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EL VENCEDOR EDICIONES

Esta es la Voluntad Presente de Dios:

"Unifiquense todas las iglesias en una sola y única"

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PRÓLOGO UNIVERSAL

 

 

Este Libro tuvo su Principio en un Librito, “Luz, Verdad y Vida”, escrito en la prisión militar del Ferrol del Caudillo, Galicia, España, a finales del 1978, durante los días del cambio de Obispo en Roma entre Juan Pablo I y Juan Pablo II. Aquel que me abrió la Puerta de su Omnisciencia sabía que, de la Ignorancia al Conocimiento de todas las cosas, aquel Librito tendría que hacer un Camino, estrecho y largo, hasta adquirir el cuerpo que Hoy tiene; camino que no otro sino su Autor tendría que vivir.

Su Autor, yo, Cristo Raúl, abandoné el Cuartel de la Marina con aquél “librito”, escrito a mano, que me sería dado a comer, y que yo comí. Ese “librito” que le supo a mi alma más dulce que todas las riquezas de este mundo, andando el Tiempo habría de saberme más amargo que el veneno más ácido.

Mas la Criatura que vive del Amor de aquél que lo engendra no conoce su sino más que cuando arrecian los vientos y las tormentas, cruje la tierra y caen los muros, se levantan las aguas y llueve duro sobre un edificio que, a pesar de su fragilidad externa, fue fundado sobre Roca.

Alegre pues, sabiendo que Dios no abandona a sus hijos, y habiéndoseme Prometido la Victoria, comencé mi travesía por el Tiempo, la Confianza puesta en la Palabra de quien me engendró para traer a las naciones el Conocimiento de todas las cosas, anunciarles el Fin de la Noche y el Nacimiento de un Nuevo Día. ¡Pero cómo podía saber aquella criatura que el Conocimiento de la Ciencia del Bien y del Mal habría de vivirlo en sus propias carnes! La Injusticia, la Pasión, el Odio, el Desprecio, la Pobreza … ¿no forman parte de la Ciencia del Bien y del Mal?

Siendo Dios quien ha estado dirigiendo, y dirige el curso de la Historia del Género Humano desde su Caída hasta el Restablecimiento de su Creación, acorde a su Decreto: “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y Semejanza”, es decir, hijo de Dios, el hombre, expuesto a un Mundo esclavizado a la Ley del Bien y del Mal, y aunque engendrado a Imagen de su Creador, ha de vivir su crecimiento sujeto a la Ley del Mundo.

Este Libro contiene el Conocimiento de todas las cosas, las del Cielo, las de los Cielos y las de la Tierra. El Rey y Señor del Universo es quien da, y viendo buena su Obra, es Él quien envía a su hijo, como Él fue enviado por su Padre.

Pasado, Presente y Futuro, he aquí las líneas sobre las que el espíritu de Inteligencia, a Imagen y Semejanza de la Inteligencia Divina, se mueve el Autor a través de los Libros que componen esta Obra.

Los hechos tuvieron lugar de este modo:  

I

Un día de aquellos, durante la última encrucijada entre milenios, un joven de 20 años, invocó al Hijo de Dios. Subió al monte, dejó el mundo y todos sus valores atrás, y se plantó delante de Dios con un mar de preguntas quemándole el ser. Aquél día Raúl dio el salto al otro lado de la Duda. Más allá de la Duda, Raúl se plantó delante de su Creador.

Para Raúl el tiempo de la Duda había pasado. Dios existe con la seguridad que existen el Sol y las estrellas. Así que arrojando al suelo el lastre de la opinión de los expertos Raúl subió aquel monte y liberó su pensamiento.

Y digo que fueron muchas las horas que aquel joven alzó su voz al Cielo. El firmamento, el sol, la tierra, el mar, fueron testigos de sus palabras. Sólo ellos saben con qué palabras invocó Raúl a su Creador.

Al cabo, sin fuerzas, Raúl cayó al suelo. En lo alto de aquél monte permaneció como muerto durante un tiempo.

Cuando se levantó regresó a casa y esperó que se cumpliera lo que está escrito: “Al que llama, se le abre”.

Y así fue. El Hijo de Dios le oyó, y le abrió. Entonces se cumplió en su ser lo que está escrito: Al que crea de las entrañas le manará una fuente de aguas vivas.

Después de estas cosas Raúl siguió su camino, y andando conoció a una persona muy especial. Le llamaban el Profe.

De joven el Profe se fue a hacer las Américas. Al cabo de décadas regresó a la madre patria lleno de glorias, honoris causa, y todo eso, cosecha de su siembra por las universidades latinoamericanas. Ya en su patria chica el Profe no tardó en descubrir que para servir a Dios no hay que irse tan lejos; basta doblar las esquinas, mirar alrededor y ver ovejas perdidas por todos los riscos.

Conmovido por la suerte de aquella juventud -Dios sabe por quién condenada a morir bajo los efectos del veneno de las cuatro letras malditas: SIDA- el Profe abrió un caserón en el centro de su ciudad natal, Málaga, y puso sus habitaciones al servicio de los jóvenes que como perros sin dueño proliferaban por las calles. En aquella Casa se conocieron el Profe y Raúl.

Al tiempo Raúl regresó a hacer su propio camino. Y se fueron el otoño y el invierno de aquel año, (1976). Durante la primavera siguiente el Profe y Raúl volvieron a encontrarse en Madrid.

El hecho de hallarse el Profe en Madrid se debía a que se le había descubierto una enfermedad en el cerebro. Sus enemigos decían que aquello era castigo de Dios por haber dilapidado su fortuna en aquellos perros callejeros, leprosos sin salvación. Ciertamente la operación costaba una fortuna, que el Profe no tenía porque se la había gastado en aquellas ovejas perdidas, y ahora andaba el pobre mendigando ayuda.

El Profe peregrinaba por Madrid de puerta en puerta. Cuando volvió a encontrarse con Raúl el hombre ya había perdido la cuenta. ¡Los amigos de los viejos días de gloria! La cosa era que aquél hombre tampoco desesperaba. Lo que sí se sentía era solo.

“¿Y tú qué, Raúl? No me lo digas, no acudiste a tu cita con el ejército. Y ahora vas por ahí a la aventura, un día por aquí, y el siguiente por allá”.

Era genial. Estaba en sus cincuenta. De mediana estatura, rostro alegre, facciones latinas. Conversación entretenida. Siempre se le veía risueño, “al mal tiempo: buena cara”, decía. No fumaba, no bebía. No estaba casado. La gran pasión de su vida, la única que tuvo jamás, fue Cristo, y lo confesaba como quien está orgullosísimo de tener el tesoro más fabuloso del mundo.

Las siguientes semanas se diluyeron en el río del tiempo. El Profe siguió su vía crucis de puerta en puerta. Mientras tanto el mal seguía creciendo en su cerebro. Y él llevando su cruz a cuestas sin más consuelo que el que podía hallar en la compañía de un muchacho.

A Raúl la tragedia y la grandeza de aquel hombre le impactaron.

Muchas han sido las historias que me han impresionado a lo largo de mi existencia alrededor de mundo, pero ninguna tuvo un efecto tan decisivo en mi vida.

Y pasó lo que tenía que pasar. Una noche de aquel verano, cansado de patear las avenidas madrileñas, Raúl regresó sin fuerzas a la habitación que compartía con el Profe.

En el firmamento de los cielos la Luna Llena paseaba su gracia; el velo de su luz le cerró los ojos a Madrid. Al poco despertaron a Raúl unos lamentos. Creyendo que venían de un Profe perdido en sus sueños, Raúl siguió durmiendo.

Al fin Raúl abrió los ojos, y vio al Profe sentado en el borde de su cama, la mirada perdida en el infinito. Por su barbilla corría un hilo de sangre. El Profe estaba hablando solo.

Raúl dejó al hombre hablar. ¡Madre de Dios!, la pena que estaba matando al Profe no era su enfermedad, ni descubrir que sus amistades se desentendían de su problema. La pena más grande que tenía su alma era no saber por qué Dios le había abandonado.

“¿Este es el precio a una vida de servicio, Señor? ¿Esta es mi paga?”, se lamentaba en su ignorancia aquel doctor en más teologías que los san Agustín y santo Tomás juntos.

 

Llegó el verano del 77, yo, Raúl, me moví a Ibiza. No todo en este mundo tiene por qué ser trabajos, aventuras, errores, aciertos. Cuando Dios creó los Cielos y la Tierra allanó montes y trazó verdes praderas a orillas de ríos hermosos para que el ser humano se desnudara y se dedicara a practicar el deporte de vivir la vida.

Por aquellos días  Raúl solía plantarse en los acantilados al otro lado de las murallas del castillo de Ibiza, mirando al mar. Fue entonces cuando en el campo de sus reflexiones y meditaciones el Hijo de Dios sembró en su corazón un deseo maravilloso: Tener inteligencia sin medida para conocer todas las cosas

Y como semilla en tierra buena que se hace árbol, aquél deseo dio en mi alma su fruto. Así que uno de aquellos días me puse de pie, abrí mis brazos y le pedí al Hijo de Dios lo que más deseaba tener en este mundo:

“El Espíritu de Yavé:  Espíritu de Inteligencia sin medida para conocer todas las cosas”.

 

EL ESPÍRITU DE YAVÉ

 

“Espíritu de Sabiduría e Inteligencia, de Entendimiento y Fortaleza,   de Consejo y Temor de Dios”

 

Pedid y no lo dudéis: Inteligencia sin medida a la imagen y semejanza de la de nuestro Creador. Pedid y recibiréis Inteligencia sin medida para alcanzar todos los secretos del universo y de la naturaleza humana. Este es el Día de los hijos de Dios de la descendencia de Cristo, fruto de su Matrimonio con la Iglesia. Este es el Día sobre el que San Pablo escribiera:

“Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros; porque la expectación ansiosa de la creación está esperando la manifestación de los hijos de Dios, pues las criaturas están sujetas a la vanidad, no de grado, sino por razón de quien las sujeta, con la esperanza de que también ellas serán libertadas de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios”.

Efectivamente, en El están los tesoros de todas las Ciencias, presentes y futuras. En Él están todas las respuestas a todas las Enfermedades y a todos los problemas referentes a la Organización de la Plenitud de las Naciones. En Él están todos los secretos del Universo y de la Naturaleza. Él es el Hijo, y pone a disposición de su Descendencia la Omnisciencia de Dios, porque como muy bien lo dijera en persona: Todo lo del Padre es mío.

Así pues, yo, Raúl, inspirado por el Hijo de Dios, levanté mi voz al Cielo:

“Haz una Obra que el mundo se maraville y por viéndola crea que Tú eres Dios. Levanta mi cabeza sobre las naciones y todos vean tu gloria, gloria de Unigénito de Dios. Glorifícate en tu Creación. Tú eres Dios, tuyo es el Poder y la Gloria. Tú puedes hacer de una piedra, informe y sin belleza, una Obra digna de tu Poder, ante cuya contemplación todos se admiren y se entreguen a la alabanza de quien semejante Obra hizo. ¿Qué es Imposible para Dios? Levanta la cabeza de tu Criatura hasta el cielo, las nubes se aparten ante sus ojos, que sus pies se asienten a los dos lados del océano y su Voz se oiga en las cuatro regiones del mundo, y viendo tu Obra se digan las naciones, ¿quién es este que del Polvo ha sido levantado hasta el Cielo? Haz una Maravilla, Dios mío, que viéndola todos crean que Tú eres quien tiene en sus Manos la Vida del Mundo. No tengas en cuenta que sólo soy barro sin más valor que el que tu Aliento quiera imprimirle. Acuérdate de tu Creación, no dejes que tu Criatura se hunda en las aguas y su luz sea apagada por las tinieblas. Tuyo es el Poder, tuya es la Gloria, por esto te invoco, porque sé que como tu Padre amó al Mundo, lo amas Tú, y no permitirás que el Hombre al que con tu Aliento le diste vida sea como polvo que el viento arrastra al Abismo”. 

 

II

 

Mi Fe puesta en su Palabra, mi Confianza en su Gloria, no teniendo Duda de haber sido Él quien sembró para recoger en mí, según está escrito, “¿quién es el que primero da para tener que reclamarle”, seguí mi camino en la Esperanza de recibir Respuesta.

Y así fue. Al poco el Hijo de Dios me dio a conocer su respuesta: “Tú lo conocerás todo, tú sabrás todas las cosas”, me dijo. Esto sucedió en el corazón de Europa, en la nación que llaman Bélgica.

Había pegado y se me había abierto, había pedido y se me había dado. Con la confianza puesta en la veracidad del Hijo de Dios continué mi camino.

