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EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
PRIMERA PARTELA INFANCIA DE JESÚSSEGUNDA PARTE PREDICACIÓN DE JESÚS EN GALILEA TERCERA PARTE MINISTERIO DE JESÚS EN JERUSALÉN CUARTA PARTE PASIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO
INTRODUCION
AL EVANGELIO DE SAN MATEO
Mateo era
hijo de Alfeo y “publicano”, recaudador de las contribuciones que Roma imponía
al pueblo judío. Cuando está ejerciendo su oficio Cristo lo llama al apostolado
y fue hecho apóstol. Su “telonio” lo tenía en Cafarnaúm. Allí debió de conocer
a Cristo, y probablemente había presenciado algún milagro. En el primer
evangelio se le llama Leví.
Dicho
esto, una vez se abre su Evangelio se le localiza a Mateo, a primer golpe de
vista, al lado de la Fuente de la que él bebe su Relato de la Infancia de
Jesús. La Genealogía de Jesús que el Evangelista nos presenta es la Genealogía
de María, hija de Jacob de Nazaret, hijo de Abiud, hijo de Zorobabel, hijo
de Salomón, rey, hijo de David, rey, genealogía de la que se desprende el
Derecho de Jesús a la Corona de David, y de aquí que la Introducción Oficial a
este Evangelio concluya diciendo que la intención del Evangelista era demostrar
que Jesús fue el Mesías.
Esta
Genealogía no estuvo jamás en las manos de los Sumos Sacerdotes de Jerusalén
por las razones presentadas en La Historia Divina de Jesucristo, Libro Primero,
El Corazón de María.
La
Sabiduría del Creador del Universo en relación al Futuro de su Reino selló una
Estrategia de Batalla Final frente al Enemigo de su Creación a cuyas líneas
maestras nadie, excepto sus Siervos los Profetas, tuvieron acceso. El Silencio
de Dios sobre las Razones que elevaron la Necesidad de la Muerte de Cristo
sobre el sufrimiento pasajero del Género Humano siguió persistiendo tras la
Resurrección. Los Apóstoles, aunque viviendo en pleno conocimiento de esas
Razones, debían limitarse a un TOTUS TUU sin condiciones ni discusiones. Les
pertenecían en cuerpo y alma a su Señor y debían vivir como Discípulos de su
Maestro, limitándose a la Doctrina de la Palabra que habían recibido de la Boca
de Jesús. Se les pedía un TOTUS TUU absoluto, perfecto. Debían seguir siendo en
cuerpo y alma la Voz del Mesías entre los hombres. Por esta razón los detalles
humanos sobre la Familia de Jesús, ya durante su Infancia como durante su
Juventud, no eran del asunto de los historiadores de las cosas de los hombres.
Sí era del interés de todos el Conocimiento de la Genealogía de la Madre por la
que su hijo recibía la Herencia de David, su padre bíblico. La Fuente de la que
bebe el Evangelista es la propia Madre, de cuya Mano recibe el Rollo
Genealógico que Zorobabel trajo de la Cautividad Babilónica y su
hijo Abiud pasó a su heredero, este al suyo, hasta llegar a Jacob,
padre de María, que a su vez debería pasarle la Herencia a su Primogénito, y
así hasta que llegase el día del Mesías. El Mesías vino a ser Jesús, el hijo de
María.
Es un
hecho que el fracaso de los historiadores para penetrar en la Estructura de los
Acontecimientos narrados en los Evangelios viene de querer aplicarle a la
Historia Divina los principios científicos debidos a las ciencias históricas
que tratan sobre las cosas de los hombres. Al hacerlo se olvidaron que la
Estrella de la Historia del Cristianismo no es un Napoleón ni un Alejandro; fue
Dios Hijo Unigénito quien se hizo hombre. No es un hombre nacido de varón quien
asume el papel estelar del hijo de Eva que había de enfrentarse a duelo a
muerte contra el asesino de Adán. Para nada, el Papel de la Estrella del Duelo
a Muerte entre Cristo y el Diablo, encuentro profetizado desde el mismo día de
la Caída de Adán, le fue entregado a Dios Hijo Unigénito, quien, en tanto
Primogénito de la Casa de los hijos de Dios estaba en su Derecho de asumir
dicho Papel Estelar. Ni tampoco el Director y Productor de la Historia de ese
Duelo a Muerte fue un Banquero, o una Corte de príncipes del Dinero. Para nada.
Fue Dios, el Señor del Infinito y de la Eternidad, el Creador del Reino de las
Galaxias en Persona quien Escribió el Guión que
su Elegido había de Vivir. No era un Guión para
un hijo de varón. El Enemigo al que tenía que enfrentarse al hijo de Eva era el
mismo Satán, una criatura creada antes de la Creación de nuestro Mundo, una
criatura de otro mundo cuya existencia se contaba por miles de millones de
años, y que siendo hijo de Dios formó parte de la monarquía de dioses que al
principio de los tiempos tutelaron el viaje del Homo Sapiens desde sus lugares
de origen hasta la Mesopotamia de las Cuatro Regiones, donde tuvo su fundación
el Reino del Primer Hombre. La Batalla que se iba a celebrar entre Cristo y el
Diablo era un Duelo a Muerte entre dioses; y el campo de Batalla elegido era
Israel.
¿A qué,
pues, perderse en esos detalles en los que los historiadores de las cosas de
los hombres gustan perderse, y enzarzarse en discusiones para necios? Los
historiadores británicos, al servicio de sus majestades satánicas, siempre de
rodillas, gustaban ligar al trono a un príncipe por su aspecto físico, y en
opinión de tales vasallos la nobleza viene con la belleza y el porte. Como si
por haber tenido un grano en la oreja Napoleón hubiese dejado de ser Napoleón. ¡El
absurdo elevado a su enésima potencia! Si Jesucristo tuvo la nariz más o menos
chata, fue más o menos bajito, ¿qué? ¿La Grandeza del espíritu se mide por la
estatura del cuerpo? En opinión de los historiadores oficiales de las cosas de
los reyes, de la lectura de sus biografías, la respuesta es un sí. ¿Y qué si
Santiago y los hermanos de Jesús fueron más o menos más guapos? ¿Qué tienen que
ver tales detalles con el Acontecimiento para la Eternidad del Nacimiento del
Dia de Yavé?: “Día de venganza y cólera, día de justicia”: “Día de victoria”, el
Día en el que el hijo del Hombre, hijo de María, hijo de Sara, hijo de Eva,
levantaría su Brazo, “el Brazo de Yavé”, y dejándolo caer contra la Serpiente
Antigua le aplastaría la Cabeza al Diablo.
