![]() |
cristoraul.orgEL VENCEDOR EDICIONES |
![]() |
LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTOEl que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. Al que venciere le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe. Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.CRISTO RAÚL DE YAVÉ Y SIÓN |
![]() |
LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO"LUZ, VERDAD Y VIDA"
ESTA ES LA VOLUNTAD PRESENTE DE DIOS:"UNIFIQUENSE TODAS LAS IGLESIAS EN UNA SOLA Y ÚNICA"
HTML
LIBRO PRIMERO. VIDA Y
TIEMPOS DEL SEÑOR YAVÉ DIOS PADRE
LIBRO SEGUNDO. EL CORAZÓN DE MARÍA CAPÍTULO I:
“EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO”
HISTORIA
DE LA SAGRADA FAMILIA
CAPÍTULO II:
“EL ALFA Y LA OMEGA”
VIDA Y
TIEMPO DE LOS PRECURSORES DEL MESÍAS
LIBRO TERCERO. LA CREACIÒN
DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS
Al que venciere le daré
una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino
el que lo recibe. Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no
saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el
nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusalén, la que desciende
del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
Ap. 3,12
PRÓLOGO
Este Libro tuvo su
Principio en un Librito, “Luz, Verdad y Vida”, escrito en la prisión militar
del Ferrol del Caudillo, Galicia, España, a finales del 1978, durante los días
del cambio de Obispo en Roma entre Juan Pablo I y Juan Pablo II. Aquel que
me abrió la Puerta de su Omnisciencia sabía que, de la Ignorancia al
Conocimiento de todas las cosas, aquel Librito tendría que hacer un
Camino, estrecho y largo, hasta adquirir el cuerpo que Hoy tiene; camino
que no otro sino su Autor tendría que vivir. Su Autor, yo, Cristo Raúl,
abandoné el Cuartel de la Marina con aquél “librito”, escrito a mano, que me
sería dado a comer, y que yo comí. Ese “librito” que le supo a mi alma
más dulce que todas las riquezas de este mundo, andando el Tiempo habría
de saberme más amargo que el veneno más ácido. Mas la Criatura que vive
del Amor de aquél que lo engendra no conoce su sino más que cuando arrecian los
vientos y las tormentas, cruje la tierra, se levantan las aguas y llueve
duro sobre un edificio que, a pesar de su fragilidad externa, fue
fundado sobre Roca.
Este Libro, en efecto,
contiene el Conocimiento de todas las cosas, las del Cielo, las de los Cielos y
las de la Tierra. El Rey y Señor del Universo es quien da, y viendo buena su
Obra, es Él quien envía a su hijo.
Pasado, Presente y Futuro,
he aquí las líneas sobre las que el espíritu de Inteligencia, a Imagen y
Semejanza de la Inteligencia Divina, se mueve el Autor a través de los Libros
que componen esta Obra. Los hechos tuvieron lugar de este modo:
Un día de aquellos,
durante la última encrucijada entre milenios, un joven de 20 años, invocó al
Hijo de Dios. Subió a un monte, dejó el mundo y todos sus valores atrás y se
plantó delante de Dios con un mar de preguntas quemándole el ser.
Aquel día Raúl dio el salto al otro lado de la Duda. Más allá de la Duda se
plantó delante de su Creador.
Para Raúl, el tiempo de la
Duda había pasado. Dios existe con la seguridad que existen el Sol y las
estrellas. Así que arrojando al suelo el lastre de la opinión de los
expertos subió a aquel monte y liberó su pensamiento.
Y digo que fueron muchas
las horas que aquel joven alzó su voz al Cielo. El firmamento, el sol, la
tierra, el mar, fueron testigos de sus palabras. Sólo ellos saben con qué
palabras invocó a su Creador.
Al cabo, cayó al suelo sin
fuerzas. En lo alto de aquél monte Raúl permaneci´p como
muerto durante un tiempo.
Cuando se levantó, Raúl regresó
a casa, y esperó que se cumpliera lo que está escrito: “Al que llama, se le
abre”. Y así fue. El Hijo de Dios le oyó, y le abrió. Entonces se cumplió
en su ser lo que está escrito: Al que crea. de las entrañas le manará una
fuente de aguas vivas.
