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LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

 

EL CORAZÓN DE MARÍA

CAPÍTULO I:

“YO SOY EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO” HISTORIA DE LA SAGRADA FAMILIA

 

Segunda Parte . Historia del Niño Jesús

 

EL NÓMADA

 

De todos los niños de Nazaret a ninguno como al Cleofás le cayó tan bien José. Pero desde el mismo día que José llegó a Nazaret. No es mentira que José hizo su entrada en Nazaret espectacularmente. Su caballo íbero negro como la noche y sus tres perros asirios cazadores de leones rompiendo genial la monotonía. Luego estaba el jinete; gigante en su Bucéfalo, hijo de Pegaso, el caballo de los superángeles; el pelo ni largo ni corto, al cinto la mismísima espada de Goliat. Y decía el forastero que era un nómada a la aventura por las provincias del reino. Los nazarenos lo miraban y no se lo podían creer. ¿Un nómada como otro cualquiera, a la aventura por esos caminos de Dios a lomos de un potro de aquella raza, bello como el caballo de un arcángel en plena batalla, custodiado por tres fieras, hermosas como querubines y temibles como dragones?

Aquél gigante era puro misterio. Sus rasgos psicológicos y físicos no coincidían con la imagen popular del nómada sin patria chica, siempre borracho, siempre pendenciero, más bien flaco, los morros rojos vinateros, los sesos quemados por los soles y los fríos. No señor, aquél nómada no era otro más. Los nómadas iban en burros, en el mejor caso en yeguas viejas, chinches, pulgas y chuchos por compañía. No señor, aquel José era puro misterio. Con secreto o sin secreto la cosa es que Cleofás, el hermano pequeño de la Virgen, le cogió un cariño tan grande a aquel nómada nacido en Belén que acabó viviendo más en la tienda del Carpintero que en su propia casa. Pero yo sé que por lo que más se moría aquel muchacho era por hacer realidad su sueño de subirse al caballo de José y trotar por los cerros levantando polvo de estrellas en los ojos de su princesa azul. ¡Cosas de muchachos! Y justamente fue esto lo que vino a pasar. Sucedió eso. Todas las hermanas de Cleofás se casaron. Excepto sus dos hermanas grandes, María y Juana, que se mantenían vírgenes desde la muerte de su padre. Es la verdad, todas sus hermanas se habían casado ya, habían formado familia y tenían sus hijos. Él, Cleofás, era el único de los hijos de Jacob de Nazaret que aún seguía viviendo en la casa de su madre.

Desde fuera, para los de fuera, Cleofás era el señorito del pueblo, el niño mimado de sus hermanas las Vírgenes. Mientras todos los muchachos se dedicaban a ayudar en el campo, el señorito Cleofás vivía a cuerpo de príncipe sin saber lo que eran la hoz y la chapulina. Así que si se pasaba el día en la Carpintería de José no era porque le hiciera falta ganarse el pan. Para nada. Si se decidió a servirle de aprendiz no fue porque el hermano de la Virgen tuviera que aprender un oficio. Lo que de verdad le privaba a Cleofás era ascender de categoría a los ojos del Carpintero, ganarse su confianza y recibir su permiso para pegar el bote, subirse en lo alto de aquel caballo íbero y darse el disfrute de ver el mundo a lomos de aquella criatura mágica. Y así fue.

Al cabo Cleofás subió de monaguillo a fraile, y ya recorría el mundo de fiesta en fiesta a lomos del maravilloso caballo de su jefe. A los vecinos del pueblo les tenía mosca que el Carpintero le diera tanta cuerda al muchacho. Un caballo de aquéllos no se prestaba, y menos, como quien dice, a un niño.

La respuesta de José a las suspicacias de sus nuevos vecinos fue prestarle a su aprendiz, además de su caballo, dos de “sus cachorros”. Cada vez que enviaba a su ayudante y aprendiz de carpintero a una aldea vecina, José le daba por compañeros de viaje un par de sus cachorrillos, dos canes en vías de extinción que le regalaron en su día sus padrinos babilonios.

Cleofás empezó llevando un encargo a la aldea vecina, a caballo naturalmente. Y acabó por tener el caballo de su patrón como propio cuando con ocasión de alguna fiesta local, una fiesta de la vendimia, por ejemplo, sus hermanas casadas reclamaban su presencia. Fue así cómo Cleofás conoció a María de Canaán, la futura madre de sus hijos, los famosos hermanos de Jesús.

Cleofás y señora se conocieron, se casaron, y se instalaron en la casa de la Hija de Jacob, y tuvieron sus hijos.

