Declaración
de Principios
Antes de
Nicea la Declaración de Fe bajo pena de muerte confesada por todas las iglesias
podemos resumirla en las siguientes palabras: Sólo hay un Dios Verdadero, su
nombre es YAVÉ, el Señor de los ejércitos de las Sagradas Escrituras de los
Hebreos, Dios del Patriarca Abraham, del Profeta Moisés, del rey David.
YAVÉ Dios es
Padre, su Hijo Primogénito se llama Jesús. Este Primogénito de Dios se hizo
hombre y nació en Belén de Judá durante el imperio del César Octavio Augusto,
al final del reinado de Herodes Ben Antípater, en el año primero del Siglo de
Cristo. El Hijo de Dios vino al mundo para comprar nuestra alma al precio de su
sangre.
Estando en
el mundo nos descubrió que el Hombre que al principio Dios creara a su Imagen y
Semejanza, ese Hombre es Cristo. Y que ese Hombre está en todos nosotros.
Este Hombre
es el que confiesa con el corazón rebosante de eternidad y el espíritu abierto
al infinito que el Primogénito de Dios, Jesús, es el Cristo, el Modelo
sempiterno a cuya Imagen y Semejanza ha creado Dios al Hombre. Aquel Jesús que
vino al mundo para ofrecernos la vida eterna, ese Jesús es el Hijo Unigénito de
Dios, engendrado, no creado, principio y fin de la Creación, alfa y omega de la
actividad Divina, el primero y el último de su Naturaleza: Dios Hijo Unigénito,
nuestro Rey y Señor, nuestro Maestro y Salvador.
Respecto a
esta Fe se cumple la Palabra de Dios, que dice: El justo vivirá de la fe.
Esta
Confesión sencilla y elemental donde las haya, esta elemental y sencilla
declaración de Fe, al igual que hoy en día les sigue costando la vida a muchos
hombres y mujeres, también ayer, antes de Nicea, significaba la muerte.
Nosotros, Hoy, con independencia de la reacción de quien la oye o la oiga,
seguimos confesando la Declaración Universal que toda la Creación confiesa con
la boca y vive con el corazón:
Artículo
Uno: Dios es Amor
Dios,
voluntaria y libremente, ha fundado el Reino de los Cielos. Ninguna fuerza otra
que el Amor a la Vida está en el origen del impulso que ha conducido a Dios a
crear este Reino Sempiterno, espacio donde la Plenitud de las Naciones del
Universo comparten una misma Vida y se relacionan con su Creador a la luz de su
Infinita Sabiduría Eterna.
Artículo
Dos: Dios es Padre
Dios es la
fuente de la que emana la Constitución de su Reino, por la que todas las
Civilizaciones de los Pueblos del Universo se rigen y la Plenitud de sus
Naciones se articula. Esta Constitución Universal tiene en la Paternidad Divina
su Origen y su Principio. Desde esta Paternidad y por ella Dios legisla desde
su Omnisciencia y juzga desde su Presciencia, la Verdad como principio, medio y
fin de su acción. Hijos de Dios, Ciudadanos de su Reino, corremos hacia El
espontáneamente y nos echamos en sus brazos clamando con todo nuestro ser
¡Padre Nuestro!
Artículo
Tres: YAVÉ es Dios
YAVÉ es el
nombre del Ser que creó el campo de las galaxias y el océano de las estrellas
del Universo. EL es el Creador del Cosmos y de todo cuanto existe en el
Universo. EL es la fuente de la que mana el Futuro de todas las cosas, a las
que con su Ser sustenta y con su Palabra mueve hasta el horizonte que jamás se
alcanza y tiene en el Infinito su Orto. YAVÉ es la fuente del río de la Vida,
EL es quien mantiene el Futuro de la Plenitud de las Naciones en crecimiento
eterno y alegre y hace desembocar su caudal en el océano de su Omnisciencia.
Todo lo que existe, en el Cosmos como en el Universo, tiene en ÉL su causa
física y la fuente de energía que le permite crecer por la Eternidad.
Artículo
Cuatro: Dios es Señor
Por derecho
de Creación todo lo pertenece a YAVÉ Dios. EL tiene todos los derechos de
propiedad sobre toda su Creación. Todas las cosas, las del Cosmos como las del
Universo, las del Cielo como las de la Tierra, todas le pertenecen, y ÉL las
gobierna según su Infinita Sabiduría. Desde esta Verdad Eterna ÉL le ha dado la
Corona de su Reino a su Hijo Primogénito. Jesucristo es el Nombre de su Hijo,
Jesucristo es el Nombre del Rey de la Plenitud de las Naciones.
Artículo
Cinco: El Rey es Hijo Unigénito
Sólo hay un
Rey, universal y sempiterno. Su Padre es Dios. Al Padre es la adoración de
todas las criaturas del Universo y al Hijo la Obediencia de todos los
Ciudadanos del Reino de los Cielos. El Rey es Hijo Unigénito; Hijo Amado, Él es
la causa metafísica de la Creación de Dios. Como Rey Él es el Jefe de todos los
ejércitos del Reino de Dios, Él es el Brazo de YAVÉ, su Padre. Él es el
Príncipe de los príncipes del Cielo, el Primogénito de los hijos de Dios.
Artículo
Seis: El Señor de los ejércitos
YAVÉ es el
Señor de los ejércitos de su Reino. A la cabeza de todos los ejércitos de la
Plenitud de las Naciones del Universo EL ha puesto a su Primogénito, nuestro
Rey, su Hijo Amado. Todos los ejércitos de su Reino obedecen única y
exclusivamente a su Rey sempiterno, y sólo a la Orden de su Voz se mueven.
Ningún poder ejecutivo exterior a su Corona tiene el Poder de la Guerra y la
Paz. Todas las Naciones del Reino de Dios ponen sus ejércitos a los pies del
Rey, cuyo Consejo tiene el Poder de la Guerra y la Paz. Este Consejo tiene en
el Padre, YAVÉ Dios, su Cabeza Todopoderosa y Omnisciente. Todos los ejércitos
de la Plenitud de las Naciones se gobiernan por esta Ley de Obediencia al
Consejo del Rey de los Cielos. Ningún Gobierno tiene el Poder sobre los ejércitos
de la Nación a la que pertenecen. Al Rey, efectivamente, y sólo al Rey le ha
dado su Padre, Dios, este Poder. Su Hijo, nuestro Rey, es su Brazo, el Brazo
derecho de YAVÉ, Señor de los ejércitos.
Artículo
Siete: El Sumo Pontífice
El Rey es el
Único Sumo Pontífice de la Plenitud de las Naciones. La Plenitud de las
Naciones de la Creación tienen sólo una Religión, un Único Dios y un Único Sumo
Pontífice, alrededor del cual todos los Pueblos del Universo se unen para
adorar al Único Dios Verdadero, YAVÉ Dios, el Padre, Creador de todas las
cosas, del Cielo como de la Tierra, cuyo Espíritu Santo lo anima todo y lo
mantiene todo en crecimiento sano y alegre. El, el Sumo Pontífice, es el Único
Viviente que se mantiene de pie delante del Dios de la Eternidad y el Infinito;
Su Nombre es Jesucristo.
Artículo
Ocho: La Iglesia
El Sumo
Pontífice, Jesucristo, el Hijo Unigénito, es la Única Cabeza, Suprema y Divina,
y por Divina: Visible, de todos los Obispos y de todos los sacerdotes y
pastores de la Plenitud de las Naciones. Sólo a Él le deben Obediencia
Sempiterna todos los Obispos y los sacerdotes y pastores que con Él y en Él
forman un sólo y único Cuerpo, sagrado y sempiterno, la Iglesia. Esta Iglesia,
su Cuerpo, tiene por Casa todo el Reino de Dios y en sus carnes en medio de la
Plenitud de las Naciones mantiene viva la Doctrina de la Eternidad y el
Infinito: YAVÉ es Dios y Padre.
Artículo
Nueve: Dios es Juez
Creador y
Fundador del Reino de los Cielos, cuya Corona le pertenece a EL y EL la
comparte en vida con su Hijo, pues siendo Dios no puede morir, heredando su
Hijo en vida la Corona que por Derecho de Primogenitura le pertenece; siendo su
Creador y Fundador, YAVÉ Dios reservó para el Rey la Presidencia del Tribunal
Supremo de Justicia, cuya Jurisdicción comprende la Plenitud de las Naciones de
su Reino, poniendo así Dios en las manos del Rey el Poder sin límites para
Juzgar de quien preside la Corte Suprema de Justicia de su Reino. Al heredar el
Hijo en vida la Corona que debía heredar tras la muerte del Padre, siendo el
Padre Dios abrió su testamento en vida para que en vida, siendo el Hijo de su
misma Naturaleza Divina, disfrute de lo que de otro modo jamás podría. Lo
glorificó al Nacer, aboliendo toda corona y elevando la Suya hasta el Trono de
Dios, su Padre; y volvió a glorificarlo al Morir, sentándolo en el Trono del
Presidente de la Corte de Justicia de su Reino, con poder sin límites para
dictar sentencia, a la medida del propio Dios, Absolución Universal
comprendida.
Artículo
Diez: La Ley de la Igualdad
Todos los
Ciudadanos del Reino de los Cielos, en tanto en cuanto hijos de Dios,
independientemente de la Nación de Origen, todos disfrutan de la misma Igualdad
ante la Ley. Todos los Ciudadanos del Reino de Dios, sin excepción, desde el
Rey que se sienta a la Derecha del Padre hasta el más pequeño de sus hijos,
todos los Ciudadanos de la Plenitud de las Naciones son responsables de sus
actos ante la Justicia, todos están sometidos a la Ley Universal de Igualdad en
la Responsabilidad.
Artículo
Once: La Ley de la Libertad
Dios es el
Señor y a EL le pertenece el suelo donde moran la Plenitud de las Naciones.
Heredero de su Padre, partícipe de todos Sus bienes, el Rey es el Señor del
suelo donde pisan todas las Naciones. Las fronteras de su Reino se extienden
alrededor de la Plenitud de las Naciones. Los Ciudadanos de la Plenitud de las
Naciones de su Reino son libres y disfrutan de la Libertad de Movimiento de
quienes tienen a Dios por Padre y por Hermano al Rey del Cielo.
Artículo
Doce: La Ley de la Fraternidad
Todos los
bienes y riquezas de la Plenitud de las Naciones, del suelo como de las
personas, le pertenecen a Dios. Todos los Ciudadanos de su Reino,
independientemente de su Nación, poseen por nacimiento el Derecho de uso y
disfrute de todos los bienes y riquezas del Universo. Dios es el que multiplica
los bienes y riquezas de su Reino, sea a través de la Naturaleza, sea a través
de sus hijos, mirando a la felicidad de la Plenitud de las Naciones.
Artículo
Trece: La Ley de la Inteligencia
Dios crea a
sus hijos inteligentes a su imagen y semejanza para el enriquecimiento de la
Plenitud de las Naciones en toda clase de ciencias y tecnologías. Siendo EL el Origen de todo Conocimiento todos los beneficios vienen
de su Omnisciencia y están sujetos a la Ley de la Fraternidad sempiterna. Pues
Dios actúa en todos para el enriquecimiento y crecimiento de todos en el
Conocimiento de todas las cosas.
I
La semilla
que el Hijo de Dios vino a plantar en el ser humano ha dado su fruto. ¿Qué
somos? lo sabemos. ¿Qué fuimos? también. ¿Qué seremos? lo que nunca dejamos de
ser, hijos de Dios.
