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THE STAR OF THE MORNING’S ESSAY ON HIGHER POLITICS AND CHRISTIAN RELIGION

 

EL POLITIKOM

 

 

Capítulo Dos

La Redención de la tierra

A

Contra la Agricultura Artificial

 

Sin ninguna duda la Maldición que la Desobediencia del Primer Hombre atrajo sobre nuestro mundo es una realidad dispuesta a ser negada por quien se aprovecha de esa Maldición para bendecirse a sí mismo. No hay dureza en la verdad y sí en la cabeza de quien escucha. He aquí la verdad: La consecuencia de la Caída, por la que libremente el ser humano, representado por aquél Adán, eligió la Fuerza que viene de la Guerra en lugar de la Paz que viene de la Inteligencia como medio político para extender su Civilización hasta los confines del mundo, acto de elección insano, demente y maldito que desató la Cólera, Justa y Magnífica de Dios, que creó al Hombre a su Imagen y Semejanza, es decir, dotado de toda la potencia metafísica activa, traducida en ingeniería genética cerebral, para elevar su Pensamiento hasta la Omnisciencia Divina y desde esta plataforma todopoderosa abrirle camino pacíficamente a su Civilización hasta comprender en su estructura la Plenitud de las Naciones de la Tierra; por aquella elección maldita, actuando el Hombre como quien no es Inmortal sino que, arrastrado por la Mujer, se comportó como un mortal sujeto a un tiempo de vida, y en consecuencia debe apresurarse para llevar adelante su conquista del Poder, echando mano del recurso más lógico: La Guerra y el Terror. Por efecto de aquella decisión infernal el Juicio de Dios Omnisciente fue, una vez creado el Hombre a su Imagen, es decir, para comprender el Peso de sus Actos, retirarse de la Escena Histórica del Mundo, dejando que el Hombre viera con sus propios ojos por qué Dios no puede ver, ni en pintura, la Ciencia del Bien y del Mal.

La demencia que procede de la Ignorancia a que fuera arrojado nuestro Género ha impulsado a, los en su demencia enemigos de Dios a, predicar la teoría para terroristas de la inteligencia según cuya doctrina el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal es la Ciencia del Conocimiento y su fruto es el Sexo. Sin duda alguna, inspirados por el mismo que usara a la Mujer para matar al Hombre, dichos genios saben que la Elección que Dios le diera al Hombre está precisamente entre el Árbol del Conocimiento, cuyo fruto es la Vida, y el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, cuyo fruto es la Muerte. Confundiendo a los pueblos sirven a su dios y señor, acercándonos un poco más al Destino grabado en la Historia del Futuro el Día que Dios dijera: “Polvo eres y al polvo volverás”. Tal es la puerta de salida a la que dirige la Ciencia del Bien y del Mal el curso de todo mundo atrapado entre sus ramas.

Para redondear su sabiduría infernal afirman que el Bien y el Mal no existen.

Pero dejémonos por ahora de hacer una incursión demasiado profunda en la mentalidad de semejantes asnos diplomados, con Nobeles incluso, y combatamos el Mal con el Bien.

Sigue sin caber duda, y el que la tenga que la celebre, que la tierra es la madre sin la cual no puede subsistir el ser humano sobre la faz del planeta, porque aunque nuestro espíritu de hijos de Dios tenga sus ojos puestos en el Cielo y el Pensamiento en las cosas eternas: seguimos sujetos a la ley de la dependencia de la carne y la sangre; se sigue de los Acontecimientos, pues, que no sólo el ser humano en cuanto ser sino la propia madre Tierra vino a ser maldecida por la elección de sus hijos. Sobre lo cual me parece innoble suplir el Texto Bíblico mediante la apropiación de sus Palabras y su consecuente inserción en este capítulo. Considero además universalmente conocida la sentencia Divina: Maldita será la tierra por tu causa, cuando la labres te dará abrojos y espinos... Etcétera.

Y maldita sigue ciertamente. Abrojos y espinos es lo que a estas alturas produce en la gran parte del planeta, y esta mala hierba avanza a velocidad vertiginosa sobre el resto aún cultivable a lomos de un ejército de males contra cuyo avance es nuestro Deber alzarnos sin conceder tregua ni cuartel y, puesto que estamos viendo que desde el Poder Internacional Político la inacción es total y absoluta, es nuestro Deber conquistar el Poder para desde el Poder redimir la tierra de la Maldición que sobre ella atrajimos sus hijos.

Los demagogos concentrarán la atención revolucionaria en la distribución libre y gratuita de la tierra. A lo que nada se les puede objetar excepto que hoy, antes de las elecciones, hacen de Cristo, y al día siguiente de las elecciones juegan a la perfección el papel de Judas dándole el beso en la mejilla al pueblo. ¿De qué vale que la propiedad de lo que tiene un Único Señor Universal se redirija de una mano a otra si el puñal que se le hinca a la madre Tierra en el pecho sigue labrando su herida?

