LA HISTORIA DIVINA DE JESUCRISTO

Al que venciere le daré una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe. Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y no saldrá ya jamás fuera de él, y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.

Ap. 3,12

CRISTO RAÚL DE YAVÉ Y SIÓN

CARTA A TODOS LOS CRISTIANOS

EL ESPÍRITU DEL VERBO, ESPIRITU DE PARTICIPACIÓN

 

En el Nombre de Jesucristo: Paz y Salud.

 

Cristo Raúl, hijo de Cristo, hijo de Dios, de la Casa de Yavé y Sión, de los hijos de Dios del Cielo, por la carne nacido del barro de la Tierra, viniendo de Dios, por quien he sido enviado por el Poder de su Palabra para traeros a todos los Cristianos el Conocimiento de todas las cosas, las del Cielo como las de la Tierra, en las que he sido formado por Aquel que dijera “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, por quien he sido hecho Ciudadano de su Reino, cuya Corona EL ha heredado de Dios, su Padre. Movido por su Espíritu y siguiendo en todo su Sabiduría, por la que EL conoció de antemano el Camino que su hijo habría de vivir en este Mundo hasta alcanzar su meta: llevar el Conocimiento de la Voluntad Unificadora del Padre Todopoderoso a todas las iglesias, contra quien la Muerte habría de alzarse para impedir su Victoria, yo, Cristo Raúl, en todo Fiel a quien me engendró en el seno de su Esposa, me dirijo a todos los que sois de Dios para que hagáis cosa VUESTRA hacer la Voluntad de vuestro Creador y Salvador; en razón de lo cual, previendo mi Padre en Dios esta Hora, me ha levantado de las Tinieblas para reunir a todos los hijos de Dios, nacidos del barro de la Tierra según la carne, y llevar a cabo juntos lo que desde el Principio de nuestra Historia fue predeterminado que hiciésemos al nacer “el Día en que la expectación angustiosa de la Creación entera llegase a su fin”, y el Cielo viese el alba de este Día en que la Gloria de la Libertad del Rey, Jesucristo, y Gloria de Dios Hijo Unigénito, se abriese a la Plenitud de las naciones de la Tierra.

Así pues, sirviendo al Padre de todas las criaturas, las del Cielo como las de la Tierra, cuya Gloria es su Hijo, nuestro Rey, Jesucristo, en quien Dios tiene la Plenitud de su Felicidad, en su Nombre y con su Nombre llamo a todos los cristianos de todas las iglesias a hacer la Voluntad Unificadora Divina. Porque me ha engendrado en su Espíritu me ha sido dado el Poder de hablar en su nombre, El, Jesús, Rey, Juez y Salvador Universal; y en su Nombre, cuyo Nombre Nuevo llevo, os llamo a todos los que sois de Dios a Participar en el Proyecto de la Unificación de todos los Cristianos de la Tierra en el Árbol de la Fe, haciendo que el Conocimiento Perfecto de su Hijo llegue a todos las iglesias y sus pueblos, pues ¿si no conocen cómo sabrán cuál es el Designio de su Señor?, a fin de que habiéndoos elevado sobre todos los pueblos, pues sois el Pueblo del Rey del Cielo en la Tierra, en vosotros, con vosotros y por vosotros los demás pueblos sean liberados del Poder de la Muerte, el último enemigo de Dios y de su Creación, nosotros, sobre lo cual ya os fue profetizado por el Espíritu Santo anunciándoos esta Batalla Final entre el Creador y su Criatura contra el Enemigo de su Creación, durante cuya espera la Casa entera de los hijos de Dios ha estado en expectación constante, el corazón encogido, a la espera del Día de la Gloria de la Libertad del Rey, y Gloria del Dios Hijo Unigénito, Aquel quien con su Todopoderosa Palabra después de crear la Luz, el Firmamento y formar los Cielos para separar la Luz de las Tinieblas, levantó al Hombre del Barro para elevarlo hasta la Casa de Dios.

Día largo y duro, en verdad, pero Día, por el Designio Omnisciente de quien es el Autor de toda Sabiduría, y con su Poderoso Brazo le ha dado al Cosmos una Nueva Forma, YAVÉ DIOS, Señor del Infinito y de la Eternidad, determinado como Día de Gloria y Libertad para la Plenitud de las Naciones de la Tierra.