Después de estas cosas
Raúl siguió su camino, y andando conoció a una persona muy especial. Lo
llamaban el Profe. De joven el Profe se fue a hacer las Américas. Al cabo de
décadas regresó a la madre patria lleno de glorias, honoris causa, y todo eso,
cosecha de su siembra por las universidades latinoamericanas. Ya en su
patria chica el Profe no tardó en descubrir que para servir a Dios no hay
que irse tan lejos; basta doblar la esquina, mirar alrededor y ver ovejas
perdidas por todos los riscos. Conmovido por la suerte de aquella juventud
-Dios sabe por quién condenada a morir bajo los efectos del veneno de las
cuatro letras malditas: SIDA- el Profe abrió un caserón en el centro de su
ciudad natal, Málaga, y puso sus habitaciones al servicio de los jóvenes
que como perros sin dueño proliferaban por las calles. En aquella Casa se
conocieron el Profe y Raúl.
Al tiempo Raúl regresó a su
propio camino. Y se fueron el otoño y el invierno de aquel año, (1976). Durante
la primavera siguiente el Profe y Raúl volvieron a encontrarse Madrid. El
hecho de hallarse el Profe en Madrid se debía a que se le había descubierto una
enfermedad en el cerebro. Sus enemigos decían que aquello era castigo de Dios,
por haber dilapidado su fortuna en aquellos leprosos sin salvación.
Ciertamente la operación costaba una fortuna, que el Profe no tenía,
porque sí, se la había gastado en aquellas ovejas perdidas, y ahora andaba
el pobre mendigando ayuda. El hombre peregrinaba por Madrid de puerta en
puerta. Cuando volvió a encontrarse con Raúl el hombre ya había perdido la
cuenta. ¡Los amigos de los viejos días de gloria! La cosa era que aquel
hombre tampoco desesperaba. Lo que sí se sentía era solo.
“¿Y tú qué, Raúl? No me lo
digas, no acudiste a tu cita con el ejército. Y ahora vas por ahí a la
aventura, un día acá, y el siguiente allá”.
Era genial. Estaba en sus
cincuenta. De mediana estatura, rostro alegre, facciones latinas. Conversación
entretenida. Siempre se le veía risueño, “al mal tiempo: buena
cara”, decía. No fumaba, no bebía. No estaba casado. La gran pasión de su
vida, la única que tuvo jamás, fue Cristo, y lo confesaba como quien está
orgullosísimo de tener el tesoro más fabuloso del mundo.
Las siguientes semanas se
diluyeron en el río del tiempo. El Profe siguió su vía crucis de puerta en
puerta. Mientras tanto el mal seguía creciendo en su cerebro. Y él llevando
su cruz a cuestas, sin más consuelo que el que podía hallar en la compañía
de un muchacho. A Raúl la tragedia y la grandeza de aquel hombre le
impresionaron. Muchas han sido las historias que le hayan impresionado a lo
largo de su corta existencia; ninguna tuvo un efecto tan decisivo en
su vida. Y pasó lo que tenía que pasar. Una noche de aquel verano, de tanto
patear las avenidas madrileñas Raúl regresó a la habitación que compartía con
el Profe. En el firmamento de los cielos la Luna Llena paseaba su gracia;
el velo de su luz le cerró los ojos. Al poco le despertaron unos lamentos.
Creyendo que venían de un Profe perdido en sus sueños, Raúl siguió
durmiendo. Al fin abrió los ojos, para vi al Profe sentado en el borde de su
cama con la mirada perdida en el infinito. Por su barbilla corría un hilo
de sangre. El Profe estaba hablando solo. Raúl dejó al hombre hablar.
Madre de Dios, la pena que estaba matando al Profe no era su enfermedad, ni
descubrir que sus amistades se desentendían de su problema. La pena más
grande que tenía su alma era no saber por qué Dios lo había abandonado.
“¿Este es el precio a una
vida de servicio, Señor? ¿Esta es mi paga?”, se lamentaba en su ignorancia
aquel doctor en más teologías que los san Agustín y santo Tomás juntos.
Llegó el verano del 77, Raúl
se movió a Ibiza. No todo en este mundo tiene por qué ser trabajos, aventuras,
errores, aciertos. Cuando Dios creó los Cielos y la Tierra allanó
montes, y trazó verdes praderas a orillas de ríos hermosos, para que el
ser humano se desnude y se dedique a practicar el deporte de vivir la
vida. Por aquellos días Raúl solía plantarse en los acantilados al otro lado de
las murallas del castillo, mirando al mar. Fue entonces cuando en el campo de sus
reflexiones y meditaciones el Hijo de Dios sembró en su corazón un deseo
maravilloso: Disfrutar de inteligencia sin medida para conocer todas las
cosas. Y como semilla en tierra buena que se hace árbol, aquél deseo dio fruto en
su alma. Así que uno de aquellos días Raúl se puso de pie, abrió sus
brazos al Cielo y le pidió al Hijo
de Dios lo que más deseaba tener en este mundo:
“El Espíritu de Yavé:
Espíritu de Inteligencia sin medida para conocer todas las cosas”.
