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HISTORIA UNIVERSAL DE ESPAÑA
 

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.

HISTORIA DEL LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN DE ESPAÑA

 

CAPITULO XXIII.

Ney en Asturias.—Movimientos de la Romana: acción de Villafranca del Bierzo.—Entra la Remana en Oviedo y disuelve su junta.—Penetra Ney en Asturias: huida de la Romana.—Vuelve Ney a Galicia.—Crece la insurrección en esta provincia.—Sitio y toma de Vigo por los españoles.—Socorren los franceses a Tuy: formación de la división española titulada del Miño.—Ocupación y evacuación de Santiago por las tropas de dicha división.—Vuelve Soult de Portugal y concierta con el mariscal Ney los medios de vencer la insurrección de Galicia. —Llega la Romana a Galicia: movimientos de sus tropas.—Acción del Puente de San Payo.— Soult evacúa Galicia.—Hace lo mismo Ney.— Queda Asturias igualmente libre: tentativa de los españoles sobre Santander.—Desaciertos de la Romana: sucédele el duque del Parque en el mando del ejército de la izquierda.

 

Hemos visto a Soult dirigirse a la conquista de Portugal, y hemos visto también a Galicia declararse en insurrección contemporáneamente con la marcha de aquel para dar comienzo a su empresa. Persuadido el mariscal francés de que Ney bastaría a domeñar aquel alzamiento, cruzó el Miño en los términos que expusimos al hablar en el Capítulo XII de la invasión del territorio lusitano; pero no eran las fuerzas de Ney capaces de vencer por sí solas a los insurgentes gallegos.

Después de la derrota de los nuestros en las inmediaciones de Monterey el dia 6 de marzo de 1809, dirigióse Mahy á las Portillas con la retaguardia del ejército de la izquierda, uniéndose a poco en Luvian con el marqués de la Romana. Indeciso este relativamente al camino que debería tomar, propuso el ayudante general Moscoso que no se alejase el ejército de la tierra montañosa, y acorde el marqués con esta idea, decidió encaminarse a Asturias, con objeto de apoyar desde allí el movimiento insurreccional de Galicia. Cambiada con este motivo la marcha que seguía antes, dirigió se a Ponferrada del Bierzo cruzando las montañas de las Cabreras por el Puerto de Palo, no sin grandes penalidades, debidas a la aspereza del terreno y a lo crudo de la estación. No tuvieron los nuestros encuentro ninguno con los franceses durante este tránsito, ni tampoco lo deseaba el marqués, hallándose desprovistos de todo los soldados que conducía. Un incidente, sin embargo, decidióle aprovechar la ocasión de caer sobre el enemigo que con 1,000 hombres de tropas escogidas ocupaba Villafranca del Bierzo. Fué el caso que al llegar los nuestros a las inmediaciones de Ponferrada, encontraron en una ermita un cañón de a 12 abandonado, con su cureña y balas correspondientes, y esto bastó para que Moscoso propusiese al caudillo español caer de rebato sobre los franceses. Parecióle al marqués bien la idea, y no bien llegó á Toreno, destinó a la empresa 1,500 hombres al mando del general Mendizabal, quien atacando a Villafranca el dia 17 de marzo, rindió prisioneros a los 1,000 franceses fortificados en la villa, después de cuatro horas de fuego, gloria debida a la sorpresa que produjo en aquellos una aparición tan repentina e inesperada, no menos que la vista del cañón de grueso calibre, circunstancia que les hizo creer ser muy numerosa la fuerza que sobre ellos venia, mesándose los cabellos de rabia cuando vieron después que no era así, y que habían rendido las armas a un puñado de hombres, y en malísimo estado por cierto.

Después de esta acción felicísima, la cual valió más adelante a los vencedores una cruz de distinción otorgada por Fernando VII, llegó la Romana a Oviedo, donde excediéndose de las atribuciones que la Central le había conferido en la parte puramente militar, disolvió la Junta de Asturias, echando del salón a los vocales que estaban reunidos en sesión. Ciertamente que aquella corporación no se había mostrado acertada en algunas de sus providencias; pero el marqués dio oídos malamente á infundados resentimientos, y obró ilegal y violentamente al tomar una determinación tan ruidosa como aquella lo fue. Los autores franceses aseguran que la asamblea destituida entorpecía con sus disensiones la marcha de las operaciones militares, y por cierto que aun siendo esto así (lo cual no se ha probado todavía), fue peor el remedio que la enfermedad, dado que ocupado el marqués en meterse en lo que no le importaba y en reemplazar unos vocales con otros, descuidó lastimosamente lo que nunca debía olvidar, el impulso de esas operaciones que la junta, se dice , entorpecía.