Muchas fases
ha dejado atrás la Vida, a través de muchos saltos dimensionales la evolución
de la Vida en la Tierra ha realizado su viaje en el Tiempo; su meta estaba al
otro lado del último salto evolutivo a cuyo borde se colocó el Género Humano un
día, hace unos seis mil años atrás. Entrábamos en la última recta, nos habíamos
puesto de rodillas para coger el impulso que había de conducirnos a la última
dimensión: la naturaleza de los hijos de Dios, cuando un pie maligno nos puso
la zancadilla y un puño asesino aprovechó la ocasión para molernos a golpes.
La Serpiente
que en su odio al espíritu de Dios lanzó contra el Hombre la lanza de la
traición, aunque nos dejó en el suelo como muertos no pudo arrebatarnos la
venganza. Moribundos, pero no muertos. Este fue el gran error de la Bestia. Nos
dejó sin conocimiento, sin fuerzas, aturdidos por los palos, sin
conciencia...pero aún vivos. Para su eterna desgracia y nuestra maravillosa
suerte sobre nuestro cuerpo caído juró un Dios por su Cabeza que así se vería
nuestro enemigo, con una diferencia, EL no dejaría moribundo a aquel sobre el
que caería como una maza su puño. El Guerrero que bulle en el Gran Espíritu
Divino al Cielo levantó su Voz y desde su cólera profética juró por su gloria
bendita bailar sobre los cadáveres de sus enemigos. “Ciertamente yo alzo mi al
cielo mi mano y juro por mi eterna vida: Cuando yo afile el rayo de mi espada y
tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos y
daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de sangre mis saetas y mi
espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos y de los cautivos, de
las cabezas de los jefes enemigos. Regocijaos gentes, por su pueblo, porque ha
sido vengada la sangre de sus siervos, y hará la expiación de la tierra y de su
pueblo”, palabra de Dios.
¡Guerreros!
hoy es día de fiesta, la hoguera arde, sus chispas saltan alegres al son de los
tambores de la victoria. Venid y sumaos a la danza de los valientes, venid a
celebrar la Victoria saltando alrededor de las llamas, cantando “¿dónde está el
fantasma de Gog y dónde los colmillos de Magog el fuerte?”. Saltad alegres,
regocijaos a pleno pulmón, batid brazos al viento de las alegrías perpetuas.
Recordad lo que fuisteis, rebaños masacrados por el príncipe de las tinieblas,
pasto de sus ejércitos, quien devoraba la más rolliza quien la más tierna.
Treinta monedas de plata por el pastor, ni tres céntimos por oveja. El César de
turno haciendo de su estrella espada afiló la hoja contra las cabezas de
nuestros padres. Huérfanos, no teníamos a nadie que nos defendiese. Éramos como
niños abandonados en la selva en tiempo de hambruna, pasto para bestias. ¿El
horizonte...? ¿Qué futuro había después del César? Entre las constelaciones del
universo la luz de la Tierra se apagaba en la oscuridad bajo un velo de
lágrimas nebulares: Ay mi corazón que se me parte -se lamentaban las Pléyades,
mi núcleo que se me muere de frío -lloraba Orión. Guerreros, no éramos nada,
éramos todavía menos. Éramos lo que no había, un calvario de pueblos
crucificados a los dioses del siglo. No crucificaron a Cristo. Nos crucificaron
a todos nosotros. Que nos matasen los judíos o los romanos ¡qué importancia
tiene! Guerreros, hermanos en el Gran Espíritu que un día para la eternidad se
cernió sobre las Aguas de nuestro Universo, hoy es día de victoria, hoy es día
de fiesta. Aquella criatura que Dios creara desnuda, sin conocimiento de la
Guerra, está al presente vestida de guerra hasta los dientes. Oíd su Voz, la
Voz del Jefe de los ejércitos, el Verbo del Dios del Infinito y la Eternidad.
Su Voz es como un torrente manso que alivia las tierras de una sequía de
setenta años, como el canto de la leche de la vaca después de los siete años de
escasez y plaga, como el beso del Sol a una Tierra desesperada por la muerte de
sus hijos, como el coro de los pajarillos en el naranjo de mi jardín.
Guerreros, hijos de la Tierra, imagen y semejanza de vuestro Creador, firmad
conmigo esta promesa para la eternidad: A Dios todopoderoso nuestro Creador
levantamos nuestra voz y por nuestra vida juramos delante de las estrellas y
sus hijos que, como Ayer, Hoy estamos a sus pies para labrar su Paraíso y por
la eternidad atrapar al vuelo la espora de la Cizaña maldita, antes que llegue
al suelo, antes que encuentre seno en la tierra, antes que eche raíces,
mientras planea buscando pensamiento donde poner sus infernales huevos. Este es
el Juramento de Cristo y de toda su Casa. Sellémoslo bailando al son de los yambés de la Paz.
Esta es la
historia del drama de la Humanidad. A esta historia se reduce el drama del
Género Humano. Una palabra lo define mejor que ninguna: Ignorancia.
Ignorancia
es la palabra que define la Historia de la Humanidad desde Adán hasta
Jesucristo, y desde Jesucristo a nuestros días. Y sin embargo porque hubo
Ignorancia hubo Redención, y porque hay Ignorancia hay Esperanza. A la
Ignorancia debemos remitirle nuestros terribles errores, nuestras horribles
guerras civiles, nuestros crímenes sin número y nuestro comportamiento a imagen
y semejanza de la Bestia que soñó poner de rodillas a Dios.
Sólo fuimos
un peón en la partida de ajedrez de otros, el escenario para una guerra que
pilló a todo el mundo por sorpresa y a nuestro mundo por carne de cañón. ¿La
estrategia del Diablo? Sus fines, principios y sus medios eran simples y claros
como el agua. Supuesto el caso que al comprometerse a crear al Hombre a su
imagen y semejanza Dios se hubiera metido en un agujero negro del que sólo
podría salir abandonándonos a nuestra suerte, y abandonándonos Dios declararía
su imposibilidad para cumplir su Palabra, desde esta renuncia, por aquel
supuesto abandono y con toda la razón del mundo el Verbo no podría imponer su
status de “Palabra de Dios”.
Si Dios
dijera y no hiciera los fundamentos de este status divino de su Verbo perdería
toda consistencia y no habiendo podido demostrar su Omnipotencia la Palabra de
Dios tendría que aceptar el status de relatividad que pretendía darle el
Diablo. Una vez esto asumido, que Dios es Dios pero que a veces también se le
tuercen las cosas y no siempre su Voluntad se cumple, el paso siguiente, efecto
inmediato de la inconsecuencia antes destacada, sería la abolición de la
relación entre el Espíritu Santo y Dios, paso por el que la Creación, estando
sujeto su Creador al error, no podría ser juzgada en base al error innato que
por esta falla teológica heredarían las criaturas. El Cielo -concluyendo- no
podría darle la espalda a la vocación eterna del Diablo: la transformación del
Universo en un Olimpo de dioses todos más allá del Bien y del Mal.
El argumento
del Diablo, sistema de pensamiento maligno que lo condujo a intervenir en el
Edén, primero, y en Jerusalén, después, no se sostuvo delante del Tribunal de
los hijos de Dios porque carecía de peso. ¡Dios es Infalible! En verdad todas
las criaturas del Universo, del Cielo como de la Tierra, estamos sujetas a
error y de aquí que necesitemos un código de conducta que nos señalice el
peligro y nos aleje de la equivocación. Deducir de esta afirmación de
falibilidad de todas las criaturas la falibilidad del Creador es una hipótesis
maligna condenada a la basura, primero por no basarse en los hechos, ya que la
Caída no demuestra la Falibilidad Divina sino la locura del que se atrevió a
poner en práctica su teoría infernal. Y segundo porque para sostener este
argumento sobre una base firme que pueda ser aceptada delante de un tribunal se
debe primero, ante todo y sobre todo, demostrar la Igualdad entre las dos
partes sujetas a deducción.
Cualquier
inteligencia mínimamente formada en los principios del pensamiento lógico sabe
que lo creado no puede ser jamás igual a su creador. Pretender sin esta
Igualdad ontológica sostener el argumento anterior es pasar por alto los
principios básicos de la inteligencia universal, y aboliendo sus fundamentos
ejecutar una acción vírica de sustitución de sus leyes internas, esas leyes por
las que se rige la constitución del mismo cuerpo cósmico. Ninguna criatura
inteligente, hijo, hermano, amigo, o siervo de Dios puede aceptar la
Falibilidad del Creador partiendo de la falibilidad de la criatura, ni la
Infalibilidad de la criatura tomando como punto de referencia la Infalibilidad
del Creador.
Su propia
infalibilidad, contra la Falibilidad de Dios, era el punto adonde quería llevar
el Diablo su argumento. Así que si locura es creerse Infalible tomando como
referencia la participación en el espíritu del que sí lo es, locura que a la
Ignorancia debemos remitir, la ejecución maligna de un programa de implantación
infernal de la Infalibilidad personal sobre la Falibilidad Divina, acción que
el Diablo llevara adelante en el Edén primero y en Jerusalén después, ¿qué
sentencia se merece de nuestra parte?
Esto sería
Teología -supongo. Pero yo no soy teólogo. Así que difícilmente puedo hacer
teología. La respuesta está en el hombre que un día, en la cima de un monte
esperó al Bestia que asesinara a su hermano pequeño, Adán, y mirándole a los
ojos, le dijo: “Apártate, pero no te vayas muy lejos que tengo que aplastarte
el cráneo”.
Por esto
digo que Hoy es día de fiesta, día de aleluyas. Desde la distancia de los
milenios, como quien aparta una montaña del camino de una generación que viene,
el Hijo de Dios nos contempló en las entrañas de la Historia y nos llamó a la
Vida. Dos mil años después estamos aquí, nuestras piernas sobre las dos orillas
del océano, abriendo una Nueva Era, caminando una Nueva Fase del Camino,
haciendo el camino golpe a golpe, como los buenos, como los de siempre, cada
día un poco más cerca del Monte de la Sabiduría.
Viendo a la
muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron los
discípulos, y abriendo El su boca, les enseñaba, diciendo:
“Bienaventurados
los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”.
Nosotros,
criaturas de barro, que un día chapoteamos en las entrañas de las aguas del
océano, al otro hicimos el camino a los árboles, al siguiente nos pusimos de
pie imponiendo nuestra ley en la selva, y al otro nos vimos desheredados de
nuestro mundo, extranjeros en nuestra tierra, perseguidos como alienígenas en
nuestro propio planeta, expulsados de nuestro paraíso como quien es desterrado
de un universo ajeno, desde entonces a la búsqueda del camino de regreso,
nómadas del espíritu, nosotros que perdidos en las tinieblas no encontrábamos
el camino vimos brillar en lo alto de un Monte la Luz y corrimos como locos al
encuentro de nuestro Rey. No venía a nosotros con espada y escudo, lanza y
hacha dispuesto a cortar cabezas y miembros; la cabeza para los perros, los
miembros para las ratas. Si así hubiera venido no lo hubieran crucificado. Lo
despreciaron por lo que Le amamos, lo odiaron por lo que Le adoramos, por venir
desnudo, sin armaduras ni ejércitos, como aquel Adán cuya desnudez le costó la
corona y a nosotros la ruina. ¿Qué haréis conmigo? “¿Qué haremos con nuestra
hermana cuando un día se trate de ella?”.
¿Y sin
embargo qué es la pobreza de espíritu? ¿Ser pobre de espíritu es ser
analfabeto? ¿Ser pobre de espíritu es no tener conocimiento de ninguna clase?
Cuando nuestro Maestro le dio por herencia su reino a los pobres de espíritu
¿de quiénes estaba hablando? ¿De Einstein? ¿De Newton? ¿De Darwin? ¿De Marx?
