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Esta es la Voluntad Presente de Dios:

"Unifiquense todas las iglesias en una sola y única"

 
 

LA

JHISTORIA DE LOS PAPAS

Las negaciones de Pedro y la Noche de los Obispos

Primera Negación de Cristo

Leon III (795-816)

Esteban IV (816-817)

Segunda Negación de Cristo

Siglo X.

Primera Pornocracia Vaticana

Tercera Negación de Cristo

La Forja de un Anticristo

Alejandro VI (1492-1503)

CONCLUSION :

EL FUTURO DEL PAPADO

 

Una Introducción a la Historia de la División de las iglesias

"El que esté limpio de pecado que tire la primera piedra"

 

Sería muy difícil, si no imposible, llegar a comprender la Historia de la División de las iglesias sin darle a la Palabra de Dios la omnipotencia y el todopoder que el Misterio de la Divinidad en sí representa en el seno de la Realidad que se desenvuelve entre los dos pilares básicos de la Vida: la Creación del Universo y la Formación del Género Humano a la imagen y semejanza de Dios.

Se puede estudiar la Historia del Cristianismo tomando como base de prejuicio la maldad intrínsica en las demás iglesias y la santidad de la comunidad a la que el estudioso representa. Todos los cristianos no ortodoxos, por ejemplo, son herejes y sólo los ortodoxos son los verdaderos cristianos. O aplíquesele al Protestantismo: los católicos y los ortodoxos son anticristos y sólo los protestantes son santos... porque sí.

Esta forma de raciocinio, natural al comportamiento de los historiadores y teólogos y personajes estelares de las distintas iglesias es, como se entiende sin necesidad de ser un historiador profesional, sino sólo un hijo de la Verdad, este tipo de comportamiento intelectivo peca de prejuicio subversivo contra la realidad, niega a Dios, manipula la fe, y transforma al cristiano -sea católico, protestante u ortodoxo- en un verdadero idiota.

La palabra de Dios, por contra, tiene la virtud todopoderosa y omnipotente de mantener firme su declaración y vencer toda fuerza que se le pueda oponer. En parte es el misterio de la Historia del Género Humano,  que se resume en la Palabra del Dios que en su Día dijera: “Hagamos al Hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza”, es decir: un hijo de Dios.

Observamos que el Reto que los hijos de Dios, “no de esta creación”, le lanzaron al Creador del Universo y del Género Humano, causó la Caída de todo lo edificado en condiciones perfectas de trabajo, y puso a Dios ante la disyuntiva de “abandonar a su hijo” Adán o “volver a levantar el edificio en las condiciones adversas más contrarias imaginables”. ¿Lograría Dios engendrar a ese Hombre, hijo de Dios, bajo tales condiciones?

Este fue un reto, como se ve, dirigido contra el Verbo, contra la propia Naturaleza de la Palabra de Dios.

La Historia de la Humanidad desde la Caída a nuestros días puede recrearse sin interrupción si se sigue esta línea de relación entre Dios, el Hombre y el Universo. Y, por contra, alejándose de este camino se llega a la pérdida de la Memoria Universal, con las consecuencias que una patología de esta naturaleza había de expandir sobre el campo de la Historia de la Civilización. Ahora bien, siendo hijos de Dios no creo tener necesidad de volver a abrir la boca para beber lo que en su día fuera “aquélla leche espiritual” con la que Dios, en sus hijos, de la descendencia de Abraham, alimentara al Hombre Nuevo, el Cristiano.

“Que si la fe sin la ley, que si la ley sin la fe...” estas son papillas que administrada al Cristiano ya hecho y derecho, en su adolescencia corriendo el Siglo XVI y XVII, no podían más que provocar involución en su comportamiento y, tomando este anacronismo como base de pensamiento, proceder a una profunda esquizofrenia con efectos violentos destructivos, como se viera en la Crónica de la Batalla Protestantismo-Catolicismo.

Pero lo que en aquélla Batalla de las iglesias todos los participantes, y después sus herederos, han dejado en el tintero de las cosas para el olvido: ha sido la Verdad.

Ya hemos visto que la Muerte hizo de la Tierra la Colonia Madre desde la que abrir su Infierno a la Creación entera tomando como punto de partida la Duda sobre la Omnipotencia y el Todopoder de Dios para llevar su Palabra hasta sus últimas consecuencias. Habiendo anunciado el Nacimiento de un Hombre a su Imagen y Semejanza, formado en condiciones paradisiacas al caso, el Asesino de Adán dio por sentado que en condiciones infernales de Formación el Hombre no alcanzaría jamás “el Ser” de los hijos de Dios.