En efecto: trocado en político su papel exclusivamente militar, no tomó providencia ninguna capaz de contener la invasión que amenazaba a Asturias, siendo así facilísimo a Ney aprovecharse de su inacción, viniendo de Galicia por la parle de Navia de Suarna, y ocupando sucesivamente Ibias, Cangas de Tineo, Salas y Grado hasta dar vista a Oviedo con 6,000 hombres, mientras procedente de Valladolid con igual fuerza entraba Kellermann por el Puerto de Pajares en el desapercibido Principado. El resultado fue salir de Oviedo precipitadamente el desalentado marqués, tomando el camino de Gijón, donde embarcándose con algunas tropas, dirigió su rumbo á Galicia. Ney con esto posesionóse de Oviedo el 19 de mayo, dando al saco la ciudad por tres días, aunque sin poder cometer lamentables excesos en las personas, gracias a haber hallado la población casi del todo abandonada por los moradores. Las divisiones de Worster y Ballesteros, llamadas apresuradamente por la Romana cuando se vio con el enemigo encima, no pudieron impedir la entrada de este en la capital, porque no era ocasión de hacerlo ya, ni aun cuando lo hubiera sido tenían sus jefes bastante confianza en el éxito para medirse con los imperiales, movidos de concierto en tres direcciones, y todos a la vez sobre Oviedo. Así, pues, lo único que Worster hizo fue aproximarse lentamente, y con las consiguientes precauciones, a la capital invadida por la parte de la montaña, mientras Ballesteros buscaba por su parte refugio en las asperezas de Covadonga, adonde en movimiento retrógrado se dirigió desde Colombres.

Siguió Ney en Oviedo unos días, durante los cuales procuró asegurar la posesión de aquella plaza y del resto del territorio asturiano; mas no le fue posible detenerse sino muy poco tiempo , porque llegando a su noticia los reveses que experimentaba Soult en la conquista de Portugal, y sabiendo que la insurrección de Galicia progresaba durante su ausencia, temió que la Romana acabase lo que había el paisanaje empezado; y así, dejando a Kellermann encargado de la guarda de Oviedo, mientras Bonnet, recién venido de Santander, ocupaba Villaviciosa, volvió a Galicia apresuradamente, tomando el camino de la costa.

Hemos dicho en otro lugar de qué modo había empezado el levantamiento de dicha provincia , levantamiento debido exclusivamente a la exasperación con que los naturales miraban el yugo extranjero. Faltos de concierto y de plan en un principio, dirigía a estos, no obstante, el mismo sentimiento común, tardando muy poco a entenderse y a concertarse entre sí, merced a los emisarios que a fin de aunar sus esfuerzos cuidó de enviar la Central desde el comienzo de la insurrección. Fueron estos el teniente coronel García del Barrio, el alférez D. Pablo Morillo y el canónigo D. Manuel Acuña, señalándose todos en el desempeño de la misión que se les había confiado, no menos que los capitanes D. Bernardo González o Cachamuiña y D. Francisco Colombo, enviados entre otros con el mismo objeto por el marqués de la Romana. Acaudillados los gallegos por estos bravos, por los ya nombrados abades de Couto y Valladares, por Tenreiro, Seoane y Cordido, por los dos hermanos Martínez, por el valentísimo Márquez, por D. Juan Bernardo Quiroga y su hermano el abad de Casoyo, y por otros patriotas, en fin, cuya lista sería interminable, tales como los ya nominados Labrador, Carrascón y juez de Maside, fue en breve inapagable la llama en las feligresías de Tuy, Lugo, Orense y Santiago, estudiándose hasta más allá de las riberas del Ulla, y acabando de darle dirección la junta creada en las alturas de Lobera, bajo la presidencia del célebre obispo de Orense D. Pedro de Quevedo y Quintano. imposible seria ahora tratar de exponer una a una las diversas correrías y empresas que en Galicia tuvieron lugar desde últimos de febrero en adelante, y aun cuando fuera realizable, no lo consentirían los límites a que debemos circunscribirnos como historiadores que somos, no ya de una provincia en particular, sino del alzamiento general que agitó a la nación española en los seis años de su heroica lucha. Prescindiremos, pues, de pormenores preciosísimos en verdad, pero inconducentes al fin que en ser breves nos hemos propuesto; y nos circunscribiremos por lo tanto a lo que creamos más esencial, o aparezca más decisivo y de más reconocida importancia en el alzamiento en cuestión.

