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CRYS
PREHISTORIA
DEL CRISTIANISMO Y FUNDACIÓN DEL REINO DE DIOS
Por aquel tiempo
tomó Jesús la palabra y dijo:
Yo te alabo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los
sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque así te
plugo. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el
Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere
revelárselo.
1.
Orígenes.
Así
pues; todas las cosas que nos afectan y componen la Historia de la Plenitud de
las Naciones tuvo su principio en otro Mundo, en otro lugar del Universo, en un
Mundo situado más allá de las estrellas de los Cielos, justo en el corazón del
reino de las galaxias. Allí justamente en el centro de su Creación se creó Dios
su Mundo; el Mundo desde el que bajó su Hijo al nuestro y al que regresó tras
su Resurrección.
Muchas
veces lo dijo el Hijo de Dios, pero sus palabras no encontraron oídos que le
prestaran atención ni inteligencia que comprendiera su mensaje. Una de las
veces que con más claridad habló sobre su Mundo de procedencia lo hizo en
presencia de Poncio Pilatos. “Mi Reino no es de este Mundo, si de este mundo
fuera mi Reino mis ministros habrían luchado para que no fuera entregado a los
judíos, pero mi Reino no es de aquí”.
En
otras ocasiones Jesús volvió al tema de su Procedencia y no dudó en dejar claro
que El era de otro Mundo, que había dejado su Mundo y
había bajado al nuestro para liberarnos de la Ignorancia y conducirnos a la
Sabiduría. En la Tercera Parte del Primer Libro toqué el tema del Origen del
Cielo, ese Mundo del que viniera el Hijo de Dios. Intenté traer a la memoria en
la medida de lo posible sus Crónicas y le seguí la pista a sus Guerras hasta el
punto que nos afecta directamente a nosotros.
Creo
haber dicho entonces que Dios creó ése Mundo, desde el que nos enviara a su
Hijo, para ser su Casa, su Patria, su País, su Propiedad, su Paraíso. Y lo creó
en todo a su medida y gusto. Por fronteras le dio el Orto que vuela sobre las
alas del Infinito, por futuro le dio la Mañana que siempre amanece y vive para
siempre en los ojos de la Eternidad. Es decir, lo creó a imagen y semejanza de
la Idea que bullía en su Mente sobre la Naturaleza y Constitución del Nuevo
Cosmos que se disponía a levantar inmediatamente después de finalizar la
creación de su Mundo.
La
Idea del Cosmos que Dios tenía en Mente antes de meterle mano a la Realidad
Universal podemos definirla mediante dos notas principales; una, expansión ad
infinitum de sus fronteras; y dos, evolución ad eternum de su futuro. Decidido a ser el Origen de esta Nueva Realidad Universal, fruto
de la fusión del Espacio y el Tiempo en un Núcleo material, centro geográfico
del Nuevo Cosmos, Dios le dio a ese Núcleo un cuerpo, lo dotó de una naturaleza
propia, con su propia especificidad singular, única e irrepetible.
Nacido
para ser el corazón geográfico de su Creación, el punto de intersección entre
los dos vectores increados, Infinito y Eternidad, Dios materializó su
existencia y dotó su cuerpo de la Indestructibilidad natural a su propio Ser.
También de la capacidad de crecimiento material connatural al Espacio y al
Tiempo. Aquel Mundo iba ser su Mundo, su Casa, su Patria, su Paraíso, su
Propiedad, su País, su Tierra, su Todo, lo que nunca tuvo. Dios fue de siempre
un nómada en la Eternidad, un aventurero en el Infinito. Ahora se iba a crear
lo que nunca tuvo, su Casa, su Mundo, y lo iba a crear sin límites de medios ni
falta de imaginación.
Y
así lo hizo. Cómo lo hizo no importa. En el caso de la creación de nuestro
Universo el Cómo sí importa. En la Introducción a la Cosmología del siglo XXI
toqué este tema. En la tercera Parte del Libro Primero de la Historia Divina
dije que ya tendremos la vida eterna entera para conocer este Mundo sobre cuyo
Origen estamos tratando en este libro. Lo cual me lleva a declarar lo que
declaré ya antes en alguna otra parte, que hay cosas que están dentro de
nuestra esfera de conocimiento y otras, como el Nacimiento del Padre y del
Hijo, y la creación de este Mundo nacido para ser la Patria de su Creador, que
escapan a la comprensión física de nuestra inteligencia.
Afirmar
al estilo de los antiguos, aunque ellos prefirieron que los llamasen modernos,
que lo que no podemos comprender no existe es una declaración de locura. Somos
criaturas animadas con inteligencia en razón de la Inteligencia de quien nos
creó, y a pesar de haberle dado nuestro Creador por límite a nuestra
inteligencia su Omnisciencia no debemos olvidar que hay cosas que están más
allá del dominio de las ciencias físicas y sólo a la experiencia vital le
corresponde su existencia. En este caso hablamos de Sabiduría. El error, el
principio de la locura de los antiguos, por mucho que ellos exigiesen que se
les llamase modernos, fue querer someter la Sabiduría a la Ciencia.
Entonces,
y para no perdernos, levantó Dios en el corazón de su Mundo un Monte. Y en su
cumbre se edificó una Ciudad. Pero sabiendo que no son doce muros los que hacen
una Casa, sino los que viven dentro, soñó con Hermanos, Amigos, Hijos. Tal es
el origen de los dioses del Cielo.
Pasó
luego que Dios engendró de su Ser; y en la Paternidad halló su mente y su
corazón la felicidad perfecta. Le presentó su Hijo a los dioses y éstos le
adoraron.
Al
cabo comenzó Dios a crear el Universo. Las Galaxias pusieron sus campos de
estrellas al servicio de su Señor, desde las cumbres de sus cordilleras lejanas
ríos de soles se abrieron paso por las llanuras siderales. Como quien al caudal
impetuoso, fresco y alegre le da por cabeza de máquina un frente de onda
gravitatoria aquellos lechos luminosos comenzaron a bajar desde todas las
alturas del Cosmos.
Este
es el origen del Universo. Como cuerdas gravitatorias arrastrando un tren de
soles de todas las magnitudes y colores aquéllos ríos de estrellas desembocaron
en el océano de las constelaciones de los Cielos. Y así fue el Universo creado.
2.
Los dioses antiguos.
Conforme
el tiempo fue pasando el Cielo se transformó en un Reino, el Reino se
transformó en un Imperio. La Casa de Dios se llenó de hijos, todos hermosos,
todos príncipes, cada uno de ellos rey de su Pueblo. Pues creado el Universo,
Dios sembró la semilla del Árbol de la Vida en sus aguas, y de sus
profundidades constelacionales la Vida le concibió un
Mundo, dos Mundos, tres Mundos, cuatro Mundos, y hasta Cinco fueron los Mundos
creados antes del Sexto Día de la Primera semana de la Creación. Al Sexto creó
Dios al Hombre.
Este
es el origen de los hijos de Dios, los dioses de muy antiguo.
3.
La Cuna del Hombre.
Fueron
Cinco los mundos que creó Dios y trasladó de sus lugares de Origen en el
Universo a su Mundo, a su Paraíso. El Hombre no había sido aún creado. Ni
estaba aún en la Mente del Creador la idea del Hombre.
A
quienes se preguntan si hay vida en el Universo le diremos que sí; estamos
nosotros. A quienes se preguntan si hubo vida antes de nosotros, les diremos
igual, sí, no hemos sido los primeros ni seremos los últimos. Si entonces nos
preguntan en qué estrella, en qué parte de los Cielos moran esos otros Pueblos
del Universo, les diremos que tienen sus Moradas en el Mundo que Dios se
construyó para sí, el que está Arriba y en el Centro de su Creación. También
nosotros tenemos nuestra Morada en ese Mundo, indestructible y vivo, y allí
Arriba nos veremos todos y compartiremos la vida eterna para la que fuimos
creados. Sin embargo noticias obligan, así que del Futuro volveremos al Pasado,
a los Días cuando el Infierno sembró la semilla de la Guerra en el Paraíso.
Fueron
dos las Guerras que arrasaron el Paraíso, mas el
Cielo nunca fue conquistado. Las grandes batallas por el Trono del Rey de reyes
y Señor de señores están escritas en el Libro de la Vida; en sus páginas se
describen cómo los Hermanos y los Hijos de Dios que se mantuvieron fieles a la
Corona del Unigénito destrozaron la fuerza del Eje de los Rebeldes, abrieron el
Sello de la Fidelidad y los mismísimos elementos de la Naturaleza se pusieron
al servicio de sus Brazos, bellos, invencibles, sabios y fuertes. Como quien le
toma prestado al relámpago el resplandor y con sus destellos en los ojos avanza
contra las tinieblas, o como quien al trueno le da por tienda su garganta y
convierte el cielo de su boca en el firmamento por el que corre el caballo de
los vientos, o como quien por látigo le pide prestado al rayo su misterio y con
sus cuerdas eléctricas golpea el lomo de la Bestia, así, así fue el
contraataque masivo y fulminante de los Príncipes del Cielo contra las huestes
del Infierno que, en ausencia de Dios, se habían alzado contra su Imperio.
Dos
veces el Dragón fue reducido y capturado; y otras tantas fueron perdonados los
Rebeldes. Pues en su amor de Padre creyó Dios que con el tiempo sus hijos
rebeldes cambiarían y conforme crecieran y maduraran esa tendencia a hacer la
guerra se apagaría. Mas viendo que los hechos ocurridos urgían de Él una toma
de decisiones revolucionarias: al Sexto Día de la Primera Semana de la Creación
del Universo concibió Dios en su mente al Hombre
4.
La Luz. Creación del Universo
Creó
Dios nuestro mundo haciendo emerger del seno de las aguas del océano estelar
los Cielos. Luego creó la Tierra. Pero primero fue la Idea.
En
su Omnisciencia el Creador no hace nada sin tejer antes en su Inteligencia el
Edificio a construir. Primero planea, resuelve, tira líneas, calcula, supera
problemas, despeja incógnitas, ve en movimiento virtual el fin al que tiende su
proyecto, se deja llevar por su Sabiduría y luego pasa a la acción. Confía en
su experiencia para mantener bajo control todos los procesos. Si sobre la
marcha algún elemento parece que se le escapa de las manos actúa en
consecuencia, improvisa, toma las decisiones al caso y, sin desfigurar la Idea,
mantiene el movimiento en la dirección original establecida.
Así
pues, creó la Tierra en las fronteras del Cosmos, lejos del Cielo y de los
Cielos, en las Tinieblas. Le dio a la Tierra por esposo el Sol y por hermanos y
hermanas los Planetas.
Sol,
Tierra y Luna, y toda la familia planetaria, fueron creados de un único núcleo.
Creada
la familia solar abandonó Dios la Tierra en las Tinieblas a aquella soledad tan
total y absoluta que la causara sentirse confusa y vacía, según nos lo cuenta
en su Libro. Pues pasó que, contra toda expectativa, cuando fue a la Tierra a
la que le hizo todas las promesas de futuro, su matrimonio con el Sol firmado
desde el mismo Origen, sellado con besos en la Cuna, Dios se llevó a toda su
familia lejos, muy lejos del Abismo cubierto por las Tinieblas, y la abandonó a
ella, la Tierra, a merced de las fuerzas del Abismo. La oscuridad gélida de una
soledad invencible se le metió a la Tierra en los huesos, y de frío los dientes
le castañearon.
Ay
la Tierra, nacida entre promesas de maternidad a la luz de risas, aplausos y
exclamaciones de los hijos de Dios. Bella en su desnudez, hermosa en su
pequeñez. Ay el sueño concebido para ella, como el del niño que vive del sueño
de su madre mientras se tejen sus huesos y su carne. Ay del sueño aquél. El
frío le helaba los huesos, los vientos que recorren las Tinieblas sacudían su
carne trémula. Ay mi sueño, ay mi vida, que se me ha ido mi Dios y me ha
abandonado en las Tinieblas sin nadie que me defienda. ¿Por qué me has
abandonado, Dios mío? ¿Por qué me prometiste el océano, porqué me hiciste soñar
con el Este, el Oeste, el Norte y el Sur, porqué me soñaste madre de tantos
hijos, mis manos con alas, mis cabellos coronados por diadema de nubes preñadas
de vida, mis pies de nieve respirando primavera sobre verdes valles, porqué me
alimentaste con miel si me tenías destinado por alimento este veneno agrio y
espeso? Ay que me muero, ay que prefiero la muerte a vivir sin tu sueño.
Así
que cuando su Creador regresó a buscarla la Tierra estaba vacía y confusa :
porque El no aparecía por ninguna parte. Cuando regresó, la Luz se hizo. Fue
así.
Extendió
Dios un campo de fuerzas que rodeó la Tierra y su superficie se transformó en
un mar de lava viva. Estamos hablando de la Fusión de la Corteza Primaria de
nuestro planeta. De las entrañas de aquél mar de lava viva surgió la Atmósfera
Primigenia. Al cabo la corteza terrestre se enfrió y aquella atmósfera se
convirtió en un Manto de Hielos que cubrió la esfericidad entera de nuestro
planeta de polo norte a polo sur. Tal Manto de Hielos era “la Luz”.
Este
es el origen de la escalera de los elementos naturales. (En la Introducción a
la Cosmología del siglo XXI el tema de la Física Creadora de la Biosfera se
toca con la profundidad debida). Esta es la Historia de la Tierra.
