DOCTRINA DEL REINO DE LOS CIELOS. APERTURA DEL TESTAMENTO UNIVERSAL DE CRISTO

CAPÍTULO TERCERO

   

CONCILIO VATICANO SIGLO XXI

CONCILIO UNIVERSAL DE ADORACIÓN DEL HIJO DE DIOS

 

I

JESUCRISTO,

Cabeza UNIVERSAL de la Iglesia

 

 

He aquí lo que les dice el Vencedor, el que tiene una piedrecita con un nombre escrito que sólo conoce el que la recibe, el que tiene el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de Dios, a todas las iglesias:

 

Todos los Obispos de las iglesias de la Plenitud de las naciones católicas, sin excepción, se congregarán en sus naciones para la Adoración del Hijo de Dios como Cabeza Universal de las iglesias, declarando a Jesucristo “Sumo Pontífice Divino” que con su Todopoder y Sabiduría sostiene su Casa y Reino. Cada iglesia de cada nación se reunirá en Congregación para realizar la Adoración del Hijo de Dios en Unión con el Jefe de los Obispos del Señor Jesús en la Tierra; una Congregación Nacional, Portavoz del Obispado Nacional, permanecerá en Roma hasta la Consumación del Concilio de Adoración del Señor Jesús por la Plenitud de las Naciones Cristianas.

La Congregación Universal de los Obispos de la Plenitud de las Naciones Católicas declarará a Jesucristo: Dios Hijo Unigénito, “Dios Increado de Dios Increado”.

Todos los Sacerdotes y Obispos de las naciones católicas se congregarán en las capitales de sus provincias, con sus pueblos, para la Adoración del Hijo de Dios en el Día de la Proclamación de Jesucristo sobre todos los obispos de la Iglesia de la Plenitud de las Naciones.

La Congregación Universal de los Obispos abrogará el Poder de Santificación del Vaticano. Sólo el Señor conoce los secretos de todos los hombres y sólo a Él le compete declarar quién es quién.

La Congregación Universal de los Obispos de la Plenitud de las Naciones Católicas abrogará todo Juramento de Obediencia por parte de las Ordenes; todo Obispo, todo sacerdote, todo hombre abandonará relaciones de Juramento que atenten contra la Obediencia Divina debida del Siervo a su Señor, del Ciudadano del reino de Dios a su Rey Sempiterno, Jesucristo. Todo Juramento es Pecado.

La Obediencia Primera y Final del Sacerdote es debida al Señor, Jesucristo. La Orden que se rebele contra la Obediencia Suprema y Directa al Señor Jesús, prefiriendo la esclavitud del Juramento a hombre, sea abolida, los rebeldes sean expulsados de la Iglesia. El Obispo debe Obediencia directa e inmediata a su Señor, y cualquier sujeción de este Juramento de Obediencia Suprema al Señor a una Mediatura, sea papal o monárquica, es rebelión contra Dios, que compró con la sangre de su Hijo un Cuerpo de Sacerdotes cuyas almas son una sola cosa con el Alma de Cristo.

La Congregación de los Obispos de la Plenitud de las Naciones cristianas abrogará la Administración de la Confesión a los Menores de Edad. El Poder de Perdón de los Pecados conferido por el Señor Jesús a sus hermanos en el Obispado es respecto a la Conciencia de la Criatura para con su Creador; estando sujeto el Procreado a la Tutela del Procreador, su Conciencia no tiene capacidad de Juicio para comprender qué es Ofensa a Dios, y por consiguiente no tiene Consciencia de Pecado. La Confesión será administrada sólo al Cristiano libre de la Tutela de la Procreación, cuando la Criatura entra en relación directa con su Creador.

El Poder de la Confesión termina donde comienza el Delito. La Absolución del delito contra las leyes humanas sólo encuentra Absolución tras la puerta de la sujeción a las consecuencias penales del acto delictivo consumado. Todo acto de absolución confesional sobre delito penal es una rebelión abierta contra la Justicia de Dios en los hombres, que se manifiesta en la Tierra en las leyes para el Crecimiento de las Naciones en la Paz y la Libertad.

