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LA ESTRELLA DE LA MAÑANA

 

 

ENSAYO CORINTIO

Sobre el Reino del Hijo de Dios y La Libertad del Hombre

CRISTO RAUL Y &S

 

 

PRÓLOGO

 

La Historia Divina de Jesucristo por su propia naturaleza tiene que provocar un grave choque intelectual en la mente de todos quienes sus pensamientos han sido formado por creencias ya precocinadas en las confesiones de los últimos siglos y milenios. De todos modos, trataré de ser lo más directo y sencillo posible a fin de que la naturaleza de la Verdad Divina, el Legado de Cristo a todos los hijos de la Iglesia, no oscurezca la Luz de la inteligencia que nos ha de guiar a través del Camino de este siglo.

Imposible sin embargo me ha de ser evitar el choque entre la idea que se tiene del Origen de la Caída de la Humanidad en el infierno de la Guerra, en cuyo sangriento campo llevamos viviendo va ya para siete mil años, la Verdad que le impidió a Dios perdonar el pecado de su hijo Adán sobre el terreno de su tiempo, y la Fuerza que arrastró a ese otro hijo de Dios, de nombre Satán, a retar a Dios a consumar su Obra de la Formación de la Plenitud de las naciones del Género Humano a la imagen y semejanza de los reinos ya existentes en su Creación. Sujeta esta Respuesta a la Necesidad de la Muerte de Cristo, la inteligencia cristiana ha deambulado por el mundo del pensamiento a fin de por el poder de la sola Razón comprender cuál fue la Causa de aquél Abandono por la parte de nuestro Creador, amantísimo del Género Humano, por el pecado de un solo hombre entregado a la Muerte, y arrojado a los pies de Satán como si el ser humano ni hubiese sido creado por Él en persona para ser elevado a la condición de hijo de Dios, y participar de su Vida Eterna junto a su Hijo Divino, nuestro Rey, Jesucristo.

La incapacidad de los teólogos profesionales de todos los tiempos para penetrar en la mente de Dios, sellada por el Silencio a que el Espíritu Santo hecho Hombre fue sometido, vino a ser, en definitiva, el terreno en el que la Semilla de la Cizaña de la División de las iglesias encontró tierra fértil, como la Historia de la Iglesia nos enseña, en cuyos capítulos vemos una y otra vez cómo la división mortal que condujo a Caín a matar a su hermano Abel vino a reproducirse una vez y otra entre los Cristianos: desde el Arrianismo a la Guerra de los 30 Años.

Cualquiera que niegue o piense que aquella Guerra Europea Civil Religiosa fue algo diferente a un Fratricidio Maligno, ése se equivoca. La tarea de este Ensayo no es otra que, obedeciendo el Poder de la Voluntad de mi Dios, al que mi voluntad se pliega, y aunque no lo entendiese yo así es Su Voluntad la que me mueve; la meta de este Ensayo, después de haber analizado en Cristo Raúl contra el Anticristo, y Lutero, el Papa y el Diablo, las raíces anticristianas de las Confesiones Protestantes; la meta de este Ensayo es ahora quitarle al Dios Oculto de la Reforma la máscara y descubrir ante todas las iglesias el verdadero rostro y el nombre de ese “dios oculto”, no otro que Satán, un hijo de Dios hasta que se levantó contra el Padre Eterno, y hermano del mismo Adán contra el que vistiéndose de Enviado del Dios de dioses levantó el hacha asesina que le puso fin a su Reino.

Pero si arrancarle al “Dios Oculto de la Reforma luterano-calvinista” su máscara y mostrarles su verdadero rostro a los ojos de todos los encerrados en la prisión de la teología anticatólica fuese el último puerto de este Ensayo, aunque bueno de por sí no conduciría a ninguna otra parte que despertar sentimientos enterrados. La Promesa Divina “tu Descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos” no ha consumado su gloria. La Reforma hizo subir del infierno una guerra fratricida en cuyos fuegos y tragedias se ocultó el Acontecimiento Maravilloso de la Unión del Hijo de Dios con la Iglesia, de quien deviniendo Él su Señor, y Ella su Esposa, Dios les suscitaría esa Descendencia sobre la que la Gloria de la Libertad de los hijos de Dios se haría realidad. Nadie creerá que el Matrimonio Divino de Cristo con la Iglesia fuese bendecido por Dios con la esterilidad. Al contrario, en la Unión del Señor con su Esposa, la Iglesia Católica, la Promesa de Invencibilidad, natural al Señor, pasó a ser la Herencia de su Descendencia Espiritual. De aquí la Necesidad de la Muerte del Testador. Realidad Divina sobre la que estando al corriente por Obra y Gracia del Espíritu Santo habló Pablo cuando escribió aquello de “la creación entera aguarda con el corazón en un puño la gloria de la libertad de los hijos de Dios”; sobre lo cual en El Evangelio de Cristo según San Pablo, ya he dicho lo suficiente, pero que nunca lo suficiente es bastante cuando la ignorancia pesa como un velo de hierro sobre los ojos de la inteligencia. De hecho, siendo Ellos verdaderos hijos de Dios acorde a la Imagen y Semejanza de Cristo Jesús, ¿estaba negando que Ellos tuviesen y gozasen de esa Libertad? En absoluto debemos decir. La gloria de la libertad de la que estaba hablando San Pablo se refería a la Libertad de la Inteligencia a imagen de la Inteligencia Divina una vez el Silencio de Dios, expuesto a la Necesidad de la Muerte de Cristo, quedase suspendido para su Descendencia, siendo la Libertad del Espíritu de inteligencia su Herencia. Pues el acceso al Conocimiento de todas las cosas permaneció cerrado. La Fé devino la Llave a la Gloria, de manera que sin el Conocimiento de todas las cosas y sólo por la Fe de San Pedro, que confiesa “Señor mío y Dios mío”, la Salvación fuese un Hecho. Pero la Libertad que procede de la Inteligencia a la imagen y semejanza de la Inteligencia de Cristo Jesús, esta Libertad fue sellada con Su sangre en Su Testamento, legada a su Descendencia, viva en su Esposa, preñada de la Palabra de Dios, Herederos de la Invencibilidad de su Señor, Padre y Rey, quien siendo Dios Verdadero de Dios Verdadero es Invencible en sus Actos y Obras.

Así pues, quiso Dios que la Respuesta a la Pregunta de su Hijo “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” fuese dada a conocer a todas las naciones cuando los tiempos se consumasen, sobre cuyo Fin el Espíritu Santo escribió para dar Testimonio de la Casa de Cristo, cuando aún su Madre era, como quien dice, una Niña, escribiendo : “La creación entera aguarda expectante la hora de la libertad de los hijos de Dios”, entendiendo y comprendiendo evidentemente a los hijos del Cielo, el Unigénito y Primogénito a la Cabeza, pues diciéndole Dios a su Hijo: “Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos en el escabel de tus pies”, limitó el Poder Divino de su Corona, a la vez que prometiéndole que su Descendencia conquistaría las puertas de sus enemigos, una vez nacida, dicha Limitación del Todopoderoso Rey y Señor de Cielos y Tierra a intervenir en el Futuro del Género Humano, su Creación, cesaría para siempre en beneficio de la Gloria de su Padre, YAVÉ Dios, y la Salvación de la Plenitud de las naciones.

En dos direcciones, entonces, mira la Cuestión de la Cruz,

1: ¿por qué aquella Condena sobre todos por el pecado de un hombre?,

y 2: ¿por qué limitar el Todopoder de su Hijo una vez consumada la Redención?

Aunque en La Historia Divina de Jesucristo he expuesto las causas generales desde el Pensamiento de Cristo, acorde a quien es por el Espíritu su hijo, es hora, una vez abierta la Puerta al Pasado, es hora de recoger el hilo, seguirlo hasta nuestro Presente y abrirle al Futuro un campo de riqueza sin límites, natural a la Divinidad del Rey de todos los cristianos y Señor de todas las iglesias, cabeza de todos, la Fuente desde la que Dios alimenta a su Creación entera, y por Amor a Él todos devenimos parte de la Vida Eterna del Señor y Dios de la Sabiduría, YAVÉ, cuya Morada es Sión, el Monte desde el que su Hijo y su Casa gobiernan su Reino.

Así pues, no es mi intención, ni me lo permitiría el Espíritu que se me ha dado, en todo sometido a mi Rey, provocar un terremoto que pudiera poner a prueba los fundamentos de la Fe Cristiana. La Casa del Rey de la Tierra, morada de su Esposa, ya ha sido sometida a toda clase de terremotos, diluvios, y tormentas, y para la gloria de su Esposo, quien le Legó la Indestructibilidad cuando le dijo: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra ”, Victoria que está delante de los ojos de todas las naciones y sus iglesias, basta sólo levantar la cabeza y posar la vista en la Historia y Vida de la Iglesia Católica, cuya existencia ha sido causa de Persecución y Genocidio desde su Origen Divino hasta nuestros propios días, como se ve en las persecuciones a que están siendo sometidos los cristianos, ante el silencio de las naciones, silencio que, siguiendo el proverbio: “quien calla consiente”, bendice la guerra del Islam y del Socialismo contra la Fe Cristiana a lo largo y ancho del mundo. Es este mundo el que llega a su Fin, pues nacida la Descendencia de Cristo el Día profetizado por el Espíritu Santo ha amanecido, y con él la Luz Verdadera del Todopoderoso Hijo de Dios se derrama sobre todos los pueblos para su Conversión y Adhesión a su Reino Sempiterno.

Obviamente el choque intelectual que se ha de producir en quienes leáis este Ensayo procederá de la incepción de los múltiples “cristos” de letras y signos que por razones de ambición de poder y riquezas forjaron los fundadores de la División de las iglesias, quienes guiados por su ignorancia, y negando en su orgullo esa ignorancia, como en los tiempos antiguos los hombres se crearon dioses de madera y piedra, que vestían con piedras preciosas para hacer más creíble su farsa, como se ve aún hoy día en el Oriente Lejano, aquellos teólogos vistieron sus “cristos” con doctrinas seudoteológicas, en todo punto anticristianas como se ve por sus frutos: Guerras civiles religiosas, crímenes sin fin de los unos contra los otros, y aunque siendo todos hermanos por tener el mismo Dios, Señor y Rey, encontraron la manera de vestir a Caín de santo y a Abel de demonio, de esa manera conduciendo a los más ignorantes que ellos al campo del odio y del crimen fratricida.

De todos modos no hay que ir tan lejos. Basta ver cómo la División de las iglesias fue un Desprecio rotundo contra la Unidad que para todos los Cristianos, en las personas de los Apóstoles, palabras que se repiten por todo el mundo católico, pidió el Todopoderoso Señor a todos los Siervos de Dios. Despreciando esa Unidad Divina, pedida precisamente cuando la Hora de las Tinieblas rodeaba a la Cruz, quien era Profeta dejaba ver en esa Hora la Necesidad de mantenerse unido frente a las Horas futuras que la Muerte y el Diablo harían caer sobre las iglesias.

La Historia del Cristianismo, siendo una ciencia, de por sí la más alta y trascendental que se pueda enseñar y adquirir, pues ella comprende la Historia Divina y la Historia Humana, la dimensión donde Creador y Creación se encuentran; ciencia suprema nacida para cultivar la inteligencia en las cosas divinas e inmunizarla contra cualquier manipulación externa, nos enseña una Verdad que supera a cualquiera otra, a saber, que Jesucristo es el único Espejo en el que todo ser creado a la imagen y semejanza de Dios debe asomarse para ver su verdadero rostro y poner a prueba su Pensamiento contra toda Doctrina que pretenda ir más allá de la Fe del propio Cristo Jesús, Doctrina Divina legada al Espíritu Santo, que vive en su Esposa, la Iglesia Católica, de cuyo seno viene a luz su Descendencia, esta Descendencia nacida para conquistar las puertas de sus enemigos, pues si a su Esposa le legó en su Testamento la Indestructibilidad, a sus hijos nos legó la Invencibilidad.

Fuera entonces todo miedo, toda duda, toda confusión, pues como escribió el Espíritu Santo: “Todo nos pertenece, porque todo le pertenece a nuestro Padre, y siendo sus herederos en todo participamos de su Gloria como hijos amantísimos de su Padre, para quien trabajamos en la libertad de los hijos que se saben amados y tienen en su Padre libertad divina para hacer su Voluntad, no como esclavos arrastrados al campo por la fuerza del látigo, sino como quienes por amor a su padre trabajamos para Él en bien de todos los pueblos”.

