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TERCERA PARTE

CREACION DE LA ESCALERA DE LOS ELEMENTOS NATURALES

 

CAPÍTULO 12

SOBRE LAS TINIEBLAS

 

95. El Texto bíblico no miente. En el Cuarto Día del Génesis se nos dice que Dios creó las estrellas para separar la Luz de las Tinieblas. Cito: “Y así fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra y presidir el día y la noche, y separar la Luz de las Tinieblas”. ¿Quién no ha leído alguna vez este texto?: “Creó Dios las estrellas y las puso en el Firmamento de los Cielos para separar la Luz de las Tinieblas”. El Autor del Génesis primero nos dice que Dios creó la Luz y enseguida nos declara que una vez creada la Luz la separó de las Tinieblas.

 

96. Bueno, las opciones que se nos ofrece son las que son y no admiten vueltas. Dios creó la Luz, luego la separó de las Tinieblas, y creó las estrellas para separar la Luz de las Tinieblas. La cuestión es qué pasaría ahora si donde Moisés escribió Luz nosotros ponemos el Manto de Hielo cuya creación hemos seguido. ¿Empieza a calentarse el ambiente? Qué tal si cogemos lápiz y papel y tiramos líneas. Trazamos una circunferencia en una esquina del papel y la llamamos Tierra. En el lado contrario trazamos otro círculo y lo llamamos Tinieblas. Ahora trazamos en medio un muro de separación entre Tierra y Tinieblas, que llamaremos Estrellas. Es la imagen que nos sale poniendo Tierra donde Moisés puso Luz. Y, de hecho, si miramos al cielo vemos que los Cielos hacen de muro de separación entre la Tierra y el cosmos exterior.

 

97. Conclusión: Si Dios creó la Luz y la separó de las Tinieblas es que la Tierra se encontraba en ese momento en esa región de la que las estrellas la separan actualmente. O lo que es igual, antes de crear la Luz: la Tierra se encontraba en medio de las Tinieblas.

 

98. Comprendo que esta sencilla forma de fabricar lógica le parezca al lector un arte siniestro de complicar aún más las cosas. Lo cierto es que por más que quiero no encuentro la complicación y tal vez por esto me lanzo a la recreación de los acontecimientos geohistóricos sin pensar en la opinión de los siglos. A la hora de la verdad, que es la que aquí nos interesa, el problema es dónde, en qué región del espacio exterior se encuentran esas Tinieblas que cubrían la faz del Abismo cuando Dios dijo: Haya luz.

 

99. La Revelación se limita a informarnos sobre la distancia astronómica que Dios puso entre las Tinieblas y la Luz. No da números ni coordenadas intergalácticas. Nos dice que Dios creó la Tierra y entre la Tierra y su región de Origen puso por medio los Cielos. Traducción maravillosa y revolucionaria que nos deja clavados en el asiento y nos sitúa justo donde nos quería ver nuestro Creador: En medio de las Tinieblas y mirando a los Cielos. Así que ¿de qué nos vale tener los pies sobre la tierra si al final el que tiene la cabeza en las nubes es el que mejor ve las cosas?

 

100. Una cuestión extra viene al caso. ¿Creó Dios las estrellas para separar la Tierra de su región de Origen sin más causa que dibujar en la bóveda del firmamento el zodiaco? ¿O le dio a los Cielos dimensiones galácticas por alguna otra razón? La respuesta positiva implica la afirmación de un imposible histórico, ni más ni menos que un hombre de hace tres mil quinientos años hubiera comprendido, sin haber observado jamás el cosmos, que nuestro Universo es una Galaxia en el corazón de un océano de galaxias en movimiento, razón por la que le dio Dios a nuestros Cielos sus actuales dimensiones astronómicas.

 

 

CAPÍTULO 13

CREACIÓN DE LA ESCALERA DE LOS ELEMENTOS NATURALES

 

101. Pero sigamos. Creada la Luz (proceso que hemos descrito siguiendo la línea del tiempo con la que Dios ha retado desde su Génesis a la Ciencia de todos los tiempos, andando sobre cuya línea hemos llegado a la Fusión de la Corteza Primaria y la Sublimación de la Atmósfera Primigenia resultante, fábrica donde Dios produjo el Manto de hielos que durante la Mañana del Primer Día cubrió la esfericidad del planeta Tierra, y sin juzgar los procesos mecánicos dada la naturalidad del tema: Fusión de la Corteza Primera y Sublimación de la Atmósfera Primigenia), dejamos el asunto de la Revelación un tanto en al aire hasta que la ocasión nos permitiera volver a poner los pies en el suelo.