Su Fe y su Confianza
levantadas en la Palabra y la Gloria del Hijo de Dios, no teniendo Raúl Duda de
haber sido Él quien sembró para recoger en Él, según está escrito, “¿quién es
el que primero da para tener que reclamarle a Dios?”, Raúl siguió mi
camino en la Esperanza de recibir Respuesta. Y así fue. Y así fue; al poco el
Hijo de Dios le dio a conocer su respuesta: “Tú lo conocerás todo, tú
sabrás todas las cosas” le dijo. Esto sucedió en el corazón de Europa, en la
nación que llaman Bélgica.
Había pegado y se le había
abierto, había pedido y se le había dado. Con la confianza puesta en la
veracidad del Hijo de Dios, Raúl continuó su camino. Entonces se levantó un
viento muy fuerte. Sirviendo a su Creador la creación entera agarró al joven
por los pelos, lo levantó, y cuando fue a abrir los ojos se encontró
bajo tierra. Al día siguiente se descubrió en la casa de sus padres con su
vieja biblia en las manos y una pregunta en la mente: ¿cómo creó Dios la
Luz, el Firmamento, en una palabra: el Universo?
Durante las próximas
semanas Raúl intentó descifrar el Jeroglífico de Moisés. Todo para nada. No
importase las vueltas que le diese al Texto, no encontraba la Llave que le permitiese
abrir el Sello de la Puerta del Génesis. Pero un día, regresando de Málaga la
Bella, mientras por los cristales del bus admiraba aquel firmamento
otoñal, Raúl vio en sus manos la Llave de la Luz.
Se bajó del bus volando,
abrió la puerta de casa. Su madre le miró expectante.
“Voy a ser escritor,
mamá”, le dije su hijo sin pensárselo dos veces.
“Acuérdate de tus hermanos
cuando seas famoso”, le respondió ella.
Aquella mujer no sabía
leer ni escribir ¡Qué mujer! ¡Qué grande es el misterio de la maternidad
humana! Se parten los sesos los sabios buscando la fórmula de la
producción industrial de Einsteines, Newtones y colegas, y viene la Naturaleza y se ríe de
la Ciencia haciendo que una analfabeta para la piedra filosofal. Así pues,
hiperexcitado por lo que le acababa de dar su Dios, Raúl agarró papel y
lápiz y comenzó a balbucear las primeras palabras de Inteligencia sin
medida que llenan este Libro.
Creación
del Universo
El Texto dice:
Al Principio creó Dios los
Cielos y la Tierra. La Tierra estaba confusa y vacía, y las Tinieblas cubrían
la faz del Abismo, pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de
las Aguas, Dijo Dios; “Haya Luz”.
Lo que sucedió
inmediatamente es lo siguiente:
1º: Multiplicación
Controlada de la densidad por unidad cúbica astrofísica del campo gravitatorio
terrestre. El origen de esta Multiplicación Controlada es la Naturaleza del Ser
Divino.
2º: Aceleración vertical
de las revoluciones de trabajo del transformador geonuclear de la Tierra. De la
que se derivó la aceleración rotatoria del Globo sobre su eje, y la implosión
astrofísica del Núcleo en el origen del calor del Planeta.
3:º Elevación
termodinámica global del cuerpo geofísico, que desde el Manto se extendió hasta
la superficie y produjo la Fusión de la Corteza Primaria.
4º: Licuación de la
Corteza Primaria bajo los efectos de la Fusión del Globo externo y producción
de la Atmósfera Primigenia.
5º: Una vez concluida la
transformación en calor del combustible gravitatorio, la Tierra volvió a las
manos de la Naturaleza, ajustándose sus nuevos cambios a la ley de la Inercia:
A. Desaceleración de las
revoluciones de trabajo del transformador geonuclear.
B. Caída de la velocidad
de rotación del Planeta.