5.
El Firmamento.
El
abrazo del Omnipotente. Oh, el cálido abrazo del Omnipotente. El calor de tus
músculos, oh Dios, es el calor del primer beso entre los esposos vírgenes, el
calor de la primera palabra del padre a su bebé, envuélveme en tu aliento, Dios
mío…Ay la Tierra, cuántos versos, cuántas líneas escribió en su soledad, cada
una una paloma blanca cruzando las aguas en busca de
la ramita de olivo que le mantuviera viva a Noé la esperanza. ¡Su alegría, su
corazón desbocado, su pulso desatado, sus nervios vibrantes el día que la luz
del Gran Espíritu de su Creador brilló fulgurante, atravesando el campo de las
galaxias a la velocidad del pensamiento! Su Voz cálida, su Verbo tierno, ay
hermanos y hermanas, me muero por rociar mis orejas con el bálsamo del eco de
sus cuerdas, cuando su Palabra rompa el Silencio.
Y
así fue. El Gran Espíritu regresó, la abrazó, se la comió a besos, le habló, y
la Confusión desapareció al momento.
Envuelta
en aquél Manto de Hielo forjado a temperaturas bajo ceros absolutos, Manto de
Hielos producto de la Fusión de la Corteza Primaria y Sublimación de la
consecuente Atmósfera Primigenia, separó Dios a la Tierra de las Tinieblas y la
introdujo en los Cielos. La condujo al encuentro del Sol y los Planetas. En el
calor del encuentro el hielo se derritió y se transformó en Aire y Agua. Bajo
el Firmamento que separó Aguas de Aguas, los dos bloques de hielo comenzaron su
repliegue hacia los polos Norte y Sur. Y desde entonces el Firmamento sigue
ahí, separando las Aguas de los mares de todos los días de las Aguas
gravitatorias que llenan el espacio exterior.
El
Firmamento en el Verbo del Génesis es la Atmósfera resultante de esta manera
creada. Firmamento al que llamó también “cielo”, el cielo de todos los días,
azul, rojo, blanco, amarillo, naranja, violeta, púrpura. Firmamento sobre cuya
arquitectura ya tendremos tiempo de entrar, y hablando de la cual tocamos su
génesis, dejando para otro sitio los fundamentos de la Biosfera, fundamentos
que han de conducirnos a la definición de los elementos constitutivos de la
Ecosfera. (En Los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra tenéis la ocasión maravillosa
de seguir la mecánica creadora de estos procesos paso por paso).
6.
La Mano de Dios.
Siguieron
bajando las aguas del océano madre bajo el Sol. Y continuaron bajando hasta
alcanzar el nivel de los mares. Entonces, cuando las aguas se retiraron para
dejar que la Vida siguiera su curso, la huella de la Mano Creadora quedó
grabada en la piedra de las dorsales oceánicas, y sobre la superficie de la
huella de sus cinco dedos el árbol de las especies echó sus raíces.
Este
es el origen de la vida en la Tierra.
7.
El mundo de las aves.
Los
mares se llenaron de criaturas, tantas que no cabían en la inmensidad de
aquéllas aguas que le daban la vuelta al mundo. El nivel de las Aguas que
estaban debajo del Firmamento siguió bajando y por tanto la presión subiendo.
Entonces el Árbol de la vida atravesó la frontera entre el agua y el aire y el
firmamento de los cielos se llenó de criaturas con alas y picos. Otras ramas
tocaron tierra firme directamente del agua a la tierra; pero el mundo era de
las aves, que ponían sus huevos en tierra y se extendían tierra adentro hasta
los confines de las cordilleras. Así que cuando los anfibios comenzaron a
internarse más allá de las orillas y se dieron por alimento huevos de aves
prehistóricas la necesidad de vigilar la propiedad generó la transformación revolucionaria
de las alas en brazos.
Este
es el origen de todas las bestias que paren.
8.
Los hijos de Dios.
Vive
que evolucionando crecieron los hombres y sus familias en los bosques, desde
cuyas fronteras con el mundo de los monstruos vieron bajar del cielo a los
dioses. Los hijos de Dios se distinguían de las demás criaturas porque
caminaban sobre sus piernas. Y el poder que su palabra ejercía sobre todas las
bestias era muy grande. Se despertó entonces en los hombres un instinto sui
géneris, el de la inteligencia, y encontraron en la capacidad natural para
imitar a los dioses el camino hacia el dominio del mundo. Fue por entonces
cuando los hijos de Dios adoptaron a los hombres como discípulos.
9.
Mesopotamia. La tierra del paraíso terrenal.
Dios
le dio a cada uno de sus hijos una zona de influencia en la Tierra. Según el
Sello que cada pueblo hubiera recibido de su preceptor la Formación de los
Cinco Pueblos originales de los que procede todo el género humano daría lógico
lugar a cinco culturas diferentes. El Plan era unificar esas cinco culturas en
una sola, de la que emergería la concepción de un reino mundial, patria
original de todos los pueblos futuros del género humano. La corona de ese reino
se la daría Dios al Primer Hombre, que le llamaría Padre, y nadie podría
otorgarse este poder.
Así
que este proceso de formación de los pueblos de la Tierra en marcha, viniendo
de diferentes lugares se encontraron en Mesopotamia, llámese Irak en los días
corrientes, un número indeterminado de familias. Crearon sociedad, levantaron
ciudades, establecieron constitución social. Pero jamás se otorgaron el poder
de elegirse un rey y comenzar por ellos mismos la obra de unificación de todos
los pueblos de la Tierra en un gran reino. Dios daría.
10.
Adán y Eva.
Y
dio. El seguimiento de la Arqueología alrededor de la Primera Civilización,
entre los grandes ríos mesopotámicos descubierta, nos permite relacionar la
Edad de Oro del Neolítico y su Revolución Agrícola, durante el Quinto Milenio
a.C., con la fundación de las Ciudades Estados sobre cuya Comunidad vino a
crearse el Primer Reino que la Tierra conoció. Desde las familias a las
Ciudades y desde las Ciudades Estados al Reino de Dios en la Tierra, era el
Movimiento Universal sobre cuyas líneas maestras la Historia de la Humanidad
había emprendido su Aventura de la mano de los hijos de Dios. La Estructura de
las Ciudades, creadas a raíz del Encuentro de las Familias de la Tierra en
Mesopotamia, nos demuestra que la Evolución progresiva del Encuentro de las distintas
Familias Humanas entre las Murallas de los Estados marchaba hacia la Creación
de este Reino, nacido para comprender en su Corona a todas las Naciones del
Género Humano. Sin embargo, la Corona sólo podía bajar del Cielo. Es decir, el
Hombre nacido para ser el rey, ergo hijo de Dios, solo Dios podía llamarlo
desde el seno de su madre. Y así fue.
Dios
le dio un nombre nuevo a su elegido: Adán. Dios lo adoptó por hijo. Y le
descubrió el Futuro de la Humanidad según en su Presciencia la había tejido El
en su Mente.
Fuera
del Edén la voz del Espíritu había extendido el mensaje. La elección divina se
había producido. La Corona había bajado del Cielo. El Reino de Dios en la
Tierra era un Hecho. Tal fue el Origen del Primer Reino fundado entre las
familias de los hombres.
Este
es el origen de Abraham, padre de Israel.
11.
El talón de Aquiles de Adán.
La
sociedad original humana no había sido establecida sobre la propiedad, la
mentira, o la conquista del poder. Todo le pertenecía a Dios y sus sacerdotes
almacenaban el fruto del trabajo en el Templo para su distribución según las
necesidades de las familias.
La
palabra de un hombre era ley. El hombre, a imagen y semejanza de su Creador, no
hablaba jamás en vano. La Palabra es Dios, y la Palabra de Dios es Ley, la
Palabra del Hombre es Ley a imagen y semejanza de la Palabra de Dios.
Aquí
era donde residía la fuerza del Hombre a los ojos de su Creador, en esa
inocencia que lo empujaba a creer en la palabra de su prójimo como si fuera la
suya propia. Hasta que llegó el hijo de la perdición, convirtió ésa fuerza en
diana para la certera flecha de su traición, y la Guerra Civil se hizo.
El
Pecado del Rey del Edén fue declarar la Guerra Santa como medio de llevar el
reino de Dios a todas las naciones de la Tierra. Contra esta tentación, elegir
la Guerra a la Paz, el Amor al Terror, había Dios dado su decreto Omnipotente y
Eterno: "El día que comieres, morirás", ergo : Pena de Muerte contra
todo el que Hiciere la Guerra, Pena de Muerte contra todo el que se levantase
en Guerra contra su hermano. Todo tipo de Guerra, Santa o Profana, es Delito
contra la Creación de Dios, ergo, contra el Creador.
¿No
era astuta la serpiente? Puesto que el Hombre fue creado a la Imagen y
semejanza de Dios y tenía la Palabra por Dios, vistiéndose de Enviado de Dios,
mediante la Palabra mataría a quien tenía la Palabra por Ley.
12.
Más dura sería la venganza.
Ay
de la Serpiente cuando el Padre de aquél Niño volviera. El Dragón sería
desterrado de los límites de la Creación adonde el no-ser vive una muerte que
nunca llega ni se va. Sus planes para obligar a Dios a convertir el paraíso en
un mundo de dioses más allá del bien y del mal estaban condenados al fracaso
más absoluto.
En
Dios el Padre y el Juez son un todo indivisible. Justicia y Amor son los dos
Brazos de su Espíritu. ¡Al Infierno quien ama el Infierno!
Bendito
sea Dios y su santo espíritu de justicia. Él no puede soportar la visión de
todo lo que hemos visto y oído, y por eso la Creación entera ha estado
expectante soñando con el Día de la gloria de la libertad de sus hijos, cuando
al frente de su Casa el Rey del Paraíso se alce contra lo que el Infierno
sembró entre los hijos de la Tierra.
Bailad,
guerreros, la danza de la victoria en honor del Invencible. Batid palmas
vientos del Norte, recorred los mares con la noticia vientos del Oeste,
llevadle el grito de la esperanza a los que viven en las sombras del Este:
Viene el Rey, lo rodean príncipes que brillan como soles, el ejército del
paraíso de los Buenos vuelve a cantar al término de la Noche.
Sí,
hijos de la Tierra, ¡ay! de los Rebeldes por tercera vez, porque colmaron el
vaso de la paciencia divina; en su locura quisieron transformar el agua no en
vino sino en veneno. Juró entonces Dios que no retiraría su espada hasta que su
hoja cayera sobre la cabeza del asesino y sus cómplices malditos. Juró por su
honor y su gloria que un Niño nacido de aquella Eva heredaría su espada, la del
Creador, y con ella se cumpliría la Palabra de Dios: Él te aplastará la cabeza.
¿No
veis hijos del Gran Espíritu la visión que el Guerrero Eterno tuvo? ¿Qué brazo
surgido del barro podría levantar con su puño la espada del Héroe de las
galaxias que recorren alegres el infinito? La respuesta está en vosotros porque
estuvo entre nosotros: El Brazo de Dios, el Brazo de su Hijo, el Brazo de Yavé.
Viendo
la visión de su Padre, Adán se levantó del suelo y bailó sobre los restos de su
desesperación la danza de los héroes en honor del Campeón que el Gran Espíritu
les había elegido a los hijos de la Tierra.
Este
es el origen de Cristo.
13.
Al Este del Edén.
En
la amargura de la desesperación que le rajó el alma y le desgarró la mente,
Adán vio la historia de la humanidad desde el fratricidio a la última bomba que
reventó la Tierra y la redujo a montañas de piedra desvaneciéndose en el humo
de las estrellas. Los horrores que vio le espantaron de tal manera que se le
hizo imposible creer que su Dios y Padre fuera a permitir semejante tragedia.
Pasó
entonces que Adán no se equivocó.
Dios
sintió la traición de Satanás como una puñalada en la espalda, como un lanzazo
en pleno corazón. Muerto su elegido la Tierra quedaba a merced de un Dragón
loco por imponer su imperio desde un confín al otro del mundo; pero por su
Omnisciencia y Todopoder que la Serpiente Antigua acababa de firmar su
sentencia de destierro ad eternum del Cielo,
de la Tierra y de la Creación entera. Por su salud que un hijo de ese mismo
Adán se levantaría hasta las nubes, alzaría sus brazos y dejaría caer sobre la
cabeza del asesino de Adán el Martillo de la Venganza.
Adán
y Eva también fueron desterrados lejos de su patria. Adonde nadie pudiera
encontrarlos y mataran al Niño de la Profecía. Fue como si se los hubiera
tragado la tierra. Los escondió Dios de la cólera de sus hermanos entre los
pueblos de las montañas, moradores de cuevas, los montañeses cazadores de
pieles del Este.
Este
es el árbol genealógico de los hijos de Noé.
14.
La primera guerra civil mesopotámica.
Inmediatamente
después de la Caída las Ciudades de muy antiguo: Ur, Lagash, Kish, Umma, se
dieron reyes y cada rey se lanzó a hacer realidad la utopía del reino universal
empleando la fuerza.
Los
ángeles rebeldes abrieron la Caja de Pandora, le dieron nuestro mundo por campo
de acción y la larga mano de sus tentáculos alcanzó a todas las naciones.