Engrosadas nuestras partidas de un modo imponente, había el abad de Valladares comenzado el sitio de Vigo con la que tenía a sus órdenes, con la que en el valle de Fragoso había levantado el alcalde Limia, y con la gente que Tenreiro y el portugués Almeida habían recogido y abanderizado en otros valles diversos. Ocupaba dicha ciudad con 1,500 franceses el jefe de escuadrón Chalot, quien provisto de medios de resistencia en todos sentidos, aunque no en posición enteramente ventajosa, negóse repetidas veces a la intimación de rendirse que le hizo el abad. En esta negativa tenaz influía por una parte la vergüenza que le causaba humillarse a capitular con paisanos, y por otra la esperanza de ser socorrido por una columna de los suyos que venía de Pontevedra. Afortunadamente don Pablo Morillo impidió los progresos de esta situándose en el puente de San Payo, asegurado el cual y confiado a la vigilancia del comandante Odogesti, volvió con 300 hombres mandados por Gachamuiña y Colombo a auxiliar al abad en su empresa, estrechando el sitio de Vigo, sitio cuya dirección tomó a continuación, junto con el grado de coronel que le confirieron los nuestros. Frustrada la esperanza del francés en lo relativo al socorro que tan ansiosamente esperaba, comenzó a desistir de sus escrúpulos tocante a la rendición, no teniendo ya que abatirse al paisanaje, sino a un militar como él. Eso, no obstante, pidió 24 horas de término para contestar a la intimación que le hizo Morillo, amenazando el 27 de marzo tomar la plaza por asalto y pasar la guarnición a cuchillo, si no se rendía en el acto. No accediendo el jefe español al plazo que el francés solicitaba, convino este por fin en rendirse, concediéndosele los honores de la guerra; mas con todo, tardó en ratificarla capitulación, visto lo cual por Morillo acometió la plaza a las ocho de la noche, comenzando a derribar a hachazos una de las puertas, primero un marinero anciano que cayó a poco muerto de un balazo, y luego Cachamuiña, que tomando de sus manos el hacha, consiguió, bien que herido, hacer astillas la puerta. Iban ya con esto los nuestros a precipitarse por ella, cuando recibiendo Morillo la ratificación de Chalot, pudo no sin dificultad detenerlos hasta la mañana siguiente, en que con arreglo a lo convenido rindieron los franceses las armas, siendo llevados prisioneros a Inglaterra.

Hecho fue la toma de Vigo digno de perpetua memoria, no habiendo intervenido en su reconquista sino los puños, por decirlo así, puesto que no tuvieron los gallegos para la realización de su empresa ni ingenieros ni artillería. Fué esa reconquista á sazón que venía de Tuy una columna a auxiliar a los franceses sitiados. A la noticia de su aproximación, y ya posesionado de Vigo, envió Morillo gente de su confianza que le saliese al encuentro. Hiciéronlo nuestros paisanos y soldados, y acometida la columna enemiga, fue toda desbandada y deshecha, quedando varios de sus individuos tendidos en el campo, y perdiendo 72 prisioneros.