La
Revelación de la Concepción de Jesús fue un secreto que su Madre guardó en su
Corazón todos los días de su vida; ya conté en El Corazón de María que la Madre
les abre su Corazón a los Discípulos durante la Noche que precede a la Mañana
de la Resurrección. Pentecostés ya vivido, el Relato de la Encarnación del Hijo
de Dios es asumido con toda naturalidad por el Evangelista. El Evangelista
cuenta la Historia Divina tratada en su libro sin pararse a considerar la
Opinión o la Necesidad que tendrán los lectores de que se les explique por qué
Dios tenía que enviar a su Hijo Amado, nada más ni nada menos que a su
Amadísimo Hijo, el Hijo de sus entrañas increadas, para que lo crucificasen, y
precisamente para que lo crucificasen. El Silencio es de Ley. La Fe es lo que
procede. Si el Señor guardó Silencio, ¿quiénes eran sus siervos para romperlo?
¿O iban a cometer el mismo Delito de Desobediencia que Adán, su padre en la
carne por Abraham? ¡Obediencia sin límites! Sumisión sin medida ante la
Sabiduría del Señor Dios, Creador del Cosmos y de todo lo que existe. ¿Qué es
el hombre para atreverse a corregir a su Creador? ¿Quién se cree que es el
hombre, llame como se llame, para quitarle o añadirle una simple coma o punto a
una línea escrita por el Padre de la Creación?
El Texto
del Evangelio sigue el mismo Principio Divino que vemos en el Génesis: “Dios
dice, Dios hace”. La Palabra de Dios es Dios.
Dios, en
la Persona del Hijo, se ha encarnado “por obra y gracia del Espíritu Santo” en
el seno de la Virgen María, la Virgen de las Profecías, la Madre del Emmanuel
“Dios con nosotros” de las Escrituras. Y
punto.
¿Quién es el ignorante que le discutirá a Dios
su Poder para realizar tal Maravillosa Obra?
Poner en
Duda el Poder Infinito de Dios es Negar la Existencia de la Veracidad Divina.
La Virgen
de la Profecía está más allá de la Duda: “Hágase en mí según tu Palabra”, y así
estará más allá de la Duda desde entonces y para siempre todo el que se
confiesa Cristiano. Y quien no lo confiesa, no es Cristiano. Quien no cree en
este Poder de Dios para Obrar la Encarnación de su Hijo, únicamente encontrará
en el Evangelio una Ley Moral, insuperable y prototipo de todos los códigos
morales modernos.
El
Evangelista antepone el Poder y la Sabiduría de Dios a cualquier Principio
Moral; deja claro y patente que la Ley gobierna la Creación, y es sostenida por
el Creador a fin de mantener su Reino por la Eternidad sobre la Roca de la
Verdad. Sin Verdad no hay Justicia, sin Justicia no hay Paz, y sin Paz ¿dónde
está la Libertad? Esta Verdad es superior a la concepción de la existencia de
Dios por el hombre en cuanto una necesidad moral.
La
Existencia de Dios en cuanto Idea, y la Vida de Dios en cuanto Ser Creador
investido de Poder Infinito para producir las Obras que en su Sabiduría se
plantea, son dos realidades que pueden acabar enfrentándose en un duelo a
muerte, tal como vemos en este Evangelio. Dios no sólo existe, Dios Vive.
La
Aceptación del Poder Infinito de Dios como Realidad que supera el Entendimiento
de la Criatura, sea humana o de cualquier otra Creación, es Vital. Por esto el
Evangelio abre su Puerta con esta Declaración de Fe sin límites que en la
Respuesta de María cobra Vida.
La
Intención del Evangelista fue mostrar que Jesús es el Mesías de las Escrituras,
cierto. Pero más allá de su puño y letra está quien movió su pluma para
ponernos a todos delante de la Puerta de la Fe: Creer o no creer en Su Poder
Infinito es nuestra Llave a la Ciudadanía de su Reino.
II
LA
INFANCIA DE JESÚS
La
Palabra de Dios es Eterna. ¿Quién no sabe esto?
Más allá
de este alimento, que en la infancia de nuestra Fe comimos con deleite, ya
hombres tenemos que descubrir en la Palabra, como zarza que nunca se consume,
la fuente de esta incombustibilidad. Tenemos que descubrir a Dios.
En las
palabras descubrimos la verdadera personalidad del que habla. Aunque se utilice
la palabra por máscara de una personalidad malvada, cuya vida consiste en la traición a su propia palabra, los hechos descubren
la falsedad y nos abren los ojos a la visión del verdadero rostro de quien
tiene en la Mentira su ciencia, su arte y su gloria.
En el
caso de la Palabra de Jesús el descubrimiento que Él nos hace es el de la
Personalidad de su Dios. No se puede decir “la Palabra es Dios”, y descubrir en Dios a un farsante. La Palabra de Dios es
Dios porque la Personalidad de Dios es Dios.
Que Dios
es Eterno no hace falta descubrirlo. Lo que sí entra en el terreno de la
inteligencia es la eternidad de su Personalidad.
Descubrimiento
que se nos revela en la Palabra del Mesías, quien nos confirma con sus Hechos
la Veracidad de la Personalidad de quien dice de sí mismo “YO SOY QUIEN SOY”.
Afirmación
rotunda, Todopoderosa. De aquí que creamos que “la Palabra es Dios”, pues leyendo
en su Interior descubrimos la Personalidad del Dios de los Profetas.
Más; Dios
nos descubrió su Personalidad, la vistió de carne. Hombres y mujeres, niños y
niñas, ancianos y ancianas, leed: “Quien me ve a mí, ve al Padre y
al Hijo”.
“YO SOY”,
Hoy, Mañana y Siempre seré : “el que era, el que es”.
¿Y si
mañana Dios dejase de ser Amor y se convirtiese en un Dios Odioso?
No ha
lugar a este Pensamiento. Dios Hijo se hace Hombre, da Testimonio sobre la
Eternidad de la Personalidad Eterna de Su Padre. Mañana y por Siempre Dios será
“EL QUE ERA, EL QUE ES”.
Ahora
llega el momento de la Convivencia con este Ser Todopoderoso ante cuya Voz y
cuyo Brazo el Cosmos se despliega por los campos infinitos “del Abismo cubierto
por las Tinieblas al que redujo Su Padre el antiguo Cosmos”, de aquí que diga: “he aquí que hago los Nuevos Cielos y
la Nueva Tierra”.