¿Qué será la pobreza de espíritu?
¿Será la
infalibilidad y el todopoder de quien tiene a sus
pies el Cuerpo de Cristo y no puede errar ni ser juzgado? ¡Qué modelo de
pobreza de espíritu para todos los siervos de Cristo! ¿O será la pobreza de
espíritu la del Sócrates que sólo sabía que no sabía nada pero siempre estaba
abierto a conocer cada día más? ¿Será la pobreza de espíritu esa cualidad
natural de la Creación por la que las criaturas se mantienen, como los
Discípulos alrededor de Jesús, alrededor de la Omnisciencia de su Creador para
continuamente crecer en inteligencia y entendimiento? ¿Será una declaración
formal por la que la creación y sus criaturas nos reconocemos eternamente
Discípulos de Dios, a la luz de cuya Infinita Sabiduría crece por la eternidad
el árbol de nuestra Inteligencia? Siempre aprendiendo, siempre creciendo en
toda clase de ciencias, siempre deudores de la Luz que alimenta con sus rayos
las ramas del árbol de nuestro Conocimiento.
Si somos
inteligentes será porque Él nos ha hecho, si somos sabios será porque Él le ha
sumado conocimiento al conocimiento. Seamos lo que seamos somos lo que nuestro
Creador ha querido que seamos. Y eso somos. Ni más ni menos. ¿Será “la pobreza
de espíritu” esa cualidad que nos permite sentarnos alrededor del fuego para
mediante el diálogo entre todos enriquecernos a todos? Hermano, amigo, ¿lo has
entendido? Si no, ven, siéntate a mi lado y escucha palabras de Sabiduría.
Porque la
Sabiduría Divina es la fuente de la Inteligencia de todas las Naciones, el
Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Catorce: La Ley de la Paz
Los hijos de
Dios tenemos el Deber de hacer que la Plenitud de las Naciones tenga acceso
gratuito y libre a la Biblioteca del Conocimiento Universal para la
satisfacción y felicidad de sus Pueblos en todo lo que concierne a las
necesidades de estructuras e infraestructuras relativas a las Tecnologías y
Ciencias de la Paz y la Salud. La Plenitud de las Naciones, bien a través de
los Hijos de Dios y sus Fundaciones desde proyectos privados o internacionales,
bien a través de su Consejo, tienen el deber de poner todos los medios
financieros y económicos necesarios para que esta Norma de Sabiduría se cumpla,
y las naciones más alejadas del Modelo Social de Civilización se acerquen al
centro universal sin sufrir el largo y estrecho camino recorrido por las naciones
que componen su núcleo. Ningún Mundo ni ningún Sistema de Civilización pueden
subsistir en el tiempo y el espacio sujeto a una diferencia crónica invencible
entre sus Naciones. La desigualdad imbatible a través de la destrucción
constante de los modelos temporales conduce a los Mundos a su desaparición de
la faz del Universo mediante el progresivo desgaste de los recursos naturales y
el incremento cíclico de las armas de combate entre quienes imponen la
desigualdad como medio de subsistencia. ¿Si el que siembra vientos recoge
tormentas los que siembran tormentas qué recogerán? Ofrecer libre y
gratuitamente a todos los Pueblos los frutos de la Civilización es ofrecerles a
todas las Naciones el fruto del árbol de la vida: que es la Paz.
Artículo
Quince: La Ley de la Guerra
El fruto del
árbol prohibido es la Guerra. El Derecho Natural Divino establece que los
accesos y la participación en el crecimiento de las ciencias del árbol de las
Tecnologías de Defensa le estén prohibidos a todo agente externo al Cuerpo de
los Ejércitos de la Plenitud de las Naciones. El Derecho Natural Divino
establece que el fruto del árbol de las Tecnologías de Defensa esté bajo la
Administración del Consejo de los hijos de Dios, y en consecuencia establece
expresa prohibición de venta de producto e información bajo pena de delito
contra la Seguridad de la Humanidad. Nadie puede vender a un tercero a través
de un segundo tecnología e información sin ocasionar en la Comunidad
Internacional grietas bélicas y en las nacionales terremotos dictatoriales.
Para el cumplimiento de este Ley por la Paz y la Seguridad de la Humanidad los
hijos de Dios tienen el Deber de promover y edificar la formación de un Consejo
de Estados Mayores como responsable y garante del cumplimiento de esta Ley, y
la sujeción de este Consejo al Consejo de la Plenitud de las Naciones del Reino
de Dios en la Tierra. La Historia ha demostrado con ejemplos tremendos cómo las
tecnologías de Defensa en manos de grupos privados se convierten en el origen
de terremotos bélicos que arrasan el progreso de las naciones en vías de
desarrollo en nombre de los beneficios de ese grupo de producción, y cómo
semejantes grupos son los enemigos de la Paz Mundial a todos los niveles, pues
debiendo vivir a toda costa de la venta de sus Productos la obligación los
arrastra a crear nuevas guerras, sembrando el odio entre las naciones como
medio de hacer ventas. Aunque al Principio Dios no quiso introducirnos por el
método de la experiencia en el conocimiento de la Ciencia del bien y del mal,
una vez provocado el conflicto cósmico en el que el Género Humano está aún
atrapado, dispuso Dios en su Omnisciencia llevarnos al conocimiento de todas
las leyes en el menor tiempo posible aún a costa de la tragedia tan inmensa que
este espectáculo supone. Hecho, el Conocimiento de las leyes de esta Ciencia es
la plataforma desde la que articular la estructura del Futuro sobre la Roca de
nuestra experiencia. Sabiendo que el destino de todo mundo sujeto a las leyes
de la Ciencia del bien y del mal es su desaparición apocalíptica, en palabras
de Dios: su regreso al polvo cósmico, la experiencia se suma a la Ciencia para
poner sobre la mesa las bases de una Arquitectura Biopolítica acorde a cuyos
axiomas y espíritu: el bien de todos a través de la participación de todos en
todo, articular el Edificio de la Plenitud de las Naciones. En este terreno,
sin violencias pero sin concesiones, todos los hijos de Dios tenemos el Deber
de aportar cada uno su grano, sabiendo que la cantera de la que aportamos cada
uno nuestro grano tiene en nuestro Creador su origen. Por consiguiente: Las
Tecnologías de Defensa sirven a la Paz y el proceso de producción estará sujeto
a esta Norma de Paz y Seguridad.
Artículo
Dieciséis: La Ley de la Seguridad
El fruto del
árbol de la Vida es la Paz. Las Naciones no pueden tener acceso vallado a La
Paz en razón del interés privado de ciertos grupos financieros de carácter
internacional; ni los hijos de Dios podemos aceptar la sujeción del disfrute de
la Libertad a los objetivos de esos grupos de presión, extranjeros o locales,
cuyas metas y fines tienen en la desestabilización de los Gobiernos la puerta
por la que entrar a saco y asaltar las riquezas de las naciones. El Consejo de
la Plenitud de las Naciones no puede garantizar la Paz y la Libertad
Internacional sin el Poder para enfrentarse a esos grupos, someterlos a las
leyes y declararlos fuera de la Ley en caso de persistir en sus actuaciones
contra la Seguridad. Mirando a este horizonte el Derecho Natural Divino
establece que el Consejo de los hijos de Dios esté facultado de todo el Poder
para decretar la expropiación de los bienes de cualquier asociación financiera
internacional que tenga en la desestabilización de los Gobiernos Nacionales su
medio de lucro. El Derecho Natural Divino establece que el Consejo de los hijos
de Dios tiene el Poder para decretar la desintegración de las asociaciones
financieras internacionales que operan bajo una ley de la legalidad imperial,
sin curso legal en este Nueva Era, y llevar ante la Corte de Justicia
Internacional a sus jefes y colaboradores locales, cabeza y cola. La
intervención en la Economía de una nación por un grupo de intereses, físico o
jurídico, externo al cuerpo legislativo de la nación afectada supone su invasión
por un Estado sin Patria, cuya actividad, aunque enmascarada en la legitimidad
de operaciones financieras, tiene por fin una actividad terrorista
internacional, cual es la desestabilización del gobierno de un pueblo en razón
de los intereses del grupo financiero invasor. Así pues, cualquier intervención
de un grupo de intereses financieros contra la legalidad de un Gobierno de
Derecho es un atentado contra la Seguridad, del que se hace responsable la
nación y Estado que respalda los intereses de ese grupo poniendo a su
disposición sus recursos nacionales, bien militares bien logísticos, sufriendo
las consecuencias como se ha visto en los últimos tiempos. De donde se entiende
que todo grupo financiero que desde la Libertad Internacional actúe en la economía
de una Nación para desestabilizar su Gobierno pierde todos sus derechos
internacionales desde el momento que usa la Libertad como medio de
empobrecimiento del Pueblo, y el empobrecimiento como medio de
desestabilización de la Paz. La Historia de las Naciones ha demostrado ya con
amplios ejemplos cómo el terrorismo de tales grupos financieros sobre un
Gobierno legítimamente establecido conduce a los Pueblos a las profundidades de
infiernos hacia los que para nada labraron sus víctimas semejante destino. El
Futuro de la Humanidad y de un Reino que mire a un Horizonte que no se acaba:
únicamente puede permitirse la alegría y la felicidad de avanzar bajo un cielo
sin nubes desde el Poder de un Consejo Mundial para la defensa de la
legitimidad de los Gobiernos de los Pueblos.
II
Contra el
orgullo, Humildad. Entre las raíces del mal el orgullo figura en primer lugar
junto a la envidia, y tal vez como causa de la envidia en las páginas de la
Biblia. ¿Quién no ha sido orgulloso alguna vez y se ha encerrado en su postura
no admitiéndole "ni a dios" cosa alguna? Pero esta postura de
encabezonamiento no sería el orgullo propiamente dicho. El orgullo sería más
bien aquella postura del Diablo por la que se negó a aceptar que el Hombre,
"aquel mono desnudo", fuera a heredar de su Creador sabiduría sin
límites para gobernar todas las almas. ¿No se merecía ese poder y gloria él, un
hijo de Dios, sangre de dioses, casta divina? Y la envidia lo condujo al
crimen. El ciclo evolutivo del orgullo no podía ser más abominable a los ojos
de un Padre cuyo hijo había sido asesinado por el fruto de ese árbol. La
Historia de la Humanidad está cargada de los crímenes innumerables cometidos
por los hijos de las castas elegidas, las sangres azules, las razas superiores,
perfectas, nacidas para recibir el poder de las alturas, etcétera. Sea el
sistema de castas occidental, con sus jerarquías aristocráticas, o el oriental,
con su sistema de castas sagradas, el orgullo y no la verdad es la raíz de
tales estructuras antinaturales. La Humildad, por tanto, esa pobreza de
espíritu a la que se refiere el Cristo en su Doctrina, es la riqueza del
universo, el principio de su garantía de subsistencia ad eternum.
Siendo la Humildad administradora de todo en nombre del Creador de todos para
el enriquecimiento de todos, la Humildad ofrece su fruto, la vida, mucha vida,
vida en abundancia, sin envidia de nada ni de nadie, pues al Creador de todos
le debemos hasta el último pelo que tenemos, cuánto más el Conocimiento. No
siendo nada nuestro sino que todo lo administramos en bien de todos ¿cómo se
podrá envidiar lo que está fuera del alcance de todos? La doctrina contraria
presupone que lo que Dios da le pertenece a quien lo recibe y desde este
derecho de propiedad se puede hacer uso de lo que se tiene de acuerdo a la
voluntad propia. De manera que si Dios da en propiedad y no para su
administración ¿el que tiene menos por qué no va a envidiar al que en su
opinión tiene más? Lamentablemente por este camino aquél que un día fuera hijo
de Dios acabó envidiando al Hijo de Dios. Lamentable pero irremediablemente tal
es el fin natural de ese camino, lo extraño sería que andándolo se acabase en
otro lugar diferente al Infierno. En cuanto a nosotros hablando sobre la
naturaleza administradora de la Fe la doctrina apostólica abunda en textos, así
que no voy a cargar demasiado sobre el hecho de la naturaleza participativa del
espíritu del Verbo aunque, a tenor de los hechos históricos, ninguna carga
parezca demasiada pesada.