En efecto, todo hombre, sea obispo, patriarca, pastor, o líder, todos somos el reflejo en el espejo de nuestro espíritu de la Luz Verdadera que ilumina los Milenios con su Sabiduría y Bondad. Únicamente Dios vive para siempre, y habiéndonos creado a la Imagen y Semejanza de su Hijo somos herederos de su Espíritu, por el que siendo mortales vivimos aquí en la Tierra como si fuésemos ya eternos acorde a la Ley del Espíritu Santo que Gobierna su Reino. Fuera de esta Imagen que se hizo Hombre, cuyas Palabras y Hechos fueron recogidos y escritos por sus Hermanos en el Espíritu Santo, no hay hombre. Por esto dice Dios en sus hijos: “Cristo, que vive en vosotros”.

Obviamente Jesucristo es la Cabeza de un Cuerpo Divino, la Iglesia, y puesto que no puede tener Dios otro Cuerpo que el que le corresponde a su Naturaleza, siendo Dios quien le ha dado este Cuerpo a su Hijo, este Cuerpo está sujeto a la Jerarquía por Dios engendrada, en todo sujeta a su Cabeza, su Hijo, en quienes se cumple lo que desde el Principio se escribió: “Buscarás con ardor a tu Marido, que te dominará”, invistiendo así Dios, antes de dar a luz a Cristo el Señorío sobre la Iglesia, a su Esposa de su propia Divinidad, cumpliéndose la Ley, “Serán una sola carne”.

Cuando, por consiguiente, decimos “SÍ” al Cuerpo de Cristo, decimos “SÍ al Cuerpo Sacerdotal por Dios engendrado” en el seno del Género Humano para la Salvación de todas las naciones, dado que el Sacerdote de Dios “es cuerpo y sangre de Cristo”.

“Serán una sola carne” está escrito. Y como sin la sangre no puede vivir el cuerpo, sin la carne no puede haber vida para la sangre.

La Jerarquía Católica fue instituida por Dios para la Salvación y Conversión de la Plenitud de las naciones a la Fe de Cristo. Y es a través de Ella que recibimos la Gloria de devenir hijos de Dios y Ciudadanos de su Reino.

Por tanto, es Deber Sagrado de todos los hijos de Dios de salir al campo de batalla. Mientras la Esposa permanece en Casa, pues el Deber de la Esposa es “apacentar los Rebaños” de su Señor, el Deber de los hijos es salir al campo de batalla y conquistar las puertas de los enemigos de la Verdad, de aquéllos que encerrando en tradiciones nacidas de su ignorancia durante los siglos de las tinieblas a que el mundo fue condenado, ésos devienen enemigos, no sólo de su gente sino también de su propia salvación. NO es pues con el hierro y el fuego sino con la Verdad de quienes gozamos de la gloria de la libertad de la inteligencia a imagen y semejanza de la Inteligencia Divina que la Invencibilidad se hace carne para la Descendencia llamada a vida antes del Nacimiento de los Esposos: Cristo Jesús y la Iglesia Católica.

Quien no comprende este sencillo Hecho se erige como Juez de Dios, quien siendo el Creador de todos tiene la Libertad de dirigir su Creación acorde a su Sabiduría.

En verdad, y adelanto reacciones, este Ensayo debe integrar una historia del Maligno, el Homicida que por Envidia del Trono del Hijo de Dios invocó a la Muerte y trajo a la Creación el Infierno de las guerras que asolaron el Mundo Divino y han hecho de la Tierra un cementerio con la boca abierta y el estómago presto para devorar al género Humano. Aunque haya tocado el origen de aquel hijo de Dios que eligió el Infierno de la Guerra al Paraíso de la Paz, de nombre Satán, la integración de esta Historia de Satán en un Ensayo con un fin más alto y hermoso puede resultar ofensiva, por los acontecimientos que expone, a todos, tanto católicos como no católicos. Nadie ignora las palabras de San Pedro: “La Fe, acrisolada en el fuego del Martirio, que se corrompe”. Corrupción profetizada de antemano a fin de que a nadie le cogiera por sorpresa sus consecuencias.

En efecto, la Historia de las iglesias está escrita. No porque unos y otros la manipulen para ocultar sus pecados lo que está escrito se va a borrar. Que desde la Barbarie se quiso hacer de la Esposa de Cristo una concubina imperial, únicamente los que no leen la Historia pueden negarlo. Cuando el Imperio Bizantino consiguió hacer de la iglesia ortodoxa griega su amante, Dios no retuvo el Brazo de su Ley, entregando el Imperio a su destrucción y a la iglesia ortodoxa griega a la esclavitud.

La Iglesia Católica Romana luchó con todas sus fuerzas contra aquella corrupción final que el sacro imperio germano quiso establecer, victoria maligna que abortó el Espíritu Santo mediante la Revolución de Gregorio VII, llamada también la Lucha de las Investiduras, a quien sus detractores protestantes demonizaron haciendo del Siervo del Espíritu Santo un apéndice de Satán, hasta que finalmente consiguieron elevar al trono al mismo Anticristo, con el mismo nombre pero con otro número, el VIII, en cuyo trono vimos la meta que Satán buscó al declararle la guerra a Dios, a saber, sentarse como un dios más allá de la ley y del bien y del mal.

No en vano, abominando Dios de esta imagen de su Divinidad en su Creación sentenció a Destierro Eterno a su autor, a quien un día antes de su Fratricidio, pues Adán era su hermano menor, participó de la plenitud de la Filiación Divina a la imagen y semejanza de la Casa de los hijos de Dios.

Por este mismo Destierro y sellada su Sentencia ad eternum gracias a la Resurrección de Jesucristo, una vez Liberado de su Prisión de Mil años, se entiende que cegado por el Odio Infinito que como fuego infernal le mantuvo vivo, Satán vino a cumplir la Escritura profética que Dios les anunció a todas sus sacerdotes hablándoles de la Siembra del Maligno, cuya consumación sería la División de las iglesias, y viendo la cual Invistió a la Esposa de su Hijo de la Indestructibilidad manifiesta: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra ti”. Lo cual no quita que la Siembra se llevase a cabo, como se ve en la división de las iglesias del año 1000 al 2000.

La Historia del Cristianismo está abiertas a todas las inteligencias. El sueño de convertir el Templo de Cristo en un replay del Templo de Aarón, haciendo de la Fe la mina de oro de la cual extraer infinitas riquezas, estuvo ahí. La corrupción de los obispos católicos durante la segunda mitad de la primera parte del segundo milenio no es un bulo.

En La Jhistoria de los Papas y la Noche de los Obispos he traído a la memoria de todos los que unos cuantos trataron de ocultar con todas sus fuerzas en la creencia que el conocimiento de esos hechos nos alejaría de la Fe de Pedro. Contra semejante efecto diré lo que el Apóstol: ¿Quién nos separará de Jesucristo? ¿El conocimiento de las obras de siervos corruptos? ¿Las negaciones de obispos que se creyeron más allá del Juicio de su Señor?

La repugnancia que causó la visión de las cortes pontificias medievales en las naciones modernas fue la tierra donde el Maligno sembró la Cizaña Maldita de la División de las iglesias. De todos es conocido que a las alturas de fines de las edades medievales la Necesidad de la Reforma del Cuerpo Sacerdotal de Cristo había sido pedida a gritos y callada a base de fuego. El río de las Protestas contenido en el dique del Dogma de la Infalibilidad Pontificia y su Inviolabilidad Divina, que le puso más allá de la Ley de Cristo, admitiendo para el Papa y su Corte Cardenalicia lo que el Espíritu Santo le prohibió bajo excomunicación a los reyes de Europa, acabó por reventar la paciencia cristiana, en todo punto alimentada por la Intervención del Maligno en la Historia del Cristianismo, quien, buscando la Destrucción de la Humanidad, necesitaba primero destruir la Unidad Universal Cristiana sobre cuyo fundamento espiritual se edificó Europa. De la Guerra de los 30 Años a las Guerras Mundiales sólo había un dique, y ese dique lo echó abajo la Reforma.

Es decir, separar la Liberación de Satán, el Maligno, de la Historia de la Iglesia durante el Segundo Milenio de nuestra Era es la viga en los ojos con la que la Reforma quiso quitarle a la Iglesia Católica la paja en el ojo.

Pero pasemos a los hechos:

 

“Capturó al Dragón, a la Serpiente Antigua, que es el Diablo, Satán,

 y lo arrojó en prisión por Mil Años”

                                Apocalipsis, capítulo 20, versículo 1

 

Delante de nosotros tenemos un muro, que los intereses de los unos y de los otros han levantado y fortificado a fin de que nadie vea al Diablo detrás de los acontecimientos que ensombrecieron los Cinco Primeros Siglos del Segundo Milenio. Desde el Cisma de Oriente hasta la Reforma, pasando por el Cisma de Occidente, la llamada Cautividad Babilónica de la Iglesia, la fuerza en el origen de la corrupción natural a todos los estamentos humanos, temporales y espirituales, partió del brazo de Satán una vez liberado de su Prisión Apocalíptica.

Aquí cabe la pregunta del por qué Dios liberó al Enemigo del Hombre. La Respuesta la he dado en la Historia Divina de Jesucristo. Pero la repito. Era necesario que toda la Casa de Dios viese con sus ojos la Maldad Irredimible de quien un día perteneció a Su Casa; pues de haber doblado sus rodillas ante Dios pidiendo Perdón y Misericordia el corazón del Padre hubiese sido conmovido. Contrario a lo que se pudiese esperar la Irredención de Satán era Maligna: prefería reinar en el Infierno a ser un simple ciudadano en el Reino de Dios.

De no haber Dios dejado en libertad al Enemigo de su Reino se hubiese podido creer que la Crueldad aplastó en Dios su Misericordia. Nada más infame y maligno que creer que el Corazón del que se dice es Amor y el Amor es Dios pueda apartar de su espíritu la Compasión, y Misericordia por seres creados del polvo del Universo.

Puesto Satán en Libertad, en la plenitud de sus facultades mentales e intelectuales, a él y sólo a él le correspondía decidir entre pedir Perdón, aun cuando su Pecado había sido terrible, o mantenerse en estado de Guerra eterna contra la Casa a la que una vez perteneció y participó de la Gloria de la libertad de los hijos de Dios. Sin esa Liberación la Misericordia de la Justicia Divina hubiese sido puesta en duda y su Amor por sus hijos expuesto al terror.

Mil Años es tiempo más que suficiente para reflexionar y cambiar ante la Sentencia de Destierro Eterno de la Creación, y también para incubar el Odio en el fuego de un infierno que, alimentado por la Muerte, juraba caer como diluvio letal sobre la Tierra.

La decisión era de Satán. Y él eligió ser el Diablo, el hijo de la Muerte, el Rey del Infierno.

Sus hechos están escritos en la Historia del Mundo; más adelante entraré en ellos, no los tocaré en este momento.

Sobre la marcha volveré a ellos cuando el momento lo pida.

Justo es decir ahora que todas y cada una de las naciones que compartimos el Mundo llevamos en nuestras almas y nuestras mentes tremendas y profundas cicatrices. Mismamente como nuestro cuerpo está conectado a la naturaleza de los Cielos y de la Tierra, así nuestra Mente está conectada a la larga cadena de guerras que el Género Humano hemos padecido durante estos seis mil largos años pasados.

Pensar que recibimos de nuestros padres exclusivamente el cuerpo es una ilusión. De ellos heredamos una Mente forjada en los fuegos de una guerra fratricida mundial, de proporciones apocalípticas en el último siglo. De la misma forma que ese cuerpo que recibimos de ellos viene con agujeros negros genéticos que nos pueden arrastrar, y de hechos arrastran a muchos a una muerte prematura, y a una vida difícil de soportar, igualmente nuestra mente viene aquejada de prejuicios nacionales, vicios sociales, conductas perversas. Lo contrario, creer que cada Mente es una página en blanco, es pura fantasía.

El Trabajo de nuestra Generación es cerrar estas Corrientes malignas, y legar a las generaciones futuras una Mente liberada de las taras, tanto corporales cuantos espirituales, que nosotros hemos heredados de nuestros padres y de las cuales por el Espíritu de inteligencia que nos ha sido dado nacemos libres.

NO debemos perpetuar un sistema fundado sobre el fratricidio y la ruptura en rebelión abierta contra la Ley Natural Divina. Somos “el Hombre”; todos somos partes de un Mismo Ser, que por Obra y Gracia de Dios ha sido elevado a la plenitud de la gloria de la libertad de los hijos de Dios a Imagen y Semejanza de Jesucristo.