6º: El descenso continuo
de la temperatura geofísica a su antiguo estado de partida, que ya nunca
alcanzaría, provocó la solidificación de la Corteza Secundaria, y la creación
del anillo litosférico. El enfriamiento de fuera hacia el interior del Globo transformó
el anillo litosférico en un muro de anulación de trasvase del calor del Núcleo
a la Atmósfera. Así que, térmicamente aislada del Núcleo la temperatura de la
Atmósfera cayó en picado a la velocidad vertiginosa que el aislamiento impuso.
Su volumen se congeló. El resultado fue la Sublimación de la Atmósfera y su transformación en el Manto de Hielo que cubrió la esfericidad
del Planeta de polo norte a polo sur durante la Tarde del Día Primero. Este
Manto de Hielo es la Luz en el Verbo del Primer Día.
A sus 21 años, Raúl no
cabía en sí de admiración por el Creador del Jeroglífico del Génesis, cuyo
Sello se ha mantenido impenetrable delante de todos los genios de todos
los tiempos. Su Omnisciencia y su Sabiduría Salvadora le tenían maravillado. Y,
en fin, en aquel estado de excitación intelectual sin medida se halló Raúl
cuando le llamaron para cumplir con sus obligaciones militares.
En noviembre de ese mismo
año se incorporó a la Marina. Durante el siguiente invierno, primavera y
verano, el Hijo de Dios le mostró todas las cosas concernientes al Derecho
Divino, Justicia de la Salvación, fundamentos de la Redención. En fin, el
alimento sobre el que Él dijera: “Yo tengo un alimento que vosotros no
conocéis”.
Pues bien, se fue el
verano y vino el otoño. Un día de aquel otoño le metieron en la prisión militar
a cumplir sentencia de dos meses y un día, en castigo por su etapa
de prófugo. Estando en la celda el Hijo le presentó al Padre.
LA
ESPERANZA DE SALVACIÓN UNIVERSAL DEL GÉNERO HUMANO
La razón que llevó a Dios
a elegir a Su Hijo para el «Día de Yavé» radica en la necesidad del Creador
tanto de pasar página a las guerras del pasado como de erigir un muro
indestructible contra cuya solidez se hará añicos la repetición de una caída en
el abismo de la guerra.
El amor de Dios por su
creación fue el talón de Aquiles en el que la muerte hincó sus colmillos,
inyectando en el cuerpo de un hijo de Dios el veneno de la envidia hacia el Rey
de los Cielos. En esta locura suicida y asesina, un hijo de Dios, de nombre Satán,
concibió la absoluta insensatez de creer que podía tentar al mismísimo Rey de
reyes con el fruto prohibido de la ciencia del Bien y del Mal.
Dios creyó que la duda
sobre la Divinidad de su Primogénito había quedado disipada una vez revelado el
poder de su Palabra. Todos los hijos de Dios, creados antes de la Creación de
nuestros Cielos y nuestra Tierra, fueron invitados a regocijarse en el Acto de
la Creación de nuestro Universo, primero como espectadores privilegiados,
viendo con sus propios ojos y oyendo con sus propios oídos la Naturaleza
Todopoderosa y Omnisciente del Unigénito, ante el sonido de cuya Voz las
estrellas de los cielos se apresuran a ocupar su lugar en el Árbol de las
Constelaciones, y finalmente como actores en el proyecto de la Formación del
Hombre a la imagen y semejanza de los hijos de Dios.
El acontecimiento de la
Caída del Hombre nos revela la naturaleza del objetivo de la envidia del Judas
de los Cielos; Satán quería sentarse en el Trono del Rey de reyes de los
Cielos.
Dios sabía que la traición
estaba al acecho; por ello, estableció la Ley contra ella: el precio de la
Transgresión sería el Destierro Eterno. Satanás había arrastrado en dos
ocasiones a la Casa de Dios al campo de batalla. Dios consideró oportuno tener
misericordia, y culparse a sí mismo. Sin embargo, tenía que poner fin al amor
de Satanás por el Poder. No puede haber otra medida definitiva: declarar la
guerra a un hijo de Dios es declararle la guerra a Dios, su Padre.
Pero la Muerte no se rendió.
Y se declaró la Tercera Guerra Universal. Una guerra a muerte, que se libraría
en la Tierra.
La Ley es clarísima: «Por
mano de un hombre reclamaré la sangre derramada». Ergo: «Por mano de un hijo de
Dios, Dios reclamará la sangre de un hijo suyo».