Dejémonos, pues, de demagogia, que de todos modos no es lo nuestro, y ataquemos el Mal con el Bien natural que requiere la profunda herida cuya exposición abierta extiende el Mal sobre todos las naciones. Tenemos que mirar cara a cara el futuro del siglo que viene desde este siglo que nace a fin de proyectar sobre el milenio nacido una Sabiduría que, redimido el Hombre, se centre Hoy en la redención de la Tierra. Es decir, tenemos que adoptar y poner en ejecución las medidas principalísimas y vitales sin aplicar las cuales el cuerpo de la víctima pasa de la sala de urgencia a la del crematorio.

Ignorar que la expropiación de la tierra por el hombre, extendiendo sobre ella un título de propiedad, es una declaración de robo contra la Propiedad Universal que sobre su Creación tiene nuestro Creador; ignorar que el comportamiento emergido de este latrocinio, y porque destierra de la tierra el fin para el que ha sido creada, la alimentación de sus hijos, que se suple por el interés de la producción de riqueza para el individuo, como si los árboles pudieran dar manzanas de oro; ignorar que este comportamiento delictivo está en la base de la maldición que nos aqueja y condena a millones de criaturas al hambre y a la muerte; ignorar este sencillo y elemental conocimiento es condenar a nuestros hijos a comer espinas y abrojos, y la verdad, no creo que la evolución corra a tal velocidad como para parir humanos con dientes de acero, lengua de hierro y estómago de lata.

Debemos prohibir y destruir toda tecnología dedicada al asesinato de la tierra cultivable, cuyo sector punta ha rematado el nudo gordiano de su malicia mediante la producción del veneno actualmente de moda utilizado en el campo para, entre cosecha y cosecha, limpiar la tierra de hierbas.

En efecto, de toda la vida la tierra se ha estado nutriendo de lo que ella misma produce en el campo: la hierba.

De toda la vida el hortelano ha cultivado el campo arrancando esta hierba sin matar la vida del subsuelo de la que depende la fertilidad del suelo.

Pero nuestros queridos terratenientes inventaron la panacea final que a todos debe costarnos la extinción por hambre, y rizan el rizo al labrar la tierra sin la ayuda del hortelano, para lo cual sencillamente envenenan el suelo, consiguiendo de esta manera ahorrarse el salario debido al trabajo del hombre.

Se me dirá que siendo la propiedad “sagrada” el propietario tiene el derecho a la libertad absoluta que le confiere el título sobre la tierra, y bajo este derecho puede envenenarla, sin pensar en el futuro de la Humanidad y exclusivamente poniendo su individualidad sobre y contra el peso del género humano entero.

Ahora bien, este mismo argumento de superioridad del individuo sobre el género es un delito en sí, puesto que entrega el todo a la unidad, dirigiendo la acción del individuo al genocidio, respecto al cual se declara inocente en función de no poner sus manos encima de la víctima directamente.

Obviando y justificando en la ignorancia el comportamiento de nuestros antepasados del Siglo XX y para atrás, mas sin admitir su curso en este Siglo ni permitirle el paso a su Milenio, el hecho es que el argumento de la Propiedad sobre la tierra es, en sustancia y esencia, un delito; y en consecuencia el comportamiento del propietario no podía ser más que delictivo, y cultivando este efecto teníamos que llegar a la situación de jaque mate contra la Naturaleza que actualmente sufre la Civilización, donde vemos cómo el aniquilamiento de su Sistema está siendo suplantado por una Naturaleza creada en Laboratorio y que al tener en el Individuo su principio y su Fin, reduciendo el Género a su campo de explotación de riquezas, el futuro de la Agricultura Transgénica y la Cultura de Cultivo mediante productos químicos tiene por horizonte a corto plazo la destrucción del Ecosistema Natural Global, y a largo, la extinción del Género Humano. No es dramatismo, es simplemente la visualización del efecto iniciado.

El problema, centrando ahora el tema de la labranza del suelo mediante la esterilización de la tierra de campo y cultivo, viene a consistir en que el envenenamiento del subsuelo, su primera consecuencia a corto plazo, ahonda su radio cada temporada de labranza en profundidad. La infertilidad de la capa de tierra sobre la que la Naturaleza ha extendido desde el Origen del Mundo su ecosistema poligenético, del que viven, insectos, aves invertebrados y mamíferos, al ser destruida por envenenamiento químico, condena a todo el ecosistema poligenético a su extinción.