Entretanto el abad de Couto, y con él Márquez y otros guerrilleros, bloqueaban desde el 15 de marzo la expresada ciudad de Tuy, mas con cerco tan poco riguroso como bien se deja inferir de la facilidad con que la columna de que acabamos de hacer mención había salido de aquella plaza para ir al socorro de Vigo. Libertada la ciudad, acudieron en auxilio de los sitiadores de Tuy, Morillo, Tenreiroy Almeida con otros varios de los que acaudillaban partidas, entre ellos García del Barrio, nombrado por la junta de la Lobera comandante general de Galicia. Este nombramiento excitó, a lo que parece, los celos de los demás jefes, y mal dirigido el asedio merced a las rencillas y disputas que tenían cada día lugar, malogróse la empresa por último, viniendo en socorro del general La Martinière, que mandaba en la plaza, el de la misma clase Maucune por la parte de Santiago con una columna de infantería y caballería, y Heudelet, enviado por Soult, del lado de Portugal, como dijimos en otro capítulo. Fué esto sobre el 12 de abril, en cuyo dia levantaron el cerco los españoles, siendo arrollada a poco la gente de Morillo en el camino de Redondela. Entrados los socorros en Tuy, temieron los franceses que los nuestros volviesen de nuevo a sitiar aquella ciudad con mejores disposiciones, razón por la cual la evacuaron el 16 del mismo mes, después de sacar lodos sus efectos y artillería. Con esto quedó libre de enemigos la orilla derecha del Miño , dando vagar y tiempo á los nuestros para disciplinarse por allí hasta el punto de organizar una división respetable que tomó el nombre de aquel rio. Incorporado a esta división con su partida el guerrillero Vázquez, o sea el Salamanquino, hizo lo mismo poco después el valiente don Martin de la Carrera, el cual había permanecido en la Puebla de Sanabria reuniendo tropas dispersas, mientras el marqués de la Romana perdía el tiempo en Oviedo. Gozaba Carrera gran crédito entre los naturales del país, y así el dia 7 de mayo fue nombrado caudillo de la división del Miño, cediendo Barrio las facultades que tenía como comandante general y enviado de la junta de Sevilla.

A mediados de dicho mes contaba la expresada división no menos que 16,000 hombres con algunos caballos y nueve piezas de artillería. Puesto a su frente Carrera, tomó el camino de Santiago por la provincia de Tuy con una parte de sus tropas, y habiéndole salido al encuentro el 25 en el campo de la Estrella 5,000 infantes y 500 caballos destacados de la primera ciudad a las órdenes de Maucune, consiguió derrotarlos completamente, entrando a continuación en Santiago, precedido de don Pablo Morillo, si bien hubieron de evacuarla en breve después de apoderarse de varios fusiles y vestuarios, y gran cantidad de plata reunida por los franceses. El motivo de aquella retirada fue el temor que les infundió Ney a su vuelta de Asturias, mientras Soult combinaba con él sus operaciones, después de abortada, como hemos visto, la conquista de Portugal.

En efecto, el duque de Dalmacia acababa de pasar la frontera, entrando en Orense el día 18 de mayo. Hacía entonces algunos días que el general español Mahy sitiaba Lugo con cerca de 7,000 hombres del ejército de la izquierda, en cuyo mando había sucedido durante la excursión de la Romana a Asturias, teniendo tan apurado al general francés Fournier, encargado de la defensa de aquella plaza durante la ausencia de Ney, que le hubiera obligado a capitular, a no ser por la llegada de Soult. Este salió de Orense el 21, y después de un ligero choque con parte de la gente de Mahy, hizo a este levantar el sitio el 22 , entrando en Lugo al dia siguiente. Reuniósele alli Ney el 30, y uno y otro mariscal concertaron los medios de ayudarse mutuamente a fin de acabar cuanto antes con los insurgentes gallegos.

Levantado el sitio de Lugo, habíase Mahy replegado a Mondoñedo, donde se unió el 24 con el marqués de la Romana, procedente de Rivadeo, en cuya población había desembarcado huyendo de Asturias. Expuestos ambos allí a ser cogidos entre las tropas de Soult y de Ney, evitaron al momento el peligro por medio de una marcha atrevida, cuya dirección era el Sil, para ampararse de Portugal, marcha que se verificó felizmente rozándose casi con Lugo nuestros soldados, y siguiendo a continuación por Monforte hacia Orense, no sin murmuración de parle de las tropas que, cansadas de marchas y contramarchas inútiles, no comprendían ahora la oportunidad de esta otra. Entretanto poníase Soult en movimiento contra la Romana, haciendo lo mismo Ney respecto a la Carrera, cuyas tropas mandaba entonces el conde de Noroña, nombrado por la Junta Central segundo comandante de Galicia. Eran las fuerzas del mariscal Ney 8,000 infantes y 4,200 caballos, contando los nuestros hasta 10,000 hombres, aunque solo eran 6,000 los que estaban armados. Con la noticia de la dirección del enemigo, replegóse Noroña a San Payo, cuyo puente, cortado anteriormente, quedó rehabilitado de prisa, dando paso a los nuestros el 7 de junio muy temprano. A las nueve del mismo dia dejáronse ver los franceses en la orilla opuesta, empeñándose con este motivo un vivísimo fuego de ambos lados, durando el tiroteo seis horas, aunque sin resultado ninguno para los soldados de Ney. Este al dia siguiente halló medio de vadear el rio, y empeñó de nuevo otra acción, o más bien otras nuevas acciones; pero rechazado en todas partes con extraordinaria energía, hubo de volver el pie atrás, retirándose sigilosamente al amanecer del dia 9. Señalada fue la defensa del puente de San Payo, y grande la pérdida que los nuestros hicieron experimentar al enemigo, debiéndose sin duda el buen éxito a la acertada dirección de las tropas, dirección que solo en el nombre vino a tener entonces Noroña, habiendo este deferido en un todo (y esto le honró sobremanera) al dictamen de la Carrera, Morillo, Cuadra, Roselló, Castellar, Márquez y otros jefes, que con sus oportunas disposiciones y el brillante papel que jugaron, acreditaron en aquellos días su justo y merecido renombre. La pérdida de los franceses ascendió a 700 hombres: la de los nuestros no llegó a 200.