Alcanzó también a Caín, que mató a Abel en un intento desesperado de obligar a
Dios a entregarle la gloria del príncipe de los vengadores.
Consolados
por la Sabiduría, Adán y Eva educaron a Set en la Doctrina Mesiánica de los
Patriarcas. Nadie excepto el propio Dios conocía el tiempo del Nacimiento.
Cuando
terminaron aquellas primeras guerras fratricidas los hijos de Set regresaron a
la patria perdida y aprendieron a convivir con las demás familias en igualdad,
sin olvidar jamás la situación de guerra declarada entre el Cielo y el
Infierno, y la parte que se les había asignado en el encuentro.
El
Primer Hombre que llamó Padre a Dios fue Adán; pero de ninguna manera Adán iba
a ser el último a quien Dios llamaría Hijo delante de su creación entera.
Este
es el origen mitológico del rey David.
15.
Hacia el diluvio universal.
Las
crónicas conocidas para el periodo de la Caída de las Ciudades-Estado y la Era
antes del Diluvio nos vienen dadas de una forma arcana en los archivos
descubiertos en los yacimientos arqueológicos del Oriente Medio. Hablan de
crónicas reales, del origen divino de la realeza. Coinciden con el Génesis
Hebreo en el acontecimiento del Diluvio.
Según
se deduce de la historia de aquél mundo de mitos y héroes, las Ciudades-Estado
compraron la paz a un precio muy alto. La No-Ley por Ley, uniendo el ser y el
no-ser en una bomba le entregó al imperio de los dioses antiguos el cetro de
las Cuatro Regiones. Estos, los dioses malvados y malditos que sembraron la
cizaña de sus mentiras de un confín al otro del mundo, sin miedo ni honor ni
vergüenza en sus entrañas, no habiéndoles bastado con haberle declarado la
guerra al que aún seguían llamando Padre, le ofendieron hasta el infinito
pisando una ley sagrada, inviolable, contra cuyo delito insoportable su Gran
Espíritu sufrió en silencio lo indecible. Pero tragándose su orgullo,
quemándole la sangre, aguantó el Divino Guerrero el sufrimiento, almacenando en
su alma el fuego en el que se quemarían eternamente aquellos demonios perversos
y malditos. Porque si un padre por amor a un hijo permite que ese hijo mate a
sus demás hermanos, ese padre es el demonio malvado y perverso de cuyo seno
surgiera tal malvado hijo. Lejos de la Paternidad Divina semejante criminal
conducta.
Callado,
con los dientes apretados, los nervios en tensión, Dios sufrió lo indecible el
día que pisaron su ley sagrada sobre la prohibición del cruce de razas
cósmicas. Uniéndose Satán y sus hermanos malditos a las hembras humanas
parieron de ellas criaturas medio hombre-medio demonios que, arrasadas sus
entrañas por una inmortalidad que se les negaba, sembraron el mundo de
destrucción, convirtiendo las tierras en un campo de devastación donde obtener
de sus padres demoníacos, a base de sacrificios humanos, la inmortalidad que se
les negaba.
Ellos,
los héroes de muy antiguo, fueron los fundadores de las religiones sangrientas
que asolaron las tierras y compararon a nuestros padres con las bestias, y los
sacrificaron en el altar de sus pasiones imposibles tras la búsqueda de la
fuente de la juventud eterna. Enloquecidos por su condición ni divina ni humana
sembraron el mundo de aquellas guerras y violencias gratuitas que en sus
cuentos y leyendas recogieron los Antiguos, cuando por el amor de una hembra un
hombre era capaz de meterle fuego a toda una ciudad, como si en el mundo
aquella Helena hubiera sido la última mujer sobre la faz de la tierra.
Salvajes, monstruos paridos de semillas malditas, los héroes de muy antiguo
nacieron para morir arrastrando con ellos a la tumba a todos los que le rodeaban,
como se manifiesta en las tumbas de los Ra y los Amones del Egipto.
No
pudiendo soportar más la presencia de aquél mundo donde el bestialismo impuso
su norma, optó Dios por dar por finalizada aquella obra, echarla abajo y
empezar una nueva. Si afectó el Diluvio a todos los continentes de la misma
manera y en el mismo momento es un cantar de otra materia. Si fue así cada
pueblo lo sufrió a su manera.
16.
De Noé a Abraham.
Las
pruebas del carbono dicen que la fecha del Diluvio debemos situarla hacia el
principio del tercero y finales del cuarto milenio antes de Cristo. La
reconstrucción de la historia desde la arqueología se suma al testimonio.
Se
salvaron muchos del desastre y volvieron a empezar de cero. Durante aquél
proceso de reconstrucción internacional los hijos de Noé tuvieron la parte del
guerrero que baja de las montañas al anfiteatro de las vanidades babilonias. La
estructura del Mito Acadio una copia de la estructura del Mito Hebreo, no es en
vano que muchos historiadores hayan creído descubrir en el Gilgamesh del Mito
sumerio la Conexión Judía.
Recordemos
que Dios les prometió a los hijos de Noé la invencibilidad por norma.
“Se
apoderará tu descendencia de las puertas del Infierno”, les dijo. Promesa
maravillosa y fantástica en la que el Padre de Adán se ratificaba en su
juramento de venganza contra los príncipes del averno.
Estaban
ya los demonios malditos que un día fueran ángeles benditos celebrando la
destrucción del mundo, y se festejaban ya con la victoria final sobre el “hijo
de Eva”, del que ya se reían antes de ver su Nacimiento, cuando Aquél Rey
silencioso y desconocido, cuyo Gran Espíritu no demostraba sentimiento de
fracaso alguno, levantó la cabeza y abriendo su boca, para vergüenza y
confusión de quienes ya celebraban la victoria no conseguida, repitió su
juramente bendito: “El hijo del Hombre te aplastará la cabeza; baila mientras
puedas, maldito”.
Noé
y sus hijos bajaron de las Montañas del Este en formación de ejército. (No
olvidemos que al guerrero de los guerreros, Gilgamés, se le adjudica un origen
montañés en los textos cuneiformes). Los hijos de Noé vivieron en las ciudades.
Crecieron y se multiplicaron. El clan original se expandió por las ciudades de
Nippur, Uruk, Ebla, Kish, Lagash, Umma, Ur.
En
esta Ur de la III dinastía vivían los padres de Abraham cuando la locura
ególatra arrastró al rey de Ur a otorgarse la inmunidad constitucional que se
les suponía a los dioses. Pero reconfiguremos en líneas maestras la sucesión de
aquellos acontecimientos.
Según
los elementos arqueológicos a nuestra disposición podemos situar la fecha del
Diluvio a finales del Cuarto Milenio y principios del Tercero. El llamado
Periodo Protodinástico, de acuerdo a la Lista Real Sumeria, sitúa su origen en
el 2.900. Esta ubicación obliga a situar entre la catástrofe y el renacimiento
de las poblaciones un par de siglos por medio.
Pero
puesto que no se trata tanto de traducir la Lista como de unificar la Historia
con el Génesis, hay que empezar identificando la Edad del oro del Neolítico con
el Periodo y Cultura de El Obeid, entre el 5000 y el 4000 BC, periodo que,
inyectando a su dinámica la lógica de la Naturaleza Humana, lo enmarca como
consumación de los grandes movimientos de familias que venían operándose desde
el Este y el Oeste, y, en el caso occidental mediterráneo, fue dejando sus
huellas en la arquitectura megalítica y la Pintura de Cuevas, (Altamira,
Lascaux, etc.). Desde el sur de la Península Ibérica hasta el sur de la
Península Anatólica este proceso transmigratorio del Homo Sapiens, a quien el
genio le es ya natural, la Historia desemboca en la región Mesopotámica, donde
la población occidental se funde con la asiática y africana para dar origen a
la Cultura de El Obeid. La Lista comienza, pues, donde termina el Génesis.
Adán-Alulim es el efecto final del crecimiento socio-histórico de una
Civilización Original que se extiende por toda la región y determina su
evolución política en dirección de la Fundación de la Monarquía, que “desciende
del cielo” en términos Sumerios, y procede por Elección de Dios según la
terminología bíblica. Con todo y a pesar de la distancia que pretende invocar
la Lista, la memoria de la Caída de la primera Monarquía que conociera el mundo
y diera lugar a la Primera Guerra Civil Histórica, no podía quedar muy lejos al
otro lado del Diluvio. Si la fundación de Eridú se
computa alrededor del 4.900, integrándose sus orígenes en el movimiento general
de poblaciones internacionales que fundara la Civilización de El Obeid, la
desembocadura del crecimiento político determinante de la Fundación de la
Monarquía no habría de llegar sino hasta muy entrado el Quinto Milenio, ya en
la frontera del Cuarto Milenio antes de Cristo. Tomando como cómputo relativo
pero aproximados los 3760 años de la Era de los Judíos, es de cuño legal
colocar entre la Guerra Civil que sucede a la Caída de Adán y la destrucción del
mundo de El Obeid bajo las aguas del Cataclismo Diluviano, cuando caen las
Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar se abre), se hunde la Atlántida
(se abre el Estrecho de Mármara), etcétera, un espacio de tiempo de unos
cuantos siglos, y darle unos cuantos siglos más a las poblaciones para
recuperar su masa. El trauma que representaría una Guerra Civil apuntalada por
la Tragedia de un Diluvio por fuerza tenía que causar una honda cicatriz en la
Memoria de los Supervivientes, quienes, aun sin capacidad para proceder a un
registro de los sucesos pasados, sí estarían lo suficientemente marcados para
dar testimonio de los dos grandes eventos en la base de su desgracia: La
Fundación de la Monarquía y el Diluvio que enterró su Corona bajo las aguas
La
ciudad de Kish fue la primera en salir de las aguas y darse un rey. Al poco la
ciudad de Uruk entró en la dinámica, aportando a la historia las aventuras de
su héroe y rey, Gilgamés.
Tras
la muerte de Gilgamés la ciudad de Kish volvió a recoger la Vara del Imperio,
actuando su rey entre las ciudades vecinas como árbitro y juez de sus disputas.
Poder que pasó a Ur, y después a la ciudad de Lagash, situándonos así en el
siglo XXV a.C. Para finalmente caer en manos de la ciudad de Umma, cuyo rey
héroe reclamó para sí el imperio del Edén.
Imperio
que le duraría a Umma poco tiempo. Se lo arrancó de las manos el joven Sargón,
copero del rey de Kish. Sargón se rebeló contra su rey, se fundó su propia
ciudad imperial, Akkad, y desde Akkad salió a conquistar el mundo.
Lo
conquistó. Sus hijos reinaron desde el 2278 hasta el 2193 aproximadamente,
cuando los Primeros Bárbaros cayeron sobre el imperio del Edén y extendieron su
anarquía desde un extremo al otro de las Cuatro Regiones.
La
caída del imperio de Akkad le devolvió el protagonismo a las ciudades clásicas,
entre las que Lagash volvió a saltar a primer plano bajo la jefatura del famoso
y legendario Gudea. Pero no fue este Gudea quien liberó al País del imperio de
los Bárbaros sino la coalición de las ciudades del Sur lideradas por el rey de
Uruk, bajo cuya bandera debemos situar a los abuelos de Abraham.
Pasó,
pues, que tras la derrota de los Bárbaros, el jefe Utukhegal quiso proclamarse
emperador, lo que al jefe Nammu y su consejo de príncipes de Ur no les gustó
nada, y le declararon la lógica guerra de independencia. Bajo esta bandera, en
efecto, podemos situar a los padres de Abraham.
Nos
hallamos en la frontera entre los dos milenios, Tercero y Segundo a.C.
Observemos,
sin embargo, que antes del descubrimiento de las Ciudades Perdidas Sumerias, en
la segunda parte del siglo XIX, hablando de Nínive, Ur, Kish, Akkad, Lagash,
etcétera, estas Ciudades y su Mundo, que forman parte del Mundo
Profético-veterotestamentario, esas ciudades y su mundo, en opinión de la
Ciencia del XVIII y principios del XIX, jamás existieron, siendo el Génesis de
Moisés y los libros de los Profetas, tratando desde Nabucodonosor hacia atrás,
pura invención literaria, un cuento de viejas mitológicas que los Israelitas se
habían sacado de la manga y los Cristianos habían rescatado a fin de mantener
en las tinieblas a las naciones, de las cuales la Ciencia las iban a sacar a
todas, especialmente a las alturas del siglo XX, fecha que los científicos
firmaron como fecha de la muerte del Cristianismo. Pero por uno de esos
acontecimientos que jamás debieran producirse pero que se producen, una
generación de científicos locos, como investidos del poder de Jesucristo para
resucitar muertos, se pusieron a resucitar las Ciudades Perdidas de Sumeria
que, hasta entonces, fueron sólo cuentos de viejas. Los Sayce, Maspero, Rawlingson, etc, reventaron la dialéctica del materialismo histórico
del siglo XIX con la Nueva Ciencia de la Interpretación de las Lenguas
rescatadas de la Tumba: El Sumerio, el Hitita....donde descansaban Nínive, Ur,
Kish, Lagash, Akkad, etc, etc,
las ciudades protagonistas de la Lista Real Sumeria. La relación entre los años
de vida de las Genealogías Bíblicas y los años de vida de los reyes de esta
Lista fue y sigue siendo uno de esos fenómenos que dejan con la boca abierta.