Descubrir
esta Personalidad Veraz y Auténtica del Ser Creador que nos ha llamado a
convivir con El en su reino Eterno era, y es fundamental para todos. Por esto
quiso que su Palabra se hiciese Hombre, y al ser su Hijo Eterno quien nos diese
esta Doctrina la acojamos como Eterna.
II
PREDICACIÓN
DE JESÚS EN GALILEA
Recordar
la estancia del Hijo de Dios entre los hombres es el núcleo de la existencia de
nuestra Civilización. Aunque algunas naciones dividan su Tiempo en Eras, el
Universo mide su Edad por el Antes y el Después del Nacimiento Cristo. Todas
esas eras pasarán en este Siglo, pero la Era de Cristo permanecerá por la
Eternidad; de la misma manera que permanece nuestra Fecha de Nacimiento y
borrarla de nuestra memoria es un imposible, así en el Nacimiento de Cristo tiene
nuestra Civilización su nacimiento
Antes de Él
éramos Nada, animales racionales luchando por la supervivencia; desde su
Nacimiento somos hijos de Dios con la puerta de la Eternidad abierta. ¡Cómo
pues pasar de largo por este mundo sin abrir el corazón al tesoro de la
Doctrina de la Iglesia!
Recreemos
aquéllos momentos para la Eternidad. La Creación entera fue Testigo del
Acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios. Acontecimiento que por
siempre vivirá en “la Iglesia Católica”. Nada recordaríamos si Ella no hubiese
andado sobre el fuego, domado a los leones, y desde el foso de las
Persecuciones sus Fidelidad a su Esposo y Señor no hubiese vencido a los
Milenios. Ella es Nuestra Madre. Sin Ella la Fe no existiría en el Mundo, sin
Ella no existiría nada de lo que existe en el Mundo.
Hablamos
porque Ella nos ha enseñado a hablar. Pensamos porque Ella nos ha enseñado a
pensar. Amamos porque ella nos ha comunicado su Amor. Porque Dios la amó, nos
ama Dios, y quien no la ama a Ella no ama a Su Señor. Todos somos hijos de su
Esposo, el Señor Jesús, pero Ella tiene por Padre a Dios, Padre de su Esposo,
de quien el mismo Señor Jesús dijo: “El Padre es Mayor que Yo”.
Quien no
ama la Creación Viva de Dios: la Iglesia Católica, la Esposa que le dio Dios a
su Hijo, no ama ni al Padre ni al Hijo.
Por Ella
y en Ella se nos ha llegado a nosotros, los hijos de Dios, la promesa de la
Invencibilidad que nos eleva a la gloria de la libertad de los hijos de Dios.
En Ella hemos encontrado la Vida, en su Señor descubrimos a nuestro Padre que
está en los cielos, y ¿quién es el que teniendo por Padre a semejante Maestro,
Dios Hijo en persona hecho hombre, no acude a beber de su Palabra para
fortificar su Espíritu?
Recordar
la Gesta del padre de uno es honrarlo. Pues así dice la Ley Eterna: “Honrarás a
tu padre y a tu madre”. Hijos de Dios, de la Casa de Cristo, ¿cómo honrar al
padre y deshonrar a la madre? ¿Quién es el bruto ignorante que estando su padre
de viaje se levanta contra su madre, le escupe, la somete a todo tipo de
vejaciones, y cree que al regresar su esposo no se levantará en cólera para
castigar al hijo rebelde que se atrevió a vejar a la madre de sus
hijos?
Muchos
leen, pero no todos entienden que Dios se hizo hombre para que descubriésemos a
“Nuestro Padre que está en los Cielos” subirse a un Monte, y abriendo su Boca decir:
“Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dios
bendice, no condena. Dios ama, no maldice. Dios enseña. Por esto
escribe el Espíritu Santo: “Los enseñaba”…
A ser
Pobres de espíritu. A ser mansos. A llorar. A tener hambre y sed de
justicia. A ser misericordiosos. A ser limpios de corazón. A ser pacíficos. A
padecer persecución por la justicia. A soportar insultos y maldiciones y
persecución por causa de su nombre.
Doctrina
Divina abierta a la interpretación de cada cual.
No todos
entienden esta Pobreza de Espíritu. Y que podríamos incluso traducir a la
perfección llamando a Sócrates a que nos repitiese su Declaración de Pobreza:
“Sólo sé que no sé nada”.
¡Cómo
atreverse a plantarse delante de Dios sin esta pobreza de quien delante Dios todo
lo que sabe es que no sabe nada! ¿De qué Poder y Sabiduría puede preciarse el
hombre ante este Creador a quien siguen las galaxias como rebaños a su pastor, y
se internan en horizontes lejanos sin miedo a perderse en el Infinito?
Desnudo
creó Dios al Hombre. El Poder, la Inteligencia, los Vestidos que lo hacen
hermoso no proceden de la tierra, vienen de su Espíritu. Todos somos pajarillos
volando en el Tiempo. Aspirar a renacer, Fénix en el Paraíso de nuestro Creador,
es el sentido de nuestra existencia. Poder, Ciencia, todo viene de Dios. ¿Quién
se atreve a callar a Dios? ¿Quién es el bruto ignorante que teniendo a Dios por
Maestro se va a buscar sabios en la selva? No somos nada sin él; con Él lo
somos todo. Somos esa Muchedumbre que se sienta a los pies del Hijo de Dios.
En el
Principio nos dio Dios a sus hijos por Maestros, por dioses nacionales, pero al
Final nos dio a su propio Hijo Unigénito. Le dio a Israel a Moisés por Maestro
hasta la llegada del hijo del Hombre, el hijo de Eva que recogería el Cetro de
su padre Adán y le partiría la cabeza al asesino que matándole, le abrió a la
Muerte la puerta de nuestro mundo. Nacido Éste quiso Dios glorificar a su Hijo
dándole el Reino de la Tierra y del Cielo, a la par que declaró vana toda
doctrina de los hombres sobre la Divinidad, y alzó la de su Hijo como la única
Verdadera religión a la luz de cuya Doctrina vive toda la Creación.
La
muchedumbre nos sentamos. Callamos. Oímos. Comemos y bebemos su Palabra, “Su
carne y sangre”. Le inspiró Dios al Hombre su Aliento en el rostro y fue el
hombre ser animado”. Su Palabra es ese Aliento; sin la carne y la sangre de esa
Palabra no hubiésemos nunca vivido este
Milagro: devenir hijos de Dios.
