web counter

CRISTORAUL.ORG

EL VENCEDOR EDICIONES

NUEVO TESTAMENTO

 

 

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

 

PRIMERA PARTE

LA INFANCIA DE JESÚS

SEGUNDA PARTE

PREDICACIÓN DE JESÚS EN GALILEA

TERCERA PARTE

MINISTERIO DE JESÚS EN JERUSALÉN

CUARTA PARTE

PASIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

 

INTRODUCION AL EVANGELIO DE SAN MATEO

 

 

Mateo era hijo de Alfeo y “publicano”, recaudador de las contribuciones que Roma imponía al pueblo judío. Cuando está ejerciendo su oficio Cristo lo llama al apostolado y fue hecho apóstol. Su “telonio” lo tenía en Cafarnaúm. Allí debió de conocer a Cristo, y probablemente había presenciado algún milagro. En el primer evangelio se le llama Leví.

Dicho esto, una vez se abre su Evangelio se le localiza a Mateo, a primer golpe de vista, al lado de la Fuente de la que él bebe su Relato de la Infancia de Jesús. La Genealogía de Jesús que el Evangelista nos presenta es la Genealogía de María, hija de Jacob de Nazaret, hijo de Abiud, hijo de Zorobabel, hijo de Salomón, rey, hijo de David, rey, genealogía de la que se desprende el Derecho de Jesús a la Corona de David, y de aquí que la Introducción Oficial a este Evangelio concluya diciendo que la intención del Evangelista era demostrar que Jesús fue el Mesías.

Esta Genealogía no estuvo jamás en las manos de los Sumos Sacerdotes de Jerusalén por las razones presentadas en La Historia Divina de Jesucristo, Libro Primero, El Corazón de María.

La Sabiduría del Creador del Universo en relación al Futuro de su Reino selló una Estrategia de Batalla Final frente al Enemigo de su Creación a cuyas líneas maestras nadie, excepto sus Siervos los Profetas, tuvieron acceso. El Silencio de Dios sobre las Razones que elevaron la Necesidad de la Muerte de Cristo sobre el sufrimiento pasajero del Género Humano siguió persistiendo tras la Resurrección. Los Apóstoles, aunque viviendo en pleno conocimiento de esas Razones, debían limitarse a un TOTUS TUU sin condiciones ni discusiones. Les pertenecían en cuerpo y alma a su Señor y debían vivir como Discípulos de su Maestro, limitándose a la Doctrina de la Palabra que habían recibido de la Boca de Jesús. Se les pedía un TOTUS TUU absoluto, perfecto. Debían seguir siendo en cuerpo y alma la Voz del Mesías entre los hombres. Por esta razón los detalles humanos sobre la Familia de Jesús, ya durante su Infancia como durante su Juventud, no eran del asunto de los historiadores de las cosas de los hombres. Sí era del interés de todos el Conocimiento de la Genealogía de la Madre por la que su hijo recibía la Herencia de David, su padre bíblico. La Fuente de la que bebe el Evangelista es la propia Madre, de cuya Mano recibe el Rollo Genealógico que Zorobabel trajo de la Cautividad Babilónica y su hijo Abiud pasó a su heredero, este al suyo, hasta llegar a Jacob, padre de María, que a su vez debería pasarle la Herencia a su Primogénito, y así hasta que llegase el día del Mesías. El Mesías vino a ser Jesús, el hijo de María.

Es un hecho que el fracaso de los historiadores para penetrar en la Estructura de los Acontecimientos narrados en los Evangelios viene de querer aplicarle a la Historia Divina los principios científicos debidos a las ciencias históricas que tratan sobre las cosas de los hombres. Al hacerlo se olvidaron que la Estrella de la Historia del Cristianismo no es un Napoleón ni un Alejandro; fue Dios Hijo Unigénito quien se hizo hombre. No es un hombre nacido de varón quien asume el papel estelar del hijo de Eva que había de enfrentarse a duelo a muerte contra el asesino de Adán. Para nada, el Papel de la Estrella del Duelo a Muerte entre Cristo y el Diablo, encuentro profetizado desde el mismo día de la Caída de Adán, le fue entregado a Dios Hijo Unigénito, quien, en tanto Primogénito de la Casa de los hijos de Dios estaba en su Derecho de asumir dicho Papel Estelar. Ni tampoco el Director y Productor de la Historia de ese Duelo a Muerte fue un Banquero, o una Corte de príncipes del Dinero. Para nada. Fue Dios, el Señor del Infinito y de la Eternidad, el Creador del Reino de las Galaxias en Persona quien Escribió el Guión que su Elegido había de Vivir. No era un Guión para un hijo de varón. El Enemigo al que tenía que enfrentarse al hijo de Eva era el mismo Satán, una criatura creada antes de la Creación de nuestro Mundo, una criatura de otro mundo cuya existencia se contaba por miles de millones de años, y que siendo hijo de Dios formó parte de la monarquía de dioses que al principio de los tiempos tutelaron el viaje del Homo Sapiens desde sus lugares de origen hasta la Mesopotamia de las Cuatro Regiones, donde tuvo su fundación el Reino del Primer Hombre. La Batalla que se iba a celebrar entre Cristo y el Diablo era un Duelo a Muerte entre dioses; y el campo de Batalla elegido era Israel.

¿A qué, pues, perderse en esos detalles en los que los historiadores de las cosas de los hombres gustan perderse, y enzarzarse en discusiones para necios? Los historiadores británicos, al servicio de sus majestades satánicas, siempre de rodillas, gustaban ligar al trono a un príncipe por su aspecto físico, y en opinión de tales vasallos la nobleza viene con la belleza y el porte. Como si por haber tenido un grano en la oreja Napoleón hubiese dejado de ser Napoleón. ¡El absurdo elevado a su enésima potencia! Si Jesucristo tuvo la nariz más o menos chata, fue más o menos bajito, ¿qué? ¿La Grandeza del espíritu se mide por la estatura del cuerpo? En opinión de los historiadores oficiales de las cosas de los reyes, de la lectura de sus biografías, la respuesta es un sí. ¿Y qué si Santiago y los hermanos de Jesús fueron más o menos más guapos? ¿Qué tienen que ver tales detalles con el Acontecimiento para la Eternidad del Nacimiento del Dia de Yavé?: “Día de venganza y cólera, día de justicia”: “Día de victoria”, el Día en el que el hijo del Hombre, hijo de María, hijo de Sara, hijo de Eva, levantaría su Brazo, “el Brazo de Yavé”, y dejándolo caer contra la Serpiente Antigua le aplastaría la Cabeza al Diablo.