Pero ¿quién es ese Satán, la Serpiente Antigua del Edén, el Diablo, el Dragón mencionado en el Apocalipsis?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO PRIMERO

 

ORIGEN DE LOS HIJOS DE DIOS “NO DE ESTA CREACIÓN”

 

Buscando comenzar con buen pie diré que debemos admitir una ignorancia formal sobre quién fuera o es dicho Satán en cuanto la fuente de nuestro conocimiento sobre quien desde su Condena Final por Dios y su Hijo conocemos más bien como el Diablo. Es verdad que, aunque la Biblia no habla mucho de este Satán, una vez hijo de Dios, el Libro Divino contiene la información suficiente para identificar su existencia y definir sus propiedades. Dios, en sus siervos, los Padres de la Iglesia, delinearon la personalidad de este Sujeto Maligno a quien el Señor apartó de su lado con aquellas palabras célebres para la eternidad: Vade Retro Satanás.

Así pues, aunque desde el principio la Biblia sigue la posición del Señor Jesús, lo cierto es que dice lo suficiente para dibujar en nuestro espíritu la verdadera personalidad de este monstruo del Mal que consumó su Maldad desterrándose a sí mismo de la Vida Eterna. Es al Libro de Job adonde debemos dirigirnos para comprender la naturaleza maligna de aquel que siendo un hijo de Dios desterró de su Corazón al Padre Divino, eligiendo la Muerte como su verdadero “dios”, y el Infierno como su reino.

Superficialmente leída la historia de Job, en su incapacidad intelectual para comprender las cosas de Dios, alguno podría entregarse a creer que esa manera de tratar la vida humana como si fuese un trapo de cocina o un actor de relleno, nos debe abrir los ojos a Dios como un déspota para quien el hombre, el valor del hombre, está en su uso y disfrute, y una vez consumado el acto, como si fuese papel usado, se le arroja a la papelera. El absurdo en esta interpretación es innecesario recalcarlo; todo ignorante habla acorde a su discapacidad intelectual para penetrar en el Pensamiento de Dios, y nadie puede entrar en la Mente Divina sino de la mano del Pensamiento de Cristo, con lo cual quiero decir que si bien amar al prójimo como a uno mismo es de ley : este amor no obliga a discutir con ignorantes de vocación la profundidad, extensión y riqueza de la Verdad Divina.

Ver para creer.

De todos modos, sin necesidad de mover un paso en dirección a la incredulidad que procede de la ignorancia por discapacidad intelectual, hay que afirmar el Derecho Formal de Dios a intervenir en su Creación según en su Sabiduría lo considere mejor y más bueno para el Universo de sus criaturas. La Responsabilidad Creadora Divina contempla el Universo como un Reino sin Fronteras sujeto a una Ley Todopoderosa que gobierna el comportamiento de todos los Ciudadanos acorde a la Libertad del Espíritu Creador que en todos vive y se manifiesta en la creatividad de la inteligencia de todos los hijos de Dios. Creados a su Imagen y Semejanza el Sello de su Naturaleza Creadora es el origen de la Civilización. Entrar a discutir este Derecho del Creador es operar una autolobotomización en aras de no dar el brazo a torcer, cuando cualquier creador sobre el terreno puede explicar en qué consiste ese derecho por el cual sólo él y nadie más que él tiene el derecho universal sobre su creación; mientras esté bajo su Propiedad puede hacer con su obra lo que quiera acorde a su voluntad.

El Caso de Job pertenece a este Derecho del Creador a intervenir en su Creación mirando a un bien universal, cual es darnos a conocer la relación original entre Satán y Dios.

Aquel mismo Satanás contra el que el Hijo de Dios escribió sus palabras: Vade Retro Satanás, es el mismo Satán que vemos en el libro de Job acercarse a Dios y hablar con Él como la familiaridad de un hijo a su padre.

La pregunta cabe: ¿Tanto dolor para una información tan corta?

Pregunta en verdad sin fundamento cuando vemos que en ninguna otra parte de su Libro nos habla Dios tan directamente de su relación original con Satán. En Job se nos presenta a Satán, el mismo Satanás a quien Jesús mandó de paseo al Infierno, como un hijo de Dios, uno más entre aquellos hijos de Dios quienes “viendo que las mujeres de los hombres eran hermosas se acostaron con ellas y tuvieron hijos, que llegaron a ser los héroes de los mitos de la Antigüedad”, mitos que andando el tiempo pasarían a ser los dioses de los pueblos del mundo nacido de la Caída del Reino de Adán, forjadores de las religiones sangrientas que llenaron con sus guerras y sacrificios humanos la Historia de la Humanidad.

Evidentemente esta conexión entre aquellos hijos de Dios, “no de esta creación”, es decir “no de nuestro Mundo”, y las Mitologías y Religiones de la Antigüedad, algunas de ellas aun presentes en nuestro tiempo, ha sido obviada por los historiadores de la Historia Antigua de la Humanidad una vez asumido el prejuicio anticristiano como propiedad científica ante el que todo “sabio según el mundo moderno” debe doblar sus rodillas. La laguna de esa forma creada en la Memoria del Género Humano es el agujero negro en el que se hundió el Siglo XX.

La trascendencia de la información que nos pasa Dios en el Libro de Job es vital a la hora de comprender qué pasó en el Edén y quién fue el Homicida que usando al Primer Hombre que llamó Padre a Dios le declaró la Guerra al Espíritu Santo. De hecho, la ignorancia sobre esta Identidad nos descubre la causa de la oposición de los Judíos a la Redención Cristiana, pues de haber conocido a aquel Satán “como hijo de Dios” hubiesen podido entender la Ley y descubrir quién era el Redentor, “porque -en palabras de San Pablo - si hubiesen conocido quién encarnó al Cristo Redentor, hijo de Eva, el Vengador de la sangre de Adán, jamás hubiesen puesto un dedo sobre Jesucristo”. Pero no conociendo a uno ni al otro por lógica tenían que alistarse al lado de Satán y contra Cristo; es decir, de la misma manera que su padre carnal, Adán, cayó en la Tentación manipulación mediante, así su hijo, el Judío, cayó en la Vergüenza Universal que le supuso a su familia haber levantado Cruz contra el hijo de Eva. En lugar de levantarse en guerra contra Satán se pusieron de su lado y, contra natura, mataron a su propio hermano, hijo de Adán, Jesucristo. Mas esto, aunque los Judíos sigan dándole la espalda al Hecho, es del conocimiento de todos; así que seguiré con el tema.

De hecho, reto a cualquiera que conozca la Biblia de la pe a la pa a descubrir, fuera del libro de Job, otro pasaje en el que la relación e identidad original entre Dios y Satán esté especificada abierta y sin complejo. Es en el libro de Job y únicamente en el libro de Job donde Dios nos introduce a su relación original “de padre a hijo” con ese Satán, quien descubrió en si al “Diablo” y se nos manifestó en el Evangelio como “el Maligno”. Y finalmente el propio Dios, en el Epílogo de su Libro, el Apocalipsis, finaliza identificando a la Serpiente del Edén con este Satán, el Diablo, el Maligno, el Dragón de La Historia Divina de Jesucristo. Identificación apocalíptica gracias a la cual el propio Génesis se transfigura, y donde leemos “la Serpiente” leemos “Satán”.

Transfiguración final que enmarca la Caída a una Guerra entre los hijos de Dios “no de este mundo”, quienes convirtieron la Tierra en su campo de Batalla, siendo usado el Primer Hombre, Adán, hijo de Dios, como hacha de Declaración de Guerra Final contra el Espíritu Santo. Razón por la que el propio Espíritu Santo encarnó a Cristo.

El Hombre fue sólo el cuerno de guerra que en boca de Satán llamó a todos los suyos a lanzarse contra el Espíritu Santo.

Discapacitados, por vergüenza unos, y por intereses privados otros, permaneció vigente la interpretación absurda, propia de idiotas intelectuales, de haber sido el Pecado de Adán el Sexo. Y esto cuando unas líneas antes se lee que Dios bendijo al hombre y a la mujer a multiplicarse y henchir la tierra. ¿Primero bendice e inmediatamente maldice?

Partiendo de esta interpretación para discapacitados intelectuales, discapacidad a la que fue condenado el mundo por efecto de la Transgresión de Adán, las teologías y teorías que han visto la luz durante los siglos y milenios pasados supera los límites de acción de este libro. Únicamente recalcar que sostener el Sexo como el Pecado Original es hacer de la discapacidad intelectual Vocación y de la Ignorancia un modo de vida.

¿O acaso había otra forma de Procreación y Reproducción de la raza humana que no implique el acto sexual? ¿No es el acto sexual el modus operandi de reproducción de todos los Mamíferos que existen sobre la faz de la tierra?

Entonces, si donde está escrito “la serpiente, la más astuta de todas las bestias”, ponemos Satán, el dilema encuentra su tumba. Satán era la Serpiente, la Serpiente estaba en él.

Esto de un sitio. Del otro, diciendo Dios: “la más astuta de todas las bestias”, el Autor Divino nos revela que Satán no estuvo solo en la Declaración de Guerra al Espíritu Santo, a la par que nos lo presenta como el Líder de la Rebelión que los condujo a todos a usar la Sangre del menor de los hijos de Dios, Adán, como Tinta con la que declararse en Conjura Abierta a Vida o Muerte contra el Reino de Dios; una vez el Reino de Adán entregado a la Guerra no habría marcha atrás.

Es por esto que el Espíritu Santo en los Apóstoles dice: “Cristo, prototipo de Adán”, de manera que por la Corona del Hijo Mayor de Dios podamos ver la Corona “que bajó del Cielo” y sentó en el Trono del Edén al menor de los hijos de Dios, Adán, padre de Abraham, padre de Jesús, hijo de María, y que como el Reino de éste estaba por extenderse hasta los confines del mundo, igualmente el de su padre Adán estaba comenzando su andadura universal cuando vino a cruzarse en su camino ese otro hijo de Dios, de nombre Satán, y sus bestias asesinas, conjurados para matar al Hombre como medio de alcanzar un Fin diabólico maligno, infernal: Tentar al Hijo de Dios con la Fruta del Árbol Prohibido: LA GUERRA.

Lo otro, interpretar literalmente la Caída, creer que “érase una vez cuando los animales tenían uso de la palabra”, que realmente el Tentador fue “una serpiente de cuento de hadas” es arrancarse la inteligencia y renunciar a ser hombres. Cuando el Hijo de Dios le dijo a sus Discípulos “sed inocentes como palomas y astutos como serpientes” ¿acaso les estaba pidiendo que se convirtiesen en palomas y serpientes gracias a un conjuro de magia?

Pero dejemos de escarbar en este agujero a ninguna parte.

La Serpiente del Edén estaba en Satán, y Satán era un hijo de Dios. Ambos, Satán y Adán, hijos del mismo Padre Divino, era natural que Dios tomase como asunto personal el Homicidio de su hijo menor por parte otro hijo de Dios, quien, como dice la Escritura, “ya había acorneado antes”, y lo volvía a hacer sin miedo alguno a la Traición Absoluta que representa intervenir en la Creación de Dios acorde, no a su Sabiduría sino, a la voluntad propia.

Sobre si Adán era legítimo hijo de Dios basta recordar la Genealogía de Jesús, hijo de David, hijo de Abraham, hijo de Adán, hijo de Dios.

Un hijo de Dios, “no de esta creación”, “no de nuestro mundo”, se levantó, contra la Voluntad de Dios, traicionando a Dios, su Padre: para matar a otro hijo de Dios, nacido en la Tierra.

¡Qué más natural que otro hijo de Dios fuese llamado a Vengar la muerte de su hermano Adán!

La Ley de Dios era clara: “De la sangre de un hombre por la mano de otro hombre clamaré Venganza”. Vemos que la naturaleza del Delito, en razón de la Traición, clamaba Venganza. Es decir, la Traición de Satán y sus bestias se había situado más allá de la Misericordia que le es inherente a la Justicia.

Lógicamente si de un hombre “por la mano de otro hombre”, de la sangre de un hijo de Dios “por la mano de otro hijo de Dios” vería la sangre satisfecha su reclamación. Siendo ambas cosas, hombre e hijo de Dios la Víctima de la Traición de Satán y sus bestias asesinas, el Misterio de la Encarnación del Todopoderoso Hijo de Dios se hizo se hizo. Pues si el muerto era hijo de Dios, el Primogénito de Dios era hermano de Adán.

