciones se declara Anticristo y se alza en Guerra contra JESUCRISTO: por YAVÉ
DIOS PADRE elevado al Sumo Pontificado Universal Sempiterno.
Sea Patriarca, Obispo o Pastor todo siervo
que esclaviza la Obediencia Divina debida al Señor y Rey JESUCRISTO a la
voluntad de intereses personales o ajenos: se alza contra la Sabiduría Divina:
Todos depondrán esa Obediencia Divina a los pies del Señor JESÚS; DIOS HIJO
UNIGÉNITO, DIOS VERDADERO DE DIOS VERDADERO, ENGENDRADO DE LA NATURALEZA
INCREADA DE YAVÉ DIOS PADRE.
Todo el Honor y toda la Gloria de DIOS
PADRE vive en DIOS HIJO: por Envidia de esta Gloria una Generación de hijos de
Dios, no de esta creación, engendrados por la Sabiduría en la Naturaleza de la
Nueva Creación, se alzó en Rebelión, le abrieron la Puerta del Paraíso a la
Muerte y extendieron el Infierno de las Guerras en el Cielo.
Dios Ha constituido a su Hijo en la Puerta
Invencible a Indestructible frente a la cual la Muerte no tiene Poder. A ÉL
solo y únicamente a Él, REY DIOS Y SEÑOR JESUCRISTO le pertenece la Obediencia
Debida de toda la Creación a DIOS CREADOR. Quienes exigen esa Obediencia para
su patriarcado, obispado o misión pastoral rechazan la GLORIA DEL HIJO
UNIGÉNITO DE DIOS. Todos los hombres se alzarán contra semejante acto de
Envidia de la Gloria del Hijo Primogénito de Dios, pues en la Veracidad de esta
primogenitura encontramos todas las Criaturas la Veracidad de nuestra
Filiación.
Artículo F
Los Siervos viven de la Mano de su Señor.
Toda persona que entra al Servicio de Cristo como Sacerdote venderá sus
propiedades y las repartirá entre los pobres. El sacerdote que use la riqueza
que procede de su Señor para enriquecerse a sí mismo o a su familia, rompe el
Contrato con Dios, será expulsado de la Iglesia. La Riqueza del sacerdote es
Cristo: su Gloria imperecedera, eterna, inmaculada, su Fuerza y su Sabiduría,
su Felicidad y su Dicha.
Quien usa el sacerdocio para su
enriquecimiento se hace siervo de Satán. Sea expulsado de la Casa de Cristo.
CRISTO es el Modelo sacerdotal, universal
sempiterno, consagrado entre las naciones por DIOS para mantener viva en su
REINO la Verdad que la Eternidad y el Infinito han proclamado en la Tierra: el
HIJO es la Vida del PADRE.
En esta VERDAD está la VIDA de toda la
Creación.
El Sacerdote es la Encarnación Viva de esta
VERDAD DIVINA. Engendrado en el hombre a la Imagen y semejanza de Cristo, el
Sacerdocio Católico es Cristo entre nosotros. La Carne no puede ocultar el
Espíritu. Bendito el sacerdote en quien esta Imagen es la Vida del pueblo; su
Gloria es eterna en el Padre y en el Hijo.
Artículo G
Todo aquel que entre a Perpetuidad al
Servicio del Señor en tanto que Sacerdote le pertenece a Cristo en cuerpo y
alma. Aquellos que estén casados permanecerán unidos en cuerpo a la mujer, mas el Poder de Sucesión Sacerdotal no les pertenece, es
Poder de Cristo en su Esposa, la Iglesia Católica: que a través de sus Obispos
hace Sacerdotes para Dios a la Imagen de Cristo.
Artículo H
La Iglesia Católica es la Esposa de Cristo,
vive de la Mano de su Señor. Su propiedad es la Iglesia. Cualquiera que imponga
impuestos sobre la Iglesia, la Casa de Dios en la Tierra, comete delito de
rebelión contra Dios.