Dado que el sistema natural se basa en el juego de las especies sobre la capa de tierra viva, esterilizada por la acción química, cuyo fin es ahorrarse el salario del sudor humano, condenando de camino a la población humana a la miseria, la reacción a la infertilidad anunciada de la Naturaleza, que ahonda más y más en el subsuelo cada temporada de labranza, viene a suplirse, por el mismo delincuente autor de la muerte del ecosistema natural: con fertilizantes químicos.

Es decir, el delincuente primero hinca el puñal y luego el asesino se pone la bata del médico y corre a curar a su víctima porque se ha dado cuenta que su muerte es su ruina. Una vez curado y obtenido su deseo el médico se quita la careta, muestra su verdadero rostro de enemigo número uno de la Naturaleza y vuelve a hundir el puñal en la carne viva de su víctima, la tierra de labranza y cultivo, intoxicándola y envenenándola con más y más productos letales, asesino en serie de insectos, aves, invertebrados y mamíferos.

Hemos entrado de la mano de tales enemigos del campo, quienes sin embargo tienen en sus manos la Propiedad, en una espiral asesino-suicida que si en primera instancia hace del subsuelo su víctima, en una segunda fase hace de todas las aves, insectos y invertebrados, desde la prehistoria alimentadas por los árboles, su víctima inmediata.

La espiral nefasta, asesina, emprendida por la aniquilación del fin para el que la tierra fue creada, la alimentación de toda carne y vida en el planeta, según dijera nuestro Creador: “Ahí os doy toda cuanta hierba produce la tierra para alimentaros, a vosotros y a toda vida que se mueve sobre la tierra”, está acelerando la desertización del suelo cultivable del planeta a tal velocidad que el mapa de la desertización más parece el avance de un ejército extraterrestre quemando mundo que el desarrollo progresivo de la ley geohistórica.

Contra esta postura de aniquilación de la especie humana mediante la destrucción de su hábitat, destrucción que la Edad Atómica condujo cual si sus Páteres fuesen de procedencia lejana, a situar en algún planeta al borde de la galaxia, envenenando aire y agua, rematando la faena con la muerte, lenta pero efectiva, de la tierra cultivable por envenenamiento del subsuelo agrícola; contra esta postura demencial que progresa desbocada dejando a su paso inmensas áreas del Mediterráneo en los huesos pelados, campo para invernaderos, de donde el alimento que sale está carente de cualquier sustancia biológica natural, y como tal comienzan a detectarse cosechas envenenadas, que matan lentamente pero tan efectivamente como la peor de las especies víricas; contra este comportamiento heredado de un siglo suicida al ciento por ciento, del que únicamente gracias a la Omnisciencia Divina y sólo por ella el Género Humano ha evitado la regresión esquizoide más violenta a la condición de las bestias salvajes heridas de muerte; contra esta política agrícola el Futuro reclama medidas urgentes, inmediatas e irreversibles. Y para vencer la resistencia de quienes en su ignorancia premian sus barrigas hoy, sin querer ver el terrible mal que alimentan, la necesidad implica un buceo hacia la base misma de las profundidades de la verdad universal manifiesta a todo el género humano desde los primeros días de la Historia. A saber:

Dios no renunció jamás a su Propiedad, sino que entregó a toda vida sobre la Tierra el fruto de su trabajo. De aquí que tengamos que recalcar el crimen contra la humanidad que extiende en la legalidad el Poder que viene de quienes de toda la vida, desde la Caída a nuestros días, hicieron del ser humano una bestia sobre cuyas espaldas y sudor vivir como dioses, a imagen de los demonios que asesinaron al Primer Hombre. Ese Poder eliminó de la tierra el sentido de su ser: alimentar a toda carne que existe en el mundo, y le dieron uno Nuevo: ser la mina de la que extraer sus riquezas, con las cuales comprar el Poder sin el cual era imposible que pudiesen perpetuar el robo que supone la expropiación del campo de las manos de quien cultiva la tierra.

Andando el tiempo y regando la tierra con el sudor de los campesinos y la sangre de los hortelanos hemos llegado a este punto de la Historia donde la maldad ha alcanzado su tope supremo cuando ya no miman su tesoro sino que lo fuerzan mediante veneno a la manera que venían haciendo con el hombre, matándolo de sol a sol a base de sufrimiento. El pobre, por inercia imitador del rico, ha heredado este comportamiento asesino contra el que no cabe más respuesta que el cierre, por ley, de todas las fábricas de veneno químico destinados al campo y la prohibición, por ley, de dicho método de envenenamiento del subsuelo.

Tengamos en cuenta que estos venenos, por las lluvias, pasan del subsuelo a los veneros, de los que se alimentan los riachuelos, que a su vez vuelcan sus cauces en los ríos, y pues que este comportamiento es constante y es cada vez más extensivo el aniquilamiento de todas las especies vivientes acuáticas es progresivo.