En fin, este Tema ya lo he desarrollado en La Historia Divina de Jesucristo; me limito a refrescar la memoria. Lo que el Traidor y sus aliados no concibieron jamás, aunque ya Dios lo anunciara diciendo “Haré una obra que aunque os la contara no la creeríais”, era que el Amado de su Padre, la mano derecha del Creador, “su Niño”, Jesús, fuese a ser el Elegido para el Día de la Venganza de YAVÉ DIOS, como dice el Profeta, contra el Dragón, la Serpiente Antigua, el Diablo, Satán: “Día de ira y de cólera, día de venganza”.

Para todos nosotros “Día de Alegría y Felicidad eterna”.

Discutir la Legitimidad de la Elección de su Hijo Unigénito, “Dios de Dios”, para Vengar la Muerte de un hijo de Dios creado del Polvo, y asesinado por otro hijo de Dios igualmente creado del Polvo, es negar: de un lado, el Derecho de Dios a intervenir en la Historia de su Creación, y del otro lamentarse por la Muerte de la Bestia, quien esperando un duelo a vida o muerte contra otro hijo de Dios de su misma naturaleza creada se vio enfrentado al Todopoderoso Hijo del Señor del Cosmos, cuyo Verbo es Dios.

Es más, la Elección de su Unigénito para encarnar al hijo del Hombre invistió a toda la Creación de la Naturaleza de este Hijo Sagrado, en quien su Primogenitura dejó de ser “un teatro”, acorde a Satán, para manifestarse como un Hecho Divino, causa de nuestra Alegría Infinita y Fuente de nuestro Amor hacia nuestro Creador, porque gracias a ese Hijo sabemos que, aunque hijos por Adopción, pues que nuestro Padre es ese mismo Jesucristo, “Dios de Dios”, por Él devenimos “verdaderos hijos de Dios”, amados como hijos, Hoy y por la Eternidad.

Gracias a Él, “Nuestro Padre que está en los Cielos”, la Historia Divina y la Historia Humana se hicieron una sola Realidad, una sola Ciencia, una sola Vida. La Memoria Viva de esta Unidad Indestructible y Sempiterna vino a encontrar un Cuerpo en la Iglesia Católica, a su Esposa y a la Madre de su Descendencia: Romana porque esta Adopción a título Divino se hizo aquí en la Tierra, y Apostólica porque la propia Historia de la Iglesia es la Vida de la Esposa de su Señor y Rey Nuestro, Jesucristo, y por tanto Historia Divina.

Nuestra Madre pagó con lágrimas de sangre el Camino al otro lado de la Caída del Imperio Romano; resistió el terremoto que derribó los cimientos de su estructura; y se mantuvo de pie, con las poderosas piernas de su Fe, frente al tsunamis de las Invasiones de los Bárbaros. Ella y solo Ella, la Santa Madre Iglesia Católica, aunque la Descendencia de su Esposo estaba en su Seno en forma de Promesa, levantó los cimientos de la Civilización Europea Cristiana que, andando el tiempo, cubriría con sus ramas los confines de la Tierra.

De las cenizas del Mundo Antiguo hizo Dios, en Ella y por Ella, renacer el Ave de la Civilización.

Negar su Origen Divino es negar la Divinidad de su Esposo y Señor, Jesucristo. Ergo, es negarnos la Veracidad de nuestro Origen Espiritual, quien haciéndose Hombre y tomando Esposa Humana nos ha engendrado para ser hijos de Dios, no como como quienes viven de prestado en la Casa de Dios sino como quienes tienen por Padre a Dios.

¿No ha quedado demostrada la Divinidad de quien se hizo Hombre en la Indestructibilidad de la Casa que vino a Edificarle a Dios?

Siglo tras siglo, durante dos milenios esa Casa permaneció atacada por Judíos, Romanos, Bárbaros, el Islam, la Reforma, el Ateísmo Científico, el Comunismo, el Socialismo, el Liberalismo; guerras internas y externas, crisis profundas y cismas fratricidas, toda clase de tormentas y diluvios, terremotos y tsunamis… nada ni nadie ha podido escribir:

“Dios dijo, y así no fue”.

Le dijo su Esposo: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra ti”. Y así ha sido.

La Gloria es del Señor, pues como se ve en la Historia del Cristianismo los siervos de Cristo no fueron precisamente los mejores embajadores de esa Divinidad Manifiesta, Sin embargo, el que esté limpio de pecado que tire la primera piedra.

 

 

CAPÍTULO SEGUNDO

 

LA CUESTIÓN DEL CRIMEN DE CAÍN,

O LA RAZÓN COMO FUENTE DE INTERPRETACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

 

 

Lo que sabemos lo sabemos por el Espíritu Santo en la Iglesia. A través de los siglos el Espíritu, derramado en sus siervos, y partiendo de la Doctrina de Cristo, nos ha conducido al Conocimiento de quien es Dios, en cuanto Padre y en cuanto que Creador. Desde San Pablo a Santo Tomás el pensamiento cristiano nos ha legado una Sabiduría sin mancha, incorrupta, perfecta en todas sus partes; independientemente del comportamiento de los siervos de la Iglesia, esta Sabiduría permanece por la Eternidad. Sobre este capítulo justo es confesar que nadie puede añadirle o quitarle a la Doctrina del Espíritu Santo sin caer en un terrible abismo.

Desde el principio de su existencia la Iglesia ha combatido todos esos intentos de acomodar la Verdad Divina a la mentalidad de los siglos; sus consecuencias fueron guerras fratricidas. Pero esto es Historia del Cristianismo y no voy a detener la marcha de este libro so pena de perder el hilo del relato ya avanzado hacia este punto.

Evidentemente el Futuro del Género Humano en la Tierra vino a quedar adscrito a la Condena por la adhesión de la primera humanidad a la Rebelión de Satanás y sus bestias homicidas, “no de esta creación” en palabras de los Apóstoles, “no de nuestro mundo” en palabras nuestras. Sin embargo, incluso en su Juicio por el Pecado tuvimos al Espíritu Santo de Abogado defendiendo la Causa del Ser Humano. Su Argumento: la Ignorancia del Primer Hombre sobre la Ciencia del bien y del mal fue el talón de Aquiles contra el que el verdadero enemigo del Reino de Dios lanzó la flecha de su Traición, encontró en la Justicia Divina un oído abierto a la Verdad.

Y tan poderosa fue la Fe del Espíritu Santo en la Inocencia del Hombre que no dudó en poner su sangre como Testimonio Vivo delante del Juez Divino. Así pues, porque hubo Ignorancia hubo Redención.

Ya lo sabemos, esta es la papilla teológica con la que el propio Espíritu Santo alimentó a la Esposa del Señor. La Escritura fue validada por la sangre del Abogado Divino, cuyo Espíritu se posó en los Apóstoles, quienes amando a su Hermano en Dios siguieron su Ejemplo poniendo su sangre a servicio del Testimonio de Cristo Jesús, el hijo del Hombre. Y es que Dios Padre, aún en su Cólera contra la Bestia, no podía olvidar que Adán era una Criatura en su Infancia Ontológica, preservada de la Sabiduría que viene de la Vivencia del Árbol Prohibido. El Enemigo del Espíritu Santo usó esta Inocencia para clavarle la lanza de su Traición a Dios en el pecho.

Lo que buscaba la Bestia ya lo sabemos, buscaba la transformación del Reino de Dios en un Corte de dioses más allá del Bien y del Mal.

Fue contra esta Idea Maligna que Dios levantó la Pena de Muerte, igual a Destierro Eterno de su Creación, de todo ser que siguiera andando por ese camino. La Puerta había sido cerrada, cualquiera que la abriese, fuera quien fuese, firmaría contra sí mismo la Pena escrita por el Delito.

De la Respuesta del Hijo de Dios al Traidor “Vade retro Satanás”, y por esta respuesta sabemos que la Envidia que consumía a ese Bestia tuvo su origen en la Demencia de querer la Criatura ponerse en un plano de Igualdad, en cuestión de Poder, con su Creador. Y de la Doctrina de Jesucristo, heredada por su Esposa, la Iglesia, sabemos que la única Relación de Igualdad posible que existe entre el Creador y su Creación se basa en el Amor. Por esto el Espíritu Santo dice “Dios es Amor”. En este Amor del Creador a su Creación, Dios deviene Hermano y Padre, Rey y Esposo. Fuera de este Vínculo Todopoderoso y Eterno, establecer una relación con Dios desde el Poder es Locura, y quien se detiene en ella sin querer darle el alma a la Sabiduría dirige su existencia hacia el Abismo.

Insistiré en este Principio: El Amor de Dios a la Vida marcó el Origen de la Revolución que le abrió a Dios la Puerta de la Creación. Y este Amor es del que se dice “Dios es Amor”. En consecuencia, todo paso hacia afuera de este Camino es principio de locura.

El caso de Caín y Abel nos enseña una lección inolvidable en ese terreno de nuestra Relación con nuestro Creador.

Caín interpretó la Palabra de Dios sobre el hijo de Eva, su madre, según la razón humana. Era él o su hermano Abel en quien Dios depositaría el Martillo de la Venganza con el que el heredero de Adán le aplastaría la cabeza a la Serpiente Maligna, y por su Victoria recogería el Trono Perdido.

Pero Dios, según la “razón sola” de Caín, tenía puestos sus ojos en Abel. Era él o su hermano; si quería ser el elegido para vengar a su padre, desterrado de su reino y recoger su cetro, debía matar a su hermano Abel. Pensando esto Caín estuvo poniendo a Dios contra las cuerdas. Y aunque Dios intentase corregirle él siguió en sus trece: Muerto Abel, Dios no tendría más opción para Vengar la muerte de Adán que al asesino de su propio hermano.

Caín interpretó la Palabra de Dios desde “su razón sola”.

Olvidando Caín que Dios no es hombre al interpretar desde “su razón clara” la Palabra Divina en su ignorancia se puso con Dios en un mismo plano de Poder, se hacía Igual a Dios al obligar a Dios a elegirle a él, Caín, una vez muerto Abel.

Retar a Dios a una Guerra a vida o muerte, mediante su Traición, es lo que hizo Satanás. ¡Satanás pretendió ponerse en pie de Igualdad con el Señor y Creador del Nuevo Cosmos¡ Su locura era absoluta.

Mas si en el caso de Caín, como en el de su padre Adán, la Ignorancia fue real, en el de Satán y sus bestias malignas ni existió Ignorancia ni Inocencia. De verdad creyeron que podían echarle un pulso al Señor del Infinito y de la Eternidad: YAVÉ DIOS, Padre de Jesucristo, y poner al Espíritu Santo de rodillas.

El Espíritu Santo que vive en el Padre recogió la Ignorancia de Adán para la Redención, y la Venganza por la Tragedia del Género Humano como Juicio Final contra la Serpiente, Satanás, el Dragón, el Maligno, el Diablo, la Bestia.

Luego observamos que aquel comportamiento de Caín, queriendo interpretar la Palabra del Creador del Nuevo Cosmos y Padre de la Vida, como si se tratase de un igual el que habló, es decir, desde y con la Razón Sola, fue la herencia que los hijos de Abraham heredaron por el pecado de su padre Adán y finalmente los condujo a hacer de Caín contra el Nuevo Abel, Jesús, hijo de David, hijo de José, hijo de Dios.

Este comportamiento racional anticristiano no desapareció del mundo con el Nacimiento de la Iglesia, de quien antes de nacer ya se declaraba el Rey de los Cielos y de la Tierra : SU Esposo.

Al contrario, en los días de los mismos Apóstoles la Palabra del Hijo de Dios fue interpretada, una vez tras otra, desde la Razón Humana, y, Arrio, cayendo en el mismo error de Caín se entregó a Fratricidio de su hermano Católico. El Espíritu Santo defendió su Doctrina haciendo Fuerte a la Iglesia, hasta darle la Victoria en el Concilio de Nicea, estableciendo entonces las Naturaleza del Dogma como los límites del Pensamiento entre el Hombre y Dios, entre el Creador y su Creación.

Como ya dije antes, Dios cerró estos límites profetizando contra quienes usasen su Razón, clara o sola, iluminada u oscura, para interpretar la Palabra Divina.

Dios no se interpreta, Dios se revela.

Desde Arrio a Lutero y Calvino, pasando por los Cerularios Bizantinos, los Caínes que se proclamaron en Guerra Santa contra el Dogma del Espíritu Santo llenan las páginas de la Historia del Cristianismo, pues si no hubiesen derramado sangre sus historias pertenecerían a la Historia del Pensamiento Eclesiástico; desde el momento en que se declararon por la muerte de los Católicos, sus hermanos de cuna, sus Guerras pertenecen a la Historia del Cristianismo.