Todo sucedió tal y como la
Muerte quiso. ¿Alguien veía al hijo de Eva salir con vida de un duelo a muerte
contra su campeón?
Los Rebeldes buscaron legitimar
su concepción del Reino de Dios como un Olimpo de dioses, libres para jugar al
juego de la Guerra en cualquier momento; todos y cada uno de ellos dioses,
investidos de impunidad absoluta para gobernar el Imperio con total libertad.
Los términos de la Ley son
para toda la eternidad: «NO comas, pues morirás».
«La Palabra de Dios es
Dios». Dios no puede negarse a sí mismo.
Ayer como hoy, la elección
está ante los ojos de todos los ciudadanos de Su Reino: vivir en una
civilización fundada en la Verdad, la Paz y la Justicia, o vivir en un infierno
nacido del Odio, la Corrupción y la Guerra.
La decisión la tomaron los
hijos rebeldes de Dios antes de utilizar la Mentira con la que el Primer Rey de
la Tierra fue acorneado y dado por muerto.
La Respuesta de Dios fue
Final. No hay Imperio; no hay Federación de Príncipes gobernando la Plenitud de
las naciones por la Ley de la Corrupción.
El Imperio estaba muerto,
su Rey de reyes y Señor de señores tenía que morir con éñ.
SÍ: para renacer como Rey
Universal Sempiterno, Único Pontífice Universal, Cabeza Divina de la Iglesia
Católica, Su Esposa, Juez Todopoderoso cuya Palabra es Dios.
El Espíritu Santo, contra
quien la Muerte lanzó su veneno, se reveló en carne y hueso para que todos los
pueblos, del Cielo y de la Tierra, pudiéramos ver su Personalidad y comprender
por qué Dios no puede tolerar en su Creación la existencia del Árbol del
Conocimiento del Bien y del Mal; su fruto: la Mentira, la Corrupción, la Guerra,
le es abominable a Dios Creador, Padre de Jesucristo.
En Jesús se consumó la
Ley. Por un hijo de Dios fue redimida la sangre de otro hijo de Dios. Por un
hijo de mujer, la sangre de todos los hombres cobró vida. Puesto que todos y
cada uno de los hijos de Dios han sido creados del barro, de entre ellos solo
había UNO que pudiese cumplir la Ley: «JESUCRISTO, Dios verdadero de Dios
verdadero, no creado, engendrado en el Ser increado del Señor YAVÉ Dios Padre».
¿Acaso no predijo Dios su
gloria: «Haré un milagro en el que no creeréis hasta que lo veáis: Una Virgen
dará a luz al Salvador, en cuya palabra residirá la salvación del mundo».
«Yo lo glorifiqué, y lo
glorificaré de nuevo». Juez universal: «Tú juzgarás a la humanidad con el Poder
de Dios para sanar todas las almas ».
¡Dios mío, mi alma se
desborda de mi cuerpo, mi corazón no puede soportar el sonido del latido de mi
adoración por tu Salvación! Has dado a la humanidad como Juez a Aquel cuyo
corazón no puede decir «no» a quienes le aman.
¡Señor mío, mi alma no
encuentra palabras para glorificar tu Corazón! En tu palabra tiene su
Absolución Universal un Mundo arrojado a una Guerra que nunca buscó; en tu
Poder está la Regeneración de todas las almas. Que tu Gloria brille sobre vivos
y muertos.
En efecto, un hombre pecó,
y su pecado, sujeto al efecto dominó, se extendió por toda la superficie de la
Tierra. Así que, al elevar al Trono del Juicio Universal a su Hijo, Él
lo volvió a glorificar otorgándole todos los poderes del Presidente de
la Corte Suprema de su Reino, entre cuyos poderes está la Absolución
Universal del Género Huma en base al Derecho de Redención por Él mismo
conquistado. Pues al ofrecernos la Justicia de la Fe quedaron privados de su
Gracia todos los pueblos nacidos ante de Cristo; y, sin embargo, fuimos
todas las naciones las que fuimos entregados a la Muerte por el pecado de
un sólo hombre. Así que habiendo vivido bajo la misma ignorancia que nos
hizo a todos merecedores de la Gracia, en razón de la Necesidad
de la Muerte de Cristo nuestros padres quedaron privados de Salvación. Pero Dios,
en su maravillosa Justicia, elevando a la Presidencia de la Corte Suprema de
Justicia de su Reino a su Hijo, le ha concedido el Poder infinito de Dios
para pronunciar Sentencia según espíritu y verdad. Él puede ajustar
su Veredicto Final a la profecía en base a nuestra maldad, o a
la Salud de su Paz en premio a nuestra Fe por creer que Él puede
restaurar todas las almas a su condición natural de bondad. Nuestra bondad
está en creer que el ser humano jamás se hubiera apartado de su Creador de
no haberse interpuesto entre Dios y el Hombre la Traición de la Serpiente.