Quien se
hizo Hombre para que su Imagen se grabase en el Espejo de nuestra Alma, Ése es
la Puerta del Paraíso. Ése es la Fuente de toda Ciencia y Conocimiento, de todo
Poder y Justicia, de todo Derecho y Sabiduría. Ése es el Dios que dijo “Hagamos
al Hombre a nuestra Imagen y a nuestra Semejanza”. Él esa Imagen en nosotros.
Fuera de esta
Imagen no tenemos nada. Él es Todo en nosotros, nuestra Ciencia y nuestra
Futuro vienen de Él.
Toda
ciencia tiene un límite. Todo Poder un muro. El nos abre la Puerta de la Inteligencia
a la imagen y semejanza de la Suya, inteligencia sin medida. Él derriba los
muros que la Civilización no puede superar. Hay que correr, sentarse entre la
Muchedumbre. Ser uno más.
Lo que
buscamos, la Verdad, la Justicia, la Paz, la Libertad, la Salud, están en Él. Si no te sientas, no comerás de
los panes y los peces de la Vida. Si no buscas en Él la respuesta que persigues
no encontrarás la llave que te permitirá cerrar tu búsqueda. No está lejos de
ti la Respuesta. Él es la Respuesta. “Todo lo que es de Dios es suyo”. Su
infinita Sabiduría, su Omnisciencia, todo es Suyo. Quien te creó, te ama; y te
conducirá a la meta. No sabes nada. Descansa, siéntate. Escucha, ama. Cuando te
levantes lo harás con el secreto más recóndito, que recogerás tú por amor a
todos, para que todos glorifiquen su Nombre y en su Nombre todo el Género
Humano encuentre a su Creador y Rey.
Nuestro
Rey está hablándole a la muchedumbre, hablándonos a nosotros, la muchedumbre:
“Bienaventurados
los mansos, porque ellos poseerán la tierra”.
La oveja
mansa se deja llevar por su pastor sin preocuparse siquiera de adónde va. Su
pastor la ha conducido siempre a buenos pastos y jamás la ha abandonado en los
riscos. Su pastor chifla y ella va adonde su pastor la conduce, alegre se mueve, alegre
sigue al rebaño, el rebaño sabe que su pastor es su señor.
El Temor
que pide la Ley no es Miedo a Dios. El Temor del Espíritu es esa fuerza que
crea pánico en el que ama ante la idea de la pérdida del ser amado. Este es el
Temor que pide la Ley. Este Temor viene con el Amor. Pues la perfección del
Amor está en el Conocimiento del Ser Amado. Quien ama con amor verdadero ama a
la Persona que vive en aquel que ama. Amar al Amado es amar su Personalidad. No
se puede amar a Dios por Temor a su Omnipotencia y Todopoder, y
odiar su Personalidad. Poder, se puede. Es lo que hizo la parte de la Casa de
sus hijos que se alzó contra su Espíritu Santo, Fuente de su Ley y Justicia. En
este caso el Temor se perdió en un argumento diabólico: el Amor de Padre en
Dios sería superior al Poder de la Ley en Dios.
¡Error
Maligno!
El Padre
y Dios son la misma Persona. Quien ama al Padre ama a Dios. No se puede
pretender anular en Dios en el Padre. En el Amor al Padre el Temor de Dios se
hace perfecto por en cuanto diluye el Miedo y todopoderiza la
Filiación, que deviene Verdadera por el Amor del Creador a su Creación, quien
responde a nuestro amor con Amor de Padre.
El Temor
a Dios es la expresión de este Amor Verdadero entre Creador y Creación. El
Temor no es Miedo. El Pastor Divino no conduce a su Rebaño al precipicio. Nos
ha llamado al Monte no para precipitarnos en los infiernos. El Amor del Creador
por su Creación es Eterno. Hemos sido creados a la Imagen y Semejanza del hijo
de Dios.
Descartes,
y con él la Edad Moderna, despreciando la pobreza de espíritu expulsaron la
mansedumbre del corazón humano. La Duda sobre la Personalidad Divina trajo el
Miedo a ese Dios Todopoderosos contra el que el Dios Oculto del protestantismo
lanzó aquel Exorcismo de la Predestinación al Infierno, doctrina satánica acorde
a la cual nada debe temer de Dios quienes hacen de Caín.
Mansedumbre
hasta el infinito, pero existen los lobos; se visten de pastores para engañar
al rebaño y darse el festín con las ovejas más rollizas.
Es lo que
hizo Satanás, vestirse de Enviado de Dios. Desde entonces la Guerra fue su
caballo de batalla contra el espíritu Santo. Acontecimiento que se repitió en
la Historia del Protestantismo. Engañados los Cristianos por los Pastores del
Diablo las naciones hermanas se lanzaron a devorarse en la Guerra Civil Europea
de los Treinta Años.
Cierto,
el Señor juzgará a los siervos indignos acorde a sus acciones. Los pastores que
debieron cuidar el rebaño, y les abrieron la puerta a los lobos para repartirse
con ellos la carne de los corderos, serán juzgados tan duramente como los que
sirvieron al Diablo, señor de los lobos. Pues unos, por activa, y otros por
pasiva, todos sirvieron al mismo señor del Infierno.
“Bienaventurados
los que lloran, porque ellos serán consolados”.
Bendición
sobre bendición. Llorar por impotencia es mejor que declararse en venganza.
Sufrir por la injusticia recibida es mejor que el odio. El dolor si no es
dejado libre endurece el corazón y la carne deviene piedra. ¿No lloró acaso
Dios la Pasión de su Hijo cuando sus lágrimas cayeron sobre el Templo, partió
en dos su cúpula y aplastó a quienes matando a su Hijo creyeron encontrar
refugio en la Casa del Padre cuyo Hijo habían asesinado? A la demencia le
sumaron locura.
¿Lloran
las piedras? El firmamento abrió sus compuertas y se tragó un mundo. Las nubes
siguieron su camino y el sol volvió a lucir su estrella. Los volcanes abren su
boca, entierran ciudades y hunden islas en los mares. La tierra se calma y los
océanos gozan. No sufren injusticia. No tienen corazón para ser traspasados, ni
alma para ser abiertos en canal. Llorar la soledad, la ausencia, es cosa de hombres.
¿Lloran
las bestias por la cierva que está siendo devorada por la leona? ¿Se inquietan
los búfalos por sus hijos atrapados en las mandíbulas de los cocodrilos? Las
lágrimas son de los seres creados a la Imagen y Semejanza de Dios.