Día de Participación en la Gloria de esta Libertad que le traerá, sobre la Muerte, el Diablo y su Infierno, la Victoria al Género Humano, de la Mano de quien es su Salvador, Jesucristo, a cuyo Servicio todos estamos, unos como hijos, otros como siervos, pero todos como Ciudadanos de su Reino, pues el Reino de Dios en su Plenitud se ha puesto de pie delante de quien se ha levantado de su Trono, y habiendo dicho sobre el Maligno: “Que no sea hallado lugar para él sobre la Tierra”, llama a todos los hijos de Dios y pueblos de su Reino a Batalla Final contra el “último enemigo”.

Día largo y soñado, en cumplimiento del Decreto del Padre Eterno del Rey, nuestro Padre y Señor, Jesucristo, a quien por la mano de su siervo David le dijera Dios: “Siéntate a mi Diestra hasta que ponga a tus enemigos a tus pies”, a cuya Diestra, la Diestra de Dios, se sentó nuestro Salvador y Héroe sempiterno, Cristo Jesús, tras su Resurrección, a la que su Padre lo condujo a fin de mostrarnos a todos su Naturaleza Divina, conociendo la cual el Espíritu Santo le abriera a su Esposa Católica la boca para Inspiraros a todo el Aliento que da la Vida: “Jesucristo, Dios de Dios, engendrado, no creado, de la misma naturaleza Increada que el Padre. Amén”. Confesión sempiterna en la boca de todos los Ciudadanos del Reino de Dios, y quien no la proclama no es de Dios.

Y siendo ÉL quien con su Todopoderosa Palabra dijera “Hagamos al Hombre a nuestra Imagen y a nuestra Semejanza”, habiendo perdido el Hombre esa Imagen, ÉL mismo se hizo Hombre para descubrirnos en su carne la Imagen Divina del Hombre que vive en Dios, por la que Dios creó Cielos y Tierra.

Inmortal, sempiterno, indestructible, Invencible, en Obediencia a la Sabiduría de su Padre Eterno fue a sentarse a su Diestra hasta que su Padre y Dios le pusiera a sus enemigos a sus pies, permaneciendo hasta este Día la creación entera en expectación angustiante.

Ciudadanos del Reino de Dios, ése Dia ha llegado, ése Dia ha amanecido.

Nos toca a nosotros, hijos y siervos de Dios, todos Ciudadanos del Reino de su Hijo, obedecer su Decreto de Unificación de todas las iglesias y sus naciones, Unidad que fue rota por el Diablo, quien conociendo que este Día había de llegar buscó en la División la Destrucción de sus enemigos, nosotros, los hijos de Dios, de la casa de Cristo, aún cuando estábamos en el seno de nuestra Madre, a fin de que matando a la Madre no viniésemos nosotros a luz.

Como aves de alto vuelo que veis pero no podéis alcanzar a determinar su especie y su naturaleza, grandes son las preguntas y muchas las cuestiones que han volado sobre los siglos. Los siglos han pasado y esas cuestiones han permanecido.

Sabed, pues, que era necesario que Dios Padre liberase al enemigo de su Casa, el Diablo, Satanás, la Serpiente Antigua, a fin de mostrarle a toda su Creación que la Malignidad de quien fuera un día hijo suyo, adoptado, creado, pero amado como hijo de Dios, habiéndose decantado por el Infierno en lugar de por el Cielo, su salvación era imposible.

Dios no crea robots, Dios crea seres a su imagen y semejanza, y, como tal, reflejo de su Libertad. Cada hijo de Dios tiene el Poder de Obedecer la Ley que viniendo de la Sabiduría gobierna su Creación, y la Libertad de alzarse contra esa Ley aún a sabiendas de que quien la sostiene es el propio Dios, Creador de las Galaxias sin número que pueblan los espacios y que, como océano que crece sin parar, por la Eternidad extiende sus horizontes hasta el Infinito . Era necesario, entonces, que toda la Casa de Dios viese esta Verdad.

Y así fue. Liberado en el año 1.000 después del Nacimiento del Rey del Universo, Satanás, el Maligno, la Serpiente Antigua, el Diablo, se entregó a la Siembra de su Cizaña Maldita, de la que había de crecer, y creció, la División de las iglesias. ¿No habría Dios acogido en sus brazos al hijo pródigo de haber doblado sus rodillas ante quien en el Día de su Creación lo adoptó por hijo? ¿Si reconociendo la locura en la raíz de sus acciones hubiese pedido perdón y misericordia y doblado sus rodillas ante el Rey que Dios le ha dado a su Reino como su Señor sempiterno, no hubiera conmovido el Corazón de nuestro Dios y Padre, que es Amor?