La Revelación de la Concepción de Jesús fue un secreto que su Madre guardó en su Corazón todos los días de su vida; ya conté en El Corazón de María que la Madre les abre su Corazón a los Discípulos durante la Noche que precede a la Mañana de la Resurrección. Pentecostés ya vivido, el Relato de la Encarnación del Hijo de Dios es asumido con toda naturalidad por el Evangelista. El Evangelista cuenta la Historia Divina tratada en su libro sin pararse a considerar la Opinión o la Necesidad que tendrán los lectores de que se les explique por qué Dios tenía que enviar a su Hijo Amado, nada más ni nada menos que a su Amadísimo Hijo, el Hijo de sus entrañas increadas, para que lo crucificasen, y precisamente para que lo crucificasen. El Silencio es de Ley. La Fe es lo que procede. Si el Señor guardó Silencio, ¿quiénes eran sus siervos para romperlo? ¿O iban a cometer el mismo Delito de Desobediencia que Adán, su padre en la carne por Abraham? ¡Obediencia sin límites! Sumisión sin medida ante la Sabiduría del Señor Dios, Creador del Cosmos y de todo lo que existe. ¿Qué es el hombre para atreverse a corregir a su Creador? ¿Quién se cree que es el hombre, llame como se llame, para quitarle o añadirle una simple coma o punto a una línea escrita por el Padre de la Creación?

El Texto del Evangelio sigue el mismo Principio Divino que vemos en el Génesis: “Dios dice, Dios hace”. La Palabra de Dios es Dios.

Dios, en la Persona del Hijo, se ha encarnado “por obra y gracia del Espíritu Santo” en el seno de la Virgen María, la Virgen de las Profecías, la Madre del Emmanuel “Dios con nosotros”  de las Escrituras. Y punto.

 ¿Quién es el ignorante que le discutirá a Dios su Poder para realizar tal Maravillosa Obra?

Poner en Duda el Poder Infinito de Dios es Negar la Existencia de la Veracidad Divina.

La Virgen de la Profecía está más allá de la Duda: “Hágase en mí según tu Palabra”, y así estará más allá de la Duda desde entonces y para siempre todo el que se confiesa Cristiano. Y quien no lo confiesa, no es Cristiano. Quien no cree en este Poder de Dios para Obrar la Encarnación de su Hijo, únicamente encontrará en el Evangelio una Ley Moral, insuperable y prototipo de todos los códigos morales modernos.

El Evangelista antepone el Poder y la Sabiduría de Dios a cualquier Principio Moral; deja claro y patente que la Ley gobierna la Creación, y es sostenida por el Creador a fin de mantener su Reino por la Eternidad sobre la Roca de la Verdad. Sin Verdad no hay Justicia, sin Justicia no hay Paz, y sin Paz ¿dónde está la Libertad? Esta Verdad es superior a la concepción de la existencia de Dios por el hombre en cuanto una necesidad moral.

La Existencia de Dios en cuanto Idea, y la Vida de Dios en cuanto Ser Creador investido de Poder Infinito para producir las Obras que en su Sabiduría se plantea, son dos realidades que pueden acabar enfrentándose en un duelo a muerte, tal como vemos en este Evangelio. Dios no sólo existe, Dios Vive.

La Aceptación del Poder Infinito de Dios como Realidad que supera el Entendimiento de la Criatura, sea humana o de cualquier otra Creación, es Vital. Por esto el Evangelio abre su Puerta con esta Declaración de Fe sin límites que en la Respuesta de María cobra Vida.

La Intención del Evangelista fue mostrar que Jesús es el Mesías de las Escrituras, cierto. Pero más allá de su puño y letra está quien movió su pluma para ponernos a todos delante de la Puerta de la Fe: Creer o no creer en Su Poder Infinito es nuestra Llave a la Ciudadanía de su Reino.

 

II

LA INFANCIA DE JESÚS

 

La Palabra de Dios es Eterna. ¿Quién no sabe esto?

Más allá de este alimento, que en la infancia de nuestra Fe comimos con deleite, ya hombres tenemos que descubrir en la Palabra, como zarza que nunca se consume, la fuente de esta incombustibilidad. Tenemos que descubrir a Dios.

En las palabras descubrimos la verdadera personalidad del que habla. Aunque se utilice la palabra por máscara de una personalidad malvada,  cuya  vida consiste en la traición a su propia palabra, los hechos descubren la falsedad y nos abren los ojos a la visión del verdadero rostro de quien tiene en la Mentira su ciencia, su arte y su gloria.

En el caso de la Palabra de Jesús el descubrimiento que Él nos hace es el de la Personalidad de su Dios. No se puede decir “la Palabra es Dios”, y descubrir en  Dios a un farsante. La Palabra de Dios es Dios porque la Personalidad de Dios es Dios.

Que Dios es Eterno no hace falta descubrirlo. Lo que sí entra en el terreno de la inteligencia es la eternidad de su Personalidad.

Descubrimiento que se nos revela en la Palabra del Mesías, quien nos confirma con sus Hechos la Veracidad de la Personalidad de quien dice de sí mismo “YO SOY QUIEN SOY”.

Afirmación rotunda, Todopoderosa. De aquí que creamos que “la Palabra es Dios”, pues leyendo en su Interior descubrimos la Personalidad del Dios de los Profetas.

Más; Dios nos descubrió su Personalidad, la vistió de carne. Hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, leed:  “Quien me ve a mí, ve al Padre y al Hijo”.

“YO SOY”, Hoy, Mañana y Siempre seré : “el que era, el que es”.

¿Y si mañana Dios dejase de ser Amor y se convirtiese en un Dios Odioso?

No ha lugar a este Pensamiento. Dios Hijo se hace Hombre, da Testimonio sobre la Eternidad de la Personalidad Eterna de Su Padre. Mañana y por Siempre Dios será “EL QUE ERA, EL QUE ES”.

Ahora llega el momento de la Convivencia con este Ser Todopoderoso ante cuya Voz y cuyo Brazo el Cosmos se despliega por los campos infinitos “del Abismo cubierto por las Tinieblas al que redujo Su Padre el antiguo Cosmos”, de aquí que  diga: “he aquí que hago los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra”.