Recordemos:
LISTA REAL SUMERIA
La corona descendió del Cielo. Eridú fue la ciudad real elegida por los dioses. Alulim, el primero de
los reyes de la Tierra, reinó durante 28.800 años. Alalyar, el segundo de los reyes de la Tierra, reinó
durante 36.000 años. En total estos 2 reyes reinaron
durante 64.800 año. Al cabo Eridu cayó y la corona pasó a Bar Tibirá.
Aquí Enmenluana reinó por 43.200 años. Enmengalanna lo hizo después por otros 28.800 años. Dumuzi el Pastor, durante 36.000. Estos 3 reyes sumaron un total de 108.000
años. Cuando Bar Tibirá cayó la corona pasó a Larsa.
Ensipadzidana reinó en Larsa durante 28.800 años.
Enseguida Larsa cayó y cogió el relevo Sippar
Enmendurana se alzó con la corona y reinó durante durante 21.000 años. Sippar cayó a su vez y Churrupag le sucedió.
Ubar Tutu reinó en Churrupag durante 18.600 años. 8 reyes para cinco ciudades durante un periodo de 241.200
años. Inmediatamente el Diluvio Universal los borró del mapa.
Volviendo
al tema del descubrimiento de esta Lista real Sumeria es necesario decir,
tratando el tema de la Recreación de los tiempos históricos derivados de la
Revolución Arqueológica de finales del siglo XIX, revolución con mucha
diferencia más grande que la Darwinista, por centrar el tema, de cuyo campo
vendría a luz el Nazismo Ideológico, del que surgirían el Nacionalsocialismo
Hitleriano y el Socialismo Stalinista como sus dos hijos putativos más dignos
de la estructura Guerracivilesca a nivel de especie
global que el Darwinismo ideológico portaba en su formulación extra científica;
Revolución Arqueológica que precisamente los dos monstruos hijos del
Darwinismo, sin quererlo, pero haciéndolo, enterraron en el silencio bajo el
estruendo de las dos guerras mundiales que sacudieron el cuerpo del Siglo XX, y
precisamente por ese silencio a que se vio sometida la Arqueología : la
Continuación de aquella Revolución de finales del Siglo XX quedó en manos de
una escuela cuyos prejuicios quedaron en evidencia, uno de ellos durante la
última de las dos guerras, cuyas propiedades podemos enumerarlas en una palabra
clave: Antisemitismo, y el otro que venía operando en la escuela
germano-anglosajona desde la Reforma : el Anticatolicismo; prejuicios que
condujeron a la admisión de errores fundamentales que debieron haber sido
corregidos, pero que, gracias al interregno de las guerras mundiales no sólo no
lo fueron sino que además fueron apuntalados a nivel de Universidades. Bajo
esta ley de antisemitismo toda línea de investigación que condujese a una
relación Hebraico-Mesopotámica fue condenada al exilio en razón de su
derivación como argumento a favor del Catolicismo. Siguiendo esta línea
anticientífica los sucesores de la escuela arqueológica décimonónica cerraron los ojos a todos los datos abiertos a la conexión
Hebraico-Mesopotámica, en su irracionalidad invirtiendo los presupuestos, tal
que no fueron los otros pueblos los que derivaron sus tradiciones de la Memoria
Hebrea sino que serían los Hebreos los que construyeron sus Mitos a partir del
sustrato mesopotámico-babilónico.
El
caso del Diluvio es el ejemplo más patético servido. No sólo negaron, y siguen
negando la existencia de semejante Catástrofe, aun cuando su memoria fuese
corroborada por fuentes extrabíblicas, sino que haciendo gala de una capacidad
nula para el genio anularon el testimonio de esas fuentes corroboradoras de la
Biblia aduciendo que la Biblia se basó en esa Mitología Sumeria, de esta manera
pervirtiendo el significado y la naturaleza de la Metodología Científica. En
lugar de servirse de ambas fuentes como jambas de la puerta por donde entrar y
abrirse paso hacia el interregno entre el Primer Reino Mesopotámico, fundado
por la Generación de Adán, el Alulim de la Lista real Sumeria, la Nueva Escuela
Histórica surgida de las Dos Grandes Guerras Mundiales se limitó a dar por
bueno el Error de sus maestros, asumiendo como agujero negro y laguna
insondable el Milenio que fue desde la Caída del Reino de los Cuatro Ríos al
Primer Reino de las Cuatro Regiones.
En
cuanto a la identificación de la Caída del Adán bíblico con la Guerra Civil en
que se enzarzó el Primer Reino Mesopotámico no se puede decir más de lo que se
deriva de la relación Biblia-Arqueología por en cuanto la Escuela
Germano-Anglosajona, negándose a querer ver relación alguna entre el Mundo
Bíblico y la Mesopotamia Neolítica, que deriva en la Edad de Oro de la que
surge la Concepción de la Civilización como un proyecto de Futuro, a edificar
sobre la estructura de un Reino, que sería el primer Reino Mesopotámico, cuyo
rey sería el Alulim de la Lista Real Sumeria; y porque no quiso y sigue
negándose a reunir las dos partes del Enigma, las pruebas materiales que
proceden a la Identificación de ambos sujetos Alulim-Adán, y conllevan a la
recreación Interpretativa de la Biblia desde la Historia Universal, limitando
la teología a las cosas de la Doctrina de la Iglesia, no se ha producido
todavía.
Ahora
bien, se entiende desde la Historia Universal que el crecimiento de la
Humanidad desde el genio Mediterráneo Ibérico-Galo que se observa en Las Cuevas
y sus Monumentos Megalíticos, es el que desemboca en Mesopotamia, dejando sus
huellas desde Andalucía hasta el sur de Turquía, para finalmente, integrando su
genio con el que procede de Asia y África, dar lugar a la Creación de una
Populación Interracial Abierta que adquiere Consciencia del Ser y se proyecta
al Futuro mediante la Fundación de un Reino, cuyo Rey, Adán o Alulim, según las
Listas, se hundiría en el Delito contra la Humanidad que, habiéndose
introducido como norma en su Mundo, lo conduce a la Política de Expansión de su
Corona mediante la Guerra. Es esta Política la que Dios juzga de acuerdo a la
Ley Eterna y procede al abandono del Género Humano a sus propias fuerzas, que,
andando el tiempo, y de acuerdo a la Ley, se hunde en el Diluvio que entierra
las Ciudades Perdidas de Sumeria, y desentierra la Revolución Arqueológica del
XIX de debajo del mar de lodo del Diluvio.
Ésta
debiera haber sido la base desde la que, debiendo haber adoptado la Lista Real
Sumeria como Testigo de y no como Fuente de la Biblia, la Recreación de la
Historia Antigua del Milenio IV antes de Cristo hubiera debido abrirse paso
hacia la Edad de Oro del Neolítico Sumerio.
No
sólo no se hizo sino que se adoptó por método borrar de la Investigación
cualquier huella que pudiera conducir a una relación de los Héroes Bíblicos con
los Héroes Sumerios.
En
descargo de las Ciencias Históricas digamos que la obsoleta incapacidad de la
Teología para dar paso, encerrada en sus dogmas de la Creación del Hombre desde
una pareja y ella desde la costilla de él, hizo imposible dicha apertura de la
Historia a la Biblia. Este Siglo verá la Corrección de los errores pasados y
pondrá a cada cual en su sitio. Mientras tanto observemos cómo cuando los
hombres comienzan a multiplicarse de nuevo los mismos males que condujeron a
las Ciudades Estados Sumerias a la Guerra Civil y finalmente a su destrucción,
volvieron a surgir. Enseguida tenemos el Primer Periodo de los Grandes Jefes.
Es decir, los hombres vuelven a enfrentarse y se dan Jefes Militares con los
que atacar y defenderse. Este Periodo culmina con la fundación del primero de
los reinados, sujetos a continuas revoluciones palaciegas, pasando la corona de
una familia a la otra, siguiéndose en esto la ley más general de la Historia,
el despotismo da lugar al absolutismo, el absolutismo a la revolución. Vuelve
el despotismo, vuelve el absolutismo, y así hasta que la Guerra deviene el
modus vivendi de las clases aristocráticas que se van creando durante las
vueltas del tiempo. En términos concretos el primero de los sujetos historizados es Enmenbaragesi,
del cuarto periodo monárquico, rey Kish, situado hacia el 2700 A.C., derrocado
por Dumizid el Pescador, sucesor de Lugalbanda el Pastor.
Primer Periodo Monárquico: En E-ana el hijo de Utu, Meskiacgacer, se proclamó señor y rey y gobernó por 324 años. Meskiajgacer desapareció al otro lado del
mar. Enmerkar, su hijo, rey de Uruk, que
construyó Uruk, se coronó rey en lugar de su padre Meskiacgacer,
y reinó por 420 años. La dinastía de Meskacgacer reinó durante 745 años.
Periodo de Grandes Jefes: Lugalbanda el Pastor lo hizo durante 1.200 años. Dumuzid el
Pescador, de la ciudad de Kuara, reinó durante 100 años. El solo capturó a Enmebaregesi.
Segundo Periodo Monárquico: Gilgamésh, cuyo padre fue un fantasma, señor de Kulaba,
reinó durante 126 años. Ur Nungal, hijo de Gilgamesh, durante 30. Udul kalama,
hijo de Ur Nungal, por 15 años. Labacum, 9 años. Ennuntarahana, 8 años, Meche el Herrero, lo hizo 36 años. Melenana, 6. Lugalkitun, 36. En total 12 reyes; que reinaron por un periodo de 2.310 años. Por aquel entonces la ciudad de Uruk fue destruida y la corona pasó a
Ur-(Primera Dinastía).
En la ciudad de Ur reinó por 80 años Mesannepada. Meskiac Nanna, hijo de Mesannepada, gobernó la ciudad 36 años. Elulu, 25. Balulu, 36. 4 reyes en total, 171 años su tiempo. La ciudad de Ur
fue tomada y el reino pasó a la ciudad de Awan.
En Awan 3 reyes gobernaron durante 356
años. Al cabo Awan fue vencida y el reino volvió a la ciudad de Kish.
Segundo Periodo de de Grandes Jefes: En kish reinó durante 201 años Susuda el Tramposo. Dadasig, 81 años.
Periodo Monárquico: Mamagal el Barquero, 360 años. Kalbum el hijo de Mamagal, 195 años. Tuge, 360. Mennuna,
hijo de Tuge, 180.
Tercer Periodo de Grandes Jefes: Ibbi-Ea, reinó 290. Lugalju, 360. 8 reyes en total para un periodo de 3.915 años.
Entonces Kish fue vencida y la corona pasó a la ciudad de Hamazi.
En Hamazi reinó durante 360 años Hadanish. Al cabo Hamazi fue vencida y la corona volvió a Uruk.
En Uruk gobernó durante 60 años Enshakanshanna. Lugalure lo hizo por 120 años. Argandea por 7.
En total 3 reyes para 197 años. Uruk fue vencida y el reino
volvió a Ur.
UR (Segunda Dinastía)
Nani gobernó
Ur por 120 años. Meshkiac Nanna,
el hijo de Nani, lo hizo durante 48 años. Su hijo, 2. 3
reyes durante 170 años. Al cabo Ur fue vencida y el reino pasó a la ciudad
de Adab.
Lugal Anemundu reinó en Adab durante 90 años y después el
reino pasó a la ciudad de Mari.
En Mari gobernó por 30 años Anbu. Anba, el hijo de Anbu, lo hizo por 17 años. Bazi
el Batanero, fue rey 30 años. Zizi el Tramposo, 20. Limer
el Sacerdote Gudu, 30. Charrumiter, 9. En total 6 reyes en un periodo de 136 años. Mari cayó y
el poder pasó a Kish.
Ku Bau la Tabernera gobernó Kish durante 100 años. La ciudad fue vencida y el
poder pasó a Akchak.
Aquí Unzi se coronó y reinó durante 30 años. Undalulu durante 6. Urur otros 6. Puzur Nirac, 20. Ishu Il, 24. Chu Sin, hijo de Ishu Il, 7. 6 reyes durante 99 años. Akchak fue vencida y el reino regresó a Kish.
Puzur-Sin, el hijo de Ku Bau la Tabernera se coronó
rey de Kish y la gobernó por 25 años. Ur-Zababa, el hijo de Puzur
Sin, reinó por 400. 131 fueron los años de la dinastía de Ku Bau. Simudarra reinó 30. Usiwatar hijo de Simudarra, 7. Ishtar Muti, 11. Ichme-Chamas , 15. Naniya el Cantero, 7. 7 reyes en total para 491 años. Al cabo la
corona pasó de Kish a Uruk.
Lugalzagesi reinó en Uruk por 25 años. Fue vencido y el trono pasó a Akkad
Sargón, cuyo padre fue jardinero, y él mismo fue copero de Ur Zababa, rey de
Kish, se independizó y fundó Akkad, desde donde reinó por 56 años. Rimush,
su hijo, lo hizo durante 9. Manitishu,
su hermano mayor, reinó después durante 15. Naran Sin, hijo de
Manitushu, reinó otros 56. Sharkalisharri, hijo de Naram Sin, 25.