Era necesario que la Casa de los hijos de Dios viese con sus ojos lo que sin verlo se hubiese mantenido por siempre en la Duda. En efecto, Mil años de Castigo no le sirvieron para nada a quien habiendo, una vez y para siempre, elegido ser Rey en el Infierno antes que Ciudadano en el Reino de Dios se alzó en Rebelión contra la Corona del Hijo de Dios buscando dividir al Padre y al Hijo, de esa manera desterrando la Unidad en el Espíritu Santo entre Padre e Hijo, Unidad Eterna e Infinita por cuya Gloria confesamos, nosotros los de la Tierra, y ellos, los del Cielo, DOS PERSONAS, UN SOLO DIOS. ¡Bendito sea Dios, Padre e Hijo, por la eternidad de la eternidade!

Largo ha sido,pues, el Día en que la Creación entera ha visto a su Rey sentado a la Diestra de su Padre Divino. Angustioso, pero por ser mayor la angustia más grande la fuerza de la voluntad de salvación que une Hoy a todos los hijos de Dios del Cielo alrededor de su Rey, a cuya Orden se despliegan por las naciones para Liberar a todos los hombres del Poder de la Muerte, el Diablo y el Infierno.

Así como los del Cielo, los hijos de Dios y Ciudadanos de su Reino en la Tierra tenemos por gloria participar en la Obediencia a la Voluntad de Dios que haciendo de todos nosotros un solo Pueblo y Nación ha de conducir este Siglo a las puertas de ese Futuro en el que Restaurado el Ser Humano a su condición natural divina el Juicio de Dios sobre nuestro Mundo sea según Misericordia, a sabiendas que el Poder de nuestro Juez es Infinito para restablecer todas las almas de su Pueblo a su Salud Original. Es la Esperanza del Cielo, por la que el propio Juez se hizo hombre para que esa Esperanza sea la nuestra, como así es.

Llamados pues a la Victoria, la Ley del Rey es nuestra Ley, y por ella, amando al enemigo como a nuestro prójimo, en todo debemos seguir el Ejemplo de quien siendo el Hijo de Dios se Encarnó para elevarnos, tanto más alto cuanto que la Imagen que nos puso Dios como Estrella no es la de quien como nosotros son hijos adoptados, igualmente criaturas del Barro, hijos de la Creación, sino la Estrella del mismísimo Dios Hijo Unigénito.

Miremos, pues, que al Primer Hombre se le dio por Estrella un hijo de la Casa de Dios, pero a nosotros nos ha dado por Imagen su propio Hijo. Porque diciendo Dios “hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, llamó al Hombre a ser hijo de Dios. Y llamando, llamó Dios a todos sus hijos, no de este Mundo, a participar en la Formación de la Civilización Mundial con la que había de ser investida la Tierra, y distribuyendo entre ellos las Familias de la Tierra, a cada Pueblo le dio por Imagen uno de sus hijos, lo cual consta en todas las escrituras sagradas de las naciones que fueron de muy antiguo.

Pero tras la Caída de aquel Proyecto Original, y viendo Dios que la Necesidad de Salvación la compartían tanto el Cielo como la Tierra, determinó Unificar todas las coronas del Cielo en Una, y darle el Reino Universal a su Hijo, quien deviniendo nuestro Salvador se alzó como la Imagen Perfecta del Hombre que vive en Dios, por Amor del cual Él mismo subió a la Cruz.

Teniendo pues por Imagen al mismísimo Hijo Unigénito y Primogénito de Dios tanto más difícil es nuestra perfección, cuanto lo es nuestra Derrota ante las fuerzas del Maligno, el Infierno y la Muerte. Pues si por un lado la Perfección a la que aspiramos se ha elevado hasta el mismísimo Hijo de Dios, por el otro nos ha sido dado su Espíritu de Invencibilidad, según la Promesa de Dios a Cristo, nuestro Padre en el Espíritu, “Tu descendencia se apoderará de las puertas de sus enemigos”. Así, si a nuestra Madre, su Esposa, le dio por Promesa su Palabra Todopoderosa de que el Infierno no rompería las puertas de su Casa, a sus hijos nos ha dado la Fuerza Divina para salir de la Casa y lanzarnos a la Contienda, y vestidos de la Invencibilidad de quien hizo nuestra Promesa de Invencibilidad a su Descendencia, conquistar la gloria de la Paz y de la Libertad para todas las naciones de la Tierra.