Cualquiera que mire a su alrededor ve dos cosas.

Una: ésas condiciones infernales siguen imponiendo su ley y su ritmo.

Y dos: la Victoria de Dios sobre esas condiciones infernales.

Ahora bien, desde la Duda, es decir, decantándose por la Ideología del Infierno, lo contrario debiera haber sucedido partiendo de que el Verbo no es Dios. Y no siéndolo es simplemente natural que el hecho de la no aceptación de esta Realidad, por Dios y el Cristianismo, no haga sino perpetuar el estado de infernalidad bajo el que se encuentra la Humanidad.

Desde la Fe y el Espíritu, sin embargo, las condiciones de infernalidad bajo las que la Civilización ha hecho su camino hasta nosotros, existen como consecuencia de la propia Respuesta de Dios al reto de la Duda sobre la Veracidad de la Paternidad Divina sobre Jesús, su Hijo Unigénito (en el episodio del Paraiso la Duda liderada por aquél que fuera hijo de Dios en sus orígenes y acabara siendo “el Maligno”). Y así, habiendo Dios de elegir, entre las dos puertas que le abriera la Caída de su hijo Adán, abandonar el Género Humano a su suerte como aborto que no pudo completar su ciclo de formación, o volver a empezar tomando como plataforma de trabajo un campo mundial sometido a la ley del Bien y del Mal, habiendo elegido la segunda alternativa, el Mundo tal como lo conocemos existe en base a esta Respuesta.

Dios no sólo no abandona a su Hijo, el Hombre, sino que juró por su Nombre, YAVÉ, y su Casa, SIÓN, que ese Ser Humano, creado para ser su Semejante, alzaría su Cabeza sobre todas las naciones de la Tierra y sus Piernas se afirmarían a los lados del Océano. Y esto lo anuncia Dios en la persona de su Unigénito y Primogénito, y lo deja por escrito para que le sirva de Testimonio a toda la Creación.

Problema sobre problema, por tanto. La Victoria de Dios Hijo Unigénito puso en el campo de batalla entre Dios, el Infinito y la Eternidad contra la Muerte, el Diablo y el Infierno, un elemento decisivo para comprender el Futuro del Cristianismo y las iglesias. Y es que Dios no sólo “no abandonó” a su Criatura, el Hombre, sino que en la Resurrección de su Hijo, extendió sobre el Futuro del Cristianismo la Visión del Hombre Nuevo hacia cuyo Nacimiento se han ordenado todas las cosas, las del Cielo como las de la Tierra.

Arriba, en el Cielo, la entrada del Vencedor Todopoderoso y Omnipotente, Jesucristo, revolucionó toda la Historia de la Creación al sentarse a la Derecha de su Padre como Rey Universal Sempiterno y Juez Todopoderoso Supremo. El Imperio de los dioses del Cielo, formalmente suspendido cuando su Rey de reyes y Señor de señores se encarna en la Virgen María de Nazaret, queda finalmente abolido cuando el Hijo de María, se sienta a la Derecha del Dios Señor del Infinito y de la Eternidad.

Aquí Abajo la Revolución más grande jamás concebida, la Edificación del Cristianismo, procede a dirigir la Historia de la Humanidad al ritmo de la Respuesta de Dios al enemigo de la Vida a la Imagen Divina : Vida Inmortal. Y comienza la Gran Batalla Final de la Muerte contra la Vida, del Cielo contra el Infierno. El objetivo de la Muerte era y no podía ser otro, como lo dice Dios en su Libro, que la destrucción de la Semilla de la Fe, es decir, de la Iglesia, la Madre que en su seno, a la manera que Sara, esposa de Abraham, portaba en el suyo a Cristo, llevaba en sus entrañas la Descendencia de su Señor y Rey.

Adelantándose y previniendo a sus siervos, Dios escribe con la mano de sus hijos, de la descendencia de Abraham, su Palabra, a fin de que, en la Fe y por la Fe, no olviden que Cristo ha vencido al Diablo, pero el Verdadero Enemigo del Hombre es la Muerte. Y ésta, permanece Abajo, aunque descabezada, si se puede decir así, por el Encadenamiento del Campeón de su Infierno, el Maligno. Permanencia obligada mientras no se consume la Palabra de Dios y “el Hombre formado a Su Imagen y Semejanza” llene la Tierra a los ojos de toda la Creación. Este será, pues, el Origen de las Persecuciones contra el Cristianismo.