El Poder de las Llaves del Reino de los cielos es referido al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Su referencia al Juicio Eterno es un Error Medieval por el que se anula la Gloria del Juez Todopoderoso y Omnipotente, Jesucristo. La Congregación Universal de los Obispos depondrá su Error.

Aquí está el Poder conferido por el Señor a sus siervos en las Llaves del Reino de los cielos : Todo sacerdote, del rango jerárquico que fuese, que sea hallado en delito contra las leyes, rompe su Contrato con Dios; debe abandonar inmediatamente la Propiedad del Señor, entregar todos los poderes eclesiásticos y buscar su absolución en la satisfacción penal que el acto delictivo requiere; de negarse a abandonar la propiedad de la Iglesia la congregación sacerdotal acudirá a las leyes llevando al rebelde a los tribunales por invasión de la propiedad de la Iglesia. Pues si quien salva un alma limpia la suya de multitud de pecados, quien con sus pecados condena a muchas almas, apartándolas de Dios, ¿de qué castigo es merecedor? Cual su nombre indica: “las llaves del reino de los cielos”, su Poder se refiere a las cosas de la Iglesia. El Juicio Final por el que el alma es admitida o rechazada en el Paraíso de Dios es un Poder que le pertenece exclusivamente a Dios Hijo Unigénito. 

Las Congregaciones de los Obispos, en Adoración del Señor Jesús, llamarán a las iglesias de las naciones a congregarse en Unidad para la Adoración del Hijo de Dios. Los Obispos y Pastores de las iglesias que no acudan a la Llamada del Señor serán borrados del Libro de la vida, no son iglesia, el pueblo que los sigue queda expuesto al Juicio de Dios.

En la Adoración que viene de la Obediencia a la Voluntad de Dios, todo anatema, sentencia y declaración de separación quedará abrogado por la Unidad restablecida en Jesucristo. La Congregación Permanente, en unión con su Cabeza Suprema, Jesucristo, permanecerá en Roma hasta que la Unidad Universal se consume.

 

II

JESUCRISTO,

Rey Universal Sempiterno

 

La Congregación Permanente Universal de los Obispos de la Plenitud de las Naciones, siguiendo la Proclamación que se realizara en el Cielo, Dios Hijo Unigénito y primogénito Jesucristo “Rey Universal Sempiterno”, proclamará la Coronación de Jesucristo sobre todas las Naciones del Reino de Dios en la Tierra, llamando a las casas monárquicas que secularmente ejercen potestad real sobre las naciones cristianas, a depositar a los pies del Señor sus coronas y cetros; quedando por la Obediencia absueltos del delito de Rebelión contra la Corona del Rey Universal que pesa sobre sus casas, pasando libremente a la vida privada cristiana como Ciudadanos del reino de Dios.

La Proclamación, como la Adoración, será realizada por los pueblos en su plenitud, en las capitales de provincias de las naciones cristianas, al frente sus Obispos, sacerdotes y pastores, en alto proclamando el Pueblo su Condición de Ciudadano del Reino de Dios, sujeto a Obediencia al Rey Sempiterno, Jesucristo.

Las casas monárquicas que ejercen corona sobre las naciones cristianas, que se nieguen a poner a los pies del Trono de Dios sus coronas y cetros, serán declarados en rebeldía contra el Reino de Dios; sus miembros serán declarados fuera de la Iglesia y su entrada en la Propiedad del Señor será prohibida a todos los efectos.