Sin miedo, pues, a la Muerte, a Imagen de quien es nuestro Modelo Vivo, Cristo Jesús, los Padres de la Iglesia comenzaron su andadura por los siglos hasta llegar a nosotros.

La Necesidad ya vencida, nos toca a nosotros, los hijos de Dios de este siglo, quitarnos la piel de hijos de este mundo y descubrir en nosotros el espíritu de Obediencia que nos ha sido dado por la Iglesia, Esposa del Señor y Madre de sus hijos, a fin de que deviniendo Uno la Perfección, que el Diablo quiso destruir, se cumpla, y de la Obediencia que nace de la Unidad de todas las iglesias la Palabra del Hijo de Dios sea glorificada delante de todos los Pueblos de la Creación, lo mismo de la Tierra que del Cielo.

Así que Dios nos llama a todos para entre todos hacer su Voluntad. A unos nos da la Inteligencia, a otros la Ciencia, a otros el Poder, a fin de que en todos sea glorificado el Nombre de quien es el Autor de la Obediencia de todos.

Yo, Cristo Raúl, hijo de Dios, de la Casa de Cristo Jesús, Primogénito de Dios, quien siendo Unigénito por el Amor se hace hijo con los hijos de Dios, deviniendo quien es DIOS DE DIOS uno más entre los hijos de Dios, todos creados, sólo Él Increado, de la misma Naturaleza que el Padre Eterno, criatura con su creación; yo, Cristo Raúl, habiendo recibido de Dios el Aliento de su Palabra que da la vida, llamo a todos los cristianos a participar en la Unificación de las iglesias, para llevar la Salvación del Reino de Dios a todos los hombres, sin distinción de raza, pues todos somos frutos del mismo Árbol de la Vida en la Tierra.

No os llamo yo, sino Aquel que, insuflándome su Aliento, dándome a conocer su Palabra de Vida, determina los tiempos y el modo en que para bien de todos deben sucederse los acontecimientos. Nosotros miramos EL FUTURO DE LOS SIGLOS hasta donde nuestros ojos alcanzan, pero el Creador del Cosmos y del Universo abarca con su mirada los siglos y los milenios. Su Pensamiento se mueve en la eternidad y el infinito; el nuestro apenas abarca el día siguiente. No es, pues, al hombre al que le compete mover las voluntades, si no seguir la dirección que a su vida le imprime el espíritu de Libertad que hemos recibido para en Libertad vivir la gloria de quien tiene por Creador al “Dios que es Amor”.

No cabe la Duda, ni el Miedo a la Eternidad en nosotros.

Ciudadanos de su Reino, no cabe la idea de la Derrota ni del Fracaso en nuestro pensamiento; porque hagamos lo que hagamos lo hace nuestro Creador en nosotros, y ¿quién podrá detener al Omnipotente en su marcha hacia la Liberación de su Criatura del Poder del Infierno, el Diablo y la Muerte?

Movidos por este Espíritu no nos queda sino hacernos todos Uno, en cuya Unidad está nuestra Perfección y el Futuro sempiterno de nuestro Mundo, siguiendo en esto la Sabiduría de nuestro Maestro, Jesucristo: “Que sean todos Uno como TÚ y YO, Padre, somos UNO”. Un solo Pueblo: una Única Iglesia, un Único Hombre. Todos en ÉL y ÉL en todos, haciéndonos a todos Uno en ÉL.

No os oculto que la Unificación de las iglesias es el Principio de la Restauración del Género Humano a su Condición Divina Natural. Tras seis mil años de guera civil mundial nos encontramos en un momento de nuestra Historia Universal en que la destrucción de nuestro Mundo habría de ser el efecto último de la situación determinada por el Pecado Original, cuyo efecto final, conociendo Dios de antemano esta historia, porque ya vivió este tipo de historia durante los días de la Increación, nos lo dio a conocer desde el primer instante en que se desató el Mal. Polvo eres y al polvo volverás, fue la constatación de un Hecho, el efecto lógico de la situación desencadenada por un Ignorante que pretendió dirigir la Historia Universal sin Dios, arrancarle a Dios, el Creador del Género Humano, la pluma con la que se escribe el Libro de la Vida de la Creación. Aquel Ignorante quiso ocupar el lugar de Dios, aquel Ignorante quiso ser dios entre los hombres. Pecado que se transmitió de generación en generación y condujo a los reyes de muy antiguo a proclamarse dioses, y a los emperadores de no tan antiguo a ser venerados como divinidades. Tal fue la Naturaleza del Pecado del Hombre. Pecado que se ha perpetuado, cual vemos al presente, en las religiones del Extremo Oriente, en las que el Pecado, transmutándose en reencarnaciones, persiste llamando a la Muerte.