Entonces se levantó un viento muy fuerte. Sirviendo a su Creador la creación entera me agarró por los pelos, me levantó, y cuando fui a abrir los ojos me encontré bajo tierra. Al día siguiente me descubrí en la casa de mis padres con mi vieja biblia en las manos y una pregunta en mi mente: ¿cómo creó Dios la Luz, el Firmamento?; en una palabra: el Universo.

Durante las próximas semanas intenté descifrar el Jeroglífico de Moisés. Todo para nada. No importase las vueltas que le diese al Texto, no encontraba la Llave que me permitiese abrir su Sello, entrar y ver lo que había al otro lado de la Puerta de la Luz del Génesis. Pero un día, regresando de Málaga la Bella a mi pueblo, mientras por los cristales del bus admiraba el firmamento otoñal, ví la Luz. Tenía en mis manos la Llave de David.

Me bajé del bus volando, abrí la puerta de casa. Mi madre me miró expectante.

“Voy a ser escritor, mamá”, le dije sin pensármelo dos veces.

“Acuérdate de tus hermanos cuando seas famoso”, me respondió ella.

Aquella mujer no sabía leer ni escribir ¡Qué mujer! ¡Qué grande es el misterio de la maternidad humana! Se parten los sesos los sabios buscando la fórmula de la producción industrial de Einstein, Newton y colegas, y viene la Naturaleza y se ríe de la Ciencia haciendo que una analfabeta para la piedra filosofal. Así pues, hiper excitado por lo que me acababa de mostrar mi Dios, agarré papel y lápiz y comencé a balbucear las primeras palabras de Inteligencia sin medida que llenan este La Creación del Universo según el Génesis. Una Introducción a la Cosmología del Siglo XXI.

 

Los Hechos narrados en la CREACIÓN DEL UNIVERSO SEGÚN EL GÉNESIS referidos a “la Creación de la Luz”, son los siguientes :

 

Uno: Multiplicación Controlada de la densidad por unidad cúbica astrofísica del campo gravitatorio terrestre. El origen de esta Multiplicación Controlada, dije, es la Naturaleza del Ser Divino.

Dos: Aceleración vertical de las revoluciones de trabajo del transformador geonuclear de la Tierra. De la que se derivó la aceleración rotatoria del Globo sobre su eje, y la implosión astrofísica del Núcleo en el origen del calor del Planeta.

Tres: Elevación termodinámica global del cuerpo geofísico, que desde el Manto se extendió hasta la superficie y produjo la Fusión de la Corteza Primaria.

Cuatro: Licuación de la Corteza Primaria bajo los efectos de la Fusión del Globo externo y producción de la Atmósfera Primigenia.  

Cinco: Una vez concluida la transformación en calor del combustible gravitatorio, la Tierra volvió a las manos de la Naturaleza, ajustándose sus nuevos cambios a la ley de la Inercia.

Seis:

A. Desaceleración de las revoluciones de trabajo del transformador geonuclear.

B. Caída de la velocidad de rotación del Planeta.

C. Y descenso de la temperatura del Globo.

Estos fueron los tres primeros efectos visibles. Estos tres efectos fueron causa de una nueva secuencia de efectos. El primero de estos nuevos efectos fue el enfriamiento de la superficie exterior del Globo, que ipso facto puso la primera piedra de la creación del anillo geofísico externo, la Litosfera.

Siete: También podemos hablar de Solidificación de la Corteza Secundaria. En fin, esto es ya según el gusto. Una vez que entremos más en profundidad tendremos tiempo de diferenciarlas. Avanzando un poco el tema digamos que la Litosfera es al Globo lo que la Corteza Secundaria es a la Litosfera. Resumiendo, la Corteza Secundaria es la capa externa de la Litosfera. Fue, pues, la Corteza Secundaria la primera capa litosférica que se solidificó.

Ocho: El descenso continuo de la temperatura geofísica a su antiguo estado de partida, que ya nunca alcanzaría, provocó la solidificación de la Corteza Secundaria, como he dicho, y la creación del anillo litosférico. La Arquitectura Geofísica siguió completando su cuerpo con el nacimiento del segundo anillo, el Manto, cuyo enfriamiento cerraría la fuente de calor de la que hasta entonces se había estado suministrando la Atmósfera Primigenia para conservar su estado natural.

Nueve: Sublimación de la Atmósfera y Creación del Manto de Hielo que cubrió la esfericidad del Planeta de polo norte a polo sur durante la Tarde del Día Primero. Como dije antes, este Manto de Hielo es la Luz en el Verbo del Primer Día.

III

A mis 21 años yo no cabía en mí de admiración por el Creador del Jeroglífico del Génesis, cuyo Sello se ha mantenido impenetrable delante de todos los genios de todos los tiempos. Su Omnisciencia y su Sabiduría Salvadora me tenían seducido, cautivado, maravillado. Y en fin, en aquel estado de excitación intelectual sin medida me hallaba cuando me llamaron para cumplir con mis obligaciones militares.

En noviembre de ese mismo año me incorporé a la Marina. Durante el siguiente invierno, primavera y verano, el Hijo de Dios me mostró todas las cosas concernientes al Derecho Divino, Justicia de la Salvación, fundamentos de la Redención. En fin, el alimento sobre el que Él dijera: “Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis”.

Pues bien, se fue el verano y vino el otoño. Un día de aquel otoño me condujeron a la prisión militar del Ferrol del Caudillo, la Coruña, Galicia, para cumplir sentencia de dos meses y un día en castigo por mi etapa de prófugo.

Estando en la celda el Hijo me presentó al Padre, y Este me mostró lo que tenía en su Corazón: la Esperanza de Salvación Universal que concibió al principio de los tiempos

En efecto, sólo un hombre pecó, y su pecado, sujeto al efecto dominó, se extendió por toda la superficie de la Tierra. Así que al elevar al Trono del Juicio Universal a su Hijo, Él lo volvió a glorificar otorgándole todos los poderes del Presidente de la Corte Suprema de su Reino, entre cuyos poderes está el dictar Absolución para el Acusado, en este caso Absolución Universal en base al Derecho de Redención por Él mismo conquistado para el Género Humano.

Pues al ofrecernos la Justicia de la Fe quedaron privados de su Gracia todos los pueblos nacidos ante de Cristo; y, sin embargo, todas las naciones fuimos entregadas a la Muerte por el pecado de un sólo hombre. Así que habiendo vivido bajo la misma ignorancia que nos hizo a todos merecedores de la Gracia, en razón de la Necesidad de la Muerte de Cristo, nuestros padres quedaron privados de Salvación. Pero Dios, en su maravillosa Justicia, elevando su Hijo a la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia de su Reino le concedió poder infinito y eterno para dictar Sentencia según espíritu y verdad.

Él puede ajustar su Veredicto Final a la profecía en respuesta a nuestra maldad, o a la Salud de su Paz en premio a nuestra Fe por creer que Él puede restaurar todas las almas a su condición natural de bondad.

Nuestra Sabiduría está en creer que el ser humano jamás se hubiera apartado de su Creador de no haberse interpuesto entre Dios y el Hombre la Traición de la Serpiente.

Nuestra victoria: escribir en las páginas de la Historia Universal lo que creemos, con nuestros hechos dándole cuerpo al argumento de la Defensa.

En efecto:

Hubo Redención porque hubo Ignorancia; de manera que si por la Ignorancia vino la maldición: por esa misma Ignorancia, porque la hubo, y de no haberla habido la Redención no hubiera sido posible por Ley, tuvo lugar la Redención recogida en la ley del Sacrificio Expiatorio por los pecados.

Ahora bien, la Ley de Moisés miraba al individuo, y en su faceta más abierta al sacrificio por los pecados del pueblo hebreo y judío. Mas habiendo pecado todo el mundo y viviendo en el pecado a causa de la Ignorancia de Adán, cuyo pecado lo sufrimos en nuestras carnes la Plenitud de las Naciones del Género Humano, esta Ley era símbolo y anuncio del Sacrificio Expiatorio de todos los pecados del Mundo que preparaba Dios. La respuesta a la cuestión: ¿qué Cordero podía valer a los ojos de Dios tanto como para quedar lavados en su Sangre los pecados de todo un Mundo?, y sus derivadas, forman parte de la Doctrina de la Santa Madre Iglesia Católica desde los días de los Apóstoles.

Lo importante para nosotros es que Dios asumió nuestra Causa por propia y se responsabilizó de la Caída en cuanto “sabiendo que aquel toro acorneaba” expuso nuestro Futuro y el de la Creación entera a la Libertad, haciendo de cuyo uso los Enemigos del Espíritu Santo hicieron de la Ignorancia de Adán talón de Aquiles contra el que lanzar la lanza de la Traición.

Asumida nuestra Causa, el Dilema en el que los discípulos del Maligno quisieron atrapar a Dios y entre los nudos de cuyo imposible laberinto gordiano quisieron despojarlo de su Espíritu Santo, reduciendo la Divinidad al Poder, en virtud de cuya nueva Realidad quedarían marginadas la Verdad, la Justicia y la Paz de la estructura del Cosmos, ese Dilema pasaba por el Cómo separar Dios y Espíritu Santo.

¡Era solo natural! Fue esta Propiedad del Ser Divino la que se opuso a un salto de tal naturaleza que, dejando atrás la Verdad como raíz de la Justicia, pondría el Futuro de la Creación sobre un Campo de Guerra Perpetua, cuya conclusión final sería la Destrucción Absoluta de toda Criatura. Y de aquí que Dios se negase en rotundo a acceder a la transformación de su reino en un Olimpo de dioses todos más allá del Bien y del Mal.

La estrategia de la Muerte y su Príncipe centró entonces su astucia en darle a probar al Hijo de Dios la fruta del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, es decir, la Guerra. La Astucia del Maligno alcanzaría su clímax al seducir al Único que podría lograr que Dios abriese en el cuerpo de la Ley una excepción, englobando en su Olimpo a los dioses, o sea, a toda la Casa de Dios.

¿Qué pasaría si el Hijo de Dios encontrase satisfacción en la Guerra? ¿Cómo podía saber Dios si a su Hijo Unigénito le gustaba o no la Ciencia del Bien y del Mal si aún no había probado su fruto? ¿Ante una supuesta elección terminal del Hijo de Dios a favor de la escuela del Diablo... no perdería el Espíritu Santo la Batalla?

Cuando Dios descubrió la Traición y se vio ante los hechos consumados, Dios le vio por primera vez la cara a su Verdadero Enemigo, la Muerte. Y la Visión pasó a ser Cósmica. Fue la Creación entera la que se halló amenazada por aquella Fuerza Increada contra la que se alzó Dios con su Modelo de Cosmos, un Nuevo Universo en el que la Vida tiene su Origen en Dios, hereda su Inmortalidad y se hace un Árbol cuyas ramas cubren con su fruto, los Mundos, la Eternidad y el Infinito.

¡Era la Hora de la Batalla Final de aquella Guerra que le declarara Dios a la Muerte cuando por su Voluntad la Vida devino Inmortal! Si hasta entonces Dios no había visto cara a cara al verdadero enemigo de su Creación, una vez que la locura desplegada en el Edén se consumó, abrió Dios los ojos y le vio el Rostro a su Enemigo.

Toda cuestión quedó desde ese momento en suspense.

IV

Por esos días murió un Obispo de Roma. Le sucedió otro. Y a los 33 días su sucesor murió. Al muerto le sucedió Juan Pablo II.

Por aquéllos mismos días el Hijo de Dios me dio a conocer la Voluntad Presente de su Padre:

“Esta es la Voluntad presente de Dios -me dijo-: Unifíquense todas las iglesias en una sola y única”.

Enseguida el Hijo de Dios me adoctrinó en la naturaleza del espíritu participativo del Verbo, en la cual tienen todos los hijos de Dios su crecimiento. Pues al corresponderle a Dios la acción y abrirle espacio a sus hijos, Él dota a sus criaturas de todos los medios necesarios para su realización. De aquí que la Obediencia sea el principio del crecimiento sobrenatural de su Reino.

 

CONCILIO VATICANO SIGLO XXI

CONCILIO UNIVERSAL DE ADORACIÓN DEL HIJO DE DIOS

 

JESUCRISTO,

Rey Universal Sempiterno

 

La Congregación Permanente Universal de los Obispos de la Plenitud de las Naciones, siguiendo la Proclamación que se realizara en el Cielo, Dios Hijo Unigénito y primogénito Jesucristo “Rey Universal Sempiterno”, proclamará la Coronación de Jesucristo sobre todas las Naciones del Reino de Dios en la Tierra, llamando a las casas monárquicas que secularmente ejercen potestad real sobre las naciones cristianas, a depositar a los pies del Señor sus coronas y cetros; quedando por la Obediencia absueltos del delito de Rebelión contra la Corona del Rey Universal que pesa sobre sus casas, pasando libremente a la vida privada cristiana como Ciudadanos del reino de Dios.