La Historia está escrita, no voy a repetirla. Pero sí voy a reabrirla. Y es que la Victoria del Cristianismo sobre sus enemigos no podía implicar en ningún caso la Liberación Final. No mientras el Verbo del Principio no se hubiese consumado. Y por tanto la Humanidad seguía sujeta a la Muerte. Y ésta, buscando la destrucción del Cristianismo, y pues que no podía vencerlo directamente, seguiría la táctica y estrategia del “cordón Sanitario” contra la Iglesia, es decir, roturar el campo donde sembrar la Cizaña de la Duda y la Incredulidad mediante el desprecio de la Razón hacia la Fe en base al comportamiento inmoral de los Pastores del Cristianismo.

Esta Estrategia de la Muerte es la que dirigiría toda la estructura de la iglesia romana a los pies del Periodo conocido como Primera Pornocracia Vaticana, o Siglo de los Papas Pornócratas, fruto de cuyo trabajo sería la Primera División de las iglesias, el llamado Cisma de Oriente.

Ni que decir tiene que si en el Occidente Cristiano la Muerte trabajaba para hacer del Jefe de los siervos de Cristo una visión dantesca, en el Oriente Cristiano la misma Muerte había edificado su obra mirando al choque que, una vez Liberado, dirigiría su hijo, el Diablo, cuya Liberación Apocalítica había sido ordenada para el alba del Primer Milenio de la Primera Era de Cristo.

En efecto, la primera victoria de la Muerte se hizo. El desprecio hacia la iglesia católica de una iglesia ortodoxa perfectamente al corriente de la Pornocracia Romana, aunque mantenido sin embargo entre los cauces de la Unidad, hizo saltar por los aires el trabajo de roturación ya hecho en el momento en que el Diablo fue liberado y arrojado a la Tierra y, moviendo peones, utilizó a Miguel Cerulario como su torre en el tablero a Vida o Muerte en el que jugaba su partida final el que fuera, una vez, un hijo de Dios.

Los historiadores de las iglesias, en particular, y del cristianismo, en general, cuando imitan a los historiadores de las cosas humanas y sujetan la Historia de una realidad Divina, el Hombre Cristiano, a los cánones científicos naturales, cometen un error terrible. El Cristianismo no existe sin Dios y sin Dios es imposible entender su existencia. Estando sujeta la Creación entera a una Guerra de proporciones apocalípticas, ¿cómo es posible historizar el crecimiento y expansión del Cristianismo sin inmiscuir en su desarrollo la existencia del Diablo, la Muerte y el Infierno? ¿Cómo ignorar la Liberación del Diablo y su infernal influencia en la Historia de la División de las iglesias? ¿O porque se acuda a la falacia de ignorar la División de las iglesias no existe Historia de la División del Cristianismo?

Es evidente y por fuerza necesario que, por ejemplo, el Protestantismo, producto de la Actuación del Diablo, ya liberado, y actuando en la Cristiandad para provocar en su seno una ruptura esquizoide violenta, deba por lógica trasponer los tiempos y proyectar la Liberación del Diablo al año dos mil, invocando en su ayuda al Anticristo.

Es sólo natural igualmente que el Catolicismo, a fin de no reconocer la inmoralidad anticristiana de Alejandro VI y su escuela anule la Palabra de Dios mediante el recurso a la Teología del Milenarismo.

Y es sólo natural que la iglesia ortodoxa a fin de no querer ver la conexión Diablo-Miguel Cerulario se limite a ignorarla, aduciendo la existencia de la Primera Pornocracia Romana como causa del conflicto y posterior Ruptura de una Unidad ya de por sí frágil.

La negación de la Realidad, como vemos, sólo conduce a la perpetuación de los efectos buscados. ¿Y cuál puede ser el efecto final buscado por el Diablo, la Muerte y el Infierno si no la Destrucción de las iglesias por la Palabra de Dios que decretara: “Todo reino en sí dividido será desolado y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá”? ¿Acaso la Iglesia no es la Casa de Dios en la Tierra? ¿Y no es el Cristianismo el Reino de Dios en el Mundo? ¿Y no es la Fe la Ciudad Espiritual de Dios en el Hombre?