Quien no
llora, deviene un monstruo. Mata sin pestañear, es una bestia. Comete genocidio
sin dejar de dormir; renunció a la Humanidad, es bestia inmunda. Dios no
permitirá su existencia en su creación. Será desterrada de su Universo.
Dios no
ordena la Muerte de los Infieles, es el Diablo quien inspira a matar a quienes
no creen en lo que tú crees. Poderoso es Dios para hacer que de la piedra
surjan las aguas de esas lágrimas que se elevan hasta la vida eterna. Quien no
se sienta en la Muchedumbre a los pies del Hijo de Dios, no verá el Paraíso.
El
Consuelo no es del Odio ni de la Venganza, sino de Dios. Si no lloramos, cómo
seremos consolados. Si no lloramos, cómo sentiremos el dolor ajeno. No somos
los únicos que somos traspasados, abiertos en canal; somos muchos, somos la
Muchedumbre. ¿No llegan acaso al Cielo las lágrimas de sus hijos y de su
pueblo, esta Muchedumbre que ha desterrado de su ser el odio y la venganza y
pide a sus pies el consuelo de la Justicia y de la Paz? ¡Dios es Padre! No se
burla de las lágrimas de sus hijos. En la justicia, no en el Odio y la
Venganza, seremos consolados. La Palabra de Dios es firme:
“Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”
Si, la
muchedumbre estamos hambrientos y sedientos de justicia. Nos ordeñan como si
fuéramos propiedad ajena, nos han liberado atándonos con cadenas, comemos pan
duro y agua envenenada, tenemos que mendigar nuestros derechos, luchar por
nuestras más elementales libertades, nos las quitan a punta de pistola, de
ejércitos, de decretos malvados; tiranos y psicópatas se hacen con el Poder y
gobiernan como si fuesen dioses del infierno. Nuestros estómagos son
pozos secos que no comen el pan de la alegría desde hace milenios. Nuestra Alma
está seca y canija como esqueleto de ermitaño a cuya cueva no llega visitante.
Arrasada por siglos de injusticia, nuestra alma más parece el retrato de un
fantasma que la de un hijo de Dios.
Pero dice
el Espíritu: “En las alturas los panaderos han metido en el horno la masa. Las
palas ya meten sus manos en el fuego. Viene el pan calentito, recién salido de
los hornos de la Justicia Divina. El Rey de los Cielos despliega su
gloria por las naciones. Unos al Norte, otros al Sur, otros al Este, otros al
Oeste. Tienen los cestos llenos. Se recogerán panes que no se podrá comer de
tanta que será la comida que el Cielo le servirá a la Tierra”.
Siglos de
espera. Mi espíritu se conmueve. Ha llegado el Día. Toda la Noche los panaderos
amasaron, metieron fuego en los hornos, sacaron panes, almacenaron a la espera
del Alba, cuando la estrella de la Mañana anuncie el nacimiento del Nuevo Día.
El Señor ordena, ¡que se distribuya el pan entre la Muchedumbre de las
naciones. Que no les falte, que se sacie mi Pueblo!
Tendremos
justicia forjada en la Ley Divina. Los Derechos Humanos del Hombre son los
Derechos de los hijos de Dios. Presta está la tierra a tragarse a quienes la
riegan con la sangre de Abel; el firmamento está de rodillas pidiéndole a su
Señor que lo deje llover hasta ahogar en sus aguas a quienes contaminan el
mundo con el incienso de sus genocidios. El Sol baja la cabeza ante su Creador
y las mismas estrellas cierran sus pupilas porque no pueden
soportar ya más ver la Tierra convertida en un Infierno. La Creación entera ha
llorado la desgracia del Género Humano, creados para tocar las estrellas se
mueve como un gusano corrompiendo toda vida en la Tierra.
Amigos,
hermanos, naciones todas, pueblos en las distancia, islas en los océanos, venid
al Monte, en Muchedumbre, a alimentarnos con el Pan que da la vida eterna.
“Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.
Perdonemos
a nuestros enemigos, hagamos las paces con quienes nos atravesaron el corazón y
traspasaron nuestras almas. Socorramos a los pobres liberándolos de las manos
de los tiranos, echemos abajo a los dictadores, combatamos a los genocidas.
¿Vemos un genocidio y nos quedamos con las manos cruzadas? ¿A la dictadura de
un malvado le damos la espalda? ¿A las voces de socorro les respondemos con un
“morid malditos”?
¿Esa es
Misericordia? ¿No tenéis crímenes de los que responder?
Mi
Espíritu se me revuelve en el alma, porque golpean los muros de los continentes
imitando el odio de quienes quieren reducir la Tierra a escombros y cenizas. Mi
Alma se consuela en el Señor cuando se vista la Toga del Juez y llamando nación
por nación les pida cuenta de las espaldas que machacaron, de las manos que ataron
y de las palabras con las que bendijeron el asesinato en masa de pueblos
enteros.
¿Pediréis
misericordia? No la tuvisteis. Están mis ojos saciados de los crímenes que
permitisteis, de los genocidios que no combatisteis. ¿Quién alzará su voz para
pedir misericordia para quien no la tuvo? ¿Quién se lamentará por el Juicio que
despreciaron?
Reducen
la misericordia a repartir las migajas que se les caen de las mesas, como si
los pueblos fuésemos perros. Haced Misericordia si buscáis Misericordia. Combatamos
al tirano, derribemos al dictador, y entonces Dios se glorificará en nuestros hechos.
Somos la
Muchedumbre. A nosotros se nos ha dado el Poder de ser los ejércitos del Rey.
Su Voluntad es Santa, no vemos en su Creación nada Malo. Su Palabra es Doctrina
de Vida Eterna, a la que nos acogemos hoy, mañana y siempre. Y por la eternidad
estaremos sentados a sus pies con el alma abierta a sus Palabras:
“Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.
¿Quién
es el que está sucio de corazón sino el que ve en Dios un Ser Maligno que a
unos crea para ser pasto del infierno y a otros para ser sus verdugos? ¿No dijo
acaso nuestro Maestro que está en los Cielos?: “Si no os hacéis como
niños no entraréis en el reino de Dios”. ¿Ve algún mal el niño en sus padres?
¿No los ama a pesar de todo y sobre todo?
He aquí
que al Cielo ha llegado la acusación de los Abogados del Diablo que vistiéndose
de pastores llamaron a la rebelión contra Cristo, pidiendo la Destrucción de su
Casa y acusando a Dios de ser peor que el Diablo, un Creador enloquecido por la
Eternidad que crea a unos para el Infierno y a otros para el Paraíso.