La Proclamación, como la Adoración, será realizada por los pueblos en su plenitud, en las capitales de provincias de las naciones cristianas, al frente sus Obispos, sacerdotes y pastores, en alto proclamando el Pueblo su Condición de Ciudadano del Reino de Dios, sujeto a Obediencia al Rey Sempiterno, Jesucristo.

Las casas monárquicas que ejercen corona sobre las naciones cristianas, que se nieguen a poner a los pies del Trono de Dios sus coronas y cetros, serán declarados en rebeldía contra el Reino de Dios; sus miembros serán declarados fuera de la Iglesia y su entrada en la Propiedad del Señor será prohibida a todos los efectos.

Los Gobiernos Cristianos declararán abolida las monarquías; si los Gobiernos sobre las naciones cristianas se alzan en rebelión contra el Rey, sirviendo al rey rebelde a Dios, los ejércitos del pueblo cristiano se levantarán para deponer a los Rebeldes, depositarán a los pies del Señor corona y cetro, y proclamarán la Adhesión sempiterna de la Nación al Reino de Dios, borrando de sus banderas los emblemas rebeldes e inscribiendo el Signo de la Victoria, la Cruz de la Resurrección.

La Plenitud de las Naciones Cristianas realizará Proclamación Universal en Día Señalado, para que su Voz suene al unísono en toda la Tierra y sea recogida en el Cielo para la Misericordia del Juez Universal sobre las Naciones de la Tierra en el Día del Juicio Final.

Al cierre del Concilio Universal, la Unidad Cristiana restablecida, en Día señalado por la Congregación de los Obispos, la Plenitud de las Naciones cristianas se reunirá alrededor de sus Obispos, en sus ciudades, para clamar en alto la Gloria de su Rey y Señor, Jesucristo. 

 

CONSTITUCIÓN SEMPITERNA DE LA IGLESIA

 

Nunca se puede decir bastante sobre la Necesidad de la Muerte de Cristo, el Cordero de Dios en cuya sangre el HIJO declaró delante de la Creación entera la Inocencia del PADRE en la fabricación de la Caída de Adán.

Desde el mismo día después los hombres de todas las naciones y tiempos buscaron la Respuesta a la pregunta vital más trascendente jamás exhalada: ¿POR QUÉ?

En nuestra Era vinieron hijos de la Mentira afirmando que Dios Padre fue el Autor Intelectual de la Caída de nuestro Mundo en el Infierno, y por esa razón: el HOMICIDIO, el GENOCIDIO, el CRIMEN, la GUERRA, en cualquiera de sus formas, Civil o Religiosa, es un acto divino especialmente predestinado para sus elegidos al Paraíso.

Hijos de Satán, aquella Serpiente Maligna que engañó al Rey de los hombres: aquel Adán cuya cabeza glorificó Dios elevándole a la Casa de los hijos de Dios, tales apóstoles de la Muerte se arrodillaron ante el Príncipe de la Mentira a cambio de todos los reinos del mundo. Y Satán le construyó a su hijo, el Anticristo Luterano-Calvinista, un Imperio.

Tal fue la respuesta que predicaron los siervos de Satán : Acusaron a DIOS PADRE de ser un monstruo que se alimenta de la sangre de las naciones y cocina sus carnes en los fuegos de la GUERRA.

El Hijo Unigénito de Dios vino y juró por su Goria Sempiterna que su Padre, YAVÉ, Creador de todas las cosas, no creó la Muerte, no predestinó a la Guerra al Hombre, ni quiso jamás que su Creación asistiera al Horror Inmundo e Infernal que el Fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal hace llover sobre todo Mundo que vive a la sombra de las tinieblas que extienden sus ramas sobre todas las naciones que buscan cobijo alrededor de su tronco.

¡DIOS ES AMOR!, y AMOR DE PADRE, el amor más grande e imperecedero que existe. Únicamente un hijo de Satán puede señalar a DIOS PADRE como autor intelectual de la Caída de nuestro Pueblo, el Género Humano, en las garras de la Muerte.

La Inocencia del SEÑOR YAVÉ DIOS PADRE quedó firmada por JESÚS con su sangre. Confesión Divina que el Espíritu Santo, que bajó del Cielo en forma de lenguas de fuego y se hizo carne en la Casa de los Hermanos de Cristo, selló con la Suya. ELLOS le edificaron a la ESPOSA DEL SEÑOR JESÚS una Casa, Templo Vivo que por los siglos, entre los hombres, y por la Eternidad en el Paraíso del Reino de Dios, proclamará la VERDAD CATÓLICA SEMPITERNA JESUCRISTIANA :

 

Artículo A

La Inocencia y la Libertad de Dios son innegociables, incorruptibles e insobornables. En ellas tenemos todos sus hijos, siervos y la Plenitud de las Naciones de la Creación nuestra Alegría, nuestra Paz y nuestra Vida eterna.

Dios es Santo, Bendito sea su espíritu. Los que amáis la verdad, la justicia y la paz bendecid su Santo Espíritu, que no hace acepción de personas y ha hecho de la Igualdad en la Fraternidad entre todas las Naciones de su Reino la estrella de la mañana.

La Voluntad Unificadora de DIOS PADRE es la Voluntad de DIOS HIJO. Quienes rompieron la UNIDAD UNIVERSAL DEL ESPÍRITU SANTO que vive en las iglesias encontrarán en la OBEDIENCIA A LA VOLUNTAD UNIFICADORA DIVINA la Misericordia de la que se verán privados quienes permaneciendo en la División se harían siervos de Satán y con su señor serían arrojados al Abismo cubierto por las Tinieblas.

 

Artículo B

La meta de la Rebelión de los “ángeles rebeldes” consistió en levantar entre YAVÉ DIOS y su HIJO JESÚS un muro de separación, suscitando así el desprecio del Hijo hacia el Espíritu Santo de su Padre, cosa que esperaba aquella generacion malvada de hijos rebeldes conseguir, Satán a la cabeza, a fin de convertirle a la religión del Infierno, mediante el conocimiento de la Ciencia del bien y del mal, cuyo fruto es la Guerra.

La reclamación del Diablo: inmunidad ante la justicia para la Casa de los hijos de Dios, fue el origen de la Guerra que hizo de la Tierra el campo de la Batalla Final entre Dios y la Muerte.

¡Guerreros, hijos de Dios, bendecid a vuestro Rey! Vuestro Rey no sucumbió a la tentación, amó a Dios y le adoró por ser “el que es”: el Espíritu Santo en cuya vida tenemos todas las criaturas nuestro escudo, nuestra fortaleza, nuestro protector, la fuente de amor sin cuyo río el Árbol de la Vida se seca y perece bajo el fuego de los rigores del infierno de tales demonios!

JESUCRISTO es el Nombre de vuestro rey. Bendecid su Nombre, naciones de la Tierra.

 

Artículo C

La Caída de Adán le abrió los ojos a YAVÉ DIOS PADRE, quien vio cara a cara a su verdadero enemigo, la MUERTE.

La Eternidad y el Infinito habían estado esperando esta Batalla Final.

Siendo un acto de locura absoluta la declaración de guerra de la criatura contra su Creador, Dios no podía seguir cegado por el Amor a sus hijos y, en la Traición, la lanza clavada hasta Su corazón de Padre, vio YAVÉ DIOS la Fuerza que movía el brazo de la Serpiente. Esta era su Guerra, el Infinito y la Eternidad se habían levantado contra el Infierno que la Muerte les proponía por modelo de Creación, y llamaba a Dios y Su Sabiduría a su lado.

YAVÉ DIOS PADRE, haciéndose una sola cosa con el Infinito y la Eternidad, aceptó la declaración de Guerra Apocalíptica contra las Fuerzas del Infierno. La MUERTE sería extirpada del Cuerpo de la Creación y arrojada al Abismo cubierto por las Tinieblas.

Bendito sea YAVÉ, nuestro Padre. Guerreros, hijos de Dios, levantad conmigo el grito, aclamad su Nombre desde un confín al otro de la Tierra, gritad conmigo su Nombre: ¡YAVÉ DIOS PADRE!

 

Artículo D

Dios liberó a todas las Naciones de la Obediencia debida a sus jefes y ha puesto la Obediencia de todos los Pueblos de todas las Naciones a los pies del Rey que le ha dado a su Reino: su Hijo Primogénito, DIOS HIJO UNIGÉNITO JESUCRISTO.

Toda persona que pone su Obediencia y Vida a los pies de otra persona que no sea la del Rey y Señor JESUCRISTO comete delito de rebelión contra YAVÉ DIOS PADRE. Toda la Gloria y todo el Honor del Señor del Infinito y de la Eternidad, y Creador del Nuevo Cosmos, vive en SU HIJO JESUCRISTO. Quienes rechacen vivir en esta Gloria del REY UNIVERSAL SEMPITERNO y entreguen su Obediencia y vida a un hombre, Estado o Institución: Laica o Seglar, comete delito contra su Alma y su Creador.

Todas la Creación de YAVÉ DIOS vive en el REY JESUCRISTO; al REY y únicamente al REY DIVINO es la Obediencia del Alma de todas las iglesias y de todos los los Ciudadanos del Reino de DIOS.

Quien se declare Cabeza de una iglesia se declara por Satán, deviene su hijo, es un Anticristo.

El pueblo que vive a los pies de un Anticristo, cabeza de la iglesia de su nación, vive bajo la Condena contra Satán firmada por YAVÉ DIOS antes de entregar todo el Poder del Juicio Final a su Hijo. Quienes permanezcan en esa iglesia se exponen a la Segunda Muerte. El pueblo y los siervos de esa iglesia rebelde, si quieren vivir, abandonarán esa iglesia rebelde y se harán una sola cosa con la Iglesia MADRE, ESPOSA DE CRISTO, la IGLESIA CATÓLICA fundada por DIOS, PADRE E HIJO, y edificada por los DOCE APÓSTOLES.

 

Artículo E

El Señor Jesús es la Única Cabeza, Visible e Invisible, de la Iglesia. Cualquier persona, sacerdote u obispo que se declare cabeza universal de la Iglesia, comete Delito de Rebelión contra YAVÉ DIOS PADRE. Todo aquel que se declare cabeza de la Iglesia de Dios entre las naciones se declara Anticristo y se alza en Guerra contra JESUCRISTO: por YAVÉ DIOS PADRE elevado al Sumo Pontificado Universal Sempiterno.

Sea Patriarca, Obispo o Pastor todo siervo que esclaviza la Obediencia Divina debida al Señor y Rey JESUCRISTO a la voluntad de intereses personales o ajenos : se alza contra la Sabiduría Divina: Todos depondrán esa Obediencia Divina a los pies del Señor JESÚS; DIOS HIJO UNIGÉNITO, DIOS VERDADERO DE DIOS VERDADERO, ENGENDRADO DE LA NATURALEZA INCREADA DE YAVÉ DIOS PADRE.

Todo el Honor y toda la Gloria de DIOS PADRE vive en DIOS HIJO: por Envidia de esta Gloria una Generación de hijos de Dios, no de esta creación, engendrados por la Sabiduría en la Naturaleza de la Nueva Creación, se alzó en Rebelión, le abrieron la Puerta del Paraíso a la Muerte y extendieron el Infierno de las Guerras en el Cielo.

Dios Ha constituido a su Hijo en la Puerta Invencible a Indestructible frente a la cual la Muerte no tiene Poder. A ÉL solo y unicamente a Él, REY DIOS Y SEÑOR JESUCRISTO le pertenece la Obediencia Debida de toda la Creación a DIOS CREADOR. Quienes exigen esa Obediencia para su patriarcado, obispado o misión pastoral rechazan la GLORIA DEL HIJO UNIGÉNITO DE DIOS. Todos los hombres se alzarán contra semejante acto de Envidia de la Gloria del Hijo Primogénito de Dios, pues en la Veracidad de esta primogenitura encontramos todas las Criaturas la Veracidad de nuestra Filiación.

 

Artículo F

Los Siervos viven de la Mano de su Señor. Toda persona que entra al Servicio de Cristo como Sacerdote venderá sus propiedades y las repartirá entre los pobres. El sacerdote que use la riqueza que procede de su Señor para enriquecerse a sí mismo o a su familia, rompe el Contrato con Dios, será expulsado de la Iglesia. La Riqueza del sacerdote es Cristo: su Gloria imperecedera, eterna, inmaculada, su Fuerza y su Sabiduría, su Felicidad y su Dicha.

Quien usa el sacerdocio para su enriquecimiento se hace siervo de Satán. Sea expulsado de la Casa de Cristo.

CRISTO es el Modelo sacerdotal, universal sempiterno, consagrado entre las naciones por DIOS para mantener viva en su REINO la Verdad que la Eternidad y el Infinito han proclamado en la Tierra: el HIJO es la Vida del PADRE.

En esta VERDAD está la VIDA de toda la Creación.