¿Qué corresponde, por tanto? ¿Acusaciones mutuas? ¿Ignorar los hechos y demonizar la Verdad a fin de mantener la desconexión del Diablo con la Historia de la División de las iglesias?

Digamos lo que dijo el Espíritu Santo: “Dios nos encerró a todos en la desobediencia para tener de todos misericordia en la obediencia”.

La Voluntad Presente de Dios está abierta, y sigue su marcha hasta llegar a todas las iglesias. Mi consejo es que, visto que el Futuro de la Creación ya ha sido edificado sobre Roca, y siendo el Futuro de la Humanidad el que está en juego, todas las iglesias, lo mismo la Católica que la Ortodoxa y la Protestante, cada una con sus ramas, abandonen todas sus diferencias y disputas por supremacías y ritos y cumplan lo que está escrito: “Toda rodilla se doblará ante Dios”, comenzando por sus siervos, se entiende.

Ya sobre el papel, mi intención en este libro no es ni atacar a la iglesia romana ni defender a la protestante ni a la ortodoxa, sino conectar ante los ojos de todos, a la luz del Espíritu, el origen del comportamiento de los actores de esta JHISTORIA con su verdadera fuente, la Muerte y el Diablo.

Piensen los católicos que de no haber existido las gentes que enseguida vais a ver existieron, y de haber seguido todos el ejemplo de los Primeros Obispos, la División de las iglesias no sólo no hubiera sido posible sino que reforzada la Unidad por el Descubrimiento de las Américas a estas alturas la Cristiandad y la Humanidad serían ya una sola cosa.

Mas es evidente que el fin buscado por la Muerte y el Diablo era enterrar a la Humanidad en el Infierno de las Guerras Mundiales, para lo cual tenía que dividir al Reino de Dios en la Tierra, sumirlo en una guerra civil histórica, y abrirle a su Infierno las puertas, que con su Duda y su Ateísmo dirigiría el curso de los siglos a la Batalla Final entre el Cristianismo y el Mundo.

Ya hemos visto lo que pasó en el Siglo XX, cómo el Armagedón fue ganado por la Humanidad gracias al Cristianismo, y estamos viendó cómo la Muerte y el Diablo, conociendo que su Fin está próximo, están sembrando la Tierra de Odio con objeto de provocar una Guerra Mundial de Civilizaciones. Pero ese Fin está al otro lado de la Unificación de las Iglesias. Y ya no hay nada ni nadie que pueda detener el curso de lo que Dios ha puesto en movimiento.

Piensen los Protestantes, en todas sus ramas, que si la Muerte y el Diablo extendieron su Maldad sobre el Sucesor de Pedro, ya su Señor predijo este comportamiento en el Episodio de las Negaciones de Pedro. Y que si el Diablo pudo con el Jefe, creer que no iba a poder con un simple monaguillo, Lutero, es locura inmensa.

¿No cayó Adán ante el mismo que hiciera caer a las iglesias?

¿Y no dice Dios hablando de su hijo Adán que fue el hombre más grande que conociera la Tierra?

¿Y acaso el hecho de que Dios eligiera al Hijo de sus entrañas, a su Amado, su Unigénito, para Campeón nuestro no se debió a la naturaleza del Poder de aquel que en su día fuera “un hijo de Dios”, y como tal fue creado a Imagen y Semejanza de Dios?

En definitiva: Lutero y sus colegas esperan su defensa en la Obediencia de las iglesias protestantes de Hoy.

Piensen los ortodoxos que la Iglesia Ortodoxa de Bizancio cayó por desobediente al Mandato de Dios, quien había establecido la Necesidad de alejarse del Imperio Romano, con el cual, contra la Voluntad de Dios, el Patriarca de Constantinopla no sólo se alió con el Emperador sino que además se declaró su siervo.

Y aunque Dios da tiempo a volver a su Señorío, consumada la Desobediencia actúa acorde a Juicio, y habiendo determinado la Caída del Imperio Romano todo lo que se hallara bajo su techo sufriría las consecuencias.

El traspaso de la Segunda Roma a la Tercera determinó la misma consecuencia y por culpa de la Ortodoxia recalcitrante, buscando siempre la Autocracia del Imperio como su aliado natural, en detrimento del Señorío Universal de Jesucristo, el Pueblo Ruso hubo de sufrir el látigo de Dios contra su iglesia, contumaz y recalcitrante, provocando la necesidad de la Caida de la Autocracia Zarista como medio de liberación de su Pueblo.