Nuestra victoria: escribir en las páginas de la Historia Universal lo que
creemos, con nuestros hechos dándole cuerpo al argumento de la Defensa.
LA
UNIFICACIÓN DE LAS IGLESIAS
Por esos días murió un
Obispo de Roma. Le sucedió otro. A los 33 días su sucesor murió. Al muerto le
sucedió Juan Pablo II.
Por aquéllos mismos días
el Hijo de Dios me dio a conocer la Voluntad Presente de su Padre:
“Esta es la Voluntad
presente de Dios -me dijo-: Unifíquense todas las iglesias en una sola y
única”.
Enseguida el Hijo de Dios
me adoctrinó en la naturaleza del espíritu participativo del Verbo, en la cual
tienen todos los hijos de Dios su crecimiento. Pues al corresponderle
a Dios la acción y abrirles a sus hijos la Participación, Él dota a sus
criaturas de todos los medios necesarios para su realización. De aquí que
la Obediencia sea el principio del crecimiento sobrenatural de su Reino.
Así pues, he aquí la
Justicia del Señor:
La Santa Madre Iglesia
Católica levantará la Sentencia de Excomunión contra todas las iglesias que,
engañadas por Satanás, el Sembrador Maligno, el “dios oculto” de la Reforma, se
separaron del Tronco del Árbol de las iglesias, a fin de que regresen a la Casa
del Señor y reciban el Bautismo de la Vida Eterna. Aquellas que sigan el camino
de las “vírgenes necias”, llegado el tiempo el Señor cerrará la Puerta, y serán
entregadas a las tinieblas.
No hay Bautismo Redentor
fuera del Bautismo de Cristo administrado por la Esposa del Señor Jesús; el
excomulgado no pertenece ni puede unirse a la Ciudadanía del Reino de Dios sin
recibir el Bautismo Apostólico administrado por la Esposa del Salvador. Fuera
de la Comunión Católica, no hay cristianismo, porque el Cristiano no vive del
Conocimiento, ¿o acaso no sabe Satanás que Jesús es el Hijo de Dios? El
Cristiano vive de la Fe.
JESUCRISTO,
Cabeza
UNIVERSAL de la Iglesia
Todos los Obispos de las
iglesias de la Plenitud de las naciones católicas, sin excepción, se
congregarán en sus naciones para la Adoración del Hijo de Dios como Cabeza
Universal de las iglesias, declarando a Jesucristo “Sumo Pontífice Divino” quien
con su Todopoder y Sabiduría sostiene su Casa y su Reino.
Cada iglesia de cada
nación se reunirá en Congregación para realizar la Adoración del Hijo de Dios
en Unión con el Jefe de los Obispos del Señor Jesús en la Tierra; una
Congregación Nacional, Portavoz del Obispado Nacional, permanecerá en Roma
hasta la Consumación del Concilio de Adoración del Señor Jesús por la Plenitud
de las Naciones Cristianas.
La Congregación Universal
de los Obispos de la Plenitud de las Naciones declarará a Jesucristo Dios Hijo
Unigénito: “Rey Universal Sempiterno del Género Humano”. La iglesia que se
niegue a la Adoración Universal del Rey será cortada del Árbol de la Vida.
Todos los Sacerdotes y
Obispos de las naciones católicas se congregarán en las capitales de sus
provincias, con sus pueblos, para la Adoración del Hijo de Dios en el Día de la
Proclamación del Rey Jesucristo por la Plenitud de las Naciones.
Los Obispos y Pastores de
las iglesias que no acudan a la Llamada del Señor serán borrados del Libro de
la vida, no son iglesia, el pueblo que los sigue queda expuesto al Juicio de
Dios.
