LA BIBLIA DEL SIGLO XXI

LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

LIBRO SEXTO

 

EL LIBRO DE LAS INTRODUCCIONES A LA BIBLIA

Sexta parte

 

INTRODUCCIÓN AL ECLESIASTÉS

 

“Sólo sé que no sé nada, pero sé que Dios existe”

 

He aquí el compendio de una vida de razonamiento, observación y reflexión sobre las circunstancias del género humano tal cual se nos presenta y existe; de un valor tanto más positivo cuanto quien firmó estas reflexiones fue rey, y como rey su existencia distó mucho de estar sujeta a las desesperanzas y agonías a las que los ciudadanos de a pie estamos acostumbrados desde la cuna y soportamos hasta la tumba, de menos peso este agobio en nuestros días, de un peso infinitamente más agobiante en los días de los reyes de Judá, pero no por esto menor el agobio a que los hombres de toda la vida estamos sometidos desde la cuna a la tumba. Que un rey de hace tres mil años se viese afectado por esta sensibilidad humana, en los de su clase y época una debilidad insufrible, nos da cuenta del porqué de la segunda parte de la Conclusión a que nos conduce la lectura de su panfleto: ¡Sólo sé que no sé nada, pero sé que Dios existe!

Si la primera parte de la sentencia la firmó Sócrates, la segunda podía ser suscrita únicamente por un pensador nacido en el seno de un pueblo profundamente enraizado en la creencia de Aquel Dios Eterno que con su Palabra creó los Cielos y la Tierra. De hecho la Historia del Hombre es una ruptura a la inversa del desarrollo de la Ciencia. Es decir, primero es Dios, y luego el Pensamiento que conduce a la Ciencia. Que sepamos más o menos, en cualquier extremo de las ciencias, tanto en las que se refieren a las de la materia, el espacio y el tiempo, cuanto a las que se refieren a las de la vida y del espíritu, el verdadero objetivo del pensamiento humano es la Declaración escrita en la segunda parte de la sentencia de arriba: ¡Pero sé que Dios existe!

Es decir, el Conocimiento de la Existencia de Dios no procede ni es inherente al conocimiento de las Ciencias. La existencia de Dios se respira, se transpira, no procede de la ciencia; el conocimiento de la existencia de un Ser Divino que participa de la Naturaleza Increada del Infinito y de la Eternidad, esta Realidad precede a la Ciencia, antecede al Pensamiento, es el precursor de la Filosofía, el primer motor con el que el Pensamiento inicia su viaje hacia el Conocimiento de todas las cosas.

La Historia Universal lo demuestra. Primero es la Religión. Luego surge la Ciencia. Entre Religión y Ciencia se levanta el Arte como primera manifestación pública de la Comunicación espiritual desde dicho Ser Divino al ser humano. El Autor de este librito no pretende, pues, generar una frustración en el lector, de la clase que sea; al contrario, el Autor, ascendido por el espíritu Divino, quiere transmitir este Hecho de la Primacía de la Creencia en el Ser Divino en tanto en cuanto el Conocimiento Supremo al que puede aspirar el ser humano y desde este Conocimiento, independientemente de su ciencia, ordenar su comportamiento delante de todos los demás seres humanos. Dado que la relación del Ser Divino con el Ser Humano no se basa en la Ciencia, sino en el espíritu, es con este Espíritu Divino que el Hombre debe alinear su comportamiento y desde el conocimiento del Espíritu de Dios hilvanar el mundo de sus sentimientos hacia todos los demás seres humanos.

Que un hombre sepa más ciencias que pelos tiene en la cabeza no lo sitúa por encima de sus semejantes; pues ¿de qué gloria se jactará el río al llegar al océano? ¿Se burlará el río que se funde en la mar de la fuente que en las altas montañas parió su vida? ¡Y sin embargo qué maravilloso es el viaje del río de la vida! ¡Qué precipicios no saltó, qué llanuras no cruzó, qué desfiladeros no labró, qué cauces no absorbió, qué campos no alimentó, qué estrellas no reflejó, qué número de bocas no besaron sus orillas y de sus aguas parieron especies sin número! ¿Y qué hace brillar esta aventura sino el Conocimiento Supremo de la Existencia de este Ser Divino que abriendo su Boca creó Cielos y Tierra y desde las Alturas de su Todopoder y Omnisciencia, coronadas por SU Amor a la Creación, dirige el curso de ese Río hacia su Paraíso?

El Conocimiento del espacio, del tiempo y de la materia es nada, se traduce en polvo en el platillo de esa balanza en la que en el otro brazo el Conocimiento de la Existencia de este Dios Creador de todas las cosas extiende su cuerpo, ingrávido, sutil y perfecto, convirtiendo la relación entre los hombres en el peso que decidirá hacia donde caerá el Fiel de la Justicia ¿De qué vale el conocimiento de todas las cosas si el comportamiento del hombre con los hombres es el de una criatura maligna que se goza en el mal? ¿De qué se gloriará quien es barro, polvo mezclado con el agua del río de la vida, delante de quien se alza entre Infinito y Eternidad sosteniendo con su Poderoso Brazo el Cosmos? ¿Quién se atreverá a medir su inteligencia con el Creador del Universo? ¿Dónde está quien pueda gloriarse de haberle declarado la guerra y haberle vencido en contienda pública? ¿Qué peso puede tener ante el Creador el genio de una criatura cuya inteligencia procede de su Aliento?

“Nada sé, sólo sé que no sé nada, pero sé que ÉL existe”. No hay frustración en la declaración, ni hay agonía en el reconocimiento de la vacuidad de todo conocimiento que tenga su valor fuera y lejos de su Fuente Divina. En el Comportamiento, no el Pensamiento está la verdadera vida del Hombre. En el Amor a la Vida y a Dios, su Fuente, está el Verdadero valor de todas las cosas que al Hombre le competen. Que un hombre sepa más que otro, ¡qué! ¿acaso el genio que procede de la Ciencia va a impresionar al Océano de la Omnisciencia sobre cuyas aguas Dios levanta Universos? Y sin embargo, Dios se rinde delante de la moneda de la pobre criatura que de lo poco que tiene da lo que puede. ¿De dónde viene entonces hombres de ciencias y sabios de filosofías esotéricas ese brillo de orgullo en vuestros ojos? ¿Pretendéis levantar vuestra gloria sobre la humildad de quienes por causa vuestra heredan por parte el amargo pan del infortunio?

“Conocer que Dios existe es el Principio de todas las cosas. Alcanzar el Conocimiento Perfecto de Dios en cuanto Persona, el Fin de la Existencia del Hombre”. Esta y no otra es la Sentencia que el Autor de este Librito lega a su Pueblo y al Hombre. Legado que gracias a Cristo se elevó hasta el Cielo y bajando en forma de Lenguas de Fuego nos abrió las puertas al Conocimiento Perfecto de ese Dios sobre el que el Autor confiesa conocer su Existencia, a la vez que dejó el Camino labrado para que sus sucesores, hiciesen lo imposible, extender por todas las naciones el Verdadero Conocimiento del Dios de Abraham, Señor de Moisés, y Padre de Jesucristo.

 

 

 

Séptima Parte 

INTRODUCCIÓN AL CANTAR DE LOS CANTARES

 

 

 

 

C.R.Y&S