Entretanto el cuerpo de Soult fatigábase vanamente en caer sabre la Romana, pues el general español tenía sobre aquel la ventaja de conocer perfectamente los sitios que recorría, y favorecido además por los habitantes, tenía con esto los medios de evitar constantemente el encuentro de su adversario. Cerca de tres semanas duró el movimiento de los franceses en pos de los españoles, recorriendo sucesivamente Monforte, Villafranca y Viana, sin más resultado que perder el tiempo yendo de aquí para allá, apurando su paciencia con repetidas marchas y contramarchas, y siendo hostilizados con frecuencia por el paisanaje insurgente, que huyendo de las poblaciones a la aproximación del enemigo, pellizcábale a veces por los flancos, y a veces por la retaguardia. Fastidiado Soult con aquel género de guerra, y no bien avenido con Ney, decidió últimamente desistir de perseguir a la Romana, influyendo también en su determinación las noticias de la guerra de Austria, junto con la fatiga de sus tropas, que tras una retirada tan penosa como la que habían tenido en Portugal, no podían apetecer para su descanso un suelo tan poco a propósito como lo era entonces Galicia. Decidido, pues, a alejarse de una tierra tan poco hospitalaria, cruzó el Sil por Monte Forado, no sin que el abad de Casoyo y su hermano don Juan Quiroga le causasen gravísimo daño apostados en la otra orilla ; pero al fin consiguió pasar el rio, y después de hacer castigar las gentes de aquella ribera quemando varias poblaciones, se dirigió por el camino de las Portillas a la Puebla de Sanabria, adonde llegó el 23, después de haberse retirado a Ciudad-Rodrigo y clavado varios cañones los españoles que guarnecían aquel punto. Dos días después de su llegada a la Puebla, envió Soult a Madrid al general Franceschi con pliegos e instrucciones, a fin de informar a José del deplorable estado de su ejército; mas fue tal la mala fortuna del enviado que, no bien había pasado de la ciudad de Toro , fue cogido prisionero con otros dos compañeros suyos por el Capuchino Delica, que capitaneaba una partida en aquellas inmediaciones.

Con la partida de Soult y de sus tropas, era Ney ya impotente en Galicia para medirse con la insurrección, y así resolvió libertarse de los peligros que le cercaban, dejando aquella tierra también. Salió, pues, de la Coruña el dia 22, lomando el camino de Astorga, no sin dejar señales de su fuga verdaderamente espantosas, asolando y quemando las poblaciones que hallaba al paso : indigna y cobarde venganza de las humillaciones que nuestros valientes le habían hecho sufrir. El conde de Noroña entró a los pocos días en la Coruña en medio del regocijo y bendiciones de sus moradores, los cuales no acertaban a comprender cómo unas tropas en tan mal estado habían podido lanzar a las brillantes y bien dispuestas de los vencedores del mundo , haciendo consistir su pérdida, junto con la que habían experimentado en Portugal, no menos que en la mitad de las fuerzas con que habían invadido los dos territorios.