El Sacerdote es la Encarnación Viva de esta VERDAD DIVINA. Engendrado en el hombre a la Imagen y semejanza de Cristo, el Sacerdocio Católico es Cristo entre nosotros. La Carne no puede ocultar el Espíritu. Bendito el sacerdote en quien esta Imagen es la Vida del pueblo; su Gloria es eterna en el Padre y en el Hijo.

 

Artículo G

Todo aquel que entre a Perpetuidad al Servicio del Señor en tanto que Sacerdote le pertenece a Cristo en cuerpo y alma. Aquellos que estén casados permanecerán unidos en cuerpo a la mujer, mas el Poder de Sucesión Sacerdotal no les pertenece, es Poder de Cristo en su Esposa, la Iglesia Católica: que a través de sus Obispos hace Sacerdotes para Dios a la Imagen de Cristo.

 

Artículo H

La Iglesia Católica es la Esposa de Cristo, vive de la Mano de su Señor. Su propiedad es la Iglesia. Cualquiera que imponga impuestos sobre la Iglesia, la Casa de Dios en la Tierra, comete delito de rebelión contra Dios.

Toda propiedad aparte del Templo, Casa del Sacerdote, que se halle del sacerdote procede de delito contra el Señor, el sacerdote elegirá entra abandonar la Iglesia o abandonar la propiedad que le pertenece en las manos de los hombres. 

 

Artículo I

El sacerdote, imagen viva de Cristo entre los hombres, que sea hallado en delito contra las leyes humanas: sea expulsado de la Iglesia, entregado a la justicia de los hombres entre los que deshonró la Gloria Inmaculada del Señor; si es contra las del Cielo, sea expulsado sin apelación de entre los hombres de la Iglesia.

 

Artículo J

Cualquier sacerdote que unja por rey de los cristianos a hombre alguno comete rebelión contra Dios, sea expulsado de la Iglesia, y su acto declarado fruto de demencia.

 

Artículo K

Cualquier sacerdote que someta al pueblo a juramento de obediencia a hombre alguno comete rebelión contra Dios, sea expulsado de la Iglesia.

 

Artículo L

Cualquier cristiano que jure obediencia a hombre alguno niega a Dios.

 

Artículo M 

El sacerdote, imagen de Cristo, que toque la espada de la muerte, sea expulsado de la Iglesia. Toda vida le pertenece a Dios, su Señor, y de su sangre le pedirá cuentas a cualquiera que la derrame, sea hijo o siervo.

 

Artículo N

El sacerdote o pastor que le ponga condiciones a su Señor para hacer su Voluntad sea expulsado de la Iglesia, rompió su Contrato con Dios.

 

Artículo O

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, cualquiera que se oponga a su Voluntad, impidiéndole a su Señor la libertad, se declara en rebelión contra Dios.

 

Artículo P

El SEÑOR JESÚS es la Cabeza de todas las iglesias y el Jefe Universal de todos los sacerdotes y pastores de los Rebaños de su Padre, el pastor o sacerdote que no acuda a su llamada rompe su Contrato con el Señor.

 

Artículo Q

Las iglesias venderán todos sus bienes y les darán el dinero a los pobres. Cristo es su bien eterno, su riqueza imperecedera. La iglesia que no lo haga comete delito de rebelión contra Dios. El Templo es la casa y la propiedad del sacerdote entre los hombres.

 

Artículo R

Las iglesias pondrán a los pies de su Señor todas sus tesis, sus proposiciones, sus diferencias y glorificarán a su Señor delante de la Plenitud de las Naciones haciendo su Voluntad.

 

Artículo S

La Iglesia Católica es la Esposa de Cristo y la Madre de su Descendencia, ella es el tronco del Árbol cuyas ramas son las iglesias, los miembros del Cuerpo de Cristo sin los cuales Cristo no puede andar ni hacer y se encuentra tirado en el suelo como quien está muerto. Todo sacerdote o grupo sacerdotal o comunidad de pastores que se interponga entre el Tronco y las Ramas se declara en rebelión contra Dios.

 

Artículo T

Todo sacerdote o pastor al servicio de Cristo trabaja para el Señor y a El sólo debe su Obediencia. A El por tanto debe dirigirse para conocer cuál es su Voluntad Presente.

 

Artículo U

Toda iglesia que se haga cuerpo de una cabeza humana le pertenece a esa cabeza, no es de Cristo. Los cristianos quedan libres de cualquier juramento que hayan sido obligados a prestar por esa iglesia rebelde al Rey de los Cielos y de la Tierra

 

Artículo V

Los cristianos: pueblo, siervos e hijos de Dios, no tienen más Juez Eterno, Sumo Pontífice Universal, Maestro Sempiterno, Salvador Divino, Rey y Señor que Jesucristo.

 

Artículo W

El sacerdote es la Imagen Viva de Cristo entre los hombres y las naciones. El Sacerdocio le pertenece al Varón por Disposición y Decreto Divino, la Hembra no tiene arte ni parte en el Altar; y el Obispo vive a imagen y semejanza de Cristo.

 

Artículo X

Los cristianos no tienen más Dios que Yavé Dios, Padre de Jesucristo.

 

Artículo Y

Todos los cristianos somos hijos de Dios, Padre de Jesucristo.

 

Artículo Z

Todos nos veremos en el Paraíso.

 

 

V

Terminada su Visita el Hijo de Dios me dijo : “YO SOY LA RESPUESTA”.

Yo recordé: “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”. Creados para ser  el reflejo vivo de su Alma en nosotros, quien quiera recibir Inteligencia y Sabiduría a su imagen y semejanza, ser Respuesta Suya entre los hombres, que se acerque a Él y le pida, como ÉL lo tiene todo en su Padre así nosotros lo tenemos todo en Él, y nadie recibe de Dios si no es el Hijo quien da, Él es la Puerta que da a Dios y nadie se acerca a Dios si no es por la Voluntad y Gracia del Hijo de Dios: Jesucristo, el Rey Universal y Señor Todopoderoso que Dios le da dado por la Eternidad a su Reino y Creación.

En cuanto a mi Palabra, quien quiera conocer si mi Palabra viene de ÉL o hablo de mí mismo, que se acerque a Él y le pregunte, Él responde de mi Vida, pues creación suya soy.

VI

Sucedió entonces que según se fue acercando la Navidad del 1978 una pregunta fue abriéndose espacio en mi espíritu; y adquiriendo cada vez más espacio también fue apoderándose de mis noches, hasta el punto de no atreverme siquiera a cerrar los ojos.

La cuestión que se había instalado en mi ser tenía su raíz en la Esperanza de Salvación Universal que Dios y su Hijo me habían mostrado: ¿Qué estaba yo dispuesto a dar por esta Absolución Universal?

¡¡Mi alma!! Fue mi respuesta.

Pero una cosa es decir, y otra es hacer. ¿Un amor sin hechos, qué es? Que la Deserción sería la Prueba de este Amor, pues adelante. Que al otro lado me esperaba una obscuridad densísima, también. La decisión era mía. La Decisión tomada, crucé aquella puerta.

Me detuve en Madrid, con el Librito aquel, “Luz, Verdad y Vida”, escrito a mano durante aquellos dos meses y un día; entré en la Editorial Cristiana. Y por la puerta que entré, salí.

De Madrid salté a Zaragoza. Acogido por un amigo en su casa, ignorantes él mismo y su familia de mi estado militar pero encantados de tenerme con ellos esa Navidad, solía yo sentarme a meditar en la Plaza del Pilar. Los acontecimientos vividos durante el último año le habían dado a mi ser un nuevo sentido. ¿Qué iba a hacer ahora, adónde ir?

En aquellos días de meditación profunda existencial mi alegría se hizo infinita cuando Dios me dio una “piedrecita con un nombre escrito que solo el que lo recibe conoce”. Era para mí. Era mía. Yo leí: “Cristo Raúl”. 

VII

LA REVOLUCIÓN INTELECTUAL DE LA ESTRELLA DE LA MAÑANA

 

Así que, saltando de Zaragoza a Paris, y de Paris a Madrid, años 79 y 80, ya me disponía a regresar a Paris cuando “mi Padre que está en los cielos” me detuvo. Una hija de Dios, de nombre Ana, había sido atacada por la Muerte; ya se disponía la Muerte a llevársela, matando con ella la Respuesta que traía ella consigo, a saber, Dios ha dado su bendición a una Revolución Omnisciente Mundial, que tocando todas las ramas del árbol del conocimiento, ha de hacer saltar la Sociedad de la Plenitud de las Naciones de un modelo fundado en la Antigüedad, y recogido por la Modernidad, a una Sociedad fundada sobre los Principios Eternos e Inconmovibles sobre los que Dios ha levantado su Reino. 

Cristo Raúl le dio su mano a Ana, la liberó del abrazo de la Muerte, y como la paloma atravesada por la flecha de un enemigo, herida de muerte, pero no letal, una vez curada de su herida abre sus alas y regresa al cielo en libertad, así Ana siguió su camino hasta la Hora en que la Voluntad de Dios llenase la Tierra, y llamando a sus hijos a Batalla Final volviese a reunirlos. He aquí, entonces, algunas de las cosas que han de suceder en los años que vienen.

 

Unificación de todas las iglesias cristianas alrededor del Tronco Católico;

Disolución de la Federación Rusa, y Conversión de Moscú;

Caída de Bruselas y Berlín;

Extinción de las religiones: Islam e Hinduismo;

Independencia del Tíbet y Desmembración de China y de la India en muchos Estados con sus naciones; 

Extinción del Ateísmo Científico y Revolución de las ciencias médicas y ciencias de las energías;

Caída del Cuerpo de Seguridad de la ONU y Creación del Árbol de la Plenitud de las Naciones con Jurisdicción Universal contra la Guerra y las Dictaduras;

Abolición de todas las coronas, europeas, africanas y asiáticas;

Creación de la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Multiplicación de Brasil en distintos Estados con sus naciones;

Creación de un Cuerpo Judicial-Policial Mundial de Lucha contra el Crimen y las organizaciones Criminales Internacionales; 

Revolución Agrícola Mundial: Extinción de las plantas del Tabaco, Cocaína y Marihuana; control de las plantas del Café, de la Vid y de la Amapola; 

Reforestación del Planeta;

Fin del Comunismo, en todas sus formas, políticas e ideológicas;

Adhesión del Estado de Israel a la Alianza Militar de la Plenitud de las Naciones Cristianas;

Adhesión de los Estados Unidos de América al Tribunal Penal Internacional;

Abandono de las energías destructivas del planeta: Petróleo, Carbón y Gas;

Evolución de los Estados hacia Administraciones sujetas al Deber de Cumplimiento de los Derechos de la Familia;

Evolución del Dinero en Metálico y Papel al Dinero Digital y la sujeción de su Movimiento al Cuerpo de la Justicia;

Acceso libre de todos los hombres a la Educación Universitaria y a los medios de desarrollo de sus capacidades creativas;

Creación de Tres Comunidades Africanas Internacionales: África Blanca o del Sur; África Negra o Media, y África Mediterránea: libres de los Monopolios y oligarquías europeas, asiáticas y americanas.

Superado este periodo de dos años caminando en la oscuridad, y conociendo que mi Hora estaba lejos aún en el tiempo, mi Dios despidió a la mujer que me había ofrecido la mano para llegar a Paris.

VIII

Después de encerrarme entre libros durante los siguientes tres años, tomé mujer, que me dio un hijo. Yo, Cristo Raúl, tomé a la mujer y al niño y me trasladé a Creta, donde a la altura del 86, movido por el Espíritu arrojé mi vieja Biblia al fuego. Surgiendo de aquel fuego, el Hijo de Dios me mostró la Historia de la Increación, del Infinito, de la Eternidad, y del Dios que desde el Principio sin principio de la Increación fue la Causa Metafísica del Cosmos, y luego, siendo formado por la Sabiduría, según está escrito “Yo soy Dios, Yo solo fui formado, y después de mí no habrá otro”, vino a ser la Causa Física del Nuevo Cosmos: su Creación.

“Escribe todo lo que se te muestre”, me dijo mi Padre que está en los cielos. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.

Regresando a la casa de mis progenitores dejé con ellos a la mujer y a su hijo; salté a Paris, de París a Londres, de Londres a Jerusalén, y de Jerusalén a Madrid. Aquí me dijo el Rey del Cielo: “Envía a la mujer y a su hijo a la casa de sus padres, pues su casa de ella no tendrá parte en tu casa”. Yo, Cristo Raúl, así lo hice.

Regresé a Londres, me instalé en Finsbury Park, donde fue visitado por la Madre de Cristo, abriéndole a mis ojos a lo que contenía su Corazón: “El Corazón de María”. 

Habiendo escrito todo lo que la Madre de Jesucristo guardaba en su Corazón desde el día de su Ascensión al Cielo, y apenas comencé a gozar de la victoria, la Muerte se cebó en la casa de mis progenitores. Desecho permanecí en Madrid; como no era bueno que estuviese solo Dios me dio una compañera, que concibió una hija, pero Dios me dijo: “Sal de su casa, pues tu casa no será contada por ella”. Yo así lo hice. 