Descubrir esta Personalidad Veraz y Auténtica del Ser Creador que nos ha llamado a convivir con El en su reino Eterno era, y es fundamental para todos. Por esto quiso que su Palabra se hiciese Hombre, y al ser su Hijo Eterno quien nos diese esta Doctrina la acojamos como Eterna.

 

II

PREDICACIÓN DE JESÚS EN GALILEA

 

Recordar la estancia del Hijo de Dios entre los hombres es el núcleo de la existencia de nuestra Civilización. Aunque algunas naciones dividan su Tiempo en Eras, el Universo mide su Edad por el Antes y el Después del Nacimiento Cristo. Todas esas eras pasarán en este Siglo, pero la Era de Cristo permanecerá por la Eternidad; de la misma manera que permanece nuestra Fecha de Nacimiento y borrarla de nuestra memoria es un imposible, así en el Nacimiento de Cristo tiene nuestra Civilización su nacimiento

Antes de Él éramos Nada, animales racionales luchando por la supervivencia; desde su Nacimiento somos hijos de Dios con la puerta de la Eternidad abierta. ¡Cómo pues pasar de largo por este mundo sin abrir el corazón al tesoro de la Doctrina de la Iglesia!

Recreemos aquéllos momentos para la Eternidad. La Creación entera fue Testigo del Acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios. Acontecimiento que por siempre vivirá en “la Iglesia Católica”. Nada recordaríamos si Ella no hubiese andado sobre el fuego, domado a los leones, y desde el foso de las Persecuciones sus Fidelidad a su Esposo y Señor no hubiese vencido a los Milenios. Ella es Nuestra Madre. Sin Ella la Fe no existiría en el Mundo, sin Ella no existiría nada de lo que existe en el Mundo.

Hablamos porque Ella nos ha enseñado a hablar. Pensamos porque Ella nos ha enseñado a pensar. Amamos porque ella nos ha comunicado su Amor. Porque Dios la amó, nos ama Dios, y quien no la ama a Ella no ama a Su Señor. Todos somos hijos de su Esposo, el Señor Jesús, pero Ella tiene por Padre a Dios, Padre de su Esposo, de quien el mismo Señor Jesús dijo: “El Padre es Mayor que Yo”.

Quien no ama la Creación Viva de Dios: la Iglesia Católica, la Esposa que le dio Dios a su Hijo, no ama ni al Padre ni al Hijo.

Por Ella y en Ella se nos ha llegado a nosotros, los hijos de Dios, la promesa de la Invencibilidad que nos eleva a la gloria de la libertad de los hijos de Dios. En Ella hemos encontrado la Vida, en su Señor descubrimos a nuestro Padre que está en los cielos, y ¿quién es el que teniendo por Padre a semejante Maestro, Dios Hijo en persona hecho hombre, no acude a beber de su Palabra para fortificar su Espíritu?

Recordar la Gesta del padre de uno es honrarlo. Pues así dice la Ley Eterna: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Hijos de Dios, de la Casa de Cristo, ¿cómo honrar al padre y deshonrar a la madre? ¿Quién es el bruto ignorante que estando su padre de viaje se levanta contra su madre, le escupe, la somete a todo tipo de vejaciones, y cree que al regresar su esposo no se levantará en cólera para castigar al hijo rebelde que se atrevió a  vejar a la madre de sus hijos?

Muchos leen, pero no todos entienden que Dios se hizo hombre para que descubriésemos a “Nuestro Padre que está en los Cielos”  subirse a un Monte, y abriendo su Boca decir:

 

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

 

Dios bendice, no condena. Dios ama, no maldice. Dios enseña. Por esto escribe  el Espíritu Santo: “Los enseñaba”…

A ser Pobres de espíritu.  A ser mansos. A llorar. A tener hambre y sed de justicia. A ser misericordiosos. A ser limpios de corazón. A ser pacíficos. A padecer persecución por la justicia. A soportar insultos y maldiciones y persecución por causa de su nombre.

Doctrina Divina abierta a la interpretación de cada cual.

No todos entienden esta Pobreza de Espíritu. Y que podríamos incluso traducir a la perfección llamando a Sócrates a que nos repitiese su Declaración de Pobreza: “Sólo sé que no sé nada”.

¡Cómo atreverse a plantarse delante de Dios sin esta pobreza de quien delante Dios todo lo que sabe es que no sabe nada! ¿De qué Poder y Sabiduría puede preciarse el hombre ante este Creador a quien siguen las galaxias como rebaños a su pastor, y se internan en horizontes lejanos sin miedo a perderse en el Infinito?

Desnudo creó Dios al Hombre. El Poder, la Inteligencia, los Vestidos que lo hacen hermoso no proceden de la tierra, vienen de su Espíritu. Todos somos pajarillos volando en el Tiempo. Aspirar a renacer, Fénix en el Paraíso de nuestro Creador, es el sentido de nuestra existencia. Poder, Ciencia, todo viene de Dios. ¿Quién se atreve a callar a Dios? ¿Quién es el bruto ignorante que teniendo a Dios por Maestro se va a buscar sabios en la selva? No somos nada sin él; con Él lo somos todo. Somos esa Muchedumbre que se sienta a los pies del Hijo de Dios.

En el Principio nos dio Dios a sus hijos por Maestros, por dioses nacionales, pero al Final nos dio a su propio Hijo Unigénito. Le dio a Israel a Moisés por Maestro hasta la llegada del hijo del Hombre, el hijo de Eva que recogería el Cetro de su padre Adán y le partiría la cabeza al asesino que matándole, le abrió a la Muerte la puerta de nuestro mundo. Nacido Éste quiso Dios glorificar a su Hijo dándole el Reino de la Tierra y del Cielo, a la par que declaró vana toda doctrina de los hombres sobre la Divinidad, y alzó la de su Hijo como la única Verdadera religión a la luz de cuya Doctrina vive toda la Creación.

La muchedumbre nos sentamos. Callamos. Oímos. Comemos y bebemos su Palabra, “Su carne y sangre”. Le inspiró Dios al Hombre su Aliento en el rostro y fue el hombre ser animado”. Su Palabra es ese Aliento; sin la carne y la sangre de esa Palabra no hubiésemos nunca  vivido este Milagro: devenir hijos de Dios.