El total de años de la dinastía de Sargón, 157. ¿Quién fue rey después? Irgigi era rey, Imi era rey, Nanum era rey, Ilulu era rey y los cuatro reinaron 3 años en total. Dudu lo hizo durante 21. Shu Dudul, su hijo, 15. Fueron 11
reyes, 181 años el total. Al cabo Akkad fue destruida y el poder
pasó a Uruk.
En Uruk fue rey Ur Nijin por 7 años. Ur Gigir, su hijo, por 6. Kuda, otros 6. Puzurili, 5. Ur Utu, 6. 5 reyes, 30
años. Uruk fue destruida y el poder pasó a los Gutis.
LOS GUTIS
Entre los Gutis no había reyes, tenían sus jefes por
3 años. Imta fue rey por 3 años. Inkishush por 6. Sarlabag por otros 6. Shulme, 6 también. Silulumesh otros 6. Inimbakesh, 5. Duga e Igeshaush, 6 años cada uno. Iarlagab, 15. Ibate,
sólo 3. Iarla otros 3. Kurum sólo 1 año. Apil kin, 3. Laerabum, 2. Irarum, 2. Ibranum,1. Hablum, 2. Puzur Sin, hijo de Hablum, 7. Iarlaganda, 7. Tiriga, 40 dias. 21 reyes; 124 años y 40 días. Los Gutis fueron vencidos y el
poder pasó a Uruk.
En Uruk, Utukhegal reinó por 7 años, 6 mesess y 15 días. Al cabo fue vencido y el reino pasó
a Ur.
UR (Tercera Dinastía)
En Ur, Ur Nammu reinó por 18 años. Shulgi,
su hijo, por 46 años. Amar Sin, su hijo, 9 años. Shu
Sin, otros 9. Ibbi Sin, 24. 4 reyes, 108
años. Al cabo Ur fue destruida, los cimientos de Sumer temblaron y la
corona pasó a Isín.
Ishbi Erra reinó en Isín por 33 años. Shu Ilishu por 20. Iddin Dagan, 21. Ishme Dagan, 20. Lipit Istar, 11. Ur Ninurta, 28 años. Bur Sin, 5. Lipit-Enlil, 5. Erra Imitti, 8. Enlil Bani, 24. Zambiya, 3. Iter Pisha, 4. Urdul kuga, 4. Sin Magir, 11. 14 reyes, 203 años.
Un total de 39 reyes para 14.409 años,
3 meses y 3 días y medio, 4 veces en Kish.
Un total de 22 reyes para 2.610 años,
6 meses y 15 días, 5 veces en Uruk.
Un total de 12 reyes para 396 años, 3
veces en Ur.
Un total de 3 reyes para 356 años una
sola vez en Awan.
Un total de 1 rey para 420 años una
sola vez en Hamazi.
Un total de 12 reyes para 197 años, de
una vez en Akkad.
Un total de 21 rey para 125 años y 40
días entre los Gutis.
Un total de 11 reyes para 159 años en
Isín.
Fueron 11 las ciudades reales. Un total de 134
reyes para 28.876 años
17.
Abraham.
La
estructura de los hechos nos permite creer que Najor, abuelo de Abraham, fue
uno de los jefes de Ur que bajo la jefatura de Utukhegal de Uruk liberaron al
País de la anarquía en la que lo sumieron los Gutis.
Teraj,
el padre de Abraham, siguiendo esta línea, participó en la coalición de los
príncipes de Ur que bajo la jefatura de Nammu se alzó contra la tiranía a la
que Utukhegal se abandonó.
La
victoria de la coalición de Ur les permitió a los hijos de Nammu alzarse con la
corona. Una corona que no tardó en sucumbir al paroxismo de la perversidad
cuando su sucesor, Shulgi, declaró ser dios en la tierra.
Digamos
que se regresó de repente a los días anteriores al Diluvio, cuando los héroes
de muy antiguo proclamaron ser auténticos y genuinos hijos de los dioses y
reclamaron para sí todos los derechos de la divinidad. ¿No fueron sus
religiones y sus hazañas las que condujeron a las naciones a la ruina?
Bajo
el reinado de los hijos de Nammu, reinando en Ur Shulgi y sus hermanos, nuestro
Abraham abandonó su ciudad natal. No pudiendo soportar por más tiempo aquella
egolatría Abraham abandonó Ur. Curiosamente sin encontrar resistencia.
Poco
espacio para la duda dejan los hechos. Por la fuerza que posteriormente
demostró el ejército de soldados ganaderos al mando de Abraham, todo indica que
el hijo de Teraj estuvo en el ojo del huracán de la guerra civil que la
divinización de Shulgi puso sobre la mesa. De no haber mediado su Dios el hijo
de Teraj seguramente hubiera liderado el golpe de Estado contra el hijo de
Nammu. Otro gallo habría contado entonces en Ur. El ejército del hijo de Teraj
habría decidido la suerte de la ciudad.
Cuando
por tanto Abraham abandonó Ur el hijo de Nammu vio partir a su enemigo más
peligroso. El destierro voluntario del hijo de Teraj reducía la oposición a su
dinastía a la mínima expresión posible.
Y
así fue cómo al frente de un poderoso ejército de guerreros-pastores Abraham
subió por las orillas del río Occidental sin nadie que le osara hacerle frente.
Entró en Siria por el Norte, tierra de nadie abierta al pastoreo y al
bandidaje.
Dice
la Biblia que guerreó Abraham hasta contra cinco reyes juntos. Y siempre
triunfó. Y siguió triunfando. Tampoco el Faraón se atrevió a consumar su
audacia. ¿En qué se quedó su anunciada boda con la mujer del Hijo de Noé? Un
ejército de hombres curtidos en el campo de batalla que se mueve al sonido de
la palabra de un solo hombre ¿de cuándo fue lo que se dice un enemigo fácil.
En
cuanto a la fecha aproximada del peregrinaje de Abraham y su hijo Isaac por las
tierras del Oriente Medio, las hambrunas de las que habla la Biblia y las
hambrunas que asolaron el reinado de los hijos de Nammu, especialmente durante
el reinado de Ibbi Sin, entre el 2028 y el 2004, nos sirven de punto de su
localización en la línea del tiempo.
La
presencia de Abraham y su hijo entre los Amorreos, pueblo enemigo de Ur, con
los que las relaciones de Abraham fueron las típicas del enemigo de mi enemigo
es mi amigo, nos abre los ojos a la situación geopolítica en la que se movió el
padre de Isaac. Amén de confirmarnos en los límites cronológicos entre los
cuales hemos situado a Abraham y su hijo.
18.
Israel.
Incomprensible
una decisión que pudo haberle manchado su reputación con la fama de los
cobardes, Abraham prefirió la sabiduría de su Dios a la de los hombres. Su
posición teológica no admitía mutilaciones ni revisiones. El tiempo del hijo de
Eva no había llegado. Esta era su verdad. Lo otro, creer que la historia del
Paraíso Perdido era sólo eso, una historia de viejas, para Abraham era
tentación de Satanás.
En
efecto, la impaciencia fue la madre del pecado del Caín. La ignorancia, no la
sabiduría, fue el motor de su delito. Quien juró venganza se conservó el
derecho de ponerle número al día del combate a muerte entre el hijo de Eva y la
Serpiente. A Dios le tocaba decir el cuándo y el cómo. Él dice y la creación
entera escribe: Y así se hizo. En su palabra está la vida.
“Cuenta
las estrellas del cielo si puedes, así de numerosa haré que sea tu
descendencia”.
¿Dónde
están los descendientes de la Casa de Nammu?
Después
de la muerte de Isaac, en vida de Jacob, padre de José, la hambruna volvió a
golpear las tierras del Oriente Próximo Antiguo. Durante aquéllas hambrunas que
asolaron el universo conocido nos ha sido descubierto en los papiros el
asentamiento de un poderoso Clan Hebreo en el Nilo.
La
Conexión Judía introduce a José en los movimientos sociales que las hambrunas
causaron en la Corte del Faraón.
Con
José entró en Egipto la Providencia. Se entiende que en agradecimiento el
Faraón y su Corte les permitiesen a los hermanos de la Providencia instalarse
en la orilla del Nilo que más les gustase.
Con
la Providencia en casa adiós a los malos tiempos.
19.
Moisés.
Hemos
localizado el periodo abrahámico durante la III Dinastía de Ur, entre los dos
puntos extremos del siglo XXI. Y hemos visto cómo en los registros faraónicos
del Imperio Medio, en el reinado de Amenemhat II, entre el 1929 y el 1895, las
tribus asiáticas empezaron a internarse en el Egipto, desplazándose cada vez
más hacia el sur.
Fue
en las crónicas de Sesostris II, sucesor del anterior, que ya queda constancia
firme de esta inmigración de tribus asiáticas en el imperio. Pero el punto de
interés que atrae nuestra atención son las hambrunas que asolaron el Egipto
durante el reinado de Mentuhotep III. Hambrunas que nos conectan con la
Historia de José, permitiéndonos situar la entrada de los hebreos en el País
del Nilo al principio del Segundo Milenio.
La
importancia de esta conexión radica en la respuesta que exige el acontecimiento
del asentamiento de tribus ganaderas en el reino de los faraones, agricultores.
El hecho de la ruptura con la cultura tradicional faraónica, de rechazo hacia
los pueblos nómadas, ganaderos, nos abre los ojos a un cambio que sólo se
explica por la revolución que supuso la presencia de José en la Corte del
Faraón. Sin ir más lejos será durante este periodo cuando el Faraón adquirirá
todas las notas clásicas, tan típicas a las estructuras imperialistas asiáticas
Es
de comprender, pues, que hasta que no llegó aquél faraón que no conoció a José,
los Hebreos disfrutaron de una política de amistad privilegiada, disfrutando de
la cual al crecer extendieron sus asentamientos más al sur, al precio, claro
está, de abandonar la tradición ganadera de sus padres.
¡Qué
pronto, pues, se olvidan los malos tiempos! Al volver la esquina los hijos de
los salvadores se convirtieron en los padres de los esclavos que hicieron
grande al Imperio del Faraón, y, con el paso del tiempo y otras vueltas de
esquina, le acabó significando a los egipcios su ruina. Pero vayamos por
partes.
La
política de amistad hacia las tribus del Oriente Próximo que los faraones de
las dinastías XII y XIII ejercieron atrajo a su imperio a otro pueblo. Estamos
hablando de los Hicsos. Y será en el golpe de Estado que estos Hicsos dieron
donde debemos buscar al faraón que no conoció a José, y que le pagó a los
hebreos su negativa a secundar el asalto al Poder: con la esclavitud.
La
decadencia que experimentó la corte faraónica durante la dinastía XIV le abrió
las puertas al poder al pueblo que se hallaba entre ellos, los Hicsos, poder
que no recuperarían los egipcios sino después de perecer el ejército hicso
ahogado en las aguas del mar Rojo.
De
esta forma mirada la línea del tiempo si la entrada de los Hebreos la hemos
situado en alguna parte del siglo XX, su salida, cuatro siglos más tarde, la
situaremos hacia la mitad del siglo XVI, fecha, precisamente, en la que se
produjo la Caída de los Hicsos y la conquista del trono perdido por los Ramsés.
20.
Josué.
La
inocencia, digámoslo todo, no fue el talón de Aquiles de Josué. Como en la Edad
del Bronce los metales eran los que hablaban, conocedor perfecto de la lengua
de las armas, Josué dirigió la Conquista de la Tierra Prometida de victoria en
victoria.
“En
ese espacio de tiempo, siglos XVI y XV AC, una marea de pueblos en movimiento
revolucionó el status quo del Oriente Próximo
Precristiano”, con sus palabras, con su forma de negar sin dejar de afirmar, de
afirmar negando, nos dice la Historia Oficial Moderna.
Lo
que pasó fue que Josué y sus hebreos arrasaron. La Conquista de Palestina
Bíblica por una marea de guerreros-esclavos hubo por necesidad de desatar el
terror que precedió a la estampida.
La
noticia de la Liberación de los Hebreos había de extender y extendió el terror
al Oeste del Jordán.
Desde
nuestra cómoda posición, tres mil quinientos años después, resumimos la noticia
diciendo que los esclavos egipcios se habían rebelado contra el Faraón, se
habían vengado de la muerte de sus niños y habían derrotado a las orillas del
mar Rojo a los ejércitos del señor del Nilo. Habían pasado a este lado del
Sinaí y venían a la conquista de las tierras del Jordán dirigidos por un Jefe
militar que no conocía la misericordia. Su mensaje para todas las
Ciudades-Estados al Oeste del Jordán era inequívoco: Huir o ser destruido.
Esto
desde nuestra óptica. Pero desde la mentalidad de aquéllos pueblos de la
Palestina Bíblica las noticias fueron otras.
Como
si se tratasen de los descendientes de la Desaparecida Atlántida un Pueblo
había salido de las profundidades del mar. Aquéllos hijos del océano habían
acabado con el imperio de los faraones hicsos y ahora se habían dado la vuelta
y dirigían su conquista hacia el Este con un único propósito: Destruir por
destruir. ¿Pues quién es el que vence a un ejército imperial y en lugar de
apoderarse de su reino se da la vuelta? Habían cruzado el Sinaí para arrasar,
destruir y devastar.
Entonces,
la marea conquistadora hebrea transformada en el impacto de la roca sobre las
aguas, de sus profundidades emergieron los Filisteos. Sin embargo la entrada de
los Filisteos en el escenario no se produciría sino al final de la leyenda,
cuando por fin los pueblos medio asiáticos descubrieron que los hebreos no eran
monstruos hijos de la Atlántida sino hombres como todos los demás.