“Haced lo que os dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen” no es un consejo, es palabra de vida eterna. Pues la Obediencia de toda la Creación está sujeta a Dios, y sólo a Dios, de tal manera que aquellos que se alzan entre Dios y sus hijos, entre el Rey y su Pueblo Universal para imponer su voluntad sobre ellos: se condenan ellos mismos delante de Dios, y Él los juzgará de acuerdo a su Poder. O como dice el Apóstol, hablando en nombre del Espíritu Santo en todos, “Nada ni nadie puede separarnos del Amor de y a Dios”.

En definitiva, la Palabra de Dios no se interpreta, se encarna en su Creación. Y viniendo de Dios permanece en Dios. Pero quien rechaza la Revelación del Espíritu Santo en la Iglesia, siendo la Doctrina de su Esposo su Herencia eterna, y sujeta la Palabra Divina a la Interpretación de su Razón, haciendo de Dios carne y polvo, ésos no vinieron de Dios. Cometieron el Pecado de Caín, querer echarle un pulso a Dios, ponerse a la altura del Creador, y obligar al Señor y Dios del Infinito y de la Eternidad a hacer su voluntad. Y este mal es el origen del mal en el mundo nacido de la Caída.

La Iglesia no interpreta la Palabra de Dios, Ella es la Encarnación de la Revelación legada a la Humanidad por su Esposo y Señor. La carne es humana, pero el espíritu es Divino. La carne se corrompe, pero el Espíritu permanece en Ella por la Eternidad.

Estos son los Hechos. La Historia de los Apóstoles no es una historia de sus palabras, sino de sus Hechos. Ellos no crearon una Religión Nuevas. Ellos no crearon un Nuevo Templo de acuerdo a lo que en sus cabezas creyeron debiera ser el Templo de Dios. Quien le construía Casa a Dios entre los hombres era su Hijo, ellos trabajaban a su servicio, y su trabajo era sembrar la Palabra de Dios acorde a la Doctrina de su Hijo. Una vez su trabajo consumado, el Espíritu Santo viviría en la Casa de su Esposa, protegiendo sus puertas contra el infierno de las guerras que la Muerte y el Diablo desatarían contra Ella durante los dos milenios venideros.

La Vida de la Esposa de Cristo no estaba ni está en interpretar la Palabra de Dios, sino en defender su Naturaleza Divina y transmitirla en la pureza de su Santidad. Contra quien siguiendo a Caín busca interpretarla acorde a su Razón, Dios cerró su Libro diciendo:

“Contra quienes añadan o quiten palabras a este Libro las plagas descritas en este Libro sobre ellos”.

Aún así la Historia del Cristianismo está llena de Caínes, todos “reformadores”, todos y cada uno en Guerra Santa contra la Esposa del Señor. Y esto en olvido de la Ley Todopoderosa contra la que se estrelló Satanás y sus bestias: “No comas, o morirás”.

El Fruto del Árbol Prohibido es la Guerra. Y entre ellas la más Abominable a los ojos de Dios es la Guerra Santa, pues en ella Caín usa el Nombre de Dios para bendecir el asesinato contra Abel, su hermano.

Hasta aquí la Cuestión del Crimen de Caín.

La cuestión de la Inviolabilidad del Poder, demandada por los hijos de Dios, no de esta creación, no de nuestro mundo, en razón de su Filiación exigiendo de Dios Padre la elevación de sus hijos a la condición de dioses acorde a la imagen intelectual que ellos se habían forjado sobre lo que debe ser el Poder de tales seres; a esta demanda de tales hijos, liderados por Satán, Dios Padre respondió elevado la Ley a su Naturaleza Divina: La Ley es Dios. La Ley Divina tiene su Origen en el propio Ser Creador y participa de la Plenitud de su Naturaleza. La Omnipotencia y el Todopoder de Dios se incepta en la Ley, no como un traspaso de algo que no tiene desde algo que tiene ese Todopoder y Omniptenciapa. Para nada. La Palabra de Dios es Ley, la Palabra de Dios es el Verbo, el Verbo de Dios es Ley; ergo : la Ley es Dios.

Diciendo Dios Padre: "Quien coma (del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, es decir, haga la Guerra contra sus hermanos), morirá", Dios Padre alza la Pena de Muerte contra cualquiera, sin excepción, que transgrede la Ley. Sentenciando a Muerte a todo hijo de Dios que crea que por su Filiación está más allá de la Ley, Dios establece la Paz Universal de su Reino sobre la base eterna de una Justicia que no puede admitir ni admite ni admitirá jamás, por la eternidad, existencia fuera de esta Ley.

“Todos sois dioses”, (en razón de su Paternidad Creadora) les dice Dios a todos sus hijos, “pero moriréis como cualquiera de los príncipes”. Diciendo esto: Dios sujeta la “Divinidad” de sus hijos a la Ley de la Paz Universal natural a la Fraternidad entre todos los Ciudadanos de su Reino. La Ley de la Paz no distingue entre hijos e hijos. Desde el más pequeño al más grande, desde el Ciudadano más humilde de la Creación de Dios hasta el mismo Primogénito que se sienta a su Derecha, la Ley se alza como un sol de justicia cuya luz despliega la Gloria de la Libertad Divina sobre la plenitud de las naciones de su Reino.

La Paz no es un interludio entre dos estados de guerra sino el Estado Natural del Reino de Dios. Este Estado Divino no se basa en una Teoría del Poder, adaptable a los tiempos y al crecimiento de la Inteligencia de los pueblos. Este Estado se funda y se sostiene en la Palabra del Creador del Cosmos. Su Palabra es Ley. La Ley marca las lindes del Camino de su Reino en la Eternidad, le abre horizontes al Infinito y crea un Crecimiento sin límites a la luz de la Paz que esta Ley engendra.

Dios es Creador. No crea para a la vuelta de la esquina destruir su propia obra. Su Obra es el Árbol de la Vida de los Mundos de su Creación, creados para disfrutar de esa Vida Eterna que le es natural a Dios y le es sobrenatural a todos los seres. Una Obra de esta Naturaleza que hace del Árbol de la Vida un Reino de Mundos en constante crecimiento, y mundos creados en universos distintos en el Espacio y el Tiempo, no es una Creación que pueda concebirse dejando a la Improvisación los fundamentos de su Estado. El Fruto del Árbol de la Vida en el Cosmos deviene un Reino, cuyo Rey es el propio Dios, quien como Creador y Padre establece un Código de Leyes de Valor Universal: al que le deben, independientemente de su Origen en el Espacio y el Tiempo y de la condición social en este Reino de cada individuo, Obediencia todos los Ciudadanos de su Reino.

En términos concretos decimos que desde el primogénito de Dios hasta el hijo más pequeño del Creador, todos los Ciudadanos de Su Reino vivimos y somos por la Ley, de manera que si la Ley no estuviese fundada en el Verbo Divino y su origen fuese una concepción temporal adaptable a los tiempos: nuestra existencia no podría realizarse en el seno de la Libertad natural por el Creador establecida para toda su Creación. Es a Él y sólo a Él a quien le pertenece establecer los Fundamentos de la Justicia Universal gracias a cuya Luz todos los pueblos, independientemente de nuestros orígenes en el Espacio y el Tiempo, somos.

El Verbo es la Palabra de Dios, la Palabra de Dios es Dios. "Dios dice y así se hace", es la leche vital con la que el Creador nos saluda. La Palabra de Dios es Ley para el Cosmos entero. En su Infinito y en su Eternidad el Cosmos tienen en la Palabra de Creador su Ley. Intelectualmente hablando es demencia creer que seres creados del cuerpo de este Cosmos podamos existir fuera del Verbo. Por esto la Iglesia recibe el Dogma como Herencia en el Testamento de su Esposo. En este terreno la Inteligencia no tiene palabra que decir.

“El Verbo es Dios, y el Verbo se hizo carne” no son palabras lanzadas al aire como carne para lobos.

Dios dice “Haya Luz”, y la Luz se hace, Dios dice :”Lázaro, levántate”, y Lázaro se levanta.

Cualquier posición de duda sobre la Naturaleza de este Verbo es negar a Dios y lanzarse al abismo de la destrucción, cual le sucedió a Jerusalén. Abismo al que se lanzaron aquellos hijos de Dios que teniendo delante la Ley: “El que coma del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, morirá”, creyeron y pensaron que podrían enfrentarse a la Sentencia y encontrar un camino de burlar a la Ley. En palabras directas: creyeron poder poner de rodillas al Verbo de Dios a sabiendas que el Verbo es Dios.

Aquel querer ponerse más allá de la Ley Universal que sobre todos los pueblos extiende la Luz de la Paz del Rey Dios y abre delante de todos nosotros el camino a la gloria, en cuanto hijos de Dios, de una Libertad Maravillosa; aquel acto maligno y demencial impregnó la naturaleza del Poder entre los hombres, tal que por disfrutar de ese Poder Satánico por el que unos hombres se creen más allá de la Ley y tienen en sus manos el Poder sobre la Vida y la Muerte de los demás; esta demencia maligna devino natural en los pueblos surgidos de la Caída del Reino de Adán. Su enfermedad los llevó de la corona a la condición de los dioses. Ser rey era ser un dios.

La Historia de la Antigüedad está escrita. Los dioses de las mitologías antiguas fueron los hombres que elevaron sus coronas a la condición de los dioses a la imagen y semejanza de Satanás. Dios creó al Hombre, y a todos sus hijos no de este mundo, a la Imagen y Semejanza de su Hijo Primogénito, Jesús.

Satán trajo una imagen maligna, que hizo de los reyes de la Tierra verdaderos demonios para sus semejantes los hombres.

La Historia de Abraham no es incierta. Cando el hijo de Ur Nammu viste su corona de divinidad la rebelión de las casas patriarcales que liberaron a la tierra de Ur de los invasores Gutis requería la alianza de la casa patriarcal de Noé para consumar la caída de la Tercera Dinastía de Ur. La fuerza militar de la casa de Abraham la vemos en acción derrotando a los reyes de las ciudades estados vecinos. Pero Dios no le permite a Abraham a aceptar la corona que se le ofrece; el tiempo del "hijo de Eva" no había llegado aún. La casa de Sert había aprendido de la muerte de Abel por Caín que la Venganza y la Redención brillaban muy lejos en el futuro. Sin mirar atrás e importarle si era llamado cobarde o traidor por los otros patriarcas de Ur, Abraham siguió su camino.

Dicho esto, la pregunta parece evidente. ¿La Ley implica igualmente al Primogénito de Dios? Porque por la Santa Madre Iglesia sabemos que ese Primogénito es Unigénito, y siendo Él el Modelo abierto por su Padre a la Creación leemos que somos creados a su Imagen y Semejanza, comprendiendo en este Acto Creador a todos los hijos de Dios, de esta creación, o no de esta creación, pero nadie le es su Igual. Somos creados a Imagen y Semejanza del Primogénito de Dios para ser hijos de Dios, pero el Primogénito es Unigénito : “Dios Verdadero de Dios Verdadero, no creado, engendrado de y por y en la misma Naturaleza Increada del Padre”. Somos dioses, pero todos moriremos como cualquier ser creado, pero quien es Dios de Dios y su Palabra es el Verbo, Éste no puede morir. Así pues, la pregunta regresa a su posición: ¿Incluye la Ley de la Pena de Muerte contra la Transgresión de la Ley contra la Ciencia del bien y del mal a este Hijo Todopoderoso y Omnipotente, engendrado por el propio Dios Increado de su propia Naturaleza Increada?

Ya vimos que Adán, el Género Humano, fuimos un peón en una Guerra contra el Espíritu Santo que ya había escrito Dos Guerras, no en este mundo, sino antes de la creación de nuestro mundo. La Tentación tenía por verdadero objetivo darle a ese Unigénito a probar la fruta del árbol maldito. ¿Mantendría Dios su Ley si quien encontraba en la Guerra un fruto apetecible era su “Niño”?

La Ley abole toda Inmunidad, toda Impunidad, toda Inviolabilidad. La Ley establece que todos los seres son responsables de sus pensamientos, palabras y obras y son llamados a responder de ellos delante de la Justicia Divina, Justicia Incorruptible, Todopoderosa e Inmarcesible que sujeta a todo ser a su Paz.