Bienaventurados
los mansos porque ellos poseerán la tierra
¿Qué es la
Mansedumbre según Jesucristo? ¿Será una cualidad semejante o parecida a ese
idiotismo por el que el rebaño -llamémoslo la masa- sigue hasta el mismo
precipicio a sus pastores -llamémoslos sus líderes? ¿Será la mansedumbre
jesucristiana la renuncia a la inteligencia que ilumina nuestro pensamiento y
nos hace libre a imagen y semejanza de nuestro Creador? ¿Qué será? En el caso
positivo (caso rebaño-masa, pastores-líderes) Jesucristo no fue precisamente un
modelo de Mansedumbre. A nadie se sometió en razón de la autoridad que viene de
la tradición ni aceptó ser la oveja de ningún líder en razón de los hábitos
sagrados. Desde esta plataforma contemplado el Maestro fue todo lo contrario de
una de esas ovejas que los líderes conducen a los verdes prados del paraíso de
la felicidad revolucionaria. ¡Gracias a Dios! La historia universal es generosa
en pruebas, demostraciones, argumentos y hechos; generosa hasta la saciedad
incluso. Sus lecciones no tienen flecos. Sus conclusiones tampoco. Todos los
líderes revolucionarios que la humanidad ha conocido, sin excepción, acabaron
conduciendo al infierno a los rebaños que pusieron en sus manos sus almas. Y es
que si es malo vender a Cristo, que está en nosotros, no menos bueno es vender
el alma al Diablo. No seamos entonces revolucionarios por moda ni utópicos por
romanticismo. ¿Qué será pues la mansedumbre jesucristiana? ¿Cómo llegaremos a
sus entrañas, cómo nos internaremos en su núcleo para ver el pálpito del
corazón del Maestro bombeando vida eterna? ¿Le entramos por el método de los
contrarios aprovechando que estamos en los intestinos de la Ciencia del bien y
del mal? ¿Así pues, qué cualidad será la contraria de la mansedumbre
jesucristiana? ¿Mansos como los corderos que se alimentan de la tierra sin
negarles a los demás el uso y disfrute de lo que la tierra ofrece libre y
generosamente? ¿Habremos dado con el núcleo sin necesidad de hacer el peligroso
y largo viaje al centro de la Tierra? ¿No será la mansedumbre jesucristiana
esta propiedad del espíritu por la que se le reconoce la Propiedad sobre todas
las cosas a su Creador y el Derecho del uso y disfrute de los bienes de la
Creación a todas sus Criaturas? ¿Qué ser inteligente de este mundo o de
cualquier otro se negaría a firmar esta definición de la mansedumbre divina?
“¡¡Todo para todos, todo de todos, y Todo de Dios!!”. ¿Por bonito será mentira?
¿Entonces la belleza y la verdad caminan por caminos diferentes en el universo?
¿Si así fuera o fuese cómo será que la admiración, el acto de maravillarse, estuvo
en el origen de la Ciencia una vez que la belleza y la Verdad no son las dos
caras de la misma moneda? ¿Acaso el título de Señor que la Creación le atribuye
a su Creador no representa una Mansedumbre Positiva frente a esa mansedumbre
negativa transformadora de la Libertad de los hijos de Dios en un sistema de
pensamiento encadenado a los intereses jerárquicos y de castas de quienes
tienen por gloria la doctrina de la Bestia? ¿Y qué fin y principio tendrá la
doctrina de la Bestia sino convertirnos a todos en animales y bestias, ecce homo político? Y sin embargo ¿cómo puede renunciar
Dios, Creador de todas las cosas, a su propiedad en beneficio de una parte de
sus criaturas y en perjuicio de la otra? Concluyendo: Es natural que esos
individuos para quienes el Derecho de Propiedad de Dios sobre toda su Creación
acaba donde empieza el de ellos estimen que la Mansedumbre Jesucristiana es la
esclavitud a sus doctrinas privadas, cuyas leyes tienen un fin: privar a las
demás criaturas del uso y disfrute de la parte que les pertenece. Apuntillando:
"Todo esto te ofreceré si de rodillas me adoras". En consecuencia el
Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Diecisiete: Ley del Pan
La Propiedad
de todas las cosas del Universo, de los Cielos como de la Tierra, le pertenece
a Dios, su Creador. Todas las Criaturas somos alimentadas por nuestro Creador a
través de su Creación. Cualquier límite de producción o destrucción de los
bienes de la tierra de cultivo en razón de intereses privados o comunitarios es
un delito contra la Humanidad. Ninguna razón justifica la muerte por hambre de
las naciones del Tercer Mundo en nombre de un Mercado que ordena la destrucción
de millones de toneladas por año de productos vitales para la vida y
crecimiento alegre y sano de las naciones. La capacidad de ese Mercado y de las
Comunidades para ordenar la destrucción y limitar la productividad de la tierra
para producir alimentos es un delito contra la Humanidad. Los hijos de Dios
tenemos el Deber de abolir esa capacidad delictiva del Mercado para asesinar
por hambre a muchedumbres enteras en nombre del Concepto criminal de
estabilidad de los precios. Ningún precio justifica el asesinato en masa de los
pueblos de la Humanidad. Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir este
sistema de Cuotas de producción y liberar la tierra de las cadenas que sobre
ella echaron los intereses de los líderes de todos los tiempos.
Artículo
Dieciocho: La Ley de la tierra
La Propiedad
Legal de la tierra es del Dios que la creó para alimentar con el fruto de la
tierra a todas sus criaturas. Este Derecho Divino establece para el Consejo de
la Plenitud de las Naciones de su Reino poder ilimitado para la Distribución
del fruto de la tierra entre los pueblos de su Reino en Hora de Necesidad. En
esta Hora todos los excedentes almacenados y todas las cosechas en su fruto
estarán a disposición del Consejo de los hijos de Dios para socorrer la
necesidad de los pueblos hermanos.
Artículo
Diecinueve: La Ley de la Propiedad
Todas las
criaturas somos hermanos en Dios, nuestro Creador. Nuestro Creador y Padre
dispuso que la capacidad de la tierra para alimentar a sus hijos sea ilimitada.
Pero las guerras entre los que se rebelaron, en su ignorancia, contra esta
Disposición Divina por la que todos los recursos son propiedad de todos los
hombres y están sujetos a su Distribución Internacional según la necesidad,
esas guerras, como la marea borra de la costa la escritura en la playa,
deshicieron lo que Dios hizo y le entregaron el derecho de propiedad de la
tierra a la criatura, desheredando al Creador de su Creación. Origen esta
locura de las hambres que han devorado a muchedumbres enteras delante de
nuestros ojos, habiendo asistido impotentes al espectáculo inhumano de la
destrucción de los alimentos excedentes, mediante el fuego y las cuotas, el
Derecho Natural Divino establece que el abandono de la tierra de cultivo por
sus propietarios temporales implique la reversión a este Derecho de Creación
del título de propiedad, que le será concedido libre y gratuitamente a quien le
dé a la tierra lo que la tierra quiere, y mediante esta satisfacción el hombre
sacie la Necesidad de los suyos y de todos los demás seres humanos.
Artículo
Veinte: La Ley de la Humanidad
La Propiedad
Legal de la tierra de cultivo, de la que depende la vida de sus hijos, le
pertenece a Dios de manera inalienable. Su propiedad temporal le es concedida a
quien la labra y está dispuesto en el Derecho Natural Divino que permanezca en
su familia mientras haya manos que la trabajen. Perteneciendo en usufructo a
quien la labra la tierra no puede ser vendida ni comprada, sino que al término
del trabajo, por ausencia de manos familiares, la tierra revertirá a su
Creador, entrando en ella quien continúe dándole a la tierra lo que la tierra
pide, las manos del hombre. De este trabajo, no de la tecnología y las ciencias
del ocio, depende la vida de la Humanidad. De aquí que cuando Dios creara al
Hombre y entre ellos fuera a elegir al que sería el más grande de entre ellos,
tomó para sí un hortelano, un campesino, un labrador. Heredero de su Padre,
perteneciéndole a su Padre todas las cosas, heredando la propiedad de la Tierra
la preservaba su Padre del saqueo y la esclavitud a que luego, contra su Voluntad,
la Tierra fue sometida, encontrándose la que fue creada con capacidad ilimitada
en la contradicción de ver a sus hijos morirse de hambre. Esta Propiedad
revierte, pues, a las manos de la Humanidad, cuya Cabeza fue Adán, y al
presente Jesucristo, el Legítimo Dueño y Señor de todas las cosas, del Cielo
como de la Tierra.
Artículo
Veintiuno: La Ley del Futuro
El Derecho
Natural Divino establece que las manos que expropiaron al Señor de su Creación
reduciendo a esclavitud a los hijos de la tierra no tienen ningún derecho sobre
la tierra. Son manos de delito. La historia universal es larga en ejemplos sin
nombres y generosa en lecciones sin títulos. El terratenientismo es un delito contra la Humanidad cuyo fruto ha demostrado ser la ignorancia, la
miseria y la guerra civil. La tierra pertenece a los que la habitan y de ella
viven manteniendo con el fruto de su trabajo a la Humanidad, empezando por sí
mismos y sus casas. Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir esta forma de
delincuencia, heredada del Pasado, por la que los hijos de la tierra eran
enajenados del medio que el Creador les diera para vivir y con el que
participar en la Sociedad mediante la producción de los frutos de la tierra,
sin los cuales no puede vivir la Humanidad. La abolición de esta forma criminal
de administración de la tierra será abolida por la Plenitud de las Naciones del
Reino. Como está abolida en el Cielo así en la Tierra.
III
Bienaventurados
los que lloran porque ellos serán consolados
La pregunta
es obvia y nunca será nimia. Desde que venimos al mundo el llanto es nuestra
primera palabra. Así que ¿hemos nacido para llorar? ¿Fuimos creados para
arrancarle al universo una lluvia de lágrimas? El argumento de la creación no
es más radical ni menos exigente porque no se le pueden pedir al olmo peras.