Los Gobiernos Cristianos declararán abolida las monarquías; si los Gobiernos sobre las naciones cristianas se alzan en rebelión contra el Rey, sirviendo al rey rebelde a Dios, los ejércitos del pueblo cristiano se levantarán para deponer a los Rebeldes, depositarán a los pies del Señor corona y cetro, y proclamarán la Adhesión sempiterna de la Nación al Reino de Dios, borrando de sus banderas los emblemas rebeldes e inscribiendo el Signo de la Victoria, la Cruz de la Resurrección.

La Plenitud de las Naciones Cristianas realizará Proclamación Universal en Día Señalado, para que su Voz suene al unísono en toda la Tierra y sea recogida en el Cielo para la Misericordia del Juez Universal sobre las Naciones de la Tierra en el Día del Juicio Final.

Al cierre del Concilio Universal, la Unidad Cristiana restablecida, en Día señalado por la Congregación de los Obispos, la Plenitud de las Naciones cristianas se reunirá alrededor de sus Obispos, en sus ciudades, para clamar en alto la Gloria de su Rey y Señor, Jesucristo.

 

 

 

 

III

EL CRISTIANO

 

He aquí lo que le dice el que tiene el espíritu de Inteligencia a los cristianos de la Plenitud de las Naciones:

Toda asociación humana que no reconoce al Hijo de Dios Encarnado por “obra y gracia del Espíritu Santo” no es iglesia; sus sacramentos no son sacramentos. Aquéllos que no fueron bautizados por la Iglesia, deben serlo, y si lo fueron y pecaron formando parte de esas seudo-iglesias, les basta la Confesión para recibir la Gracia del retorno del hijo pródigo al reino de Dios.

Toda iglesia que se dio y tiene por cabeza de “su cuerpo” a hombre, ya rey, estado o grupo de “pastores”, renegando de la Cabeza Divina, Jesucristo, dejó de ser iglesia, no es iglesia; sus sacramentos no son sacramentos. Todos los pueblos bajo la seudo-fe de tales seudo-iglesias fueron privados de la Gracia por la que “el que cree no es juzgado”. La CONFESIÓN limpiará sus almas, restablecerá la Gracia por la que “el que cree no es juzgado, sino que tiene la vida eterna”, y sus pastores y sacerdotes serán acogidos en el Contrato del Señor con sus Siervos. Pues si la sola fe basta, siendo la fe conocimiento de la Divinidad, también el Diablo sabe que el Señor Jesús es Dios Hijo Unigénito, y sin embargo esta “sola fe-conocimiento” no opera la Gracia de la Adoración que conduce a la Salvación.

El Sacerdocio, imagen de Cristo, es exclusivo del varón. En el Sacerdote opera visiblemente el Poder de Dios para la Manifestación de la Gloria de su Hijo ante la creación entera.

El sacerdote, del rango jerárquico que fuere, que sea hallado en pedofilia, adulterio, asociación secreta, sea expulsado de la iglesia, el pueblo no tendrá contacto ni pisará la iglesia aquélla en la que resida quien usa la Fe para hacer repugnante a Cristo ante la creación. Quienes oculten y den cobijo a semejantes enemigos de la Imagen de Cristo sean depuestos de sus cargos. Aunque el Diablo se vista de Papa, los sacramentos administrados por el Diablo no son del Cielo.

El Cristiano sólo tiene un Padre, Dios. El Cristiano sólo reconoce como Santo a Jesucristo. El Cristiano no se arrodilla ante ninguna imagen fabricada por los hombres, sea de palo, piedra, preciosa o vulgar. El Cristiano sólo se arrodilla ante Dios en Cristo, lo mismo ante el Altar que en el Confesionario. Lo mismo sacerdote que pueblo, todos somos hijos de Dios, todos somos hermanos en Dios por la Redención de Cristo Jesús.

Los Cristianos abolimos la Guerra, y adoptamos el Decreto Divino contra sus adoradores, en todo sujetando la transgresión al Juicio del Dios de la Paz : Pena de muerte contra todo el que la declare, la instigue y la emplee como instrumento de poder, sea para alcanzarlo sea para mantenerse en él.