Quien se hizo Hombre para que su Imagen se grabase en el Espejo de nuestra Alma, Ése es la Puerta del Paraíso. Ése es la Fuente de toda Ciencia y Conocimiento, de todo Poder y Justicia, de todo Derecho y Sabiduría. Ése es el Dios que dijo “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y a nuestra Semejanza”. Él esa Imagen en nosotros.

Fuera de esta Imagen no tenemos nada. Él es Todo en nosotros, nuestra Ciencia y nuestra Futuro vienen de Él.

Toda ciencia tiene un límite. Todo Poder un muro. El nos abre la Puerta de la Inteligencia a la imagen y semejanza de la Suya, inteligencia sin medida. Él derriba los muros que la Civilización no puede superar. Hay que correr, sentarse entre la Muchedumbre. Ser uno más.

Lo que buscamos, la Verdad, la Justicia, la Paz, la Libertad,  la Salud,  están en Él. Si no te sientas, no comerás de los panes y los peces de la Vida. Si no buscas en Él la respuesta que persigues no encontrarás la llave que te permitirá cerrar tu búsqueda. No está lejos de ti la Respuesta. Él es la Respuesta. “Todo lo que es de Dios es suyo”. Su infinita Sabiduría, su Omnisciencia, todo es Suyo. Quien te creó, te ama; y te conducirá a la meta. No sabes nada. Descansa, siéntate. Escucha, ama. Cuando te levantes lo harás con el secreto más recóndito, que recogerás tú por amor a todos, para que todos glorifiquen su Nombre y en su Nombre todo el Género Humano encuentre a su Creador y Rey.

Nuestro Rey está hablándole a la muchedumbre, hablándonos a nosotros, la muchedumbre:

 

 “Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”.

 

La oveja mansa se deja llevar por su pastor sin preocuparse siquiera de adónde va. Su pastor la ha conducido siempre a buenos pastos y jamás la ha abandonado en los riscos. Su pastor chifla y ella va adonde su pastor la conduce, alegre se mueve,  alegre sigue al rebaño, el rebaño sabe que su pastor es su señor.

El Temor que pide la Ley no es Miedo a Dios. El Temor del Espíritu es esa fuerza que crea pánico en el que ama ante la idea de la pérdida del ser amado. Este es el Temor que pide la Ley. Este Temor viene con el Amor. Pues la perfección del Amor está en el Conocimiento del Ser Amado. Quien ama con amor verdadero ama a la Persona que vive en aquel que ama. Amar al Amado es amar su Personalidad. No se puede amar a Dios por Temor a su Omnipotencia y Todopoder, y odiar su Personalidad. Poder, se puede. Es lo que hizo la parte de la Casa de sus hijos que se alzó contra su Espíritu Santo, Fuente de su Ley y Justicia. En este caso el Temor se perdió en un argumento diabólico: el Amor de Padre en Dios sería superior al Poder de la Ley en Dios.

¡Error Maligno!

El Padre y Dios son la misma Persona. Quien ama al Padre ama a Dios. No se puede pretender anular en Dios en el Padre. En el Amor al Padre el Temor de Dios se hace perfecto por en cuanto diluye el Miedo y todopoderiza la Filiación, que deviene Verdadera por el Amor del Creador a su Creación, quien responde a nuestro amor con Amor de Padre.

El Temor a Dios es la expresión de este Amor Verdadero entre Creador y Creación. El Temor no es Miedo. El Pastor Divino no conduce a su Rebaño al precipicio. Nos ha llamado al Monte no para precipitarnos en los infiernos. El Amor del Creador por su Creación es Eterno. Hemos sido creados a la Imagen y Semejanza del hijo de Dios.

Descartes, y con él la Edad Moderna, despreciando la pobreza de espíritu expulsaron la mansedumbre del corazón humano. La Duda sobre la Personalidad Divina trajo el Miedo a ese Dios Todopoderosos contra el que el Dios Oculto del protestantismo lanzó aquel Exorcismo de la Predestinación al Infierno, doctrina satánica acorde a la cual nada debe temer de Dios quienes hacen de Caín.

Mansedumbre hasta el infinito, pero existen los lobos; se visten de pastores para engañar al rebaño y darse el festín con las ovejas más rollizas.

Es lo que hizo Satanás, vestirse de Enviado de Dios. Desde entonces la Guerra fue su caballo de batalla contra el espíritu Santo. Acontecimiento que se repitió en la Historia del Protestantismo. Engañados los Cristianos por los Pastores del Diablo las naciones hermanas se lanzaron a devorarse en la Guerra Civil Europea de los Treinta Años.

Cierto, el Señor juzgará a los siervos indignos acorde a sus acciones. Los pastores que debieron cuidar el rebaño, y les abrieron la puerta a los lobos para repartirse con ellos la carne de los corderos, serán juzgados tan duramente como los que sirvieron al Diablo, señor de los lobos. Pues unos, por activa, y otros por pasiva, todos sirvieron al mismo señor del Infierno.

 

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”.

 

Bendición sobre bendición. Llorar por impotencia es mejor que declararse en venganza. Sufrir por la injusticia recibida es mejor que el odio. El dolor si no es dejado libre endurece el corazón y la carne deviene piedra. ¿No lloró acaso Dios la Pasión de su Hijo cuando sus lágrimas cayeron sobre el Templo, partió en dos su cúpula y aplastó a quienes matando a su Hijo creyeron encontrar refugio en la Casa del Padre cuyo Hijo habían asesinado? A la demencia le sumaron locura.

¿Lloran las piedras? El firmamento abrió sus compuertas y se tragó un mundo. Las nubes siguieron su camino y el sol volvió a lucir su estrella. Los volcanes abren su boca, entierran ciudades y hunden islas en los mares. La tierra se calma y los océanos gozan. No sufren injusticia. No tienen corazón para ser traspasados, ni alma para ser abiertos en canal. Llorar la soledad, la ausencia, es cosa de hombres.

¿Lloran las bestias por la cierva que está siendo devorada por la leona? ¿Se inquietan los búfalos por sus hijos atrapados en las mandíbulas de los cocodrilos? Las lágrimas son de los seres creados a la Imagen y Semejanza de Dios.