Satán y sus hermanos malignos quisieron abolir esta Ley y eligieron vivir en Destierro eterno de la Creación a vivir en un Reino gobernado por una Corona Incorruptible e Insobornable cuya Cabeza es la primera que se arrodilla ante el Verbo de Dios. Movidos por su Poder los reyes de los pueblos reclamaron para ellos este status maligno. Lógico y natural era que la rebelión se hiciese perpetua entre los pueblos antiguos y que los rebeldes una vez en el Poder reclamasen para si la Ley que por el fuego y el hierro ellos abolieron. LA LISTA REAL SUEMRIA nos abre los ojos a las luchas de las Ciudades Estados Mesopotámicas entre Adán y Noé por el Reino de las Cuatro Regiones, entre cuyas dinastías se pasaron la Vara del Imperio sin llegar a ninguna parte; el rebelde contra el tirano devenía el próximo tirano contra el que rebelarse. Así hasta que la degeneración del comportamiento humano bajo la regencia de Satanás se le hizo insoportable a Dios. El Diluvio enterró en el barro al mundo nacido de la Caída.

Pero como la cabra tira al monte apenas los pueblos superaron el susto y las generaciones se olvidaron de la pesadilla vivida por sus padres, la Historia comenzó a repetirse. Tener el Poder era la meta, y como quien tiene el Poder hace la Ley investirse de divinidad, o sea, vestirse de inmunidad, inmunidad e inviolabilidad, a imagen y semejanza de Satán, volvió a ser el pan infernal de cada día que los reyes hicieron tragar a los pueblos hasta la Venida de Cristo.

La Respuesta del Unigénito y Primogénito de Dios a la Tentación era esperada por la creación entera con el corazón en un puño. Por la creación entera: sí, pero por Dios y sus profetas: no.

Por Obra y Gracia del Espíritu Santo el mismo Verbo se hizo Hombre. Si por la Encarnación supimos que el Espíritu del Padre es el Espíritu del Hijo, por la Resurrección sabemos que la Adoración del Hijo por la Sabiduría de su Padre es infinita y eterna, y que es en esta Sabiduría, no en el Poder Absoluto de un Dios Tirano y Monstruoso a la imagen que Satanás quería imponerle al propio Creador, que la Ley tiene su Origen.

El Todopoderoso Hijo Unigénito y Primogénito de Dios puso su Corona a los pies del Trono de su Padre y se declaró un Humilde Ciudadano de Su Reino, como todo hijo de Dios: sujeto a la Ley, en cuyas Manos puso su Vida.

NO es necesario recalcar el Grito de Victoria que se oyó en el Mundo Divino: “Toda Gloria, Todo Poder, Toda Majestad al Cordero de Dios".

Así pues, la Imagen y Semejanza a la que fuimos creados y de la que fuimos apartados por el Pecado, recibiendo en su lugar un ídolo monstruoso a imagen y semejanza del monstruo que Satán llevaba, esa Imagen se hizo Hombre. La Iglesia, su Esposa, heredó el Dogma y la Ley, esa Ley por la que todo ser es responsable de sus actos, y en razón de la cual la inviolabilidad, inmunidad e impunidad de los reyes y los poderes civiles denuncia a sus actores como discapacitados intelectuales por cuya incapacidad son declarados exentos de toda responsabilidad sobre sus actos.

Primero en el caso de San Ambrosio contra Teodosio el Grande y después durante la Lucha entre Enrique IV y Gregorio VII vimos cómo esa Herencia Maravillosa se mantuvo firme hasta que la Reforma tomó por suya la Defensa de Satán y elevó a los Reyes Protestantes a la condición de reyes de la Antigüedad, y revistiéndolos de la condición de los dioses por Dios condenados al Destierro Eterno de su Creación. La Reforma recreó para nuestro conocimiento el Fratricidio Maligno de Caín contra Abel; tanto más perversa la Rebelión de los Reformadores contra la Ley Universal de Dios por en cuanto Caín no conoció a Cristo, pero ellos sí.

En cuanto cabezas de las iglesias, los reyes protestantes fueron adorados como dioses a la imagen y semejanza de Satán.

La Ley Universal Divina por la que todas las criaturas somos Iguales ante una Justicia Inmaculada la Reforma Protestante la pisó. Aplastada y desterrada del comportamiento de los Poderes Nacionales, civiles y monárquicos, de Enrique VIII a Luis XIV, el mal se hizo más y más endémico. Los reyes hicieron partícipes de su Poder Maligno a sus Cortes. De manera que cuando llegó la Democracia el Poder adoptó como status quo propio la condición de inviolabilidad de los reyes.

Tal es la Herencia del Siglo XXI. Las inmunidades parlamentarias y las inviolabilidades de los poderes estatales es el núcleo germinal de una corrupción pandémica que por fuerza debe arrastrar a las naciones a la guerra civil. Donde antes hubo un rey hoy cientos de cabezas usan corona.

 

CONCLUSIÓN

 

Luego llegamos al punto fundamental, la piedra angular sobre la que esta está edificado el Templo Cristiano, a saber, la Libertad a la imagen y semejanza de Dios. En efecto, observamos que el Juicio de Dios contra Adán no fue el mismo contra Satán. La misma justicia humana levanta una diferencia entre la autoría intelectual del delito y el brazo ejecutor del acto delictivo. Cuando la justicia observa que se ha producido una manipulación del brazo ejecutor del delito en base a su ignorancia sobre la naturaleza de la acción delictiva consumada y las consecuencias que se derivan de su acción punitiva, el juez recoge esta ignorancia como causa de beneficio a su favor; beneficio penitencial para el ignorante en razón de su inocencia en el origen de la concepción del delito a que fuera arrastrado a ejecutar sin conocimiento de causa de la intención final buscada por el acto delictivo, es decir, la naturaleza maligna del efecto buscado; beneficio que sujeta su condena por la transgresión a redención penal efectiva, de lo que el Cielo y la Tierra es testigo en el Caso Adán y el Género Humano. Beneficio Redentor, sin embargo, del que es privado el autor intelectual del Delito Consumado, y al que viene a sumarse, a la Pena Debida por el Acto : la gravedad natural a la Manipulación, con intención delictiva, de un inocente, quien, éste, en su Ignorancia sobre la verdadera Naturaleza Maligna del acto al que fue arrastrado a ejecutar. Porque usó la Mentira, a saber, que el acto a ejecutar tenía un Principio y un Fin, en el caso de Adán, Divino, de esta forma haciéndole creer dicho Autor Intelectual al Brazo Ejecutor en la Bondad de la Acción; de este modo, porque se sirvió de la Inocencia del Hombre, para quien la Palabra es Ley, de un sitio, y de su Ignorancia sobre la naturaleza, en este caso de la Ciencia del Bien y del Mal, guardando el Autor Intelectual del Acto Criminal silencio sobre la naturaleza del Principio y del Fin inmanente al Delito, el Juez, mientras al Brazo Ejecutor le abre la puerta de la Redención, ese mismo Juez, en su Justicia Incorruptible y Todopoderosa, es decir, que no puede ser burlada ni paralizada, vendida ni comprada, deja caer sobre el Autor Maligno todo el peso de la Gloria de la Ley, que siendo Dios, como ha quedado establecido en los anteriores capítulos, descarga la Sentencia sin puerta a la Redención. Pues como sabemos y el Espíritu Santo en la Iglesia nos lo ha enseñado, y con su Doctrina hemos crecido, para que la Justicia invoque la Redención del Transgresor es necesario que la Ignorancia sobre la Naturaleza del Delito sea Desligada de cualquier posibilidad de Duda sobre la Inocencia Participativa en la Concepción del mismo. En suma, este es el Discurso que el Abogado que Jesucristo nos dio al Género Humano invocó delante de la Casa entera de Dios. Discurso Divino que requiriendo de Prueba Viva de Veracidad sobre su Sustancia Argumentativa movió a los Discípulos, nuestros Divinos Apóstoles, a andar el Camino al Testimonio de Sangre, que llamamos Martirio, y por el que el Tribunal Todopoderoso e Incorruptible de Dios que movido a Misericordia. Porque en efecto, por la Sangre de las Primera Generación Católica Romana, liderada por los hijos de Dios de la Casa de Abraham, el Tribunal Divino desplegó toda su Gloria de su Misericordia y la Gracia de su Bendición Omnipotente sobre el Argumento por la Sangre de los Edificadores de la Iglesia Católica Apostólica Romana sellado, a saber, que de haber conocido Adán y en él el Género Humano la Naturaleza Maligna de la Palabra del Tentador antes, como Abel, poner su cabeza a los pies de Caín, que alzarse contra el Espíritu Santo del Padre de la Vida en el Universo y Señor del Cosmos: YAVÉ Dios, Padre de JESUCRISTO.

 

Es por esto que el Juez Divino en el caso de Satán, una vez hijo de Dios, en razón de su conocimiento íntegro de la naturaleza y gravedad de su delito, concebido desde Principio a Fin por él, no aplica en ningún momento beneficio a favor suyo, pues si en primera instancia concibe un mal, penado por la Ley, por el otro se sirve de la ignorancia de otra persona para ejecutar el delito, confiando en que lanzada la piedra por otra mano no será reconocido el brazo del autor intelectual del crimen ejecutado.

Es decir, en el caso del Cristo contra Satán, el Juez Divino vio en Satán perfecto conocimiento de causa y efecto sobre la naturaleza de un delito, en ejercicio de sus plenas facultades intelectuales y mentales, concebido contra la Ley misma, es decir, contra Dios.

La conclusión, establecida en CRISTO RAÚL CONTRA EL ANTICRISTO, mantiene que la Libertad a la imagen y semejanza de Dios en el autor intelectual de la Caída era absoluta.

Si en la Caída de nuestro Mundo en el Infierno de la Guerra Civil Mundial, que llevamos sufriendo tantos Milenios, hubiese habido Predestinación a la manera Luterano-Calvinista, la Creación a la Imagen y semejanza del ser del Creador sería una quimera, y la Biblia enterase descubriría como una farsa colosal: farsa que haría de todo Creyente un criminal y del propio Dios un Monstruo Creador viviendo su Eternidad a costa de devorar Mundos; Creador Monstruoso ante el que únicamente un Cobarde y un Terrorista doblarían sus rodillas; Creador Maligno en el que la Revelación Apostólica : DIOS ES AMOR, descubriría ser una gigantesca farsa cósmica.

Así pues, si con su Sangre el Hijo de Dios nos reveló la Inocencia de YAVÉ DIOS, su Padre, en la Concepción de la Caída y su Rechazo, en Abominación sempiterna, hacia la estructura de la Predestinación Luterano-Calvinista, con su Sangre el Abogado Divino que descendió del Padre y del Hijo expuso delante del Tribunal de la Casa de Dios: Tanto la Inocencia de Adán en la Concepción del Delito cuanto la Ignorancia de nuestro Mundo sobre la Causa de la Caída y su Efecto Dramático, recogido por el propio Redentor desde su Cruz: “¿Por qué me has abandonado, Dios mío?”

Se ve, por consiguiente, que la Santidad de la Doctrina de la Santa Madre Iglesia Católica Romana da por Doctrina de Error el Anti-Dogma de las Iglesias Ortodoxas nacidas de la Desolación de la Iglesia Imperial Bizantina al negar que el Espíritu Santo descendiera del Padre y del Hijo; al afirmar esto se Niega la Veracidad Divina del Hijo, quien siendo el Verbo, esto es, la Palabra de Dios encarnada, en Unidad Divina con su Padre les prometió a sus Discípulos que si ÉL no se iba no vendría sobre ELLOS el Espíritu Santo, pero que si ÉL se iba ÉL les enviaría el Abogado cuyo Discurso Divino a favor del Género Humano sería expuesto delante del Tribunal de Dios; Discurso que apoyado en la Sangre extendería sobre la Plenitud de las naciones la Salvación de YAVÉ DIOS, padre de toda criatura.

Porque la iglesia ortodoxa bizantina negó esta Verdad Todopoderosa, que si el HIJO hubiese permanecido el Abogado no hubiese descendido sobre los Discípulos, elevándolos por Obra y Gracia del Espíritu Santo que vino sobre ELLOS, por el Hijo, a la Divinidad Natural a Dios Hijo, y porque permaneció negando que el Espíritu Santo hubiese venido de todos modos al Mundo sin la Necesidad de la Venida del Hijo, la iglesia bizantina ortodoxa fue echada abajo por el Padre Divino.