En la Adoración que viene
de la Obediencia a la Voluntad de Dios, todo anatema y sentencia contra la
declaración de separación de las iglesias quedará abrogado por la Unidad
restablecida en Jesucristo. La Congregación Permanente, en unión con su Cabeza
Suprema, Jesucristo, permanecerá en Roma hasta que la Unidad Universal se
consume
JESUCRISTO,
Rey
Universal Sempiterno
La Congregación Permanente
Universal de los Obispos de la Plenitud de las Naciones, siguiendo la
Proclamación que se realizó en el Cielo: Jesucristo “Rey Universal Sempiterno”,
proclamará la Coronación de Jesucristo sobre todas las Naciones del Reino de
Dios en la Tierra, llamando a las casas monárquicas que secularmente ejercen
potestad real sobre las naciones cristianas, a depositar a los pies del Señor
sus coronas y cetros; quedando por la Obediencia absueltos del delito de
Rebelión contra la Corona del Rey Universal que pesa sobre sus casas, pasando
libremente a la vida privada cristiana como Ciudadanos del reino de Dios.
La Proclamación, como la
Adoración, será realizada por los pueblos en su plenitud, en las capitales de
provincias de las naciones cristianas, al frente sus Obispos, sacerdotes y
pastores, en alto proclamando el Pueblo su Condición de Ciudadano del Reino de
Dios, sujeto a Obediencia al Rey Sempiterno, Jesucristo.
Las casas monárquicas que
ejercen corona sobre las naciones cristianas, que se nieguen a poner a los pies
del Trono de Dios sus coronas y cetros, serán declarados en rebeldía contra el
Reino de Dios; sus miembros serán declarados fuera de la Iglesia y su entrada
en la Propiedad del Señor será prohibida a todos los efectos.
Los Gobiernos Cristianos
declararán abolidas las monarquías; si los Gobiernos sobre las naciones
cristianas se alzan en rebelión contra el Rey, los ejércitos del pueblo
cristiano se levantarán para deponer a los Rebeldes, y depositarán a los pies
del Señor corona y cetro, proclamando la
Adhesión sempiterna de la Nación al Reino de Dios, borrando de sus banderas los
emblemas rebeldes e inscribiendo el Signo de la Victoria, la Cruz de la
Resurrección.
La Plenitud de las
Naciones Cristianas realizará Proclamación Universal en Día Señalado, para que
su Voz suene al unísono en toda la Tierra y sea recogida en el Cielo para la
Misericordia del Juez Universal sobre las Naciones de la Tierra en el Día del Juicio
Final.
Al cierre del Concilio
Universal, la Unidad Cristiana restablecida, en Día señalado por la
Congregación de los Obispos, la Plenitud de las Naciones cristianas se reunirá
alrededor de sus Obispos, en sus ciudades, para clamar en alto la Gloria de su
Rey y Señor, Jesucristo.
Terminada su Visita el
Hijo de Dios me dijo: “YO SOY LA RESPUESTA”.
En efecto: “Y creó Dios al
Hombre a su imagen y semejanza”
EL
VENCEDOR
Sucedió entonces que según
se fue acercando la Navidad del 1978 una pregunta fue abriéndose espacio en mi
espíritu; y según fue adquiriendo cada vez más espacio en mis días también fue
apoderándose de mis noches, hasta el punto de no atreverme siquiera a cerrar
los ojos.
La cuestión que se había
instalado en mi ser tenía su raíz en la Esperanza de Salvación Universal que
Dios y su Hijo me habían mostrado. ¿Qué estaba yo dispuesto a dar por esta Absolución
Universal?
¡¡Mi alma!! Fue mi
respuesta.
“Cruza esa puerta” me
pidió el Hijo de Dios.
Y yo crucé la puerta de la
Deserción .
Me detuve en Madrid, con
el Librito aquel, “Luz, Verdad y Vida”, escrito a mano durante aquellos dos
meses y un día en prisión.
De Madrid salté a
Zaragoza. Esa Navidad, solía yo sentarme a meditar en la Plaza del Pilar.
En aquellos días de
meditación profunda existencial mi alegría se hizo infinita cuando Dios me dio
una “piedrecita con un nombre escrito que solo el que lo recibe conoce”. Yo
leí: “Cristo Raúl De Yavé y Sión ”.
LA
REVOLUCIÓN MUNDIAL DE LA ESTRELLA DE LA MAÑANA
Así que, saltando de
Zaragoza a París, y de París a Madrid, años 79 y 80; Cristo Raúl se disponía a
regresar a París cuando “su Padre que está en los cielos” le detuvo. Una hija
de Dios, de nombre Ana, había sido atacada por la Muerte; ya se disponía
la Muerte a llevársela, quitándole la Respuesta que traía ella consigo
para Cristo Raúl, a saber, Dios ha dado su bendición a la Revolución
Omnisciente Mundial, que tocando todas las ramas del árbol del
conocimiento, hará saltar la Sociedad de la Plenitud de las Naciones desde
un modelo fundado en la Antigüedad y recogido por la Modernidad, a una
Sociedad fundada sobre los Principios Eternos e Inconmovibles sobre los
que Dios ha levantado su Reino.