No olvidemos que estos ríos de almacenamiento del veneno con el que alimentan la tierra desemboca en los mares, contaminando toda la flora y fauna marina colindante.

Ni podemos dejar en el tintero el efecto homicida que este envenenamiento tiene al hacer no potable el agua de pozos y veneros desde el origen del mundo perfectamente saludables. Podrá objetarse que aún no hemos llegado a tanto. A lo que se responde que el uso de este sistema de labranza es cada vez más extensivo, y el veneno cada vez es más potente.

También es cierto que, cínicamente, se puede decir que esta verdad es una falacia porque una vez esterilizado el subsuelo se dejará de emplear el veneno. Contra cuyo discurso homicida no puede haber más respuesta que la boca abierta ante tanta idiotez criminal y apta para ser catalogada como genocidio geocida.

Pensemos que un subsuelo fértil produce todo lo que la producción del campo requiere. Ha sido así de toda la vida. La agricultura ecologista no se inventa nada nuevo, sino que recupera el método milenario de cultivo del campo, que no es otro que dejar que la tierra haga su trabajo, algo que hace sin sudor ni desgana sino con la generosidad que caracteriza a una Naturaleza que ha alimentado a millones de especies desde hace miles de siglos.

Es cierto que una medida no es nada, pero si esa medida irrumpe en el núcleo del problema el problema abre su espacio a la solución de las incógnitas que contiene. Como cuando se abre una herida lo más importante es cerrar la vía hacia el exterior para que el propio cuerpo detenga la hemorragia, con la prohibición por ley universal de producción y empleo de cualquier tipo de sustancia que tenga en la muerte del subsuelo su sistema de labranza: actuamos sobre el exterior para dejar que desde el interior la Naturaleza cicatrice la herida que le hemos hecho y viene sangrando desde el día en que un hombre cercó el campo y, contra la Voluntad divina, condenó al hambre a toda criatura que antes dependía de esa Voluntad para vivir alegre y libre.

Es un tema, en verdad, que tiene diez mil astillas enroscadas alrededor del cuerpo de una serpiente que se muerde la cola, y tiene cola y cabeza atadas bajo candado de nudo gordiano.

El Homo Urbanita es incapaz siquiera de comprender de dónde procede un tomate, es impotente para distinguir entre el zumo de una naranja criada en árbol y el de una naranja en bote; entre la leche de la vaca del campo y la leche de bote que le hacen pagar a precio de fábrica el hombre urbanita entiende tanto de la diferencia como un rico entre corrupción y justicia. Su vida, la del hombre urbanita, hijo del asfalto y el aire tóxico, es la vida de un preso enajenado del conocimiento que procede de la Naturaleza. La leche de los senos de la Madre naturaleza le es tan desconocida al homo urbanita como lo es la leche de la madre a las generaciones nacidas bajo el signo del izquierdismo feminista. Preocupada la hembra por su propio cuerpo se niega a cargar el sistema defensivo de sus hijos con el programa inmunológico creado a través de los siglos, criando generaciones de urbanitas sin protección contra el hábitat del que son sus legítimos moradores. La Historia, queriendo denunciar por lo que se ve lo que no se ve, refleja en el envenenamiento de la madre (la tierra) por los hijos (los humanos) la situación de esquizofrenia a la que se entregó a muerte la Edad Atómica.

El ciclo tiene diez mil ángulos y una sola piedra angular. Veamos si lo definimos lo más sencillamente posible:

Enferma el subsuelo por envenenamiento, su consecución inmediata es la necesidad de la alimentación arborícola y hortícola mediante papilla química.

El suelo se recupera, pero una vez fuerte se le vuelve a inyectar un chute de veneno químico; enferma y se le aplica el remedio del fertilizante intravenoso y letal de necesidad para el ecosistema viviente alado.

De manera que si por el primer chute de veneno se extermina el ecosistema invertebrado natural de suelo y subsuelo, por el segundo se le asesta un golpe mortal al ecosistema que mantienen las aves con el campo, quienes siendo, las aves, el control natural contra la procreación insectívora, a la vez que el insecto es propagador de enfermedades, se destruye lo que es beneficioso al ser humano y se propaga lo que es perjudicial para su salud al desterrar del ciclo al enemigo natural de los insectos, las aves.