 

102. Y sin entrar en más detalles regresamos al Texto, leyendo cuyas letras convenimos en que la definición de la Palabra Creadora, por cuya identidad abandona el país de las metáforas, hipérboles, mitos y demás entes de leyenda, hizo de “la Luz” una Llave de Champolión, haciendo uso de la cual se interpreta la Revelación, contra toda opinión, teológica o científica suscrita hasta Hoy, diciendo que Dios separó la Tierra de su región de origen y la introdujo en los Cielos, conclusión que se infiere del Texto: “y vio Dios ser buena la Luz, y la separó de las Tinieblas”, declaración que a la luz de esta Interpretación me lleva a admirar el valor que le echó el autor Humano cuando se atrevió, sin ciencia, a confesar tal declaración de separación Luz-Tinieblas por la mano del mismo Dios que creara la Tierra y los Cielos. Ignorancia de Moisés en donde precisamente radica la Sabiduría de quien le dictara el Texto y por su silencio su Escriba devino el hombre más sabio de su tiempo. En un apartado dedicado a la Ignorancia de Moisés en tanto que Escriba de Dios, volveremos al tema de la Omnisciencia del Señor que le dictara el Relato de la Creación del Universo. Como no podía ser de otro modo. ¿O acaso para nosotros no empezó todo cuando fue creada la Tierra?

 

103. Ya sabemos que dicen por ahí que la verdadera historia del Hombre se remonta incluso antes de la existencia de la Tierra. Ahora bien, ni la existencia del Hombre es trascendental para el Cosmos ni el conocimiento de la estructura de las galaxias es vital para la existencia del Hombre. De manera que si el Hombre no existiera el Cosmos seguiría estando donde está, haciendo su camino, y si el Hombre no conociera la estructura del Cosmos tampoco por ello dejaría de ser el Hombre lo que es. Esto no quiere decir que la importancia del Conocimiento del Universo no sea de un valor existencial específico para nosotros; y sí dejar claro que el conocimiento que es de trascendencia vital para el Hombre en cuanto Ser es el Conocimiento de Dios; y pues que en Dios viene el Creador, la Ciencia de la Creación viene en el lote, por hablar con alegría en el cuerpo.

 

104. Se cuestionará alguno por qué entonces Dios ha mantenido en el Silencio la Memoria de la Creación de la Tierra y los Cielos, separando el Creador en Dios del Señor. Postura que mantuvo Dios en Cristo, manteniendo la Fe y la Inteligencia a la manera de dos brazos unidos a un mismo cuerpo, nacidos para obedecer la misma Voluntad, pero el movimiento de cada brazo sujeto al pensamiento de la cabeza, bajo cuyos impulsos el cuerpo entero se mueve. Y yo responderé esta sencilla cuestión afirmando que así ha sido en verdad. A la par que negaré que desde el principio Dios hubiera dispuesto el Conocimiento del Creador en Él siguiendo esta pauta de crecimiento bajo las condiciones de la Ciencia del Bien y del Mal. Pasó lo que pasó y ya no hay remedio. Y porque pasó, la Formación de la Inteligencia a Imagen y Semejanza de la de nuestro Creador experimentó sobre la marcha un contratiempo, que obligó a Dios, en efecto, a anteponer al Conocimiento de la Ciencia de la Creación el Conocimiento del árbol de la ciencia del Bien y del Mal, cuyo fruto, como sabemos, es la Guerra.

 

