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LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

 

EL CORAZÓN DE MARÍA

CAPÍTULO I:

“YO SOY EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO” HISTORIA DE LA SAGRADA FAMILIA

Primera Parte . Historia de José y María

 

 

LA CASA DE JOSÉ EL CARPINTERO

 

 

Entremos ahora un poco en la historia de José, futuro esposo de la Madre de Jesús.

El clan de los carpinteros de Belén experimentó un tirón económico muy fuerte a raíz del nacimiento de José. Este no es el lugar para entrar en detalles íntimos sobre la vida de los padres de José el Carpintero. A su tiempo abriremos la puerta como quien corre un velo y veremos cara a cara la verdad de esa intimidad que por ahora y hasta entonces dejaré en el aire. La razón para hacerlo se entenderá más tarde. Para ir superando el trance digamos que una incursión demasiado profunda en la vida de los padres de José el Carpintero rompería el ritmo de este relato. Así que sigamos adelante.

Helí, padre de José, trajo al mundo muchos hijos, hembras y machos. Se encontraba el hombre en la plenitud de su alegría cuando un día se le fueron también las fuerzas, y se murió.

Helí se murió como se mueren todas las cosas, de cansancio. Especialmente en aquellos días la causa de la muerte de los hombres era ésa, el trabajo. Morían reventados. Estaban los impuestos, los diezmos, los intereses. Los trabajadores apenas si llegaban sanos a los cuarenta; a los cincuenta estaban medio muertos. A los sesenta ya estaban muertos. Sólo los ricos y los tiranos llegaban sanos a los setenta. El que llegaba a los ochenta o era un santo o era un monstruo. Helí, padre de José, no fue ni lo uno ni lo otro. Sólo otro currante vendiendo cara la vida de sus hijos contra tablones y clavos. Así que cuando se murió el Cielo se llevó a su gloria otro de los buenos.

Como vemos la Muerte les estaba siguiendo a sus enemigos los pasos. No teniendo quien empuñara la espada contra ellos, la Muerte misma arremetía directamente contra las dos casas mesiánicas. Invisible, silenciosa, golpeaba con la única arma a su servicio: las tijeras de las Parcas. Ciega, la Muerte escribía en las familias de sus enemigos páginas negras. Mas desde la luz del que gobierna el destino del universo dejaba Dios moverse a sus anchas a la Serpiente.

Pero dejémonos de crónicas del Infierno y de su derrota. Volvamos a poner los pies en tierra firme. Para recordar ruinas y miserias siempre hay tiempo.

Tras la muerte de Helí, hijo de Matat de Belén, el Derecho de Primogenitura convirtió a José en padre para sus hermanos y hermanas. No comprendía este derecho el deber de permanecer soltero hasta que el último miembro de su casa hubiese formado su propia familia. De hecho, el matrimonio con la Hija de Salomón -María era por entonces su Prometida- se acercaba cada año que iba pasando. José debía tener unos veinte años aproximadamente cuando su padre se fue al Paraíso de los buenos. María debía tener unos pocos menos.

Por esas fechas fue cuando se murió el padre de María. Y así fue cómo los dos hombres que se juraron casar a sus hijos desaparecieron de repente de la escena. Toda su vida soñaron con verlos casados, y de la noche a la mañana un giro del destino les robó de los ojos el sueño.

¿Qué iba a ser desde entonces del futuro de aquel juramento que hicieran Jacob de Nazaret y Helí de Belén delante de Zacarías, hijo de Abías, sacerdote?

Idos los dos, muertos quienes que se comprometieron a unir en matrimonio a José y María cuando la edad lo dictase, María y José quedaban libres para seguir adelante y tomar o no por propio el juramento de sus padres. ¿Qué harían? ¿Cómo obligar a José a mantenerse soltero hasta que el último de los hijos de Jacob de Nazaret se casase?

“Hijo mío, sé sabio ante Dios y sus siervos. Ninguna recompensa satisface la condición del ser humano con más plenitud que el ajustar nuestros pasos a su sabiduría. No somos nada, nadie somos cuando se trata de pesar la decisión entre hacer nuestra complacencia o hacer la de nuestro Señor Dios. Pon tu confianza entera en su Omnisciencia, tu fe deposítala en su brazo todopoderoso, que nunca falla el tiro ni yerra piedra. Tú conoces su voluntad; no le des la espalda. Yo me voy, pero El permanece y se queda contigo. Él te guiará hacia la victoria de nuestras Casas. Su ángel escribirá en su Libro: Dijo Dios, y así se hizo”, José se crió con consejos de esta naturaleza.

 

 

 

LA SEÑORA ISABEL

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