IX

El viento se alzó y crucé el océano; permanecí en Méjico un mes, y nueve meses en los Estados Unidos. A mi regreso, tras la muerte del hombre que me trajo al mundo, regresé a Creta, donde permanecí un año. Pasado este año el viento volvió a levantarse, y me llevó desde Atenas a Viena, Praga, Budapest, Bratislava, Berlín, Copenhague, Estocolmo, Helsinki, Oslo y Roma, donde celebré el Bimilenario del Nacimiento de Cristo. Pero mi tiempo, aunque se acercaba, aún no había llegado.

Amaneciendo el Nuevo Día regresé a la casa donde nací, y puse manos a la obra. Estando en ello, una mujer entró en mi vida, y diciéndome Dios: “Por ella será contada tu casa”, la tomé conmigo a Berlín. Pero tentada la mujer por el Diablo, se dejó seducir. Buscando mi destrucción a fin de enterrar esta Historia Divina en el polvo de los tiempos, el Diablo usó a la mujer para inyectar en mi alma el veneno de un odio que pedía sangre. Pero Dios me dijo: “No derramarás sangre; pero si ella toca la tuya, serás libre de su sangre”. Yo obedecí. Despedí a la mujer y la envié con sus hijos a la casa de sus padres. 

X

Tendido en el suelo permanecí durante tres tiempos y medio. Cuando me recuperé vi al Rey del Cielo al frente de la Casa de los hijos de Dios, la Casa De Yavé y Sión, que venía a conquistar para el Reino de Dios la Plenitud de las Naciones del Género Humano, y dirigiéndose a mí, me dijo: “Levántate, hijo, y pues que no has derramado la sangre de tus enemigos, sin sangre liberaré yo al mundo, y tus hijos serán testigos ante las naciones de que Soy Yo quien lo ha hecho: ¡Habrá Revolución Mundial, no habrá Guerra Mundial! Cobra ánimo, hijo, y fortalécete, que tu Hora se acerca”.

Yo me levanté, y lleno del espíritu exclamé: “Que el mundo despierte a la Verdad”.

XI

Corría el 2014 cuando en un juicio inicuo fui despojado de todo lo que amaba en este mundo; pedí justicia a Dios, mi Salvador, y liberándome de las tinieblas me condujo de regreso a la casa de mis progenitores, donde me fortalecí. 

A la puerta de la primavera del 2016 seguí a mi Rey hasta allí donde empezó todo, Galicia, el Ferrol. Y abriéndome los ojos, leí: “Ten celo y compra de mí oro acrisolado en el fuego, y cómprate vestiduras nuevas”. Maravillado por lo que leí, supe que antes de empezar el Camino, Él ya conocía el fin. Y no sólo desde ese día, sino desde el principio de los tiempos ya sabía Él la naturaleza del camino que el Vencedor, su hijo, habría de vivir. 

Tomando fuerzas, compré el oro de ley de su Palabra. Y llevado por el Espíritu clamé a Dios: “En el Nombre de Jesucristo: Que no sea hallado lugar para Satán en la Tierra”. 

Regresé entonces a Zaragoza, donde se me prometiera la Victoria, en la Plaza del Pilar; pues en mí está el Espíritu de Inteligencia para llamar a todos los hijos de Dios a la Batalla Final por la Libertad de la Plenitud de las Naciones del Género Humano, y así se cumpla, como en el Cielo en la Tierra, la Voluntad de Dios, que no hallando lugar en su Creación el Maligno sea arrojado al Infierno preparado para él y sus hermanos en el fondo del Abismo cubierto por las Tinieblas. 

En cuanto a aquéllos que sirviendo al Diablo intentaron destruir al Vencedor, he aquí que no me pondré delante entre ser alguno y la puerta del Paraíso, pero contra aquel, aquella y aquellos que se ponga entre hombre y Dios yo me alzaré con la libertad de la gloria del Vencedor, y allá que cada cual sea juzgado por su propio crimen.

 

LA BATALLA FINAL

 

Todos los hijos de Dios, “no de esta Creación”, en efecto, vieron la Gloria del Rey de reyes y Señor de señores del Paraíso de Dios, Gloria de Dios Hijo Unigénito, “Increado, no creado, de la misma Naturaleza que el Padre”, conforme al Dogma revelado al mundo por Dios Padre a través de, en y por mi Santa Madre Iglesia Católica.

Así que, despejada la Duda sobre la veracidad Divina del Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Cielo, argumento con el que la Muerte, en y por la boca de Satán, uno de ésos hijos “no de esta creación”, incendió el Paraíso, llamó Dios a todos sus hijos a doblar sus rodillas ante su Ley: “NO comais, porque moriréis”.

La Invocación al Padre ante el Juez no encontrará en el Creador excepción, es el Alma que respira la Ley, dada a conocer la Tierra para ser la Columna Eterna sobre la que descansa el Edificio del Reino de Dios en el Cielo, y cuya Mirada  tuvo sus ojos puestos en los hijos de Dios que incendiaron el Paraíso con el fuego del Infierno de la Guerra.

La Confianza de Dios Padre puesta en que la Obediencia que viene del Amor sería reforzada por la que procede del Temor, dejó el Proceso de Formación del Hombre en las manos de sus hijos, “los dioses de muy antiguo”, entre quienes se contaba, en cuanto hijo de Dios, el mismo Satán que “ya acorneara” la Paz en el Cielo durante los Días de la Creación, antes de la creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra.

Y sin embargo la Batalla Final entre Dios y la Muerte seguía en el aire.

Aun cuando la Muerte se escondiese a la espera de una mejor ocasión para asestar su golpe fatal, y el Género Humano alcanzase la Inmortalidad, más tarde o más temprano la Muerte volvería a extender su Fuerza sobre la Creación para conducirla a su Destrucción.

Que los hijos de Dios, consciente de la Naturaleza de la Ley, elevada a la Naturaleza del Verbo, cayesen en la Tentación y amparándose en el Amor de Dios por sus hijos invocasen de nuevo al Padre en Creador en contra del Juez en Dios, esto estaba por verse.

El hecho es que todos los hijos de Dios tenían que decir su última palabra sobre el Modelo de Creación que la Muerte y Dios, cada uno, habían puesto sobre la mesa del Infinito y la Eternidad: Verdad, Justicia y Paz, o Mentira, Corrupción y Guerra.

Dios, confiando en el Temor a su Verbo, dejó el Futuro del Género Humano en las manos de sus hijos, los dioses de muy antiguo. Pues desde el origen de los tiempos de la vida en la Tierra los hijos de Dios habían estado bajando del Cielo a la Tierra y regresando de la Tierra al Cielo con toda la libertad del mundo.

La Hora de dejar en el Pasado las Guerras del Cielo, había llegado. Dando a conocer su Ley, “y la Ley es el Verbo, y el Verbo es Dios”, Dios dejó a sus hijos en Libertad para que en la plenitud de sus facultades mentales e intelectuales se adhirieran a la Ley o se alzasen contra ella.

Y pasó lo que jamás quiso Dios que pasase, y la Sabiduría Increadora sabía que habría de pasar, pero que no estando los ojos de su Señor abiertos a la visión de su Enemigo, la Muerte, Ella no podría impedir que sucediese.

Aquéllos hijos de Dios que antes se conjuraron para abrirle al Infierno las puertas del Paraíso de Dios, se conjuraron de nuevo para, usando al Hombre como Hacha de guerra, declararle la Guerra al Espíritu Santo de la Ley.

El Hombre, habiendo sido formado a la Imagen de Dios, teniendo su propia Palabra por Ley, “a imagen y semejanza de Dios”, ignorante de la Ciencia del Bien y del Mal, que conocía como se conoce una Historia por otros vivida, pero de cuyo Fruto, la Guerra, jamás había comido, sin conocimiento de causa comió del Fruto Prohibido: la Guerra Santa.

Históricamente hablando tenemos el efecto final de la formación de las familias del género humano a imagen y semejanza de los hijos de Dios en la creación del primer reino que conoció el mundo, el reino del primer Hombre, el Adán bíblico, aquel Alulim sumerio “sobre cuya cabeza descendió la corona que bajó del Cielo”.

Así pues, una vez consumada la Revolución Neolítica forjadora de las primeras ciudades mesopotámicas, la aproximación de los pueblos de la Tierra al reino de Dios un proyecto a asumir con el paso de los siglos bajo el imperio de la Ley, la Perversión de aquéllos hijos de Dios que en pleno uso de sus facultades intelectuales se decidieron, contra el Espíritu Santo de Dios, a legitimar la Guerra como Privilegio de los reyes de su Imperio : los condujo a engañar al Primer Hombre usando su amor al Verbo como lanza con la que atravesar el costado de Dios.

No conociendo la Mentira, el Hombre no podía ver en la Palabra de Satán, “la serpiente antigua”, sino la Palabra de un Ministro de Dios hablando en nombre de su Señor. Y en consecuencia el primer Hombre se alzó en Guerra Santa contra todas las familias de la Tierra a fin de conducirlas a todas al reino de Dios.

La Astucia de la Serpiente no pudo ser más odiosa a Dios en razón de la Ignorancia del Hombre sobre la Maldad y la Causa que arrastraba a “la serpiente antigua” a usarle como Hacha de Guerra.

No el Hombre, la Ley del Espíritu Santo fue el Enemigo de la Serpiente que Satanás lleva dentro. Pero si su triunfo le supo a mieles, su Transgresión dejaba ver su Locura: ¿Una simple criatura se atreve a retar a Guerra Total al Creador del Campo de las galaxias? ¿No había podido derrotar el Dragón satánico a los hijos de Dios, criaturas como son, y se atrevía a declararle la Guerra al mismísimo Dios, Creador de los dioses? ¿¡Qué locura es ésta!?

La Batalla Final se acababa de declarar. La inmensidad de la locura de sus hijos rebeldes, la Sabiduría lo sabía, no podía sino abrirle los ojos a su Señor. Mientras la Muerte no fuera desconectada de la Vida, la Creación estaría siempre en Guerra. Fuerza ciega, la Muerte, desde el principio sin principio de la Eternidad actuando en complementariedad con la Vida, seguiría lloviendo su Infierno sobre el Paraíso.

Lo había hecho ya por dos veces, lo volvió a hacer por tercera vez, y seguiría haciéndolo hasta encontrar en la Creación su lugar.

Únicamente Dios podía producir la Desconexión entre la Vida y la Muerte. De aquí que la Sabiduría, conociendo a su Señor, viese venir la Batalla Final.

Declarada la Guerra, la Caída del Hombre un hecho consumado, la locura de sus hijos rebeldes delante de sus ojos, Dios abrió los ojos a su verdadero Enemigo: la Muerte, y actuó en consecuencia.

Si por Amor a su hijo Adán, arrastrado en su Ignorancia a la Transgresión, Dios perdonaba su Delito: la Elevación de la Ley a la Naturaleza Divina se vendría abajo, y su Reino quedaría expuesto a las pasiones de sus hijos.

El Hombre había comido, y su reino, alzado en Guerra Santa en nombre de Dios, tenía que sufrir la Pena debida al Delito.

Mas existiendo Ignorancia por la parte del Hombre sobre la verdadera Causa de la Manipulación de la que fuera objeto, y considerando que de haber conocido la Maldad de “la serpiente” el Hombre jamás hubiera Transgredido: en su Justicia no podía Dios dejar de sujetar su Pena a Redención.

Pero aunque sujeta la Pena a Redención, dicha Pena había de cumplir su tiempo.

La Tragedia del Género Humano estaba servida.

Ahora bien, pues que la Historia de la Redención está escrita, debemos atenernos al efecto de la Visión de Dios de su Enemigo, la Muerte, y como la Visión venía a afectarle a su Creación entera.

 

LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS

 

El Odio de Dios hacia la Ciencia del bien y del mal está enraizado en una experiencia eterna. Si bien su Casa ha conocido su Fruto: la Guerra, el hecho es que su Casa no había conocido los efectos de la Ciencia del bien y del mal hasta vivir éste odio, que Dios vivió en su Juventud, un odio enraizado en una repugnancia visceral ilimitada contra la Mentira, la Corrupción, y el Poder por el poder cuyo horizonte es la Guerra …

Su Creación entera tenía que vivir este Odio, vivir esta repugnancia, entrar en su Ser y sentir el Infierno que Él viviera y que, no deseando para nadie, ni volver a vivir Él, debe conocer su Creación.

Y si su Creación, cuanto más su Hijo Unigénito.