Pero la verdad está de la parte de quien la tiene, difícilmente hacen falta dos
cucharas para un plato vacío. Las lágrimas en el río no dejan huellas, ni los
pies del fugitivo en el fondo del mar. ¿Qué pañuelo hará falta para secarle las
lágrimas a un universo entero? ¿Quién ignora que en la ignorancia está la
felicidad? Mientras menos sabe el hombre sobre lo que pasa en su mundo más es
como las bestias y menos como un hijo de Dios. Tal vez por esto había que
transformar el medio de comunicación por excelencia, la televisión, en la
famosa caja tonta. Contra las lágrimas ríase con la desgracia ajena. Mal
consuelo contra el SIDA inventaron sus creadores. Había otro medio para
combatir lo que ellos crearon, pero era mejor exorcizarlos, convertirlos en
herejes, sujetos de anatema, los caídos bajo el cuarto caballo del apocalipsis,
la peste de las pestes. No miremos sin embargo atrás para criticar lo que se
hizo. El mundo del siglo XX, como aquella ciudad sujeta a olvido, perece, y
correr el riesgo de convertirse en estatua de sal no merece la pena, menos aún
Hoy que por fin se ha consumado “la expectación de la creación entera” y en el
horizonte se ha abierta la puerta del mundo al que caminábamos. ¡¡La entrada es
ya un hecho invencible!! Lo cierto, de todas maneras, es que si el destino de
la Humanidad que un día un hombre con su Caída escribiera en las páginas de la
historia universal era conocer la Ciencia del bien y del mal, ese destino ya se
ha cumplido. Quien no se ha enterado de las leyes de esa Ciencia y sigue
ignorando sus principios y sus fines, como el dinosaurio condenado a perecer
por su incapacidad para seguir evolucionando, se condena a quedarse atrás
mientras los hijos de Dios hacemos nuestro camino lejos de este infierno
maldito. Esas leyes contra el Derecho Natural Divino son las que establecieron
el mundo tal como lo hemos conocido. Que el mundo de los hijos de nuestros
hijos esté establecido sobre el Derecho Natural Divino depende sólo de
nosotros. Por ellos establecemos en el Presente:
Artículo
Veintidós: La Ley de la Salud
Declarar
delito contra la Humanidad la guardia y protección de todas las puertas que
prohíben el acceso de todos los pueblos del Reino de Dios a las tecnologías de
la Salud, Física y Mental, de los seres humanos, cuya protección y guardia, en
nombre de no importa qué tipo de sistema y legalidad, es la condena a muerte de
muchedumbres de criaturas. Los hijos de Dios tenemos el Deber de dotar al
Consejo de la Plenitud de las Naciones de un Comité de Urgencia facultado de
todo Poder sobre las empresas públicas y privadas de las Naciones del Reino de
Dios dedicadas a la producción médica, en todas sus formas, en orden a la
Distribución, libre y gratuita, de sus productos entre las naciones pobres
según la Necesidad. Las medicinas son el arma con el que una criatura lucha por
su vida contra la Muerte. Si se le priva de ellas se le arroja al circo de los
leones a que se ceben las fieras. Pero el Creador ha dispuesto todos los
recursos de su Creación en las manos de sus hijos para la Victoria de sus
criaturas.
Artículo
Veintitrés: La Ley de la Sabiduría
Los hijos de
Dios tenemos el Deber de financiar y articular todos los esfuerzos de los
sabios de la Plenitud de las Naciones, liberando la Ciencia de las ciencias, la
de la Salud, de todos los intereses privados, estatales e individuales, creando
una Comunidad Científica congregada y consagrada en vida a la Victoria de la
Humanidad contra todas las enfermedades, hereditarias y seculares, que
parasitan en el ser humano desde los días de la Caída de Adán. Los frutos de
esta Comunidad serán Patrimonio de la Humanidad y puestos en las manos de las
Naciones, gratuita y libremente, para la alegría de todos los seres humanos.
IV
Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos
¿Qué es la
Justicia? ¡Justicia! aquí tenemos una buena palabra. Posiblemente no sea la
primera palabra que el hombre aprendió a pronunciar cuando su lenguaje dio el
salto evolutivo del gutureo animal a la vocalización
netamente humana. Antes de la Ciencia fue la Religión. Nada nuevo bajo el sol.
Dios fue la primera palabra pero no la última. En esta bendición Jesucristo
compara la Justicia a un alimento, a la lluvia que nutre árboles y plantas. ¿Se
come la Justicia? ¿La Justicia engorda? ¿Se bebe? ¿De qué Justicia semejante a
la luz para las plantas, al aire para los pájaros y al pan para el hombre está
hablando nuestro Maestro? ¿La Justicia sacia? ¿Pero la Justicia no es esa
Madame con la venda en los ojos y el platillo en la mano sopesando por el color
del dinero sobre quién descargará el rayo de su ira? ¿Qué será lo que sacia la
Justicia? ¿Puede un hombre quedarse esquelético y hasta morirse de hambre y sed
de justicia? De nuevo, ¿qué es la Justicia? Hubo una vez un emperador que
sorprendió a uno de los jueces de su Corte vendiendo sus sentencias y en
castigo le hizo arrancar la piel a tiras, luego cubrió con ella el sillón que
profanó e hizo que ocupara su lugar el hijo de semejante bandido de la peor
especie. ¿Hizo ese rey un acto de justicia? Al ladrón le cortaba la mano, al
asesino le cortaba la cabeza, pero a aquél siervo de su corona le aplicó un
castigo infinitamente más duro, ¿por qué sería? ¿Por qué quien mataba sin
mancharse las manos y permanecía como inmaculado a los ojos de todos se mereció
un castigo infinitamente más grande que el que fue encontrado con las manos
llenas de sangre? ¿Es ante la Justicia Divina infinitamente más culpable la
cabeza que planea el asesinato que la mano que aprieta el gatillo? ¿Es ante la
Sabiduría Divina infinitamente más infernal quien se esconde detrás de ritos
sagrados para cometer sus crímenes y lava sus monstruosidades en la Túnica de
Cristo que quien es sorprendido en su delito a la luz del día y no mancha la
gloria de Dios con la sangre que derramó? San Pablo dijo una vez que sus
verdades se verían el día que Dios juzgase a cada cual por sus delitos. Lo
mismo digo, el día del Juicio se verá quien es siervo y quien hereje,
Savonarola o Alejandro VI. Pero como el juicio de la Casa de Dios empieza por
los de Casa no nos privemos de defender la verdad contra la mentira.
Hay pues dos
tipos de Justicia. La primera es animal y forma parte del esqueleto de la
Ciencia del bien y del mal. Este tipo de justicia se compra y se vende. Y hay
una Justicia Divina, cuyo cuerpo articula la columna maestra sobre la que Dios
levantó todo el edificio de su Reino. Esta Justicia Divina establece:
Artículo
Veinticuatro: La Ley de la Verdad
Todos los
hijos de Dios, sin excepción, somos responsables de nuestros actos delictivos
contra nuestros semejantes ante la Justicia. Los hijos de Dios tenemos el Deber
de liberar la Justicia de cualquier tipo de sumisión al Poder Político y
Religioso a fin de que se cumpla, desde la Libertad, los principios de la
Verdad, entre los que la Igualdad de todas las criaturas a los ojos de la
Justicia Divina de nuestro Creador es la Roca sobre la que levanta sus ojos a
la eternidad su Reino. Y tenemos el Deber de dotar a la Justicia de todo el
Poder Jurisdiccional para hacer que esta Ley se cumpla para todos los
Ciudadanos sin excepción. Cualquier desviación de este Principio Eterno y
cualquier excepción a esta Regla Divina es una puerta que conduce al terrorismo
de la Ciencia del bien y del mal, de cuyos fuegos y horrores estamos saciados
hasta el vómito y ebrios hasta la ira.
Artículo
Veinticinco: La Batalla Final
En su
Omnisciencia para articular su Civilización mirando a la vida eterna ha
establecido Dios que su Reino tenga por columna maestra de su Edificio un
Cuerpo Judicial con Poder Legislativo ilimitado para combatir el crimen, la
delincuencia, el terrorismo... el Mal en todas sus formas. Habiendo elevado a
la Cabeza de este Cuerpo a su Hijo, nuestro Rey sempiterno, los hijos de Dios
tenemos el Deber de articular el Cuerpo de la Justicia de nuestra Civilización
a imagen y semejanza del modelo divino, cuyo Principio es la Verdad y cuyo Fin
es la Paz. Siendo el ejército de los jueces la vanguardia de choque en la
Batalla de la Humanidad contra el Crimen, en todas sus formas, al Cuerpo
Judicial le corresponde legislar todas las medidas sin las cuales la Batalla está
perdida y mediante la aplicación de las cuales la Victoria es nuestra. Es
nuestro Deber abolir esa facultad del Cuerpo Político para alienar a la
Justicia del Poder Legislativo Anticriminal sin el que la batalla contra el
Crimen Organizado, Nacional e Internacional, crece y extiende sus tentáculos
hasta el núcleo duro de los gobiernos democráticos.
Artículo
Veintiséis: El Modelo Divino
En su lucha
por conducirnos de las tinieblas a la luz de la Verdad ha querido Dios que
nuestra Civilización contenga en su cuerpo la semilla de los valores que la
Suya contiene en árboles maduros de cuyo fruto, la Paz, se alimentan la
Plenitud de las Naciones de su Reino. Es nuestro Deber articular nuestra
Civilización a la imagen y semejanza de la Divina. Por esto los hijos de Dios
de la Plenitud de las Naciones tenemos el Deber de firmar la Carta de Adhesión
al Tribunal Penal Internacional y dotar a su Cuerpo de Plenos Poderes
Ejecutivos para hacer que sus órdenes de detención contra los hallados
culpables de delitos contra la Humanidad sean entregados sin ninguna
disposición contraria por parte de los Gobiernos a quienes se dirija la orden
de captura y entrega. Cualquier negación por parte de un Gobierno a someterse a
la Justicia Internacional sea considerada rebelión contra la Humanidad, y, en
consecuencia, quede sujeto ese Gobierno a la investigación por colaboración y
complicidad en los delitos contra la Humanidad perpetrados por el sujeto contra
el que el Tribunal firmara orden de Detención y Entrega.
Artículo
Veintisiete: Defensa y Libertad
En la lucha
común Creador-Criatura, Dios-Hombre, contra los sistemas y males heredados del
Pasado y naturales a la Ciencia del bien y del mal, y mirando a cerrarles el
paso al Futuro a tales sistemas y organizaciones criminales que bajo la bandera
de ideologías y religiones se elevan al poder para desde el Poder arrasar a los
pueblos, propios y vecinos, los hijos de Dios de la Plenitud de las Naciones
tenemos el Deber de fundar una Corte de Apelación Universal ante cuya Mesa los
pueblos, víctimas de tales monstruos, puedan pedir Defensa y Libertad. La Corte
de Apelación Universal defenderá la Causa ante el Tribunal Penal Internacional
y ante el Consejo de la Plenitud de las Naciones, movilizando a ambos para la
Libertad y la Defensa de los pueblos atrapados bajo las ruedas de la Tiranía.
El Tribunal decretará orden Internacional de detención y el Consejo moverá las
fuerzas de Captura necesarias. Todos los Gobiernos de la Plenitud de las
Naciones trabajarán con la Corte para la Defensa de los Pueblos poniendo a su
disposición todos los medios necesarios para el desarrollo de la Victoria de
todos contra los tiranos y los dictadores cuyo alimento es la carne humana y
cuya bebida es la sangre humana. El Consejo entregará tales monstruos al
Tribunal para que sean juzgados por sus delitos contra la Humanidad.
V
Bienaventurados
los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia
La Verdad no
está reñida con la Justicia; al contrario, sin Verdad no hay Justicia. Por esto
a la hora de dar testimonio el testigo declara ante el tribunal decir: La
verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Llegar al conocimiento de la
verdad descubre ser tan importante para la Justicia como en su día lo fuera
para la Ciencia, punto de encuentro donde ambas se miran en el espejo de la
Realidad Universal y adquieren conciencia de ser ambas, Ciencia y Justicia, las
dos caras del mismo rostro, el espíritu del Hombre. Teniendo misericordia con
ella la Justicia sin la Verdad es una gran farsa; sin tenerla, es una gran
ramera, la peor de todas una vez visto cómo se acuesta con no importa qué
sistema. E igualmente la Ciencia sin la Verdad no es más que la magia del
todopoderoso mago Merlín puesta al servicio de los reyes e imperios, hablando
misericordiosamente; yendo a saco, la Ciencia sin la Verdad es madre de
monstruos infernales sin más bandera que el fascismo ideológico de la evolución
natural, en nombre de cuya sacra Biblia la Ciencia se acostó lo mismo con
Stalin que con Hitler. Como la ramera que por amor entiende sexo, tanto la
Ciencia como la Justicia sin la Verdad son enemigas de la Humanidad y tienden a
su destrucción.