Todos los ejércitos de la Plenitud de las Naciones del Cielo tienen por Cabeza Suprema sempiterna al Rey de la Creación de Dios, nuestro Rey, Jesucristo. La Plenitud de las Naciones Cristianas de la Tierra estamos en el Deber de Edificar nuestra Civilización según el Modelo Divino.

Todos los ejércitos de la Plenitud de las Naciones Cristianas se formarán en Alianza Universal; la Misión de la Plenitud de las Naciones Cristianas será la Defensa de la Paz entre las Naciones. La Alianza invitará a Israel a formar parte de su Cuerpo.

Las Naciones debatirán sus problemas y diferencias en tanto que organizaciones vivas “desnudas”. En la Palabra está el Poder y la Gloria del Hombre. Los Ejércitos no saldrán de sus Cuarteles excepto en caso de Invasión de las Fronteras de la Alianza de la Plenitud de las Naciones Cristianas: todo acto de fuerza contra el Pueblo por parte de los ejércitos es un Acto de Guerra Civil, el juicio contra los Militares Rebeldes es la Pena de muerte. Los pueblos dirimen sus diferencias con sus gobiernos políticos en la Paz y mediante la Palabra.

La Paz es el escenario histórico-político en el que florecen y crecen todos los Bienes de la Civilización; todo el que la hostigue, imponiendo por el terror de sus crímenes sus aspiraciones e ideas, se hace reo de muerte.

Toda la Industria de Armas será nacionalizada y sujeta al control de la Civilización el movimiento de su producción. Los Cristianos Prohibimos la Venta de Armas a ejércitos fuera de la Alianza de la Plenitud de las Naciones y sujetamos a delito penal la transgresión de este principio.

Los Cristianos creemos que la Vida y la Naturaleza se rigen por la misma Sabiduría Creadora que engendrara en el Hombre el espíritu de Dios, en consecuencia la Sociedad Humana debe regirse por la Ley que gobierna ambas, Vida y Naturaleza; todo acto de repulsión de la Ley de la Sabiduría es un ataque suicida contra la Vida y la Naturaleza. El Matrimonio procede de la Naturaleza en orden a la Multiplicación de la Vida, bajo cuya Ley el Antropos hizo su camino hasta el Sapiens, el Sapiens hasta el Hombre, y el Hombre hasta el Género Humano; la ruptura de esta Ley es un acto de repulsión de la Naturaleza por parte de quienes creen que su sabiduría es superior a la Sabiduría Creadora Divina que gobierna la creación entera; su imposición política, el Matrimonio Homosexual, es un Delito contra los Derechos del Niño.

 

 

CONSTITUCIÓN SEMPITERNA DE LA IGLESIA

 

Artículo A

 

La Inocencia y la Libertad de Dios son innegociables, incorruptibles e insobornables. En ellas tenemos todos sus hijos, siervos y la Plenitud de las Naciones de la Creación nuestra Alegría, nuestra Paz y nuestro Mañana. Dios es Santo, Bendito sea su espíritu, los que amáis la verdad, la justicia y la paz bendecid su Santo Espíritu, que no hace acepción de personas y ha hecho de la Igualdad en la Fraternidad entre todas las Naciones de su Reino la estrella de la mañana.

 

Artículo B

 

La meta de la Rebelión de los “ángeles rebeldes” era levantar entre Dios y su Hijo un muro de separación, suscitar el desprecio del Hijo hacia el Espíritu Santo de su Padre, cosa que esperaba el Diablo conseguir mediante el conocimiento de la ciencia del bien y del mal a fin de convertirlo a la religión del Infierno. La declaración del Diablo: inmunidad ante la justicia para la Casa de Dios, fue el origen de la Guerra que hizo de la Tierra el campo de la Batalla Final entre Dios y la Muerte. ¡Guerreros, hijos de Dios, bendecid a vuestro Rey, vuestro Rey no sucumbió a la tentación, amó a Dios por ser su Padre y lo adoró por ser “el que es”, el Espíritu Santo en cuya vida tenemos todas las criaturas nuestro escudo, nuestra fortaleza, nuestro protector, la fuente de amor sin cuyo río el Árbol de la Vida se seca y perece bajo el fuego de los rigores del infierno de ésos dioses! Jesús es el Nombre de vuestro rey. Bendecid su Nombre naciones de la Tierra.