Recapitulemos
cómo estaba el mundo cinco siglos después de Abraham.
El
hundimiento de la Dinastía de Nammu, IIIª de Ur, dejó
la Vara del Imperio a merced del aventurero más osado. Mientras José
revolucionaba las estructuras estatales egipcias, al otro lado del Sinaí, en la
ciudad de Larsa, su rey Gungunum se puso a la cabeza de los Estados
mesopotámicos, dominando su figura el último tercio del siglo XIX.
Su
muerte les dio alas a los reyes de Isín, que vieron fracasar su intento de
recuperar la hegemonía perdida y tuvieron que sufrir la divinización de los
hijos de Gungunum. Teocracia sui géneris, tan típica de las edades
mesopotámicas, que acabaría por conducir al primer plano a la Babilonia de
Hammurabi.
Durante
un tiempo, siempre en el siglo XVIII, la Asiria de Shamsi Adad, la Larsa de Rim
Sin y la Babilonia de Hammurabi guerrearon entre ellas y con el resto del mundo
por el Imperio. Al alcanzar la mitad de siglo Hammurabi impuso su ley y de
nuevo el País del Edén estuvo en el puño de un solo hombre. Dominio imperial de
breve extensión numérica, ya que en el 1595 la dinastía de Hammurabi pasó a
mejor vida y el País regresó a la anarquía que le era tan típica.
La
sucesión de un nuevo pueblo en el Poder, los Cassitas,
nos sirve para abrir el horizonte y ver en la escena geopolítica la existencia
de un reino fuerte, el Hitita, que junto al Mitannio y al Egipcio se repartirán los papeles que hasta entonces habían estado
interpretando las Ciudades Estados.
El
detalle que nos llama la atención y nos da cuenta de la importancia de la
Conquista de la Tierra Prometida nos lo prueba el hecho de no haber podido
cruzar ninguno de estos tres reinos las fronteras trazadas por Josué. De hecho,
los famosos “Hapirus”, o hebreos, se ganaron la fama
de terribles adversarios en las fronteras del reino Mitannio.
Situación que cambiaría con la avalancha filistea, que no sólo reventó los
muros del reino Hitita y echó abajo las lindes del desaparecido reino de
Mitanni, sino que fueron los primeros ejércitos conocidos en plantarse delante
de los Hebreos con la esperanza en la victoria.
Los
ejércitos del famoso rey asirio Tiglat Pileser I, aun
llegando a las costas fenicias, tampoco se atrevieron, o no pudieron conseguir
traspasar las Lindes de Josué. Sería en el siglo XI cuando, destruidos los
reinos clásicos de esta segunda mitad del segundo milenio, esas lindes serían
pisoteadas y el propio pueblo Hebreo puesto al borde de su destrucción por los
mismos destructores de los Hititas. La natural intención filistea de apoderarse
del tercer reino del momento, el Egipcio, tenía que pasar por el cadáver de los
Hebreos. Cosa difícil de hacer mientras el Dios de Moisés estuviese con ellos.
Si
en su día los hebreos liberaron a los egipcios de los Hicsos, ahora los
salvarían de los Filisteos.
21.
Jueces.
Con
el asentamiento en la Tierra Prometida nacieron en las tribus hebreas los males
del sedentarismo antiguo. “Repítemelo otra vez abuelo”. ¡Las escrituras
sagradas, siempre las escrituras sagradas!
“Pregúntaselo
a los ancianos y te lo dirán”. “Escucha Israel…”
Con
el tiempo los oídos se cansaron de escuchar la misma historia contada mil
veces.
Que
sí. Que ya está. Adán y la manzana prohibida, Noé y el Diluvio, Abraham e
Isaac, José y sus hermanos…
Las
generaciones futuras hebreas se amoldaron a lo que había, sus vecinos, el
progreso. Cada vez que lo hacían las cosas se les ponían cuesta abajo. La
Excepción de Moisés. Pero no aprendían.
Así
que cuando aquella fe que movía montañas llegó al ring de Goliat, la verdad sea
dicha, ya no movía nada, ni siquiera sus piernas, de miedo clavadas en el suelo
viviendo sus últimas horas de vida, de libertad en el mejor caso.
La
manera que tenían los Filisteos de tratar a los vencidos les ponía los pelos de
punta a todo el mundo. Y encima aquél Goliat poniéndoselos bonito.
Muerte
o esclavitud, ¿o es que ya no se acordaban de cuando los echaron a todos de su
tierra al grito de Huida o Muerte?
Ahí
es donde se equivocó el faraón. Muerto el perro se acabó la rabia -se burló
Goliat en sus caras.
22.
David.
¿A
Josué le iba a hablar un hombre en la manera que lo hizo Goliat a Saúl? Los de
Jericó se escondieron detrás de muros altos y gordos como una Muralla China.
¿De qué les sirvió? ¿Cuánto tiempo decían que podrían resistir? ¿Hasta que les
saliera barbas a los que estaban amamantando? Jajaja.
¿No
produjo Dios un milagro cuando los sacó de Egipto? ¿Por qué no iba a hacer
ahora otro?
Salvarte
la vida, por ejemplo. Jua jua jua-
graznó Goliat cuando descubrió la estatura del que había soltado aquellas
paridas propias de un niño chico.
Le
habían elegido por aspirante al título a un mocoso larguirucho, una fregona de
pie pegando botes entre el gigante y la primera línea enemiga. ¿No era para
reírse? Jo jo jo.
“Calla,
perro pagano. No sabes nada. Eres tonto cual inmenso eres. Dios va a hacer una
obra tan grande como aquélla. Quienes la escuchen no se lo creerán. Se dirán
los unos a los otros: ¿Has oído el último chiste hebreo?
Va
un pastorcillo de tres al cuarto con su rebaño por el monte y le sale al
encuentro un gigante armado cual Hércules redivivo, de tres metros por lo
menos. Todo hambriento, el gigante va y le mete mano a una oveja rolliza. El
pastorcillo lo coge in fraganti. ¿Qué crees que le dijo el pastorcillo al
gigante?”.
Esto
será lo increíble. Tú tampoco te lo creerás.
El
pastorcillo era un león encantado por un brujo. No hablaba, rugía. No rugía
como un cachorrillo, rugía como el mismísimo rey de la selva.
El
pastorcillo encantado siguió dando vueltas y más vueltas alrededor del gigante
de hierro al ritmo de los tambores de guerra. Sobre su cabeza una honda con su
chinarro giraba a velocidad vertiginosa. Los enemigos jadeaban a su perro de
pelea y se echaban para atrás cuando el brujo corría hacia la línea del frente
filisteo clavándoles en el cerebro aquél rugido embrujado que les desgarraba
los sentidos.
Desesperado,
harto de ver a aquél payaso bailar como una estúpida marioneta, Goliat cometió
el imperdonable error de arrancarse el casco y espachurrarlo contra el suelo.
Iba
a hablar, quiso decir algo, abrió la boca para decir algo. Pero no le dio
tiempo para más. El enano soltó el misil. Bingo. Diana perfecta. Entre los
ojos. Un visto y no visto. El gigante cayó para atrás como un saco de patatas.
“Esto
es lo que hará el hijo de Adán con el Diablo. Observad, guerreros. Alzará la
espada y le cortará la cabeza de un tajo”- gritó triunfante David.
Un
pastorcillo de nada se enfrentó a aquél bocazas y le cortó la cabeza de un
tajo. ¿No es gracioso?
23. La Corte del Rey Profeta.
Saúl
reinó del 1025 al 1010. David desde el 1010 al 955.
La
coronación de Saúl nos abre los ojos a la anarquía en la que sumieron el mundo
los filisteos. Hititas, Mitannios, Asirios,
Babilonios, todos una sombra de lo que fueron el futuro de la Civilización
quedó en manos de los Hebreos. Quienes tampoco hubieran podido resistir su
hundimiento de no haber mediado el Dios de David, el verdadero artífice de la
victoria hebrea frente a los ejércitos que el Infierno se había suscitado en su
particular Guerra contra el Cielo. Pero no nos detengamos en los que es Historia
Divina.
Durante
el transcurso de su reinado conoció David qué pasó en el Edén. También le
descubrió Dios su Plan de Salvación Universal.
Viendo
en espíritu el final de la batalla entre el Hijo de Dios y la Bestia el rey
David saltó de alegría. No era él hombre de confesarse todos los días sin
embargo, y entre que él era puro secreto y su Dios lo tenía entre unos que
querían matarlo y otros que lo buscaban para quitarle la vida, David calló todo
lo que había conocido, y publicó lo que su Dios le inspiró para ser leído.
La
idea del rey Mesías caló pronto en el espíritu bélico de los jóvenes sin
embargo. Y no paró de crecer hasta encontrar en Absalón su príncipe valiente.
Absalón
no podía ni iba a permitir que el partido de Salomón se aprovechase de la vejez
del rey en beneficio de la concesión de los derechos de la primogenitura a la
marioneta que se habían creado. Así que se impuso como top priority matar a Salomón.
24.
Salomón.
“El
primer pensamiento no es siempre el último; por el contrario casi siempre suele
ser el primer eslabón de una arquitectura de sucesos.
La
sabiduría nunca exige la vejez como condición sine qua non para dejarse
alcanzar.
La
última palabra no la tiene el más viejo, sino el más sabio. Pero hasta los
sabios desconfían de la omnipotencia de su razón.
El
rey tiene en Dios su pensamiento, y en Su voluntad tiene su fuerza.
El
pensamiento del hombre es bruma en las tinieblas; el espíritu de la Sabiduría
es el que anima la inteligencia y la eleva hasta la respuesta del que conoce
todas las cosas porque Dios se las mostró.
Dios
dice y Dios hace; aquí tiene el hombre el principio de su inteligencia”.
Salomón
se crió bajo una lluvia de palabras de este género.
En la corte de su padre Dios había difundido su espíritu. El profeta Natán por
ejemplo. Entraba y salía del palacio del rey más custodiado del mundo como si
fuera su propia casa. La verdad es que si Natán se hubiese callado nadie
hubiera descubierto el delito tan grande que cometió David matando al marido
para quedarse con la viuda.
Natán
se presentó en palacio como si se tratase del mismísimo Moisés entrando en el
salón del trono de Egipto. No había en el mundo hombre capaz de cruzar sin
permiso las siete murallas de guerreros invencibles que protegían al rey de
Jerusalén ¿Entrar en pleno salón del Trono de Israel persona non-grata? ¿De
qué, cómo y cuándo?
Natán
irrumpió en la casa del rey dominado por el vértigo que le provocó el
conocimiento del delito. El hombre que tenía a sus órdenes las mujeres más
bellas del universo se había dejado llevar por la pasión más juvenil y la había
llevado a sus últimas consecuencias.
El
hecho de matar a un hombre para robarle es delito suficiente para pagar vida
por vida; el robo de la mujer de tu prójimo al precio de la sangre de tu
hermano, ¿qué será?- le preguntó Natán al rey de los profetas.
El
rey había pecado tanto más cuanto que al haber sido ungido por Dios le hacía
más difícil a Dios cobrar venganza de la sangre derramada ¿Había atrapado David
a Dios en el dilema de Satán? ¿Condenaría Dios a todo el pueblo por el pecado
de un sólo hombre?
¿Qué
hombre de la Corte del rey David se hubiera atrevido a levantarse como profeta
delante del rey profeta de no haber sido su propio hijo? ¿A qué profeta le
hubiera aceptado David que le dirigiera la palabra sino a un hijo nacido de sus
entrañas?
Su
Dios, que tanto lo amaba tanto lo conocía, le sacó de su muslo un hijo nacido
para atarle la lengua.
25.
El Nacimiento del Judaísmo.
Él
da las órdenes, hijo mío, le decía Salomón a su hijo Roboam. Sus ejércitos se
mueven a la voz de su Verbo. Ningún jefe de su pueblo debe asumir las
competencias del Señor de los ejércitos; Él nunca está ausente. Él no deja a
sus ejércitos solos a la derrota. Él conoce el cuándo y el cómo. El Rey mira
por la paz y el bien de su pueblo; el pueblo del Señor Dios es su creación
entera. En su omnisciencia Él dirige el curso de la historia de las naciones.
Suya es la victoria; Él elige a los jefes de su pueblo desde el vientre de sus
madres. Sé sabio, hijo mío.
¡Lo
que el viento se llevó!
A
espaldas de su padre Roboam se pasó al Judaísmo.
La
tribu de Judá se había conjurado para abrir la era mesiánica el día después de
la muerte de Salomón; tras la muerte de Salomón las demás tribus aceptarían
consumado el hecho y se unirían al proyecto.
“Hijo
mío, no te dejes halagar por los que se sientan a la mesa del rey, porque
hablan sus intereses no la sabiduría de Dios por sus bocas.
¿De
qué vale anillo de oro en hocico de puerco?; ¿no será la codicia la ruina del
avaricioso?”
¡Qué
padre aquél si hubiera tenido un buen hijo!
Detrás
de las lindes salomónicas el cocodrilo del Nilo estaba al acecho. Al otro lado
de los grandes ríos el oso asirio empezaba a salir de su letargo.
“No
seas loco, hijo mío…”
¡Palabras
de sabio en orejas de borrico!