Gente de
corazón sucio, enemigos del Amor Divino que a todos llama a su Reino,
justifican su Odio en la perversión de siervos indignos, contra cuya indignidad,
en profecía viva escenificada por las Negaciones de Pedro, ni el Mismo Hijo
Unigénito de Dios se atrevió a rechazar la elección de quien su Padre eligió
como Jefe de los Obispos.
Lo que se
consiguió robando no se justifica sino devolviendo lo robado, así está escrito
en la Ley, “pagarás según el valor de lo robado”.
¿Cómo
escaparéis a la sentencia contra vuestra acusación de ser Dios el autor
intelectual de la Caída de Adán? ¿Os atreveréis a llamar a Cristo como testigo
contra Dios?
Sucio
como el fondo del infierno tenía Lutero el Corazón, más negro aún lo tuvo Calvino,
y para rematar la creación del monstruo de muchas cabezas, los de Enrique VIII
y su hija nacieron del corazón del mismo Satanás. ¿Y os atreveréis a mantener
lo robado en base a vuestro Dinero? Al que no restituya, el Señor lo arrojará
fuera de su Casa. He aquí lo que dice el que tiene el Espíritu: “Al
que no doble las rodillas delante de la Voluntad de Dios, les serán cortadas
las piernas”.
Dios es
Amor, también es un Fuego que no se consume contra los que blasfeman su Nombre
acusándole de ser el Autor Intelectual de la Caída del Primer Hombre.
Estamos
en Guerra contra la Muerte. ¿Cómo bajar la espada cuando es masacrado el
Pueblo? ¿Cómo dejar el hacha que ha sido dejada en el Tronco cuando
el enemigo arrasa la casa? El Rey del Cielo se ha vestido de Guerra hasta los
dientes. Sus ejércitos están prestos.
Así dice
el Espíritu : Será buscado el Mal y no será encontrado, los años del Hombre
serán un paseo por la Eternidad, lloverá la Bendición sobre la tierra y
producirá para alimentar cinco veces el mundo. Este será el fruto de la
Victoria del Rey y sus hijos. Buscarán nuestros hijos al dictador y no lo
hallarán, al tirano y no será hallado, al corrupto y habrá desaparecido como
especie maligna en extinción a la que le llegó su tiempo. Y nosotros,
Muchedumbre, celebraremos la Victoria de la Paz:
“Bienaventurados
los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
Defenderemos
la Paz. Le levantaremos una Fortaleza de muros inexpugnables, por sus puertas
un ejército invencible desplegará sus alas hasta cubrir toda la Tierra, terror
del que odia la Justicia, Gloria de quienes aman la verdad y tienen en la Libertad
su gozo y dicha.
¿Le
declaráis la Guerra a Dios y os reunís en vuestras iglesias para celebrar
vuestra victoria? Temblad, dice el Espíritu, porque como se rompió la cúpula
del Templo de Jerusalén en dos y aplastó a todo el que se rebeló contra su
Hijo, así romperá Dios vuestros templos y los que estén dentro serán aplastados
en pago por el delito de Desobediencia.
Vuestras
oraciones lejos de la Casa de la Santa Madre Iglesia Católica son polvo en el
viento, hojas caídas, barridas, almacenadas para perecer en el fuego.
Ofendisteis
a la Esposa del Señor y os lanzasteis como Caín para matar a vuestros hermanos
Católicos. El Señor ha “Venido”. Las trompetas llaman a Juicio. Pero ha querido
Dios hacer aguardar al tribunal para que los acusados se arrepientan y se
ejerza sobre vosotros, hijos de la Rebelión, Misericordia. Acogeos a la
Obediencia a su Voluntad o disponeos a ser juzgados por todos los males que la
Rebelión de los siervos del Diablo desató contra Europa y el Mundo.
Paz para
todos. Pero sabed que estamos en estado de Guerra. La Muerte y el Diablo tienen
contados sus días y proceden a devastar las naciones con todas sus fuerzas.
Según
vuestra Obediencia así cosechareis Infierno o Gloria. Si a Dios, la Unidad
Eterna os será gloria. Si al Diablo, señor de vuestros maestros, cosechareis en
este siglo destrucción en las tinieblas y en el Día del Juicio quedareis
expuestos a la Sentencia Final del Rey Todopoderoso contra cuya Casa os
alzasteis acusando a Dios de ser el Autor Intelectual de la Caída del Mundo.
¿Por qué
os creéis más que hombres¿ ¿Quién os dio el poder de creeros divinos? ¿Lo
conquistasteis con Amor, o con Fuego? ¿Creasteis vuestra gloria sobre la
Misericordia, o sobre el Odio contra vuestros hermanos? ¿Cuáles son los
fundamentos de vuestros templos? ¿Paz sobre Paz a pesar de las
discrepancias, de los errores y de los pecados? ¿Quién os hizo ser el primero en
coger la primera piedra? ¿Qué hicisteis, convertir el Celo en Espada de Muerte?
¿Por una
mujer os dejasteis conducir al abismo? Por la necesidad de hembra se metió el
Alemán a siervo del Diablo; por repudio a otra, se declaró dios a
imagen y semejanza de Satanás el Inglés.
Mi Padre,
vuestro Señor, os llamará a Juicio en respuesta a las almas que desde la muerte
le piden Justicia.
La Guerra
del Hombre es la de Dios, la Guerra de Dios no es contra el Hombre, es contra
la Muerte. Venid y doblad las rodillas, sentaos entre la Muchedumbre, todos
somos la Muchedumbre, todos somos Su creación. Miraros al espejo y ved si veis
en vuestras almas el reflejo de su Rostro. Perseguisteis, no fuisteis los
perseguidos.
El tiempo
corre, dejad vuestro orgullo hundirse en la memoria de los siglos, venid
sentaos, escuchad:
“Bienaventurados
los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el reino de los
cielos”.
Nadie se
engañe. No os engañéis, quien se levanta contra Dios y se hace perseguir por su
Justicia no es de Dios, es del Diablo. Romper la Ley y acusar después a la
Justicia de persecución es un discurso maligno. El Juez Eterno no aceptará
jamás caer en esta Trampa retórica.
Es
bendecido quien es perseguido por la injusticia que desde el Poder se viste de
justicia para imponer su corrupción y pervertir las leyes.
Llevamos
dentro una Justicia que viene del Cielo y mira al Futuro, siempre puliendo los
defectos.