Quien no llora, deviene un monstruo. Mata sin pestañear, es una bestia. Comete genocidio sin dejar de dormir; renunció a la Humanidad, es bestia inmunda. Dios no permitirá su existencia en su creación. Será desterrada de su Universo.

Dios no ordena la Muerte de los Infieles, es el Diablo quien inspira a matar a quienes no creen en lo que tú crees. Poderoso es Dios para hacer que de la piedra surjan las aguas de esas lágrimas que se elevan hasta la vida eterna. Quien no se sienta en la Muchedumbre a los pies del Hijo de Dios, no verá el Paraíso.

El Consuelo no es del Odio ni de la Venganza, sino de Dios. Si no lloramos, cómo seremos consolados. Si no lloramos, cómo sentiremos el dolor ajeno. No somos los únicos que somos traspasados, abiertos en canal; somos muchos, somos la Muchedumbre. ¿No llegan acaso al Cielo las lágrimas de sus hijos y de su pueblo, esta Muchedumbre que ha desterrado de su ser el odio y la venganza y pide a sus pies el consuelo de la Justicia y de la Paz? ¡Dios es Padre! No se burla de las lágrimas de sus hijos. En la justicia, no en el Odio y la Venganza, seremos consolados. La Palabra de Dios es firme:

 

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”

 

Si, la muchedumbre estamos hambrientos y sedientos de justicia. Nos ordeñan como si fuéramos propiedad ajena, nos han liberado atándonos con cadenas, comemos pan duro y agua envenenada, tenemos que mendigar nuestros derechos, luchar por nuestras más elementales libertades, nos las quitan a punta de pistola, de ejércitos, de decretos malvados; tiranos y psicópatas se hacen con el Poder y gobiernan como si fuesen dioses  del infierno. Nuestros estómagos son pozos secos que no comen el pan de la alegría desde hace milenios. Nuestra Alma está seca y canija como esqueleto de ermitaño a cuya cueva no llega visitante. Arrasada por siglos de injusticia, nuestra alma más parece el retrato de un fantasma que la de un hijo de Dios.

Pero dice el Espíritu: “En las alturas los panaderos han metido en el horno la masa. Las palas ya meten sus manos en el fuego. Viene el pan calentito, recién salido de los hornos de la Justicia Divina.  El Rey de los Cielos despliega su gloria por las naciones. Unos al Norte, otros al Sur, otros al Este, otros al Oeste. Tienen los cestos llenos. Se recogerán panes que no se podrá comer de tanta que será la comida que el Cielo le servirá a la Tierra”.

Siglos de espera. Mi espíritu se conmueve. Ha llegado el Día. Toda la Noche los panaderos amasaron, metieron fuego en los hornos, sacaron panes, almacenaron a la espera del Alba, cuando la estrella de la Mañana anuncie el nacimiento del Nuevo Día. El Señor ordena, ¡que se distribuya el pan entre la Muchedumbre de las naciones. Que no les falte, que se sacie mi Pueblo!

Tendremos justicia forjada en la Ley Divina. Los Derechos Humanos del Hombre son los Derechos de los hijos de Dios. Presta está la tierra a tragarse a quienes la riegan con la sangre de Abel; el firmamento está de rodillas pidiéndole a su Señor que lo deje llover hasta ahogar en sus aguas a quienes contaminan el mundo con el incienso de sus genocidios. El Sol baja la cabeza ante su Creador y las mismas estrellas  cierran sus pupilas porque no pueden soportar ya más ver la Tierra convertida en un Infierno. La Creación entera ha llorado la desgracia del Género Humano, creados para tocar las estrellas se mueve como un gusano corrompiendo toda vida en la Tierra.

Amigos, hermanos, naciones todas, pueblos en las distancia, islas en los océanos, venid al Monte, en Muchedumbre, a alimentarnos con el Pan que da la vida eterna.

 

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

 

Perdonemos a nuestros enemigos, hagamos las paces con quienes nos atravesaron el corazón y traspasaron nuestras almas. Socorramos a los pobres liberándolos de las manos de los tiranos, echemos abajo a los dictadores, combatamos a los genocidas. ¿Vemos un genocidio y nos quedamos con las manos cruzadas? ¿A la dictadura de un malvado le damos la espalda? ¿A las voces de socorro les respondemos con un “morid malditos”?

¿Esa es Misericordia? ¿No tenéis crímenes de los que responder?

Mi Espíritu se me revuelve en el alma, porque golpean los muros de los continentes imitando el odio de quienes quieren reducir la Tierra a escombros y cenizas. Mi Alma se consuela en el Señor cuando se vista la Toga del Juez y llamando nación por nación les pida cuenta de las espaldas que machacaron, de las manos que ataron y de las palabras con las que bendijeron el asesinato en masa de pueblos enteros.

¿Pediréis misericordia? No la tuvisteis. Están mis ojos saciados de los crímenes que permitisteis, de los genocidios que no combatisteis. ¿Quién alzará su voz para pedir misericordia para quien no la tuvo? ¿Quién se lamentará por el Juicio que despreciaron?

Reducen la misericordia a repartir las migajas que se les caen de las mesas, como si los pueblos fuésemos perros. Haced Misericordia si buscáis Misericordia. Combatamos al tirano, derribemos al dictador, y entonces Dios se glorificará en nuestros hechos.

Somos la Muchedumbre. A nosotros se nos ha dado el Poder de ser los ejércitos del Rey. Su Voluntad es Santa, no vemos en su Creación nada Malo. Su Palabra es Doctrina de Vida Eterna, a la que nos acogemos hoy, mañana y siempre. Y por la eternidad estaremos sentados a sus pies con el alma abierta a sus Palabras:

 

“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

 

 ¿Quién es el que está sucio de corazón sino el que ve en Dios un Ser Maligno que a unos crea para ser pasto del infierno y a otros para ser sus verdugos? ¿No dijo acaso nuestro Maestro que está en los Cielos?:  “Si no os hacéis como niños no entraréis en el reino de Dios”. ¿Ve algún mal el niño en sus padres? ¿No los ama a pesar de todo y sobre todo?

He aquí que al Cielo ha llegado la acusación de los Abogados del Diablo que vistiéndose de pastores llamaron a la rebelión contra Cristo, pidiendo la Destrucción de su Casa y acusando a Dios de ser peor que el Diablo, un Creador enloquecido por la Eternidad que crea a unos para el Infierno y a otros para el Paraíso.