Pues el as que “la serpiente satánica” guardó en la manga era tentar al mismísimo Unigénito y Primogénito de Dios con el Fruto de la Ciencia del bien y de mal, y, ganándoselo para su Causa, suscitando en Él la pasión por la Guerra, por Amor al Hijo obligar al Padre a bendecir la conversión de su Imperio en una Corte de dioses más allá del bien y del mal.

¿Si el Hijo de Dios se unía a los “dioses rebeldes”, qué haría entonces su Padre?

La diana de la Muerte era, en definitiva, el Hijo.

Pero si Dios había abierto sus ojos a su Enemigo, su Hijo tendría que abrirlos igualmente.

La Caída del Mundo de Adán un Acontecimiento irreversible, en razón de la Divinidad del Verbo, siendo la Redención el efecto natural de la Ignorancia del Hombre, la propia Necesidad de abrir Su Corazón a toda su Casa, conduciría al Hijo de Dios a ver a su Enemigo, y, siendo JESÚS “Dios Verdadero de Dios Verdadero”, no albergando su Padre duda sobre la última Palabra de su Hijo contra la Muerte, y a favor de la Redención de la Casa de Adán, la Historia del Género Humano pasaría a ser la Historia de la Salvación de la Plenitud de las naciones de la Tierra.

Porque, en efecto, del Acontecimiento del Niño en el Templo vemos cómo al entrar en nuestra Historia, vestido de la sangre y la carne de Adán, padre de José, el Hijo de Dios bajó del Cielo movido por el Celo del Espíritu Santo, y en su condición de Rey de reyes y Señor de señores vino a conquistar la Tierra con las armas de David, y arrojando de su reino al enemigo de su Corona, Satán y sus ángeles rebeldes, extender la Ciudadanía del Cielo a todos los pueblos del género humano. En este espíritu entró en el Templo de Jerusalén, porque en este espíritu bajó del Cielo.

Los Hechos sucedieron de esta manera.

El Acontecimiento de la Caída del Hombre implicó a Dios, dando Él por hecha su Victoria sobre la Muerte, en la toma de nuevas medidas revolucionarias sobre las que refundar su Reino, la primera de todas fue la Necesidad de que su Hijo viese al Enemigo de su Corona, y la segunda que el Hijo descubriese al Dios de la Increación en el Padre. Pues el Futuro de la Creación dependía exclusivamente de la Respuesta del Hijo al Conocimiento del Espíritu Santo del Dios de la Increación.

Así pues, ateniéndonos al Libro de la Revelación, con el que Dios cerró su Libro, y cuya Puerta selló a fin de que nadie, sino el Heredero de Cristo abriese, el Padre tomó al Hijo y le santificó con la Doctrina del Reino de los Cielos, que el Hijo, una vez hecho hombre, nos dio a conocer a todos en el Evangelio.

Inmediatamente nos lo envió a nosotros, y encarnándose en el seno de la Virgen, cuyo nombre todos conocemos, María de Nazaret, nos dio Dios a su Hijo, a todas las familias de la Tierra, como el Campeón que, naciendo de la hija de Eva, habría de alzarse para aplastarle la cabeza a la Serpiente y redimir a todos los hombres.

Esto hecho, la Encarnación, por obra y gracias del Espíritu Santo acontecida, pues “el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios”, el Padre Eterno se sentó en su Trono, y llamando a todos sus hijos “no de esta creación” decretó que todos los príncipes de su Imperio depositasen sus coronas a sus pies.

Pero Satán y sus aliados en el Eje de la Serpiente se negaron.

No siendo hallado sitio para Satán en el Cielo, Dios ordenó su Expulsión y lo arrojó a la Tierra, donde, conociendo que el Día de Yavé, Día de Venganza y de Cólera, había nacido, Satán se dio a perseguir a la Virgen que había de concebir al Redentor, “Príncipe de la Paz, Consejero Maravilloso, Padre Sempiterno, Dios con nosotros”.

Ya conocemos lo que sucedió.

José de Belén, en quien Dios había dejado la Guarda y Custodia de su Hijo, tomó a la Madre y al Niño y cruzando las aguas escondió al Niño y a la Madre en Alejandría del Nilo.

Ya sabemos lo que pasó al Regreso de la Sagrada Familia a Israel. Y porqué el Niño desobedeciendo “a sus padres” se internó en el Templo para darse a conocer como el Mesías.

Aquel Episodio cambió al Hijo de Dios para siempre. Jesús descubrió a Cristo, y en Cristo descubrió Jesús al Dios de la Increación.

 

FUNDACIÓN DEL REINO UNIVERSAL DEL HIJO DE DIOS

 

El Hijo vio a su Enemigo, la Muerte. Y conoció las medidas revolucionarias que el Padre había adoptado para refundar su Creación sobre la Roca Incorruptible, Indestructible, del Espíritu Santo de la Ley.

Dios ha abolido el Imperio y fundado un Reino Universal cuya Corona sempiterna le es dada a Él, Jesucristo, Dios Hijo Unigénito y Primogénito.

Al igual que sus hermanos “no de esta creación” pusieron sus coronas a los pies de Dios, le tocaba al Rey de reyes y Señor de señores hacer lo mismo, y como Ciudadano del Reino de Dios doblar las rodillas ante la Sabiduría de Dios Padre, Señor del Infinito y la Eternidad.

Y el Hijo así lo hizo.

El Hijo entró en nuestro mundo como Rey de reyes y Señor de señores del Imperio del Cielo, murió como un Ciudadano más del Reino de su Padre, y subió al Cielo para sentarse en el trono del Rey Universal en cuyas manos ha puesto Dios su creación entera. De aquí Dios dijera: “Le glorifiqué y le volveré a glorificar”.

En efecto, Cabeza de todos los Pueblos, todos los Ciudadanos del reino de Dios le deben Obediencia única y exclusivamente al Rey, Jesucristo; cualquier decreto que atente contra esta Obediencia a la Ley del Rey – ley de Paz y Vida – es Traición a la Corona de Dios, su Castigo es Expulsión de la Vida de la Creación.

Con la Corona Universal Sempiterna heredó el Hijo todos los Atributos naturales a quien se sienta en el Trono de Dios: Todopoder y Sabiduría para alzarse como Juez Universal ante cuyo Cetro responden todas los Pueblos de la Creación, los que existen como los que existirán, incluyendo en esta Gloria el Poder de Absolución Universal del Género Humano en el origen de la Esperanza de Salvación Universal.

Pero si esta primera medida revolucionaria, ¡abolición del Imperio y su Transfiguración en Reino Universal Sempiterno!, condujo a Cristo Jesús a la Cruz, haciendo de la ley humana un espejo en la que se refleja su Obediencia a la Ley del Cielo, con su Resurrección Dios llevó a su Reino un Cuerpo Sacerdotal, la Santa Madre Iglesia Católica, cuya Religión es la del Espíritu Santo hecho Hombre: Cristo. 

En Cristo, el Espíritu Santo, que está en el Padre y en el Hijo, adquirió un Cuerpo Visible, a fin de que, habiendo sido criado en los fuegos de la Ciencia del Bien y del Mal, el Paraíso de Dios se halle inmunizado para siempre contra la Mentira y el Pecado.

Rey Universal;  Juez Todopoderoso;  Sumo Pontífice Universal, viviendo en Dios, pues en Él está Dios, Jesucristo se acerca al Padre vestido para santificar a todas las iglesias al hacerlas a todas su Cuerpo.

Pues en efecto, en el Señor Jesús todas las iglesias de todos los Pueblos de la Creación se unen en una Religión. Para que, así como los hijos de Dios han sido hecho participes de la Jurisdicción Universal sobre todo el Reino, – en lo referente a la Política y a la Defensa –, igualmente el Cuerpo de los Siervos del Señor Jesús adquieren Jurisdicción Universal en lo tocante a la Religión sobre todas las iglesias del Reino del Espíritu Santo, que vive en el Padre y en el Hijo. “Tanto tiempo que estoy con vosotros y aun no me habéis visto” .

Medidas revolucionarias que implicaron, en efecto, la continuación de la tragedia del género humano; pero que dada la necesidad de Dios, una vez sus ojos abiertos a la Muerte, de Refundar su Creación: hicieron inevitable.

Era necesario, en verdad, que toda la Creación viese con sus ojos el fin hacia el que conduce la Ciencia del bien y del mal a todo mundo fundado sobre la: ley de guerra entre las naciones y  el odio entre los hermanos por cuestiones de lenguas.

Pero no sólo los hijos de Cielo, también los hijos de Dios de la Tierra debemos ver cara a cara a la Muerte, de manera que acogiéndonos a la Ley del Rey determine Dios, por la Fe, la No-necesidad de vivir lo que por la Fe sabemos que sucedería de vivir sin la Fe

 

PRIMER MILENIO DE LA ERA DE CRISTO

 

A fin de que la Muerte fuese vista por los hijos de Dios del Cielo, ordenó Dios, tras la Elevación de su Hijo al Trono del Rey Universal, que el Diablo, Satanás, la serpiente antigua, fuese encadenada y alejada de la Tierra durante el Primer Milenio de la Era de Cristo; y a fin de acelerar la Consumación del Pecado ordenó Dios que al principio del Segundo Milenio de nuestra Era el Diablo fuese liberado de su prisión y dejado en libertad en la Tierra.

Tenía también Dios necesidad de que sus hijos, tanto del Cielo como de la Tierra, viésemos con nuestros ojos que el Odio de Satanás contra el Espíritu Santo es eterno. Pues Misericordioso es Dios, en cuanto Padre Creador, para abrazar a quienes habiéndose perdido suplican el perdón por sus actos insensatos.

Apenas liberado de su prisión en al año Mil, el Diablo se entregó a la Destrucción de su Enemigo.

Romper la Unidad de las iglesias era de necesidad maligna para dividiendo a las naciones conducirlas a las guerras mundiales que habrían de abrirle la puerta a la destrucción de la Humanidad. Ya lo había profetizado Dios: el Maligno sembraría la Cizaña de la División de las iglesias.

Expulsado primero del Cielo y después de la Tierra durante Mil años, esta Siembra Maligna comenzaró tras el año Mil.

 

EL CISMA DE ORIENTE

 

El Odio encubado durante Mil años de prisión encontró en un hombre perverso, Miguel Celulario, su instrumento más fiel.

La Muerte había labrado el terreno en el que su Príncipe Maligno habría de sembrar su Cizaña maldita. Por un lado tenemos en el siglo X, la Pornocracia Vaticana, y del otro el error anticristiano en el que la Iglesia Ortodoxa había caído negando la Necesidad del Hijo para acercarse al Padre. Negación que implica la Negación de la Divinidad del Hijo, negación que el propio Satán sostuviera antes de la Creación de nuestros Cielos y de nuestra Tierra, y desencadenó las guerras del Cielo. Pues siendo el Espíritu Santo Dios, y el Hijo es Dios, negar que el Espíritu Santo se derrama en las iglesias en razón de quien es su Cabeza, el señor Jesús, esta Negación es una Rebelión abierta contra la Divinidad del Padre y del Hijo. Negación que determinó la Destrucción de la Iglesia Ortodoxa Bizantina, destrucción que alcanzó a su sucesora, la Iglesia Ortodoxa Rusa, y destrucción hacia a que se acerca la iglesia Ortodoxa Griega de mantenerse en la División. Negación en la que de persistir, Dios se alzará contra las iglesias ortodoxas de origen bizantino para desgajándolas del árbol de las iglesias echarlas al fuego preparado para el Diablo y sus ángeles rebeldes.

Sin embargo la destrucción de Bizancio ya estaba en el aire desde el día en que desobedeciendo el decreto de Dios, que ordenaba a todas las iglesias separarse del Imperio Romano, la iglesia ortodoxa bizantina se dio al Emperador de Constantinopla como sierva y garante de su imperio. Por amor a ella pretendió la iglesia bizantina obligar a Dios a anular su Decreto contra el Imperio Romano de Oriente.

En efecto, esta trampa fue la trampa en la que quiso el Diablo atrapar a Dios al arrastrar a Adán a su Caída. Trampa en la que no cayó Dios, y perseverando en la cual la iglesia ortodoxa bizantina condujo al pueblo griego medieval a su ruina.

 

LA LUCHA DE LAS INVESTIDURAS

 

Moviéndose hacia el Occidente, buscando siempre dirigir los siglos hacia la confrontación universal absoluta entre cuyos fuegos apocalípticos debería desaparecer toda vida sobre la Tierra, el Diablo encontró en el pueblo alemán un siervo fervoroso.

Pueblo bárbaro desde su cuna; enemigo de la civilización desde sus comienzos, el pueblo alemán cometió el terrible pecado de querer hacer de la Iglesia Católica, la Esposa del Señor Jesús, la prostituta imperial de su Emperador, escribiendo su fracaso el Acontecimiento llamado la Lucha de las Investiduras.