Observemos que la destrucción de las aves, sea por necesidad alimenticia u otras cualesquiera, provoca una incidencia altísima de enfermedades letales en las zonas del planeta cuyos medios económicos para la lucha son insuficientes, cuando la sola procreación de la fauna alada sería un ataque masivo contra los mismos propagadores de las enfermedades bajo cuyos efectos sucumben por decenas de millares los seres humanos. Todos sabemos que la malaria y otras enfermedades se contagian por los insectos pero lo que ignoramos es en qué estado se encuentra la fauna alada en esos territorios, amén de los beneficios que podrían obtenerse del estudio sobre la resistencia de las aves a esas mismas enfermedades transmitidas por los insectos.

Regresemos a los hechos constitutivos del delito.

La secuencia de envenenamiento y fertilización, es decir, puñalada y cura, sistema de alimentación artificial de la Naturaleza inventado por el ser humano, viene a destruir el alimento con el que la Naturaleza alimenta a sus hijos, de la tierra y del cielo. En lo que esto nos afecta a los humanos se puede sintetizar así:

Como no hay hierba, el alimento natural de la vida mamífera desde toda la vida, el deber obliga a la alimentación de las especies mamíferas con productos elaborados químicamente, transformando sus cuerpos en campos de cultivo de poderosos virus y transmisores de potentes enfermedades, sobre lo cual el mal de las vacas locas y otros enfermedades de nuevo cuño en el mundo avícola de granja viene en mi socorro y le da veracidad a lo que fue un cuento de locos antes de que esos males se propagaran a niveles internacionales.

El ciclo continúa. Redunda la esterilización del suelo, se redobla el proceso de administración fertilizante química. Más alimentación artificial para los árboles y las plantas.

Y el efecto llega a la mesa.

La producción alimenticia es de baja calidad. El árbol, transformado en un simple reconversor de basura química en sucedáneos de sustancias orgánicas alimenticias humanoides, elabora frutos sin sabor natural y sin apenas nutriente. Efecto maravilloso que contribuye al propio sistema creador del sentido del gusto propio del Homo Urbanita, una especie subhumana incapaz ya de distinguir entre una comida producida por la Madre Naturaleza y una comida producida por las fábricas de comida-basura en principio destinadas a la alimentación de las bestias y animales de granja, y finalmente extendida a la especie animal humanoide en vías de evolución hacia la Sub-Especie Humaniense Clónica de los Programas de Crecimiento de las grandes Compañías dedicadas a la Sustitución de la Naturaleza por la Transgenia.

¿Qué es el alimento transgénico sino comida para ganado?

Pero las compañías de producción de transgénico para consumo de ganados, viendo el negocio -cometiendo delito contra la Humanidad- han hecho del Hombre una nueva especie de ganado, más abundante y que, sujeto de por sí a enfermedades propias, entre este mar de agujeros negros en su sistema inmunológico ¿quién podría decir que las nuevas enfermedades transgénicas puedan proceder de su alimentación en tanto que ganado?, máxime teniendo esas compañías biocriminales dedicadas a la alimentación del Hombre como ganado en las clases políticas el aliado natural de quienes han hecho del delito contra la Humanidad, lo mismo que otros del narcotráfico y los otros de la trata de seres humanos, su negocio.

Es decir, podríamos estar viajando por las implicaciones del sistema antihumano de la cadena alimenticia natural hasta una hora antes de morirnos todos -como decía la canción- comiendo mierda, la comida del futuro (la Polla Record).

La respuesta que cabe no admite vejaciones ni discusiones ni diálogos ni peros. Ya sé, en las orejas de un imbécil y de un beneficiario de ese sistema esta última palabra tiene que sonar a una declaración antidemocrática de guerra, bla bla bla, y esas cosas para consumo del Homo Sapiens Basurensis.

El hecho es que la paralización y destrucción de dicho sistema de transformación de toda vida no humana en fábrica de procesado químico es una Necesidad Histórica : para Ya.

No cabe otra alternativa.

Gran parte de los millones de seres humanos que se están muriendo de hambre lo hacen por la deficiente productividad a que ha conducido dicho sistema de cultivo a la tierra. La tierra debe volver a ser cultivada por la mano del hombre y abonada por las criaturas de la Naturaleza.

La producción, distribución y uso de química o es detenida o detendrá la Historia de la raza humana en un breve plazo de tiempo.

La desforestación por transformación de los bosques en fábricas de materia prima para el mundo de papel en el que vivimos y el cambio climático a nivel global inciden en este progresivo deterioro del campo acelerando el proceso de su esterilización, con ello escribiendo la muerte anunciada de las generaciones futuras de todas las especies mamíferas en función de la alteración a que están siendo sometidas sus estructuras genéticas.

Estamos en un impasse histórico trascendental. O acabamos con un sistema automático que está acabando con nosotros o dejamos que ese sistema se extienda y acabe con todos. Tenemos que romper una cadena alimenticia que se basa en la transformación de todo ser viviente, animal y vegetal, en centros transformadores de sustancias químicas sucedáneos de los verdaderos nutrientes orgánicos naturales.