Cristo Raúl le dio su mano
a Ana, la liberó del abrazo de la Muerte, y como la paloma atravesada por la
flecha de un enemigo, herida de muerte, pero no letal, una vez curada
de su herida, abre sus alas y regresa al cielo en libertad, así Ana siguió
su camino hasta la Hora en que la Voluntad de Dios llenase la Tierra, y
llamando a sus hijos a Batalla Final, volviese a reunirlos. He aquí,
entonces, algunas de las cosas que han de suceder en los años que vienen.
Unificación de todas las
iglesias cristianas alrededor del Tronco Católico;
Disolución de la
Federación Rusa, y Conversión de Moscú;
Caída de Bruselas y
Berlín;
Extinción de las
religiones: Islam e Hinduísmo;
Independencia del Tíbet y
Desmembración de China y de la India en muchos Estados con sus naciones;
Extinción del Ateísmo
Científico y Revolución de las ciencias médicas y ciencias de las energías;
Caída del Cuerpo de
Seguridad de la ONU y Creación del Árbol de la Plenitud de las Naciones con
Jurisdicción Universal contra la Guerra y las Dictaduras;
Abolición de todas las
coronas, europeas, africanas y asiáticas;
Creación de la Comunidad
de los Estados Latinoamericanos y Multiplicación de Brasil en distintos Estados
con sus naciones;
Creación de un Cuerpo
Judicial-Policial Mundial de Lucha contra el Crimen y las organizaciones
Criminales Internacionales;
Revolución Agrícola
Mundial: Extinción de las plantas del Tabaco, Cocaína y Marihuana; control de
las plantas del Café, de la Vid y de la Amapola;
Reforestación del Planeta;
Fin del Comunismo, en
todas sus formas, políticas e ideológicas;
Adhesión del Estado de
Israel a la Alianza Militar de la Plenitud de las Naciones Cristianas;
Adhesión de los Estados
Unidos de América al Tribunal Penal Internacional;
Abandono de las energías
destructivas del planeta: Petróleo, Carbón y Gas;
Evolución de los Estados
hacia Administraciones sujetas al Deber de Cumplimiento de los Derechos de la
Familia;
Evolución del Dinero en
Metálico y Papel al Dinero Digital y la sujeción de su Movimiento al Cuerpo de
la Justicia;
Acceso libre de todos los
hombres a la Educación Universitaria y a los medios de desarrollo de sus
capacidades creativas;
Creación de Tres
Comunidades Africanas Internacionales: África Blanca o del Sur; África Negra o
Media, y África Mediterránea: libres de los Monopolios y
oligarquías europeas, asiáticas y americanas.
LA
HISTORIA DIVINA
Después de encerrarme
entre libros durante los siguientes tres años, Dios me dio mujer. Yo, Cristo
Raúl, tomé a la mujer y al niño y me trasladé a Creta, donde a la altura
del 86, movido por el Espíritu arrojé mi vieja Biblia al fuego. Surgiendo de
aquel fuego, el Hijo de Dios me mostró la Historia de la Increación, del
Infinito, la Eternidad, y del Dios
que desde el Principio sin principio de la Increación fue la Causa Metafísica
del Cosmos, y luego, siendo formado por la Sabiduría, según está escrito
“Yo soy Dios, Yo solo fui formado, y después de mí no habrá otro”, vino a
ser la Causa Física del Nuevo Cosmos: su Creación.
“Escribe todo lo que se te
muestre”, me dijo mi Dios. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.
|
![]() |
El Propietario de los DERECHOS de AUTOR :RAÚL PALMA GALLARDO(RPI . Z-229-20 )info@cristoraul.org
|
amazonEL EVANGELIO DE CRISTO SEGÚN SAN PABLO
Análisis biohistórico de la Carta a los Romanos
|
|
amazonLUTERO, EL PAPA Y EL DIABLOAnálisis psicohistórico de Cristo Raúl a las 95 Tesis de Martín Lutero contra la Unidad delas iglesias
|
![]() |
![]() |
![]() |