Toda propiedad aparte del Templo, Casa del
Sacerdote, que se halle del sacerdote procede de delito contra el Señor, el
sacerdote elegirá entra abandonar la Iglesia o abandonar la propiedad que le
pertenece en las manos de los hombres.
Artículo I
El sacerdote, imagen viva de Cristo entre
los hombres, que sea hallado en delito contra las leyes humanas: sea expulsado
de la Iglesia, entregado a la justicia de los hombres entre los que deshonró la
Gloria Inmaculada del Señor; si es contra las del Cielo, sea expulsado sin
apelación de entre los hombres de la Iglesia.
Artículo J
Cualquier sacerdote que unja por rey de los
cristianos a hombre alguno comete rebelión contra Dios, sea expulsado de la
Iglesia, y su acto declarado fruto de demencia.
Artículo K
Cualquier sacerdote que someta al pueblo a
juramento de obediencia a hombre alguno comete rebelión contra Dios, sea
expulsado de la Iglesia.
Artículo L
Cualquier cristiano que jure obediencia a
hombre alguno niega a Dios.
Artículo M
El sacerdote, imagen de Cristo, que toque
la espada de la muerte, sea expulsado de la Iglesia. Toda vida le pertenece a
Dios, su Señor, y de su sangre le pedirá cuentas a cualquiera que la derrame,
sea hijo o siervo.
Artículo N
El sacerdote o pastor que le ponga
condiciones a su Señor para hacer su Voluntad sea expulsado de la Iglesia,
rompió su Contrato con Dios.
Artículo O
La Iglesia es el Cuerpo de Cristo,
cualquiera que se oponga a su Voluntad, impidiéndole a su Señor la libertad, se
declara en rebelión contra Dios.
Artículo P
El SEÑOR JESÚS es la Cabeza de todas las
iglesias y el Jefe Universal de todos los sacerdotes y
pastores de los Rebaños de su Padre, el pastor o sacerdote que no acuda a su
llamada rompe su Contrato con el Señor.
Artículo Q
Las iglesias venderán todos sus bienes y
les darán el dinero a los pobres. Cristo es su bien eterno, su riqueza
imperecedera. La iglesia que no lo haga comete delito de rebelión contra Dios.
El Templo es la casa y la propiedad del sacerdote entre los hombres.
Artículo R
Las iglesias pondrán a los pies de su Señor
todas sus tesis, sus proposiciones, sus diferencias y glorificarán a su Señor
delante de la Plenitud de las Naciones haciendo su Voluntad.
Artículo S
La Iglesia Católica es la Esposa de Cristo
y la Madre de su Descendencia, ella es el tronco del Árbol cuyas ramas son las
iglesias, los miembros del Cuerpo de Cristo sin los cuales Cristo no puede
andar ni hacer y se encuentra tirado en el suelo como quien está muerto. Todo
sacerdote o grupo sacerdotal o comunidad de pastores que se interponga entre el
Tronco y las Ramas se declara en rebelión contra Dios.
Artículo T
Todo sacerdote o pastor al servicio de
Cristo trabaja para el Señor y a Él sólo debe su Obediencia. A El por tanto
debe dirigirse para conocer cuál es su Voluntad Presente.
Artículo U
Toda iglesia que se haga cuerpo de una
cabeza humana le pertenece a esa cabeza, no es de Cristo. Los cristianos quedan
libres de cualquier juramento que hayan sido obligados a prestar por esa
iglesia rebelde al Rey de los Cielos y de la Tierra
Artículo V
Los cristianos: pueblo, siervos e hijos de
Dios, no tienen más Juez Eterno, Sumo Pontífice Universal, Maestro Sempiterno,
Salvador Divino, Rey y Señor que Jesucristo.
Artículo W
El sacerdote es la Imagen Viva de Cristo
entre los hombres y las naciones. El Sacerdocio le pertenece al Varón por
Disposición y Decreto Divino, la Hembra no tiene arte ni parte en el Altar; y
el Obispo vive a imagen y semejanza de Cristo.