Pero si
misericordia es callar la Verdad entonces el primero que no fue misericordioso
fue el propio Jesucristo. ¿Así que de qué Misericordia se está hablando? Dicho
de otra manera, misericordiosos ¿hasta qué punto? ¿Y con quién? Aún más ¿qué es
la misericordia? ¿Qué cualidad propia de la Ciencia del bien y del mal le
corresponde por contrario? ¿Cuándo se ejerce la misericordia? ¿O sobre quién se
extiende en toda su propiedad, sobre la criatura inocente que sin defensas se
muere a la vista de quien puede darle la vida? ¿Sobre el hombre cuyas espaldas
los palos lo están llevando al total martirio y se pide piedad, porque la
dureza del castigo sobrepasa el tamaño de su delito?
Pero si no
hemos descubierto qué sea la misericordia sí hemos visto la cualidad contraria
que impide su ejercicio: la crueldad, la dureza de corazón. ¿Misericordia del
que nada en la abundancia o de quien sólo pide las migajas que se le caen al
rico de la mesa y escapan de las bocas de sus perros? ¿Misericordia para el
rico Epulón o para el pobre Lázaro? ¿Misericordia para el Tercer Mundo o para
el Primer Mundo? ¿Misericordia para los decenas de miles de víctimas de las
dictaduras impuestas por las superpotencias o por las víctimas que cayeron en
respuesta? ¿Misericordia para el Hombre o para el Diablo? ¿Misericordia para el
pobre que cogió un pan para sobrevivir o misericordia para el poderoso que robó
riquezas y sorprendido se enfrenta a la cárcel? ¿Tuvo la Revolución Francesa
misericordia de los reyes de París? ¿Tuvo la revolución Comunista misericordia
de los emperadores de Pekín y Moscú? Y sin embargo ambas Revoluciones
ejercieron Justicia. Ambas triunfaron gracias al derecho de la Verdad. De
manera que ¿qué es la Misericordia?
¿Será más
misericordioso el hombre que da una segunda oportunidad que quien a la primera
deja caer todo el peso de su ley? ¿Por qué es menos misericordioso quien pasa
de largo ante el perro que se muere? ¿Quién acorta la agonía es más
misericordioso que quien la sufre? ¿Es misericordia amar al extranjero y odiar
al prójimo? "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Artículo
Veintiocho: La Ley de la Vida
El Derecho
Natural Divino establece que los extranjeros que huyen buscando refugio de las
guerras civiles, y hambrientos y sedientos de Justicia y Libertad, y temiendo
por sus vidas peregrinan hacia una tierra de promisión en busca de la
naturaleza humana que se les niega en sus lugares de origen: sean acogidos como
hermanos y vivan bajo la protección del Derecho, estableciendo como delito
contra la Humanidad cualquier forma de esclavitud de quien manipula su
situación para enriquecerse, sea a través del salario sea a través de la
prostitución. Fundando su Creación sobre una Nueva Roca contra cuyos átomos se
desintegre cualquier posibilidad de rebrote de la Ciencia del bien y del mal en
el Universo, Dios maldijo la esclavitud y decretó sentencia de Destierro de su
Reino contra el esclavista. De aquí que el Derecho Natural Divino establezca
que los hijos de Dios tenemos el Deber de sujetar todas las cosas a la Ley de
la Igualdad, de manera que dos personas que hacen la misma cosa no puedan
recibir la una miseria, por ser extranjero, y la otra gloria, por ser hijo del
país. El extranjero como los nativos todos somos hijos de la misma Tierra,
todos tenemos derecho al mismo salario por el mismo trabajo.
Artículo
Veintinueve: La Ley de la Misericordia
No hay más
que una clase de Misericordia. "Estaba hambriento y me disteis de comer,
sedientos y me disteis de beber, desnudo y me vestisteis, enfermo y me
curasteis, en la cárcel y me liberasteis". Cuando estando en la mano
impedirlo se deja morir a Cristo en el hombre el Derecho Natural Divino
establece que la sangre de los inocentes caiga tanto sobre la cabeza del que
promueve cuanto sobre la del que permite. Los hijos de Dios tenemos el Deber de
romper fronteras y pasar por lo alto de gobiernos cuya política asesina es la
firma de la condena a muerte de cientos de miles de criaturas víctimas de las
locuras de sus gobiernos, locura alimentada por los intereses financieros de
los monstruos internacionales que tienen en la guerra civil controlada una
fuente de lucro y poder. La inactividad del que ve cómo sucede el crimen y la
del que promovió el crimen son las dos caras de la misma moneda, ambas tienen
por castigo la misma sentencia: “Iros al Infierno a castañear dientes”. La
Misericordia, en efecto, no se riñe con la Justicia, pero la Justicia sí lo
hace con la dureza de corazón. Hubo una vez otro rey que habiendo batido al
enemigo con un número netamente inferior de soldados a la hora de la victoria
se encontró con miles de vencidos y heridos. Su decisión salomónica fue
asesinarlos a todos para no tener que alimentar ni curar a ninguno. Era rey y
era cristiano, era el rey de los ingleses. La memoria de Dios es infinita y
eterna, a la hora de dar retribuirá con Misericordia, al cristiano como al que
no, ofreciendo Misericordia a quien la tuvo de su prójimo, amigo o enemigo,
conocido o desconocido, y con Justicia, cristiano o no, a quien pisó la
Justicia. Pues el que crea que confesando Jesús es el Señor ya está salvado ay
de él cuando el Hijo del Hombre se levante para Juzgar según la Ley y no según
la Esperanza, ese día se verá que Dios juzga a cada cual por las obras y no por
las misas ni por los aleluyas cantados en una mañana de glorias al Señor que
nos perdona todos nuestros crímenes. La Misericordia es para el que la da no
para el que la guarda. Pero si no se ama al extranjero que está en medio de
nosotros y se le esclaviza sin misericordia a la vista de todos, reteniéndole
su salario, ¿cómo nos preocupará el que se muere en un campo de refugio a miles
de kilómetros de distancia? ¿Si no nos preocupa el que está en la cárcel a la
vuelta de la esquina cómo nos preocupará el que se muere en la cárcel de un
tirano por amor a la libertad? El que tiene el poder y no hace nada es tan
culpable como el que no le arranca ese poder y se lo entrega a otro que sí haga
lo que debe ser hecho. La Fe sin las obras es un suicidio, y matar a Cristo por
la fe un crimen. ¿Qué castigo se merecerá el que mata al hombre que Dios creó a
su imagen y semejanza, que está en nosotros, y engendró en nosotros al precio
de la crucifixión de su Hijo?
VI
Bienaventurados
los limpios de corazón porque ellos verán a Dios
Lo más
contrario, o simplemente lo contrario a esta condición para ver a Dios es el
dicho popular: Piensa mal y acertarás. O aquel otro: el ladrón piensa que todo
el mundo es igual. Bajo el gobierno de una mentalidad semejante el destino de
todos sería la locura paranoica del que se identifica con el Estado o con la
Iglesia o con la Democracia y tiene en la demonización de la oposición el
método estructural de conducta. Cuando Dios creó al hombre la Idea que proyectó
sobre el Universo fue la de una criatura inmunizada contra cualquier tipo de
manipulación bidireccional, inmune por su inteligencia a la manipulación por el
pensamiento de un tercero e incapaz, por su sabiduría, de manipular a su
prójimo, en suma: limpio de corazón a su imagen y semejanza. Esta limpieza de
corazón, por la que Dios no podía creer que un hijo suyo se atreviera a
declararle la guerra a su Reino fue nuestra Cruz, que su Hijo en persona vino a
cargar sobre sus hombros, contra el Judaísmo declarando locura la creencia de
los judíos de ser el Diablo, la Serpiente antigua, Satán, el enemigo de Dios y
la Humanidad, un siervo de Dios, y contra el Diablo al declarar contra su
Cabeza sentencia de Destierro eterno del Reino de Dios por el crimen de
Rebelión Invencible contra el Espíritu Santo. Desde la Inocencia de Dios y de
Adán en la tragedia del Edén, origen del drama del Género Humano, el derecho
Natural Divino establece:
Artículo
Treinta: El Día de Yavé
Todas las
Naciones fuimos abandonadas en las manos de una generación de hijos de Dios,
todos malvados, rebeldes a su Padre, contra el que se alzaron y a cuyo Reino le
declararon la Guerra, prefiriendo la eternidad en el Destierro a un día más en
un Universo gobernado por una Justicia que no diferencia entre el siervo y el
hijo, entre el príncipe y el ciudadano, sobre todos estableciendo la Igualdad
Eterna. No creyendo Dios que la criatura se atreviese a retar a su Creador
mediante la política de hechos consumados, atravesado su corazón por la lanza
de la Traición, Dios, Indestructible, abrió los ojos y, levantándose, en su
dolor alzó su Voz y poniendo su cabeza por testigo juró aplastar a su enemigo,
diciendo: “Yo alzo mi mano al Cielo y juro por mi eterna vida: cuando yo afile
el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con venganza
a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de
sangre mis saetas y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos
y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos”. Alegría en el Cielo,
tristeza en la Tierra. Alegría Arriba porque Dios había recogido el guante y
con ese mismo guante, guardando ahora un puño de hierro, devolvía el reto;
tristeza Abajo porque la Batalla Final tendría por campo de batalla la Tierra.
Pero regocijo tras el sufrimiento: “Regocijaos, gentes, por su pueblo, porque
ha sido vengada la sangre de sus siervos, le ha vengado de sus enemigos, y hará
la expiación de la tierra y su pueblo”. Como grande fue el dolor, así sería
grande la Esperanza; si el dolor fue infinito la Esperanza sería eterna, y en
ella la Victoria, firme: “Se apoderará tu Descendencia de la puertas de sus
enemigos”. Reducidos a esclavitud los hijos de Abraham, en sus cadenas Dios
descubría que no era a Isaac a quien miraba, sino a Cristo.
Artículo
Treinta y uno: El Derecho a la Verdad
El argumento
supremo sobre el que un testigo puede establecer delante de un tribunal la
veracidad de su testimonio es su vida, su sangre. Sobre su propia sangre Cristo
estableció la Inocencia de Dios respecto a cualquier participación, ni por
activa ni por pasiva, en la Muerte de Adán, de un sitio, y la Ignorancia de
Adán respecto a las intenciones criminales del ángel rebelde por antonomasia,
el llamado Satán, cabeza de la Serpiente, del otro sitio. Porque hubo
Ignorancia Dios abrió la puerta de la Redención, Sacrificio Expiatorio por el
pecado mediante. La Ley de la Expiación -por el pecado del pueblo y de su
príncipe- exigía como condición sine qua non la ignorancia del trasgresor. La
corrupción del Judaísmo y la Ruptura de la Alianza entre Dios y los hijos de
Abraham según la carne vino cuando el Sacrificio se convirtió en demonismo al
pagar primero el trasgresor el precio del crimen y pasar enseguida a cometerlo,
demonismo salvaje y monstruoso instaurado por costumbre sagrada que Dios nos
descubrió en el Caso de Judas el Iscariote. Es decir, habiendo premeditación
para el crimen no hay ignorancia, y sin ignorancia no hay perdón, razón por la
cual Dios no podía perdonar a los judíos su crimen, aunque se lo pidiera su
Hijo desde la Cruz, pues cometido con premeditación, pervirtiendo la Alianza de
Moisés y transformando la Ley en Templo del Pecado, no podía tener lugar la
expiación, y sin expiación no podía procederse al perdón. Con aquella
transformación del sacerdocio aaronita en un negocio, tanto vale el crimen
tanto pago y paso a cometerlo con el perdón en el bolsillo, el judaísmo, en su
ignorancia, hizo una defensa del Infierno y su ideología, esa misma que en el
Edén puso en práctica su filosofía maligna bajo el presupuesto del perdón
divino en base a la Paternidad del Juez del Cielo sobre el criminal. Hijo de
Dios, por el hecho de serlo se le debía permitir todo crimen y delito, así que
en nombre de Dios por aquí te apuñalo y por aquí te maldigo. Los judíos,
teniendo un precio por el delito, y olvidándose de la condición sagrada para el
perdón, la ignorancia, transformaron el Templo en un negocio lucrativo cuando
los propios sacerdotes depositaban con antelación las monedas de plata en el
tesoro contra el crimen que se disponían a cometer, fuera adulterio, robo,
asesinato, falso testimonio, etcétera. Filosofía maligna en la que cayera la
iglesia romana y de la que fuera salvada la Iglesia Católica por la iglesia
alemana en los días de Lutero, cuando sin darse cuenta en su ignorancia la
iglesia católica fue arrastrada por la iglesia romana a la transformación del
pecado en un negocio lucrativo, llamémoslo "el escándalo de las indulgencias".