105. Yo no sé si quien lee estas líneas ha cogido las leyes de esa Ciencia. Por mi parte creo que la estructura de dicha Fruta está asumida y, desde el conocimiento que viene de la experiencia puedo escribir lo que con el conocimiento que viene de la teoría tomaba forma en la lengua del Primer Hombre, a saber, “Maldito todo el que coma de ese fruto, y maldito el que dé a comer del fruto del Árbol de la ciencia del Bien y del Mal”. Confesión final que me trae de vuelta al punto desde el que iniciamos esta pequeña travesía, hablando de la Separación de la Luz que Dios realizara una vez que la creara en las Tinieblas. Escribiendo sobre lo cual dije que mientras la Ignorancia tuvo su Ley la imposibilidad para entrar en su Contenido llevó a unos, teólogos, y a otros, científicos, a devolverle a Dios su Génesis envuelto en el papel de las metáforas y los mitos. Pero que una vez traducida la Luz por el Manto de Hielos que al término del Día Primero cubriera la superficie de la Tierra, Manto de hielos producido por la Sublimación de la Atmósfera Primigenia surgida de la Fusión de la Corteza Primaria, ya no nos queda más que meterle fuego al papel de la Tradición Teológica y la Cosmología del Siglo XX, soplar sobre las cenizas, despejar la mesa y volver a trabajar partiendo de la Información que en su Libro Dios nos brinda. Puede que vuelva a este asunto en otra sección, y puede que ya lo haya hecho en una anterior. No importa. Y no lo digo porque yo sea de los que creen que una verdad es más o menos verdad según el número de veces que el martillo caiga sobre la cabeza del tonto de turno. Lo digo pensando en que la vida es un pensamiento que se hace a sí mismo partiendo de unas raíces universales, y no porque se tenga un sueño muchas veces adquiere ese sueño más sentido ni porque se deje de soñar el cuerpo va a perder el beneficio que le proporciona el descanso de la noche. ¡Para nada!

 

106. Pues que la intrascendencia del hombre para el Cosmos es un hecho, la Verdad existe en sí misma, aunque no exista nadie en el Universo. Yo puedo dejar de existir ahora mismo pero la verdad estuvo antes que yo y permanecerá sin mí.

 

107. En cuanto a mi manía de volver sobre un punto de restauración, que puede ser hoy uno y mañana otro, se debe más a la necesidad de mantener un punto de referencia común entre escritor y lector. Por inercia el ensayista tiende a perderse en su pensamiento y el lector a agarrarse a una idea concreta. Y siendo el caso que nos ocupa de tal complejidad, por mucho que yo quiera pasarle el paño de la sencillez el hecho es que mandar la Cosmología y Teología, tocando su postura frente al Génesis de Moisés, fuera de la mesa de trabajo sobre cuya superficie el espíritu de Inteligencia de Dios se está moviendo en este Siglo XXI, presupone un acto más emparentado con el arte que con la ciencia, suponiendo que escribir sea un arte, y sea arte darle expresión al pensamiento; algo con lo que personalmente sí asiento, y deduzco de los filósofos y héroes de las revoluciones del segundo milenio, los primeros afinando sus plumas con el arte del polemista y los segundos sus espadas con el arte de los filósofos. Las dos veces que este matrimonio parió trajo al mundo dos Acontecimientos para la eternidad: la Revolución Francesa y la Revolución Rusa.

 

108. El problema, pues, no está en la Palabra sino en el uso del arte de su ciencia. En este caso la Verdad, no el Poder, es el Principio y el Fin. Y de aquí que siendo el hombre intrascendente y la Verdad eterna la opinión humana sea polvo sobre la mesa. Cuya superficie hemos despejado con objeto de situar la Tierra en su sitio durante el Día en que Dios creara la Luz, y una vez creada: “la separó de las Tinieblas”.

 

109. Volviendo pues al punto de restauración, diré que cualquiera que tenga dos ojos en la cara ve que, creada la Luz en las Tinieblas, la Tierra, siendo la Luz el Manto de Hielos que al término del Día Primero cubriera su superficie, la Tierra se hallaba en las Tinieblas. De cuya Región la separó Dios una vez creada la Luz, o sea, el Manto de Hielos que cubrió la esfericidad de la Tierra al término del Día Primero, según desde hace tres mil quinientos años está escrito: “y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las Tinieblas”. Si la separó es porque estaba allí. Y si después creó Dios las estrellas para separar la Luz de las Tinieblas, como se puede leer en el Día Cuarto: “Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra, y presidir el día y la noche, y separar la Luz de las Tinieblas”.

 

110. Entonces, traduciendo en esta Línea del Jeroglífico de Moisés “Luz” por “Manto de Hielos”, tenemos que la Tierra se hallaba en una Región exterior a los Cielos. Traducción despampanante y asombrosa que de no ser porque es Dios quien la suscribe y su Escriba quien la escribe con la Vara de mando de la que se sirviera para separar las aguas del Mar Rojo, nuestra inteligencia se dispararía al mundo de los extraterrestres y donde pongo C-de Cosmología tendría que poner F-de fantasía. Esto sentado, porque sentarse se lo merece, y pues que ya está abierta la puerta, entremos.