En lo que a nuestra Inteligencua se refiere el porqué Dios se retiró de la Tierra y dejó al Hombre a su libre arbitrio, esta es una Cuestión que tiene en la Historia Divina de Jesucristo su Respuesta. Podéis entrar y leer libremente lo que el Libro contiene.

Sin embargo, y como todos sabemos, porque hubo Ignorancia, el Destino al que el Mundo fue conducido por la Inocencia Ignorante del Transgresor vino por el Camino a toparse con Dios en persona, quien, conociendo el Origen y Naturaleza de aquella Locura determinó que el Día antes de producirse el Efecto Final, que por lógica debía sucederse, el Hombre encontrase a su Salvador, quien siendo su Hijo, con su Palabra Todopoderosa escribiese desde su Presente el Futuro de su Descendencia, a la cual le dejaría un Testamento, escrito con su propia sangre, en razón de cuyo Testamento su Esposa le daría al Mundo y a Dios una Generación de hijos, nacidos de Cristo, herederos de su Invencibilidad, quienes en la Unidad del Espíritu de Inteligencia, a imagen y semejanza de la de su Padre, conquistarían las puertas de sus enemigos, con su Victoria llevando a la Humanidad de regreso a las manos de Dios, su Creador, a quien le pertenece escribir el Libro de la Vida del Hombre.

Yo, hijo de Cristo, hijo de Dios, desafiando a la Muerte y movido por el Espíritu de quien me ha dado su Nombre Nuevo para en su Nombre, Jesucristo, llamar a todos los cristianos a aspirar a la Inteligencia sin límites, para gozar de cuya Libertad hemos sido llamados, os invito a leer la Historia Divina de Jesucristo, pues este Libro contiene el Conocimiento de todos el más trascendente, sin el cual todo Conocimiento deviene polvo en nuestras manos: El Conocimiento Perfecto y Verdadero del Hijo de Dios.

Nada hay que esté fuera de nuestro alcance. El Miedo a la Muerte es el enemigo. Unidos, lo podemos todo. Divididos, aunque repitamos mil veces, Jesús es el Señor, la destrucción es el lote del Género Humano. ¿O acaso no sabe Satanás que Jesús es el Señor? Y sin embargo su Condenación ha sido firmada y sellada por Dios Padre, y nada ni nadie en este mundo ni en ningún otro mundo puede borrar lo que Dios ha escrito. ¿Cuántos enemigos ha vencido la Biblia en su Historia hasta traernos su Testamento a nosotros? ¿Los recordaré para hacer más grande la Victoria de su Autor? ¿Será menos grande esa Victoria en razón de la debilidad carnal de quienes recibieron en Herencia mantener viva la nuestra? ¿Seguiremos viviendo en la ignorancia para justificar la ignorancia de nuestros padres en la carne, aun a sabiendas que será desde nuestra inteligencia que por su ignorancia sus debilidades serán excusadas? ¿Cuántas batallas luchó Israel hasta caer herido de muerte ante los pies de Cristo? ¿Cuántas guerras ha combatido la Iglesia Católica hasta vivir la experiencia de Sara: Dar luz a su vejez? ¿Quién venció, quién vence, Israel o la Esposa de Cristo? ¿No siguen siendo el uno cuanto la otra seres sagrados a los ojos de Dios? ¿Desde cuándo no es de Dios la Victoria?

Creen los ignorantes que estableciendo su Poder sobre fuerzas atómicas y genocidios de cristianos derribarán la Fuerza del Todopoderoso en la Tierra.