Pero perderse en acusaciones y juicios es injusto.

La voluntad Unificadora de Dios no admite discusiones ni condiciones, ni tiene por fin glorificar a obispo alguno. Sólo el Señor Jesús, Esposo de la Iglesia, Madre de su Descendencia, será glorificado en la Obediencia.

¿Y quién es la Esposa de Cristo sino el Cuerpo de Cristo?

¿Y no es el Cuerpo de Cristo la Iglesia?

Ahora bien, aunque en el cuerpo el movimiento existencial obedece la voluntad del ser, cada miembro tiene sus propios movimientos y leyes.

En este Espíritu acudan todas “las vírgenes” a la Llamada, porque la que se quede atrás no entrará.

Definiendo conclusiones, aquí he tratado de darle materia al espejo donde católicos, protestantes y ortodoxos pueden ver al Diablo, la Muerte y al Infierno atacando donde más daño podía hacerle a Dios.

Que la Noche ha terminado y ha nacido el Día puede verse en el rostro del Obispo contra el que el Diablo y la Muerte lanzaron sus más duros ataques, en cuya faz la Imagen de su Origen, aunque distorsionada por la edad, según dijera Dios: “Cuando seas viejo otro te llevará donde tú no quieres”, refleja la Gloria de Dios Hijo Unigénito, Señor de todas las iglesias, Rey de todos los cristianos y Salvador de la Humanidad, quien, llegado el Día de la gloria de su libertad, extiende sobre la Tierra sus Brazos dispuesto a llevar a la Humanidad al Futuro para el que ha sido creada.

No concluya el lector, por la repugnancia del escritor ante la visión de la obra del Diablo y la Muerte, en premisas falsas. Pues Dios no le retiró, a quien eligiera para ser el Dedo que porta el Anillo de la Alianza de Vida eterna entre su Hijo y su Iglesia, su Gloria, a causa de su Debilidad en “la hora de las tinieblas”.

Pero que la Mano que porta el Anillo de la Alianza entre Dios y el Hombre: reclame para sí la Gloria de quien es la Cabeza del Cuerpo al que pertenece esa Mano, esto sí es demencia, y sin esta demencia, como sin la Ignorancia no hubiera podido engañar la Serpiente a Eva, sin esta demencia es imposible que la Muerte y su príncipe hubieran podido poner entre los Edificadores, los Apóstoles, y sus Sucesores, los Obispos -de todas las iglesias - un abismo de por medio.

Terminar diciendo que siendo Católico de nacimiento, y educado en la doctrina cristiana por siervos de Cristo, tanto más chocante me fue el descubrimiento de esta Crónica de Papas "putos" y "asesinos en serie" cuanto mayor fue y es el silencio que la Iglesia Católica mantuvo sobre estos Hechos de los Papas a la hora de la formación de mi inteligencia adolescente, en la que levantó un muro de ignorancia entre la Historia y la Realidad, en la creencia de poder mantener por la Ignorancia lo que la Verdad pondría en peligro, la Fe.

El estudio de la Reforma, previo a LUTERO, EL PAPA Y EL DIABLO me condujo directamente a los Periodos Pornocrátas, los Cismas de Occidente y la especie de los Papas Borjias. Mi Mente, forjada por Aquél del que volví a nacer en el Espíritu de Inteligencia, se encontró de repente bajo una tormenta de repugnancia y asco, a la que he podido vencer en razón de la Fortaleza y Fidelidad a quien me dio su Nombre y me llamó "hijo".

Vosotros que leéis esta JHISTORIA tened presente que se trata de derribar el Muro de la Ignorancia con el fin de demostrar que la Verdad no sólo no se levanta contra la Fe sino que la fortalece, la Ignorancia es el verdadero enemigo de la Fe.

Quienes usan la Ignorancia para mantener la Fe que de conocer la Verdad, en su opinión, se vería mortalmente atacada, no obtienen de su trabajo sino todo lo contrario, según el Dicho : "Hago el bien pero es el mal el que obtengo".

De todos modos, el vino se llama vino porque es vino y no agua, y la Verdad se llama Verdad porque es Verdad. Quienes prefieren la Ignorancia por amor al débil destruye la Fe del Fuerte, que con la Verdad se hace más fuerte y por su fortaleza en la verdad sostiene al débil en la Fe con la fuerza que viene de la Fe.

Y dicho esto pasamos al grano.

 

Cristo Raúl Y&S