Dios se rebeló contra la Filosofía del Infierno. Ni defendida por un hijo suyo,
caso Satán, ni defendida por un siervo suyo, caso Aarón, aceptaría jamás la
transformación de su Corona en la corte pagana de un dios de dioses a cuya
salud los príncipes de su Reino podían contar con su bendición a la hora de
matar el tiempo jugando con las vidas humanas a diablos y ángeles, policías y
ladrones, malos y buenos, héroes y monstruos. Dios alzó su mano al Cielo contra
un hijo suyo, Satán, que osó llevar a la cruz a su hijo pequeño, Adán, ¿y no
iba a alzar su Puño contra un siervo, Aarón, que se atrevió a clavar en la Cruz
a su Hijo Primogénito? Y como no hay tres sin dos ¿qué le hizo pensar a la
iglesia romana que a su obispo y a su corte de cardenales le iba a permitir
Dios lo que no le permitiera ni a su siervo ni a su hijo, a saber, que le
llenaran la copa con la sangre de sus delitos?
Artículo
Treinta y dos: El Derecho a la Misericordia
Judíos y
romanos todos fueron atrapados en la misma Ignorancia. Sobre Cristiano y gentil
sobre todos permaneció el Velo que les impidiera a los judíos ver a Dios. Los
que le vieron le amaron con una fuerza más poderosa que la Muerte. Pero cuando
se fueron los que le sucedieron vivieron de la Fe, permaneciendo entre ellos
las palabras proféticas de los que sí vieron a Dios como antorchas en las
tinieblas. Ahora bien, la Fe sin el Conocimiento perfecto de Dios se corrompe.
Declaración que los Apóstoles se encargaron de establecer en sus Epístolas y
que más tarde los siglos se encargaron de demostrar, "el escándalo de las
indulgencias" la cabeza del iceberg. Misericordia pues para con todos,
judíos y romanos, cristianos y gentiles porque en su Omnisciencia había
establecido Dios que el velo del Conocimiento perfecto de la Divinidad no
cayera de los ojos de su criatura humana hasta que le naciera a Cristo
Descendencia, esa Descendencia nacida para vencer y conquistar las puertas del
Infierno.
VII
Bienaventurados
los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios
La
experiencia manda. Los hechos obligan. Las circunstancias exponen. Dios
dispone. Y el hombre hace lo que puede. Poco más se puede decir sobre las cosas
que han tenido lugar en la Tierra durante los últimos seis mil años. El Género
Humano lleva en guerra civil una semana de mil años por día. ¿No es hora de que
también nosotros descansemos al séptimo día? ¿O llevaremos las cosas hasta la
guerra civil total, esa tercera guerra mundial a la que hasta hoy le hemos dado
el esquinazo pero que en cualquier momento puede llamar a filas? Vistos los
resultados de la Caída de Adán y su Mundo pocas dudas caben al respecto, el
fruto prohibido era la Guerra.
La Guerra,
sin ningún género de duda, es el resultado del choque entre formas distintas de
concebir la vida. Y el origen de esta diferenciación asesina nos ha sido
descubierto en la negación de individuos aislados a aceptar la Estructura de la
Realidad Universal, Cósmica y Divina acorde a los fundamentos establecidos por
el Infinito y la Eternidad. Por alguna misteriosa operación psicopatológica
algunos individuos sufren la locura de querer crearse su propio universo, y, en
su demencia asesina, se lanzan a la destrucción del existente como vía de
satisfacción del que nunca tendrán porque sólo existe en su locura, y es el
producto de su patogénesis intelectual. En semejantes brazos nos arrojó a todos
la Caída de Adán, bajo las botas de semejante demencia nos colocó a todos la
Duda de Adán, primero, y del Mundo Moderno finalmente.
¿Cuál es el
número exacto del soldado desconocido? Conocemos el de la Bestia, también el de
Cristo, pero curiosamente no conocemos el número que más nos incumbe, el de los
caídos bajo la guerra civil que asola nuestro planeta desde Abel a nuestros
días. Si es verdad que en el cielo hay más estrellas que hombres ¿esta cuenta
incluye a los muertos? En definitiva, ¿fue justo Dios al retirarse de la
dirección del Futuro de la Humanidad cuando por la Desobediencia a su Mandato
de un sólo hombre nos abandonó a todas las naciones al Imperio de la Guerra
Perpetua? ¿Por qué miles de millones de criaturas humanas tuvieron que sufrir
el castigo contra el pecado de un sólo hombre? ¿No hubiera sido más natural que
el pecador hubiera cargado con su castigo y su corona se le hubiera dado a
otro? ¿Qué impulsó a Dios a hacer gala de una crueldad sin límites? ¿Se puede
por el crimen de un sólo hombre arrasar una nación entera? ¿Qué justicia sería
una que ordenase la muerte de toda una familia por el crimen de un único miembro
de su casa? Y sin embargo Dios extendió el castigo por el delito cometido por
un sólo hombre a todas las naciones de la Tierra. La Corona de la Paz con la
que la Tierra esperaba ver al Género Humano ensalzado a la condición natural de
los hijos de su Creador, le fue arrancada de las manos y, en lugar de
arrancársela Dios al ladrón y devolvérsela a su legítimo dueño, el Hombre, se
la dejó al ladrón, que, coronado rey de la Tierra, convirtió a las naciones de
nuestro mundo en ejércitos de soldaditos de plomo para la diversión y
entretenimiento de criaturas nacidas en otros mundos del Universo. ¿Por qué?
¿Acaso era tan necesario que aquél Niño del Edén aprendiera las artes y las
ciencias de la Guerra y se convirtiese con el tiempo en el guerrero más
terrible jamás concebido, armado hasta los dientes, en su mano la Vara Atómica
del Poder Destructor más grande jamás concedido y puesto en manos de mundo
alguno? ¿Era necesario un camino tan largo para llegar a este punto? ¿Cuántas
naciones ha visto la Tierra reducidas a polvo, con sus civilizaciones y sus
pueblos?
Y aún se
escucha el grito de la guerra, el aullido de los perros de la guerra aún
resuenan en el horizonte, los ecos de los tambores de la guerra aún hacen
bailar brazos y piernas. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que no quede ni un sólo indio?
¿Hasta que no quede ni un sólo cristiano? ¿Hasta que no quede ni un sólo judío?
¿Hasta que no quede ni un sólo ser humano?
Así, porque
el fin de la Guerra Civil perpetua es la extinción total del Género Humano, el
Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Treinta y tres: El Derecho a la Paz
Todos los
ejércitos del Reino de Dios están bajo el Mando del Rey del Cielo, Cabeza
Suprema del Consejo de los hijos de Dios, a cuya Voz y sólo a cuya Voz se
mueven los ejércitos de la Alianza de la Plenitud de las Naciones del Universo.
Como en el Cielo en la Tierra, los hijos de Dios tenemos el Deber de separar
los gobiernos políticos de las naciones miembros del Consejo de la Plenitud de
las Naciones, en cuyos Miembros reside el Poder de la Guerra y la Paz y ante
cuyo Cuerpo y sólo a su Consejo los ejércitos de la Alianza de la Plenitud de
las Naciones deben Obediencia. Siendo la Paz el bien supremo por excelencia de
la Creación, Dios ha dispuesto que este Poder resida sólo en la Corona de su
Hijo, Cabeza Suprema del Consejo de la Alianza de la Plenitud de las Naciones
de su Reino. El Consejo de los hijos de Dios y el Consejo de los Estados
Mayores de los ejércitos de la Alianza de la Plenitud de las Naciones del Reino
de Dios forman, como cabeza y brazo, parte del mismo Cuerpo y únicamente este
Cuerpo, cuya Cabeza es el Rey, Jesucristo, tiene el Poder de la Guerra y la
Paz.
Artículo
Treinta y cuatro: La Ley del Rey
La
experiencia es la madre de la Ciencia. Pero la Ciencia al servicio del hombre
en tanto que animal político se convierte en arma de destrucción en las manos
de una bestia, con apariencia humana, nacida de hombre pero inhumana, con un
sólo propósito en mente: Imponer su infierno en el mundo. Sobre esta Ley de la
Ciencia ha establecido Dios el núcleo duro de su Reino, prohibiendo el acceso
de todo gobierno ajeno a la Alianza de sus ejércitos a las Tecnologías de
Defensa. Las leyes que se derivan, la prohibición de venta de información y
material fuera de la Alianza del Rey, y la adquisición de la propiedad de las
industrias de Defensa, para su transformación en Patrimonio para la Paz
Universal, sujeto al Consejo de los hijos de Dios, tienen por fundamento la
necesidad de establecer los pilares de su Reino acorde a las dimensiones de
infinitud y eternidad de la Creación. Habiendo aprendido Dios de la experiencia
que la sujeción de los ejércitos nacionales e internacionales a la voluntad
temporal y a los intereses pasajeros de los gobiernos políticos está en la
causa de la guerra, puso sobre la mesa una Nueva Alianza por la que todos los
Gobiernos ponen sus ejércitos en sus Manos. Anticipando esta Revolución
Universal Sempiterna se presentó ante nosotros en su Libro como YAVE de los
ejércitos. Que el Hombre la firme o se niegue a poner en las manos de su
Creador lo que le pertenece por Derecho de Creación es un tema diferente.
También Satán se negó a firmar la Alianza que Dios y su Hijo nos pusieron
delante de los ojos, a todos, hombres y no hombres, por la que Yavé de los
ejércitos es el Dios de todos y su Hijo, Jesús, el Rey Universal y Sempiterno
de la Creación. Unigénito y Primogénito, el Brazo de Yavé, el Rey de sus
ejércitos, Jesús, nuestro Jesucristo, Origen de nuestra Luz, Nuestro Maestro y
Salvador, Señor y Rey, las dos condiciones que el Infinito y la Eternidad ponen
sobre la mesa para el crecimiento y la perpetuación de una Civilización en el
espacio y el tiempo, Universalidad y Sempiternidad,
estas dos condiciones cumplidas en su Naturaleza de Hijo, sujetando todo el
Poder a su Corona su Padre estableció la Ley del Rey contra la voluntad
temporal y los intereses pasajeros de los Gobiernos Nacionales e
Internacionales en el origen de las guerras, civiles y mundiales, que hasta el
presente ha sufrido la creación entera. Por esta Ley cualquiera que no firme la
Nueva Alianza sobre la que Dios volvió a crear de nuevo su Reino firma contra
su cabeza, sea hijo o siervo de Dios, la pena de destierro de la Creación.