 

Artículo C

 

La Caída le abrió los ojos a Dios y vio cara a cara a su verdadero enemigo, la Muerte. La Eternidad y el Infinito habían estado esperando esta Batalla Final. Siendo un acto de locura absoluta la declaración de guerra de la criatura contra su Creador, Dios no podía seguir cegado por el Amor a sus hijos y, en la Traición, la lanza clavada hasta Su corazón de Padre, vio la Fuerza que movía el brazo de la Serpiente. Esta era su Guerra, el Infinito y la Eternidad se habían levantado contra el Infierno que la Muerte les proponía por modelo de Creación y llamaba a Dios a su lado. Dios, haciéndose una sola cosa con el Infinito y la Eternidad, aceptó la declaración de Guerra Apocalíptica contra las Fuerzas del Infierno. La Muerte sería extirpada del Cuerpo de la Creación y arrojada al Abismo del Olvido, eterno e infinito. Bendito sea Dios, nuestro Padre. Guerreros, hijos de Dios, levantad conmigo el grito, aclamad su Nombre desde un confín al otro de la Tierra, gritad conmigo su Nombre: ¡Yavé!

 

Artículo D

 

Dios liberó a todas las Naciones de la Obediencia debida a sus jefes y ha puesto la Obediencia de todas sus criaturas a los pies del Rey que le dio a su Reino: su Hijo Primogénito, Dios Unigénito. Toda persona que pone su vida a los pies de otra persona que no sea la del Rey su Señor comete delito de rebelión contra Dios.

 

Artículo E

 

El Señor Jesús es la Única Cabeza, Visible e Invisible, de la Iglesia. Cualquier persona que se declare cabeza universal de la Iglesia, comete delito de rebelión contra Dios.

 

Artículo F

 

Los Siervos viven de la Mano de su Señor. Toda persona que entre al Servicio de Cristo como Sacerdote venderá sus propiedades y las repartirá entre los pobres. El sacerdote que use la riqueza que procede de su Señor para enriquecerse, a sí mismo o a su familia, rompe el Contrato con Dios, será expulsado de la Iglesia.

 

Artículo G

 

Todo aquel que entre a Perpetuidad al Servicio del Señor en tanto que Sacerdote le pertenece a Cristo en cuerpo y alma. Aquellos que estén casados permanecerán unidos en cuerpo a la mujer, mas el Poder de Sucesión Sacerdotal no les pertenece, es Poder de Cristo en su Esposa, la Iglesia Católica: quien a través de sus Obispos hace Sacerdotes para Dios a la Imagen de Cristo.

 

Artículo H

 

La Iglesia es la Esposa de Cristo, vive de la Mano de su Señor. Su propiedad es la Iglesia. Cualquiera que imponga impuestos sobre la Iglesia, la Casa de Dios en la Tierra, comete delito de rebelión contra Dios. Toda propiedad aparte del Templo, Casa del Sacerdote, que se halle del sacerdote procede de delito contra el Señor, el sacerdote elegirá entra abandonar la Iglesia o abandonar la propiedad que le pertenece a los hombres en la manos de los hombres. 

 

Artículo I

 

El sacerdote, imagen viva de Cristo entre los hombres, que sea hallado en delito contra las leyes humanas: sea expulsado de la Iglesia, entregado a la justicia de los hombres entre los que deshonró la Gloria Inmaculada del Señor; si es contra las del Cielo, sea expulsado sin apelación de entre los hombres de la Iglesia.