La hora de la discusión ha pasado. Es la hora de la acción. Mañana será demasiado tarde. Como se mima a un enfermo que sale de urgencia y se le viste con miles de sonrisas, la Naturaleza, nuestro enfermo, pide a gritos que dejemos de envenenarla, que liberemos a todos sus hijos, del cielo, del agua y de la tierra, y al propio hombre de la cárcel en la que fuera arrojado para salir a volver a labrar la tierra que Dios le dio para que la cultivase.

Pedimos, por tanto, la abolición del uso de todo arma de fuego contra las aves del cielo, pedimos la prohibición de todo tipo de caza con arma de fuego contra la vida del cielo y la vida de la tierra. No hay en este mundo ni en ninguna parte del universo conocido razón que justifique la destrucción por deporte de la vida creada.

Y pedimos la inmediata desmantelación de toda la industria dedicada a la Agricultura Artificial, y cierre y derribo de todas las plantas de producción de venenos químicos agrícolas cuyo efecto inmediato es la destrucción de todos los ecosistemas de suelo y subsuelo sobre los que la Naturaleza basa su producción alimenticia, su efecto a medio plazo el envenenamiento de los veneros y pozos de agua de riego y para consumo humano, efecto indeseable al que se le suma la destrucción de toda vida de ríos y riachuelos, más la deriva de esta porquería en las costas, eyaculando en los mares veneno puro.

Y pedimos la prohibición de la producción, transporte y uso de toda la gama de sulfatación agrícola, cuya necesidad se basa en el método delictivo de labranza por envenenamiento de la tierra. La sulfatación vaporosa es un agente de destrucción de todo el ecosistema alado cuya integración en el ciclo de producción alimenticia tiene su fundamento en la lucha de la Naturaleza contra las especies insectívoras portadoras de plagas y enfermedades de árboles y plantas. Como complemento a esta medida:

Pedimos la prohibición del negocio de venta al público de armas de fuego para la caza de todas las especies, sean aladas o terrestres. Pedimos la prohibición de la caza deportiva a todos los niveles y a todos los efectos, incluyendo su actuación como figura en el código penal de la Tierra. No caben justificaciones ni excusas, es hora de acción; si este delito es un medio de vida natural a una clase, entonces hay que combatir el problema extinguiendo una clase social que ha puesto en peligro a la Humanidad y se niega a abandonar ese comportamiento genocida. Vivir o morir. Lo que elijamos eso será.

Una vez desterrado el ciclo de producción alimenticia acorde al modelo homicida del siglo XX podremos poner las bases para una Sociedad de Producción y Distribución tal que se corresponda al Modelo del Siglo que ha nacido. El hombre aspira en cuanto ser a una media de vida de 120 años, y en consecuencia el Nuevo Modelo Social de participación del individuo en la comunidad mediante su trabajo está llamado a revolucionar todos los hábitos en el origen de este alejamiento de la plataforma más importante para su vida: cómo se produce y dónde come el pan de cada día.

Pero hacer futuro es comenzar a andar.

 

 

B

Contra el tabaco

 

La verdad la conocemos todos. Querer actuar de acuerdo a la verdad es harina de otro molino. La crucifixión de Cristo no expuso más que la tragedia que vive la verdad entre nosotros; tragedia bajo cuyas ruedas han seguido muriendo, lo mismo que murieron antes otros, todos los que lucharon por la verdad sin más armas que la propia verdad. Recordemos a Luther King, americano; Ghandi, indio; Savonarola, italiano, y a tantos otros héroes desconocidos que lo dieron todo por la verdad y el mundo les pagó con la cruz.

La verdad es que de la muerte por hambre de millones de nuestros semejantes somos nosotros los únicos culpables. ¿Tendrán que pagar la culpa de nuestros delitos nuestros hijos?

Ahí está, una planta maldita, creciendo como un cáncer todopoderoso que cada década absorbe más cantidad de suelo cultivable, y al ritmo que crece para mediados del siglo que corre: la Humanidad comerá ... tabaco.

La producción de plantas venenosas, homicidas, en razón de los intereses de grupos de poder, propios de las edades de los metales, grupos organizados con Ejércitos y Estados a su servicio, es uno de esos cánceres amados que el paciente cuida en su locura suicida sin tener en cuenta la gravedad de su comportamiento contra sus semejantes, a los que no les desea más bien que se mueran de una muerte peor que la que nuestro hipotético loco se ha adjudicado para demostrar su valor en el desprecio de la muerte, en este caso, la propia.