Digámoslo todo, la Carpintería del Nómada no era una multinacional del mueble ni tenía vocación de líder del sector, pero para Cleofás que José era el mejor. Enamorado y padre de sus niños el taller de su jefe era todo lo que tenía, y Cleofás estaba dispuesto a dejarse la piel antes de verlo hundirse. De todos modos, su jefe era un hombre extraño. No le faltaba nunca la plata. Vendiese o no vendiese siempre ganaba la casa. Tampoco lo machacaba con sus problemas. Nunca. En realidad, José el único problema que tenía era que no tenía señora. Ni se le conocía pretendiente. No por falta de mujeres. No. Era él, José. No tenía mujer porque no se la había dado Dios todavía. Y lo decía José con el misterio de quien tiene un secreto inconfesable.

-Dios dará, hermano, Dios dará…, le respondía José al muchacho.

Al poco de nacer su sobrino José, segundo entre los hijos de Cleofás, la Virgen cerró el duelo por la muerte de su padre.

La Virgen había vencido. Hizo un Voto y lo había cumplido. Ahora era libre para casarse; y casándose cumpliría el juramento que su padre le hizo al Señor y no pudo cumplir porque la Muerte se le cruzó en el camino.

Ante testigos sagrados juró en su día Jacob de Nazaret, sobre la cuna de su Primogénita María, legítima heredera del rey Salomón, sobre su vida juró Jacob que sólo le daría su hija por esposa al hijo de Helí, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Natán, profeta, hijo de David, rey.

Al poco de nacer el segundo de los hijos de Cleofás, José el Carpintero le pidió la mano de la Virgen María a la Viuda. La Viuda aceptó la petición, y al otro poco se firmaron los documentos del contrato de bodas entre María, hija de Jacob, hija de Matán, hija de Abiud, hija de Zorobabel, hija de Salomón, hija de David, rey, y José, hijo de Helí, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Natán, hijo de David, profeta.

La noticia de la boda de José el Carpintero y María la Virgen arrasó Nazaret.

-La Virgen se casa.

-Con el Carpintero. Lo sabía.

Un partido excepcional la novia. Dueña de la casa de la colina, propietaria de las mejores tierras de la comarca, fundadora del taller de sastre y costura de Nazaret que vendía los vestidos de novia más buenos, bonitos y baratos de la región.

¿Quién era el novio? Un don nadie de Belén, un nómada a la aventura que había encontrado lo que estaba buscando. ¡Quién se iba a pensar que donde fracasaran tantos buenos partidos fuera a triunfar un forastero sin causa!

Así que, si por parte de Madre nuestro Jesús era el heredero de Cleofás de Jerusalén, Doctor de la Ley, su abuelo, y por parte de Madre también todas las propiedades de su abuelo Jacob de Nazaret le pertenecían, estamos hablando entonces de un joven rico llamado Jesús de Nazaret. ¿O acaso creéis que quien le pidiera al joven rico dejarlo todo y seguirle no hizo El mismo ese acto de renuncia y abandono de todas sus propiedades?

Hijo de sus padres, durante su mandato nuestro Jesús levantó la economía de su familia a su máximo esplendor de comodidad y prosperidad. Durante los días que estuvo al frente de la Casa de su Madre las bodegas se llenaron de excelentes vinos, los almacenes rebosaron de trigo, aceite, aceitunas de mesa, higos, granadas, leche, carne, y peces que le traían desde el mar de la Galilea a su casa, cuando no iba a buscarlo nuestro Jesús personalmente. Los vinos de las viñas de Jesús de Nazaret se vendieron en toda la Galilea; poco pero excelente, el mejor. Te alegraba y jamás te ponía violento, el día después se levantaba uno con la cabeza despejada, el corazón alegre. Vino de Jesús de Nazaret, vino de Baco, decían los romanos de la guarnición de Séforis, a dos horas de distancia.

Los titos abuelos de su Madre, Isabel y Zacarías, le habían legado también propiedades en las afueras de Jerusalén.

El heredero legítimo de Zacarías e Isabel era Juan, como todo el mundo sabe. Antes de nacer Juan el Bautista como ya no esperaban tener un hijo Isabel y Zacarías legaron todo lo que tenían a la madre de María. Este testamento no se revocó jamás debido a la muerte violenta de Zacarías y a la desaparición de Isabel y Juan en las cuevas del Mar Muerto.

Así que en la Jerusalén de los dineros el Joven Nazareno fue conocido como se conoce un misterio. En realidad, nadie sabía quién era. En lo que todos parecían ponerse de acuerdo era en ser Jesús de Nazaret, el hijo de la Señora María, un joven de una prudencia y de una sabiduría superior a la talla normal en un hombre de su juventud. Manejaba dinero, pero no le interesaba el Poder. Estaba acostumbrado a mandar y ser servido, y sin embargo seguía aún soltero. Era culto, hablaba los idiomas del imperio, ¿creéis que le pusieron intérprete para hablar con Pilatos? Sabía escribir, tenía genio para los negocios. Su Madre era el punto débil del Joven Nazareno. ¿Pero a quién no se le perdona esto?

 

 

 

 

HISTORIA DE LA SAGRADA FAMILIA. Segunda Parte. Historia del Niño Jesús. 2. BODA Y NACIMIENTO DEL NIÑO

 

 

 

 

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