 

Artículo J

 

Cualquier sacerdote que unja por rey de los cristianos a hombre alguno comete rebelión contra Dios, sea expulsado de la Iglesia, y su acto declarado fruto de demencia.

 

Artículo K

 

Cualquier sacerdote que someta al pueblo a juramento de obediencia a hombre alguno comete rebelión contra Dios, sea expulsado de la Iglesia.

 

Artículo L

 

Cualquier cristiano que jure obediencia a hombre alguno niega a Dios.

 

Artículo M 

 

El sacerdote, imagen de Cristo, que toque la espada de la muerte, sea expulsado de la Iglesia. Toda vida le pertenece a Dios, su Señor, y de su sangre le pedirá cuentas a cualquiera que la derrame, sea hijo o siervo.

 

Artículo N

 

El sacerdote o pastor que le ponga condiciones a su Señor para hacer su Voluntad sea expulsado de la Iglesia, rompió su Contrato con Dios.

 

Artículo O

 

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, cualquiera que se oponga a su Voluntad, impidiéndole a su Señor la libertad, se declara en rebelión contra Dios.

 

Artículo P

 

El Señor es la Cabeza de todas las iglesias y el Jefe Universal de todos los sacerdotes y pastores de los Rebaños de su Padre, el pastor o sacerdote que no acuda a su llamada rompe su Contrato con el Señor.

 

Artículo Q

 

Las iglesias venderán todos sus bienes y le darán el dinero a los pobres. Cristo es su bien eterno, su riqueza imperecedera. La iglesia que no lo haga comete delito de rebelión contra Dios. El Templo es la casa y la propiedad del sacerdote entre los hombres.

 

Artículo R

 

Las iglesias pondrán a los pies de su Señor todas sus tesis, sus proposiciones, sus diferencias y glorificarán a su Señor delante de la Plenitud de las Naciones haciendo su Voluntad.

 

Artículo S

 

La Iglesia Católica es la Esposa de Cristo y la Madre de su Descendencia, ella es el tronco del Árbol cuyas ramas son las iglesias, los miembros del Cuerpo de Cristo sin los cuales Cristo no puede andar ni hacer y se encuentra tirado en el suelo como quien está muerto. Todo sacerdote o grupo sacerdotal o comunidad de pastores que se interponga entre el Tronco y las Ramas se declara en rebelión contra Dios.

 

Artículo T

 

Todo sacerdote o pastor al servicio de Cristo trabaja para el Señor y a El sólo debe su Obediencia. A El por tanto debe dirigirse para conocer cuál es su Voluntad Presente.

 

Artículo U

 

Toda iglesia que se haga cuerpo de una cabeza humana le pertenece a esa cabeza, no es de Cristo. Los cristianos quedan libres de cualquier juramento que hayan sido obligados a prestar por esa iglesia rebelde al Rey de los Cielos y de la Tierra.

 

Artículo V

 

Los cristianos: pueblo, siervos e hijos de Dios, no tienen más Juez Eterno, Sumo Pontífice Universal, Maestro Sempiterno, Salvador Divino, Rey y Señor que Jesucristo.

 

Artículo W

 

El sacerdote es la Imagen Viva de Cristo entre los hombres y las naciones. El Sacerdocio le pertenece al Varón por Disposición y Decreto Divino, la Hembra no tiene arte ni parte en el Altar; y el Obispo vive a imagen y semejanza de Cristo.

 

Artículo X

 

Los cristianos no tienen más Dios que Yavé Dios, Padre de Jesucristo.

 

Artículo Y

 

Todos los cristianos somos hijos de Dios, Padre de Jesucristo.

 

Artículo Z

 

Todos nos veremos en el Paraíso

 

CAPÍTULO CUARTO.

EL ESPÍRITU DE YAVÉ

 

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO.

LIBRO SEGUNDO.

EL EVANGELIKOM.

DOCTRINA DEL REINO DE LOS CIELOS.