 

LA REFORMA

 

Apenas vencido por Gregorio VII, pueblo homicida desde su adolescencia, se alzó Alemania contra Italia para llevar el fuego del Infierno a la misma puerta de la Casa de Cristo en la Tierra. Fuego infernal que cultivó el Diablo entre los muros de los palacios de unos príncipes que no pudiendo tolerar más religión ni ley que la del hierro y el fuego de la guerra, se entregó a Satanás en cuerpo y alma, y engendrando ese aborto del Diablo llamado Martín Lutero, pues que Alemania no pudo hacer de la Esposa de Cristo su prostituta imperial, se alzó contra el Espíritu Santo para destruir su Obra y conducir a todas las naciones cristianas europeas a su primera guerra mundial europea, la llamada Guerra de los Treinta Años.

Pero si Alemania se entregó al Infierno, no menos lo hizo Suiza engendrando ese siervo del Diablo llamado Calvino, quien, vistiéndose de sabiduría, acusó a Dios Padre de haber determinado la Caída y haber elegido a un hijo suyo, Satanás, para escondiéndose detrás de sus vestiduras ocultar su Mano Todopoderosa y Eterna.

Siguiendo con su obra de destrucción de la Obra de Cristo, el Diablo engendró a su Anticristo, el tal Enrique VIII de Inglaterra, quien, alzándose como cabeza de la iglesia, se erigió en Dios de las Islas británicas.

La burla sonó con ecos infernales cuando el monstruo británico mostró sus dos cabezas, una de varón y otra de hembra.

Decapitando a la iglesia inglesa, cuya cabeza era Cristo Jesús, Cabeza de todas las iglesias, y siendo Dios por su Divinidad, y en su Divinidad adquieren todas la Santidad debida a Dios, el Diablo le entregó a su monstruosa criatura el imperio, con el que la división entre las naciones cristianas se hizo absoluta.

 

NACIMIENTO DEL IMPERIO ESPAÑOL

 

La Muerte, que en su día patrocinó la Caída, y al siguiente la persecución contra los Cristianos, y la Destrucción del Cristianismo mediante los Bárbaros, tal cual labró el terreno a fin de que a su salida de su Prisión su Príncipe encontrase tierra fértil donde su Cizaña diese fruto, movió todas sus fuerzas en la Tierra para aprovechando la división de las iglesias asaltar la Europa Cristiana, el Reino de Dios en el mundo. Ya estaban los ejércitos de la Muerte para invadir la Cristiandad, cuando estando a las puertas de Viena, suscitó Dios su espíritu de Victoria en el pueblo más fiel que jamás tuvo la Iglesia, el Español.

Cual se avanza un peón inofensivo con el que nadie cuenta, pero que avanza hasta llegar a su meta, vistió Dios al Español de su Fuerza, y nacido para vencer a la Muerte una vez tras otra, puso el Señor Dios a su servicio todas las riquezas de las Américas, con las que se enfrentó a los ejércitos de la Muerte, a costa de perder sus mejores hombres y unas riquezas que de haber dejado en su Tesoro hubiera hecho de España la nación más poderosa de la Tierra por muchos siglos.

Vencida la Muerte en aquella contienda, los siervos del Diablo se lanzaron contra la nación elegida por el Señor Dios de Abraham, para devorarse en la guerra mundial europea de los Treinta Años. Tales fueron las gracias que recibiera el pueblo español de aquéllos pueblos a los que salvó de la ruina y de la desolación que de haberle dado España las espaldas a Europa los ejércitos de la Muerte hubiesen sembrado en las tierras de Alemania, Austria y Francia.

 

GOG Y MAGOG

 

Disuelta la Unidad entre las naciones cristianas, el odio de las unas hacia las otras cultivado con el poder heredado de la Muerte por Satán, el camino hacia las guerras mundiales, hacia la Batalla entre Gog y Magog, quedó despejado. Disuelto el Imperio Español, la pérdida de la Autoridad Doctrinal de la Iglesia Católica abandonada a su suerte, el Diablo volvió sus ojos hacia los dos pueblos en los que su Cizaña había encontrado tierra fértil, el pueblo Ruso y el pueblo Alemán. Incapacitados para ver el error en que cayeron al alzarse contra la Esposa de Cristo, enfrentados por la hegemonía mundial, Gog y Magog hicieron del siglo XX su campo de batalla.

 

SIGLO XXI,

EL DIA DE LA GLORIA DE LA LIBERTAD DE LOS HIJOS DE DIOS

 

Y sin embargo, Dios había dispuesto el tiempo de la Liberación del Diablo en la Tierra por Mil años. Pasados los cuales, siguiendo la pauta de Abraham y Sara, el Rey engendraría Descendencia de su Esposa, y con esta Descendencia nacería el Día por el Espíritu Santo anunciado: El día de la gloria de la Libertad de los hijos de Dios: ¡Día de Revolución Intelectual Mundial! Pues habiendo decretado Dios la Expulsión del Diablo de la Tierra, diciendo:

“Que no sea hallado lugar para Satanás en la Tierra”, el decreto de Abolición de todas las Coronas que implicó al Cielo, había de ser oído.

Y en efecto, nacido el Nuevo Día, así le dice el Espíritu a los hijos de Dios:

“Pongan todos los reyes de la Tierra sus coronas a los pies del Trono del Rey del Cielo; la nación que desobedezca será destruida como vasija golpeada por Vara de hierro”.

Y a la iglesias le dice quien tiene el espíritu de inteligencia:

“Anularás todos los decretos de Excomunión contra las iglesias, a fin de que todas se acerquen a tu Señor y regresen a la Casa de tu Dios. La Noche ha pasado. La Misericordia de Tu Señor vive en la Voluntad Unificadora de tu Dios para en la Unidad del Espíritu resplandezca la Luz de la Verdad Divina sobre todas las naciones de la Tierra, juntas caminen hacia al Encuentro  del hijo del Hombre y sea hallada Fe en la Tierra”.

 En el Nombre de Jesucristo, Dios Hijo Unigénito, Rey Universal Sempiterno, Señor y Cabeza Sacerdotal de todas las iglesias de los pueblos que son y serán. Que su Ley gobierne la Tierra como lo hace en el Cielo.

 

 

EPÍLOGO UNIVERSAL

 

YO SOY DIOS, YO SOLO HE SIDO FORMADO, Y DESPUÉS DE MÍ NO HABRÁ OTRO, dice Dios.

 

La Necesidad del Silencio de Dios tras la Resurrección de su Hijo sobre el por qué de su Regreso a su Mundo vino determinada por la Naturaleza de la Batalla Final entre Dios y la Muerte por el Modelo de Creación que entre los hijos de Dios encontró una diferencia irreconciliable. Esta Irreconciliabilidad quedó sellada con la Sangre de Jesucristo y sus Apóstoles. La parte de los hijos de Dios liderada por la Serpiente Antigua, la Cabeza del Eje del Dragòn que asoló con el infierno de su Guerra el Paraíso de Dios, antes de la Creación de nuestro Universo y Mundo, cuyo nombre era el de Satanás, aquel hijo de Dios que vemos en el Libro de Job acercarse a Dios Padre, y en el Libro del Evangelio tentando a Dios Hijo, quiso imponerle al Creador del Cosmos un Modelo de Imperio Universal gobernado por una Casa de dioses quienes por ser hijos del Dios de los dioses deberían estar más allá del Bien y del Mal.

La Respuesta de Dios Padre y Dios Hijo a semejante aberración de Modelo Social: contra ese Blindaje del Gobernante, en razón de cuya Inmunidad su libertad para vivir en el Delito y hacer de la Guerra Civil su Derecho Legítimo transformaría el Paraíso en un Infierno, fue elevar la Ley a la misma Naturaleza de Dios, de manera que quien se alzase contra la Ley le declararía la Guerra al Creador del Cosmos.

Pero el Temor a enfrentarse al Todopoderoso Señor Dios Creador del Universo no detuvo en aquella Generación de hijos de Dios el crecimiento de tal aberrante Pensamiento, pensamiento abominable a la Mente de YAVÉ, el Dios de los dioses.

En su astucia la Serpiente que vivía en Satanás logró convencer a sus hermanos rebeldes que la clave de la victoria estaría en Tentar a Dios Hijo con el fruto de la Ciencia del Bien y del Mal, con cuyo desplazamiento del Rey del Imperio de Dios a su campo, como efecto de la política de hechos consumados Dios Padre tendría que dar su bendición a la Reforma de la Constitución de su Imperio, acabando por aceptar el Modelo Progresista Social de sus hijos.

La Respuesta de Dios Hijo tuvo lugar aquí en la Tierra. Por esto dice el Espíritu Santo que el Evangelio fue predicado al Cielo. La Respuesta a la tentación de líder de los hijos progresistas de Dios fue recogida por sus Discípulos y escrita para la Eternidad.

La Ley de la Inmunidad para los Gobernantes, sean hermanos o hijos de Dios, es la Ley por la que somos gobernados todos los Ciudadanos de la Creación. Así en el Cielo como en la Tierra.

Hoy y Mañana y por la Eternidad quien hace del Delito su modus vivendi, de la Mentira su caballo de guerra política, sea emperador, rey o presidente, obispo, juez, militar, científico, sea quien sea, donde quiera que su lugar en la Sociedad realice su trabajo, es reo de Juicio. Ante la Ley no hay hijo ni siervo; el que pisa la Ley responde ante la Justicia acorde a la gravedad de su Delito. No hay Invocación a Dios contra el Juez, no vale ante el tribunal de Dios la Razón de Estado.

El Evangelio de la Eternidad, predicado aquí en la Tierra, fue sellado con la Sangre de Aquel quien siendo Dios Hijo fue conducido ante la Ley de la nación en la que nació, acorde a cuya Ley, escrita por Moisés, la Destrucción del Templo de Jerusalén sería castigada con la Cruz. Siendo Hijo Todopoderoso, aquel quien con su Verbo creó las estrellas para que separen la luz de las tinieblas, Jesús dobló sus rodillas ante la Sabiduría de Su Padre, que ha establecido la Justicia no en el Terror a su Poder sino en el Amor a la Paz entre todos los Pueblos de la Creación, sostenida y alimentada por la Incorruptibilidad de la Ley.

La Necesidad de oir, por los Hechos, la Respuesta de Dios Hijo a la Respuesta de Dios Padre a aquel Modelo de Gobierno por el que se atrevió aquella Serpiente a defender su Verdad al precio de incendiar la Tierrra con el Fuego infernal de la Guerra, se hizo. Pero como consecuencia una Necesidad nueva vino a la escena histórica. ¿Por qué Dios abomina con una fuerza tan infinita la Ciencia del Bien y del Mal? ... Tan infinita como para condenar a Destierro Eterno de su Creación a aquella generación de hijos rebeldes quienes en su Pasión por el Poder se atrevieron incluso a retar a Guerra al mismìsimo Creador de universos y mundos.

Únicamente contemplando en vivo el efecto de la Ley de la Muerte sobre un mundo sujeto a la Ciencia del Bien y del Mal podrían entender sus hijos este sentimiento de abominación que vive en el Creador de la Vida Inmortal. Una Tierra expuesta a estas consecuencias, su destino final una autodestrucción ganada a pulso tras miles de años poniendo en escena los horrores más abominables que se puedan concebir, productos de una esquizofrenia paranoide universal suicida, experiencia que Dios ha vivido en la Eternidad más veces de las que un humano pueda traducir en números, únicamente siendo testigos de esa esquizofrenia mundial paranoiode suicida podrían entender sus hijos, por la eternidad, la Naturaleza del Poder Infinito de este sentimiento que vive en Dios, sobre cuya Roca Indestructible se eleva el Cuerpo de su Justicia, adorable para quienes aman la Verdad y la Paz, Ley odiosa para quienes tienen en la Inmunidad para la Mentira y la Corrupcipon su pasión existencial.

¿Por qué liberar al Diablo, una vez ya condenado a Destierro Eterno del Cosmos?

Dos Razones Santas por las que adorar a Nuestro Creador.

La primera, para que veamos sus Hijos que la Condena contra aquella generación malvada de hijos de Dios es Justa, Buena y Santa. Mil años de Prisión no ablandó sus corazones, no expuso sus pensamientos ante el espejo de la locura que los lanzó a declararle la Guerra al Dios Creador de universos y mundos. En lugar de hincar las rodillas y pedir misericordia doblaron su maldad haciendo de la Destrucción de la Iglesia Católica la venganza que sabiéndoles a victoria se llevarían con ellos al Infierno.

Ya hemos visto las Guerras desatadas contra Nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, en cuyas entrañas vivíamos, a la manera que Cristo en Sara, mujer de Abraham, y en las que destruyendo a nuestra Madre destruiría la Descendencia de su Esposo, su Enemigo, Nuestro Padre que está en los Cielos.