Son muchas las plantas venenosas que los intereses asesinos de unos cuantos grupos organizados cultivan y usando la violencia que viene de sus riquezas imponen a la sociedad en cuanto cultura propia, alienando al ser de la inteligencia que le es natural mediante el artilugio criminal de integrar en las cosas propias de lo que sea la Cultura el consumo suicida de dichas plantas asesinas. Aunque hay algunas que son verdaderos venenos que, en las manos de asesinos supercriminales, hicieron del último cuarto del siglo XX su campo de muerte, hablemos de la heroína el día que cayó Afganistán en las manos de la URSS y después en la de los Talibán, estas plantas, a pesar de su mortandad virulenta tienen la virtud maldita de concentrarse en grupos discriminados de individuos, sin lograr la aceptación universal de la cultura popular internacional, de cuya bendición goza el tabaco.

Hacer lo que los políticos del siglo XX, reducir las tragedias a números, no es sólo vergonzoso sino que da cuenta del valor de la cultura política del siglo XX: desgraciadamente aún en vigor. Argumentar, en consecuencia, sobre la relación entre el consumo de tabaco y la progresiva destrucción del sistema psicosomático del ser humano es asunto, a estas alturas, reservado para verdaderos idiotas.

El sistema de defensa que el hombre en tanto que hombre hereda y lega a su descendencia está en relación directa con la experiencia del ser en el universo, y desde esta experiencia ese sistema se actualiza constantemente. Pero un sistema no puede actuar con parámetros no inscritos en su estructura interna. Quiero decir, el sistema inmunológico es la evolución de una progresión en el tiempo producto de la relación entre el hombre y su hábitat, pero no fue creado para defender al hombre del propio hombre, y aquí está el problema: El hombre tiene que enfrentarse a sí mismo en cuanto el peor enemigo de su supervivencia.

El cultivo y defensa de la planta del tabaco, aun cuando la desertización del planeta es progresiva y el ritmo de extensión de esa planta maldita reduce aún más esa extensión en decrecimiento constante, condenando a la muerte por hambre a millones después de haber devastado por el cáncer a decenas de millones de seres humanos hasta la fecha, esta relación del hombre para con el hombre demuestra que sin la conquista del Poder para desde el Poder lanzar la ofensiva final contra este cultivo homicida, sin la conquista del Poder por las generaciones del Siglo naciente es un objetivo condenado al fracaso. Y sin embargo la verdad no tiene más que una bandera y una palabra: destruir todas las plantas de producción del tabaco, abolir ad eternum el cultivo de ese veneno, desterrar de la faz de la tierra todo el sistema productivo creado alrededor de la muerte de decenas de millones de seres humanos y en aumento criminal constante.

Las medidas infantiles tomadas con el consentimiento de los grupos criminales dedicados a la destrucción de la humanidad en beneficio propio, tales como limitación de la edad, limitación de lugares, bla bla bla, son parches, concesiones que el agente destructor de la humanidad concede a fin de seguir creciendo a costa de la carne y la sangre de los humanos.

En una guerra total no caben las concesiones. Nada que no sea la destrucción de todo el círculo productivo y de comercialización del tabaco puede entrar en el programa de lucha contra el tabaquismo, que es decir, contra el cáncer.

La propaganda de ese grupo criminal no se detiene ante nada para mantener la falacia de la disociación entre cáncer y tabaco. Pagan a expertos en ciencias para adulterar la verdad en público, pagan a los medias para minimizar la relación letal y directa entre tabaco y cáncer. En tanto que grupos criminales que viven de la muerte de millones de seres humanos la necesidad les empuja a actuar como lo que son, asesinos en masa.

Es evidente que la verdad suena a violencia cuando quien se opone a ella es un criminal de la peor especie. Y más evidente todavía que no hay peor idiota que quien defiende a quien le está asesinando ... en nombre de la libertad.

Hay medidas que podemos ir tomando colectivamente e individualmente en razón del poder que tenemos, en grupos y en privado.

A) Pedir a los municipios la abolición de la siembra de máquinas distribuidoras por las calles, por ejemplo;

B) prohibir en los negocios propios el consumo de tabaco;

C) no llevar a los hijos a lugares donde se fuma;

D) si tienes una plantación, destruye la cosecha y planta patatas, tomates, pimientos, naranjas y alcachofas;

E) si tienes un negocio de venta de tabaco, abre con lo que has ganado otro y ciérrale esa puerta a la muerte.

F) Si tienes un bar, despide a la máquina que vende tabaco y no vendas. El que quiera pudrirse fumando, que fume sin embargo, es tu propiedad y en ella eres dios. Pero recuerda que los dioses cayeron, y tú puedes ser el próximo; no precipites tu caída.