A la evacuación de Galicia siguió en junio siguiente la de Asturias, alejándose los franceses de este principado, no solo por la diminución de sus fuerzas con motivo de la salida de Ney para revolver sobre los gallegos, sino también por la actitud amenazadora que tomaron allí nuestros soldados en unión con el paisanaje. El general español Barcena había en la villa de Grado cogido 80 prisioneros a los 1,300 franceses que la guarnecían, haciéndolos retirar de allí, tras lo cual encaminóse hacia Oviedo por su parte occidental, verificando Woster lo mismo. Con esto se vio Kellermann precisado a dirigirse a Castilla, no hallándose con fuerza suficiente para sostenerse en aquella ciudad. Entretanto el general Ballesteros tenía más de 10,000 hombres en Covadonga y sus inmediaciones, incluyéndose en dicho número, además de un batallón que no había podido embarcarse en Gijón cuando la fuga de la Romana, el regimiento de Laredo procedente de las montañas de Santander , y la partida con que el bravo Porlier recorría también aquella tierra. Dirigióse contra Ballesteros el general francés Bonnet, y tanto fue lo que le estrechó, que viéndose nuestro caudillo falto enteramente de víveres , no tuvo otro remedio que huir, alejándose de aquel célebre santuario en la noche del 24 de mayo, y dirigiéndose por montañas y riscos a Valdeburon, en Castilla , y de allí a Potes en la Liébana. Respirando ya allí, proyectó apoderarse de Santander y hacer prisionera su guarnición, compuesta de solos 1,000 hombres, y encaminóse con este objeto a Torre la Vega. Puesto en marcha el 10 de junio, a fin de realizar su empresa, consiguió penetrar en Santander, mas no con el éxito que era de esperar, puesto que se escapó la guarnición , dejando en su poder 200 prisioneros tan solo: efecto, a lo que se dice, de mala dirección y de haberse detenido Ballesteros en Torre la Vega más tiempo de lo conveniente. La estancia de los nuestros en Santander duró solamente algunas horas, pues volviendo reforzados los franceses en la noche del mismo dia, entraron de rebato en la ciudad, dispersándose la mayor parte de nuestros soldados y huyendo cada cual por donde pudo. Ballesteros se embarcó en una lancha con D. José Odonell, coronel del regimiento de la Princesa, dando la división por perdida; pero el batallón expresado se salvó milagrosamente, gracias a su intrepidez y a la buena dirección y admirable presencia de ánimo del oficial Garroyo, que se puso á su frente , dirigiéndose a Medina de Pomar, y cruzando toda Castilla y parte de Aragón en medio de increíbles peligros, hasta que consiguió reunirse en Molina con el general Villacampa. Gran riesgo corrió también Porlier de caer en manos del enemigo, pero rompió con brío por sus filas, y merced a su serenidad, consiguió salvarse también.

Respirando libres Galicia y el principado de Asturias, gracias al heroísmo de los insurgentes, no menos que al valor de las tropas, esperábase que el marqués de la Romana asiria la ocasión de explotar tan fausto acontecimiento en beneficio de ambas provincias, tomando las disposiciones militares que exigían las circunstancias. Desgraciadamente aquel jefe siguió en Galicia análoga conducta a la que había manifestado en Oviedo, y en vez de limitar las atribuciones que le había conferido la Central a lo que otro en su caso hubiera hecho, invadió nuevamente el terreno de los asuntos gubernativos, suprimiendo las juntas que tanto impulso acababan de dar a la insurrección, y haciendo cuanto estuvo en su mano por malar el espíritu público, con no haber sido él el que menos lo había alentado en la lucha. Reemplazadas aquellas corporaciones con gobernadores militares, y siendo militar en un todo la organización que el marqués creyó deber dar al país, sufrió este lodos los inconvenientes de aquel extraño procedimiento, sin reportar ninguna de sus ventajas, puesto que el marqués descuidó el impulso de las operaciones, dejando transcurrir más de un mes en la inacción más completa; más ya por último reunió lo más escogido de sus tropas, y después de conferir a Mahy el mando de Asturias, ordenó a Ballesteros que con 10,000 de sus más selectos soldados se le incorporase en Castilla. Hecho esto, salió para Astorga con 10,000 combatientes y 40 piezas de artillería, permaneciendo allí hasta el 18 de agosto , en que habiendo sido nombrado individuo de la Junta Central, dejó el mando del ejército de la izquierda , sucediéndole el duque del Parque.