Porque quien niega que el Espíritu Santo es independiente del Hijo, y desciende sólo del Padre : niega que el Hijo se hiciese Hombre por Obra y Gracia del Espíritu Santo.

 

El Espíritu Santo estaba en el Hijo, por esto dice de él Dios : “Cuando vieron la estrella, la adoraron”.

Negando que el Espíritu Santo descendiera y desciende del Padre y del Hijo se niega al Espíritu Santo que, abriendo la boca de la Esposa Divina de Cristo, confesó delante de la Eternidad: “Engendrado de la misma Naturaleza del Padre, no creado, Dios Verdadero de Dios Verdadero... Amén”.

Negando, pues, que el Espíritu Santo desciende del Hijo se afirma que, sin el Hijo, de todos modos, el Hombre hubiese alcanzado, sin Necesidad de SU Discurso, la Gracia de Dios para todo el Género Humano. Afirmación maligna que condujo, por su continuación en el tiempo, a Bizancio y su imperio a la destrucción y a las iglesias nacidas de su Caída a la esclavitud bajo el yugo Islámico.

Diciendo que el Espíritu Santo no viene del Hijo se niega la Doctrina del propio Cristo, cuando dice: “Quien me ve a mí ve al Padre y al Hijo”; y “YO y el Padre somos una sola Cosa”: ergo, un solo Dios. Y esta Unidad a la manera del Dogma por el Espíritu Santo revelado: Tres Personas, un sólo Dios Verdadero. En palabras de Dios, tomando como ejemplo al hombre y a la mujer: dos personas, una sola carne. Esto es: Dos Personas Divinas, el Padre y el Hijo, pero un sólo Espíritu, el Espíritu Santo. Y este Espíritu es el que se hizo Hombre, recibió un Nombre, Cristo, y deviniendo Cabeza de la Iglesia, su Esposa, Ella misma se hizo partícipe de la Divinidad de su Esposo y Señor, como se ve por los Hechos: Indestructible a pesar de los ataques de los siglos, Invencible contra todos los que han intentado derribar sus puertas, y preñada de vida divina, a la manera de Sara, de una Descendencia, investida de la Gloria de la Libertad de los hijos de Dios, nacida para conquistar las puertas de sus enemigos.

Cuando, por tanto, el Mundo Protestante declaró Cabeza de las iglesias nacionales a sus reyes, contra Dios, que le dio al Árbol de la Vida de las iglesias por Cabeza Divina a su Hijo; contra Dios, Padre e Hijo, digo: Abominaron de Cristo y se declararon por el Anticristo. No hay justificación para semejante Delito.

Pues si por horror al Cuerpo Sacerdotal de Cristo, sucumbido en el Sueño de la Noche de los Obispos, la Protesta se hubiese dirigido contra los siervos y no contra la Esposa, permaneciendo en la insistencia, aun al precio de la sangre, en la Necesidad de la Conversión de los Obispos a la Doctrina de las Obras de Cristo, el Delito de la Decapitación de las cuerpos eclesiásticos nacionales, y la elevación a la condición Divina de Cristo, Cabeza Universal del Cuerpo de las iglesias, de los reyes locales, el Delito de Anticristianismo, es decir, entregar a los siervos del Maligno las coronas de las naciones cristianas, no se hubiese consumado. Pero desde el momento que proclamaron cabezas de las iglesias nacionales a sus reyes cometieron delante de Dios: Delito de Rebelión contra la Corona de su Hijo, y en consecuencia se entregaron al Anticristo como rey bajo el imperio del Maligno, ante quien, contra Cristo, si doblaron sus rodillas en pago por el Imperio.

Ahora bien, el que esté limpio de pecado que tire la primera piedra. El Espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía. Es lo que está escrito desde siglos antes de su Nacimiento por Moisés : “Después de mí vendrá un Profeta más grande que yo, quien no le escuche será borrado del Pueblo de YAVÉ DIOS”. Sobre lo cual es testigo la a destrucción del pueblo judío por los romanos.

Conociendo la Naturaleza Divina de Jesús, creer que sus Profecías sobre la Siembra del Maligno, la Liberación del Diablo, el Futuro de la Iglesia y sus siervos los Obispos, eran palabras de hombre y no había que darle más importancia fue la tierra en la que la semilla del Maligno encontró suelo fértil, y su Cizaña de la división de las iglesias se hizo. Los Obispos, dormidos en la Fe sobre la Indestructibilidad de la Esposa de Cristo, y los otros movidos por el espíritu de las tinieblas que en la Noche buscaba siervos para realizar su Siembra Maligna, y por lógica tenía que esconder su verdadero rostro en el hábito de un monje, tanto los unos como los otros condujeron al mundo cristiano a la Guerra Civil de los Treinta Años, legando a la Edad Moderna un Odio anticristiano cuyos fuegos n se consumarían hasta arrastrar a las naciones a las guerras del Siglo XX.

Repito, quien esté limpio de Pecado que tire la primera PIEDRA.

La Revelación Divina, entonces, dije: “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, fuera de este Discurso del Abogado Divino, que por Amor al Hombre descendió del Padre y del Hijo sobre la Casa de Cristo, sería una Mentira gigantesca. Y en esa farsa Dios se descubriría como el verdadero autor intelectual de la Caída, aquel “dios oculto maligno” de Lutero y Calvino, quien vistiendo a su creación con apariencia de Libertad, a la hora de los Hechos su criatura, en apariencia creada a su imagen y semejanza no sería más que una máquina programada para acometer una acción por su Creador escrita para ser acometida antes de su misma creación.

Juzgando a Dios desde esta Premisa Protestante, el dios oculto luterano se quitaría la máscara y descubriría en su rostro la cara del Maligno.

La Libertad a la Imagen y Semejanza de la Libertad Divina implica el conocimiento perfecto de la naturaleza del Acto a acometer, sea la que fuese esa acción.

Vemos en los “Hechos de los Apóstoles” que antes de tomar la Decisión de continuar la Obra de su Maestro Divino, el Creador mismo llueve en forma de Fuego ese Conocimiento Pleno y Perfecto del que el propio Señor disfrutó, y en base a la Libertad que viene de la Verdad tomó la Decisión de subir a la Cruz. Sin esta Verdad Plena y Perfecta, de la que el Maestro disfrutó, sus Discípulos no hubiesen podido gozar de su misma “Libertad a su Imagen y Semejanza para elegir, en la plenitud de las facultades intelectuales y mentales de las que disfrutó el Hijo de Dios, natural a Dios, entre seguirle a la Cruz o volverle la espalda”.

La Iglesia ha conservado la Palabra de su Esposo a este respecto hablando sobre Pentecostés, es decir, el día en que el Espíritu de Jesús, espíritu de Sabiduría, vendría a sus Discípulos, y por él comprenderían los fundamentos divinos de su Decisión.

Dios y su Hijo hicieron esa Promesa y la cumplieron conscientes de que una vez la Puerta a su Sabiduría abierta los Apóstoles seguirían el Camino del Espíritu Santo, Cristo, hecho Hombre.

Sin este Conocimiento perfecto del Hijo de Dios la elección no hubiese sido posible “a la Imagen y Semejanza” de su Maestro.

Así pues, tanto más gloriosa fue la Decisión de los Discípulos por en cuanto conociendo los Fundamentos de la Sabiduría de Cristo, y aún cuando vieron en Jesús adonde les conduciría seguir su Camino, apenas el Espíritu Santo entró en Ellos, derramando por Obra Divina en sus Mentes e Inteligencias el Pensamiento del Señor, no sólo no dudaron, sino que no tardaron en abrir la Puerta y comenzar a llamar a todos a la vida eterna en Nombre de Jesús.

 

Creer que hicieron lo que hicieron sin Conocimiento Perfecto del Hijo de Dios, y movidos por el Espíritu del Pensamiento de Cristo hicieron lo que hicieron, elegir entre Seguirle o Rechazarse, y creer que hicieron lo que hicieron no como una Decisión Personal sino como arrastrados por una fuerza superar a ellos que los conducía a la Cruz sin tener Conocimiento del por qué su Señor, siendo el Todopoderoso Hijo que abriendo su Boca dijo “Haya Luz”, puso en las manos de su Padre Eterno su Espíritu, esto es negar al Dios que dijo “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y a nuestra Semejanza”, o sea, un hijo de Dios, a la vez que es acusar al Creador de ser un Monstruo que Ocultó su verdadero Rostro y engañando a su Creación con esas Palabras, “a nuestra Imagen y Semejanza”, en realidad lo que hizo fue crear animales programados para ejecutar una acción frente a la que ellos no tenían poder para aprobar o rechazar, y de cuya naturaleza no tenían conocimiento en cuanto a sus consecuencias y a su naturaleza.

Esta irracionalidad maligna es la que puso Satán en la mano de Calvino, hablando sobre “la predestinación desde la eternidad”, y en la boca de Lutero, hablando “del dios oculto”.

Nada más lejos de la Verdad. Las Epístolas de los Apóstoles es la Afirmación Perfecta de la Libertad que el Conocimiento de la Verdad abrió delante de Ellos. “Nada ni nadie podía apartarlos del Amor de Cristo”. Y este Amor estuvo basado en el Conocimiento Perfecto del Espíritu de Inteligencia de Jesús, el Primogénito de todos los hijos de Dios.

Pero en fin, esta Sabiduría es la Doctrina de la Iglesia Católica desde su Nacimiento en Roma hasta nuestros días.

YO, regresando al Juicio sobre Satán y Adán, y asumiendo la Veracidad de la Palabra Divina, “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, entiendo que la Autoría Intelectual del Maligno era absoluta y en pleno uso y disfrute de sus facultades mentales, perfecto conocedor de la naturaleza y las consecuencias de su Acto, que a los ojos de Dios sería una Traición a su Voluntad, y como tal Traición le sería imputado su Crimen, creado “a la Imagen y Semejanza de los hijos de Dios”: Satán asumió su Acción con todas las consecuencias.

La Ley era clara y todopoderosa: “Si comes, morirás”. Arrastrando a Adán a la Transgresión, Satán sabía que la Pena caería sobre su cabeza. Y, tal cual, se lo juró Dios: “El hijo de Eva te aplastará la cabeza”, así sucedió.

Dios dice, y así se hace. El Verbo es la Palabra de Dios, la Palabra de Dios es Dios.

El Juicio Divino contra el Traidor a la Voluntad del Creador era inapelable, se dio a conocer en la Escritura por el Padre, y el Hijo lo selló con su Sangre.

Ahora bien, en el caso de Adán el Juez Divino vio Ignorancia sobre la Naturaleza del Delito, pues no conocía la Malignidad de quien haciéndose pasar por un Mensajero del Dios de los dioses le anunciaba que por la Transgresión devendría un dios a la imagen y semejanza de los hijos de Dios. En base a esa Ignorancia sobre la naturaleza maligna del Mensaje, el Juez Divino, aunque administrando según Ley, dictó una Condena a Prisión en el Tiempo bajo la Ley de la Muerte, contra Adán, cuyo Tiempo se consumiría una vez el Vengador de Adán se alzase como el Redentor de la Humanidad.

 

Mas la Apertura de la Puerta de la Gloria de la Libertad de los hijos de Dios, a la Imagen y Semejanza de Cristo, que vivieron los Hermanos de Jesús en el Espíritu Santo, quedaba sellada hasta el Nacimiento de la Descendencia del propio Cristo. He aquí por qué escribía San Pablo en Futuro sobre esta Descendencia a la que en su Testamento le legó el Testador la Promesa de Invencibilidad anunciada por Dios antes del Nacimiento de “Nuestro Padre que está en los Cielos”: “Tu Descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos”.

El fin de todo esto es que la Libertad está en la Verdad Plena del Pensamiento de Cristo, y esta Libertad que viene de la Verdad es la que permite a todo hombre tomar la Decisión de querer vivir eternamente o rechazar la vida eterna y preferir morir, es decir “volver al polvo”. Pues es evidente que creados a Imagen y Semejanza de su Hijo la Libertad es sagrada, y Dios no puede violentarla en tanto que Creador, y privar de la Libertad a su Creación a fin de creando animales predestinados, es decir, programados, no tengamos poder de decisión, así obligándonos “irracionalmente” a vivir eternamente.

Este acto monstruoso de predestinación anularía la Palabra de Creación a la Imagen de Dios; lo cual nos lleva a lo dicho antes, la Biblia sería una farsa, Dios no sería la Verdad, y la Creación sería un Circo dirigido por un dios que oculta su rostro detrás de palabras sin sustancia.