Artículo X
Los cristianos no tienen más Dios que Yavé
Dios, Padre de Jesucristo.
Artículo Y
Todos los cristianos somos hijos de Dios,
Padre de Jesucristo.
Artículo Z
Todos nos veremos en el Paraíso.
Terminada su Visita el Hijo de Dios me dijo:
‘YO SOY LA RESPUESTA”. Yo entendí; quien quiere conocer si mi Palabra viene de
Dios que se acerque a Él y le pregunte, Él responde de mis palabras, y
nada viene de Dios sino es por Él, y el que quiera de Dios recibir
Inteligencia y Sabiduría que se acerque a Él y pida, y nadie recibe de Dios
sino es el Hijo quien da, Él es la Puerta que da a Dios y nadie se acerca
a Dios si no es por la Voluntad y Gracia del Hijo de Dios, Jesucristo, el
Rey Universal y Señor Todopoderoso que Dios le da dado por la Eternidad a
su Reino y Creación.
Sucedió entonces que según se fue acercando
la Navidad del 1978 una pregunta fue abriéndose espacio en mi espíritu; y según
fue adquiriendo cada vez más espacio también fue apoderándose de mis
noches, hasta el punto de no atreverme siquiera a cerrar los ojos.
La cuestión que se había instalado en mi
ser tenía su raíz en la Esperanza de Salvación Universal que Dios y su Hijo me
habían mostrado. ¿Qué estaba yo dispuesto a dar por esa Absolución
Universal?
¡¡Mi alma!! Fue mi respuesta.
Pero una cosa es decir y otra es hacer. ¿Un
amor sin hechos, qué es? Que la Deserción sería la Prueba de este Amor, pues
adelante. Que al otro lado me esperaba una obscuridad densísima, también.
La decisión era mía.
Y decidido, crucé aquella puerta.
Me detuve en Madrid, con el Librito aquel,
“Luz, Verdad y Vida”, escrito a mano durante aquellos dos meses y un día; entré
en la Editorial Cristiana. Y por la puerta que entré, salí.
De Madrid salté a Zaragoza. Acogido por un
amigo en su casa, ignorantes él mismo y su familia de mi estado militar pero
encantados de tenerme con ellos esa Navidad, solía yo sentarme a meditar
en la Plaza del Pilar. Los acontecimientos vividos durante el último
año le habían dado a mi ser un nuevo sentido. ¿Qué iba a hacer ahora, adónde
ir?
En aquellos días de meditación profunda
existencial mi alegría se hizo infinita cuando Dios me dio una “piedrecita con
un nombre escrito que solo el que lo recibe conoce”. Era para mí. Era mía.
Yo leí: “Cristo Raúl”.
CRISTO RAÚL Y LA
REVOLUCIÓN MUNDIAL DE ANA
Así que, saltando de Zaragoza a París, y de
París a Madrid, años 79 y 80, ya me disponía a regresar a París cuando “mi
Padre que está en los cielos” me detuvo. Una hija de Dios, de nombre Ana,
había sido atacada por la Muerte; ya se disponía la Muerte a llevársela,
matando con ella la Nueva que traía ella consigo para el mundo, a saber, Dios
ha dado su bendición a una Revolución Omnisciente Mundial, que tocando
todas las ramas del árbol del conocimiento, ha de hacer saltar la Sociedad
de la Plenitud de las Naciones de un modelo fundado en la Antigüedad, y
recogido por la Modernidad, a una Sociedad fundada sobre los Principios
Eternos e Inconmovibles sobre los que Dios ha levantado su Reino.
Cristo Raúl le dio su mano a Ana, la liberó
del abrazo de la Muerte, y como la paloma atravesada por la flecha de un
enemigo, herida de muerte, pero no letal, una vez curada de su herida,
abre sus alas y regresa al cielo en libertad, así Ana siguió su camino hasta la
Hora en que la Voluntad de Dios llenase la Tierra, y llamando a sus hijos
a Batalla Final, volviese a reunirlos. He aquí, entonces, algunas de las
cosas que han de suceder en los años que vienen.