 

111. Cómo produjo Dios este cambio de una región del Espacio General a la región donde se halla en la actualidad, sobre este particular no dijo nada el autor. Tampoco dijo nada sobre la naturaleza específica de la región de origen donde creara Dios la Tierra. Ni en este momento tampoco yo voy a entrar en más detalles. Cuando le convenga a esta Cosmología ya correremos el velo. Bastante hay por ahora con aceptar que Dios creara la Tierra fuera de nuestros Cielos, más allá de las constelaciones de nuestra galaxia, en el Abismo cubierto por las Tinieblas.

 

112. De hecho, volviendo al tema de la Formación de la Corteza Secundaria y la Sublimación de la Atmósfera Primigenia, que la Tierra se hallase en una región sujeta al cero absoluto fue el acelerador del que se sirviera Dios para crear el Manto de Hielo. Vemos cómo estando Marte a más distancia su atmósfera no pasó por aquel proceso de sublimación por el que pasó la Tierra. La singularidad que la Biosfera abre entre los planetas habla de la existencia de un período geohistórico especial, que, por muy increíble que nos parezca, desde la Revelación se descubre al declarar Dios que la singularidad de la Biosfera obedece y es la respuesta a la región de origen donde la creara. Afirmación espontánea que nos conduce inmediatamente al problema del Poder del Creador del Universo. Ya que, si intelectualmente hablando el proceso de creación de la Biosfera descubre en la secuencia expuesta su naturaleza científica, la objeción invencible tiene que ver con la Naturaleza de ese Ser que no sólo piensa cómo hacer las cosas, sino que además tiene Poder Infinito para llevarlas a cabo.

 

113. No sé si lo he dicho, pero si no lo digo ahora: el Poder sin la Inteligencia no satisface la necesidad que la transformación de la Realidad exige; y viceversa, la Inteligencia sin el Poder se queda en sueños, en fantasía, en respuestas que se lleva el viento. En este caso, conociendo por la Teología a Dios y por la Ciencia al Universo lo único que tenemos que hacer nosotros es fundirlas en una Nueva Ciencia, la Ciencia de la Creación, y seguir sus leyes y sus principios. En este caso, sabiendo Dios que exponiendo una Atmósfera a una región sujeta al cero absoluto su volumen se sublimaría y daría lugar a la creación de un Bloque de Hielo, y pudiendo hacerlo, lo hizo. Y llamó Luz al Manto de Hielo.

 

114. Pero la integración de la Tierra en los Cielos la preparó Dios antes de abrir su boca y originar la secuencia creadora de la Luz. No fue cuestión de suerte que Dios encontrara un sistema estelar de características planetarias compatibles con la Tierra. Antes de sumergirse en el océano de las constelaciones lácteas Dios sabía lo que iba buscando, dónde se encontraba lo que iba buscando y cuáles eran las características del Sistema Solar que estaba buscando. Y lo sabía porque Él mismo formó su estructura planetaria con vistas a no activar un rechazo hacia la integración de la Tierra en el edificio solar.

 

115. El Génesis parte de una plataforma previa, la Tierra y los Cielos ya estaban creados, y sobre su superficie nos hemos lanzado a navegar. Podríamos haber empezado este viaje sumergiéndonos en las profundidades del Tiempo, pero he preferido seguir la ruta diseñada por Dios de antemano, entre otras cosas, porque Él conoce mejor que uno el terreno. En su momento romperé una lanza en el intento de recrear la Creación del Sistema Solar. Hasta que el momento llegue debemos poner sobre la mesa las leyes básicas necesarias para el entendimiento de una secuencia sistemológica de tanto interés para nosotros.

 

116. Así pues, la integración de la Tierra en el Sistema Solar, por muy natural que le parezca a quien asocia la Divinidad con el poder de abrir la boca y tenerlo todo hecho, implicaba la resolución de un mar de ecuaciones complejas, repleto de incógnitas y factores a tener en cuenta. Como cualquier otro sistema del Universo, el cuerpo solar no puede aceptar la integración de un nuevo elemento sin experimentar él mismo una transformación de estado. Pensando en esta sencilla regla universal de integración de cuerpos astrofísicos en sistemas complejos, Dios se aseguró la imposibilidad del rechazo o la perturbación destructiva del Sistema Solar en respuesta a la integración de la Tierra en su estructura creando Sol, Tierra y Luna con un mismo Origen en el espacio y el Tiempo.

 

117. Una vez creados el Sol y los planetas con sus lunas y sus anillos, Dios procedió al aislamiento de la Tierra, raíz de la Confusión a la que se refiere el Texto, para, después de crear la Luz -como ya hemos visto- volver a unir Tierra y Sol, momento alrededor del cual estamos gravitando en esta sección. Esta integración tenía un camino. Y en el camino la capa de Hielos había de iniciar su ruta particular hacia su transformación en Aire y Agua. Describir esta ruta es la meta que nos vamos a proponer en la próxima sección.