Ha sido así desde el Principio de la Historia del Cristianismo, la Prehistoria de la cual es Israel. ¡Cómo iba Dios a olvidarse de su Promesa de Restauración de los hijos de Jacob en su heredad! Quienes se alzan contra Israel se levantan contra Dios, pues si fueron castigados por el Pecado contra Cristo, ¿acaso no fueron ellos mismos condenados por el pecado de su padre en la carne, Adán? Y, con todo, porque fue necesaria la Muerte de Cristo, aún en su Ignorancia de esta Necesidad, el portador del Testamento llegó a su Destino, los pies de la Cruz, donde expiró, por cuya muerte resucitamos nosotros, para llegado el Día, por el Espíritu Santo anunciado, participando de la Libertad del Primogénito de Dios, todos, lo mismo el que murió como el que resucitó, nos levantemos y haciéndonos UNO con quien es la Cabeza de este Nuevo Mundo, como lo fue Adán del Viejo Mundo que murió, gritemos Victoria delante de la Plenitud de las naciones para Gloria de nuestro Rey y Salvador, a quien siendo Dios le toca hacer la Voluntad de Dios, pues ¿quién podrá hacer lo que solo Dios a puede si no está en Dios?

Participando en el Acontecimiento de la Unificación de las iglesias, sin cuya Unidad no puede haber salvación para este mundo, condenado a su Regreso al Polvo del que fuera creado, devenimos UNO con Dios, de cuya Naturaleza nos alimentamos para crecimiento personal propio de todos en la Eternidad. Pues siendo Dios Omnisciente y habiendo sido llamados a crecer en su Espíritu de Inteligencia ¡cómo podría un hombre solo abarcar esta Omnisciencia! Por esto se derrama su Espíritu sobre todos, para que en la Unidad de Todos en quien es Dios, Jesucristo, nuestra Cabeza, su Omnisciencia nos conduzca a todos a la Felicidad de quien tiene en Dios, su Creador, toda ciencia y entendimiento, fortaleza y consejo, temor y amor de Dios.

Si a unos Dios nos da Inteligencia, a otros Ciencia, y a otros Poder, todos somos Ciudadanos del mismo Reino, Pueblos del mismo Dios, sujetos a la misma Ley, inscritos en el mismo Libro de la Vida por Derecho de Creación. Y teniendo Todos la Responsabilidad del que hereda de Dios : dar a conocer la Voluntad Unificadora de Dios es un Acto de Responsabilidad del que no puede sustraerse ningún Cristiano, Siervo o hijo de Dios, todos, en definitiva, Ciudadanos del Reino de Dios.

Yo, movido por el Amor a Quien antes de llegar este día determinó que esta Invitación se hiciera oír en medio de las Tinieblas, así lo hago. El que ama, lo hace todo por amor. El Amor es superior al Conocimiento, ¿o acaso no sabía Satanás que Jesús es Hijo Unigénito?

Sí que lo sabía, pues queriendo Dios Padre eliminar la Duda sobre la Naturaleza Divina de su Hijo Primogénito creó nuestro Mundo delante de todos sus hijos del Cielo, y viendo a Dios en su Hijo, cuyo Verbo Todopoderoso creó la Luz, el Firmamento y todo lo que la Tierra contiene, y con su Omnipotente Verbo le dio a los Cielos la Bóveda Constelacional que hasta el día de hoy tienen, por lo que el Espíritu Santo escribió en su Libro: “Al Principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios, y el Verbo se hizo carne”; aún conociendo esta Verdad, Satanás, en quien la Envidia había hecho casa sempiterna, se alzó contra Dios.

De donde se ve que el Amor es la Fuerza Omnipresente más poderosa de la Creación, y solo por el Amor los Primeros Cristianos siguieron a su Maestro a la Cruz, dando Testimonio con sus vidas que si el Conocimiento es Bueno, el Amor es Superior, que donde el Conocimiento no llega el Amor lo supera y sigue adelante. ¡Quién se gana a Dios sino aquel que lo ama sobre todas las cosas! Que Dios ante nadie rinde su Corazón sino a quien con su corazón se lo gana! Así pues, de Dios todos somos deudos; pero Dios no tiene con nadie deuda, pues siendo Padre de todos hace partícipe de todos sus bienes a todos sus hijos. Que no heredamos de Dios como quien hereda de un muerto, ni esperamos una herencia de quien está vivo y tiene que morir; al contrario, no pudiendo ÉL morir nos hace herederos en vida a todos para vivir nuestra herencia en la Alegría de quien tienen en Heredad al propio Dios.

Y, en fin, que la Libertad está en el Amor, en el que se cumple todo Deber y derecho sin necesidad de explicación.

 

Cristo Raúl De Yavé y Sión.

26/12/2018

 

“EL VENCEDOR EDICIONES”