Unificación de todas las iglesias
cristianas alrededor del Tronco Católico;
Disolución de la Federación Rusa, y
Conversión de Moscú;
Caída de Bruselas y Berlín;
Extinción de las religiones: Islam e Hinduísmo;
Independencia del Tíbet y Desmembración de
China y de la India en muchos Estados con sus naciones;
Extinción del Ateísmo Científico y
Revolución de las ciencias médicas y ciencias de las energías;
Caída del Cuerpo de Seguridad de la ONU y
Creación del Árbol de la Plenitud de las Naciones con Jurisdicción Universal
contra la Guerra y las Dictaduras;
Abolición de todas las coronas, europeas,
africanas y asiáticas;
Creación de la Comunidad de los Estados
Latinoamericanos y Multiplicación de Brasil en distintos Estados con sus
naciones;
Creación de un Cuerpo Judicial-Policial
Mundial de Lucha contra el Crimen y las organizaciones Criminales
Internacionales;
Revolución Agrícola Mundial: Extinción de
las plantas del Tabaco, Cocaína y Marihuana; control de las plantas del Café,
de la Vid y de la Amapola;
Reforestación del Planeta;
Fin del Comunismo, en todas sus formas,
políticas e ideológicas;
Adhesión del Estado de Israel a la Alianza
Militar de la Plenitud de las Naciones Cristianas;
Adhesión de los Estados Unidos de América
al Tribunal Penal Internacional;
Abandono de las energías destructivas del
planeta: Petróleo, Carbón y Gas;
Evolución de los Estados hacia
Administraciones sujetas al Deber de Cumplimiento de los Derechos de la
Familia;
Evolución del Dinero en Metálico y Papel al
Dinero Digital y la sujeción de su Movimiento al Cuerpo de la Justicia;
Acceso libre de todos los hombres a la
Educación Universitaria y a los medios de desarrollo de sus capacidades
creativas;
Creación de Tres Comunidades Africanas
Internacionales: África Blanca o del Sur; África Negra o Media, y África
Mediterránea: libres de los Monopolios y oligarquías europeas, asiáticas y
americanas.
Superado este periodo de dos años caminando
en la oscuridad, y conociendo que mi Hora estaba lejos aún en el tiempo, mi
Dios despidió a la mujer que me había ofrecido la mano para llegar a
París.
Después de encerrarme entre libros durante
los siguientes tres años, tomé mujer, que me dio un hijo. Yo, Cristo Raúl, tomé
a la mujer y al niño y me trasladé a Creta, donde a la altura del 86,
movido por el Espíritu arrojé mi vieja Biblia al fuego. Surgiendo de
aquel fuego, el Hijo de Dios me mostró la Historia de la Increación, del
Infinito, de la Eternidad, y del Dios que desde el Principio sin principio
de la Increación fue la Causa Metafísica del Cosmos, y luego, siendo
formado por la Sabiduría, según está escrito “Yo soy Dios, Yo solo fui
formado, y después de mí no habrá otro”, vino a ser la Causa Física del Nuevo
Cosmos: su Creación.
“Escribe todo lo que se te muestre”, me
dijo el Señor Jesús. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.
Regresando a la casa de mis progenitores
dejé con ellos a la mujer y a su hijo; salté a París, de París a Londres, de
Londres a Jerusalén, y de Jerusalén a Madrid. Aquí me dijo el Rey del
Cielo: “Envía a la mujer y a su hijo a la casa de sus padres, pues su casa de
ella no tendrá parte en tu casa”. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.
Regresé a Londres, me instalé en Finsbury
Park, donde fue visitado por la Madre de Cristo, abriéndole a mis ojos a lo que
contenía su Corazón: “El Corazón de María”.