A
la muerte del Rey Sabio el Cocodrilo del Nilo invadió Jerusalén, le arrancó las
piedras de plata a sus calles, desmanteló las tejas de oro de sus palacios, el
marfil de sus cúpulas, y se dejó atrás al hijo del rey Sabio llorando como una
mujer lo que no supo defender como un hombre. Esto pasó en el 930
aproximadamente.
26.
La Caída de Samaria la Blanca.
Si
el reino del Norte disfrutó viendo cómo era saqueada Jerusalén, el precio de la
división del reino de David no tardaría en cobrarlo Samaria de manos del rey de
Nínive. Cosa que sucedió en el 721. Pero veamos antes cómo pudo Nínive elevarse
a tal altura sobre las ciudades clásicas de las Edades del Bronce y del Hierro.
El
reino Mitannio desapareció de la escena geopolítica
en el 1350 a consecuencia de la pinza entre hititas y asirios.
Para
mejor entendernos digamos que los hititas reinaban sobre Turquía Occidental;
los mitanios sobre el norte de Siria, y los asirios
sobre el norte de Irak.
La
destrucción de Mitanni vino en mal momento. Al poco los Filisteos -
posiblemente los Griegos Antiguos que después de caer sobre el Imperio de Troya
siguieron camino abajo- derrumbaron el reino hitita y frenaron la expansión
asiria hacia el Oeste.
En
un apartado anterior dejamos a los Cassitas reinar
sobre las ruinas del imperio de Hammurabi. Cassitas y
asirios en guerra, el control sobre la región del Sur del Edén se le fue yendo
a Babilonia de las manos, hasta que en el 1310, aproximadamente, los antiguos
persas -los elamitas- se independizaron y se pusieron a la altura de sus
vecinos.
Hundida
posteriormente Babilonia por el asirio Tukulti Ninurta I, éste extendió su
poder hacia el Elam, pero sólo esporádicamente, pues al rayar el 1215 Susa se
independizó y se alzó como potencia militar. Su rey aprovechó entonces las
circunstancias de la entrada de los Filisteos para sustraerle a Nínive el
control de Babilonia, que cayó en el 1159 y arrastró en su caída al último rey
de los Cassitas.
Desatada
la guerra por el control del antiguo reino cassita entre asirios y elamitas, el final alcanzó un rumbo inesperado cuando un tal
Nabucodonosor I se alzó como rey de Babilonia y liberó a su país de los dos
enemigos clásicos de su nación. Cosa que sucedió en el 1110. Y mantuvo la
cuestión entre babilonios y asirios en la guerra de desgaste que diera como
resultado final la hegemonía de Nínive. Hegemonía relativa sin más fuerza en la
estructura geopolítica impuesta por la invasión de los Filisteos que la de
mantener viva en Nínive sus aspiraciones imperialistas. Que si en un principio
se vio frenada por los Bárbaros del Oeste, después fue contenida entre las
fronteras del actual Irak gracias a la expansión del reino de Salomón por todo
el Oriente Próximo.
Al
dividirse el reino salomónico y venirse abajo toda la infraestructura sobre la
que edificó su Paz Internacional el rey sabio, Nínive aprovechó el vacío de
poder al Oeste del Jordán para crear su imperio. Si en un principio Adad Nirari
I dirigió sus ejércitos contra Babilonia, sus sucesores, comprendiendo la
pérdida de esfuerzo que estaban haciendo, abrieron el frente Norte,
conquistando la Media. Cambio de rumbo que con Salmanasar III fijó su objetivo
en el Oeste, donde la división del reino de Salomón dejó la Siria a merced de
su ejército.
La
entrada a este lado del Jordán no se produciría sino después de un proceso de
desestabilización interna. Que, cerrada por el legendario Tiglat Pileser III, invade Babilonia, la somete, y vuelve sus ojos hacia el Oeste,
adonde llegan los ejércitos de Nínive bajo Salmanasar V.
El
encuentro con el reino de Israel redujo a escombros el orgullo de los
Israelitas, Samaria la Blanca, como la llamaban. Lo que sucedió en el año 721.
27.
La Caída de Jerusalén la Santa.
Ahora,
si el reino de los judíos disfrutó conociendo la noticia de la destrucción del
reino de sus hermanos, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que, pronunciado el
decreto contra la división del reino, Jerusalén no se salvaría de vivir el
mismo destino que su hermana Samaria.
No
fueron en esta ocasión los asirios, sino los Caldeos de Babilonia, destructores
de Nínive, quienes le dieron a Jerusalén la paga.
Los
acontecimientos generales fueron los siguientes: Los reyes de Nínive abrieron
su imperio al Norte y al Sur, conquistando la Media y la Babilonia.
Salmanasar
III, Adad Nirari III, Tiglat Pileser III y Sargón II,
Senaquerib y Assurbanipal sus reyes más sonados, el
odio que sembraron al Norte y al Sur del Edén se volvió contra ellos cuando
Nabopolasar, padre de Nabucodonosor II, rey de Babilonia, y Ciaxares, padre de Fraortes II, rey de Ecbatana, capital de Media, se unieron
para destruir al rey de Nínive, objetivo que alcanzaron en el 612.
La
repartición del mundo que hicieron dejó las tierras del Oeste en las manos de
Babilonia. Al llegar al trono el hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor II cruzó el
Jordán y destruyó Jerusalén en el 587. Hechos todos descritos en el Antiguo
Testamento.
Destruidas
Jerusalén y Samaria, el decreto divino: “Todo reino en sí dividido será
destruido”, se cumplió, quedando su juicio como ejemplo para todo reino que en
el futuro pretendiese sortear su destino.
28.
El Maligno.
La
Serpiente Antigua pegó botes de alegría entre los muros de su silencio cuando
cayó Jerusalén. ¿En qué cabeza puede caber que Dios necesite gafas de rayos X
para radiografiar de una mirada el interior de, ¡Señor!, sus propias criaturas?
La
Caída de Jerusalén fue otro tanto a favor de los que abogaban por la
destrucción del Hombre y creían que el Mesías de las profecías lo tenía todo de
antemano perdido. Dios debía aceptar de una vez los hechos, creando al hombre
se le torcieron las cosas.
El
género humano no había podido franquear la frontera entre las bestias y los
hijos de Dios. Demostraba una tendencia instintiva tan lógica en su especie que
la sola idea de ver al hijo de un hombre retando a duelo a muerte al Jefe de
los Rebeldes podía tomarse por una ofensa si no fuera por lo ridículo de la
idea.
29.
Las Tres Columnas del Mundo.
Durante
aquéllos días, en la Babilonia de los Caldeos, cinco siglos antes del
Nacimiento, vivieron tres niños prodigiosos.
El
primero nació para ser profeta y dejar boquiabierto a todo el mundo. Lo
llamaron sus padres Daniel, pero Nabucodonosor le dio otro nombre.
La
doctrina mesiánica de Daniel les cortó la risa a los judíos ortodoxos que
seguían creyendo en el advenimiento inmediato del Mesías. Según Daniel el
Profeta-Mago la profecía era para largo incluso cinco siglos después de haber
sido escrita por el rey David.
30.
Zorobabel.
El
segundo niño nació para liderar la caravana de la libertad, conducir a su
pueblo a la Patria Perdida, resucitar a Jerusalén de las cenizas de la Historia
y levantarle a la Sabiduría un Templo. Sus amigos lo llamaban Zoro, pero el rey
de Babilonia lo llamaba de otra forma. Zoro era el
príncipe heredero de la corona de Judá.
31.
Ciro el Grande.
El
tercer niño se llamaba Ciro. Este Ciro fue el hijo de la princesa meda casada
por Herodoto con el príncipe de los persas. Herodoto no pudo resolver el enigma
del origen de Ciro por escasez de conocimiento sobre las estructuras sucesorias
de las monarquías mesopotámicas.
Gracias
a nuestro conocimiento actual de las estructuras de poder clásicas durante la
Era Precristiana nosotros estamos en posición de reconstruir la arquitectura de
las relaciones internacionales típicas de la época neobabilónica.
La verdad que brilla al fondo del túnel nos ilumina el camino al encuentro de
los dispositivos imperiales que se debieron adoptar para llevar al Trono
Imperial al Príncipe Ciro.
La
mujer de Nabucodonosor fue la hija de Ciaxares, rey de los Medos. Este Ciaxares
fue el aliado de Nabopolasar, padre del príncipe Nabuco.
Ciaxares y Nabopolasar encerraron al rey de Nínive en
su palacio y lo enterraron bajo los escombros de su imperio. Para felicitarse
por la gran victoria casaron a sus hijos. Ciaxares le dio su hija al hijo del
rey de los Caldeos; y éste le dio su hijo a la hija del rey de los Medos.
El
hermano de la mujer de Nabuco heredó el trono de
Media y casó a su hija con el príncipe de Persia, padre de Ciro. Ciaxares fue,
según esto, el bisabuelo materno de Ciro, y Nabucodonosor su tito abuelo -el
tito de la madre es tito abuelo para sus hijos.
Si
Nabucodonosor era yerno de Ciaxares, Fraortes y él
eran cuñados. Y si cuñado del hijo de Ciaxares, Nabucodonosor era tito de la
madre de Ciro. Conclusión. Ciro era sobrino nieto del rey de Babilonia, y nieto
del rey de Media.
Un
juego de probabilidades gordianas de esta naturaleza llevó a Carlos V al trono
de España y Alemania.
Un
príncipe persa podía aspirar a unir en sus manos las tres coronas “cuando las
gallinas paran perras” -decía el proverbio popular babilónico.
Tenían
que coincidir muchos cálculos para que la posibilidad cobrase forma. O podía
suceder que fuera invitado a formar parte de un proyecto de unificación del
mundo en una corona única y…
32.
El Cuarto Hombre.
¿Y
qué diría el Príncipe Asirio Nabónido sobre la cesión del imperio de las manos
del Caldeo a la del Persa?
¿Se
apuntaría al bombardeo desde dentro de la fortaleza del enemigo?
¿Aceptaría
Nabónido ser un peón en el Ajedrez del Profeta-Mago?
¿Qué
podría ofrecerles Nabónido a cambio de la posibilidad de reconstruir Nínive en
alguna parte del Sur? ¿Les daría a los Magos de Daniel las Llaves del Reino?
Nabónido
movió la cabeza.
“Te
retirarás a la Ciudad que elijas lejos de mí”, tranquilizó riendo Ciro a
Nabónido.
Sabio,
digno discípulo del Jefe de los Magos, Nabo se construyó su Ciudad en un oasis
perdido en el corazón de un Edén sembrado por él mismo. Ciro se echó a reir. A Zoro no le cogió por
sorpresa la astucia del Cuarto Hombre.
El
misterio que viene a cuento es descubrir cómo un príncipe asirio se las apañó
para subir al trono de Babilonia. Misterio cuyo secreto lo podemos deducir de
la Caída de la dinastía de Nabucodonosor en los días de Baltasar. Aquél golpe
maestro de estado que elevo a Nabónido al poder descubre la identidad asiria
del peón movido por Daniel en la dirección del traspaso final del imperio a las
manos de Ciro, cuando aquél peón se limitó a entregarle Babilonia al nuevo rey
del mundo. Entrega que dejó en manos de su padrino hebreo desde el principio
mismo de su reinado, y se tradujo al final del mismo en el hecho de hallarse
los ejércitos babilonios en las manos de los judíos. Bien pudo Daniel haber
usado el entramado que levantara para dar otro golpe de estado y poner en el
trono al heredero de Judá. Pero no lo hizo.
33.
La Reconquista del Reino Perdido.
La
doctrina profética de Daniel encontró en Zorobabel una estrella llena de vida.
Se trataba de reconstruir Jerusalén, poner la primera piedra del Templo y
comprar pacíficamente la tierra de Judá. Jerusalén haría de funciones de
colonia madre. El gobernador de la Ciudad sería el jefe supremo de la Colonia;
a su mandato los grupos elegidos se moverían hacia donde se hubiera dispuesto
por el consejo de los sabios.
La
segunda fase profética decía que en un par de siglos a lo sumo el rey de Grecia
entraría en Asia y echaría abajo el Imperio de Ciro. La Conquista de Babilonia
por Occidente iría seguida por la división del imperio del conquistador griego
en cuatro reinos. Al poco nacería un reino que se extendería por todo el mundo
y derrotaría a los cuatro reinos. En esos días el ángel de la libertad tocaría
la trompeta y las colonias judías se levantarían en estado de guerra de
independencia. Hasta entonces cada hijo de Israel debía atenerse al proyecto
original.
34.
Bajo el Yugo de los Helenos.
Entre
los historiadores del XX se impuso la teoría de la creación a posteriori de los
libros bíblicos. Desde la óptica del ateísmo Alejandro Magno no conquistó el
Asia después, sino que los judíos escribieron lo que pasó después de la muerte
del griego.
Ajenos
a las opiniones de todo el mundo, desde su torre en Seleucia del Tigris los
Magos de Oriente seguían el curso de los acontecimientos. Las sinagogas de todo
el mundo les enviaban noticias de los lugares donde vivían, quiénes gobernaban,
qué sistema político tenían, cambios de dinastía.