Gente de corazón sucio, enemigos del Amor Divino que a todos llama a su Reino, justifican su Odio en la perversión de siervos indignos, contra cuya indignidad, en profecía viva escenificada por las Negaciones de Pedro, ni el Mismo Hijo Unigénito de Dios se atrevió a rechazar la elección de quien su Padre eligió como Jefe de los Obispos.

Lo que se consiguió robando no se justifica sino devolviendo lo robado, así está escrito en la Ley, “pagarás según el valor de lo robado”.

¿Cómo escaparéis a la sentencia contra vuestra acusación de ser Dios el autor intelectual de la Caída de Adán? ¿Os atreveréis a llamar a Cristo como testigo contra Dios?

Sucio como el fondo del infierno tenía Lutero el Corazón, más negro aún lo tuvo Calvino, y para rematar la creación del monstruo de muchas cabezas, los de Enrique VIII y su hija nacieron del corazón del mismo Satanás. ¿Y os atreveréis a mantener lo robado en base a vuestro Dinero? Al que no restituya, el Señor lo arrojará fuera de su  Casa. He aquí lo que dice el que tiene el Espíritu: “Al que no doble las rodillas delante de la Voluntad de Dios, les serán cortadas las piernas”.

Dios es Amor, también es un Fuego que no se consume contra los que blasfeman su Nombre acusándole de ser el Autor Intelectual de la Caída del Primer Hombre.

Estamos en Guerra contra la Muerte. ¿Cómo bajar la espada cuando es masacrado el Pueblo? ¿Cómo dejar el hacha que ha sido dejada  en el Tronco cuando el enemigo arrasa la casa? El Rey del Cielo se ha vestido de Guerra hasta los dientes. Sus ejércitos están prestos.

Así dice el Espíritu : Será buscado el Mal y no será encontrado, los años del Hombre serán un paseo por la Eternidad, lloverá la Bendición sobre la tierra y producirá para alimentar cinco veces el mundo. Este será el fruto de la Victoria del Rey y sus hijos. Buscarán nuestros hijos al dictador y no lo hallarán, al tirano y no será hallado, al corrupto y habrá desaparecido como especie maligna en extinción a la que le llegó su tiempo. Y nosotros, Muchedumbre, celebraremos la Victoria de la Paz:

 

 “Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

 

Defenderemos la Paz. Le levantaremos una Fortaleza de muros inexpugnables, por sus puertas un ejército invencible desplegará sus alas hasta cubrir toda la Tierra, terror del que odia la Justicia, Gloria de quienes aman la verdad y tienen en la Libertad su gozo y dicha.

¿Le declaráis la Guerra a Dios y os reunís en vuestras iglesias para celebrar vuestra victoria? Temblad, dice el Espíritu, porque como se rompió la cúpula del Templo de Jerusalén en dos y aplastó a todo el que se rebeló contra su Hijo, así romperá Dios vuestros templos y los que estén dentro serán aplastados en pago por el delito de Desobediencia.

Vuestras oraciones lejos de la Casa de la Santa Madre Iglesia Católica son polvo en el viento, hojas caídas, barridas, almacenadas para perecer  en el fuego.

Ofendisteis a la Esposa del Señor y os lanzasteis como Caín para matar a vuestros hermanos Católicos. El Señor ha “Venido”. Las trompetas llaman a Juicio. Pero ha querido Dios hacer aguardar al tribunal para que los acusados se arrepientan y se ejerza sobre vosotros, hijos de la Rebelión, Misericordia. Acogeos a la Obediencia a su Voluntad o disponeos a ser juzgados por todos los males que la Rebelión de los siervos del Diablo desató contra Europa y el Mundo.

Paz para todos. Pero sabed que estamos en estado de Guerra. La Muerte y el Diablo tienen contados sus días y proceden a devastar las naciones con todas sus fuerzas.

Según vuestra Obediencia así cosechareis Infierno o Gloria. Si a Dios, la Unidad Eterna os será gloria. Si al Diablo, señor de vuestros maestros, cosechareis en este siglo destrucción en las tinieblas y en el Día del Juicio quedareis expuestos a la Sentencia Final del Rey Todopoderoso contra cuya Casa os alzasteis acusando a Dios de ser el Autor Intelectual de la Caída del Mundo.

¿Por qué os creéis más que hombres¿ ¿Quién os dio el poder de creeros divinos? ¿Lo conquistasteis con Amor, o con Fuego? ¿Creasteis vuestra gloria sobre la Misericordia, o sobre el Odio contra vuestros hermanos? ¿Cuáles son los fundamentos de vuestros templos?  ¿Paz sobre Paz a pesar de las discrepancias, de los errores y de los pecados? ¿Quién os hizo ser el primero en coger la primera piedra? ¿Qué hicisteis, convertir el Celo en Espada de Muerte?

¿Por una mujer os dejasteis conducir al abismo? Por la necesidad de hembra se metió el Alemán a siervo del Diablo; por  repudio a otra, se declaró dios a imagen y semejanza de Satanás el Inglés.

Mi Padre, vuestro Señor, os llamará a Juicio en respuesta a las almas que desde la muerte le piden Justicia.

La Guerra del Hombre es la de Dios, la Guerra de Dios no es contra el Hombre, es contra la Muerte. Venid y doblad las rodillas, sentaos entre la Muchedumbre, todos somos la Muchedumbre, todos somos Su creación. Miraros al espejo y ved si veis en vuestras almas el reflejo de su Rostro. Perseguisteis, no fuisteis los perseguidos.

El tiempo corre, dejad vuestro orgullo hundirse en la memoria de los siglos, venid sentaos, escuchad:

 

“Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el reino de los cielos”.

 

Nadie se engañe. No os engañéis, quien se levanta contra Dios y se hace perseguir por su Justicia no es de Dios, es del Diablo. Romper la Ley y acusar después a la Justicia de persecución es un discurso maligno. El Juez Eterno no aceptará jamás caer en esta Trampa retórica.

Es bendecido quien es perseguido por la injusticia que desde el Poder se viste de justicia para imponer su corrupción y pervertir las leyes.

Llevamos dentro una Justicia que viene del Cielo y mira al Futuro, siempre puliendo los defectos.