Habiendo escrito todo lo que la Madre de
Jesucristo guardaba en su Corazón desde el día de su Ascensión al Cielo, y
apenas comencé a gozar de la victoria, la Muerte se cebó en la casa de mis
progenitores. Desecho permanecí en Madrid; como no era bueno que
estuviese solo Dios me dio una compañera, que concibió una hija, pero Dios
me dijo: “Sal de su casa, pues tu casa no será contada por ella”. Yo así
lo hice.
El viento se alzó y crucé el océano;
permanecí en Méjico un mes, y nueve meses en los Estados Unidos. A mi regreso,
y tras la muerte del hombre que me trajo al mundo, regresé a Creta, donde
permanecí un año. Pasado este año el viento volvió a levantarse, y me
llevó desde Atenas a Viena, Praga, Budapest, Bratislava, Berlín,
Copenhague, Estocolmo, Helsinki, Oslo y Roma, donde celebré el Bimilenario
del Nacimiento de Cristo. Pero mi tiempo, aunque se acercaba, aún no había
llegado.
Amaneciendo el Nuevo Día regresé a la casa
donde nací, y puse manos a la obra. Estando en ello, una mujer entró en mi
vida, y diciéndome Dios: “Por ella será contada tu casa”, la tomé conmigo
a Berlín. Pero tentada la mujer por el Diablo, se dejó seducir. Buscando
mi destrucción a fin de enterrar esta Historia Divina en el polvo de los
tiempos, el Diablo usó a la mujer para inyectar en mi alma el veneno de un
odio que pedía sangre. Pero Dios me dijo: “No derramarás sangre; pero si
ella toca la tuya, serás libre de su sangre”. Yo obedecí. Despedí a la
mujer y la envié con sus hijos a la casa de sus padres.
Tendido en el suelo permanecí durante tres
tiempos y medio. Cuando me recuperé vi al Rey del Cielo al frente de la Casa de
los hijos de Dios, la Casa De Yavé y Sión, que venía
a conquistar para el Reino de Dios la Plenitud de las Naciones del Género
Humano, y dirigiéndose a mí, me dijo: “Levántate, hijo, y pues que no has
derramado la sangre de tus enemigos, sin sangre liberaré yo al mundo, y
tus hijos serán testigos ante las naciones de que Soy Yo quien lo ha
hecho: ¡Habrá Revolución Mundial, no habrá Guerra Mundial! Cobra ánimo,
hijo, y fortalécete, que tu Hora se acerca”.
Yo me levanté, y lleno del espíritu
exclamé: “Que el mundo despierte a la Verdad”.
Corría el 2014 cuando en un juicio inicuo
fui despojado de todo lo que amaba en este mundo; pedí justicia a Dios, mi
Salvador, y liberándome de las tinieblas me condujo de regreso a la casa
de mis progenitores, donde me fortalecí. A la puerta de la primavera del 2016
seguí a mi Rey hasta allí donde empezó todo, Galicia, el Ferrol. Y abriéndome
los ojos, leí: “Ten celo y compra de mí oro acrisolado en el fuego, y
cómprate vestiduras nuevas”. Maravillado por lo que leí, supe que antes de
empezar el Camino, Él ya conocía el fin. Y no sólo desde ese día, sino
desde el principio de los tiempos ya sabía Él la naturaleza del camino que
el Vencedor, su hijo, habría de vivir.
Tomando fuerzas, compré el oro de ley de su
Palabra. Y oí la Voz de Dios Padre Todopoderoso, que decía: “Que no sea hallado
en la Tierra lugar para el Diablo”.
EL CORAZÓN DE MARIA
“YO SOY”
Cuando sus padres le vieron,
quedaron sorprendidos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con
nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote. Y Él les
dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en
las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía. Bajó
con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su madre
conservaba todo esto en su corazón....
Genealogía de Jesucristo, hijo
de David, hijo de Abraham...hijo de David...hijo de Zorobabel, hijo de Abiud,
de Eliacim, de Azor, de Sadoc, de Aquim, de Eliud, de Eleazar, de Matán, de Jacob...