VIII
Bienaventurados
los que padecen persecución por la justicia porque de ellos es el reino de los
cielos
Al Principio
Dios creó los Cielos y la Tierra. La Tierra estaba confusa y vacía y las
Tinieblas cubrían la faz del Abismo. Dijo Dios "Haya Luz" y la Luz se
hizo...Esto es algo que hemos aprendido todos con el tiempo. Creo recordar que
un poco más adelante sigue diciendo la Biblia: Este es el libro de la
descendencia de Adán. Cuando Dios creó al hombre, lo hizo a Imagen suya. Dos
cosas entendemos de esta declaración. La primera el anuncio que hizo Dios sobre
el Libro que empezaba a escribir. No había escrito sino dos hojas y ya
anunciaba su intención de escribir un Libro. Como era el Autor sería el Libro.
A la vista de todos ese Libro todos podemos ver por la Obra a su Autor. La
segunda cosa que notamos es la naturaleza de la imagen a la que fue creado el Hombre.
No creó el hombre a la imagen de un demonio ni de un ángel, creó el hombre a la
imagen y semejanza de Dios. Las derivaciones de esta Declaración de Creación
son revolucionarias e irrenunciables. Revolucionarias porque teniendo Dios una
Idea formada de la Justicia la imagen de la Justicia que llevamos dentro,
siendo Divina, es una de las fuerzas motrices de la Historia, que encontramos,
independientemente de sus símbolos, en el núcleo de las revoluciones sobre las
que nuestra Civilización ha hecho su camino. Creados a la Imagen de nuestro
Creador la impronta de su Idea sobre la Justicia forma parte de nuestra
herencia genética. Ahora bien, la Idea de la Justicia Divina ha estado de
siempre en conflicto cósmico con las ideas particulares de los grupos de individuos
que, desechando la Divina, la suplantan por la suya en beneficio de ellos y los
suyos. Así que, por lógica, quienes corren detrás de esa Idea Divina, Innata en
el Hombre, tienen que ser perseguidos por la justicia de los que despreciando
la de Dios, aunque buscaron de siempre la forma de bendecir la suya y sus
persecuciones por los sacerdotes de Dios, tienen que ser perseguidos por ésos
mismos contra los que nuestra Civilización ha tenido que andar a base de
revoluciones por su negativa a dar un paso más adelante en la dirección de la
fusión entre la Justicia Humana y la Justicia Divina como núcleo de la Historia
de las Naciones. Por ello el Derecho Natural Divino establece:
Artículo
Treinta y cinco: La Ley de la Civilización
Que ningún
hombre ni grupo humano alguno sea objeto de persecución por sus ideales de
justicia. En razón de lo cual los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir
cualquier potestad del Estado para atentar, reprimir, demonizar o controlar las
fuerzas que la Imagen Divina que está en el Hombre pone en movimiento para
sacudir de la Sociedad la Inercia natural a cualquier etapa posterior a una
gran victoria. Todo movimiento del Estado que extralimite sus funciones
administrativas es un delito contra la Sociedad. La Sociedad ha nacido libre y
ha sido dotada por su Creador de todas las fuerzas necesarias para sin la
Violencia del Estado ser capaz por sí sola de abrirse paso hacia las fronteras
tras las que se halla la tierra prometida de la Verdad, la Justicia y la Paz.
Esta Idea de la Justicia es irrenunciable porque es Divina y, cualquier acción
del Estado en contra, como ya la Historia se ha encargado de demostrarlo, es
objeto de ruina. En consecuencia los hijos de Dios tenemos el Deber de cortar
todos los hilos por los que el Estado se arma para combatir la Justicia Divina
que se descubre en quienes esa Imagen es más fuerte que su propia vida. Como en
su día la Separación Estado-Iglesia demostró ser uno de los pilares de la
Civilización, en el nuestro la Separación Estado-Ejército es, a la vista los
hechos, una Necesidad de Justicia: revolucionaria e irreversible, es decir,
Divina.
IX
Bienaventurados
seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo
género de mal por mí. Alegraos y regocijaos porque grande será en los cielos
vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de
vosotros
En efecto
cuando Dios se dispuso revolucionar la estructura de su Creación Viva trazó un
Plan Estratégico. A efectos prácticos digamos que Dios fabricó una bomba de
tiempo. Nadie sabía cuándo la Hora sonaría, cuándo la bomba explotaría y quién
en concreto era el enemigo a reventar. Poco a poco estas respuestas se fueron
materializando, y a medida que más próxima se fue haciendo la Hora los efectos
de su explosión se fueron haciendo cada vez más palpables. Dios lo habían
anunciado: Decretada está la destrucción de este pueblo- hablando de los
judíos-. Pero los judíos no podían creer que Dios fuera a permitir que la bomba
dirigida contra el Infierno fuera a destruir a su pueblo. Faltos de
Conocimiento sobre las causas del Conflicto Cósmico en el origen de la Caída de
Adán, los judíos no comprendieron que la bomba que habría de hacer saltar por
los aires el Mundo Antiguo y dar nacimiento a un Mundo Nuevo estaba en lo más
profundo del Templo, en el propio Tabernáculo. Fabricada por Dios explotaría a
su tiempo. La Revolución Madre de todas las revoluciones del Futuro, el
Cristianismo, era ya una realidad cósmica irreversible.
Siendo El
quien pusiera en movimiento el reloj del tiempo era natural que, siendo Moisés
su siervo y sus Leyes la antesala de la Revolución Cristiana, le enviara un
Ministro Suyo para hablar con él cara a cara. Pero cuando la Hora de la
Revolución Divina sonó, para hacernos comprender a todos, a los vivientes del
Cielo como de la Tierra, que aquella Revolución era y es por toda la eternidad,
nos envió a su Hijo, cuya Palabra a imagen de la de su Padre, jamás pasa.
Por la Ley
anterior era lógico que siendo el Estado y la Iglesia de los judíos una sola
cosa el Templo usase la fuerza de su ejército de santos criminales para
demonizar la Justicia Divina, que se manifiesta en los hombres para llevarnos a
todos al término de la Historia Universal: la fusión de la Justicia Humana en
el núcleo de la Divina, por este medio perfeccionándose por su Idea nuestra
Civilización. Sí sabemos cómo pero no entendemos en razón de qué misteriosa
operación maligna las iglesias metropolitanas nacidas de aquella Revolución
Divina, violando la Ley Sagrada del Amor y la Libertad, se convirtieron en
demonios persiguiendo a muerte, tal como hiciera el Infierno con ellas, a
nuevas generaciones e individuos, hombres y mujeres, por el sólo hecho de tener
el Poder. El Señor es el Juez de todos ellas. El Derecho Natural Divino
establece:
Artículo
Treinta y seis: La Ley de la Justicia
Que todo
sacerdote que haga apología del crimen ordenando cárcel o muerte contra quienes
sus ideas disientan de las suyas sean llevados ante la justicia humana para
responder de su delito de incitación al crimen. Los hijos de Dios tenemos el
Deber de expulsar de la Iglesia de nuestro Padre a todos los siervos que,
contra el Espíritu de la Justicia Divina, se alzan en inquisidores y
ejecutores, sea directa o indirectamente, de quienes, según su entendimiento,
han errado el camino. La Palabra de inteligencia y
sabiduría es la única arma que alzó Cristo contra quienes querían crucificarle,
y esta, la palabra, es la única arma que hemos heredado, hijos y siervos de
Dios. Por esto dice la Escritura que al principio Dios creó al hombre desnudo.
Pero aquellos que se armaron para combatir la palabra del hombre con fuego no
son de Dios, aunque entrasen en la Casa de Dios y, usando sus medios se
elevasen hasta lo más alto en la escala de sus siervos, ésos no fueron nunca de
Dios.
CONCLUSIONES
FINALES
Cuando Dios
creó el Hombre proyectó sobre nuestro ser la Naturaleza Social de su Ser.
Sociales por naturaleza quiso Dios seguir acercándonos a su Naturaleza
proyectando sobre nuestro ser la Inteligencia de su Ser. Inteligentes por
naturaleza quiso Dios acercarnos aún más a su Ser proyectando su Paternidad
sobre nuestro ser. Finalmente, amándonos con todas sus fuerzas, y viendo que no
encontrábamos el Modelo Divino nos envió a su Hijo Primogénito para que en su
Naturaleza encontrásemos la naturaleza de Hijo que nos fue dada al Principio.
Hijos de
Dios, sea de la descendencia de Abraham, por la carne o por el espíritu, sea de
la Descendencia de Cristo, nuestra naturaleza inteligente nos pone delante del
Hecho de la Sociedad del Reino en el que Dios ha transformado su Relación con
su Creación. Sobre la cual entendemos lo que en la Declaración de Principios se
expusiera, que la Libertad y el Amor son las dos columnas eternas sobre las que
Dios ha levantado el Edificio de esta Sociedad Creador-Criatura. Y nos pone
delante de la situación que nuestro Dios se encontró al tener que salir del
Conflicto Cósmico en que una parte de sus hijos le obligó a caer. El Modelo
Antiguo anterior a la Caída, habiendo provocado esa situación, tenía que
desaparecer y ser sustituido por uno Nuevo, éste fundado sobre una Roca
Inconmovible cuyo horizonte se abriese al Infinito y cuyo cuerpo social
estuviese inmunizado contra cualquier conato de Guerra por la Eternidad. Enfrentado
a esta Situación de Revolución, Dios tenía que adoptar las medidas necesarias
en la matriz de su Victoria poniendo en primer lugar la Fundación de ese Nuevo
Modelo Social, a cuyo Nacimiento debería quedar supeditado todo lo demás,
incluso el Género Humano, incluso el Dolor de su Hijo si era necesario.
La Necesidad
impuso su Ley. El Género Humano tendría que seguir sufriendo los golpes del
látigo de la Guerra Civil perpetua hasta que la Nueva Estructura que su
Creación había de recibir quedase definitivamente configurada. Con todo el
dolor de su Corazón así debía de ser. La Necesidad le impuso beber el Cáliz de
la Pasión de su Hijo Unigénito. Esa misma Necesidad tenía que alcanzar su meta
y, sufriendo el dolor pasajero de los siglos venideros, depositando la creación
entera su expectación en el bien que el futuro nos reservaba a todos, llenarle
a Dios la Copa con las lágrimas que el dolor de dos mil años había de servirle
en abundancia. ¿Quién podía sino EL, el Dios de la Eternidad y el Infinito, el
Amado de la Sabiduría Increada y Creadora, darle la vuelta a la tortilla y
convertir la Tragedia del Género Humano en una Epopeya con final feliz?
Aliviada su alma con la Obediencia de su Hijo, que al precio de su sangre nos
engendró a todos, en sus Manos puso nuestras vidas, depositando en su Juicio la
Esperanza de Salvación Universal en la que la Creación entera, conociéndola,
halló el alivio que los desgarros de nuestra tragedia habrían de ocasionarle a
su corazón.
Un Reino
Universal y Sempiterno, formado por muchos Mundos, cada uno con su Origen en
Tiempos y Estrellas distintas, creciendo sin límites, extendiendo sin término
sus fronteras y sus naciones. Una Iglesia Universal y Sempiterna, a la imagen y
semejanza de su Señor, depositaria de las verdades eternas para la alegría de
todas las Naciones y gloria de nuestro Rey. Un Pueblo, el Humano, formado por
muchas naciones, Nación entre otras Naciones, cada uno un Mundo, todos unidos
al mismo tronco, la Corona de Dios, como las ramas al mismo árbol, el Árbol de
la Vida.