En frente y contra nosotros tenemos una Injusticia que ha perfeccionado sus mecanismos de perversión y malignidad para hacer pasar su Injusticia por Justicia y esclavizar a todo hombre a leyes perversas.

La Creación camina hacia el Encuentro de la Justicia Divina, a cuya Luz vivirá y crecerá la Vida por la Eternidad. El Camino se abrió con la Apertura de la Ley de Dios a todas las naciones. Era un Camino que Aquel que estaba en la cima del Monte, viendo a la Muchedumbre, contempló abiertamente.

La Fundación del Cristianismo no iba a ser un camino de rosas.   

No lo fue Ayer, no lo es Hoy para millones de seres humanos que están siendo perseguidos por la misma Fe que condujo a Aquella Muchedumbre al foso de los leones. Y que seguirán siendo perseguidas  mientras los pastores se preocupan de amasar fortunas y vivir sus vidas ajenas a la Batalla Final en que la Guerra entre Cristo y el Diablo ha entrado por fin.

Los ejércitos del Rey están desplegados. Dios los mueve. Nuestro Enemigo no es el Hombre, es la Muerte. Por las bocas de los ignorantes se manifiestan la Muerte y su Príncipe. Pero ya el tiempo se les agota, la Corona del Universo reclama la Tierra para su Trono.

Quienes han de perder coronas y tesoros tienen que hablar lo que su Amo les pongan en sus lenguas.

Los hijos de Dios no le debemos nada a nadie. Todo es de Dios. Desde los Hielos de los Polos a las arenas de los  Desiertos, desde los bosques tropicales a las llanuras verdes, desde las mesetas a europeas a las americanas, desde las sabanas africanas a las grandes cordilleras asiáticas y americanas, todo le pertenece al Rey del Universo. Y el Rey reclama su Propiedad.

Hemos heredado la Promesa que Dios le hizo a su Hijo: “Tu Descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos”.

Cayó la descendencia de Abraham para que comprendiésemos que no era a su descendencia a quien hablaba, sino a la de Cristo.

El viento aúlla en la tormenta, la mar golpea  con mano poderosa la costa, el firmamento hace oír sus rayos y sus truenos. A Dios nada le inmuta. El Vencedor sigue su camino hacia la Victoria. Las palabras vanas se las lleva el viento. Pero la de Dios vela en las alas de los Milenios hasta llegar a la puerta de los Herederos de su promesa. SU Palabra es firme:

 

“Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan contra vosotros todo género de mal por mí”.

 

Estamos en estado de Guerra contra la Muerte y el Príncipe del Infierno. El Rey lo está, lo está todo su Reino.

¿Quién es el bruto ignorante que va a la guerra esperando recibir rosas y claveles del enemigo?

Hasta la Victoria, sin darle oídos a  los gritos, hasta la Victoria sin recular un sólo paso. El decreto de Dios ha sido dado, lo llevo en mi Espíritu : “Sea expulsado el Diablo de la Tierra”. Y mi mano está presta para escribir: “Y así se hizo”.

La Muerte ha extendido su mano sobre toda la Tierra, su príncipe eleva sus peones sobre las naciones, sus siervos las gobiernan. Se creen alguien, están ciegos, no ven el rostro tras la máscara. Sus fuerzas se lanzan contra nosotros, la Muchedumbre, en la creencia animal de poder extirpar nuestra Fe de la faz del Universo.

Leen pero no entienden, oyen pero no comprenden, el lenguaje suyo es el de las bestias de muy antiguo, robar, aniquilar, destruir, elevar su gloria sobre la miseria de los pueblos. Hablan de libertad mientras  forjan argollas y cadenas. Se esconden en  habitaciones cerradas para tramar el hundimiento de las naciones. Caminan hacia su ruina envueltos en risas alegres y discursos  de desprecio y odio hacia todo el que vive la libertad y reclama dirigir su existencia acorde a Derecho.

No saben que ha llegado el Fin de los tiempos. Creen que no llegará nunca. Que las maldiciones y sus insultos, sus vejaciones y sus gritos acobardará el corazón de los herederos de la Invencibilidad de Dios.

La Sabiduría es nuestra Reina, el Amor a la Vida es nuestra Fuerza. El Rey nos ha vestido para la Victoria con la Gloria de su Libertad.

Dice el Espíritu:

 

 “Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros!”

 

El que hable como si no hablara, el que calle como si no callase. Las piernas recorren el Camino, la Palabra de Dios avanza al encuentro de su Destino: “Extended la Ciudadanía del Reino de Dios sobre la Plenitud de las naciones”.

Bendito sea Dios y su Hijo, bendita aquella Muchedumbre que arrojada al foso de los leones no gritó de espanto, colgadas de cruces como teas para la diversión de la Bestia Romana entonaron cantos. ¿Cómo no heredar ellos el Reino de Dios y ser los más grandes entre todos los hombres? ¿Qué hubiera sido de nosotros si ellos se hubiesen acobardado ante sus enemigos y negando a su Rey por miedo a la Muerte nos hubiesen privado de la Esperanza de Salvación Universal que hemos heredado de Dios por Amor a Ellos?

Gloria eterna a quien siendo Dios se hizo Hombre para decirnos: “Venid a Mí y os daré la vida eterna”.

El Amor del Creador por su Creación se hizo Hombre para que  pudiese su Criatura verlo, tocarlo, sentirlo, gozarlo, amarlo sin límites. ¿Qué gloria podía otorgarle Dios a quien le conquistó el Corazón de su Creación?

Habló el Profeta: “Oh Rey, lo ha puesto todo el Señor Dios en tus manos, te ha declarado Señor sobre toda su Creación, a tus pies ha puesto toda Criatura”.

Y la Iglesia Católica lo confirmó diciendo: “Eres Dios Verdadero de Dios Verdadero”.