No es hora de las palabras, sino de la acción. Mil veces se ha demostrado la relación directísima entre cáncer, tuberculosis y ochenta enfermedades pulmonarias más: ¡con el tabaco! Mil veces más los Homicidas que viven del Delito contra la Humanidad que todo el sistema de Producción y Distribución de Tabaco representa, les han pagado a nuestros queridos prostitutos del Siglo XX, los científicos, para firmar declaraciones criminales, tales como que el Tabaco no es en verdad el agente del cáncer, o es muy difícil establecer una relación científica directa ... bla bla bla ... discurso de criminales firmado por sus cómplices, la peor de las prostitutas: la Ciencia del Siglo XX.

¿Hay alguien que dude aún de la relación directísima entre Tabaco y Cáncer? Si lo hay, que ese alguien coja su cerebro y lo tire a la basura.

Las medidas infantiles de los políticos progresistas para acallar la conciencia social no han dado ningún fruto sino que el cultivo de ese veneno genocida siga su crecimiento imparable. Volver a demostrar lo que se ha demostrado ya cien mil veces es seguirle el juego a un idiota de nacimiento. El siglo XXII será si el Siglo XXI no es una continuación del XX. Todo lo que sea una suite será un paso más hacia la extinción del Género Humano. La trascendencia de este Siglo XXI para el futuro de la Humanidad es inmensa. Ya es hora de que después de seis milenios viviendo en el infierno empecemos a salir de su reino. Todo lo que pertenece al infierno debe ser dejado entre sus fronteras; no somos ladrones, no debemos llevarnos nada de lo que le pertenece al infierno; que el fuego devore lo que le pertenece.

Pedimos y debemos desterrar de la Tierra la planta del Tabaco, echar abajo todo el sistema de Producción y distribución del agente antihumano más poderoso del momento, causa directa de una epidemia que se cobra millones de vida al año, el Tabaco, y contra cuyo crecimiento el Poder no sólo no adopta el Estado de Guerra Universal sino que hasta acaricia la posibilidad de eliminar el Peso de la Humanidad mediante este agente sin necesidad de tener que poner en juego medidas más "progresistas".

Echad cálculos por vosotros mismos y estudiad la cantidad de hectáreas dedicadas a la destrucción de la Humanidad, que, de ser dedicada al Cultivo de patatas, lechugas, tomates, manzanas y coles, ¿a cuántas multitudes estaríamos alimentando? Y al no hacerlo, ¿a cuántas multitudes estamos condenando al hambre?

Y pues que el Tabaco no es más que un vehículo de propagación de una aptitud generacional multitudinaria para la drogadicción, y esta aptitud un medio para el Control de las Juventudes Revolucionarias, ¿en qué proporción está creciendo el número de hectáreas dedicadas a la destrucción del Hombre y en qué proporción crece el Hambre y el Cultivo Transgénico, la nueva Plaga contra la Humanidad?

La única respuesta real y humana es la Destrucción de todo el SISTEMA DE PRODUCCION Y DISTRIBUCION DEL TABACO.

Ganamos poniendo la primera piedra para la Victoria Final contra el Cáncer.

Ganamos produciendo millones de toneladas de alimentos con los que cubrir las necesidades de las Poblaciones sujetas al Hambre.

Ganamos quitándole argumento a los Nuevos Bio-Criminales de finales del Siglo XX: Los Productores de Transgénicos.

Ganamos reduciendo la Aptitud para la Drogadicción que produce el consumo de Tabaco mediante su adaptación a vehículo de productos adictivos de alto poder alienante de la voluntad humana.

Hay que comenzar por uno mismo, evidentemente. Pero el fin de la acción es el Destierro de esa Planta de la Superficie de la Tierra. Sin condiciones, sin treguas, sin pactos. Destrucción de todo el Cultivo, Manipulación y Distribución del Tabaco. Nuestros hijos nos lo agradecerán y nuestros nietos no podrán creer que en los tiempos de sus abuelos las gentes se envenenaban, casi por deporte, por demostrarse que se era más hombre o más mujer por meter en la lotería del cáncer, y renunciar al maravilloso Poder de la fuerza de Voluntad que el consumo de ese veneno mataba en el organismo. Nos aplaudirán y con pulmones como motores atómicos correrán los 40 kilómetros del Maratón antitabaco en honor de nuestra hazaña, porque nadie creerá que esta Guerra lleve a término su Victoria sin tener que vencer la resistencia de todo el entramado Biocriminal que ese Sistema representa. Ahora bien, si sencillamente dejamos de fumar todos, como se cae por su propio peso un castillo en el aire cuya magia se basa en la credulidad de todos, esa Victoria está a nuestro alcance sin siquiera darle oportunidad al enemigo a vestirse para la batalla.

 

 

Capítulo 3

Sobre la Vida y la Muerte

 

 

EL POLITIKOM