 

118. Y, en fin, la consecuencia del lanzamiento de la Tierra sobre la pista boreal (puerta por la que entró la Tierra en el campo eléctrico del Sol) se dejó sentir sobre la superficie del Manto de hielo. El hecho de acceder la Tierra a su órbita biosférica por esta ruta boreal tenía causas más complejas que la que aquí nos interesa manejar. Por ahora entremos en la fusión del Manto de Hielo y las consecuencias físicas de su aceleración al punto crítico máximo sobre el tiempo de duración de su proceso. Elevación instantánea buscada por Dios al darle a la Tierra por acceso la pista boreal.

 

119. Lo cierto es que introduciendo la Tierra por la pista boreal lo que Dios conseguía era acelerar a la máxima velocidad permitida el proceso de descongelación del Manto de Hielo, así como hacer lo mismo con la consiguiente evaporación del producto resultante. El juego de fuerzas sobre el que la fusión del Manto de Hielo se aceleró a su máximo posible combina las fuerzas clásicas con las revolucionarias, y pare esa escurridiza cosmología cuántica en el origen de todos los procesos de creación de materia astrofísica y de energías electromagnéticas. Mayor se fue haciendo el acercamiento Tierra-Sol, menor la distancia Sol-Tierra, más intenso fue el proceso de descongelación del Manto de Hielo. La rapidez del movimiento aproximatorio es la que nos lleva a hablar de sublimación. En este sentido la sublimación del Manto de Hielo fue una evaporación directa. Que, mirando a comprenderla lo más llanamente posible, podemos compararla a la aplicación de un hierro candente sobre la superficie de una barra de hielo. El Sol hizo de barra de hierro al rojo vivo en la mano de Dios y la Tierra de barra de hielo. No hablo figuradamente al decir que de haber continuado Dios aplicando indefinidamente el hierro la masa total de la capa de hielos se hubiera transformado en atmósfera. Al menos es la impresión que nos crea la extensión hasta el infinito del tema. Yo diría que simple apariencia y nada más. Apariencia que nos invita a dar otro paso adelante. Y asegurar que la estabilidad del universo en general, y de nuestro Sistema en especial, se basa en dos pilares básicos. El primero ya lo hemos visto, es la transformación de la energía en nuevas formas de energía. El segundo es la naturaleza electrodinámica de la materia cósmica fundamental.

 

 

 

CAPÍTULO 14

SEGUNDA LEY DEL COMPORTAMIENTO DEL UNIVERSO

 

120. El estudio que Dios llevó a cabo sobre el comportamiento de la Materia Cósmica le condujo al reino de la Electrodinámica Astrofísica. Durante las investigaciones sobre la naturaleza del espacio, de la materia y del tiempo que Dios realizara durante su búsqueda del dominio de la Ciencia de la Creación, lo que le permitiría transformar la Realidad Universal, Dios observó cómo la materia fundamental a pesar de sus transformaciones y saltos dimensionales en el espacio general conserva las propiedades de su naturaleza atómica. El descubrimiento de la conservación de las propiedades atómicas naturales a la energía cósmica fundamental, con independencia de la dirección que se recorra, le abrió a Dios un horizonte creador sin límites. Pues si por muy grande que sean las distancias recorridas durante el salto de la materia microcósmica a la macrocósmica la naturaleza de sus fuerzas electrodinámicas se conserva, el escenario que se le abre a la inteligencia creadora es ilimitado. Es más, este descubrimiento hace por sí solo que las estrellas y sus redes sistemológicas se transformen en ladrillos, en bloques, en campo de materia prima del que extraer toda la masa necesaria para levantar edificios constelacionales.

 

121. Entonces, aplicando ahora, si la primera ley (transformación del campo gravitatorio en luz) se opone a la contracción hasta el infinito del universo, toda vez que la cantidad de energía no permanece estática en la ecuación, inestabilidad ecuacional derivada de la transformación de la gravedad en luz y fuerzas electromagnéticas, condición de estabilidad que exige la hipótesis para dar vía libre a la contracción del campo universal en un núcleo primordial, y que no se cumple, realidad que la estabilidad del sistema astrofísico local demuestra; esta segunda ley -naturaleza electrodinámica de los campos gravitatorios- le corta el paso al movimiento contrario (destrucción por dispersión) al levantar entre los sistemas siderales una red electrodinámica de comportamiento. Es decir, la operatividad de esta ley de transformación de la energía gravitatoria en fuerzas electromagnéticas y otras formas de energía luminosa, la operatividad de esta ley -decía- contra la dispersión por debilitamiento constante del volumen de la energía universal: mantiene la concentración desde las leyes de la electrodinámica.