Conociendo el Todopoderoso Señor del Cosmos de la Vida Inmortal que, como aquel Lutero, que eligió incendiar el mundo a renunciar a su verdad fratricida, el dios oculto de la Refirma ya había declarado ante el Cielo su alea jacta, quiso el Creador del Género Humano, por quien siente un celo amantísimo, que por la demencia asesina de Satanás el movimiento de la Historia hacia el Fin de su Camino fuese acelerado, y por esa locura homicida los siglos fuesen acortados, y la que debiera dar a Luz a una Nueva Generación de hijos de Dios, nacidos de las entrañas Divina de Cristo, derramase aguas al tpermino del Segundo Milenio, para gloria de su Esposo, su Señor, y Rey de sus hijos, encarnándose así la Palabra del Padre de la Eternidad: "Será llamado Maravilloso Consejero, Príncipe de la Paz, Padre Sempiterno". Esta es la descendencia de la que profetizó el Espíritu Santo diciendo: la creación entera espera la manifestación de la gloria de la libertad de los hijos de Dios", de nosotros, la Casa del Rey de los Cielos. ¿O acaso la gloria del Creador no se manifiesta en su Creación? ¿No es por su Creación que es glorificado su Creador?

Somos ser de su Ser, su Respuesta es nuestra respuesta. No necesitamos ver el Fin de nuestro Mundo entre los fuegos de una Guerra Fratricida Mundial para sentir hacia el fruto del Árbol de la Corrupción este sentimiento abominable cuya Fuerza vive en nuestro Creador, y hemos heredado por el Espíritu de Aquel que nos ha engendrado para glorificarle ante las naciones de la Tierra.

Por esto yo os digo en nombre de mi Padre, el Rey de los Cielos, a todos los que una vez fuisteis cristianos: La Confesión rige únicamente para el Cristiano nacido en la Iglesia Católica; quien fue bautizado por la Iglesia Católica no necesita ser bautizado de nuevo, basta el Poder de Cristo en su Sacerdote para borrar el delito de alejamiento del Señor de la vida eterna.

Aquellos que nacieron en la Excomunión a sus padres por el Bautismo de la Iglesia Católica son liberados de la Excomunión que pesa sobre sus padres. Sin este Bautismo todo el que nació fuera de la Iglesia Católica permanece fuera de la ley del Señor de la vida eterna. Por el Bautismo del Señor de la Santa Madre Iglesia Católica todo ser queda limpio de sus pecados y delitos cometidos antes del Bautismo, y por la Gracia y Gloria de Dios Hijo todos, en la esperanza de mantenernos en el Camino, pasamos de este mundo a su Mundo sin ser juzgados. Esto es Obra de Dios Padre, quien amó tanto al mundo que nos dio a su Hijo, y sigue amando tanto al mundo que ha decretado el Destierro de nuestro Mundo de quien buscó nuestra Muerte como aborto inservible, cuando aun estábamos en las entrañas de nuestra Madre.

Dios nos nos ha dado la vida para ser aplastados, sino para vencer a todos nuestros enemigos y gozar de la Victoria de nuestro Rey y Padre sobre la Muerte.

No habrá Guerra Mundial.

No necesitamos ver para creer. Nos basta el Espíritu que vive en nosotros para creer que sin nuestro Creador todos seríamos pasto de la Muerte, otro Mundo que muerde el polvo, como tantos otros que Dios vio nacer y ser reducido a cenizas por los fuegos de las Guerras de las pasiones que el Poder y las Riquezas engendran en los vivos.

¿Cómo será glorificado el Creador en la Destrucción de su Creación? ¿No es glorificado el Creador en la magnificencia y grandeza de su Creación? ¿Y dónde reside la gloria de la Creación sino en la grandeza y magificencia de su Creador?

¡Cómo creer que Dios ha dispuesto este mundo para su Gloria cuando todo lo que este mundo pone en escena ante nuestros ojos es miseria, ruina y desolación!

Cierto, el loco se gloría en su locura, el malvado en su maldad, el mentiroso en su mentira, el criminal en su crimen, pero Dios ¡qué tiene que ver con el hombre! ¿Acaso su gloria está en aplastar hormigas? ¿Reside su riqueza en el oro? ¿Se funda su fuerza en armas atómicas? ¿Es acaso Dios un bárbaro bebiendo en copas de cráneos enemigos? ¿Cómo podrá glorificarse Dios secando el barro? ¿Qué gloria puede añadirle a la del Creador de galaxias sin número la existencia de una criatura del tamaño de un átomo? ¡Cómo puede complacerse en la muerte de sus criaturas quien enterró un cosmos para crear uno nuevo en el que la vida nace para ser Inmortal!

¿Qué le dirá la piedra extraida de los montes al escultor? ¿Le pedirá cuentas el lienzo al pintor? ¿Se queja el piano de la música que genera las manos? ¿No es Dios el Creador por excelencia, padre de todos los creadores? ¿Se complace el Creador en la destrucción de su obra? ¿Crear para destruir, dónde vive ese loco? ¿Acaso no es más grande el amor por la creación mientras más grande es la obra?

¿En quién puede glorificarse Dios sino en su Hijo, Dios de Dios? ¿Quién podrá glorificarle sino ese Hijo? Y sin embargo por el Misterio Sobrenatural del Amor del Creador por su Creación, nacemos para ser sus hijos, con todos los derechos de quien lo tiene todo en Dios. "El tomará de lo mío y os lo dará a conocer, todo lo del Padre es mío, por esto os he dicho que tomará de lo mío". Dios es nuestro cielo, nuestro límite, nos lo está diciendo su Hijo. ¿Por qué buscar tesoros lejos cuando tenemos el Tesoro de la Sabiduría Divina a nuestra disposición? ¿Acaso porque nos lo dé nuestro Padre vale menos este tesoro? ¿Es preferible hundirse en las entrañas de la tierra cuando tenemos el oro al alcance de la mano? ¿Porque si es de nuestro Padre no es nuestro?

Dios es la Respuesta. En Él residen todos los secretos de las Ciencia de la Vida. No tenemos Paz ni tenemos Salud porque buscamos en la Muerte la ley para vencerla. La Paz y la Salud no son un Negocio. La Guerra y el Crimen no son un Negocio. Y sin embargo lo son para todo mundo que vive bajo la ley de la Muerte.

La Muerte es el Último Enemigo. La Muerte no conoce amigos, ni siervos ni hijos. La Muerte es una Fuerza Cósmica Increada, una vez que cruza una puerta tiene un único fin, reducir toda Vida a polvo. Únicamente puede ser vencida, rechazada, mediante el Espíritu de Dios. Crucificado, abandonado por muerto, salió Vencedor para mostrarnos el Camino a la Victoria sobre la Muerte: La Obediencia a la Ley.

No comer nunca del fruto de la Ciencia del bien y del mal. En la Palabra está la vida del Hombre, ni en las armas ni en la violencia.

Nadie es infalible, todos nos equivocamos, nos necesitanos los unos a los otros para solucionar problemas que nos incumben a todos. Como dijo un artista, nadie puede tener la razón todo el tiempo, ni uno puede estar equivocado todas las veces.

La Humildad es el principio del sabio.

La Dignidad no se construye sobre el desprecio a nuestros semejantes.

Quien ama el Poder de las Riquezas sobre todas las cosas por ellas caerá en la pobreza, la prisión será su hogar.

La Ciencia tiene por naturaleza y sentido el servicio a todos los pueblos; en esto se parece al sacerdote, que trabaja para los demás.

¿No es acaso entre los semejantes que se alcanza la felicidad? ¿Pues en quién mejor que en el Creador de todas las ciencias que rigen el Universo puede hallar la suya quien ama la Ciencia?

Toda línea de pensamiento e investigación que conduce a la destrucción del ser y la vida en la Tierra debe ser talada del árbol de la Ciencia; aquellas que conducen al crecimiento de la vida deben ser liberadas de todo interés y cultivadas por las comunidades al servicio de las naciones.

El mito del 100% del cerebro individual descansa en la ignorancia; la potencia del 100% reside en la unidad de todas las inteligencias del Género Humano formando una sola red neuronal universal, abierta a la Omnisciencia de nuestro Creador, en quien el crecimiento de la Inteligencia Universal Humana tiene su Futuro por la eternidad.

"Yo soy Dios ... yo he sido formado y después de mí no habrá Otro" dice Dios. Por el Proceso de Formación del Espíritu del Creador por el que pasó Dios Padre no pasará su Hijo. La Afirmación Calvinista demoníaca de haber creado Dios Padre este Mundo tal cual lo hemos vivido es una Negación de esta Declaración en razón de la cual Dios Hijo no necesita regresar a la Increación para aprender por sí mismo todas las ciencias de la Creación de mundos y universos.

Dios Padre le muestra a Dios Hijo todo lo que hace, y el Hijo hace según ve hacer al Padre. Y es más, Dios Padre le mostrará mayores Obras que estos Cielos y esta Tierra a fin de que quedemos maravillados.

La Invitación el Espectáculo más grande a que una criatura puede asistir en vivo, Dios en pleno Acto Creador de Universos y Mundos, no nos ha sido arrojada al oido como quien hecha promesas a los cerdos, acción típica de los políticos del Siglo XX. Es el Verbo en persona, Dios Hijo, quien nos anunció que en lugar de cerrar a sus hijos y su Casa la Participación en su Obra Creadora, una vez cerrada la Puerta de la Muerte, Dios mantiene la Puerta de la Creación abierta.

No olvidemos que la Revolución Creadora con la que se abrió la Creaciòn de nuestro Universo y Mundo tuvo su Origen en respuesta a la presión de sentirse los hijos de Dios encerrados en el Paraíso durante los Días de la Creación: la versión del Paraíso más como un zoo que como un Reino abierto a la vida determinó que con la Creación del Hombre nuestro mundo fue el primero de los Pueblos cuya Historia ha tenido por espectadores a los hijos de otros mundos.

La Tragedia de nuestro mundo hubiese podido generar en Dios un rechazo a mantener abierta la Puerta a fin de evitar una Nueva Explosión Criminal en un Día Futuro.

La Alternativa no era volver atrás ni mantenerse congelado en el Tiempo, sino avanzar. Dado que creó al Hombre en su espíritu de Inteligencia, y con todo cayó ante la experiencia de una mente avezada al Mal y la Mentira, en su Sabiduría ha creado Dios Padre una Nueva Criatura Divina, imagen y semejanza Viva de su Hijo Jesús, en quien el Espíritu Santo del Creador vive en la Plenitud del Poder sin límites para la Paz y la Salud que se manifestó en Jesucristo. Forjado en los fuegos del infierno desatado contra nuestro mundo por la Muerte y sus hijos, este Cuerpo Divino permanece con los Pueblos llenando la Ausencia de Dios con su Presencia, siendo todo corazón y toda alma agua cristalina delante de sus ojos, como lo es el pensamiento y el corazón de todas las criaturas a los ojos de su Creador.

Así se cumple lo que estrá escrito: Tres Personas, un único Dios Verdadero.

¿Dónde está el Miedo a la Muerte? ¿Dónde el temor a la Personalidad de un Ser todopoderoso que Hoy puede ser más bueno que el pan y mañana más malo como el veneno?

"YO SOY EL QUE SOY" se abrió el pecho en la Cruz. "El es que era, el que es", no hubo un Dios antes de la Cruz y otro después de la Resurrección. El mismo que subió a la Cruz es el mismo Jesús que nos contempla desde los Cielos.

Sí, algo cambió; el que vino en Nombre del Señor fue el Rey de reyes y Señor de señores del Imperio de su Padre. Quien regresó a la Casa de Dios entró en ella como Rey Universal Sempiterno Único.

"Al que está sentado en el trono y al Cordero, la bendición, el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos" clamó el Cielo en Adoración del Padre y del Hijo.

"Toda la Gloria, todo el Poder al Hijo de Dios" clamamos en la Tierra en Adoración de quien venció por nosotros a quien sin ÉL no hubiésemos podido vencer. No tenemos más Rey que Dios Hijo, no tenemos más Señor que el Hijo de Dios; en Él tenemos nuestro Dios y Padre, a quien adoramos con la Adoración debida a YAVÉ DIOS, Creador del Cosmos, el Dios de la Eternidad y Señor del Infinito, el Brazo Creador de quien las Galaxias se alimentan y por quien el Nuevo Cosmos se expande por la Eternidad sobre el Abismo cubierto por las Tinieblas.

Y con el Espíritu Santo decimos: "¿Adónde iremos si Tú tienes la Palabra de la Vida eterna, Señor y Dios....

Padre Nuestro, que estás en los cielos

Santificado sea tu Nombre,

Venga a nosotros tu Reino,

Hágase tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo.

Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a nuestras ofensores,

Líbranos de todo mal

Y no nos dejes caer en la Tentacion.

Amen..

 

 

 

 

EditadO por Raúl Palma Gallardo

"El Vencedor Ediciones"

05/10/2026

 

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