En frente
y contra nosotros tenemos una Injusticia que ha perfeccionado sus mecanismos de
perversión y malignidad para hacer pasar su Injusticia por Justicia y
esclavizar a todo hombre a leyes perversas.
La
Creación camina hacia el Encuentro de la Justicia Divina, a cuya Luz vivirá y
crecerá la Vida por la Eternidad. El Camino se abrió con la Apertura de la Ley
de Dios a todas las naciones. Era un Camino que Aquel que estaba en la cima del
Monte, viendo a la Muchedumbre, contempló abiertamente.
La
Fundación del Cristianismo no iba a ser un camino de rosas.
No lo fue
Ayer, no lo es Hoy para millones de seres humanos que están siendo perseguidos
por la misma Fe que condujo a Aquella Muchedumbre al foso de los leones. Y que seguirán
siendo perseguidas mientras los pastores se preocupan de amasar
fortunas y vivir sus vidas ajenas a la Batalla Final en que la Guerra entre
Cristo y el Diablo ha entrado por fin.
Los
ejércitos del Rey están desplegados. Dios los mueve. Nuestro Enemigo no es el
Hombre, es la Muerte. Por las bocas de los ignorantes se manifiestan la Muerte
y su Príncipe. Pero ya el tiempo se les agota, la Corona del Universo reclama
la Tierra para su Trono.
Quienes
han de perder coronas y tesoros tienen que hablar lo que su Amo les pongan en
sus lenguas.
Los hijos
de Dios no le debemos nada a nadie. Todo es de Dios. Desde los Hielos de los
Polos a las arenas de los Desiertos, desde los bosques tropicales a
las llanuras verdes, desde las mesetas a europeas a las americanas, desde las
sabanas africanas a las grandes cordilleras asiáticas y americanas, todo le
pertenece al Rey del Universo. Y el Rey reclama su Propiedad.
Hemos
heredado la Promesa que Dios le hizo a su Hijo: “Tu Descendencia se apoderará
de las puertas de sus enemigos”.
Cayó la
descendencia de Abraham para que comprendiésemos que no era a su descendencia a
quien hablaba, sino a la de Cristo.
El viento
aúlla en la tormenta, la mar golpea con mano poderosa la costa, el
firmamento hace oír sus rayos y sus truenos. A Dios nada le inmuta. El Vencedor
sigue su camino hacia la Victoria. Las palabras vanas se las lleva el viento.
Pero la de Dios vela en las alas de los Milenios hasta llegar a la puerta de
los Herederos de su promesa. SU Palabra es firme:
“Bienaventurados
seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo
género de mal por mí”.
Estamos
en estado de Guerra contra la Muerte y el Príncipe del Infierno. El Rey lo
está, lo está todo su Reino.
¿Quién es
el bruto ignorante que va a la guerra esperando recibir rosas y claveles del
enemigo?
Hasta la
Victoria, sin darle oídos a los gritos, hasta la Victoria sin
recular un sólo paso. El decreto de Dios ha sido dado, lo llevo en mi Espíritu
: “Sea expulsado el Diablo de la Tierra”. Y mi mano está presta para escribir:
“Y así se hizo”.
La Muerte
ha extendido su mano sobre toda la Tierra, su príncipe eleva sus peones sobre
las naciones, sus siervos las gobiernan. Se creen alguien, están ciegos, no ven
el rostro tras la máscara. Sus fuerzas se lanzan contra nosotros, la
Muchedumbre, en la creencia animal de poder extirpar nuestra Fe de la faz del
Universo.
Leen pero
no entienden, oyen pero no comprenden, el lenguaje suyo es el de las bestias de
muy antiguo, robar, aniquilar, destruir, elevar su gloria sobre la miseria de
los pueblos. Hablan de libertad mientras forjan argollas y cadenas.
Se esconden en habitaciones cerradas para tramar el hundimiento de las
naciones. Caminan hacia su ruina envueltos en risas alegres y
discursos de desprecio y odio hacia todo el que vive la libertad y
reclama dirigir su existencia acorde a Derecho.
No saben
que ha llegado el Fin de los tiempos. Creen que no llegará nunca. Que las
maldiciones y sus insultos, sus vejaciones y sus gritos acobardará el corazón
de los herederos de la Invencibilidad de Dios.
La
Sabiduría es nuestra Reina, el Amor a la Vida es nuestra Fuerza. El Rey nos ha
vestido para la Victoria con la Gloria de su Libertad.
Dice el
Espíritu:
“Alegraos
y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa, pues así
persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros!”
El que
hable como si no hablara, el que calle como si no callase. Las piernas recorren
el Camino, la Palabra de Dios avanza al encuentro de su Destino: “Extended la
Ciudadanía del Reino de Dios sobre la Plenitud de las naciones”.
Bendito
sea Dios y su Hijo, bendita aquella Muchedumbre que arrojada al foso de los
leones no gritó de espanto, colgadas de cruces como teas para la diversión de
la Bestia Romana entonaron cantos. ¿Cómo no heredar ellos el Reino de Dios y
ser los más grandes entre todos los hombres? ¿Qué hubiera sido de nosotros si
ellos se hubiesen acobardado ante sus enemigos y negando a su Rey por miedo a
la Muerte nos hubiesen privado de la Esperanza de Salvación Universal que hemos
heredado de Dios por Amor a Ellos?
Gloria
eterna a quien siendo Dios se hizo Hombre para decirnos: “Venid a Mí y os daré
la vida eterna”.
El Amor
del Creador por su Creación se hizo Hombre para que pudiese su
Criatura verlo, tocarlo, sentirlo, gozarlo, amarlo sin límites. ¿Qué gloria
podía otorgarle Dios a quien le conquistó el Corazón de su Creación?
Habló el
Profeta: “Oh Rey, lo ha puesto todo el Señor Dios en tus manos, te ha declarado
Señor sobre toda su Creación, a tus pies ha puesto toda Criatura”.
Y la
Iglesia Católica lo confirmó diciendo: “Eres Dios Verdadero de Dios Verdadero”.
TERCERA
PARTE
MINISTERIO
DE JESÚS EN JERUSALÉN
El Bien y
el Mal. Dicen que no existe. Cuentan que es relativo. Quien tiene el Poder da
su versión de lo que es el Bien y de lo que es el Mal. La Historia Política y Religiosa
de las naciones es un constante desfile de una banda a la otra. El silencio del
muerto le da la razón a su enemigo vivo. San Mateo nos abre en el corazón de
Jesús el Corazón de Dios, todo abierto en su plenitud al Pueblo, este enemigo
del Poder contra el que el Poder lanza todas las versiones que puede poner en
la esca una mente criminal, resiliente, obcecada, bipolar y esquizoide, en
cuyas manos únicamente el oro cuenta, y a cuyos pies deben estar todos los ciudadanos.