Los
problemas entre persas y griegos han comenzado, sus majestades. El rey del
Norte, Filipo, ha sometido a toda la Grecia. El día de la Venganza por los
hombres de Leónidas en las Termópilas empieza a alborear- trajo en su pata a
Seleucia del Tigris una paloma blanca.
La
respuesta llegó rápida a Jerusalén. Decía: Todos los hijos de Abraham deben
prepararse para recibir al Conquistador con palmas y vítores. En breve, a la
muerte del hijo de Filipo, su reino se hundirá en una guerra civil larga.
Sobrevivirá a su destrucción dividiéndose en cuatro reinos.
Y
así fue.
No
se había enfriado el cadáver de Alejandro sus generales ya se estaban matando.
Al cabo le vieron los cuernos al diablo y dejaron de comerse vivos.
Fue
Seleuco I el Invencible quien se quedó con el imperio de Ciro, más lo que
Alejandro conquistó a este lado del río Indo. No reconstruyó Babilonia; en su
lugar creó una ciudad nueva a orillas del Tigres. La llamó Seleucia del Tigres.
Seleucia
del Tigris fue concebida para hacer las funciones de puerto comercial interior
entre el Extremo Oriente y Occidente. No olvidemos que en su sabiduría para
controlar el paso de caravanas y barcos del Oriente al Occidente tuvo sus Minas
el rey Salomón.
35.
Jerusalén grita Libertad.
La
parte del cocodrilo se la llevó Ptolomeo. Desde que vio los planos de Alejandro
Magno para Alejandría del Nilo se apoderó del joven Ptolomeo la pasión por
aquella Nueva Atenas que el hijo de Filipo pensaba construirse en las costas de
Egipto.
Certero
y silencioso como el cocodrilo cuando ataca, con los ojillos a los dos lados
del hocico, avanzando por el agua sin soltar aire, sin mover un párpado, más
tieso que un tronco, adelantó sus posiciones el joven Ptolomeo el día antes del
entierro de su Héroe. Primero se proclamó dueño y amo del Egipto; después los
dioses dirían.
36.
La codicia de los reyes.
La
ambición sin límites de Seleuco fue el fantasma personal de la casa de los
Seleúcidas. Se murió el hombre con el dolor de haber perdido Jerusalén en una
apuesta de lagartos. Y su familia sin saber aceptar la derrota ante las fuerzas
de los Ptolomeos egipcios. Las guerras
heleno-egipcias por la posesión de Jerusalén fueron la constante vital del
Oriente Próximo desde la muerte de Alejandro al reinado de los hijos de los
Macabeos.
El
zarandeo, hoy tengo por ama a Antioquia, mañana tengo a Alejandría, le afectó a
Jerusalén. Sus hijos, cansados, se echaron a dormir en los laureles del que ha
conseguido desprenderse de sus fantasmas mesiánicos. Al despertar se
encontraron atrapados en las garras de una solución final, que no fue la
primera ni sería la última.
37.
El Segundo Reino de Israel.
Jerusalén
vivió alucinada la persecución religiosa de Antíoco IV. Era algo que jamás se
le había ocurrido pensar que pudiera pasarle. Las Escrituras decían que después
de los cuatro reinos la Libertad. Se quedaron de piedra tal como les cogió
sentados la noticia. ¿En qué habían estado pensando? ¿En el nacimiento de un
niño bajado del cielo que venía y les arreglaba todos los problemas?
Comerían
perdices y serían felices.
De
hecho algunos se las comían todas y los demás se las apañaban con gallinas. Por
esto cuando Judas Macabeo volvió a su patria y se puso al frente de la
resistencia con su escuadrón de desertores se unieron a él todos los que no
tenían nada que perder y todo que ganar.
La
línea del tiempo desde los Macabeos al Nacimiento fue la siguiente:
Judas
Macabeo gobernó desde el 166 al 161. Judas dirigió por tanto los ejércitos del
Señor de victoria en victoria durante cinco años. No se sabe muy bien o nunca
se ha escrito la verdad sobre el origen de la formación militar de este
caudillo. Es más que probable que, conociendo la estructura de los ejércitos
imperiales seleúcidas, este Judas fuera el jefe del Escuadrón Judío, al frente
del cual desertó al conocer los planes asesinos del rey, quien al partir para
la gran aventura de la conquista del Asia perdida le ordenó al regente de su
reino la solución final antijudía en el origen de la rebelión en curso. Tal vez
no sea fácil recrear la vida de Judas antes de su aparición como encarnación
del Martillo de Dios. Pero como ya he dicho la estructura militar del imperio
se basaba en el reclutamiento de Escuadrones de todas las provincias bajo la
corona del rey. Entre ellos hubo de existir un Escuadrón Judío, que, sin
ninguna duda, sirvió bajo la bandera imperial hasta que a su regreso de su
frustrada invasión de Egipto el rey dejara correr su impotencia contra
Jerusalén. Escandalizado el Escuadrón Judío por aquella acción es de creer que
la deserción ya estaba servida, y se consumó cuando al dirigirse hacia
Babilonia pretendió llevárselo consigo, dejando a merced de Lisias y sus
generales la solución final judía. Al corriente de lo que pretendía el rey,
Judas, jefe del Escuadrón Judío, desertó con sus hombres. Llegado a la Judea se
encontró con la matanza y, huyendo con su padre y sus hermanos, le declaró la
guerra de guerrillas al Imperio. Cuando Apolonio, el general designado por
Lisias para solucionar el problema judío, alcanzó la Judea se enfrentó a un
caudillo que conocía perfectamente las tácticas y las estrategias militares del
ejército imperial bajo cuya bandera el Macabeo sirviera toda su vida.
En
el 161 sin embargo, abandonado por los suyos al frente de sus 800 Bravos Judas
cayó como vivió, vendiendo cara su vida. Las restantes hazañas bélicas de Judas
están escritas en la Biblia.
Le
sucedió en la jefatura militar de los ejércitos del Señor su hermano Jonatán.
Jonatán gobernó el país desde el 161 al 143. Las aventuras militares de Jonatán
también están escritas en la Biblia. Cómo recibió el sumo sacerdocio de las
manos del rey Alejandro Balas, cómo se las apañó para prosperar jugando a dos
bandas y cómo, finalmente, fue atrapado a traición y condenado a muerte.
Le
sucedió en la jefatura del país su hermano Simón. Este gobernó desde el 143 al
135. Simón fue quien de verdad conquistó la Independencia. En recompensa por la
cual los judíos en pleno le concedieron a sus herederos el gobierno a
perpetuidad. Arrepentido el rey de Antioquia por la pérdida de la Judea le
ordenó a su general Cendebeo reconquistarla. Simón y sus hijos Judas y Juan
vencieron al invasor. La libertad no salvó a Simón de caer a traición como su
hermano Jonatán.
Tras
la muerte de Simón subió al Poder su hijo Juan. Juan Hircano I reinó desde el
135 al 105 (siempre a.C.). Si en un principio pareció que la invasión por la
Judea del rey de Siria iba a acabar con todo lo conquistado por los Macabeos,
el primero de los Asmoneos se las arregló para salir triunfante y además
conquistar la Samaria, la Idumea y territorios al Este del Jordán incluso. Fue
este Juan Hircano I quien al obligar a todos los no judíos de su reino a
circuncidarse le preparó el camino al trono a Herodes.
Le
sucedió su hijo Aristóbulo I, “el rey loco”. En un principio su padre le legó
sólo el sumo sacerdocio, reservando el Gobierno para su madre. Juan se volvió
loco, encarceló a su madre y a sus hermanos y se declaró rey. Al año murió.
De
las profundidades de la tierra tomó Jerusalén rey. Se llamaba Alejandro. Reinó
desde el 104 al 78. Bajo su reinado la sangre llovió a cántaros sobre
Jerusalén. Fue durante su reinado que las estrellas de Abías y Simeón el
babilonio, los Semayas y Abtalión de la historia oficial judía, brillaron en todo su esplendor.
A
la muerte del Asmoneo le sucedió su mujer Alejandra, llamada también la reina
Salomé. Desde el 76 al 69 la reina Alejandra dirigió la paz del reino. Ella
reinstauró el Sanedrín y fue durante su reinado que tuvo lugar la búsqueda
secreta del Heredero de la corona de Salomón.
A
su muerte sus hijos Hircano II y Aristóbulo II se declararon aquella guerra que
en el 63 fuera atajada por Pompeyo el Grande. Hircano II quedó como etnarca
durante todos los días de la vida de Pompeyo, y Antípatro, padre de Herodes,
Idumeo de nacimiento, como general de los ejércitos de la Judea hasta su
muerte. Fueron los partidarios de Pompeyo quienes asesinaron en Roma a
Aristóbulo II, en el 49, y en el mismo año su hijo Alejandro lo fue en
Antioquia por orden del propio Pompeyo. Durante estos años tuvo lugar el
ascenso a la cumbre de los Archivos del Templo de Zacarías, el hijo de Abías.
Por
aquéllos días los Partos invadieron la Judea y coronaron rey al otro hijo de
Aristóbulo II, al que llamaban Antígono. Este le cortó la nariz y las orejas a
su tío Hircano II y le desterró a la Nueva Babilonia. Con este aliado
circunstancial de Zacarías y su Saga en la Gran Sinagoga de los Magos de
Oriente los correos entre los Magos y Zacarías y sus hombres aceleraron sus
idas y venidas.
De
todos modos eran malos tiempos para los Asmoneos. Aprovechando las guerras
civiles romanas Herodes derrotó a Antígono, hijo de Aristóbulo II, sobrino de
Hircano II, y lo decapitó (año 37).
La
tragedia de los Asmoneos no había terminado aún. Sediento de sangre el rey
Herodes asesinó al nieto de Aristóbulo II y al propio Hircano II, al que
llamara de Babilonia con promesas de paz y salud. También asesinó a las
asmoneas Alejandra y Mariana, la reina Mariana. Y finalmente a sus hijos
Alejandro y Aristóbulo, hijos de la reina Mariana.
En
el año 7 a.C. toda la estirpe del Asmoneo, según se lo profetizara Abías, había
sido eliminada de la faz de la tierra. Herodes quedó como único dueño y señor
de Jerusalén. Herodes fue el primer y el último rey que conoció el II Reino de
Israel.
38.
El Rey Mesías.
José
y María, padres de Jesús, nacieron durante los primeros años del reinado de
Herodes. José debía tener unos cuarenta años cuando tuvo a su primogénito, y
María unos pocos menos cuando dio a luz a su unigénito. Según este cómputo José
murió a los sesenta años, aproximadamente, y María debía tener los mismos
durante los días de la Resurrección. A qué edad, según cuenta la leyenda,
ascendió al Cielo en la Ciudad de Zaragoza la Madre, nadie lo sabe a ciencia
cierta. El hecho es que las miserias que Herodes les hizo tragar a los judíos
alimentó en el pueblo oprimido el sueño del rey Mesías. Que como todo sueño
nunca se haría realidad, por lo menos mientras estuviese en las manos de
Herodes y sus hijos impedirlo. Sin embargo el rey Mesías vino a nacer lejos de
la vista de la Corte, en un pesebre. Avisados por “la paloma muda de las
lejanías” los Magos salieron de su Torre de Oriente y corrieron a poner a los
pies de la Sagrada Familia sus riquezas y su ciencia.
¿Precedieron
a la Sagrada Familia al Egipto, financiaron la Carpintería del Judío y murieron
viendo crecer al Niño?
39.
El Nacimiento de Cristo.
Estaba
en el Niño. Pero el Niño no lo sabía. Lo descubriría entre los Doctores del
Templo, a la edad de doce años aproximadamente.
Allí,
entre los Doctores, a la edad de doce años, Jesús volvió a nacer. Dios le dio
un nombre nuevo, Cristo, y su nombre, Yavé, y el nombre de la ciudad de su
Dios, Sión. Él era Cristo Jesús De Yavé y Sión. Él era el Cordero que su Padre ofrecería por la
expiación de los delitos de todo el mundo.
40.
La juventud del Mesías.
Una
pregunta sin respuesta se llevó del Templo consigo el Niño a Nazaret. ¿Por qué
su Dios lo iba a abandonar a merced de los enemigos de Cristo? ¿Cómo podría
salvar al mundo de las garras del Infierno desde la cruz que los romanos les
reservaban a los malditos? ¿Qué esperaba conseguir Dios de acontecimiento tan
trágico? ¿Por qué iba a convertirlo en piedra de escándalo para sus hermanos y
sus amigos?
Durante
toda su juventud Cristo Jesús no cesó de buscar la respuesta a este enigma:
Dios iba a establecer la victoria del hijo de Eva sobre la sangre del hijo de
David. ¿Por qué?
41.
La Doctrina del Reino de los Cielos.
La
respuesta que encontró Cristo Jesús fue ésta. Dios abolía el Imperio y en su
lugar fundaba un Reino Universal. Y le concedía a todas las criaturas la
libertad para unirse o rechazar la adhesión ad eternum a su Reino. La Corona de ese único Reino se la daba a su Hijo Amado, Cristo
Jesús De Yavé y Sión. Quien cree en su Hijo es
declarado ciudadano de su Reino aquí y ahora y quien rechaza esta Revolución
Divina queda sujeto al Juicio Final.
De
todas las medidas que, a raíz de la Tercera Guerra Universal Dios adoptó contra
el Infierno, ésta es la Piedra Angular. Las otras medidas se deducen de la
propia Historia del Cristianismo.
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