Al contrario, la Libertad es sagrada, decidir querer vivir eternamente o elegir morir y ser como el polvo que el viento mueve hacia el mar, esta es una decisión personal que cada hombre debe tomar.

Como Dios no podía obligar a Satán a no intervenir en su Voluntad sino a través de la Ley, a fin de que por el Temor a la Ley él mismo corrigiese su pensamiento, mismamente Dios no puede obligar al hombre a elegir entre la vida eterna y la muerte y privarle de decantarse por “la Muerte” violentando su naturaleza “divina”.

Mas habiendo existido hasta nosotros un Silencio sobre la Sabiduría del Espíritu Santo en Cristo es natural que Dios, como Padre, quiera que la Verdad Divina de Jesús se conozca a nivel universal en la Esperanza de que por el Conocimiento de la Verdad los hombres tomen la Decisión de participar en la Vida Eterna de su Creador como Ciudadanos del Reino de su Hijo.

Es por esto que se ha escrito la HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO y Dios ha dado a conocer su Voluntad Unificadora Presente, a fin de que por el Amor a la Verdad y a la Vida de nuestros semejantes todos participemos, por Amor a todos, en la Decisión de todos: Ser Ciudadanos del Reino Eterno del Hijo de Dios.

Pues la Libertad de elegir y tomar una Decisión de esta Naturaleza y Consecuencias sólo puede venir de la Verdad. Y creyendo que así como los Discípulos en cuanto conocieron la Verdad de su Maestro abrieron la Puerta de la Vida a todos, así los hijos de Dios creemos que en la Verdad está la Libertad, y que, cumpliéndose la Palabra de Vida: “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, o sea: hijo de Dios, sin violentar la Voluntad de nadie todo hombre abrazará la Respuesta que el propio Hijo de Dios abrazó: Sí a la Vida eterna en el Reino de Dios, paraíso de Paz y Justicia, de Libertad y Gozo, de Inteligencia y Sabiduría, de Felicidad, y de Amor a Dios, Padre de todos.

De todo lo cual, una vez leído lo expuesto, se entiende que la Libertad no es un acto gratuito ajeno a la inteligencia a la imagen y la semejanza Divina encarnada en Cristo Jesús. Sin el conocimiento de la Verdad Divina, por Divina: eterna, no puede darse el ejercicio de facultades mentales en plenitud de desarrollo necesario para la determinación personal sobre la que se basa una elección, cualquier elección, en este caso la Elección de vivir la Eternidad en un Reino Universal en el que su Rey y Dios viven el mismo Espíritu. Querer vivir en el Reino del Creador es una Elección Personal fruto del Conocimiento Perfecto de la Verdad que vive Dios, Padre e Hijo. La Eternidad y el Infinito le pertenecen al Dios que revolucionó la Existencia del Cosmos Increado creando en su Cuerpo un Universo en el que el Árbol de la Vida de los Mundos tiene su Origen, siendo el Fruto de este Árbol : Vida a imagen y semejanza de la Vida de su Creador, es decir, para vivir la Inmortalidad a imagen y semejanza de la Inmortalidad Divina.

Revestida de esta manera de la Indestructibilidad natural a su Creador la Vida creada en el Universo por ÉL, YAVÉ DIOS, por esta Participación en la Vida Divina de todos los Mundos creados en el seno de SU Universo, todos los seres compartimos un mismo Mundo cuyo Gobierno Universal le pertenece directamente a ÉL, YAVÉ DIOS, Creador de este Universo. Se entiende, y si no se puede comprender, se cree que un Mundo, ese Mundo del que vino Jesús, y al que regresó como Jesucristo, la Administración de los Poderes de Pueblos nacidos en diferentes partes del Universo y en diferentes tiempos, con sus propias civilizaciones, no podrían coexistir eternamente sin una Ley Universal de la que emanan los Deberes y los Derechos de todos los Ciudadanos de semejante Reino Divino. Realidad que implica la necesidad de una Inteligencia Universal, común a todos, con Raíz en la Verdad que vive Dios; pues si es cierto que cada cual se puede inventar la verdad que quiera e imponerla a base de fuego y látigo sobre quienes no puedan o no quieran aceptar esa verdad personal, el hecho es que Dios no sólo tiene la Suya sino que vive su Verdad.

Y esta Verdad se hizo Hombre, y vivió como el Cristo delante de su tiempo. Los principio de esta Verdad Divina han sido comunicados a todos los hombres por obra y gracia del Espíritu Santo que vive en la Iglesia, y sin, a saber: que Dios es Padre, que este Padre tiene un Hijo nacido de su mismo Ser Increado, que este Hijo es Dios Verdadero de Dios Verdadero, que Fios ha configurado su Mundo como un Reino Universal, y ha sentado en el Trono de este Reino Universal a su Hijo, Jesús por Nombre, el mismo Jesús que vino y se hizo Hombre para mostrarnos la Verdad que vive en Dios, su Padre, y en Él, su Hijo.

Y esta Verdad es que Dios es el Creador de todas las cosas y Padre de todos los Pueblos que viven en su Reino. Y como Padre ama a todas sus criaturas, y las ama hasta el punto de elevarlas a la naturaleza de quien es Su Familia, su Hijo Amado, Jesús, su Unigénito, quien por este Amor deviene el Primogénito de los hijos de Dios. Es en este Jesús, de quien su Padre dice: TÚ Dios, y la Casa entera de Dios dice : Dios Verdadero de Dios Verdadero, en quien YAVÉ DIOS, Señor de Moisés, Amigo de Abraham y Padre de Adán; este mismo Jesús sobre cuya cabeza nuestro mundo colocó una corona de espinas, sobre esa misma Cabeza puso YAVÉ DIOS, SU Padre, la Corona de Señor Todopoderoso, natural al Creador Divino, sobre su Creación Viva entera, y sentándole a su Diestra en el Trono del Rey Universal, declaró toda Criatura sujeta a la Ciudadanía de su Reino, Reino de Justicia y Paz, regido por la Verdad que vive en el Dios de la Eternidad y del Infinito, Padre de este Hijo cuya Vida es el latido de Su Corazón y la luz de Sus ojos.

Dios, en su Amor por la Vida de su Creación, nos presentó a su Hijo Amado, en quien vive el Espíritu de su Padre, el Espíritu de Dios, a fin de que viéndole, tocándole y oyéndole todos los hombres desechemos la fuerza del Miedo a vivir la Eternidad como Ciudadanos de su Reino, Reino de Amor y de Libertad, Reino de Fraternidad y de Creatividad, Reino, en definitiva, del Espíritu Santo, ese Espíritu que se hizo hombre, y como hombre nos llamó a todos no tener Miedo al Reto de la Vida Eterna, pues lo que ha pasado en la Tierra no volverá a suceder nunca jamás por la Eternidad en el Universo.

 

En efecto, sucedida la Caída, había una pregunta en el aire, a saber: ¿Caería el Hijo de Dios en la Tentación y encontrando el fruto de la Ciencia del bien y del mal, la Guerra, digno de su Divinidad defendería su Cultivo en el Paraíso de Dios, su Padre, como herencia de la Casa de los hijos de Dios, bendiciendo, con su adhesión, la transformación de la Casa de los hijos de Dios en un olimpo de doses todos más allá del bien y del mal?

La Respuesta de este Hijo, en cuyas manos el Futuro de la Creación entera fue puesto en sus manos, a esa Pregunta del Maligno, la dio ese mismo Hijo desde la Cruz, diciendo: “Dios mío, en tus manos encomiendo mi Espíritu”. Es decir, antes muerto que vivir en un Mundo sujeto a la Ley de la Ciencia del bien y del mal, en el que la creación, indefensa frente a la Muerte, ve convertirse el Paraíso que fue su Origen en un Infierno sin término.

Dios conocía perfectamente a su Hijo, y siendo Ser de su Ser, sabía con seguridad divina que la respuesta de su Hijo a esa pregunta sería la respuesta que el propio Dios, su Padre ,dio a conocer de su Boca: “Maldito todo el que coma del fruto del árbol prohibido”.

Pero como dice el Espíritu Santo: Quiso Dios perfeccionar a su Hijo haciéndole vivir en carne de Hombre la ley del infierno a cuyos pies fue arrojado el ser humano. No porque el Amor de su Hijo hacia Su Creación no fuese perfecto, sino a fin de que la Verdad amada por el Conocimiento fuese sellada por la Eternidad con la Sabiduría que viene de la experiencia vivida en la propia carne.

La Indefensión de la Creación, vivida por el Género Humano, y experimentada en su propio ser hasta su última consecuencia, la Cruz que procede de la injusticia del Poder y del Miedo a la Muerte, selló en el Unigénito de Dios la Abominación que su Padre vive contra la integración en su Universo de la Ley de la Muerte.

Fue sobre la Cabeza de este Hijo, en cuyas Manos estuvo el Futuro de la Creación entera, que Dios depositó su Corona, y sentó como Señor de su Reino en calidad de Juez Universal sempiterno Todopoderoso y Omnipotente. “Toda Gloria y todo Poder al Cordero de Dios” fue la Exclamación de la Casa entera de YAVÉ DIOS.

El Reto de la Vida Eterna en un Universo sujeto a un Creador cuya Personalidad pudiese dar un giro, acudiendo a la Duda Descartiana, o quitándose una máscara ponerse la contraria al día siguiente, según la Reforma Luterana, deviniendo quien hoy es Dios Amor en el Dios Maligno de mañana, este Dilema quedó resuelto en la Persona de Cristo: Dios es Espíritu y Dios es Santo; ergo, el Espíritu Santo es Dios.

El Amor en el Origen de la Creación de Vida a su Imagen y Semejanza permanece en Dios en tanto en cuanto Dios. Y siendo Dios, en tanto en cuanto Dios este Amor es Dios. Y pues que en tanto en cuando Dios, Dios es Indestructible y Eterno, el Amor del Creador por su Creación se reviste de la Divinidad Natural del Creador para vivir por la Eternidad en el Corazón de Dios.

SU Reino es SU Paraíso, SU Casa, SU Mundo, SU Cielo, SU Universo. SUS Ciudadanos somos SUS hijos, SU Pueblo, el Fruto del Árbol de SU Vida, la Casa de SU HIJO AMADO.

 

El Futuro de este Reino ha sido Blindado e Inmunizado por Dios, Padre e Hijo, engendrando en el Hombre a Cristo, el Espíritu Santo hecho carne, DIOS CON NOSOTROS.

En efecto, el espíritu de libertad del Creador y la Necesidad de la Creación de tener a Dios siempre con nosotros, ha hallado en la Casa de los Hermanos de Cristo ese Dios con Nosotros en el que el Padre y el Hijo viven, y se sienta a su alrededor para Administrar y gobernar Su Reino en la Plenitud del Poder de Dios a la Imagen y Semejanza del propio Señor Jesús.

NO hay Miedo, no hay Duda, no hay sino Temor a perder este Amor de Dios, Temor Santo, que unos hijos de Dios desecharon de sus corazones en su MALDAD queriendo enfrentar al Padre con el Creador, olvidando así que ambos son la misma Persona. Por Amor Dios lo da todo, incluso exponer a su propio Hijo a la Pasión de su Cristo, pero su Respuesta al Desprecio a la Ley de la Paz de su Reino es el Infierno.

Cada cual debe elegir entre Vivir en el Paraíso del Creador del Universo, en Expansión eterna por los campos infinitos de su Mundo, como Ciudadano del Reino de su Hijo, sujeto de Derechos y Deberes, viviendo a la Luz de la Verdad Divina y su Ley de Libertad sin límites en el seno de la Fraternidad Universal; o, por el contrario, elegir combatir este Reino aquí en la Tierra.

NO hay término medio. Con el Reino del Hijo de Dios o contra su Trono de Gloria, fundado sobre la Verdad, la Justicia y las Paz.

Lo Decisión es personal, y sin embargo el Deber de todos los hijos de Dios es echar abajo todas las puertas tras las cuales los poderes de este mundo, fundados sobre el Odio de Caín contra Abel, impiden que todos los hombres conozcan la Verdad Divina y tengan la libertad de hacer por sí mismos su propia elección, en pro de la cual, Cristo Jesús creyó que conociéndola todos los hombres adorarían a su Dios y Padre, Fe que heredó la Iglesia del Espíritu Santo de los Apóstoles y ha llegado a nosotros, Descendencia espiritual de Cristo, para combatir las tinieblas y despertar en todos los hombres el Amor a la Verdad Divina.

 

 

CRISTO RAUL DE YAVÉ Y SIÓN.