Y maldición sobre el que denuncie su delitos. Al crítico de sus majestades políticas
y religiosas cada siglo tiene su forma de llamarlo. El Mal se renueva, cambia la máscara, el discurso incluso. Lo
que sea necesario para sostener las manos llenas y los pies sobre el cuello de los pueblos. Lo más dramático que leemos es la Dictadura
del Proletariado, es decir, el pueblo oprimiéndose a si mismo. Quiero decir,
con los siglos el Poder se revolucionó a sí mismo para dejar de ser el malo de
la película y justificar sus crímenes y genocidios en el Bien del Pueblo. Por
esto, sin ir más lejos, mató Caín a Abel.
Jesús en Jerusalén
fue la tormenta perfecta. Al enemigo del Pueblo ni agua. Su denuncia contra
quien se viste de Bien Supremo para aplastar “en bien del aplastado” fue la caminata de la Zarza Ardiente quemando todos
los puentes entre su Dios y el Poder de los hombres. Ruptura entre el Poder de
Dios, Poder desplegado en su Predicación
en Galilea, y el Poder de los hombres, que el mundo verá desplegado ante los
ojos de la Historia, despliegue criminal, natural a quienes sirven a la Muerte.
El Poder ama la vida por el cadáver de los pueblos. El Hijo de Dios da a conocer
el Juicio del Señor de Moisés sobre el Poder del Templo, que en su Caída
arrastrará a la nación de los Judíos al Destierro. Acontecimientos conocidos de
todos, en el Origen de la Cena del Holocausto y del Regreso de los supervivientes
a la tierra de Israel.
No hay
entre Luz y Tinieblas pacto. No puede haber alianza de clase alguna entre la Vida
y la Muerte. La Justicia de Dios tiene su fuente en la Verdad; la de los
hombres en el interés particular, que pervierte el Derecho Civil y lo convierte
en Código para la Impunidad del Crimen. La Guerra entre el Derecho Civil y el
Derecho Divino del Hombre es un Hecho. El Código Civil odia la Justicia,
repudia la naturaleza de la Verdad Universal, destierra del Universo su Naturaleza. Es Código Civil es una serpiente
que cambia su piel con los siglos; el veneno de la bestia es el mismo, su fin
es justificar los crímenes del Poder. El Hijo de Dios no tiene pelos en la lengua.
La Verdad para ÉL es algo más que la conclusión
de una discusión socrática. “La Verdad vive en Dios; la Verdad es Dios; la
Verdad vive en Jesús, Jesús es la Verdad, la Verdad vive en Jesús, Dios vive en
Jesús.” La línea de este Pensamiento lleva al Dogma: “Jesucristo, Dios Verdadero de Dios Verdadero”. Dos Personas,
una única Verdad. Dos Personas, un único Espíritu.
Jerusalén
entiende, se escandaliza. El Juicio del Señor Dios de Moisés contra Jerusalén y
el Judío era inapelable. Tocar al Hijo de Dios es tocar a su Padre. Jesús arrasa con el fuego de su Celo por YAVÉ DIOS,
SU PADRE; el Juicio de Dios contra el reino de Israel lo reduce a escombros. Ninguna
fuerza podía anular la Condena. San Pablo fue claro:
Por el
Pecado de un único hombre el mundo entero fue desterrado de la Presencia de su
Creador; por el Pecado de un Pueblo serían los hijos de ese pueblo quienes
serian desterrados de la Presencia de Dios.
Jesús no
fue a Jerusalén a ofrecer Paz. Fue a dar a conocer el Juicio de Dios. Mataron a
todos los profetas que les anunciaron a Jerusalén y su reino su suerte. ¡Cómo
no iban a matar al profeta que les anunciaba la destrucción de su Templo,
Ciudad y Nación!
IV
PASIÓN Y
RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO
Le era
absolutamente imposible a los seres humanos entender el Pensamiento de Jesús. Los
mismos Discípulos se hundieron en las tinieblas
del pozo sin fondo de la ignorancia sobre la Sabiduría de su Maestro. Tres años
siguiéndole por todos sitios y todo lo que se les ocurrió fue huir. Vieron y
escucharon al Mesías Profeta investido por Dios de un Poder sin límites para
sanar toda enfermedad. Su Mente era impenetrable. Su Sabiduría vivía en Dios.
Comunicarles su Muerte les molestaba, como molesta un chiste de mal gusto. Era imposible
ponerle la mano encima a quien desaparecía como desaparece un fantasma, y caminaba entre
la muchedumbre agolpada a su alrededor para despeñarlo como quien congela a
todos en el espacio y el tiempo. Dios en persona de su Hijo estaba caminando “con
los hombres”. ¡Cómo creer que alguien pudiera ponerle la mano encima! Jesús no
era un profeta como los demás profetas de la Biblia. Para liberar a su pueblo Moisés
tuvo que matar; para liberar al Mundo, Jesús tuvo que morir. Medir ambos espíritus
por el mismo patrón fue el error de los Judíos. Moisés subió al Monte para
ascender en vida al Cielo: Jesús bajó al Infierno para Resucitar de entre los
muertos y dar a conocer la Victoria de Dios sobre la Muerte. Existe vida eterna
para la creación porque Dios venció a la Muerte haciendo de su Espíritu la Casa
de la Vida en el Cosmos.
¿Qué palabra
de Jesús sobre Jerusalén, su Templo y su Nación no se cumplió? ¿Qué Palabra
sobre el futuro de sus Discípulos cayó en las arenas movedizas de la Mentira? ¿No
fueron perseguidos y asesinados todos, excepto aquel que El quiso que viviera? ¿No
fue desterrado el pueblo judío del corazón de todas las naciones y tratados
como seres condenados a ser la carne y la sangre a servirse en la Cena del Holocausto?
Jesús fue
el Mesías sobre el que hablaron todos los profetas, comenzando por Moisés; el hijo
del Hombre nacido de Eva para aplastarle la cabeza al asesino que le robó la
corona “que bajó del Cielo” a Adán, el Primer Hombre que llamó Padre a Dios; el
Cordero que Dios entregó para expiación del pecado de Adán y de todos los hombres.
El que cree esto tiene la Vida Eterna; el que se niega a creer, sobre él la
Condena Final: Destierro Eterno de la Creación.
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