 

TERCERA PARTE

MINISTERIO DE JESÚS EN JERUSALÉN

 

El Bien y el Mal. Dicen que no existe. Cuentan que es relativo. Quien tiene el Poder da su versión de lo que es el Bien y de lo que es el Mal. La Historia Política y Religiosa de las naciones es un constante desfile de una banda a la otra. El silencio del muerto le da la razón a su enemigo vivo. San Mateo nos abre en el corazón de Jesús el Corazón de Dios, todo abierto en su plenitud al Pueblo, este enemigo del Poder contra el que el Poder lanza todas las versiones que puede poner en la esca una mente criminal, resiliente, obcecada, bipolar y esquizoide, en cuyas manos únicamente el oro cuenta, y a cuyos pies deben estar todos los ciudadanos. Y maldición sobre el que denuncie su delitos. Al crítico de sus majestades políticas y religiosas cada siglo tiene su forma de llamarlo. El Mal se renueva,  cambia la máscara, el discurso incluso. Lo que sea necesario para sostener las manos llenas y los pies sobre el cuello de los  pueblos. Lo más dramático que leemos es la Dictadura del Proletariado, es decir, el pueblo oprimiéndose a si mismo. Quiero decir, con los siglos el Poder se revolucionó a sí mismo para dejar de ser el malo de la película y justificar sus crímenes y genocidios en el Bien del Pueblo. Por esto, sin ir más lejos, mató Caín a Abel.

Jesús en Jerusalén fue la tormenta perfecta. Al enemigo del Pueblo ni agua. Su denuncia contra quien se viste de Bien Supremo para aplastar “en bien del aplastado” fue  la caminata de la Zarza Ardiente quemando todos los puentes entre su Dios y el Poder de los hombres. Ruptura entre el Poder de Dios, Poder desplegado en  su Predicación en Galilea, y el Poder de los hombres, que el mundo verá desplegado ante los ojos de la Historia, despliegue criminal, natural a quienes sirven a la Muerte. El Poder ama la vida por el cadáver de los pueblos. El Hijo de Dios da a conocer el Juicio del Señor de Moisés sobre el Poder del Templo, que en su Caída arrastrará a la nación de los Judíos al Destierro. Acontecimientos conocidos de todos, en el Origen de la Cena del Holocausto y del Regreso de los supervivientes a la tierra de Israel.

No hay entre Luz y Tinieblas pacto. No puede haber alianza de clase alguna entre la Vida y la Muerte. La Justicia de Dios tiene su fuente en la Verdad; la de los hombres en el interés particular, que pervierte el Derecho Civil y lo convierte en Código para la Impunidad del Crimen. La Guerra entre el Derecho Civil y el Derecho Divino del Hombre es un Hecho. El Código Civil odia la Justicia, repudia la naturaleza de la Verdad Universal,  destierra del Universo su Naturaleza. Es Código Civil es una serpiente que cambia su piel con los siglos; el veneno de la bestia es el mismo, su fin es justificar los crímenes del Poder. El Hijo de Dios no tiene pelos en la lengua. La Verdad para ÉL es algo más que  la conclusión de una discusión socrática. “La Verdad vive en Dios; la Verdad es Dios; la Verdad vive en Jesús, Jesús es la Verdad, la Verdad vive en Jesús, Dios vive en Jesús.” La línea de este Pensamiento  lleva al Dogma: “Jesucristo, Dios Verdadero de Dios Verdadero”. Dos Personas, una única Verdad. Dos Personas, un único Espíritu.

Jerusalén entiende, se escandaliza. El Juicio del Señor Dios de Moisés contra Jerusalén y el Judío era inapelable. Tocar al Hijo de Dios es tocar a su Padre. Jesús  arrasa con el fuego de su Celo por YAVÉ DIOS, SU PADRE; el Juicio de Dios contra el reino de Israel lo reduce a escombros. Ninguna fuerza podía anular la Condena. San Pablo fue  claro:

Por el Pecado de un único hombre el mundo entero fue desterrado de la Presencia de su Creador; por el Pecado de un Pueblo serían los hijos de ese pueblo quienes serian desterrados de la Presencia de Dios.

Jesús no fue a Jerusalén a ofrecer Paz. Fue a dar a conocer el Juicio de Dios. Mataron a todos los profetas que les anunciaron a Jerusalén y su reino su suerte. ¡Cómo no iban a matar al profeta que les anunciaba la destrucción de su Templo, Ciudad y Nación!

 

IV

PASIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

 

Le era absolutamente imposible a los seres humanos entender el Pensamiento de Jesús. Los mismos Discípulos  se hundieron en las tinieblas del pozo sin fondo de la ignorancia sobre la Sabiduría de su Maestro. Tres años siguiéndole por todos sitios y todo lo que se les ocurrió fue huir. Vieron y escucharon al Mesías Profeta investido por Dios de un Poder sin límites para sanar toda enfermedad. Su Mente era impenetrable. Su Sabiduría vivía en Dios. Comunicarles su Muerte les molestaba, como molesta un chiste de mal gusto. Era imposible ponerle la mano encima a quien  desaparecía  como desaparece un fantasma, y caminaba entre la muchedumbre agolpada a su alrededor para despeñarlo como quien congela a todos en el espacio y el tiempo. Dios en persona de su Hijo estaba caminando “con los hombres”. ¡Cómo creer que alguien pudiera ponerle la mano encima! Jesús no era un profeta como los demás profetas de la Biblia. Para liberar a su pueblo Moisés tuvo que matar; para liberar al Mundo, Jesús tuvo que morir. Medir ambos espíritus por el mismo patrón fue el error de los Judíos. Moisés subió al Monte para ascender en vida al Cielo: Jesús bajó al Infierno para Resucitar de entre los muertos y dar a conocer la Victoria de Dios sobre la Muerte. Existe vida eterna para la creación porque Dios venció a la Muerte haciendo de su Espíritu la Casa de la Vida en el Cosmos.

¿Qué palabra de Jesús sobre Jerusalén, su Templo y su Nación no se cumplió? ¿Qué Palabra sobre el futuro de sus Discípulos cayó en las arenas movedizas de la Mentira? ¿No fueron perseguidos y asesinados todos, excepto aquel que El quiso que viviera? ¿No fue desterrado el pueblo judío del corazón de todas las naciones y tratados como seres condenados a ser la carne y la sangre a servirse en la Cena del Holocausto?

Jesús fue el Mesías sobre el que hablaron todos los profetas, comenzando por Moisés; el hijo del Hombre nacido de Eva para aplastarle la cabeza al asesino que le robó la corona “que bajó del Cielo” a Adán, el Primer Hombre que llamó Padre a Dios; el Cordero que Dios entregó para expiación del pecado de Adán y de todos los hombres. El que cree esto tiene la Vida Eterna; el que se niega a creer, sobre él la Condena Final: Destierro Eterno de la Creación.

 

NUEVO TESTAMENTO