 

122. Y finalmente, la entrada en acción de este muro electrodinámico de protección permite la existencia de corrientes gravitatorias alrededor de continentes astrofísicos sujetos una teoría de estructuras moleculares donde las partículas son astros.

 

123.La aplicación visible de estas dos leyes a un Sistema Estelar Individual lo tenemos en el nuestro. Por un lado, el campo magnético hace de enlace entre Tierra y Sol. Lo que es extensible a todos los demás planetas. Por el otro, el campo eléctrico levanta una barrera entre Sol y Tierra. Lo que poéticamente hablando podríamos sellar así: Lanzada la Tierra al encuentro imposible de su destrucción la naturaleza de su espíritu positivo convirtió la apariencia en admiración cuando la igualdad entre los signos resolvió el conflicto. Y seguimos.

 

124.De manera más o menos sencilla voy a recrear el primer tramo de esta nueva secuencia geohistórica que tuvo lugar en el Día Segundo. Pero volviendo al tema, la importación por el Sol de un nuevo planeta le suponía a su Sistema la integración en su campo de un nuevo transformador de energía gravitatoria, con sus propiedades exclusivas. Cómo alteró este cambio estructural la relación entre la familia planetaria no es fácil de determinar, pero este era un factor que Dios conocía por experiencia, y desde esa experiencia resolvió sobre el papel todas las incógnitas antes de pasar a la acción. El éxito de la aplicación de sus matemáticas a la realidad no hay que ir muy lejos a buscarlo; a la vista están los resultados. Nosotros vamos a centrarnos en la Tierra y lo que le supuso a su cuerpo físico su integración en un campo gravitatorio compartido.

 

125.Empezaré diciendo que cualquier cuerpo de naturaleza astrofísica en tanto que esté aislado de cualquier otro cuerpo se limita a consumir su propia energía. Mientras durante el Día Cero estuvo aislada en su región de origen la Tierra se estuvo alimentando de su propio campo gravitatorio. La baja velocidad de transformación a la que estuvo trabajando su núcleo mantuvo su pulso a un mínimo estable de revoluciones. El problema era que el campo gravitatorio seguía aumentando la masa cortesaria mediante su efecto de agujero negro. Así que la Tierra tenía razón para estar confusa.

 

126. Y dice Dios que estaba vacía porque la Tierra no podía por sí sola salir de aquella situación. Únicamente estando conectada a una red de energía podía superar el final hacia la que abandonada a sus fuerzas se veía abocada. Cuando Dios regresó y dobló la energía de su campo, acelerando la rotación de su cuerpo externo rompió aquella situación. De la que se derivó, como he mostrado, la fusión de la corteza primaria y la creación del Manto de Hielo que cubrió el Globo al final del Día Primero.

 

127. La energía suministrada una vez transformada en calor, habiendo vuelto el Núcleo a un nuevo estado de equilibrio al término del Primer Día, al introducirla en el Sistema Solar al alba del Segundo Día, la Tierra se encontró de repente en la situación que se halla un transformador conectado a una red de energía. La primera reacción de su Núcleo fue pasar de un estado lento de trabajo a otro avanzado. Lo que esto significa podemos comprenderlo recordando cómo la variación de la energía con la que puede jugar su campo le afectó al comienzo del Día Primero. Efecto del que se deduce a título universal que el motor que mantiene constante el movimiento estelar es el Núcleo.

 

128. El movimiento de las estrellas y de todos los cuerpos del Universo, pues, como muy bien se ve en nuestro Sistema, tiene una singularidad. Todos rotan sobre su eje. El efecto físico natural a este tipo de movimiento es, como se ve en los helicópteros, el movimiento hacia arriba. De donde nosotros deberíamos deducir que todas las estrellas y sus sistemas siguen una trayectoria ascendente. Como si dijéramos que el Universo se comporta como un cuerpo que se mueve hacia arriba eternamente. Ahora regresemos al punto donde dejé este Relato.

 

 

CUARTA PARTE

CREACIÓN DE LA BIOSFERA : CONTINENTES Y OCÉANOS